Polvo del camino/ 17

Desamor
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano
 

 
Me dijeron que usted me podría curar de cualquier cosa.
            Bueno, no, no de todo. ¿Qué tiene?
            Me duelen las muñecas de los pies.
            ¿Los tobillos?
            ¿No se llaman muñecas?
            Sólo se llaman así las de las manos. ¿Y qué más le duele?
            Eso es más grave. Mi mujer no me quiere.
            No entiendo. Le puedo curar algunas dolencias, pero no puedo hacer que su mujer lo quiera.
            ¿Qué me aconseja?
            Que cambie de mujer.
            ¿Y si la otra tampoco me quiere?
            No lo podemos saber de antemano, habrá que hacer la labor.
 
El hombre parecía desesperado. Su última pregunta múltiple fue:
            ¿Cómo se le hace para alguien lo quiera a uno, cómo se le hace para conseguir el amor y para provocar la pasión, cómo se le hace para vivir feliz y enamorado? 
            Lea, le dije.
            Que lea qué.
            Lea libros, lea el cielo, léase usted, lea el mundo. Y allí va a encontrar respuestas. Si se queda viendo con atención un árbol, por ejemplo, que es una forma de leerlo, poco a poco le van a aparecer palabras en el cerebro y ellas la llevarán a pensamientos que quizá le expliquen que el amor no existe afuera (bueno, sí, pero es incidental), sino adentro. Si usted no descubre sus maravillas, es que se las está ocultando. Cada cual –usted, yo– seremos diamantes, pero, como dice Martí, antes de luz somos carbón.
             Me vio con desconsuelo. Se fue y nunca volvió. 
             Tal vez siga vivo.




Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.