Polvo del camino. 3. Polvo. Héctor Cortés Mandujano

Foto: Anugrah Lohiya

Polvo del camino/ 3

Polvo

Héctor Cortés Mandujano

Pero cuando aparece el peligro

ahí crece también el poder de la salvación

Hölderlin, citado por Heidegger

Uno de mis ensayistas de cabecera, George Steiner, escribió el libro Heidegger (Fondo de Cultura Económica, 1983), cuyo título no deja lugar a dudas: explora y trata de explicar una parte, básicamente El ser y el tiempo, de la vasta obra filosófica de Heidegger.

            Lo hace, como suele hacerlo, con la claridad de que está exponiendo no la verdad incontrovertible, sino su lectura (p. 52): “Hay tantos ‘Platones’ como metafísicas, epistemologías y posiciones políticas existen”.

            Es difícil hacer citas breves de algo complejo que, además, requiere adentrarse a la reelaboración de un lenguaje, pero algo puede compartirse (p. 219): “Heidegger proclama la absoluta primacía del lenguaje: ‘El lenguaje es la casa del ser. El hombre mora en esta casa. Los que piensan y los que crean poesía son los custodios de esta morada’ ”.  Los poetas son, para Heidegger, al menos tres: Hölderlin, Sófocles y Rilke.

            Y dice también, citado por Steiner (p. 226): “El artista es la fuente de la obra. La obra es la fuente del artista. No hay uno sin el otro”.

            En este volumen dice Steiner que (p. 159) la palabra “humano” viene de humus, “tierra” en latín. De allí el bíblico “Polvo eres y en polvo te convertirás”; de allí también el tajante dicho de Nuevo México, colonia de Villaflores donde cursé parte de mis estudios primarios, que se dice a quien presume mucho: “Chocante puño de tierra”. Ah, el conocimiento global que relaciona a este brillante ensayista (muerto recientemente), con los autores de la Biblia y con los campesinos de la frailesca chiapaneca.

Fotografía: Anugrah Lohiya.

Polvo del camino. 2. Chiapas’s. Héctor Cortés Mandujano

Foto: The Lazy Artist

Polvo del camino/ 2

Chiapa’s

Héctor Cortés Mandujano

Chiapas se encuentra en el extremo sur de México. Ha sido parte durante más años de Guatemala que de la República Mexicana, a la que se incorporó en último lugar, cuando México ya estaba aparentemente completo, delimitado. 

El lenguaje, la comida, las costumbres de su gente (no en todos los estratos, claro) son más centroamericanas que mexicanas. Tiene, junto con otros estados del sureste, un alto porcentaje de población indígena y es uno de los más pobres; durante muchos, muchos años ha “ganado” el deshonroso primer lugar en analfabetismo.

Tuxtla Gutiérrez es su capital. Se supone que su origen fue un asentamiento zoque. En esta ciudad trabajo y por las mañanas, cuando atravieso su avenida central rumbo a mis labores, me llama la atención cómo este lugar tan atrasado, tan pluriétnico, tan ignorante de su historia (quizá por eso), ha borrado de sus anuncios todo vestigio ya no digamos del zoque, sino del español.

Me sorprende cuando la gente parece enfurecida con Trump, porque me sorprenden los nacionalismos hipócritas: el nuestro es el país de la Coca Cola, de las hamburguesas, del hot dog. EUA nos ha colonizado. La población chiapaneca, en general, no ha leído ni a Paz ni a Borges ni siquiera a Sabines, pero trata de incluir (o incluye sin que lo sepa), en su lenguaje cotidiano, el inglés básico que también usan los locutores de radio, de televisión, la gente que ha sido hipnotizada por las redes.

Y eso se nota en los negocios. Paso frente a la Universidad de Chiapas y me fijo en los nombres de los negocios de las siguientes cuadras y son, uno tras otro, los siguientes: Good Year, Domino’s (el apóstrofe y la ese final se usan en inglés, no en español, para indicar pertenencia), Holiday Inn, Vips, Citibanamex, Chedraui, Liverpool, Sanborns, Sears…

Pero estas cuadras no son la excepción, sino la regla. Tal vez pronto los de Chiapa de Corzo no escriban “soy de Chiapa”, sino “Chiapa’s”.

Polvo del Camino. 1. Toquidos. Héctor Cortés Mandujano

Toquidos

Héctor Cortés Mandujano

Tocaban insistentemente. Abrí y una señora gordita, con un gesto de sufrimiento, puso su canasta frente a mi vista:

            —¿Compra manzanas?

            Tomé una y la olí. Rico. Le di una mordida y me pareció dulcísima.

            —Deme un kilo. Ésta me supo deliciosa.

            No cambió su gesto de martirio. Se lo hice notar.

            —Ay, señor, es que a mí no me gusta vender manzanas. Pero no puedo hacer algo en contra, es mi castigo.

            —¿Quién la castiga, su marido?

            —No, señor, no soy casada. ¿Puede regalarme agua para beber?

            —Pase, señora, descanse un momento. El sol parece estar enojado…

            Entró, le ofrecí un sillón y le di un vaso de limonada.

            —¿Me decía, entonces?

            —¿Puedo ser sincera con usted?

            —Claro, señora, puede contarme su vida sin tapujos. No voy a juzgarla.

            —Pues, mire, en realidad soy una bruja. Como he sido tan mala, que intenté un hechizo en contra de mis superiores, una bruja mayor me condenó a vender manzanas. Todos los días me levanto y mi canasta está llena. Si se me terminan, por arte de magia aparecen otras. No puedo dejar de vender estas malditas frutas.

            Lloró y lloró mientras me hablaba de sus días de miseria y trabajo sin cesar. Se fue al fin.

            Al otro día tocaron de mañana a mi puerta. Abrí y era un niño que vendía dulces. Me encantaron. Me pidió agua y me dijo que era en realidad un duende.

            Pasaron después, en días sucesivos, una sirena que vendía tamales, un brujo que traía unos panes de gusto exquisito, una serpiente (muchacha de ojos lindos) que vendía flores…

Compré todas las chucherías que me ofrecieron, porque yo en realidad no soy un señor, sino un árbol de espinas que fui transformado en hombre por castigo: herí sin querer, en el campo, al hijo de un político muy poderoso…

Felicidades, hás leído 1 cuartilla.

Trabajo en alturas

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Leyendo en las alturas. Foto: Life of Wu.

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