Un dorado otoño de peces *
Mayinaj
es un jardín de corales,
hijas de arcoíris
bebiendo acantilados.
El sol de tornados muslos
cimbra la tierra
encendiendo estanques de lava.
Devora arrecifes de fuego
hasta quedarse dormido.
En un sueño de sal
un bosque serpea el río
cubre la desnudez del agua
con hojas amarillas
y salta
un dorado otoño de peces
que se convierte en pescador
con alma de red
capturando las noches que se alejan.
K’äñ limajbä chäytyak
Chuki aj Mayinaj
Iñichtyakbä ty’ox ja’
ba’ woli tyi iyowix ñajp,
jimba che’ tsil-tsilña lum
che’ mi’ ixäñ k’iñ
o jimba che’ jämuña yujkel
tyik ñajal
ba’ k’äñlemañtyak chäy
yujilobä wejlel
yik’oty mi ijo’k’ob lum
tyi ye’bal kolemtyakbä tye’,
ya’i
p’ulukña mi isutyel
tyi k’änlimambä yopoltyak tye’
tyi imal ja’ che’ mi icha’leñ xämbal ak’elel.
«Un dorado otoño de peces» es parte de la colección Anhelo de reposo. Antología poética, Editorial Tifón, 2019, la cual reúne poemas bilingües de escritores de la zona altos de Chiapas, sur de México.
En esta revista estaremos compartiendo, en las próximas entregas, textos y poemas extraídos de dicha antología.
Sobre el autor:
Canario De La Cruz. Poeta y traductor Ch’ol. Estudió Lengua y Literatura Hispanoamericana, fundó la revista literaria universitaria Labrando Agua (2001), de la Facultad de Humanidades Campus VI, Tuxtla Gutiérrez. Fue becario del FONCA/CONACULTA: Jóvenes Creadores, emisión 2013- 2014. Coautor del libro: T’sunun. Los sueños del colibrí (Antología literaria en cuatro idiomas de Chiapas, 2017). Actualmente es miembro de la Organización Cultural Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros, San Cristóbal de Las Casas Chiapas.
La playa y el mar azul pasarían con notas de excelencia un examen del paisaje más bello. Pero yo no estaba allí para verlo ni para tomarle fotos. Lo supe cuando vi a mi lado el tobillo inmenso del gigante a quien, por más que intenté, no alcanzaba a ver en su estatura inmensa, prodigiosa, que se perdía hasta donde mi vista –con mi cabeza alzada y con una mano haciendo de visera para no sentir tan directos los rayos del sol– alcanzaba a llegar.
No podía ver completo ni siquiera su pie, que supuse el derecho, porque hacia el otro lado se alzaba una columna que pensé era su otro tobillo.
Algo me levantó con suavidad y sólo hasta que estuve en su palma izquierda –como en un inmenso campo de carne suave y rosada– me di cuenta que él me había levantado con su derecha.
Puso su enorme dedo índice en mi cabeza y luego recorrió con él mi cuerpo desnudo. Ante sus proporciones, me sentía un muñequito de plastilina. Tomó mis piernas y rotó mis dos rodillas sin que yo sintiera dolor o incomodidad. Un dedo suyo hubiera bastado para aplastarme; sin embargo, sentía que donde me tocaba algo mejoraba, florecía, se pacificaba, se alegraba, crecía o disminuía. Su tacto era milagroso, transformador.
Traté de ver su rostro y sólo alcancé a vislumbrar su quijada, sus labios que tenían una expresión de seriedad, algún asomo de su cabello rubio.
En la pantalla de mi cerebro nació su voz, que me dijo cuatro cosas: eres rojo, siempre lo has sido; no tienes enfermedades de ningún tipo; tienes una fortuna en dólares que pronto llegará a tus manos, y no te olvides de esto: Rn-. Averigua.
[Rn-, averigüé después, es como le ponen, en una cinta amarrada al dedito gordo del pie, a los bebés de padres desconocidos, y también es el símbolo del radón, un elemento químico que, con sus descendientes, dado que emana de la tierra, puede matar a seres humanos si se le aspira. En EE. UU. su aspiración está considerada la segunda causa de muerte por cáncer de pulmón, después del tabaco.]
Una de sus manos, no supe cuál, me trajo a casa. Me metió por las paredes, como si no existieran –“no existen”, sentí que decía– y me dejó en el cuarto iluminado por la luz fortísima que emanaba de su mano gigante.
Hubiera querido creer, para tranquilizarme, que aquello fue un sueño. Pero no. Esta realidad está llena de realidades paralelas y el gigante rubio es mi doble, soy yo mismo en una dimensión a la que sólo puedo acceder cuando cierro los ojos y duermo.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Ese martes los rayos del sol apenas alumbraban, el cielo comenzaba a despejarse, ya eran las 10 de la mañana. Renata aprovechó lo fresco del clima para iniciar con un pendiente que tenía por revisar. Hacer cuentas no era su fuerte pero debía terminar esa tarea.
Se sirvió una taza con té de hierbabuena e inició la faena. Estaba ensimismada entre la pantalla de la computadora, su libreta y lápiz, prefería hacer las cuentas de manera manual y luego cotejarlas. Era una especie de hábito cuando se trataba de los números.
Sintió la necesidad de hacer una pausa, subió los hombros para relajarlos y al levantar la vista al cielorraso observó atentamente. No estaba sola. Una araña de tamaño mediano se sostenía perfectamente, haciendo un contraste entre lo blanco del techo interior de la habitación. Las formas de sus patas y cuerpo parecían como un detalle dibujado. Se sorprendió porque era la primera vez que veía una araña en esa parte de la habitación. Aunque le pareció extraño en lugar de darle la sensación de miedo, a Renata le provocó una especie de tranquilidad. Justo la que necesitaba para terminar de cuadrar las cuentas.
Continuó con su labor y de vez en vez, volvía la vista hacia arriba, ahí seguía la araña impávida. Sin hacer caso a los sonidos que hacía Renata al teclear rápidamente mientras tarareaba, Ojalá que llueva café en el campo, que caiga un aguacero de yuca y té, del cielo una jarina de queso blanco y al sur una montaña de berro y miel… Cuando terminó su tarea suspiró profundamente, sintió un peso menos de encima. Giró los hombros hacia atrás y alzó la vista, la araña seguía ahí pero se había movido. Renata recordó el punto donde se encontraba su acompañante hace 3 horas cuando se percató de su presencia. El movimiento de la araña fue casi imperceptible entre las veces que Renata volvió la vista al cielorraso. En cuestión de distancia había avanzado muy poco en su desplazamiento. Sin embargo, lo interesante para Renata era que la araña no había huído ante su presencia. Le pareció que su movimiento era como en la vida, no había necesidad de correr al ritmo de las demás personas, sino hallar su propio ritmo y caminar con seguridad para llegar a donde una se propusiera, algo así como la araña en el techo.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Era un miércoles cotidiano, el último del mes de julio, permanecía en casa dentro de esta contingencia. El calor sofocante indicaba que por la tarde llovería en el terruño tuxtleco, así fue. La lluvia se tornó abundante, de esas lluvias que se añoran para refrescar la noche.
Tiempo después que la lluvia cesó, el llamado de mi sobrino me sacó de la actividad en la que estaba, me indicaba que habían dejado abandonados unos perritos cachorros en un andador del Río Sabinal. En mi familia tenemos gran amor y simpatía por los caninos. De inmediato se me vino a la mente, ¿y ahora dónde van a quedar? ¿Qué pasará con ellos? En casa nos habría encantado tenerlos, pero ya nuestra bandita peluda es abundante, no era posible.
Una vecina fue por ellos y nos los enseñó, eran tres bellos cachorros, dos en color canela y uno oscuro, jaspeado de manchas en tono café claro. Los habían dejado dentro de una caja de cartón, deteriorada por haberse mojado. Los cachorros temblaban de frío, su pelaje estaba húmedo.
En la complicidad del amor con mis sobrinos, y el apoyo de los demás integrantes de la familia decidimos darles hospedaje solidario por esa noche. Es la primera ocasión que vivíamos una experiencia así, habría que buscar ayuda con amistades o personas conocidas que también cuidan por los animales.
Empecé a escribir mensajes y preguntar quién podría apoyar en esa labor. Agradezco mucho a quienes respondieron al llamado, la compañera Ángeles Mariscal por hacerme el enlace con Lourdes Chávez, quien me compartió ideas de cómo buscar ayuda y estuvo pendiente en todo momento. De igual manera, a mi estimada Damaris Disner por las sugerencias brindadas.
Mis sobrinos propusieron hacer un letrero y pegarlo en el portón de la casa, entre el debate de quién de ellos lo escribía, finalmente me apunté a hacerlo yo. Me ayudaron a pegarlo: “Se regalan perritos. Sea solidario y adopte uno”.
El uso de la red social Facebook fue una herramienta importante para divulgar el servicio social, los mensajes a través del whatsapp también se sumaron a las cadenas de ayuda, que pasó de amistades a personas que no tenía el gusto de conocer y que contribuyeron en la difusión. A todas, muchas gracias.
El mismo miércoles, el compañero Azariel Sánchez me dio la noticia que al día siguiente irían por uno de ellos. Nuestros corazones se alegraron. Me quedé pensando que era importante mencionarle a las familias que adoptaran a los perros, del cuidado que deben darles, del amor y de la atención.
El jueves llegaron por el primer cachorro. Agradecí por la solidaridad de darle un hogar e hice mención del mensaje del cuidado y amor al perrito. Continué con la labor de divulgar que aún quedaba la oportunidad de adoptar a los dos restantes. Llegaron varios mensajes al celular, un dato que llamó mi atención es que algunas personas preguntaban con insistencia, ¿qué raza eran? ¿O si eran de esos callejeros? No tenía la menor idea, los dejaron abandonados y el mayor deseo era que encontraran un hogar, con cuidado, protección, respeto y amor, sin que a su nueva familia le importara tanto ‘su raza’.
Una persona llamó y dijo que al día siguiente iría por un cachorro. Se quedaron en casa por segunda noche, contando con la atención de mis sobrinos, quienes les dieron uno de los mejores hospedajes, jugaron con ellos, los alimentaron, les hicieron su camita provisional.
Para el viernes, llegaron por el segundo cachorro, de nuevo el agradecimiento y la encomienda a su cuidado. Ya solo quedaba una, la única perrita. Al verse sin sus hermanos, se puso algo triste. Por un momento pensamos que tardaría para que alguien se interesara por ella, la mayor parte de las personas prefiere a los perritos. Mientras alguien preguntaba, decidimos darle un baño, aprovechando lo caluroso del mediodía. No tardaron en llamar para solicitar información. En menos de una hora ya habían llegado por ella. Por tercera ocasión, agradecí sumarse a la adopción y recomendé su cuidado.
Se busca hogar, tres palabras que se hicieron presentes y cobraron mucho sentido por lo que implican. Tener mascota es un compromiso, es un acto de amor, responsabilidad, respeto, atención y una oportunidad de darle espacio en nuestra familia a un nuevo integrante que, sin duda, lo llenará de lindas experiencias. Es muy triste hallar gatos o perros cachorros o mayores abandonados, si tenemos la oportunidad adoptemos uno y si ya lo tenemos, cuidemos de él o ella. La vida les cambiará y a ustedes también.
Fotografía: MGLS
Sobre la autora:
Maria Gabriela López Suárez
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
La palabra aguda es grave/III(Y el diente de oro vuelve a brillar)Héctor Cortés Mandujano
Nada tan fácilmente controlable (antes de las redes sociales) que la música popular. Por un lado, el gobierno, a través de una de sus secretarías, podía impedir que una canción no se reprodujera; por el otro, lo hacían las propias compañías de grabación que no querían perder dinero sacando una canción inapropiada.
[Es paradigmático el cambio que, por presiones de la Benemérita Liga de la Decencia –que existió, no es un chiste–, se hizo a la letra de una canción de Agustín Lara: “Aunque no quiera Dios, lo quieres tú, lo quiero yo”, decía. ¡¿Qué!? Imposible, no se puede pasar por encima de la voluntad de Dios. La canción, por eso, dice ahora: “Aunque no quieras tú, ni quiera yo, lo quiere Dios”. Rodrigo de la Cadena comentó en Noche, boleros y son, en Canal Once, algo que había olvidado: José Antonio Méndez escribió en “La gloria eres tú”: “Dios dice que la gloria está en el cielo, que es de los mortales el consuelo al morir. Desdigo a Dios, porque al tenerte yo en vida, no necesito ir al cielo tisú, si alma mía: la gloria eres tú”. Oh, nadie puede desdecir a Dios y entonces la palabra cambió por Bendigo a Dios o Bendito Dios, aunque ambas hagan ilógica la idea original.]
Por otra parte, la música se oía sólo en la radio, luego en los tocadiscos, después en la televisión (mi trazo histórico es de anchos brochazos), y se necesitaba que tuviera un máximo de minutos: cualquiera que se pasara de los tres, ya tenía problemas para reproducirse.
Estaba, además, el asunto de los temas, que podrían reducirse a muy pocos: 1). Yo te amo-te amé-te amaré y tú me amas-me amaste-me amarás, donde cabe la mayoría de las canciones que reproducía la radio; 2). Yo te amo y tú no, y su reverso: tú me amas y yo no (me engañaste, me dejaste, te dejé por otra, etcétera): si un extraterrestre hubiera llegado a la tierra y hubiera decidido conocer a los terrícolas por sus canciones, se había encontrado que todo se refería al amor y al desamor; 3). Temas locales (“Qué bonito es Chihuahua”), 4). Nacionalistas (“Yo soy mexicano”, “México lindo y querido”) 5). Generales (“Madrigal”, “La feria de las flores”) y 6). Música para fiestas, que podía decir más o menos lo que fuera, pero no lógico ni serio (“El bobo de la yuca”, “La múcura”, “La pollera colorá”). Mis ejemplos son, obvio, de los años 40, 50, 60, los tiempos donde la radio era la reina.
En términos de libertad expresiva, la televisión no hizo ni un mínimo cambio: el gobierno era el que mandaba y se buscaba “decencia”; más libertad había en el cine y el teatro, pero esos son otros rumbos.
Dice Pável Granados, en Apague la luz… y escuche (Biblioteca del ISSSTE, 1999:73) que “la XEX comienza su admirable labor vetando algunas canciones pecaminosas”, entre ellas “Aventurera”, “Juan Charrasqueado”, “Pecadora”… pero “dicen que los compositores se ponían felices cuando les prohibían sus canciones, porque entonces se volvían éxitos seguros”.
Pero las canciones entraban (entran) al cerebro y al corazón de los oyentes. Dice José Joaquín Blanco, en Crónica de la literatura reciente en México (1950-1980), editada por el INAH, en 1982, que fueron las “canciones de la radio, las exageraciones cachondas, sensibleras o claramente masturbatorias que hicieron de los autores de letras radiales, y hasta de las cantantes, la verdadera voz lírica”, en letras y voces de “José Alfredo Jiménez, Julio Jaramillo, Lolita de la Colina, Juan Gabriel, Rigo Tovar, Lucha Villa, Armando Manzanero, Gabriel Ruiz, Angélica María, José José, etcétera”.
En una entrevista que hice a Armando Jiménez (en el desaparecido semanario Este Sur, hace años), autor de la célebre Picardía mexicana y cuya firma era un gallito inglés al que, como dice el versito sicalíptico, si “le quitas el pico y los pies”, es básicamente un falo erecto, la salida de su libro, en 1960, que ponía en letras de imprenta todas las groserías que los hombres escriben en el baño, fue el canto de cisne de la Liga de la Decencia. Si le creemos, a partir de allí se pudo decir casi lo que fuera en las canciones que se oían por la radio en forma de sugerencias: “¿Quieres ser mi amante?” (1974), de Camilo Sesto, o explícitamente: “Hoy tengo ganas de ti” (1976), de Miguel Gallardo, y “I Feel Love” (1977), de Donna Summer, que hace gráfica la posesión erótica mientras dice, en inglés: “Oh, es tan bueno, el cielo sabe, siento el amor”.
Rotas las prohibiciones acerca del sexo y las groserías dichas con todas sus letras, quedaba por romper la más difícil, porque iba en contra directamente de los anuncios, es decir, del negocio: la duración de la pieza. Y aquí no hubo ninguna canción desafiante hasta que llegó una que rompió todos los esquemas que la radio y la televisión cuidaban con escrúpulo (lo importante en las programaciones eran los comerciales), porque duraba no los tres minutos consabidos, sino ¡7 minutos, 26 segundos!
[Hay piezas, de blues y jazz fundamentalmente, que rebasaban los diez minutos, incluso: pero no las programaban en las radios comerciales ni tocaban en programas de televisión la versión completa.]
La canción se llama “Pedro Navaja”, del álbum Siembra, de 1978. Rubén Blades, su compositor e intérprete, es un hombre al que se le notan las lecturas: la canción está inspirada en “Mack The Knife”, escrita por Bertolt Brecht para La ópera de los tres centavos (que grabó después Louis Armstrong, y que Blades canta a veces en vivo como preámbulo a su “Pedro…”); en la línea final de “Pedro Navaja”(antes del locutor que da el parte policiaco) dice Blades: “Como en una novela de Kafka, el borracho dobló por el callejón”.
En 1987, Blades grabó con la agrupación Seis del solar el álbum Agua de luna, cuyas canciones están inspiradas en cuentos de Gabriel García Márquez. El título más evidente es “Ojos de perro azul”, porque es el nombre de uno de los libros del Nobel de Literatura, pero si se las oyen y se conoce la obra de GGM es muy fácil relacionarlas. En el coro de “Isabel” dice “llueve en Macondo, relámpago, limpia un dolor ancestral”, que es casi el título del escritor colombiano: “Isabel viendo llover en Macondo” incluido, justamente, en su colección de cuentos Ojos de perro azul.
García Márquez dijo, como un cumplido al músico, que nada le hubiera gustado más en el mundo que escribir “la historia hermosa y terrible de Pedro Navaja” (El País, 1 de diciembre de 1982). Y no hubo mejor piropo.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
La ausencia *
En medio de tus pensamientos,
veo mudar una flor,
una ilusión de vientos grises
que acaricia el horizonte de mi piel.
En tu ausencia,
canto el dolor con el alma,
tus palabras,
me tienen prisionera entre sus brazos..
Yet q’am
A x’ol a nabal,
chi wil toj jun an x’umaq’
chi toj x’ol jun q’aheb q’eq’ taq’ yili
chi eq’ masasoq’ yin in tx’umal.
Yet q’an ach
x’ol yayilal chi bitni in pix’an
maq’chibil in aj yuj a q’anej.
«La ausencia» es parte de la colección Anhelo de reposo. Antología poética, Editorial Tifón, 2019, la cual reúne poemas bilingües de escritores de la zona altos de Chiapas, sur de México.
En esta revista estaremos compartiendo, en las próximas entregas, textos y poemas extraídos de dicha antología.
Sobre el autor:
Isabel Pascual Andrés. Poeta y traductora en lengua q’anjoba’l, licenciada en educación primaria, curso el diplomado en creación literaria en la Escuela de Escritores (SOGEM) de san Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, y el Seminario en Composición Literaria en CELALI. Ha sido antalogada en Universo Poético de Chiapas. Itinerario del siglo XX (CONECULTA, 2017).