Revista

Líneas de desnudo. 59. Por qué hoy prefiero el “¡Oh, Juan Miguel!” a la FIL. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 59

Por qué hoy prefiero el “¡Oh, Juan Miguel!” a la FIL
Por Manuel Pérez-Petit

Suelo escribir mi ‘Líneas de desnudo’ justo antes de que sea publicado, bien la noche anterior –que es mi costumbre más habitual– o en la misma mañana de su aparición en este admirable ‘Letras ideaYvoz’, una de las mejores y más nobles apuestas para el fomento de la lectura que he conocido nunca. Esa adrenalina tan fecunda para mí del cierre diario me viene de mi condición de periodista curtido en esas tardes-noches memorables que viví hace años en los diario ABC, en Sevilla, o Las Provincias, en Valencia, entre otros, o en los portales financieros intereconomia.com o basefinanciera.com, de France Telecom España, en los tiempos en que pasaba por ser –y era– especialista en bolsa y me divertía muchísimo escribiendo mis análisis de apertura, media sesión y cierre de mercados...
            Y, claro, de manera muy ocasional me pasa lo de hoy, que por una cosa u otra me demoro, como en esas ocasiones en que llegué a reescribir alguna nota de madrugada al ver que la información que iba a publicar el periódico a la mañana siguiente debía ser actualizada, claro que eran épocas en que internet casi ni existía.
            Y en el ínterin pasan cosas. Hoy, día en que celebramos la fiesta de la Virgen de Guadalupe, por ejemplo, el cantante mexicano Vicente Fernández ha partido de este mundo a la edad de 81 años, con sus diez Grammy a cuestas –dos generales y ocho latinos–, y sus otras docenas de premios y reconocimientos. Descanse en paz, como no puede ser de otro modo, el también conocido como “Charro de Huentitán” por ser oriundo de Huentitán El Alto, Jalisco, el afamado intérprete de canciones como “Volver, volver” o “De qué manera te olvido”, que nos deja también una estrella en el paseo de la fama de Hollywood con su nombre. 
            Está siendo un domingo de emociones encontradas, y lo que deseo es hablar de la FIL de Guadalajara, pero no puedo sustraerme a la felicidad que causa mi Real Betis Balompié, que acaba de vencer en su feudo heliopolitano al potente y siempre fiable equipo de la Real Sociedad de San Sebastián por nada menos que cuatro a cero, con una extraordinaria actuación coral, en la que han destacado todos, pero yo señalo, erizada la piel, al francés Nabil Fekir –un extraterrestre que juega con mayúsculas al fútbol–, al lateral derecho Álex Moreno, al mexicano don Andrés Guardado, a Canales, Bartra, Willian José o Juanmi –"¡Oh, Juan Miguel, oh Juan Miguel, todos queremos que marque Juan Miguel!", googleen eso, que lo merece–, como los grandes aun siendo el más grande todos el coach, director técnico, entrenador o como se le diga en donde se le diga, el chileno Manuel Pellegrini, gran hacedor de esta locura que desde Sevilla traspasa fronteras...
            Y tan encontradas están las emociones hoy que hasta me da güeva por primera vez en mi vida hablar de la FIL. Hoy, por ejemplo, se cumplen 84 días de erupción ininterrumpida del volcán Cumbre Vieja de la isla de La Palma, al que dediqué mi el pasado 7 de noviembre mi "San Borondón como consuelo", en que quise hacer mi homenaje general a la esperanza y particular a la obra del muy querido escultor Manuel Pereda de Castro (1949-2018), hacedor para mí imaginario de la isla de San Borondón, que ha de surgir de las aguas sin duda como su obra definitiva. Hoy también Max Verstappen se ha proclamado campeón del mundo de fórmula 1 al superar, en la mismísima última vuelta, a Lewis Hamilton, en un final de campeonato de los que marcan época y ya no existen. Y no existen porque las emociones nos han puesto enfermos  o han sido desterradas en esta nueva Era distópica –no olvidemos que nos encontramos al borde de entrar en el año 3 del siglo I de la p. pandemia–... 
            Podría seguir hablando de emociones al calor de los acontecimientos del día de hoy, domingo 12 de diciembre del año 3 –de los cuales solo he reseñado tres de especial relevancia aunque son más–, que se me ponen los vellos como tirabuzones de alambre, pero creo recordar que quería dedicar el presente texto a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, el mayor evento de promoción del libro y la lectura del ámbito del idioma español en el mundo cada año... Sin embargo, miren ustedes, como decía, y por primera vez en mi vida, que he seguido el acontecimiento durante años y he sido expositor en media docena de ediciones de la misma, me da una pereza que me mata. 
            Y es que la FIL, sobre la cual prometí un artículo en mi “Universal Almudena" que prometo que cumpliré –mal que a veces me pese siempre cumplo lo que prometo–, en su edición de este año en que cumplía su trigésimo quinto aniversario, ha sido deprimente y malograda, conclusión a la que he llegado después de leer y conversar en abundancia acerca de la misma. Les diría que por primera vez en mi vida hoy, antepenúltimo domingo del año en curso, prefiero el “¡Oh, Juan Miguel!” que la FIL, y lo afirmo con ua mezcla extraña de alegría y pesadumbre. Y ya les explicaré por qué.
 FIL 2021
Fuente de la imagen:  https://www.fil.com.mx/info/info_fil.asp 

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Cajón de rubores. 5. Paisaje con lago. Antonio Florido

Cajón de rubores / 5

Fisonomía 5 
Paisaje con lago

Por Antonio Florido

       

Lucien comenzó a subir la cuesta.

Se le apareció en curva, de pronto, empinada sobre un sendero pedregoso, altiva, tosca, ardiente. En el más allá, muy lejos aún, le observaba la calva piedra erguida, como animándole a la caminata. Por encima de ella, cielo, nubes, algunas aves con las alas extendidas, la ilusión de que alcanzaría la otra cara de la montaña. 

Era larga la subida.

Abajo, en la hospedería, se le quedó esperando el amigo. Perseguía el sueño que un día le contaron, que hay que seguir siempre en la brega, lejos de las vacuidades, un sueño abrigado en la almohada que le hablaba cada noche.

El paseador pensaba en sus cosas. Miraba las piedras del camino, la tierra seca, la pendiente por delante… Así nuestro amigo. Llevaba consigo, sobre la espalda, una mochila llena de experiencias. Algunos errores cometidos, muchos; algunos éxitos…, también todo un mundo de rutinas. Alguien le hubo susurrado que al filo de la mitad, en lo alto, en lo más alto, sobre las rocas que llegan al cielo, donde la tierra se acaba, allí, repito, está la felicidad.

El paisaje junto al lago, el agua brumosa, tierna, la que se puede coger, sin que se duerma, con los dedos abanicados, allí mora la delicia del silencio, bajo las ramas altísimas del bosque, los árboles de glorias incomprensibles, fabulosas, de un misterioso verde o marrón o castaño, o de cortezas quebrajadas; allí habían colocado, además, ese lugar adonde nadie acude porque no hay, sencillamente, lugar adónde ir, sólo las almas desnudas y sensibles, las mentes curiosas, las atrevidas aquietudes que aspiran a más en la vida, allí deseaba llegar nuestro buen amigo mientras el amigo de éste moría en la tasca cada paso un poquito, un poquito más, igual que en aquella conversación en la que dos sabios se desnudaban con la mirada, el café en medio, las manos apoyadas sobre la mesa antigua, uno que sube y comienza, el otro que responde, y así la tarde que transcurre ajena a los sufrimientos del caminante que continúa gateando agarrado con las uñas a esa montaña dura y calva.

A mitad del ascenso una quedada para resoplar el cansancio. Mirada quieta hacia la hondonada que se va agrandando bajo sus pies. La cabaña, o la hostelería, o la tasca, muy abajo, de aspecto diminuto, lejana imagen del presente aviejado. 

Continuó con los dedos arcosos sobre la clara piedra.

Pensó en el amigo, se sentía solo, necesitaba oír sus palabras, sus quejas, las ondas de sus labios al murmurar el amor entre dos hombres de por siempre, pero no había nadie junto a él, sólo la dura realidad, el yermo paraje, la disminución progresiva de su arrojo, el arrepentimiento temprano, tal vez una arrogancia disfrazada sobre la tierra, pegada a las palmas y rodillas, una soberbia que al fin iba comprendiendo eso de los misterios, que se trata de algo grande, como esas cartas sobre la mesa y las palabras soltadas a cuajo, lentas, como quien no desea nada. Llegó a sonreír porque ya la curva apuntaba cerca. Allá no había árboles calmos, ni aguas zarcas, ni truchas o serpentines, ni ramas sobre el suelo, no crujía el pecho de la alegría, solamente un pozo de angustia al rodear la escueta situación, el vacío, el silencio absoluto, el silencio roto, ese silencio que rompe los oídos de no querer, de ansiar un poco más, una puñada para seguir respirando. 

Los dos se han dicho lo que no hay en los escritos, aunque los dos también saben que no cesan de morir mientras se miran, mientras juegan a vivir, con sus cafés acabados; la pareja que un día se disolvió. Uno hacia la asfixiante tierra del norte, el otro al sur, muy al sur, donde las aguas desbordan y bañan los países, eternas riberas platas. Uno de los dos, o quizás ninguno de ellos, decidió visitar los humedales donde se cuecen a las sombras las tercias altas, donde los caminos se detienen, donde no hay adónde ir, ni a quién escuchar, la tierra carente de deseos y aspiraciones. Buscaba este alguien la desaparición de sus anhelos, encontrar la solución a los días incomprensibles, difíciles de digerir, por eso se afanó en escalar a lo alto, de ahí su desventura, el maltrato del engaño. Se lo fueron contando las piedritas del camino, que allí no había nada, que no merecía el esfuerzo. Se lo confesó el sol ardiente, el azul explosivo, el vuelo majestuoso de los picos emplumados. 

Quedó en la cantina solo.

Miraba a la montaña, ni siquiera un atisbo de su amigo, nada. Quedó sólo con sus aires, en la cima, pero allí… allí el único ser…, sin oír el ladrido de los perros.

De lo alto bajó rodando una voz desgarrada, de un ecoso vivo.

(La confundieron con una piedra tosca que bajaba y bajaba por la ladera curva; los hombres dejaron de jugar, se cruzaron con los ojos, cada uno tiró por su camino. A los veinte pasos dejaron de avanzar, echaron el hombro como el otro, se dijeron todo con la vista, observaron la montaña lejos, agacharon las chorreras.

-	´dios…
-	´dios…).



 

Paisaje con lago (1804). Whashintong Allstone (1779-1843).




*Sobre el autor:

Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta

Carmona, España, 1965.

Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción peruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista en diversos medios de comunicación.

Polvo del camino. 99. Errar. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 99

Errar

Héctor Cortés Mandujano

Vine a verte, mañana, en un hotel que ya no existe. 
          Has sido sucesiva y sincrónicamente un , un no, un tal vez en el múltiple espacio, el caleidoscópico tiempo de nuestro multiverso idílico.
          Y yo veo lo nuestro (que sería una exageración llamar amor) desde el principio antrópico y desde la teoría de las probabilidades, y el  no siempre termina en beso (incluso, la amorosa moneda echada al azar, a veces ha caído de canto), el no es a veces un encuentro erótico (lo que resignifica y renombra con la lucidez de la locura tu negativa caprichosa)  y el tal vez es una dispersión que va desde no contestar mis mensajes telefónicos hasta borrarme de tus contactos, pasando, en contraste, por mandarme un emoticón romántico y decirle a una de mis amigas que yo soy el hombre de tu vida.
          El jardín de los senderos que se bifurcan sería un retrato móvil de esto que a veces te interesa, a veces tal vez, a veces no. Pero no el cuento de Borges, sino la fisicalidad de un jardín que tuviera todas las posibilidades de tránsito, en todos los tiempos.
           Sé que cualquiera con menos práctica en el pensamiento complejo me diría que tú no eres una individualidad, sino la multitud de mujeres con quienes me he relacionado familiar, amistosa, amorosa y eróticamente, y que yo he hecho una con todas; por eso, incluso, a veces tus ojos, que no son de la misma cara, representen la heterocromía.
            No es así: tú te has llamado de muchas formas (Carmen, Luisa, Carolina, etcétera), pero eres única, y te recuerdo lo mismo en el jardín de la infancia, que cuando partí mi pastel de cumpleaños número 40. Y te he visto en las nubes y en el árbol de espinas, y en el frondoso nambimbo de cuando niño, y en los sueños…
            Pero tu más reciente encarnación me hace perder la paciencia y la esperanza, porque siento que no estás cuando estás, que no te vas cuando te vas, que has enredado tu existencia (cambiante, polimorfa, isótropa) a lo que yo llamo mi vida, que más parece una copia deforme de la tuya.
            Pero la existencia, me dice mi incesante pensamiento, es prueba de su extremo contrario: el deceso, la ausencia, la falta.
            El hotel sigue allí, ayer: tú no existes.


 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Alejandro Nudding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 58. Una exageración más de los poetas. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 58

Una exageración más de los poetas
Por Manuel Pérez-Petit

Miguel Mañara Vicentelo de Leca nació en Sevilla, España, en 1626. Caballero de la Orden de Calatrava, veinticuatro de Sevilla –lo que equivaldría hoy a edil, regidor o concejal–, miembro de una familia piadosa y rica del siglo XVII, nunca participó en las algaradas públicas que se dieron en la ciudad en su época. Tampoco hay base histórica para deducir que fuera un seductor de mujeres. Es más, no consta en ningún documento que hiciera ni lo uno ni lo otro. Estuvo casado durante 13 años y enviudó sin hijos. Dedicó los últimos dieciocho años de su vida a la oración y al servicio de enfermos y pobres, tarea en la que implicó a una gran parte de la nobleza y el mundo artístico sevillano. Tal día como ayer, 9 de diciembre, pero de 1663, ingresó en la sevillana y piadosa hermandad de la Santa Caridad, que se dedicaba a asistir a los pobres, y propuso una reforma de la misma que incluía la creación de un hospicio, que más tarde se convertiría en hospital. Al frente de la hermandad fue un gran mecenas del arte y la cultura al servicio de la fe. Murió en 1679, a la edad de 52 años. Su proceso de beatificación por parte de la Iglesia Católica fue iniciado en 1680, y para ello se publicó una biografía, escrita por el padre jesuita Juan de Cárdenas, quien no escribió casi nada en aquel momento de los primeros treinta y tantos años de su vida. Nunca ha llegado a ser beatificado.

            *            *            *

            En 1962, el diario español ‘Arriba’ publicaba una información del periodista Jaime Campmany fechada en Roma. Bajo el titular “Más de mil causas de canonización o beatificación esperan la decisión de la Iglesia”, el artículo, entre otras cosas, contaba: “los sevillanos no podrán adorar a Miguel Mañara. La legendaria figura del Don Juan penitente y caritativo, de disipada juventud y piadosa vejez, seguirá viviendo y renaciendo en el eterno retorno del mito literario más fecundo de la humanidad y en el ejemplo de caridad de su hospitalaria fundación; pero a la niebla que envuelve su biografía, no se unirá el incienso de las canonizaciones”. Por esas mismas fechas, se pudo leer en ‘Paris Match’ un texto titulado “Don Juan contrito, candidato al cielo”, y unos años antes, en 1955, un artículo publicado en el diario madrileño “Ya” levantó tal alboroto que incluso Radio Vaticana emitió un resumen del mismo, pues muchos entendían que con la de Miguel Mañara se trataba de promover la beatificación del mismísimo Don Juan Tenorio. Nadie quería –o podía– reparar en un hecho por aquellas fechas irrefutable: el modelo en que se inspiró, más de trescientos años antes, Tirso de Molina –o quien fuera el autor del drama– nunca pudo ser Mañara.
            Leyendas donjuanescas y sobre el convidado de ultratumba tenían vigencia, desde tiempos medievales, por toda Europa, cuando, hacia 1630, fue impreso “El Burlador de Sevilla o convidado de piedra”, cuya primera representación teatral data de 1616. A partir de entonces –e incluso desde antes, pues las referencias al mito en Dante y en Marlowe son incontestables–, una especie de fiebre crónica de don Juan ha inundado las literaturas europeas, teniendo como resultado una incontable lista de obras de todas las disciplinas artísticas, sobre todo literarias, cada una de las cuales refleja diferentes vidas del mismo protagonista. 
            En 1665, fue estrenada la versión de Molière en el Palacio Real de Francia. En 1734, en Italia, Goldini publicó “Juan Tenorio o el libertino castigado”, que sirvió en parte de base a Lorenzo Da Ponte para redactar el libreto con el que Mozart compuso “Don Giovanni”, aclamada en Praga en su estreno en 1787 y repudiada por la relamida Viena del momento pocos meses después. Tanto en el XVII como en el XVIII el personaje se llama Don Juan Tenorio o Don Juan a secas, y acaba siempre condenado al infierno. Sin embargo, la eclosión de los movimientos románticos marcaron un cambio casi definitivo en el tratamiento del héroe –o antihéroe, si se prefiere, pues en su carácter próximo, transplantable a cualquier ser humano, radica parte de su éxito–. Lord Byron compuso entre 1819 y 1824 el poema “Don Juan”, presentándolo como un humorista sarcástico. En 1834, Próspero Mèrimèe le otorga dos personalidades enfrentadas en “Las almas del purgatorio o los dos don Juan”, pero fue Alejandro Dumas padre quien acuñó, dos años más tarde, el nombre de Don Juan de Mañara, “hallazgo” al que pronto se apuntaron quienes, en sus viajes por Andalucía, conocieron también leyendas atribuidas al personaje –histórico– de Miguel Mañara por la imaginación popular. En esta nueva tradición, en 1844, Zorrilla escribió en veintiún días su famoso drama, retornando a la historia de siempre, la de don Juan Tenorio, dándole a éste la piadosa oportunidad de redimirse en el último suspiro por el amor que le nace por Doña Inés. Luego, otros autores han dado nuevos o antiguos o renovados tratamientos al relato, como casi todos los escritores españoles o la mayor parte de las grandes figuras de la literatura universal desde el siglo XIX, en una secuencia cuya terminación no se vislumbra todavía. 
            Sin embargo, el conflicto de los apellidos de don Juan quedó vivo, servida la confusión hasta hoy mismo. En 1913, el escritor y diplomático franco-lituano Oscar Milosz publicó “Miguel Mañara. Misterios en seis cuadros”, más o menos en la misma época en que el poeta español Antonio Machado escribió “Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido...” en su poema “Retrato”, incluido en su imprescindible “Campos de Castilla”... Podría seguir y seguir en este relato de esta tormenta particular, pero como muestra quede lo ya expuesto, pese a que cabe añadir: derivado del ciclo y mito de Don Juan –y más que derivado, plenamente enmarcado en él– se encuentra todo el ciclo fáustico... 
            Hoy por hoy, con o sin apellidos, demoníaco o humano, maleable como el oro o la plata, con su virtud de metáfora casi de piedra filosofal, con sus innumerables nombres, versiones y posibilidades, Don Juan, un don juan camaleón incluso, inacabable, inabarcable y pleno, sigue vivo..., más potente, común, joven, lleno de tormentas que nunca, en su deambular imprevisible por todo Occidente, y más allá. 
            Y otrosí les digo: Don Juan anda por la calle, y parafraseando al narrador español Gonzalo Torrente Ballester, cabe decir que aunque el personaje de Don Juan fuera inventado por un teólogo, “no es más que una exageración de los poetas”.
 Miguel Mañara, en 1681, por Juan de Valdés Leal. (la imagen es de dominio público”)
Imagen: Miguel Mañara lee la regla de la Hermandad de la Caridad (1681), por Juan de Valdés Leal. (la imagen es de dominio público”)

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 57. A la madre. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 57

A la madre
Por Manuel Pérez-Petit

A la mía

Conocemos pocos datos concretos de su vida. Cómo tuvo lugar la concepción de Cristo, su reacción al perderse el niño y hallarlo en el templo, que estaba en el momento crucial de la Sagrada y Última Cena, que se encontró a su hijo cuando éste iba camino del Calvario con la Cruz a cuestas, que estuvo en todo momento junto a él cuando estaba clavado en la Cruz, que recibió el espíritu en Pentecostés junto a los apóstoles y poco más. Ciertamente, no es demasiado, pero está claro que estuvo presente en momentos clave. El primero de ellos tuvo lugar en las bodas de Canaán, en las que le dice a Jesús que no tienen vino, y éste le responde que aún no ha llegado su hora. Sin embargo, ella le dice a los sirvientes del banquete: "Haced lo que Él os diga", lo que fue el preámbulo del primer milagro de Jesús. Otro que el momento en que ella estuvo al pie de la cruz… ¿Qué pensamientos pueden fluir por la mente de quien desde que el arcángel le diera la Buena noticia no ha tenido más vida que la de su propio hijo ni más fe que la de su mandato? ¿En qué se diferencia ella, con este relato histórico-popular evangélico en la mano, de cualquier otra madre? Una madre que pierde la alegría pero nunca la vida, que se mantiene enhiesta, no se rinde, no hace más preguntas que las necesarias, que sabe callar y esperar, que no pierde la fe, que conoce mejor que nadie que si bien la fe puede mover montañas de nada sirve si no tiene amor.
            Hoy los católicos celebramos el día de la Inmaculada Concepción de la María, que es fiesta nacional, regional o local, en numerosos países del mundo, de manera especial en Hispanoamérica. Hasta en 22 países de América, Europa y Asia se celebra. Es fiesta nacional en Argentina, Chile, Colombia, España, Nicaragua, Panamá, Paraguay o Perú y lo fue en países que hoy no existen, como Dos Sicilias.
            La fiesta es de manera especial significada en Colombia, donde desde la noche anterior se celebra el Día de las velitas, de gran raigambre en el país, encendiendo la gente faroles y velitas y enarbolando en algunos lugares banderas blancas concepcionistas, en España, donde desde los tiempos del reino Visigodo se defendió la concepción inmaculada de la Virgen, y en México, donde aun no siendo feriado nacional, se festeja de diverso modo nada menos que en la Ciudad de México, Chiapas, Guanajuato, Morelos, Oaxaca, Puebla, Sonora, Tamaulipas, Tlaxcala y Veracruz. En la víspera de la festividad, en El Salvador se celebra el Día de las Conchas, en que los católicos colocan farolitos en las fachadas de sus casas. Y en casi todas partes, esta festividad da comienzo de algún modo a las fiestas navideñas. 
            En 1657 fue publicada la obra del poeta Miguel Cid (1550-1615), recopiladas por su hijo en un libro titulado Justas sagradas del insigne y memorable poeta Miguel Cid, dedicado a “la Virgen Santísima, María Nuestra Señora, concebida sin mancha de pecado original”, popularizando desde entonces su famosa copla: 

            Todo el mundo en general
            a voces, Reina escogida,
            diga que sois concebida
            sin pecado original.

            Juan de Roelas (1558-1625), Doménikos Theotokópoulos, el Greco, (1541-1614), José de Ribera (1591-1652), Francisco de Zurbarán (1598-1664), Juan de Valdés Leal (1622-1690), Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682), Giambattista Tiepolo (1696-1770), Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599-1660), Alonso Cano (1601-1667), Anton Raphael Mengs (1728-1779), Juan Martínez Montañés (1568-1649) Claudio Coello (1642-1693), Cristóbal de Villalpando (1649-1714), Francisco de Goya (1746-1828), Juan de Juanes (1507-1579), Sandro Botticelli (1445-1510), Pedro Pablo Rubens (1577-1640)... La lista de artistas y pintores que han dedicado obra a la Inmaculada es interminable y en todas las épocas de la historia y naciones, formando un mosaico de lo más granado de la historia del arte universal al calor de la devoción popular, aunque la proclamación del dogma católico es muy reciente: data de 1854. 
            Es un día hermoso. En mi tierra, Andalucía, y de manera significada en mi ciudad natal, Sevilla, a la Inmaculada no hay quien la toque, pues como en México la Virgen de Guadalupe, la Madre de Dios es la propia tierra y simboliza y encarna a todas las madres. 
            Se puede discutir, según la creencia de cada cual, acerca de la Virgen María, pero de una madre no se discute. No hay nada más grande que una madre ni nada más sagrado ni bendito que una madre.   
            Puede que de ahí, desde la más remota antigüedad, sea la madre la inspiración del arte universal.
 Copla de Miguel Cid, impresa originalmente en 1615 y publicada con su obra completa en 1657.
Fuente de la imagen: https://gredos.usal.es/handle/10366/125592 / https://gredos.usal.es/bitstream/handle/10366/125592/BG~34421_2.pdf?sequence=1&isAllowed=y

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 56. Un deseo para Cuba (2). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 56

Un deseo para Cuba (2)
Por Manuel Pérez-Petit

Dentro de la Revolución todo; contra de la Revolución, nada

Fidel Castro, 1961
La lista de represalias y represaliados en Cuba de artistas y escritores es larga, e incluso hasta el día de hoy, en que en teoría el gobierno de la isla ya no es lo que era, y los expresados en el primer artículo de esta serie son solo algunos ejemplos de autores de reconocimiento internacional cuyos casos retratan al régimen fundado por Fidel Castro hace ahora casi sesenta y dos años, a comienzos de 1959, y que aún, digan lo que digan los que lo digan, sigue campando por sus fueros.
            De la mano de la relativa apertura económica del régimen que tuvo lugar a finales de los años ochenta del siglo pasado, basada en una cierta explotación mixta del turismo mediante acuerdos con cadenas hoteleras europeas, en los últimos decenios el régimen cubano viene mostrando un relativo interés en recuperar a los escritores y artistas represaliados, insiliados –los que permanecen o permanecieron en Cuba en calidad de desterrados– o exiliados, entre los cuales se encontraban Lezama, Piñera o Cabrera Infante.
            Virgilio Piñera fue un caso más de ellos, cuya obra, basada en el absurdo y la locura, siempre estuvo en las antípodas del realismo socialista, siendo, además, por su homosexualidad, que él mismo se encargo de hacer explícita durante toda su vida, represaliado y doblemente sometido al ostracismo hasta su muerte, en 1979... Y, sin embargo, en 2012, Raúl Castro, hermano y sucesor de Fidel al frente del país, en línea con su nueva política cultural del siglo XXI, decidió restituirle su lugar en la literatura cubana, como contó Raúl Rojas el 6 de julio de 2012 en el diario español El País en un artículo titulado Virgilio Piñera y el pensamiento cautivo. 
            No es de extrañar su “recuperación” para las letras cubanas. Ya en 2010 había sido “redescubierto” el “traidor” Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), Premio Cervantes 1997, y recuperado con todos los honores. Su caso es de los más significativos. Represaliado por el régimen de Fulgencio Batista (1901-1973), apoyó la Revolución, asumiendo importantes responsabilidades en el ámbito de la cultura en los primeros años del régimen castrista –director del Consejo Nacional de Cultura, ejecutivo del Instituto del Cine y subdirector del diario Revolución (actual Granma), encargándose de su suplemento literario, Lunes de Revolución, en el que colaboró también de manera muy relevante Piñera–, pero sus relaciones con el régimen pronto se deterioraron, lo cual fue uno de los detonantes de las famosas reuniones con los intelectuales cubanos que tuvieron lugar en la Biblioteca Nacional de Cuba, en La Habana, y en cuyo discurso de clausura del del 30 de junio de 1961, Palabras a los intelectuales, Fidel Castro pronunció su célebre frase “Dentro de la Revolución todo; contra de la Revolución, nada”. Sin embargo, la relación de Cabrera Infante con el régimen no acabó ahí. En 1962 fue enviado a la embajada de Cuba en Bélgica como agregado cultural y no regresó a la isla hasta tres años después, con motivo del fallecimiento de su madre. Fue retenido por cuatro meses hasta que consiguió salir para el exilio y, tras un periplo de cierto tiempo en España, se instaló en Londres, Reino Unido, donde obtuvo la nacionalidad británica y falleció en 2005. La noticia de su muerte no mereció en Cuba ni una sola línea en un periódico y, pese a ello, en 2010 fue reconocido como uno de los grandes de la literatura cubana. 
            Al otro lado de la balanza, Ernesto Guevara La Serna (1928-1967), más conocido como ‘Che Guevara’, uno de los ideólogos más importantes de la Revolución, médico de profesión, argentino de Rosario, un cuentista valioso y un escritor de diarios brillante, eso sí, ha sido siempre intocable para todos, no solo como escritor sino como personalidad respetada, en igual medida para los represaliados del régimen y para los integrados en él, y supone un caso curioso por cuanto resulta ser el único consenso existente en esta materia. 
            Respecto al ‘Che’, el régimen siempre mantuvo una coherencia de la que en ningún caso hizo nunca gala. No en vano, por si fuera poco, Fidel lo convirtió en mártir al mandarlo a morir al lugar menos propicio para la Revolución en su tiempo, las selvas de Bolivia.
            (Continuará…)
 __________
Nota del autor
Esperando el permiso y la comprensión de mi editor, el ingeniero y excepcional escritor mexicano Roger Octavio Gómez Espinosa, libérrimo regreso por mis fueros de los cuatro artículos a la semana. En adelante, mi ‘Líneas de desnudo’ saldrá lunes, miércoles, viernes y domingo, sobre todo por mi voluntad de convertir mi espacio en este ‘Letras ideaYvoz’ en el lugar en que encontrarme y el repositorio definitivo no solo de toda mi obra breve de siempre y nueva sino también de mis artículos de crítica cultural –atados a la actualidad o no o publicados previamente en otros sitios o no y revisados de manera adecuada–, microensayos, algunos de mis poemas y cuentos, fragmentos de obra mayor, anotaciones de mis memorias, misceláneas de diverso tipo, fruslerías, ocurrencias, vagancias, extravagancias, confesiones, visiones, misiones, emociones, pensamientos, filosofías, voluntades...
 
   
 Edición por parte de Ediciones del Consejo Nacional de Cultura del discurso Palabras a los intelectuales, pronunciado por Fidel Castro el 30 de junio de 1961.
Fuente de la fotografía: La ventana, portal informativo de Casa de las Américas, 30 de junio de 2021.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas 98. El ranchito. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 98

El ranchito

Por María Gabriela López Suárez

Amparo y Pedro regresaron a casa, ella había pasado a traerlo a la primaria como solía hacerlo después de salir de su trabajo. Se dio cuenta que iba callado, algo raro en el pequeño Pedro, le preguntó qué tal había estado su  día, dijo que bien. Sin embargo, Amparo sabía que algo sucedía y le preocupaba a su hijo. 

Al llegar a casa y comenzar a preparar la mesa para comer ella le comentó cómo le había ido en su trabajo y que se sentía muy contenta. Amparo, Pedro y Manuel, habían llegado a la ciudad pocos meses atrás, anteriormente vivían en una ranchería ubicada a tres horas de su actual lugar de residencia. Ahora Manuel trabajaba en un taller mecánico y como repartidor de productos farmacéuticos, cuando le era posible llegaba a comer con su familia. Amparo era recepcionista en una clínica médica, le gustaba su trabajo, además el horario le permitía estar tiempo con su hijo Pedro por las tardes.
 
Ese día Manuel avisó que no llegaría a comer. Mientras degustaban los alimentos Amparo dejó que Pedro externara su inquietud. En una de sus materias le habían dejado como tarea hacer una descripción de un lugar distinto a la ciudad dedonde vivía, sus compañeras y compañeros de grupo hablarían de otras ciudades que conocían e incluso de otros estados, pero él no tenía más conocimiento que la ranchería donde vivían antes y eso le daba tristeza.

Amparo escuchó con atención, le dijo a Pedro que no tenía por qué angustiarse ni entristecerse, él podría describir el lugar donde antes vivían y compartir sobre su familia. Le explicó que era importante reconocer su lugar de origen y no sentir vergüenza de su terruño, su color de piel, ni de su familia. Ellos eran gente sencilla, honesta y trabajadora.

Ella estaba casi segura que no todos en su grupo tenían la oportunidad de haber apreciado un amanecer rodeado de montañas, con el canto alegre de distintas aves cada mañana. Tampoco habrían tenido el gusto de escuchar caer la lluvia sobre las hojas de los árboles y ver cómo estos reverdecían con cada gota. Ni mucho menos tenían la experiencia de escuchar el silbido del viento susurrando, acompañado del coro de los grillos, el croar de las ranas y la iluminación de los cucayos en las noches de verano. Y entre los valiosos tesoros que tenían en su familia era haber aprendido a trabajar la tierra, comer los frutos del maíz, las tortillas que preparaban sus abuelitas, el atole que cocinaba la tía Lupe, los elotes que asaba el tío Martín y comer los frijoles cosechados por el abuelito Carlos.

La mirada de Pedro había cambiado, su rostro estaba lleno de asombro y ahora sonreía, le pidió a su mamá que le ayudara a hacer la tarea. Tenía ganas de empezar a escribir y contar cómo era el ranchito donde antes vivían.  Amparo aceptó ayudarle, le revisaría su texto cuando él terminara de escribirlo y se lo enseñarían a su papá. Mientras tanto invitó a Pedro a terminar de comer, antes que la sopa de verduras se enfriara.

Photo by Ayla Fazioli on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Líneas de desnudo. 55. Un deseo para Cuba (1). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 55

Un deseo para Cuba (1)
Por Manuel Pérez-Petit

La revolución defiende la libertad

Fidel Castro, 1961
En un famoso discurso pronunciado en 1961, titulado Palabras a los intelectuales, como conclusión de unas reuniones con los intelectuales cubanos que tuvieron lugar en la Biblioteca Nacional de Cuba, en La Habana, Fidel Castro Ruz (1926-2016) reflexionó: “(...) El problema que aquí se ha estado discutiendo es el problema de la libertad de los escritores y de los artistas para expresarse.  El temor que aquí ha inquietado es si la Revolución va a ahogar esa libertad, es si la Revolución va a sofocar el espíritu creador de los escritores y de los artistas. (...) La cuestión se hace más sutil y se convierte verdaderamente en el punto esencial de la cuestión cuando se trata de la libertad de contenido. Es ahí el punto más sutil, porque es el que está expuesto a las más diversas interpretaciones. Es el punto más polémico de esta cuestión: si debe haber o no una absoluta libertad de contenido en la expresión artística. Nos parece que algunos compañeros defienden ese punto de vista. Quizás el temor a eso que llamaban prohibiciones, regulaciones, limitaciones, reglas, autoridades para decidir sobre la cuestión. Permítanme decirles en primer lugar que la Revolución defiende la libertad, que la Revolución ha traído al país una suma muy grande de libertades, que la Revolución no puede ser por esencia enemiga de las libertades; que si la preocupación de alguno es que la Revolución vaya a asfixiar su espíritu creador, que esa preocupación es innecesaria, que esa preocupación no tiene razón de ser (...)”.
            Ahora que el personaje –Fidel Castro– ya no está con nosotros, he vuelto mis ojos hacia Cuba, que a día de hoy se rige por los mismos principios y teorías, llevadas siempre a la práctica en su sentido inverso, con una coherente política respecto a los creadores de cultura: la negación de la libertad. Y eso que una de las cabezas más significadas de la Revolución era un artista, Ernesto Che Guevara (1928-1967), cuyo vuelo creador literario terminará teniendo hueco a buen seguro –cuando la crítica la deslinde de su compromiso y acción políticos– en la historia de la literatura latinoamericana.
            En el ámbito literario, que es el que aunque sea un poco conozco, grandes figuras como José Lezama Lima (1910-1976), Virgilio Piñera (1912-1979), Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), Raúl Rivero (1945-2001), Heberto Padilla (1932-2000) o Reinaldo Arenas (1943-1990) fueron críticos con la Revolución cubana, unos más y otros menos, todos sin excepción sufrieron algún tipo de represalia, prisión o exilio, y de igual modo fueron objeto de escarnio por parte del régimen, tratados con apelativos como “gusanos”, “farsantes” o “erróneos” en alguno o en muchos momentos de sus trayectorias, y no solo por sus críticas sino también por cuestiones como su condición sexual o la lectura de unos poemas. Ni ellos ni muchos otros se libraron de estar sometidos a ese concepto de libertad tan pregonado por la Revolución y tan férreo a la vez en su lucha contra la libertad, lo cual es paradójico, pues en el sistema educativo cubano la lectura siempre tuvo un papel protagonista, al punto de que quizá los niños de varias generaciones cubanas sean los que más hayan leído de todos los países del mundo en la segunda mitad de la centuria pasada. 
            Lezama Lima fue ostrado por su novela Paradiso, una de las cumbres de la literatura en español del siglo XX, y sufrió la prohibición de la edición de sus obras o la omisión incluso de su nombre en los medios cuando se puso en marcha el llamado "Quinquenio gris" (1971-1976), un período en el que el intento de imponer el realismo socialista desde los organismos culturales oficiales provocó una ola de persecución y censura a escritores y artistas considerados "contrarrevolucionarios", como él, Heberto Padilla (cuyo encarcelamiento por la lectura de unos poemas provocó la ruptura del mundo intelectual internacional con la Revolución) o Virgilio Piñera y Reinaldo Arenas, éstos últimos por su condición sexual. 
            El caso de Reinaldo Arenas, poeta de largo aliento y narrador importante, fue especialmente llamativo, sobre todo a raíz de la publicación de su novela autobiográfica Antes que anochezca, que tuvo gran impacto internacional desde el primer momento, por cuanto pasa por ser el testimonio más desgarrado de la vivencia de un artista bajo el régimen cubano. Su afamadísima adaptación al cine, dirigida por el aclamado Julian Schnabel, pintor y director de cine estadounidense de origen judío, y protagonizada por el actor español Javier Bardem –su actuación le valió una nominación al premio Oscar al mejor actor–, no hizo más que refrendar el impacto mundial de la obra.
            El asunto de Raúl Rivero es diferente, y también muy conocido. Periodista de profesión, adepto como tal a la Revolución en primera instancia, no tardó mucho en desvincularse de ella, reclamando libertad de conciencia, por lo que fue encarcelado, pero la presión internacional consiguió su liberación y su posterior exilio en España. Como poeta se encuadró en una corriente coloquialista de gran auge en Cuba en los años setenta y ochenta del siglo pasado, por lo que también fue objeto de censura... Fíjense, en un país cuya cabeza pensante dijo: “que la Revolución defiende la libertad”...
            
            (Continuará...)
 Fidel Castro, en 1961, en su discurso Palabras a los intelectuales.
Fotografía: Archivo de Cubanet. https://www.cubanet.org/destacados/a-55-anos-de-las-palabras-a-los-intelectuales/

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Polvo del camino. 98. Écfrasis. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 98

Écfrasis

Héctor Cortés Mandujano


Dice Renoir, citado en El impresionismo (Editorial Hermes, 1957), de Peter de Francia, con 24 reproducciones seleccionadas por Viktor Griessmaier (p. 5): “Una mañana estábamos pintando cuando uno de nosotros se quedó sin negro y empleó en su lugar el azul… El impresionismo había nacido”.
	El impresionismo no buscaba la fotografía perfecta, sino comunicar la impresión del pintor ante lo que miraba. No fue fácil al principio, porque (p. 7) “la imagen más bien resume que explica y la pintura tiene una cualidad que la hace parecer instintiva”. 
	La gente quería que la pintura fuera bonita, fiel al modelo, y por eso (p. 8) “el impresionismo señala el comienzo de una violenta aceleración del divorcio radical entre el público y el artista”.
	En la lámina 11, “Le Pont Neuf”, de Auguste Renoir, escribe el crítico: “Realistas en su temática, los impresionistas lo eran aún más en sus esfuerzos por transcribir ese elemento de la naturaleza que es el más realista y a la vez el menos expresable, el más fugaz: el espacio expresado en términos de atmósfera”.

Sobre el mismo tema leo-veo el libro de gran formato, con reproducciones en fino papel, en vivos colores, El salón de los impresionistas: Pissarro, Manet, Degas, Monet, Renoir, que forma parte de la colección Los grandes maestros de la pintura universal (Fabbri Editori, 1980), en donde cada selección de reproducciones (catorce de cada uno) es acompañada por una biografía y un ensayo.
	Cita Dario Durbe en su ensayo lo que Edouard Manet dijo luego de no ser comprendido como artista durante su accidentada vida (p. 35): “No me disgustaría poder leer finalmente, mientras aún vivo, el extraordinario artículo que me dedicarán apenas muera”.
	Claude Monet (“Pinto como canta el pájaro”), dice Alberto Martini, pintaba sin los detalles que requiere la mirada atenta y diferenciadora, puntillosa y clínica. Cézanne dijo de él (p. 104): “Monet solamente es un ojo, pero ¡mi Dios, qué ojo!”. Una anécdota define su interés (p. 107): “Cuando Renoir lo lleva al Louvre a estudiar a los maestros él prefiere mirar por la ventana y anotar sobre la tela las impresiones que la naturaleza suscita directamente sobre él” (el cuadro está en el libro, se llama Saint-Germain l’Auxerrois).  
	Pierre Auguste Renoir también se sentía muy atraído por la naturaleza. Dice Alberto Martini en su ensayo (p. 132) “Ante la elección de la representación de una flor o de una ‘idea’, Renoir no duda en elegir la primera”.
	Cita directamente a Renoir (p. 134): “A mí me gustan los cuadros que me provocan el deseo de pasearme dentro de ellos si representan paisajes, de acariciarlos si representan mujeres”.
	Lo dicho aquí, claro, es sólo écfrasis (“descripción precisa y detallada de un objeto artístico”, según la RAE); lo ideal será, lector, lectora, que mires los cuadros, que te metas a ellos, que los sientas y, si quieres, hagas tu propia écfrasis. Te abrazo.

 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Alejandro Nudding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Cajón de rubores. 4. El viejo guitarrista ciego. Antonio Florido

Cajón de rubores / 4

Fisonomía 4 
El viejo guitarrista ciego

Por Antonio Florido

       

Digamos sí, que “el color es el punto de partida de la pintura moderna”, como afirmara Francastel, y a la vista del cuadro nos zambullimos en un doble o triple significado, tal vez más. Una vida que termina en lánguida apariencia, que se resiste agarrada a la forma femenina. Una vida en azul, en azul analogía, variable en gracia, viva de contento, como el cielo amplio y liso de un día tranquilo y luminoso. ¿Acaso el añil no es precioso y calmo, no es quizás el azur una alocada melodía, no es tal vez lo marino símbolo de nuestros sueños más profundos, no es, díganme, el cerúleo pigmento del amor apasionado la madreselva de las esperanzas?

Azul intenso en la mirada fosca, azul lechoso en su brazo trémulo, azul blanco, sí, blanco, en los huesos y cabeza, azul de miedo, en la trasera de lo oculto, azul en fuga, hasta alcanzar la nauseabunda colchada de un azul de muerte y, sobre este color de alegría, escondida entre sus brazos, mírenlo, la hermosa figura, la curva quieta, la espera eterna de unos dedos cultos… La columna erguida, como la muchacha del lejano verso, la que miraba absorta la altura hecha palmera…

No es un cuatro ni un requinto, de charango nada, es la curva perseguida y larga, el comienzo de la poesía que viaja por el aire, el brazo lacio que se agita, la frente seria, los ojos muertos, vivos, es la pierna que tembleca, el zapato que de pronto salta, no, no se trata de silencios…

Cuatro paredes, techo, suelo, la tarima que se yergue, una silla teatrera, un paseo largo con la mirada baja, el pecho comprimido, el poder de la palabra, la punzada en la cuerda que se atreve, el chillido vuela…

Suenan los latinos en la sala acompañada. El guitarrista ha despertado, mueve los dedos, pide, reza, piensa en la siguiente cuerda, una, tres que enlaza a la primera. Avanza la mirada, piensa, reta, dedos que pulen el dolor de la ignorancia. Así una, varias veces, en ocasiones claman, observan las butacas muertas, la gente bulle, estudia la apolínea majestad de esas manos, sangran las miradas.

¿Música que suena como música? No. Busco llegar a algo que no resulte conocido, el misterio de la cuerda, la caja que me llama, los nudillos golpeando; las olas en lontananza suben, bajan, arrastran los sentimientos, llueve sobre el tablao de la guitarra, caen cintas de colores, suben cuerpos en la plaza…

Estás tú y la música, debajo no hay nada.

“Los colores se corresponden con su música y la música con sus colores”.
Guitarra azul, mirada zarca, zarcos dedos en el azul moribundo de una noche fría. Camina con su mujer al hombro, la cabeza baja; los brazos, verdaderos sufridores del silencio. Le veo en la lejana calle, se va marchando, se va perdiendo, espalda curva, curva acera, paso lento, suave agonía en su rostro, mansa risa en las hendiduras.

La noche pura, fría, silenciosa, mira al hombre que tocó en un azul desmayado.


 
 

El viejo guitarrista ciego (1903). Picasso (1881-1973).




*Sobre el autor:

Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta

Carmona, España, 1965.

Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción peruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista en diversos medios de comunicación.