Revista

Parábolas del uroboro. 9. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Bauman

Obstáculos de la ironía

El concepto de la ironía, como se ha mencionado, afecta la lógica del pensamiento. No se puede estandarizar un método clave para su estudio, aunque Wayne C. Booth en su libro Retórica de la ironía citado por Schoentjes, plantea algunos pasos para distinguir el sentido irónico en un enunciado:

1.   Se invita al lector a rechazar el sentido literal.

2.   Realiza interpretaciones o explicaciones alternativas.

3.   Toma una decisión de acuerdo con los conocimientos y creencias del autor.

4.  Llega a un nuevo significado en armonía con las creencias no expresadas del autor. (Schoentjes, 2003, p. 120)

El primer paso señala una negación a uno de los sentidos de la oración, tomando en cuenta que la ironía trabaja de forma dual; sin embargo, no debe rechazarse por completo el sentido literal, ya que en él está escondido el sentido irónico y de él ha partido. 

La significación parte de ambos sentidos. No puede vivir uno sin el otro. “Cuando nos hallamos delante de un texto escrito, el lector se forma una imagen del autor a partir de un conjunto de conocimientos de los que dispone” (Schoentjes, 2003, p. 124), es testigo de la doble formulación: la real (que se advierte como un rechazo)  y la fantasía. 

El lector se replantea la contradicción que existe y debe dar sentido a los diversos razonamientos; puede inclinarse hacia el humor del escritor/emisor o simplemente permanecer en el sitio serio del sentido de la oración. Si la ironía se basa en hechos que acaecieron en gobiernos distantes del presente del lector, muchas veces no podrá ser interpretado el juego lúdico.

El alejamiento en el tiempo y el espacio es un factor que vuelve difícil la comprensión de la ironía: es casi imposible hoy en día coger la ironía de Chauser o de Villon sin recurrir a notas de pie de página que expliquen las contradicciones. A pesar de que nos permiten comprender la ironía, nos impiden con todo gozarla plenamente, con lo que el placer se convierte en un trabajo mental. Incluso sin gran alejamiento temporal o espacial, la ironía no surgirá si los universos de producción y recepción de ésta sólo están ligados por escasas pasarelas. Las diferencias sociales o de nivel de educación, dado que producen grandes variaciones en las normas usadas para decidir el valor de los seres y las cosas, se cuentan entre los obstáculos más importantes para una buena comprensión de la ironía. (Schoentjes, 2003, p. 132)

Al comprender la significación de una lengua se crea una serie de sinónimos que se relacionan con dicho enunciado; sin embargo, si el enunciado está dicho en un contexto distinto al  habitual, es probable que se generen esas significaciones alternas partiendo de un imaginario. 

Para hacer un juicio en cada enunciado es necesario que hayan ocurrido dentro del receptor: experiencias reales o imaginarias que lo llevan a una comprobación justificada. Si la lengua le arroja significados fuera de su contexto, incluso aunque no sean irónicos, el círculo comunicativo quedará fracturado. “La decisión de considerar un pasaje irónico o no depende en última instancia de la decisión que se toma en relación con la intención del autor” (Schoentjes, 2003, p. 129) 

Los artificios de la ironía suponen algo negativo dentro de un contexto turbio o arbitrario. El irónico, al querer ser captado, dejará unas marcas sobreentendidas para que dentro de su ilógica discursiva exista una lógica y una consecuencia.  

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Paso de fuego. Música de guerra. Jorge Abarca

Por Jorge Abarca*

Música de Guerra
 
En toda la extensión del firmamento, 
oculta en la prisión de la venganza,
la lengua de la Guerra y su tormento
sobre la Tierra como sombra avanza.
 
Y en la verticalidad del lamento
y la furia del caos y de su lanza,
puñal al corazón del sufrimiento,
quietud en el latir de la esperanza.
 
Y en los primeros trazos de la noche:
una pausa en la herida del derroche
y una calma rotunda en el asombro.
 
Profundo es el latido de la Tierra,
del insaciable músculo de Guerra
encerrado en la música que nombro.      

Fotografía: Pixabay.

*Sobre el autor:

Jorge Abarca.

San Cristóbal de Las Casas; Chiapas. Egresado del Diplomado en Creación Literaria por El Espacio Cultural Jaime Sabines, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas 2009-2010. Miembro de la Organización Cultural “Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros”. Ha sido antologado en Universo poético de Chiapas. Itinerario del siglo XXCONECULTA, Chiapas 2017Autor del libro La tragedia encendida de los hombres. Abriendo Caminos Editores, 2019.

**Sobre el poema:

«Música de guerra», poema de la colección La tragedia encendida de los hombres, Abriendo Caminos Editores 2019.

Parábolas del uroboro. 8. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Bauman

“Yo no entiendo de esas cosas;

sólo sé que aquí me vine 

porque, si es que soy mujer,

ninguno lo verifique.”

Sor Juana Inés de la Cruz 

La estructura irónica

La lógica de un comentario irónico se adquiere por las capacidades al reconocer los símbolos semánticos y sintácticos del enunciado. También es necesario advertir las habilidades del ironista descubriendo su actitud y las emociones que en ello siembra.

En el Diccionario de retórica y poética de Helena Beristáin publicado en el 2006 define a la ironía como:

“Figura retórica de pensamiento porque afecta a la lógica ordinaria de la expresión. Consiste en oponer, para burlarse, el significado a la forma de las palabras en oraciones, declarando una idea de tal modo que, por el tono, se pueda comprender otra, contraria (aunque para algunos es antífrasis la frase que significa lo contrario de lo que expresa: “¡bonita respuesta!”). Cuando lo que se invierte es el sentido de palabras próximas, la ironía es un tropo  de dicción (un metasemema ) y no de pensamiento (metalogismo ); a este tipo de conversión semántica o contraste implícito han llamado algunos antífrasis  sobre todo cuando alude a cualidades opuestas a las que un objeto posee, es decir, se refiere implícitamente (y al explícito le llaman oxímoron ). Se trata del empleo de una frase en un sentido opuesto al que posee ordinariamente, y alguna señal de advertencia en el co-texto (o contexto lingüístico próximo), revela su existencia y permite interpretar su verdadero sentido. Así, las marcas que permiten rescatar ese verdadero sentido pueden ser, tanto los significados de las palabras correlacionadas, como los de las frases, como el contexto situacional.” (Beristáin, 2006, p. 277)

La ironía trata de confundir la lógica y crea una ruptura entre las isotopías (línea temática con redundancia en la significación de una palabra). Digamos que el lector, si no conoce el contexto no captará el juego lúdico del irónico. 

            La lógica compete tres figuras claves que forman un silogismo (presentar tres pruebas o razonamientos, el último deduce las dos anteriores). La estructura se podría ejemplificar de una manera sencilla:

•          Premisa universal: Las esposas viejas aburren al marido.

•          Premisa particular: Mi esposa es vieja.

•          Conclusión: Mi esposa me aburre.

La lógica permite pensar de forma coherente. La idea o la cosa se colocan dentro de la mente en un contexto determinado, se compara, y se sabe que de acuerdo al tiempo y al espacio puede adquirir una idea determinada sin transgredir en todo su existencia. Es decir, las ideas se constituyen dentro de una identidad y no varían dentro de la existencia momentánea, o sea, dentro del presente.

El rompimiento de fidelidad en la conciencia del individuo se entrecruza dentro de sus conocimientos y termina operando como una contradicción. El simple hecho de escribir “rompimiento”, como lo expresa el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua es: “separar con más o menos violencia las partes de un todo, deshaciendo su unión” nos indica un hecho contrario a la armonía, quizás la añoranza de ese estado, Schoentjes nos dice:

Todo irónico es un idealista en tanto en cuanto en la perfectibilidad del hombre; en el momento mismo en que marca un rechazo, expresa simultáneamente su adhesión a un mundo perfecto al que aspira y del que siente nostalgia (…) El doble movimiento de distancia y de fe, del que el rechazo por la alabanza es la forma más marcada, aparece como primordial. (Schoentjes, 2003, p. 76-77)

Si se habla de que el irónico parte de una representación mental para después buscar su perfección partiendo de un rechazo, entonces podría estar cayendo en un acto de soberbia, porque al involucrar a un individuo en su juego demostrando que el contexto que habita es erróneo y él, sólo él, es capaz de darse cuenta, ha perdido toda humildad para decir de manera positiva ese equívoco, 

Sin embargo hará uso de la ironía para ridiculizar, hará una “burla a lo lógico” pero no se da cuenta que dentro de ese juego quedan impregnados todos sus anhelos, todo su mundo perfecto al que es imposible llegar. 

En ese momento el irónico se valoriza por encima de los demás. Ha sobreestimado la ingenuidad como un rasgo de ignorancia. Lo más absurdo es que el irónico necesita del ingenuo para sobrevivir irónicamente, ¡bonita respuesta!

            Theodor Reik fue uno de los discípulos de Freud al que Pierre Schoentjes citó como de los más brillantes y del que notó que la ironía representa este ideal siempre ausente. Ésta hipótesis, ha sido omitida y Pierre Schoentjes la rescata en La poética de la ironía:

Un acontecimiento o un pensamiento reaviva en una fracción de segundos la antigua ilusión o los sentimientos de confianza, de consideración, respeto, veneración, afecto o admiración que conscientemente, tuvieron lugar en un tiempo anterior. (…) Sólo cuando se manifiesta, por espacio de un instante la tentación de probar las cosas de la misma manera que en los tiempos olvidados, el recuerdo de la decepción o de la desilusión retornan y vuelve a sentir. La contradicción y el contraste entre una actitud antigua y otra nueva y los sentimientos que con ella se asocian, componen el fenómeno del que surge la ironía.

El creador de la ironía está tentado por un instante de recaer en la antigua creencia, de abandonarse otra vez a una ilusión superada. La emergencia de la memoria inconsciente parece reavivar el dolor y el desencanto, como sí, con la ilusión, la rebelión y la desesperanza que acompañaron al desencanto, se renovaran también. (…) En la expresión irónica, las antiguas ilusiones y los viejos desencantos se reavivan, así como también la indignación y la amargura, que se vuelven a sentir tan fuertemente como la fe antigua que un día se adoptó con profunda sinceridad. (Schoentjes, 2003, p. 77-78)    

Dice Octavio Paz en su ensayo “Analogía e ironía” que se encuentra en su obra La casa de la presencia (1994) que: para los románticos lo que redime a la vida monótona, subrayándola como “horror”, es ser un sueño; el sueño, para los románticos, se ve como una “segunda vida” y además como el puente que permite llegar a la verdadera vida, la vida del principio. ¿No ven así los irónicos cada uno de sus actos de burla que se presentan en lapsos de pocos segundos viviendo constantemente en su interior y que se personifican (como el sueño) dentro de un pudo ser, pero no lo es? Calderón de la Barca diría con respecto a esta ilusión tan verosímil:

Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidado le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende. 

(Calderón, 2014, p. 95)

De una manera general, Calderón de la Barca atribuye el acto de soñar a la humanidad en general, por tanto se habla de un hecho colectivo. Las experiencias parten de repeticiones del pasado que han trascendido como las acciones primarias del hombre. Todo conocimiento es el cúmulo de experiencias que se forma con el conjunto de hechos e ideas que comparte un mismo contexto histórico. 

Con el paso del tiempo se toman notas estadísticas para conocer la influencia de estos estilos y modos de vida. “La ironía es la puesta en relieve del carácter artificial de cualquier ficción más allá de su deseo de realismo (…) El arte se propone hacer posible una visión renovada de la realidad” (Schoentjes, 2003, p. 94). La ironía no viviría si no existieran los ideales.

Así, la ironía se asienta en pensamientos que han tenido un largo camino de prueba y error, analiza las particularidades sociales que rodean al individuo y que han impactado en su conciencia pudiendo ser algunos acontecimientos traumáticos como la crisis económica, la estrechez de las religiones, la manipulación política, los desastres naturales… El saberse afectados por tales o cuáles sucesos, en un determinado momento, son asimilados y reconstruidos dentro de cada persona. 

Cada evento ha ocupado su sitio en la memoria y han creado la conciencia o han quedados cubiertos (“protegidos”) en el inconsciente que representa un terreno frágil. La información que compete a cada ser es el almacenamiento del pasado que formula los recuerdos y advierte las decisiones del presente: lo somete. En Los abusos de la memoria, Todorov afirma: “no hay razón para erigir un culto a la memoria por la memoria; sacralizar la memoria es otro modo de hacerla estéril” (Todorov, 2000, p. 33). 

Por tanto, dentro de esta capacidad cognitiva con que cuenta la memoria, se asume que la ironía representa un juicio crítico que ha sido fermentado en base a su pasado. La memoria ya sea empleada para principios morales o por la libertad o vinculando ambas en procesos imaginarios, constituye la construcción de cada individuo dentro de su realidad social.

Pierre Schoentjes establece que “si la ironía es un modo de escritura, es también un modo de lectura. La dinámica de pensamiento de la ironía no existe en el poema nada más que a condición que el lector participe activamente en la constitución de un sentido” (Schoentjes, 2003, p. 92).  

Al conocer la ironía, duele. No suprime, hace inoportuna su existencia. Cada lector es una interpretación personal, elabora un mundo perfecto, obtenido a base de una realidad social que participa de forma subjetiva. La verdad molesta y obstaculiza la armonía hacia el que la recibe, sólo, cuando el ironizado tiende a actuar de forma recíproca y sabe defenderse ante esta habilidad de palabras y de pensamiento, suele manifestarse satisfacción y muchas veces, revancha. Si la ironía aparece en un texto, el ironizado, consciente de la burla, disfruta el juego. 

Al ver el anhelo hecho trizas surge la crítica. Por esta razón, cuando hablamos de ironía también hablamos de distancia. Los acontecimientos del pasado han formado parte de las prácticas sociales; al observar desde un presente en retrospectiva con anhelos hacia el futuro se crea una ilusión, cuando los deseos se ven frustrados los episodios en el intercambio verbal o escrito muchas veces se pueden volver crueles. 

Se habla de un tiempo pasado que viene a desestructurar una situación. Pierre Schoentjes dice: 

La ironía rompe el fluir previsible del discurso, como lo sobrenatural rompe el del mundo: en un nivel superior, se puede afirmar que la ironía y lo fantástico marcan ambos una ruptura con la lógica. (…) La ironía y lo fantástico se caracterizan por la ambigüedad y por la indecisión; lejos de constituir tendencias contrarias (…), nacen de un mismo foco. (Schoentjes, 2003, p. 104)   

Por lo tanto, el lector o el oyente tendrán que llenar los espacios vacíos que existen en el discurso y darle un sentido al significado que pretendió dar el irónico. Estos significados contarán con  una doble valorización que se encuentra en ambos polos. 

Uno de los ejemplos de Umberto Eco en Entre mentira e ironía es sobre las acciones que desempeñan el Gordo y el Flaco en sus películas; muchas veces se dan pastelazos en la cara y observamos el comportamiento de pausa del que lo recibe: no es el pastelazo en sí lo que aviva la inquietud del espectador, sino esa espera entre la provocación y la respuesta. Es el tiempo que se toma el Gordo en quitarse el merengue de la cara. La burla se ha tirado, ahora falta ver la reacción de ese futuro inmediato que es ignorado.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Paso de fuego. Eurípides. David Andrade

Por David Andrade*


Eurípides

Nací en la tierra calcinada por la luz,
ciudad famosa por sus templos.
Crecí en el renacimiento de la muerte;
fui el encargado de llevar el fuego sacro de Apolo
a hogares donde regresaban los derrotados.
Soporté el peso de la guerra,
hui del pensar,
crucé los mares de Salamina, 
visité a Polignoto de Tasos, el de los colores violentos.
En la isla de Skiro encontré los huesos del mítico Teseo;
vi cómo asesinaban en Tracia a héroes.  
No encontraba mi camino,
en los murales de Mégara sólo hallé el drama humano,
¡desfiguré el mito para entender la realidad de la vida!
Construí la historia en cada muro 
de la derruida Atenas;
di forma al lenguaje, 
en la tragedia encontré la totalidad de la existencia;
deploré el destino de la mujer,
esencia indestructible de la materia de los sofistas. 
(Encadenados al fuego 2019).      
Fotografía: Shitterphoto.

*Sobre el autor:

David Andrade. Yajalón, Chiapas. Estudió en el VII Diplomado en Creación Literaria en la Escuela de Escritores (SOGEM) en San Cristóbal de Las Casas en el 1999. Es coautor de libro Del Caos a la Palabra en 2001. Dirigió la revista Espejo Humeante. Autor del libro Encadenados al Fuego en 2019. Es miembro de los colectivos literarios Los Amorosos del Espacio y Abriendo Caminos José Antonio Reyes Matamoros.

**Sobre el poema:

«Eurípides», poema de la colección Encadenados al fuego, 2019, editorial Tifón.

Polvo del camino. 15. Bruja y guajolota. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 15

Bruja y guajolota
Héctor Cortés Mandujano
 
 
Bulmaro, hijo adoptivo de Adrián Vidal y Nicacia, tenía harta a su mamá con su comportamiento. Ésta lo colgó de una red, le puso debajo fuego y chile. Sobrevivió a la tortura, con algunas quemaduras que nunca se le borraron (p. 14): “Los jóvenes que conocían a Bulmaro le clavaron el apodo de ‘Talega frita’ ”. Este es un fragmento de las vidas que relata Personajes populares de Chiapa (Conaculta-Coneculta, 2006), de José Alegría Nandayapa.
            El libro está lleno de apodos. A doña Amelia Flores Alcántara, que adonde iba se (p. 21) “acompañaba de una gran manada de perros callejeros” le decían la “Turca”; al músico Ángel Regalado (p. 25) “le gritaban Ángel de Gorra” y a Antonio Penagos Corzo, quien (p. 39) “se estaba ahogando en el Río Grande de Chiapa por sacar un jocote que se había sumergido”, lo rebautizaron como “Cacha floja”, por varias caídas que tuvo; hay el (p. 55) “Mingo Choco”, el (p. 63) “Hambre canina”, el (p. 68) “Muchocansa”, el (p. 70) “Perlático”, el que tiene dos apodos (p. 71): “el Satanás o el Cochi” (una frase maravillosa en su biografía, p. 72: “El Satanás era católico”) y el (p. 219) “Tranca de golpe”.
            Me encantaron del libro, también, la anotación de las profesiones. Berzaín C. y Alfredo Hernández Corzo son (p. 33) “comerciantes y chapuceros”; don Cheque es (p. 56) “poeta y bolo antiguo”; “El Matagato” fue (p. 66) “menesteroso” y “El Mechicano” (p. 66), “alcohólico”; Elpidio Hernández, Pillo Cochi, es definido como (p. 75) “Comelón de tamales y sastre”, Ernestina como (p. 84) “Niña vieja”, Juana Cameras como (p. 131) “Mujer adinerada”,  Juana Solita como (p. 133) “Bruja”, que “en las noches de luna llena se convertía en guajolota” (qué elemental, en lugar de convertirse en cisne, por ejemplo), Tanislao Rodas como (p. 196) “Asaltante” y Tío Manuel Estudillo como (p. 214) “Herrero y loco”.
            La tía Tanchi entra al cine de don Conrado Coutiño Godoy; cuando el interventor le quiere cobrar, ella le dice que no paga. ¿Por qué?, le pregunta, y ella contesta (p. 47): “¡Soy su querida de don Conrado!”.
            Don Lacusón llamó a sus hijos Robinsón y Edisón; éste le reclama, porque (p. 57) “esos pendejos de la escuela siempre me gritan ‘Jonisón’ ”; “El Mechicano” cantaba entre otras canciones ésta (p. 68): “Del otro lado del río/ suspiraba un tiburón,/ y en el suspiro decía:/ callate vos, no sabés”.
            Florinda Lazos León era (p. 93) “mujer que no medía ni metro y medio de estatura y además muy fea, pero con un carácter digno de mejor estuche”; Guillermo, el “Tasajo”, platicaba con sus amigos de cantina (p. 106) “de amores, traiciones y enculamientos” y después, borracho, se roba a la Chonita; cuando ella le cuenta al otro día de cómo se huyeron, él le reclama (p. 107): “Pero, ¿qué no viste que estaba yo bolo? ¿Qué, no tenés juicio? ¿Cómo te vas a huí con un bolo?”.
            Ah, cuánta diversidad humana.
Ilustración: HCM.

Voces ensortijadas. 15. Historias cotidianas. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 15

Historias cotidianas

María Gabriela López Suárez

Leonor revisó la alacena, el refrigerador y comenzó a tomar nota de lo que faltaba en la despensa. También se habían terminado algunas cosas para hacer limpieza. Escribió en un post un mensaje para Patricio, Hijo, regreso al rato, voy  a comprar la despensa. Adentro del refrigerador hay licuado. Besos. Dejó el letrero sobre el comedor.

Con la cuarentena a Patricio y a ella les había cambiado el reloj biológico, más a él, aprovechando que no iba a la primaria se dormía profundamente hasta después de las 9  de la mañana. Leonor, trabajaba en línea, desde casa, en diferentes horarios del día.  

Hizo su ritual para salir, se colocó playera, pants, tenis, gorra, lentes para sol, cubrebocas. Dejó el gel antibacterial cerca de la entrada y salió al mercado. En las últimas semanas sus compras las hacía ahí, era importante apoyar la economía local. 

Observó las calles, había pocos autos. Las personas que transitaban no todas iban con cubrebocas, ni todas mantenían la sana distancia.  Iba algo apresurada. En su paso vio a una vecina del barrio, de avanzada edad caminando con dificultad, tratando de sostenerse de su bastón y la pared. Pasó a su lado pensando qué complicado sería para la señora enferma andar saliendo por el mandado, además se dio cuenta que no llevaba cubrebocas. La vecina hizo una pausa y Leonor también. Decidió regresar y preguntarle si le podía apoyar en algo. Por su mente pasó lo de sana distancia, sin embargo, era importante  ayudar a la señora. 

La vecina no reconoció a Leonor,  y menos como iba vestida, pero sintió confianza, le tomó la mano  y se fue apoyando en ella para caminar. Al principio, a Leonor, le costó seguir el paso de la señora, mientras cruzaban la calle y avanzaban se fue acoplando a él. La llevaba a una caseta telefónica. Fueron conversando. El rostro apacible y la voz tranquila de la vecina le hizo parecer a Leonor como si hubieran platicado desde siempre. En realidad, era la primera vez que lo hacían, había visto a la señora muchas veces en las actividades de la iglesia a la que ambas asistían, solo habían intercambiado miradas y saludos. Tenía rato de no verla, ahora la salud de su vecina estaba muy deteriorada.

Llegaron a la caseta, Leonor la ayudó a subir un escalón y a sentarse mientras la señora daba el número telefónico a la empleada. Se despidió de ella y siguió su recorrido. Su mente y su corazón iban con un mar de sentimientos. Se le hicieron varios nudos en la garganta, pensó en tantas personas mayores que estaban solas. El rostro de agradecimiento de la vecina se le vino a la mente. Siguió su paso.

Cerca del mercado la sana distancia se había olvidado, mucha gente sin cubrebocas. Un auto se detuvo a mitad de calle ante un vendedor ambulante, a preguntar por unos tines. – Vaya ocurrencia- pensó Leonor. Más adelante en otro puesto se dejaba escuchar la canción Help, ayúdame, de Tony Ronald, pero en versión de música de banda. El calor estaba en su apogeo.

A la entrada del mercado había un señor colocando gel antibacterial a quienes ingresaban. Leonor sacó su lista, hizo su ruta, compró su despensa. Era una odisea salir de ahí, mucho comercio ambulante, parecía que la gente había olvidado la cuarentena. ¿Acaso era la quincena que había ocasionado tal aglomeración? La economía local estaba bastante precaria ante la contingencia sanitaria, la gente necesitaba vender, ése podría ser otro motivo. Buscó la acera menos congestionada, guardó distancia del señor que iba delante de ella, alcanzó a escuchar que hablaba por teléfono y con tono alto decía: ¡Aquí en el centro hay mucha gente! ¡Vinieras!

Al pasar por un puesto de tacos vio a una mesera y un mesero en la entrada, la chica con el cubrebocas en la garganta, como tomando un receso de él y el chico portándolo bien.  A donde quiera que volteara encontraba diferentes situaciones. Iba pensando, cuántas realidades en las historias cotidianas, ésas de a pie, y ahora en tiempos de cuidado de la salud afloraban más. Patricio vino a su mente, ojalá ya se hubiera levantado, eran casi las 12 del día.

Fotografía:  Anna Shvets .

Beatus Ille. Clínica 19. Luis Flores Romero

De Luis Flores Romero**

Clínica 19*

Muchas gracias, buenos días dicen. Dicen
oiga, de casualidad, disculpe, dónde. Señorita dicen.
Son Guadalupes o Rodríguez, Hernández o dolientes, 
señoras con el suéter al estilo de la tía,
viejos cabizbajos, González grises de silencio.
Dicen bueno, pues ya qué, pero, ni modo. Ven la hora:
su espíritu anda ya en las últimas. Respiran fuerte
y suena su nariz a cascabel de agua. Se voltean
para ver si pasa Dios y sólo pasa la que barre. Sólo
pasa La que Barre. Se acomodan, ponen en la silla
su pobreza, descansan el bastón. Dicen Diosito.
Rascándose los ojos, gravitan de cansancio. Todos a la [espera. Tosen, 
hacen cola, tosen. Todos con carnet en mano.
Entran. Médico severo, gordo, bata blanca. Salen.
Van por sus vendajes, su piridoxina, sus ungüentos,
hacen cola, tosen. Tienen pena. Yo no sé
quién lleva más atroz la quebradura: los felices
van de menos a tristísimos. Qué bostezo
cavernoso su bostezo, qué puntual su pulmonía,
qué silenciosa maldición sus cataratas,
qué delicadeza de la muerte
que los va besando
poco a poco.

Fotografía:  Matthias Zomer.

*Sobre el poema:

«Clinica 19» es parte de la colección Lotería del baladro, Premio Nacional de Literatura Joven «Salvador Gallardo Dávalos» Poesía 2016. Editado por Instituto Cultural de Aguascalientes, 2017.

**Sobre el autor:

Luis Flores Romero . Nació en la Ciudad de México en 1987. Estudió Letras Hispánicas en la unam. Ha publicado poesía en algunas revistas impresas y electrónicas. Ha impartido talleres de versificación y creación poética. Es autor del poemario Gris urbano, publicado en 2013 por la uacm, y de Sonetos ñerobarrocos, publicado en 2016. Becario, en el área de poesía, de la Fundación para las Letras Mexicanas durante los periodos 2010-2011 y 2011-2012, y del fonca en el periodo 2015-2016. Desde 2014 conduce un programa de literatura en Radio unam. Premio Nacional de Literatura Joven «Salvador Gallardo Dávalos» Poesía 2016. Premio Nacional de Poesía «Ramón López Velarde» 2017. En redes sociales, con el heterónimo de Lufloro Panadero, comparte versos satíricos.

Paso de fuego. Las ruinas de Troya. David Andrade

Por David Andrade*

Las ruinas de Troya

Todas las mañanas 
los pájaros me miran en los espejos, 
devoran mi sombra y mi negro destino;
dejan sobre la mesa el lápiz duro 
y la verdad muerta,
el canto disecado de las aves: 
¿sólo los caballos sabrán de mi muerte?
 
En el estudio donde todas las noches escribo
siguen los libros abiertos
en las mismas páginas,
en los mismos planos, 
las calles de la ciudad de altos muros. 
Ahora estoy postrado en la cama, 
no recuerdo nombres
ni fechas.
 
La luz se filtra entre las flores, 
las hiere 
hasta envejecerlas
                                y
arrancarles su perfume: 
fin último de la naturaleza.
 
 
La oscuridad es una vela que juega con el viento, 
quiere contarme el secreto de la geometría, 
imagen negándose
en la luz.
 
Ahora que no puedo ver
sólo existen las sombras 
de los objetos que nombro.
Todo dentro de mí gira:
estoy en Argos, 
soy la ciudad de Príamo; 
tengo las joyas de Helena,
estoy casado con una griega,
no me permiten seguir escavando en tu nombre      
                                                                                        Homero.  
 
¿Cuál es la medida exacta de mis ojos? 
Ahora me veo con el cuerpo herido 
lleno de llagas
a punto de morir.
Quién no ha muerto en el hilo de Ariadna,
en el violín ciego y oscuro;
tantas horas leyendo las mismas fojas,
buscando algo que me acercara a tu verdad;
pero tú te alejas como los albatros 
por el mar que borra huellas y ciudades. 
 
Nadie me recuerda, 
¿y si me recodaran? Qué sabrían de mí: 
¿todos los idiomas en que te busqué? 
¿Las figuras de barro? 
¿Esa sed de dromedario sin palabras?
¿En qué desierto me curé de tu piel? 
 
Agua y fuego el alfabeto
que marcó mi destino,
oráculo de noche sin estrellas,
días que calan los huesos.      
Fotografía: Shitterphoto.

*Sobre el autor:

David Andrade. Yajalón, Chiapas. Estudió en el VII Diplomado en Creación Literaria en la Escuela de Escritores (SOGEM) en San Cristóbal de Las Casas en el 1999. Es coautor de libro Del Caos a la Palabra en 2001. Dirigió la revista Espejo Humeante. Autor del libro Encadenados al Fuego en 2019. Es miembro de los colectivos literarios Los Amorosos del Espacio y Abriendo Caminos José Antonio Reyes Matamoros.

**Sobre el poema:

«Las ruinas de Troya», poema de la colección Encadenados al fuego, 2019, editorial Tifón.

Voces ensortijadas. 14. ¡Paletas, paletas! María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 14

¡Paletas, paletas!

María Gabriela López Suárez

El calor en la temporada de abril era bastante seco, la lluvia no parecía querer asomarse. Eva y Julieta tenían muchas ganas de salir a comer helados a la plaza central de su ciudad. La cuarentena no se los permitía. No era fácil para Belén y Matías explicarles a sus hijas pequeñas que debían mantenerse en casa y esperar a que la contingencia sanitaria pasara. Hacían el intento por distraerlas, pero continuaban insistiendo.

A Belén se le ocurrió que jugaran a ir a la paletería, ante esa idea Julieta, la mayor de sus hijas, dijo,

—Pero juguemos de verdad. ¡Yo quiero comer paletas de hielo!

El rostro de Belén se puso rojo, mientras Matías sonreía disimuladamente. Acordaron que el juego sería una tarde de fin de semana. Matías se comprometió con Belén a que cuando fuera por la despensa, compraría frutas de temporada para que les hicieran a sus hijas las anheladas paletas. Y así fue, mangos, fresas, duraznos y moras fueron las frutas elegidas para preparar las paletas. No les dijeron nada a las niñas, sería su sorpresa.

El sábado por la tarde, mientras Julieta y Eva jugaba a armar rompecabezas, Belén y Matías prepararon las paletas, sin que ellas los vieran. Belén preguntó qué hora era, las 6 de la tarde le dijo Matías. Hora de tirar la basura, esta vez le tocaba a Belén esa tarea. Juntó las bolsas, se puso el cubrebocas y salió a la calle.

Aunque el sol comenzaba a ocultarse el calor era aún fuerte. Al llegar a la esquina se percató que las calles estaban desoladas. Mientras volteaba del otro lado, se dio cuenta que el único que iba a casi una cuadra de distancia de ella era un señor mayor empujando un carrito de  paletas de hielo. Un sombrero pequeño, como de palma, un pantalón color beige y una playera acompañaban la silueta y el andar cansado del vendedor.  Recordó que la mayor parte de quienes vendían paletas de hielo eran adultos mayores. En plena emergencia sanitaria seguro las ventas estaban muy bajas y ellos necesitaban el salario y tenían que vender. —De haber salido antes lo habría visto y comprado paletas para hacerle el gasto— pensó.

Regresó a la casa. Se lavó las manos, rocío su ropa y zapatos con gel antibacterial casero y fue a la cocina. Entusiasmado, Matías le mostró un letrero que había diseñado de manera creativa,  para jugar a la paletería con las niñas. Al observarlo Belén imaginó al señor paletero gritando: ¡Paletas, paletas! Y a mucha gente a su alrededor, comprándole para mitigar el calor de la temporada.

Fotografía:  Annelies Brouw.

Universo breve. 12. Pago por evento. Damaris Disner

Pago por evento

Por Damaris Disner

No era el tipo de película que le gustara ver pero se quedó hasta el final. Era la premier de su ópera prima como guionista.

Fotografía:  Roberto Nickson.