Polvo del camino. 17. Desamor. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 17

Desamor
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano
 

 
Me dijeron que usted me podría curar de cualquier cosa.
            Bueno, no, no de todo. ¿Qué tiene?
            Me duelen las muñecas de los pies.
            ¿Los tobillos?
            ¿No se llaman muñecas?
            Sólo se llaman así las de las manos. ¿Y qué más le duele?
            Eso es más grave. Mi mujer no me quiere.
            No entiendo. Le puedo curar algunas dolencias, pero no puedo hacer que su mujer lo quiera.
            ¿Qué me aconseja?
            Que cambie de mujer.
            ¿Y si la otra tampoco me quiere?
            No lo podemos saber de antemano, habrá que hacer la labor.
 
El hombre parecía desesperado. Su última pregunta múltiple fue:
            ¿Cómo se le hace para alguien lo quiera a uno, cómo se le hace para conseguir el amor y para provocar la pasión, cómo se le hace para vivir feliz y enamorado? 
            Lea, le dije.
            Que lea qué.
            Lea libros, lea el cielo, léase usted, lea el mundo. Y allí va a encontrar respuestas. Si se queda viendo con atención un árbol, por ejemplo, que es una forma de leerlo, poco a poco le van a aparecer palabras en el cerebro y ellas la llevarán a pensamientos que quizá le expliquen que el amor no existe afuera (bueno, sí, pero es incidental), sino adentro. Si usted no descubre sus maravillas, es que se las está ocultando. Cada cual –usted, yo– seremos diamantes, pero, como dice Martí, antes de luz somos carbón.
             Me vio con desconsuelo. Se fue y nunca volvió. 
             Tal vez siga vivo.




Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

Parábolas del uroboro. 10. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Bauman

Flexibilidad de la ironía

La ironía tiene un ritmo y una elasticidad que van regidas entre la verdad literal y el disfraz con una fuerte atracción; se unen y se separan; se repelen y se reconocen y al hacerlo se han sometido a un roll subversivo: han roto las leyes de la realidad para convertirse, dentro de ella, en una ilusión. “La ironía exige flexibilidad y armonía perfecta con el entorno.” (Schoentjes, 2003, p. 118). 

La ironía no deja de ser esto para convertirse en aquello sino que es los dos y vive gracias a las diferencias. “La realidad «objetiva» es imperfecta, pero el juicio «subjetivo» es lo contrario: mientras que se espera una condena a partir del ideal, vemos que se exalta la imperfección.” (Schoentjes, 2003, p. 122). Hay una relación solidaria entre las significaciones adversas; además, se desenvuelve en un entorno de sutileza. La agresión va arropada de elegancia, el acometido sin sentir la ofensa, es arremetido. 

Las técnicas de controles en que se desarrolla el irónico representan el manejo de la información astutamente, digamos que el irónico es demasiado consciente de su realidad y ha elaborado a base de la ironía un mundo perfecto. Así, de tanto repetir esa idea falsificada, podrá pasar a la historia como un hecho verdadero abandonado su antigua ilusión. “Tenemos que observar que la ironía «no hace como sí» ni la «apariencia de» presentar un juicio favorable, lo expresa plenamente, pero pide, basándose en la contradicción con la realidad presente, que se vaya más allá.” (Schoentjes, 2003, p. 123). 

El someter al presente, somete al pasado. La ironía ya sea que actúa a través de la lucha de la develación de la verdad o en su búsqueda de libertad, pero es, en cualquiera de las dos situaciones, una remembranza importante de los modelos de la constitución de la realidad social. 

La ironía es un modo del discurso indirecto que se toma ciertas libertades con la verdad en la que el hombre se pone a prueba en sus relaciones con los demás. Si el ser y el parecer no coinciden como quiere la moral de la sinceridad, el irónico no es, con todo, un mentiroso. Lejos de intentar engañar y, por lo tanto, de mantener la ilusión creada por su mentira, el irónico quiere que sus ilusiones sean comprendidas y se cuidará de no bloquear el acceso al significado de su intención. (Schoentjes, 2003, p. 126)

Anteriormente se vio el lapso que transcurre entre el pastelazo y la toma de decisión que se da entre el Gordo y el Flaco; así se debe dejar una separación entre el lector y los ingredientes que componen la ironía, conviene tomar cautela y poner atención: pensar en la jerarquía de los seres y las cosas además de la intención que da a ellos el interlocutor. 

Podría tomarse una oración emotiva: ¡Qué buen día! (pensando que todos esperan un día soleado) y al haber un día lluvioso lo contraponen con ésta negación. Pero no siempre se puede decidir por una mayoría. Un ejemplo puede tomarse dentro de la naturaleza humana, si una madre tiene calor, descubrirá a su bebé; si ésta tiene frío, lo cubrirá independientemente de las necesidades reales de su bebé. 

Los juicios de valor que se dan en la ironía influyen de acuerdo al conocimiento e impresión que se tenga de ellos. La intención es presentar un sentimiento o resentimiento del que no se puede libertar y persiste en su fuero interno. El irónico tiene el privilegio, la capacidad y la inteligencia de saberlos exteriorizar disfrazados para desahogarlos en el lugar correcto, libres de sinceridad. 

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(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.

Paso de fuego. Parménides. David Andrade

Por David Andrade*

Parménides

                                     A Ulises Córdova
  
I
Dividí la verdad en dos mitades,
ruedas ardientes del hexámetro
que derrumba el mito de la cosmología.
 
Mi camino está marcado
por los días oscuros de la metafísica.
II
No existe la verdad absoluta,
anduve como salvaje
por tormentosos caminos de la Nada,
en el pensamiento errante de mortales.
III
Estoy encadenado al cielo,
al número eterno sin nombre.
IV
El signo de la noche es una esfera infinita,
espejo inmóvil que refleja la luz,
esencia indivisible del ser.
 
                              (Encadenados al fuego 2019).      
Fotografía: Shitterphoto.

*Sobre el autor:

David Andrade. Yajalón, Chiapas. Estudió en el VII Diplomado en Creación Literaria en la Escuela de Escritores (SOGEM) en San Cristóbal de Las Casas en el 1999. Es coautor de libro Del Caos a la Palabra en 2001. Dirigió la revista Espejo Humeante. Autor del libro Encadenados al Fuego en 2019. Es miembro de los colectivos literarios Los Amorosos del Espacio y Abriendo Caminos José Antonio Reyes Matamoros.

**Sobre el poema:

«Parménides», poema de la colección Encadenados al fuego, 2019, editorial Tifón.

Voces ensortijadas. 16. Los susurros en la noche. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 16

Los susurros en la noche

María Gabriela López Suárez

Quizá les haya sucedido, a veces una no presta tanta atención a lo que nos rodea, por ejemplo, a los momentos que tiene el día. Me refiero a lo que va caracterizando  el amanecer, el mediodía, la tarde, la noche, la madrugada. Si nos detenemos a contemplar el cielo, hallaremos rasgos particulares, y también en todo el ambiente que nos rodea. Me he percatado que, normalmente, los gallos comienzan a cantar a eso de las seis de la mañana. Las aves trinan casi a esa hora. Y también es agradable escuchar las parvadas de loros por las mañanas o las tardes, cuando se acerca la puesta del sol. La algarabía de los loros es inmensa en ambos momentos.

La gente que ha crecido en el campo sabe distinguir la hora con ver la posición que tiene el sol. También es asombroso cuando al echar un vistazo al cielo saben si hará calor, si es segura o no la lluvia y si habrá frío o mal tiempo, como suelen decir.

Las tardes también tienen su encanto, las puestas de sol son un deleite. En cada espacio donde estemos tiene su elemento a destacar, aún cuando sean días de lluvia. Y qué decir de la noche, tiene magia que vale la pena descubrir, en algunos espacios urbanos aún se tiene la fortuna de escuchar el canto de los grillos, o en época de lluvias el croar de los sapos. 

Sin embargo, estar en el campo o en la selva, alejado de los ruidos propios de espacios citadinos, hace que nuestros oídos puedan disfrutar o conocer otros paisajes sonoros y nuestras pupilas contemplen  el cielo estrellado, o una noche llena de relámpagos después de la lluvia.

Entre los susurros en la noche además de los grillos, está el ladrido de los perros que toma cierto ritmo primero ladra uno, dos, luego más adelante se escuchan más. El sonido del viento crea atmósferas que  dan efectos diversos, es una especie de silbido agudo que luego si se presta atención va cargado de mensajes, sumado a el movimiento de los árboles que se mecen a su compás. Los patos suelen ser animales nocturnos que no cesan de caminar y el crash crash de su paso sobre las hojas de los árboles puede hacernos pensar que hay alguien ahí deambulando en la noche. Y sí en efecto, son ellos que de vez en cuando aletean y emiten un sonido particular. 

La noche tiene silencios que sumados a los susurros le dan un encanto especial. Esos sonidos que nos permiten descubrir lo bello de la naturaleza.

Cada que tengan oportunidad les invito a prestar atención e identificar qué les susurra la noche.

Fotografía:  Pixabay.

Polvo del camino. 16. Días felices. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 16

Días felices
Héctor Cortés Mandujano
 

 
Era terroso, asimilado al piso donde pasaba su agonía. Y flaco, sarnoso, desdentado; un perro callejero a punto de morir. 
     Mi mujer lo notó al tomar la curva, en el coche, unas calles antes de llegar a casa.
     Al día siguiente, en la mañana, nos detuvimos y ella bajó con dos trastos: comida y agua. Esperamos a que intentara comer, pero no tenía fuerza ni para eso. Por la tarde notamos que alguien se había llevado los trastos.
     Le dejamos la comida en el piso, casi en su hocico. 
     Comenzó a comer y nosotros sonreímos cuando ya pudo ponerse en pie. 
     Su mejoría fue evidente con los días. Ya reconocía el ruido del carro y aceptaba nuestra cercanía. 
     Comenzó a engordar y a sanar de la sarna. Se volvió un perro hermoso. 
     Había días que no nos esperaba, pero al día siguiente lo veíamos pararse y menear la cola cuando oía el motor, nos veía llegar y detenernos. Para nosotros ya era costumbre verlo, alimentarlo, decirle palabras de cariño.
 
Notamos que no estaban ni él ni varios perros que solíamos ver por el camino. Hicimos conjeturas, hasta que alguien contó a mi mujer que un tipo de por ahí, loco, criminal, dio veneno a una veintena de perros, dentro del disfraz del alimento. Allí, en ese asesinato atroz y colectivo murió nuestro amigo, al que nunca pusimos un nombre. 
     Pasamos con él y por él bellos momentos. Lo quisimos, lo recordamos, todavía, alguna vez, en sus días felices.
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

Parábolas del uroboro. 9. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Bauman

Obstáculos de la ironía

El concepto de la ironía, como se ha mencionado, afecta la lógica del pensamiento. No se puede estandarizar un método clave para su estudio, aunque Wayne C. Booth en su libro Retórica de la ironía citado por Schoentjes, plantea algunos pasos para distinguir el sentido irónico en un enunciado:

1.   Se invita al lector a rechazar el sentido literal.

2.   Realiza interpretaciones o explicaciones alternativas.

3.   Toma una decisión de acuerdo con los conocimientos y creencias del autor.

4.  Llega a un nuevo significado en armonía con las creencias no expresadas del autor. (Schoentjes, 2003, p. 120)

El primer paso señala una negación a uno de los sentidos de la oración, tomando en cuenta que la ironía trabaja de forma dual; sin embargo, no debe rechazarse por completo el sentido literal, ya que en él está escondido el sentido irónico y de él ha partido. 

La significación parte de ambos sentidos. No puede vivir uno sin el otro. “Cuando nos hallamos delante de un texto escrito, el lector se forma una imagen del autor a partir de un conjunto de conocimientos de los que dispone” (Schoentjes, 2003, p. 124), es testigo de la doble formulación: la real (que se advierte como un rechazo)  y la fantasía. 

El lector se replantea la contradicción que existe y debe dar sentido a los diversos razonamientos; puede inclinarse hacia el humor del escritor/emisor o simplemente permanecer en el sitio serio del sentido de la oración. Si la ironía se basa en hechos que acaecieron en gobiernos distantes del presente del lector, muchas veces no podrá ser interpretado el juego lúdico.

El alejamiento en el tiempo y el espacio es un factor que vuelve difícil la comprensión de la ironía: es casi imposible hoy en día coger la ironía de Chauser o de Villon sin recurrir a notas de pie de página que expliquen las contradicciones. A pesar de que nos permiten comprender la ironía, nos impiden con todo gozarla plenamente, con lo que el placer se convierte en un trabajo mental. Incluso sin gran alejamiento temporal o espacial, la ironía no surgirá si los universos de producción y recepción de ésta sólo están ligados por escasas pasarelas. Las diferencias sociales o de nivel de educación, dado que producen grandes variaciones en las normas usadas para decidir el valor de los seres y las cosas, se cuentan entre los obstáculos más importantes para una buena comprensión de la ironía. (Schoentjes, 2003, p. 132)

Al comprender la significación de una lengua se crea una serie de sinónimos que se relacionan con dicho enunciado; sin embargo, si el enunciado está dicho en un contexto distinto al  habitual, es probable que se generen esas significaciones alternas partiendo de un imaginario. 

Para hacer un juicio en cada enunciado es necesario que hayan ocurrido dentro del receptor: experiencias reales o imaginarias que lo llevan a una comprobación justificada. Si la lengua le arroja significados fuera de su contexto, incluso aunque no sean irónicos, el círculo comunicativo quedará fracturado. “La decisión de considerar un pasaje irónico o no depende en última instancia de la decisión que se toma en relación con la intención del autor” (Schoentjes, 2003, p. 129) 

Los artificios de la ironía suponen algo negativo dentro de un contexto turbio o arbitrario. El irónico, al querer ser captado, dejará unas marcas sobreentendidas para que dentro de su ilógica discursiva exista una lógica y una consecuencia.  

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Paso de fuego. Música de guerra. Jorge Abarca

Por Jorge Abarca*

Música de Guerra
 
En toda la extensión del firmamento, 
oculta en la prisión de la venganza,
la lengua de la Guerra y su tormento
sobre la Tierra como sombra avanza.
 
Y en la verticalidad del lamento
y la furia del caos y de su lanza,
puñal al corazón del sufrimiento,
quietud en el latir de la esperanza.
 
Y en los primeros trazos de la noche:
una pausa en la herida del derroche
y una calma rotunda en el asombro.
 
Profundo es el latido de la Tierra,
del insaciable músculo de Guerra
encerrado en la música que nombro.      

Fotografía: Pixabay.

*Sobre el autor:

Jorge Abarca.

San Cristóbal de Las Casas; Chiapas. Egresado del Diplomado en Creación Literaria por El Espacio Cultural Jaime Sabines, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas 2009-2010. Miembro de la Organización Cultural “Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros”. Ha sido antologado en Universo poético de Chiapas. Itinerario del siglo XXCONECULTA, Chiapas 2017Autor del libro La tragedia encendida de los hombres. Abriendo Caminos Editores, 2019.

**Sobre el poema:

«Música de guerra», poema de la colección La tragedia encendida de los hombres, Abriendo Caminos Editores 2019.

Parábolas del uroboro. 8. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Bauman

“Yo no entiendo de esas cosas;

sólo sé que aquí me vine 

porque, si es que soy mujer,

ninguno lo verifique.”

Sor Juana Inés de la Cruz 

La estructura irónica

La lógica de un comentario irónico se adquiere por las capacidades al reconocer los símbolos semánticos y sintácticos del enunciado. También es necesario advertir las habilidades del ironista descubriendo su actitud y las emociones que en ello siembra.

En el Diccionario de retórica y poética de Helena Beristáin publicado en el 2006 define a la ironía como:

“Figura retórica de pensamiento porque afecta a la lógica ordinaria de la expresión. Consiste en oponer, para burlarse, el significado a la forma de las palabras en oraciones, declarando una idea de tal modo que, por el tono, se pueda comprender otra, contraria (aunque para algunos es antífrasis la frase que significa lo contrario de lo que expresa: “¡bonita respuesta!”). Cuando lo que se invierte es el sentido de palabras próximas, la ironía es un tropo  de dicción (un metasemema ) y no de pensamiento (metalogismo ); a este tipo de conversión semántica o contraste implícito han llamado algunos antífrasis  sobre todo cuando alude a cualidades opuestas a las que un objeto posee, es decir, se refiere implícitamente (y al explícito le llaman oxímoron ). Se trata del empleo de una frase en un sentido opuesto al que posee ordinariamente, y alguna señal de advertencia en el co-texto (o contexto lingüístico próximo), revela su existencia y permite interpretar su verdadero sentido. Así, las marcas que permiten rescatar ese verdadero sentido pueden ser, tanto los significados de las palabras correlacionadas, como los de las frases, como el contexto situacional.” (Beristáin, 2006, p. 277)

La ironía trata de confundir la lógica y crea una ruptura entre las isotopías (línea temática con redundancia en la significación de una palabra). Digamos que el lector, si no conoce el contexto no captará el juego lúdico del irónico. 

            La lógica compete tres figuras claves que forman un silogismo (presentar tres pruebas o razonamientos, el último deduce las dos anteriores). La estructura se podría ejemplificar de una manera sencilla:

•          Premisa universal: Las esposas viejas aburren al marido.

•          Premisa particular: Mi esposa es vieja.

•          Conclusión: Mi esposa me aburre.

La lógica permite pensar de forma coherente. La idea o la cosa se colocan dentro de la mente en un contexto determinado, se compara, y se sabe que de acuerdo al tiempo y al espacio puede adquirir una idea determinada sin transgredir en todo su existencia. Es decir, las ideas se constituyen dentro de una identidad y no varían dentro de la existencia momentánea, o sea, dentro del presente.

El rompimiento de fidelidad en la conciencia del individuo se entrecruza dentro de sus conocimientos y termina operando como una contradicción. El simple hecho de escribir “rompimiento”, como lo expresa el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua es: “separar con más o menos violencia las partes de un todo, deshaciendo su unión” nos indica un hecho contrario a la armonía, quizás la añoranza de ese estado, Schoentjes nos dice:

Todo irónico es un idealista en tanto en cuanto en la perfectibilidad del hombre; en el momento mismo en que marca un rechazo, expresa simultáneamente su adhesión a un mundo perfecto al que aspira y del que siente nostalgia (…) El doble movimiento de distancia y de fe, del que el rechazo por la alabanza es la forma más marcada, aparece como primordial. (Schoentjes, 2003, p. 76-77)

Si se habla de que el irónico parte de una representación mental para después buscar su perfección partiendo de un rechazo, entonces podría estar cayendo en un acto de soberbia, porque al involucrar a un individuo en su juego demostrando que el contexto que habita es erróneo y él, sólo él, es capaz de darse cuenta, ha perdido toda humildad para decir de manera positiva ese equívoco, 

Sin embargo hará uso de la ironía para ridiculizar, hará una “burla a lo lógico” pero no se da cuenta que dentro de ese juego quedan impregnados todos sus anhelos, todo su mundo perfecto al que es imposible llegar. 

En ese momento el irónico se valoriza por encima de los demás. Ha sobreestimado la ingenuidad como un rasgo de ignorancia. Lo más absurdo es que el irónico necesita del ingenuo para sobrevivir irónicamente, ¡bonita respuesta!

            Theodor Reik fue uno de los discípulos de Freud al que Pierre Schoentjes citó como de los más brillantes y del que notó que la ironía representa este ideal siempre ausente. Ésta hipótesis, ha sido omitida y Pierre Schoentjes la rescata en La poética de la ironía:

Un acontecimiento o un pensamiento reaviva en una fracción de segundos la antigua ilusión o los sentimientos de confianza, de consideración, respeto, veneración, afecto o admiración que conscientemente, tuvieron lugar en un tiempo anterior. (…) Sólo cuando se manifiesta, por espacio de un instante la tentación de probar las cosas de la misma manera que en los tiempos olvidados, el recuerdo de la decepción o de la desilusión retornan y vuelve a sentir. La contradicción y el contraste entre una actitud antigua y otra nueva y los sentimientos que con ella se asocian, componen el fenómeno del que surge la ironía.

El creador de la ironía está tentado por un instante de recaer en la antigua creencia, de abandonarse otra vez a una ilusión superada. La emergencia de la memoria inconsciente parece reavivar el dolor y el desencanto, como sí, con la ilusión, la rebelión y la desesperanza que acompañaron al desencanto, se renovaran también. (…) En la expresión irónica, las antiguas ilusiones y los viejos desencantos se reavivan, así como también la indignación y la amargura, que se vuelven a sentir tan fuertemente como la fe antigua que un día se adoptó con profunda sinceridad. (Schoentjes, 2003, p. 77-78)    

Dice Octavio Paz en su ensayo “Analogía e ironía” que se encuentra en su obra La casa de la presencia (1994) que: para los románticos lo que redime a la vida monótona, subrayándola como “horror”, es ser un sueño; el sueño, para los románticos, se ve como una “segunda vida” y además como el puente que permite llegar a la verdadera vida, la vida del principio. ¿No ven así los irónicos cada uno de sus actos de burla que se presentan en lapsos de pocos segundos viviendo constantemente en su interior y que se personifican (como el sueño) dentro de un pudo ser, pero no lo es? Calderón de la Barca diría con respecto a esta ilusión tan verosímil:

Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidado le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende. 

(Calderón, 2014, p. 95)

De una manera general, Calderón de la Barca atribuye el acto de soñar a la humanidad en general, por tanto se habla de un hecho colectivo. Las experiencias parten de repeticiones del pasado que han trascendido como las acciones primarias del hombre. Todo conocimiento es el cúmulo de experiencias que se forma con el conjunto de hechos e ideas que comparte un mismo contexto histórico. 

Con el paso del tiempo se toman notas estadísticas para conocer la influencia de estos estilos y modos de vida. “La ironía es la puesta en relieve del carácter artificial de cualquier ficción más allá de su deseo de realismo (…) El arte se propone hacer posible una visión renovada de la realidad” (Schoentjes, 2003, p. 94). La ironía no viviría si no existieran los ideales.

Así, la ironía se asienta en pensamientos que han tenido un largo camino de prueba y error, analiza las particularidades sociales que rodean al individuo y que han impactado en su conciencia pudiendo ser algunos acontecimientos traumáticos como la crisis económica, la estrechez de las religiones, la manipulación política, los desastres naturales… El saberse afectados por tales o cuáles sucesos, en un determinado momento, son asimilados y reconstruidos dentro de cada persona. 

Cada evento ha ocupado su sitio en la memoria y han creado la conciencia o han quedados cubiertos (“protegidos”) en el inconsciente que representa un terreno frágil. La información que compete a cada ser es el almacenamiento del pasado que formula los recuerdos y advierte las decisiones del presente: lo somete. En Los abusos de la memoria, Todorov afirma: “no hay razón para erigir un culto a la memoria por la memoria; sacralizar la memoria es otro modo de hacerla estéril” (Todorov, 2000, p. 33). 

Por tanto, dentro de esta capacidad cognitiva con que cuenta la memoria, se asume que la ironía representa un juicio crítico que ha sido fermentado en base a su pasado. La memoria ya sea empleada para principios morales o por la libertad o vinculando ambas en procesos imaginarios, constituye la construcción de cada individuo dentro de su realidad social.

Pierre Schoentjes establece que “si la ironía es un modo de escritura, es también un modo de lectura. La dinámica de pensamiento de la ironía no existe en el poema nada más que a condición que el lector participe activamente en la constitución de un sentido” (Schoentjes, 2003, p. 92).  

Al conocer la ironía, duele. No suprime, hace inoportuna su existencia. Cada lector es una interpretación personal, elabora un mundo perfecto, obtenido a base de una realidad social que participa de forma subjetiva. La verdad molesta y obstaculiza la armonía hacia el que la recibe, sólo, cuando el ironizado tiende a actuar de forma recíproca y sabe defenderse ante esta habilidad de palabras y de pensamiento, suele manifestarse satisfacción y muchas veces, revancha. Si la ironía aparece en un texto, el ironizado, consciente de la burla, disfruta el juego. 

Al ver el anhelo hecho trizas surge la crítica. Por esta razón, cuando hablamos de ironía también hablamos de distancia. Los acontecimientos del pasado han formado parte de las prácticas sociales; al observar desde un presente en retrospectiva con anhelos hacia el futuro se crea una ilusión, cuando los deseos se ven frustrados los episodios en el intercambio verbal o escrito muchas veces se pueden volver crueles. 

Se habla de un tiempo pasado que viene a desestructurar una situación. Pierre Schoentjes dice: 

La ironía rompe el fluir previsible del discurso, como lo sobrenatural rompe el del mundo: en un nivel superior, se puede afirmar que la ironía y lo fantástico marcan ambos una ruptura con la lógica. (…) La ironía y lo fantástico se caracterizan por la ambigüedad y por la indecisión; lejos de constituir tendencias contrarias (…), nacen de un mismo foco. (Schoentjes, 2003, p. 104)   

Por lo tanto, el lector o el oyente tendrán que llenar los espacios vacíos que existen en el discurso y darle un sentido al significado que pretendió dar el irónico. Estos significados contarán con  una doble valorización que se encuentra en ambos polos. 

Uno de los ejemplos de Umberto Eco en Entre mentira e ironía es sobre las acciones que desempeñan el Gordo y el Flaco en sus películas; muchas veces se dan pastelazos en la cara y observamos el comportamiento de pausa del que lo recibe: no es el pastelazo en sí lo que aviva la inquietud del espectador, sino esa espera entre la provocación y la respuesta. Es el tiempo que se toma el Gordo en quitarse el merengue de la cara. La burla se ha tirado, ahora falta ver la reacción de ese futuro inmediato que es ignorado.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Paso de fuego. Eurípides. David Andrade

Por David Andrade*


Eurípides

Nací en la tierra calcinada por la luz,
ciudad famosa por sus templos.
Crecí en el renacimiento de la muerte;
fui el encargado de llevar el fuego sacro de Apolo
a hogares donde regresaban los derrotados.
Soporté el peso de la guerra,
hui del pensar,
crucé los mares de Salamina, 
visité a Polignoto de Tasos, el de los colores violentos.
En la isla de Skiro encontré los huesos del mítico Teseo;
vi cómo asesinaban en Tracia a héroes.  
No encontraba mi camino,
en los murales de Mégara sólo hallé el drama humano,
¡desfiguré el mito para entender la realidad de la vida!
Construí la historia en cada muro 
de la derruida Atenas;
di forma al lenguaje, 
en la tragedia encontré la totalidad de la existencia;
deploré el destino de la mujer,
esencia indestructible de la materia de los sofistas. 
(Encadenados al fuego 2019).      
Fotografía: Shitterphoto.

*Sobre el autor:

David Andrade. Yajalón, Chiapas. Estudió en el VII Diplomado en Creación Literaria en la Escuela de Escritores (SOGEM) en San Cristóbal de Las Casas en el 1999. Es coautor de libro Del Caos a la Palabra en 2001. Dirigió la revista Espejo Humeante. Autor del libro Encadenados al Fuego en 2019. Es miembro de los colectivos literarios Los Amorosos del Espacio y Abriendo Caminos José Antonio Reyes Matamoros.

**Sobre el poema:

«Eurípides», poema de la colección Encadenados al fuego, 2019, editorial Tifón.

Polvo del camino. 15. Bruja y guajolota. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 15

Bruja y guajolota
Héctor Cortés Mandujano
 
 
Bulmaro, hijo adoptivo de Adrián Vidal y Nicacia, tenía harta a su mamá con su comportamiento. Ésta lo colgó de una red, le puso debajo fuego y chile. Sobrevivió a la tortura, con algunas quemaduras que nunca se le borraron (p. 14): “Los jóvenes que conocían a Bulmaro le clavaron el apodo de ‘Talega frita’ ”. Este es un fragmento de las vidas que relata Personajes populares de Chiapa (Conaculta-Coneculta, 2006), de José Alegría Nandayapa.
            El libro está lleno de apodos. A doña Amelia Flores Alcántara, que adonde iba se (p. 21) “acompañaba de una gran manada de perros callejeros” le decían la “Turca”; al músico Ángel Regalado (p. 25) “le gritaban Ángel de Gorra” y a Antonio Penagos Corzo, quien (p. 39) “se estaba ahogando en el Río Grande de Chiapa por sacar un jocote que se había sumergido”, lo rebautizaron como “Cacha floja”, por varias caídas que tuvo; hay el (p. 55) “Mingo Choco”, el (p. 63) “Hambre canina”, el (p. 68) “Muchocansa”, el (p. 70) “Perlático”, el que tiene dos apodos (p. 71): “el Satanás o el Cochi” (una frase maravillosa en su biografía, p. 72: “El Satanás era católico”) y el (p. 219) “Tranca de golpe”.
            Me encantaron del libro, también, la anotación de las profesiones. Berzaín C. y Alfredo Hernández Corzo son (p. 33) “comerciantes y chapuceros”; don Cheque es (p. 56) “poeta y bolo antiguo”; “El Matagato” fue (p. 66) “menesteroso” y “El Mechicano” (p. 66), “alcohólico”; Elpidio Hernández, Pillo Cochi, es definido como (p. 75) “Comelón de tamales y sastre”, Ernestina como (p. 84) “Niña vieja”, Juana Cameras como (p. 131) “Mujer adinerada”,  Juana Solita como (p. 133) “Bruja”, que “en las noches de luna llena se convertía en guajolota” (qué elemental, en lugar de convertirse en cisne, por ejemplo), Tanislao Rodas como (p. 196) “Asaltante” y Tío Manuel Estudillo como (p. 214) “Herrero y loco”.
            La tía Tanchi entra al cine de don Conrado Coutiño Godoy; cuando el interventor le quiere cobrar, ella le dice que no paga. ¿Por qué?, le pregunta, y ella contesta (p. 47): “¡Soy su querida de don Conrado!”.
            Don Lacusón llamó a sus hijos Robinsón y Edisón; éste le reclama, porque (p. 57) “esos pendejos de la escuela siempre me gritan ‘Jonisón’ ”; “El Mechicano” cantaba entre otras canciones ésta (p. 68): “Del otro lado del río/ suspiraba un tiburón,/ y en el suspiro decía:/ callate vos, no sabés”.
            Florinda Lazos León era (p. 93) “mujer que no medía ni metro y medio de estatura y además muy fea, pero con un carácter digno de mejor estuche”; Guillermo, el “Tasajo”, platicaba con sus amigos de cantina (p. 106) “de amores, traiciones y enculamientos” y después, borracho, se roba a la Chonita; cuando ella le cuenta al otro día de cómo se huyeron, él le reclama (p. 107): “Pero, ¿qué no viste que estaba yo bolo? ¿Qué, no tenés juicio? ¿Cómo te vas a huí con un bolo?”.
            Ah, cuánta diversidad humana.
Ilustración: HCM.