Revista

Polvo del camino. 8. Del dibujo a la resolución compleja, al texto ergódico. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 8

Del dibujo a la resolución compleja, al texto ergódico
Héctor Cortés Mandujano

Dibujo rápido y preciso es “El efecto Keno”, primero de los tres textos que integran Cuentos del mar (Tifón, 2020), del prolífico y multipremiado narrador chiapaneco Luis Antonio Rincón.
“El efecto Keno” pareciera, incluso, una anécdota personal cerrada con la circularidad de la serpiente que se muerde la cola.
“El hijo del mar” podría en cambio, sin esfuerzo, postularse como ejemplo de la brevedad que sugería Ítalo Calvino en sus célebres propuestas, porque este cuento no se mueve más que hacia adelante en su espíritu de flecha en el aire. Si volvemos al símil inicial, sería éste una acuarela donde el pintor con experiencia ha planeado con cuidado la puesta del color en el papel, para que no haya la gota perversa y desobediente que resbale y eche a perder la imagen pensada y llevada a su perfecta resolución.
Los dos cuentos primeros, por otra parte, pueden compartir genealogía, pues Keno y el narrador de Nun, “El hijo del mar”, sin merma de sus diferencias, podrían ser el mismo personaje.
“Embravecido” es el cuento mayor de este breve volumen y me parece que se hermana con “Tegenaria doméstica”, de Roger Octavio Gómez Espinosa (Roger y Luis son amigos y se leen), con el cual comparte una serie de técnicas (polifonía, dibujos, nota periodística, guion de cine), aplicadas a la fragmentariedad con que se cuenta la historia de Pedro Catalán Leyva, Perico, y de los varios personajes que son importantes en su vida (Chagoya, Samuel, Martha, Pedrito, la vieja que urde su venganza), que el lector debe complementar porque el final se prefigura, pero no se explicita.
Este cuento ergódico –dado que necesita la participación activa del lector para su consumación fáctica– se aleja mucho del dibujo y de la acuarela, y se instaura como una pintura compleja, de matices diversos, de significaciones distintas, que nos muestran al pintor, al autor, Luis Antonio Rincón, como un artista en plena posesión de sus materiales artísticos, en pleno dominio de su oficio. Felicidades y un abrazo, querido Luis Antonio.

*Texto leído en la presentación de Cuentos del mar, de Luis Antonio Rincón, en Telar Teatro, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el viernes 6 de marzo de 2020.

Fotografía: Juventino Sánchez Vera.

Paso de fuego. 3. El lenguaje proteico como espacio dialógico. Alejandro Aldana Sellschopp

La poesía como conocimiento/ Parte 3

El lenguaje proteico como espacio dialógico  

Alejandro Aldana Sellschopp

para: Luz y Emiliano

David Andrade escribe su poesía desde una perspectiva muy interesante, nos habla de un mundo que deviene después de la separación entre el hombre y el lenguaje, no pretende regresar al lenguaje primigenio, por el contrario se reafirma en la propuesta de Michael Foucault que en su libro Las palabras y las cosas afirma la separación lenguaje-hombre, imposibilitando a éste la natural representación del mundo, a partir de ahí el lenguaje adquiere su contenido analógico, y Andrade escribe sus versos en esa vertiente de aproximación, sabe que no toca al mundo antiguo, lo propone, lo acerca y su aproximación es siempre fugas. Es por ello que los versos son polisémico en la medida que son inevitablemente un bosquejo de lo real, los poemas son abiertos desde su propia composición semántica, no poseen la verdad de nada, tan solo la invitación a la intencionalidad. 

            Andrade parece decirnos que la poesía es una de las fuentes del conocimiento, entiende que la imaginación y el mundo emotivo generan conocimiento, que en el poema se perfeccionan en el lenguaje poético. Es decir, que el lenguaje poético es lo suficientemente flexible que se convierte en receptáculo de estas posibilidades expresivas como ningún otro lenguaje puede permitírselo.  

Fotografía: Vincent Gerbouin.

Voces ensortijadas. 7. El reto cotidiano. María Gabriela López Suárez

El reto cotidiano
María Gabriela López Suárez

A mis amigas, compañeras, colegas, estudiantes, maestras en la vida,

 en especial a mi mamá y abuelitas.

Romelia decidió que esa tarde llegaría puntual a su cita, salió de casa y se dirigió a la zona centro de la ciudad. Como llevaba tiempo a su favor fue caminando sin prisa,  deseaba disfrutar el paisaje.

El clima era muy frío, a lo lejos Romelia alcanzaba a observar las montañas,  no tardaría mucho en bajar la neblina; alzó la vista y parecía que las nubes viajaban con prisa, qué contradicción, justo el día en que ella iba con calma. Ya casi se acercaba la primavera.

– No cabe duda, febrero loco y marzo otro poco-  pensó.

En la calle principal por la que transitaba iba una diversidad de personas, por un lado, la gente local como transeunte, por otro, los comerciantes informales locales y externos, así como los turistas nacionales y extranjeros. En ese mar de gente de todas las edades se percató que,  la mayoría, eran mujeres. 

En cada una de esas mujeres había un mundo de historias, sueños, necesidades,  alegrías, tristezas, miedos, esperanzas, luchas internas, luchas colectivas. Recordó que pronto sería 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, un día de conmemorar las luchas que otras mujeres habían iniciado con anterioridad y que se continuaba haciendo para la reivindicación de los derechos de las mujeres.

Llegó al punto de reunión, se sentó en una banca a esperar a Liliana,una de sus mejores amigas. Ella siempre era puntual. Revisó el reloj, faltaban diez minutos para la hora fijada del encuentro. Una señora vendiendo pastelitos caseros le ofreció su vendimia, Romelia, preguntó el precio de uno con relleno de fresa, lo compró y le dio las gracias. Observó el rostro de la vendedora, sus ojos se habían alegrado cuando le hizo la compra, siguió su camino cargando su canasta, le faltaban muchos por vender, al momento de tomar su pastelito Romelia se percató de ello.

Mientras llevaba el pastel a su boca, Romelia se quedó pensando cuántas mujeres luchaban a diario, de manera distinta, unas en silencio, callando por miedo a más violencia, mujeres en contextos y dinámicas diferentes; algunas mujeres sin saber siquiera la existencia de la conmemoración de un 8 de marzo, pero resistiendo a sus situaciones, sin darse por vencidas; otras más con la ardua tarea de visibilizar los derechos de las mujeres y la violencia ejercida por una sociedad machista y quizá algún grupo con cierto grado de indiferencia ante estas luchas. 

Vinieron a su mente sus ancestras, las abuelitas que habían resistido expresiones de violencia, mujeres fuertes a las que admiraba y que también eran maestras en su vida. Visualizó a su mamá, un ejemplo de fortaleza en medio de la tempestad, sin saber del feminismo le había inculcado valores que Romelia llevaba presentes, el respetarse, el amarse, el valorar su ser mujer, el luchar por sus metas, el no callar ante el menor indicio de violencia, el saber alzar la voz. 

Para Romelia era indudable que las tareas de estas luchas no estaban resueltas, menos en la sociedad actual con la violencia desbordada en diversos sectores. El 8 de marzo no era el único día en que se debía visibilizar esta situación sino que era el reto cotidiano para trabajar desde lo individual, en colectivo, en lo institucional, en cada sector de la sociedad. Una sociedad que buscara ser incluyente, que respetara los derechos de todas las personas y garantizara una vida libre de violencia, con justicia, más allá de los discursos. Era una tarea de todas las personas.

Su mirada siguió el trayecto de la vendedora de pastelitos, había caminado casi una cuadra y se había detenido, otra chica se acercaba a comprarle.  La reconoció de inmediato, era Liliana con su inconfundible boina color ladrillo y su cabello suelto.

-¡Hey Lili!! Esta vez llegué antes que tú. – Gritó desde la banca Romelia.

– Esa Rome. ¡Una vez al año no hace daño!- Le respondió Liliana sonriente.

Fotografía: Agung Pandit Wiguna.

Parábolas del uroboro. 1. Sobre Juan José Arreola /1. Ilse Ibarra Baumann

Antecedentes de Juan José Arreola

Ilse Ibarra Bauman

Para hablar de Juan José Arreola es necesario detenerse en precedentes históricos de México, que si bien él no vivió, han servido para certificar la influencia de éstos en su obra. Enlaza a sus personajes con un pasado basado en tradiciones religiosas, políticas y sociales, así marca su mexicanidad. 

Estos modelos del ser humano instituyen distintos roles y dan forma a su trayectoria literaria. El mexicano hizo la independencia por su emancipación; cansados de la hegemonía española, decepcionados de la desigualdad ellos se liberaron. 

Las expectativas de esta actual nación para separase del viejo mundo, obraron como dice Samuel Ramos en El perfil del hombre y la cultura en México, publicado por Espasa Calpe mexicana, en 1979: “No hacíamos otra cosa que emanciparnos de España a la española.” (Ramos, 1979, p. 32) 

Esta lucha contumaz, reincidió. México ha tenido años de reposo más no de una apacible dignidad humana. Los vencedores gobernaron y dilapidaron por cincuenta años con cierta moderación hasta culminar las pugnas entre liberales y conservadores. Las guerras de Reforma dieron paso a Porfirio Díaz hasta culminar las pugnas. 

La herencia católica con la que contaron los mexicanos representaba el dogma de fe sobre el que se edificó la familia mexicana. El clero era una fuerza política inmanente al estado, su participación conjunta (político-religioso) pugnaba en la dirección del país. 

El abuso del poder se instaló como base, pocos fueron los favorecidos y muchos ignorantes cayeron en la trampa. En relación con esto, “La feriaObras publicado por el Fondo de Cultura Económica (FCE), Juan José Arreola nos da un ejemplo:

“–¿Vender? ¿Vender, señor cura? ¿Pero qué es lo que yo tengo aquí para vender? Ni modo que venda la casa en que nacimos ni la del santuario que nos viene desde quién sabe cuántas generaciones. ¿Vender? Con todo respeto, sépalo usted, señor cura, desde que yo tengo uso de razón nosotros no hemos vendido nada… Nada que no sean las cosechas, el queso y los puercos gordos. (2021, p. 512) 

Ante esto los liberales debían frenar la fuerza de la iglesia. Leopoldo Zea en El positivismo en México: nacimiento, apogeo y decadencia, menciona a los que representan el grupo triunfador: “los liberales, los que encabezaron el movimiento llamado de Reforma, fueron hombres pertenecientes a una determinada clase social que Sierra llama burguesía.” (Zea, 2011, p. 46). 

Este grupo selecto había alcanzado su status quo durante el porfirismo, se hacían llamar los jacobinos y es en esta clase  “Comprendiendo (Juárez) –nos dice Sierra– que las burguesías, en que forzosamente se recluta la dirección política y social del país, por la estructura misma de la sociedad moderna” (Zea, 2011, p. 47) donde, “los hombres de ciencias” importaban una nueva ideología para México: el positivismo. 

Este grupo burgués que venció a los conservadores (clero y milicia), impuso un pensamiento imitado sobre esta plataforma pluricultural. No favorecía en nada a la clase desamparada, al contrario, la alejaba más. “La Reforma es, ante todo, una negación y en ella reside su grandeza. Pero lo que afirma esa negación –los principios del liberalismo europeo–eran ideas de una hermosura precisa, estéril y, a la postre, vacía.” (Paz, Octavio, 1972, p.p. 115–116). 

El mexicano tiende a mimetizarse en otras culturas, adoptó nuevas maneras según su circunstancia política, social y cultural. Continuó edificando sobre lo que los países modernos habían decretado viable: París los cautivó. Como lo cita Samuel Ramos: 

El espíritu revolucionario de Francia ofrece a la juventud avanzada de México los principios necesarios para combatir el pasado. Contra la opresión política, el liberalismo; contra el Estado monárquico, la república democrática; contra el clericalismo, el jacobinismo y el laicismo.  (1979, p. 42)

París fue, es y será el culmen donde muchos autores alcanzaron una nueva visión que se suma a su origen; entre estos escritores estaban Amado Nervo, José Juan Tablada, entre otros. Ellos se establecieron en Europa por un tiempo. Otros escritores como Manuel Gutiérrez Nájera y Ramón López Velarde nunca estuvieron en París sin embargo se advierte la influencia francesa en su obra. 

(Continúa en la siguiente entrega…)

Felicidades, hás leído 2 cuartillas.

Foto: Breakingpic

Universo breve. 7. Reina Vasti. Damaris Disner

Reina Vasti 

Dámaris Disner



Sin corona reinó para sí misma. No hubo sucesora.

Fotografía: Leo Cardelli.

Polvo del camino. 7. Viaje delectable por la orilla del foso. Héctor Cortés Mandujano

Sima de las Cotorras. Foto: Paco Méndez

Polvo del camino/ 7

Viaje delectable por la orilla del foso

Héctor Cortés Mandujano

Para mi primo Paco Méndez

No un bosque, sino una selva se ve en el fondo de la Sima de las cotorras;

            no son hojas verdes las que se mueven, sino centenares de pájaros de plumas de esmeralda y cantos de plata;

            no es polvo lo que parece moverse en el aire eterno, sino abejas que colectan lo que después será dulzura.

Camino junto al guía por la orilla del foso y las paredes me cuentan su historia a través de sus rupestres signos.

            Veo las copas arbóreas y soy el árbol;

            soy la mirada que se detiene en la flor y soy todos sus colores;

            soy la palabra que puebla este silencio de viento suave y me he vuelto pálpito del mundo;

            soy la sensación de caer y soy la abeja, el pájaro, la piedra, el abismo…

1/marzo/2020

Fotografía, Sima de la cotorras: Paco Méndez.
Sima de las cotorras. Paco Méndez

Voces ensortijadas. 6. Vamos tejiendo redes. María Gabriela López Suárez

Vamos tejiendo redes
María Gabriela López Suárez

A mis colegas de Comitán, gracias.

Josefina observó con detenimiento el entramado de su rebozo multicolor, le encantaba, cada hebra  de hilo había sido tejida tan cuidadosamente que el resultado estaba en la prenda que portaba. Se sintió contenta de usar una prenda tan significativa.

Por instantes había olvidado que estaba en año bisiesto y era el cierre del mes de febrero. El tejido de su rebozo la remontó a la experiencia en la que había compartido aprendizajes y enseñanzas, interactuado con diversas culturas e intercambiado vivencias personales y profesionales en su última sesión de trabajo en otro terruño cercano a su lugar de origen.

Su corazón guardaba muchas emociones, la primera era el agradecimiento por hallar en su caminar a personas que, como ella, seguían en la búsqueda de otras formas de convivencia con las que pudieran aportar su grano de arena, cada quien desde su trinchera, a la sociedad en que vivían. 

– Nadie dijo que esto es fácil. Sin embargo, heme aquí cerrando el mes con mucho para reflexionar y repensar-, pensó para sí Josefina.

Otra de las emociones que había percibido era el asombro. Recordó que desde la niñez le encantaba estar en esa constante expresión ante lo novedoso y que atrapa la atención. Justo se sentía así, asombrada al recordar que cuando cada persona lo quiere puede ser creativa y partir de experiencias cotidianas y sencillas para trabajar temas distintos. 

También se sentía entusiasmada e inspirada para continuar la travesía de la vida. Qué importante era la interacción personal y el diálogo con las personas para conocer  que podemos tener experiencias en común que nos pueden ser útiles al compartirlas en grupo y, con la escucha y el intercambio de la palabra, poder hallar posibles propuestas para llevar a cabo proyectos, acuerdos y hasta resolución de conflictos.

Siguió buscando en su corazón, qué más había vivido ese día, la coincidencia de hacer con gusto, pasión y compromiso  la labor a la que cada persona se dedicaba. Se sintió afortunada, agradecida y con el ánimo fortalecido. La tarea que les quedaba a todas las personas ese día era seguir sembrando semillas para que pudieran germinar en su tiempo. 

Josefina se apresuró a tomar su transporte para el regreso a casa. Ya rumbo a su destino fue contemplando el paisaje que la rodeaba, al tiempo que iba acariciando su rebozo y pensando que cada persona en la vida es como un hilo de color diferente y que en el trayecto del caminar, cada quien va tejiendo su propio entramado multicolor. Sonrió. -Vamos tejiendo redes, redes para la vida-  musitó.

Fotografía: Agung Pandit Wiguna.

Paso de fuego. 2. Una aproximación a un concepto de poesía. Alejandro Aldana Sellschopp

La poesía como conocimiento/ Parte 2

Una aproximación a un concepto de poesía

Alejandro Aldana Sellschopp

para: Luz y Emiliano

David Andrade replantea el concepto de poesía, ¿qué entender por la funcionalidad del lenguaje desde lo propiamente poético? El poema nos presenta un verdadero problema conceptual, el lector se enfrenta a una textualidad que indica su naturaleza poética desde el ritmo mismo de los versos, por la cualidad del lenguaje desde el que se compone y por la metatextualidad, entendida desde una convención que corresponde a la estructura social dada. En estos poemas el lenguaje es transgresor al apartarse de la significación del lenguaje referencial común, por lo que el poema es visto como parte del conocimiento sensible, pero también participa del conocimiento racional. Ya Octavio Paz en El arco y la lira diserta sobre la fuente del poema como conocimiento al decirnos que la poesía es conocimiento, salvación, abandono. Andrade combina con eficacia las dos vertientes, el mundo sensual es parte de su tejido de significación, pero también forma parte el ejercicio del pensamiento, la reflexión, el mundo de las ideas. Sentir y pensar en los versos, dejando su impronta para determinar los ritmos desde su naturaleza fonética. En este poemario encontramos un concepto de poesía como elemento de la consciencia y del lenguaje.

            La poesía forma parte de la cadena significativa de la expresión, y como expresión es una espacialidad surcada por varias posibilidades epistémicas, establece un diálogo desde su raíz literaria y filosófica. Andrade nos dice que el verso en su lenguaje poético no se limita a lo puramente emotivo y evocativo, además lo integra su posibilidad de reflexión lógica. El lenguaje poético es polivalente, no podemos atemorizarlo como verdadero o falso, Ricoeur nos dice que el lenguaje de la metáfora, del símbolo, en general el lenguaje analógico forma parte de la conjetura con respecto a la realidad.

Fotografía: Pixabay.

Universo breve. 6. Codependencia. Damaris Disner

Codependencia 

Dámaris Disner


Picar cebolla nunca fue mi intención; para llorar me bastaba su gélida mirada pero desde hace días se le vaciaron los ojos cuando me vio partir.

Fotografía: Ekrulila.

Polvo del camino. 6. Imagen y espejo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 6

Imagen y espejo*

Héctor Cortés Mandujano

Durante mucho tiempo, en Oriente y Europa las mujeres no se representaban a sí mismas en el teatro. No había actrices sino, en su lugar, actores. La razón, decían, es que quien conocía mejor el alma de las mujeres eran los hombres.

            Sobre esta costumbre se han hecho varias obras. M. Butterfly, de David Henry Hwang, por ejemplo, cuenta la historia real entre el diplomático francés Bernard Boursicot, que se enamoró del actor chino Shi Pei Pu, a quien vio representando a la Madame Butterfly, de Puccini. 

            Las varias heroínas de William Shakespeare (Rosalinda, Lady Macbeth, Julieta…) eran representadas en teatro por hombres jóvenes, llamados “boy actors”. Sobre ese equívoco hay una comedia hollywoodense, Shakespeare enamorado(1998, dirigida por John Madden), donde lo raro es que una muchacha, por amor, interpreta a Julieta como si fuera un hombre disfrazado de mujer. 

            Varios siglos después, para avanzar con pinceladas grandes, Virginia Woolf, en su célebre ensayo Una habitación propia (1929) terminó con la discusión diciendo que los escritores cuando desarrollan su trabajo deben ser ni hombres ni mujeres, sino andróginos. Ella escribió, en atención a su aserto, varios libros dando voz a personajes masculinos: La habitación de Jacobo, Las olas, Los años, Orlando

Hago todos estos prolegómenos porque la breve novela Años de carnaval (Tifón, 2019), de Alejandro Aldana Sellshopp, asume para contar una forma teatral, el monólogo, y porque su narradora, María Luisa Díaz del Castillo, y el personaje a quien dirige su discurso, la tía Maruca, son dos mujeres unidas en la pasión por un hombre.

            Contada en segunda persona y con protagonistas mujeres, una joven y una vieja, la primera influencia que salta es la famosa Aura, de Carlos Fuentes, pero la novela de Aldana parece ubicarse en su natal Yajalón, con sus chismes, los proverbiales abusos de los poderosos y la vida pacata de sus personajes populares, hasta la llegada del nuevo y joven piloto, Fernando Herrera, que desata el amor apasionado en Maruca y María Luisa; la una, vieja quedada, y la otra, de 25 años, que se queda en el pueblo cuando Fernando tiene que huir por haberse enfrentado a golpes con uno de los caciques, don Edelmiro, en defensa de una mujer indígena.

            En esta novela, como en otras del autor, se muestra de nuevo el choque entre los ladinos y los indígenas, si bien desde la perspectiva de una de las favorecidas de la fortuna (la económica, se entiende). Tiene como otras de Aldana, el estudio del pueblo y sus habitantes, la tensión racial, la rebelión, los muertos, que aquí son telón de fondo en la historia de estas mujeres enamoradas. 

            Para juntar más las personalidades femeninas, María Luisa da prestado su vestido de quinceañera para que Maruca se vista de novia, antes de morir en la revuelta, pero los dos destinos parecen unidos no sólo por esa prenda: una y la otra, imagen y espejo, son abandonadas por un hombre y viven solas, encerradas en mentes torturadas por la fantasía de creer que la realidad va a amoldarse a sus sueños.

            Alejandro Aldana ha hecho ya un estilo característico de escritura, ha creado un mundo particular para el trascurrir de sus tramas y es, sin dudas, uno de nuestros narradores imprescindibles. Hay que leerlo. Y Años de carnaval es una, otra de las oportunidades. Aprovéchenla.  

*Texto leído en la presentación de Años de carnaval, de Alejandro Aldana Sellshopp, el sábado 22 de febrero de 2020, en la Casa de la Cultura de Ocosingo, Chiapas.

Fotografía: Fotografierende.