Juan José Arreola, contexto literario

Por Ilse Ibarra Bauman

A Juan José Arreola se le considera uno de los escritores en lengua española con una vasta cultura. A temprana edad empezó a apiñar sus conocimientos, profundamente autodidácticos, sino sociales entre personas símiles en sabiduría. 

Uno de los primeros amigos y compañeros de la escuela desde que tenía cuatro años fue José Luis Martínez: ensayista, historiador, diplomático, académico. Director del Fondo de Cultura Económica 1977-1982. Su biblioteca era la más grande del país sobre temas mexicanos.

El suceso de conocer a Jorge Luis Borges ocurrió en 1942 y 1943 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. Ahí se encontraban Arturo Rivas Sáinz  y Antonio Alatorre , también estuvo Juan Rulfo  quien en ese momento no escribía. Estos hombres representaron una parte de su crecimiento literario, entre ellos intercambiaron libros que sirvieron para mejorar su obra.

“Hizo el bien mientras vivió” (está en su libro Varia invención de 1949) fue publicado por la revista Eos fundada por Antonio Rivas Sáinz. 

Antes me había permitido unos sentimentalismos en el periódico de mi pueblo. (“El vigía”). Pero para publicar un texto en Guadalajara o en México, lo pensé mucho, y necesité el aval de gente seria como Arturo Rivas Sáinz y Octavio G. Barreda . No di un paso en falso… será la época más productiva en el terreno de la lectura. (Campos, 1986, p.132)  

La idea de la revista era que cada ejemplar llevara un texto monográfico. Antonio había leído el cuento y así lo cita Arreola: “se atrevió a fundar una revista sólo para publicar mi cuento. Al tercero o cuarto números ya no había un texto clave suficientemente extenso que hiciera monografía y la revista se acabó.” (Campos, 1986, p.130) 

Al poco tiempo fundan, Juan José Arreola y Antonio Alatorre la revista Pan, el objetivo de su revista fue darse a conocer y que personas como Octavio G. Barreda, Alí Chumacero  o Alfonso Reyes  los tomaran en cuenta. Tenían una tirada de cien ejemplares, decidieron no poner anuncios, además no cobraban por ella. No había nada para solventarla. 

Les sucedió lo mismo que a la revista Eos. En ésta revista se publicó el primer cuento de Juan Rulfo y el segundo y tercero de Arreola. “Un Pacto con el diablo” se editó gracias al apoyo de Octavio G. Barreda en la revista Letras de México. Todos estos sucesos ocurren antes de que Arreola parta hacia París.

A su regreso de Francia, con un acervo más experimentado, ya no sirvió en empleos de mostrador; ingresó, gracias a Antonio Alatorre, al Fondo de Cultura Económica. (Carballo, 1994, p. 431)

Tomando como base el Diccionario de literatura mexicana siglo XX de Armando Pereira señala que a finales de los años cuarenta surge un grupo al que llamaban “Los presentes”, entre ellos estaba Juan José Arreola (contaba con veintiséis años), Ernesto Mejía Sánchez , Henrique González Casanova  y Jorge Hernández Campos . 

Estos jóvenes se dedicaron a difundir la literatura del momento que florecía en el país. Crearon una colección que se fundamentó en dos propuestas: buena calidad y bajo costo. Ernesto Mejía Sánchez publicó, El retomo, poesía; Francisco Tario, Yo de amores qué sabía, cuentos, y Breve diario de un amor perdido, novela corta; Carlos Pellicer, Sonetos; Juan José Arreola, Cuentos; Rubén Bonifaz Nuño, Poética; Juan Soriano, Homenaje a Sor Juana, cuatro grabados; Jaime García Terrés , El hermano menor, poesía; Augusto Monterroso , Cuentos; Andrés Henestrosa , El retrato de mi madre, relato. Fue una empresa de amigos que se dedicó a publicaba sus obras.

 Como fue de esperar, las ediciones se suspendieron por falta de ingresos. Arreola decidió continuar personalmente con la colección y en los seis meses siguientes publicó veinticinco obras, la primera de ellas fue una novela corta Likus Kikus de Elena Poniatowska entre otras nacientes estaba la de Carlos Fuentes con Los días enmascarados y Ricardo Garibay. 

Juan José quería dar a conocer las obras de los nuevos escritores. Compró una impresora y él mismo se dispuso a imprimir. Le llegaron muchos manuscritos (siempre ha habido muchos más escritores que editores) entre ellos uno de Julio Cortázar y otro de Gabriel García Márquez. La colección llegó a cincuenta títulos, pero, finalmente en 1956 se suspende por asuntos económicos (Pereira, 2004, p.p. 86 y 87). 

Ese mismo año lo conoce José Agustín, primero lo vio actuar en el Teatro del Caballito representando el papel de Rapaccini en la obra de Octavio Paz dirigida por Héctor Mendoza como parte del programa de “Poesía en voz alta”. 

Es gracias a Carlos Monsiváis que estimulado por él “va a publicar una nueva serie para jóvenes”, llevó algunos de sus cuentos para ver si eran aptos. 

La vida lo puso de amigo del estridentismo entre ellos estuvo Arqueles Vela Salvatierra y de Germán List Arsubide. Este movimiento post revolucionario que había nacido en 1920, absorbió ese choque de manifestaciones: por un lado estaba el pesimismo de un grupo amplio en perpetuo abandono que exponía la escasa clase cultural de México y por otro estaba el auge mundial con nuevas vanguardias (el futurismo, el cubismo y el dadaísmo). Parte de este movimiento multifacético responde a la obra de Juan José Arreola.

En la Casa del lago, estando como director en 1959. Congregó a artistas y escritores que innovaban el panorama cultural del país. Inauguró torneos de ajedrez, lectura en voz alta con poetas como León Felipe  y Carlos Pellicer; el ballet, con Amalia Hernández ; el teatro con actores como Elda Peralta, Martha Verduzco, Enrique Lizalde (hermano del escritor Eduardo Lizaled), Luis Antonio Camargo y Gastón Melo, entre otros. 

Para el año 1958-1959 continuó con el proyecto de “Los presentes” pero en la nueva colección “Cuadernos del unicornio”, en esta compilación se les publicó a: Eduardo Lizalde, Sergio Pitol , José Emilio Pacheco, José Alvarado, Beatriz Espejo, Gastón Melo, Raymundo Ramos y Fernando del Paso  entre otros. (Pereira, 2004, p. 87) Con el apoyo del impresor Manuel Casas se hizo posible la publicación de los “Cuadernos del Unicornio”. 

Otras de las colecciones que se le atribuyeron son: la colección de Breviarios del Fondo de Cultura Económica y la serie Nuestros Clásicos de la Universidad Nacional Autónoma de México.  

Recibió una beca de la Fundación Rockefeller, ahí tuvo acercamiento con Margaret Shedd quien fue una de las promotoras del Centro Mexicano de Escritores. De principio no daban ayuda económica, únicamente otorgaban talleres donde los escritores participaban y escuchaban críticas de especialistas sobre su trabajo. Así inicia con sus primeros talleres de literatura. Continuó con la idea de los talleres y en 1958 fundó en su casa de Río Elba 32 otro taller de literatura. 

Volvió a su trabajo en el Centro Mexicano de Escritores después de un periodo de convalecencia por su operación. Trabajó con Juan Rulfo y Francisco Monterde, en ese periodo tuvieron como becarios a escritores como Fernando del Paso, Salvador Elizondo  y Jaime Sabines.

Surgió el taller de Mester en 1964. Posteriormente algunos de los talleristas continuaron yendo a su casa como: Elsa Cross, José Agustín, Jorge Arturo Ojeda, Andrés González, Cesar Horacio Juván, Federico Campbell entre otros. Esta pasión por enseñar la recuerda José Agustín en la revista Tierra Adentro:

“Arreola no cobraba un centavo por impartirnos su sabiduría. Dudo también de que hubiéramos podido pagárselo. Creo que su único sostén, aparte de los escasos derechos por sus libros, era la beca de 500 pesos que Alfonso Reyes había logrado que El Colegio de México diera a unos cuantos escritores. Llegó Daniel Cosío Villegas  y suprimió las becas. Arreola se quedó sin nungún medio para mantener a su esposa, a sus dos hijas, Claudia y Fuensanta, y a su hijo Orso y pagar el departamento de Elba y Lerma”

Después de leer  la afluencia de escritores que acudieron a sus talleres y que con el tiempo se convirtieron en personajes triunfadores y, además, en las bases de la literatura mexicana; no cabe más que decir que la lógica, la transformación y la renovación de Juan José Arreola hacen el maestro ideal para explicar el sentido de la literatura. 

Juan José Arreola y Carlos Fuentes fueron dos escritores que impulsaron la literatura hacia la modernidad. Dejaron los temas del mexicano y su vida en torno a la post revolución y se preocuparon por crear obras que se internaran en el ámbito internacional ensanchando la narrativa mexicana hacia una cultura más desarrollada. Con la diferencia que el gran sentido del humor de la obra de Arreola no se encuentra en la de Carlos Fuentes. 

            Juan José Arreola amó la sonoridad desde su más tremprana edad. Eran estos nombres diferentes a su lenguaje cotidiano los que inspiraron la primera etapa de su obra. Cada palabra, sola: está vacía, sin alma; tiene la cualidad de representar una idea. Es la suma y aleación de ellas la que forma una frase completa, llena, imborrable. Pareciera que el lenguaje es intangible, sin embargo, Arreola, lo transforma en “una materia plástica ante todo” (Carballo, 1994, p. 431). Al darles cuerpo a las palabras, para volverlas limitadas e indivisibles, lo toman por formalista.

            La maravilla de un buen escritor es el arte de acomodar palabras. Hacerlas que revienten y salpiquen emociones en el momento en que se juntan. “el acto de escribir conciste en violentar las palabras, ponerlas en predicamento para que expresen más de lo que expresan” (Carballo, 1994, p. 431)  

El universo creado por Dios, las cosas hechas por el hombre, todo tiene un sentido de formación y de ser, lleva un orden. Generan meditación, beneficio, placer. Esta necesidad del hombre por comunicarse a travás de los sentidos lo vuelve un imitador de la obra de Dios. Por eso, para Juan José Arreola, no existe una belleza absoluta hecha por el hombre (literatura, pintura, escultura…); su invención es, sólo, una aproximación a la belleza de Dios y su creación. 

(Continúa en la siguiente entrega…)

Foto: Breakingpic