Revista

Líneas de desnudo. 61. Reivindicación del lector hedonista. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 61

Reivindicación del lector hedonista
Por Manuel Pérez-Petit

No lean nada de lo que se ha escrito sobre Fulano de Tal. Shakespeare no leyó una línea escrita sobre él y escribió la obra de Shakespeare. Ustedes no se preocupen de lo que se ha escrito sobre Shakespeare. Lean ustedes a Shakespeare. Si Shakespeare les interesa, muy bien; si Shakespeare les resulta tedioso, déjenlo. Shakespeare no ha escrito aún para ustedes, pero algún día Shakespeare será digno de ustedes y ustedes serán dignos de Shakespeare. Pero mientras tanto, no hay que apresurar las cosas”. Es decir, yo aconsejaría ante todo la lectura y la lectura hedónica, la lectura del placer, no la triste lectura universitaria hecha de referencias, de citas, de fichas.

(Extracto de una entrevista incluida en la película Borges para Millones, de Ricardo Wullicher. 1977)
Acerca de leer –entiendo yo– se trata de ver qué dice qué y cómo y qué nos dice qué, no, por ejemplo, quién es quien lo dice ni por qué. Jorge Luis Borges, en una famosa reseña a la Introduction à la Poétique, de Paul Valéry, publicada en la revista El Hogar del 10 de junio de 1938, escribió: “Valéry –como Croce– piensa que todavía no tenemos una Historia de la Literatura y que los vastos y venerados volúmenes que usurpan ese nombre son una Historia de los Literatos más bien. Valéry escribe: ‘La Historia de la Literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de su carrera o de la carrera de sus obras, sino la Historia del Espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar ni un solo escritor. Podemos estudiar la forma poética del Libro de Job o del Cantar de los Cantares, sin la menor intervención de la biografía de sus autores, que son enteramente desconocidos’.” 
            En los estertores de 2021 –en realidad, del año 2 de la nueva Era Distópica–, la cuestión es aún más vigente: ¿De verdad interesa que a un tal Miguel, aburrido en la Cárcel Real de Sevilla, en donde penaba por estar acusado de robar los impuestos que recaudaba por Andalucía, le diera un día por escribir o idear lo que fue el pistoletazo de salida de la más grande obra escrita en español de todos los tiempos? ¿Importa de verdad si fue manco o su mano izquierda quedó tullida a causa de un trozo de plomo que le seccionó un nervio en la batalla de Lepanto? No seamos pedantes, por Dios. ¿Qué se necesita saber de él para leer su obra? Nada en absoluto.
            El punto de partida de la obra de arte no es la teoría sino la vida vivida. Se puede saber qué es una metáfora pero ello no capacita a nadie para lograr una, y eso pese a que toda obra literaria, en tanto ficción o no ficción pero de naturaleza comunicable, es metáfora, esto es, designación de algo con el nombre de otra cosa por analogía. Y sabiendo que la metáfora apela al intelecto pero también a los sentidos, ningún lector –sea cual sea la obra o el tipo de su lectura– está exento de ser eso que Borges decía: un lector hedonista. Esa metáfora que es toda obra literaria puede estar al alcance de muchos o de pocos, y esto depende de múltiples factores. Si se comprende que el mismo problema es experimentado de manera diferente por distintas personas, y lo que supone un drama para unas no pasa de anécdota para otras, puede comprenderse que los niveles de exigencia y capacidad de los lectores varían según quién sea éste. Incluso se podría proponer la lectura como oficio. Un arduo oficio innecesario en apariencia y por lo cual fabuloso, solo dependiente de la voluntad, pero generador de satisfacciones poco comunes que, además, tiene la consecuencia –incluso por cada página leída– de agrandar la vida. Pese a todo, sin llegar a ello, ahora que la lectura está mal vista –a qué poner paños calientes–, lo que habría que hacer es leer, con dos narices, con hambre y sed, afán de mejorar las cosas. Y a este efecto, ¿qué nos importa nada que no sea la obra en sí, el texto en definitiva, sea cual sea su naturaleza y condición, quién la haya escrito y/o por qué, lo que opine nadie acerca de ello o incluso las sensaciones que nos provoca lo mal que anda el mundo, tan inhóspito, tan cruel, tan contraindicado para cumplir nuestras ilusiones, de lo que nos quejamos a diario?
            ¿Qué hacemos al respecto? No se puede seguir esperando a que llueva; hay que ponerse en marcha: iniciar uno mismo la tarea de transformar la sociedad, hacerla más habitable. A este efecto, pocas actividades hay como la lectura, y es mejor leer que no leer, por lo que es mejor leer cualquier cosa que ninguna. Ya se crecerá en el hábito y poco a poco cada cual tendrá mayores exigencias y, por consiguiente, mayor capacidad de crecer. Lo que toque llegará cuando toque, como todo. Permanecen ahí quienes quieren ponernos cerco, clasificarnos, humillarnos o pontificar desde posiciones de supuesta superioridad, pero los demás, los que somos mortales –léase normales–, sabremos enfrentarnos a ello, pues seremos más completos, íntegros, irreductibles y hermosos, y tendremos la ventaja de que no nos importa ni nos importará si aparecemos o no en ningún libro de historia. 
            Interpretar o preguntar por las causas primeras y/o últimas del poema o de la narración o por el autor y/o el tiempo que le tocó vivir es un alarde innecesario y carece de sentido, salvo en estudiosos de la materia, al menos en el simple hecho de leer, condición necesaria para ser y crecer. Máxime teniendo en cuenta tanto como hay hoy en juego. Por ello, si se trata de leer, sentir –y no tanto pensar, que también, pero en su justa medida– es lo básico. Lo demás es pedantería.
            (Continuaremos hablando de la lectura...)
 Cartel de Borges para millones, de Ricardo Wullicher. 1977.
Fuente de la imagen: https://cinenacional.com/pelicula/borges-para-millones

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 60. ¿Adónde vas, FIL? Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 60

¿Adónde vas, FIL?
Por Manuel Pérez-Petit

Como decíamos ayer mismo en mi “Por qué hoy prefiero el “¡Oh, Juan Miguel!” a la FIL”, estoy comprometido a escribir un artículo acerca de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, en cumplimiento, además, en efecto, de lo escrito en mi “Universal Almudena” del pasado 28 de noviembre, en que entre el obituario y la crónica de la memoria homenajeaba a la recién fallecida escritora española Almudena Grandes, y de paso prometía hacerlo en estos mismos días. En mi artículo de ayer, incluso, adelantaba que en su trigésimo quinto aniversario la FIL, el más grande y trascendente evento de promoción del libro y la lectura del ámbito del idioma español en el mundo, ha sido en esta edición “deprimente y malograda”, conclusión a la que he llegado después de leer y conversar en abundancia acerca de la misma. Y añadía un “Y ya les explicaré por qué”, en apariencia mistérico. Ha llegado la hora, y para ello avanzo por estas líneas. Fíjense qué pronto. Les advierto que este artículo es más largo que los habituales, y es que no quiero convertirlo en seriado sino zanjar mi promesa de una tacada.
            Escribo esta crónica más de una semana después del cierre de la FIL 2021, exactamente una semana y un día, que bien pudiera parecer una condena. Y lo hago con un sabor agridulce y más turbación que claridad en mi perspectiva del asunto. No en vano también me pesa mi experiencia de seis ediciones como expositor y mis otras dos como profesional, acumulada desde aquella no tan lejana pese a lo que parezca FIL de su 25 aniversario, la de 2011, cuando tuve la fortuna de ser invitado como Sediento Ediciones por primera vez por el Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal del Estado de México (CEAPE) a estar en su siempre admirable pabellón y comenzó mi particular romance con Mariano Otero –la avenida zapopana, no me piensen mal los desconocedores de esta fugura de la historia de México– y el complejo emblemático que es la Expo Guadalajara, que está a una orilla de la misma, en esas fechas de finales de noviembre y primeras de diciembre de cada año. En fin, debo confesar que me conozco bien la FIL, sus realidades a ras de suelo más que a las alturas, sus entresijos de pueblo llano, los monumentos efímeros que erige y hasta, si me apuran, los ratones del subsuelo de la misma...
            Todo tiene que ver en el plano más esencial con los niveles de exigencia y en el más básico con la imaginación y la grandeza de miras. Me debo en este punto remontar al 23 de diciembre de 2014, ​​en que publiqué mi artículo “Los niveles de exigencia de la FIL” en la prestigiosa revista 'Rick's Café' del escritor y periodista español Manuel Carmona, como inicio de una serie que luego no continué por desidia –y lo lamento–, y en cuyo decurso reflexioné acerca de la FIL como punta de lanza de la industria editorial en español, al comienzo del cual expresaba solo poder llegar a la conclusión de que lo que venía distinguiendo, al menos en ese último lustro, a la FIL era una “franca y determinante decadencia”. La deriva del magno evento ya en esos años daba en mi opinión mucho para pensar...  
            Y es que a la FIL le sobra gestión y le falta humanismo. La necesidad de ser viral, la preponderancia imperial de la mercadotecnia, la repetición hasta la ataraxia de la misma fórmula sin innovaciones relevantes, la falta de imaginación, el facilismo... Lo que no sé es si debería combinarse esto con vestir casual y “saber” de maquillaje, pues, como señalaba en mi artículo de la revista 'Rick's Café', la gran estrella de la FIL de aquel año –2014– fue una quinceañera por entonces, llamada Yuya, video blogger viral de medias rotas capaz de atraer a masas derretidas de gente que lloraba emocionada cuando conseguía su autógrafo y que colapsó el recinto más que nadie y más que nadie que se recuerde en años, vendiendo en tan solo dos días más de dos mil quinientos ejemplares de su libro “Los secretos de Yuya”, y nada menos que en el estand de la multinacional barcelonesa Planeta... Y es que eso era y es la nueva industria editorial, la del consumo por el consumo. Han pasado siete años y todo sigue igual. Es más, va a peor. Eso sí, con un minuto de silencio se despacha a la figura de turno que suele morirse en fechas de fil o cercanas a la FIL.  
            Desde siempre hemos leído grandilocuentes comentarios acerca de la FIL, normalmente enfocados, eso sí, a sesudos y destacables datos estadísticos, volúmenes de negocio, logros, éxitos, fracasos, homenajes y perspectivas. A nivel personal siempre se usaron adjetivos para expresar la experiencia de haber vivido una FIL, pero lo de la FIL de este año ha sido de premio, y de los gordos. Yo nunca había leído tanta ñoñería como este año al respecto. La emoción de encontrarse con la gente no era nunca el tema destacado en las crónicas ni periodísticas ni personales, por ejemplo, más bien lo era el relato de experiencias más completas y este año ha sido un enfoque principalísimo, al menos en lo que he tenido la oportunidad de leer –verbigracia: no es lo mismo decir ‘qué feliz soy’ que contar un relato que transmita esa felicidad, que fue lo que ocurrió siempre y que este año ha brillado por su ausencia–. Claro que se entiende que tras el paso por lo solo virtual por causa de la pandemia, el reencuentro con la FIL ha enardecido, emocionado y enternecido a muchas y valiosas personas que antes no lo hacían de este modo y esta vez se han dejado llevar por el efecto somático de seguir vivos, y así se ha podido leer lo que se ha podido leer... Tontería tras tontería. Hablo de publicaciones de libre acceso, por lo que me ahorro desgranarlas, y, de paso, evito los efectos siempre nocivos para mí que tiene mi paradigmática capacidad de hacer amigos.
            Me quedo con ello y me evito exponer mis opiniones diversas acerca del clima guerracivilista entre las administraciones públicas y las alturas de la organización, el carácter “tan político que le vimos en esta edición” en palabras de la gran Mónica Maristain en su atinada crónica, cuyos puntos de vista comparto, la felicidad causada en muchos por los premios recibidos con justicia por Margo Glantz o el periodista Miguel de la Cruz, entre otros, el muy discutible programa virtual –qué manera de desaprovechar con dosis de populismo el medio digital–, que haya sido la FIL con menos expositores, más espacio libre entre los mismos, menos eventos –y todos en la planta baja– y menos público de la historia... Esto último es comprensible en principio por las medidas de sana distancia, aunque también por el ingente ejército de enemigos que la organización acumula y que crece no ya en progresión aritmética sino geométrica año tras año... Imagínense el tipo de terremoto apocalíptico y las consecuencias del mismo si se hubiera desatado una crisis sanitaria por dar rienda suelta como siempre a la gente, que es en lo que toda la vida radicó gran parte de la magia y que este año, por tal diversas razones y quizá otras, no se ha dado...
            Sí, la FIL va mal, viene yendo mal desde que la conozco, y cada vez va a peor. No por por la institución que tiene detrás, la Universidad de Guadalajara (UDG), admirable de principio a fin, sino quizá, y es mi teoría, por los niveles de exigencia, tanto de gestores como de editoriales y lectores, entre otros actores del medio, cuestión de fondo y base que de igual modo prometo desarrollar un día no muy lejano. La sensación que tengo es que la FIL, a la que le sobran pelotas, si me permiten, y le falta valentía, está desgastada, desnortada, desorientada, carente de propuestas imaginativas, ciega ante la posibilidad de que existan nuevos horizontes, sin frescura, incapacitada para innovar, vacía de autocrítica, llena de autosatisfacción, impotente ante la posibilidad de renovarse y encantada en exceso de conocerse, quizá porque hace ya mucho que tocó techo y, tal como es hoy por hoy, ya no puede romper más moldes. Quizá llegó la hora de redefinir la llamada a ser feria de las ferias y, por extensión, hasta el propio concepto de feria del libro. Como entenderán, esto se puede debatir, sí, analizar, confrontar, proyectar, hacer todo eso que no está de moda, aunque debiera llevarse a cabo con el concurso de nuevos ojos, nuevas sensibilidades, nuevas visiones, porque los de siempre, a base de petrificarse, se han vuelto ciegos, insensibles, prepotentes e ineficaces. Como el comer, la FIL requiere con urgencia una inclusiva, abierta y profunda renovación, en la que tanto los de siempre como nuevos agentes se reúnan alrededor de la misma mesa a decirse qué, cómo, cuándo, por qué y hasta dónde.
            Porque, sin ir más lejos, a tal paso van las cosas que me atrevo a afirmar que no sería extraño que la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBO) o de Buenos Aires (FILBA) le comieran la tostada a nuestro gran acontecimiento de tan solo tres letras (FIL) si no fuera por nuestro espíritu hispánico cainita que en ambos casos se encargan de joderla –si me permiten la expresión– haciendo coincidir en varias jornadas sus fechas de celebración, como ya viene siendo de manera lamentable habitual...   
            Pero siempre cabrá proponer al detestable Amazon la organización de una FIL que rompa con todas, y que desde cualquier lugar del mundo nos envíen a casa en 24 horas con enormes descuentos cuantos ejemplares físicos queramos de todos y cada uno de los libros del universo mundo o en un dispositivo electrónico portátil con pantalla táctil y con múltiples prestaciones, conversaciones personalizadas con grandes figuras de la literatura muy bien remuneradas y muy amables y coloquios tempestuosos acompañados de bailes de salón. Y eso será el fin de muchas cosas por las que muchos, muchísimos, nos hemos partido la cara y dejado la piel y el alma con toda nobleza, humildad –virtud ésta de bajo predicamento en nuestra tesitura– y olímpicas dosis de buena fe en batallas que ahora sabemos perdidas. O casi, que la esperanza es lo último que se pierde. 
            —De acuerdo, Manuel, pero, ¿no afirmó usted siempre que las ferias del libro y, en especial, la FIL, eran su locura?
            —¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra, mi amigo?
            —Nos está pintando un panorama bien negro. 
            —Soy honesto con mi punto de vista, que es la única manera de ser objetivo que existe. Mire usted, el invitado de honor de este año ha sido Perú, y de lo que se ha hablado de Perú en la FIL ha sido de gastronomía, folclor, etnografía y, eso sí, nuevos autores, aunque poquitos...
            —Supongo que también de sus grandes figuras literarias. 
            —Pues no tanto, y tampoco ha acudido ninguna. Eso sí, mucha cultura, historia y pueblos originarios, que está muy bien, por otra parte. Pero es la FIL, y aunque la FIL presume de ser festival cultural su objetivo principal son los libros. ¿Sabe usted, por cierto, que el invitado de honor de la próxima edición es el emirato árabe de Sharjah, que ya lo era en la edición de 2020 pero que por la pandemia no pudo?
            —¿Sharjah?
            —Sí, y de paso “el mundo árabe”. Sharjah es una de las siete entidades que conforman lo que se conoce como Emiratos Árabes Unidos. Se rige por las leyes de decencia como las llaman más estrictas de todo ese país. Allí se exige un código de vestimenta conservador y es ilegal que se mezclen hombres y mujeres solteros... Eso sí, el emirato fue nombrado por la Unesco Capital mundial del libro en 2019. Y ojalá salga todo bien, al menos para las arcas de la FIL. Porque hoy, de tan bajo que caemos, todo es resultadismo. 
 Anuncio en la página de internet de la FIL de la edición de 2022.
Fuente de la imagen:  https://www.fil.com.mx/

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas 99. Pan de pulque. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 99

Pan de pulque

Por María Gabriela López Suárez

En esta entrega les quiero compartir parte de mi sentir, vinculado con mi labor como docente. Estar al frente de grupos en tres semestres en una contingencia sanitaria,  de una manera distinta, no presencial, haciendo uso de plataformas en línea, ha significado una serie de retos para cada estudiante y para mí como acompañante en su formación profesional. Sin duda alguna, he tenido diversos aprendizajes y lo agradezco en el corazón.

Acostumbrada a realizar dinámicas presenciales en las clases, escuchar a estudiantes e interactuar con los grupos, añoro poder llevar a cabo estas actividades. Recuerdo que el año pasado, cuando me correspondió dar la bienvenida a los grupos de nuevo ingreso en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), donde laboro, lo hice a través de la computadora, dando mi mensaje sin poder ver a nadie, tuve una sensación de nostalgia. Me acomodé frente a la computadora, miré fijamente a la cámara y realicé mi encomienda; luego de dar mi mensaje me quedé pensando cómo serían las clases, no imaginé del todo lo que vendría después. 

En este periodo de clases una de las añoranzas que más tengo es poder conocer a cada estudiante, no todas las personas prenden su cámara y micrófonos, por diversos motivos. De esa forma, la interacción con los grupos es distinta, si bien como docente mantengo la cámara encendida, me genera la intención de poder conocer a quienes están del otro lado de las pantallas de las computadoras o celulares. 

Desde agosto de 2020 a la fecha solo he tenido la oportunidad de conocer alrededor de siete estudiantes de los grupos de nuevo ingreso en la licenciatura en Comunicación Intercultural en que he dado clases, cada encuentro ha sido distinto, todos hasta este 2021 con el protocolo sanitario. El primero a quien conocí es Ángel, porque fue el contacto para entregar un libro que había ganado una amiga de él al responder una pregunta en el programa radiofónico Los Colores de la Voz de la UNICH, fue una coincidencia. Otra ocasión saludé a cinco estudiantes más que estaban en una práctica de fotografía en la universidad, los vi de lejos, a uno ya lo conocía de semestres anteriores y solo pude identificar a otro de los cuatro restantes, aún con el cubrebocas, era de los que a veces prendían su cámara. Recuerdo que esa vez una de las estudiantes me reconoció por mi voz. Posteriormente conocí a Víctor, quien asistió a una exposición fotográfica colectiva de la que formo parte. Y finalmente, conocí a Citlalli, en un evento en la universidad.

Les confieso que muchas veces ha pasado por mi mente que podría coincidir con estudiantes en algún espacio sin saber que son ellas y ellos, porque no nos conocemos físicamente y portamos el cubrebocas.  Eso me sucedió con Citlalli, llegamos al mismo tiempo al evento, me llamó la atención su vestimenta, muy colorida y bella. No era un traje regional de Chiapas, la blusa me pareció con bordados semejantes a algunas prendas de la región Selva. Pasé a su lado sin saber que era ella, yo llevaba prisa y seguí mi camino. Momentos después, se sentó delante de mí, y fue hasta cuando saludé a Rosita, otra estudiante a quien ya conozco, quien se colocó al lado de ella, cuando Citlalli me saludó. De nueva cuenta me reconocían por la voz. Me dio mucho gusto conocerla,  intercambiamos algunas palabras antes que iniciara el evento. Recordé que es originaria de Nochixtlán, Oaxaca, de ahí que la vestimenta no me resultara común.

Al término del evento, me despedí de Citlalli, quien tuvo el detalle de obsequiarme pan de pulque, ese pan que me generó curiosidad por su nombre y elaboración, que conocí como parte del contenido de su informe de proyecto integrador, justo hace más de un año cuando le di clases en primer semestre. Agradezco a Citlalli por el gesto de compartir ese producto de su terruño y a cada estudiante con quien he coincidido de manera presencial y en línea, gracias por permitirme ser parte de esta nueva etapa de educación a la distancia y gracias también por recordar el timbre de mi voz.

Photo by Pixabay on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Líneas de desnudo. 59. Por qué hoy prefiero el “¡Oh, Juan Miguel!” a la FIL. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 59

Por qué hoy prefiero el “¡Oh, Juan Miguel!” a la FIL
Por Manuel Pérez-Petit

Suelo escribir mi ‘Líneas de desnudo’ justo antes de que sea publicado, bien la noche anterior –que es mi costumbre más habitual– o en la misma mañana de su aparición en este admirable ‘Letras ideaYvoz’, una de las mejores y más nobles apuestas para el fomento de la lectura que he conocido nunca. Esa adrenalina tan fecunda para mí del cierre diario me viene de mi condición de periodista curtido en esas tardes-noches memorables que viví hace años en los diario ABC, en Sevilla, o Las Provincias, en Valencia, entre otros, o en los portales financieros intereconomia.com o basefinanciera.com, de France Telecom España, en los tiempos en que pasaba por ser –y era– especialista en bolsa y me divertía muchísimo escribiendo mis análisis de apertura, media sesión y cierre de mercados...
            Y, claro, de manera muy ocasional me pasa lo de hoy, que por una cosa u otra me demoro, como en esas ocasiones en que llegué a reescribir alguna nota de madrugada al ver que la información que iba a publicar el periódico a la mañana siguiente debía ser actualizada, claro que eran épocas en que internet casi ni existía.
            Y en el ínterin pasan cosas. Hoy, día en que celebramos la fiesta de la Virgen de Guadalupe, por ejemplo, el cantante mexicano Vicente Fernández ha partido de este mundo a la edad de 81 años, con sus diez Grammy a cuestas –dos generales y ocho latinos–, y sus otras docenas de premios y reconocimientos. Descanse en paz, como no puede ser de otro modo, el también conocido como “Charro de Huentitán” por ser oriundo de Huentitán El Alto, Jalisco, el afamado intérprete de canciones como “Volver, volver” o “De qué manera te olvido”, que nos deja también una estrella en el paseo de la fama de Hollywood con su nombre. 
            Está siendo un domingo de emociones encontradas, y lo que deseo es hablar de la FIL de Guadalajara, pero no puedo sustraerme a la felicidad que causa mi Real Betis Balompié, que acaba de vencer en su feudo heliopolitano al potente y siempre fiable equipo de la Real Sociedad de San Sebastián por nada menos que cuatro a cero, con una extraordinaria actuación coral, en la que han destacado todos, pero yo señalo, erizada la piel, al francés Nabil Fekir –un extraterrestre que juega con mayúsculas al fútbol–, al lateral derecho Álex Moreno, al mexicano don Andrés Guardado, a Canales, Bartra, Willian José o Juanmi –"¡Oh, Juan Miguel, oh Juan Miguel, todos queremos que marque Juan Miguel!", googleen eso, que lo merece–, como los grandes aun siendo el más grande todos el coach, director técnico, entrenador o como se le diga en donde se le diga, el chileno Manuel Pellegrini, gran hacedor de esta locura que desde Sevilla traspasa fronteras...
            Y tan encontradas están las emociones hoy que hasta me da güeva por primera vez en mi vida hablar de la FIL. Hoy, por ejemplo, se cumplen 84 días de erupción ininterrumpida del volcán Cumbre Vieja de la isla de La Palma, al que dediqué mi el pasado 7 de noviembre mi "San Borondón como consuelo", en que quise hacer mi homenaje general a la esperanza y particular a la obra del muy querido escultor Manuel Pereda de Castro (1949-2018), hacedor para mí imaginario de la isla de San Borondón, que ha de surgir de las aguas sin duda como su obra definitiva. Hoy también Max Verstappen se ha proclamado campeón del mundo de fórmula 1 al superar, en la mismísima última vuelta, a Lewis Hamilton, en un final de campeonato de los que marcan época y ya no existen. Y no existen porque las emociones nos han puesto enfermos  o han sido desterradas en esta nueva Era distópica –no olvidemos que nos encontramos al borde de entrar en el año 3 del siglo I de la p. pandemia–... 
            Podría seguir hablando de emociones al calor de los acontecimientos del día de hoy, domingo 12 de diciembre del año 3 –de los cuales solo he reseñado tres de especial relevancia aunque son más–, que se me ponen los vellos como tirabuzones de alambre, pero creo recordar que quería dedicar el presente texto a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, el mayor evento de promoción del libro y la lectura del ámbito del idioma español en el mundo cada año... Sin embargo, miren ustedes, como decía, y por primera vez en mi vida, que he seguido el acontecimiento durante años y he sido expositor en media docena de ediciones de la misma, me da una pereza que me mata. 
            Y es que la FIL, sobre la cual prometí un artículo en mi “Universal Almudena" que prometo que cumpliré –mal que a veces me pese siempre cumplo lo que prometo–, en su edición de este año en que cumplía su trigésimo quinto aniversario, ha sido deprimente y malograda, conclusión a la que he llegado después de leer y conversar en abundancia acerca de la misma. Les diría que por primera vez en mi vida hoy, antepenúltimo domingo del año en curso, prefiero el “¡Oh, Juan Miguel!” que la FIL, y lo afirmo con ua mezcla extraña de alegría y pesadumbre. Y ya les explicaré por qué.
 FIL 2021
Fuente de la imagen:  https://www.fil.com.mx/info/info_fil.asp 

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Cajón de rubores. 5. Paisaje con lago. Antonio Florido

Cajón de rubores / 5

Fisonomía 5 
Paisaje con lago

Por Antonio Florido

       

Lucien comenzó a subir la cuesta.

Se le apareció en curva, de pronto, empinada sobre un sendero pedregoso, altiva, tosca, ardiente. En el más allá, muy lejos aún, le observaba la calva piedra erguida, como animándole a la caminata. Por encima de ella, cielo, nubes, algunas aves con las alas extendidas, la ilusión de que alcanzaría la otra cara de la montaña. 

Era larga la subida.

Abajo, en la hospedería, se le quedó esperando el amigo. Perseguía el sueño que un día le contaron, que hay que seguir siempre en la brega, lejos de las vacuidades, un sueño abrigado en la almohada que le hablaba cada noche.

El paseador pensaba en sus cosas. Miraba las piedras del camino, la tierra seca, la pendiente por delante… Así nuestro amigo. Llevaba consigo, sobre la espalda, una mochila llena de experiencias. Algunos errores cometidos, muchos; algunos éxitos…, también todo un mundo de rutinas. Alguien le hubo susurrado que al filo de la mitad, en lo alto, en lo más alto, sobre las rocas que llegan al cielo, donde la tierra se acaba, allí, repito, está la felicidad.

El paisaje junto al lago, el agua brumosa, tierna, la que se puede coger, sin que se duerma, con los dedos abanicados, allí mora la delicia del silencio, bajo las ramas altísimas del bosque, los árboles de glorias incomprensibles, fabulosas, de un misterioso verde o marrón o castaño, o de cortezas quebrajadas; allí habían colocado, además, ese lugar adonde nadie acude porque no hay, sencillamente, lugar adónde ir, sólo las almas desnudas y sensibles, las mentes curiosas, las atrevidas aquietudes que aspiran a más en la vida, allí deseaba llegar nuestro buen amigo mientras el amigo de éste moría en la tasca cada paso un poquito, un poquito más, igual que en aquella conversación en la que dos sabios se desnudaban con la mirada, el café en medio, las manos apoyadas sobre la mesa antigua, uno que sube y comienza, el otro que responde, y así la tarde que transcurre ajena a los sufrimientos del caminante que continúa gateando agarrado con las uñas a esa montaña dura y calva.

A mitad del ascenso una quedada para resoplar el cansancio. Mirada quieta hacia la hondonada que se va agrandando bajo sus pies. La cabaña, o la hostelería, o la tasca, muy abajo, de aspecto diminuto, lejana imagen del presente aviejado. 

Continuó con los dedos arcosos sobre la clara piedra.

Pensó en el amigo, se sentía solo, necesitaba oír sus palabras, sus quejas, las ondas de sus labios al murmurar el amor entre dos hombres de por siempre, pero no había nadie junto a él, sólo la dura realidad, el yermo paraje, la disminución progresiva de su arrojo, el arrepentimiento temprano, tal vez una arrogancia disfrazada sobre la tierra, pegada a las palmas y rodillas, una soberbia que al fin iba comprendiendo eso de los misterios, que se trata de algo grande, como esas cartas sobre la mesa y las palabras soltadas a cuajo, lentas, como quien no desea nada. Llegó a sonreír porque ya la curva apuntaba cerca. Allá no había árboles calmos, ni aguas zarcas, ni truchas o serpentines, ni ramas sobre el suelo, no crujía el pecho de la alegría, solamente un pozo de angustia al rodear la escueta situación, el vacío, el silencio absoluto, el silencio roto, ese silencio que rompe los oídos de no querer, de ansiar un poco más, una puñada para seguir respirando. 

Los dos se han dicho lo que no hay en los escritos, aunque los dos también saben que no cesan de morir mientras se miran, mientras juegan a vivir, con sus cafés acabados; la pareja que un día se disolvió. Uno hacia la asfixiante tierra del norte, el otro al sur, muy al sur, donde las aguas desbordan y bañan los países, eternas riberas platas. Uno de los dos, o quizás ninguno de ellos, decidió visitar los humedales donde se cuecen a las sombras las tercias altas, donde los caminos se detienen, donde no hay adónde ir, ni a quién escuchar, la tierra carente de deseos y aspiraciones. Buscaba este alguien la desaparición de sus anhelos, encontrar la solución a los días incomprensibles, difíciles de digerir, por eso se afanó en escalar a lo alto, de ahí su desventura, el maltrato del engaño. Se lo fueron contando las piedritas del camino, que allí no había nada, que no merecía el esfuerzo. Se lo confesó el sol ardiente, el azul explosivo, el vuelo majestuoso de los picos emplumados. 

Quedó en la cantina solo.

Miraba a la montaña, ni siquiera un atisbo de su amigo, nada. Quedó sólo con sus aires, en la cima, pero allí… allí el único ser…, sin oír el ladrido de los perros.

De lo alto bajó rodando una voz desgarrada, de un ecoso vivo.

(La confundieron con una piedra tosca que bajaba y bajaba por la ladera curva; los hombres dejaron de jugar, se cruzaron con los ojos, cada uno tiró por su camino. A los veinte pasos dejaron de avanzar, echaron el hombro como el otro, se dijeron todo con la vista, observaron la montaña lejos, agacharon las chorreras.

-	´dios…
-	´dios…).



 

Paisaje con lago (1804). Whashintong Allstone (1779-1843).




*Sobre el autor:

Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta

Carmona, España, 1965.

Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción peruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista en diversos medios de comunicación.

Polvo del camino. 99. Errar. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 99

Errar

Héctor Cortés Mandujano

Vine a verte, mañana, en un hotel que ya no existe. 
          Has sido sucesiva y sincrónicamente un , un no, un tal vez en el múltiple espacio, el caleidoscópico tiempo de nuestro multiverso idílico.
          Y yo veo lo nuestro (que sería una exageración llamar amor) desde el principio antrópico y desde la teoría de las probabilidades, y el  no siempre termina en beso (incluso, la amorosa moneda echada al azar, a veces ha caído de canto), el no es a veces un encuentro erótico (lo que resignifica y renombra con la lucidez de la locura tu negativa caprichosa)  y el tal vez es una dispersión que va desde no contestar mis mensajes telefónicos hasta borrarme de tus contactos, pasando, en contraste, por mandarme un emoticón romántico y decirle a una de mis amigas que yo soy el hombre de tu vida.
          El jardín de los senderos que se bifurcan sería un retrato móvil de esto que a veces te interesa, a veces tal vez, a veces no. Pero no el cuento de Borges, sino la fisicalidad de un jardín que tuviera todas las posibilidades de tránsito, en todos los tiempos.
           Sé que cualquiera con menos práctica en el pensamiento complejo me diría que tú no eres una individualidad, sino la multitud de mujeres con quienes me he relacionado familiar, amistosa, amorosa y eróticamente, y que yo he hecho una con todas; por eso, incluso, a veces tus ojos, que no son de la misma cara, representen la heterocromía.
            No es así: tú te has llamado de muchas formas (Carmen, Luisa, Carolina, etcétera), pero eres única, y te recuerdo lo mismo en el jardín de la infancia, que cuando partí mi pastel de cumpleaños número 40. Y te he visto en las nubes y en el árbol de espinas, y en el frondoso nambimbo de cuando niño, y en los sueños…
            Pero tu más reciente encarnación me hace perder la paciencia y la esperanza, porque siento que no estás cuando estás, que no te vas cuando te vas, que has enredado tu existencia (cambiante, polimorfa, isótropa) a lo que yo llamo mi vida, que más parece una copia deforme de la tuya.
            Pero la existencia, me dice mi incesante pensamiento, es prueba de su extremo contrario: el deceso, la ausencia, la falta.
            El hotel sigue allí, ayer: tú no existes.


 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Alejandro Nudding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 58. Una exageración más de los poetas. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 58

Una exageración más de los poetas
Por Manuel Pérez-Petit

Miguel Mañara Vicentelo de Leca nació en Sevilla, España, en 1626. Caballero de la Orden de Calatrava, veinticuatro de Sevilla –lo que equivaldría hoy a edil, regidor o concejal–, miembro de una familia piadosa y rica del siglo XVII, nunca participó en las algaradas públicas que se dieron en la ciudad en su época. Tampoco hay base histórica para deducir que fuera un seductor de mujeres. Es más, no consta en ningún documento que hiciera ni lo uno ni lo otro. Estuvo casado durante 13 años y enviudó sin hijos. Dedicó los últimos dieciocho años de su vida a la oración y al servicio de enfermos y pobres, tarea en la que implicó a una gran parte de la nobleza y el mundo artístico sevillano. Tal día como ayer, 9 de diciembre, pero de 1663, ingresó en la sevillana y piadosa hermandad de la Santa Caridad, que se dedicaba a asistir a los pobres, y propuso una reforma de la misma que incluía la creación de un hospicio, que más tarde se convertiría en hospital. Al frente de la hermandad fue un gran mecenas del arte y la cultura al servicio de la fe. Murió en 1679, a la edad de 52 años. Su proceso de beatificación por parte de la Iglesia Católica fue iniciado en 1680, y para ello se publicó una biografía, escrita por el padre jesuita Juan de Cárdenas, quien no escribió casi nada en aquel momento de los primeros treinta y tantos años de su vida. Nunca ha llegado a ser beatificado.

            *            *            *

            En 1962, el diario español ‘Arriba’ publicaba una información del periodista Jaime Campmany fechada en Roma. Bajo el titular “Más de mil causas de canonización o beatificación esperan la decisión de la Iglesia”, el artículo, entre otras cosas, contaba: “los sevillanos no podrán adorar a Miguel Mañara. La legendaria figura del Don Juan penitente y caritativo, de disipada juventud y piadosa vejez, seguirá viviendo y renaciendo en el eterno retorno del mito literario más fecundo de la humanidad y en el ejemplo de caridad de su hospitalaria fundación; pero a la niebla que envuelve su biografía, no se unirá el incienso de las canonizaciones”. Por esas mismas fechas, se pudo leer en ‘Paris Match’ un texto titulado “Don Juan contrito, candidato al cielo”, y unos años antes, en 1955, un artículo publicado en el diario madrileño “Ya” levantó tal alboroto que incluso Radio Vaticana emitió un resumen del mismo, pues muchos entendían que con la de Miguel Mañara se trataba de promover la beatificación del mismísimo Don Juan Tenorio. Nadie quería –o podía– reparar en un hecho por aquellas fechas irrefutable: el modelo en que se inspiró, más de trescientos años antes, Tirso de Molina –o quien fuera el autor del drama– nunca pudo ser Mañara.
            Leyendas donjuanescas y sobre el convidado de ultratumba tenían vigencia, desde tiempos medievales, por toda Europa, cuando, hacia 1630, fue impreso “El Burlador de Sevilla o convidado de piedra”, cuya primera representación teatral data de 1616. A partir de entonces –e incluso desde antes, pues las referencias al mito en Dante y en Marlowe son incontestables–, una especie de fiebre crónica de don Juan ha inundado las literaturas europeas, teniendo como resultado una incontable lista de obras de todas las disciplinas artísticas, sobre todo literarias, cada una de las cuales refleja diferentes vidas del mismo protagonista. 
            En 1665, fue estrenada la versión de Molière en el Palacio Real de Francia. En 1734, en Italia, Goldini publicó “Juan Tenorio o el libertino castigado”, que sirvió en parte de base a Lorenzo Da Ponte para redactar el libreto con el que Mozart compuso “Don Giovanni”, aclamada en Praga en su estreno en 1787 y repudiada por la relamida Viena del momento pocos meses después. Tanto en el XVII como en el XVIII el personaje se llama Don Juan Tenorio o Don Juan a secas, y acaba siempre condenado al infierno. Sin embargo, la eclosión de los movimientos románticos marcaron un cambio casi definitivo en el tratamiento del héroe –o antihéroe, si se prefiere, pues en su carácter próximo, transplantable a cualquier ser humano, radica parte de su éxito–. Lord Byron compuso entre 1819 y 1824 el poema “Don Juan”, presentándolo como un humorista sarcástico. En 1834, Próspero Mèrimèe le otorga dos personalidades enfrentadas en “Las almas del purgatorio o los dos don Juan”, pero fue Alejandro Dumas padre quien acuñó, dos años más tarde, el nombre de Don Juan de Mañara, “hallazgo” al que pronto se apuntaron quienes, en sus viajes por Andalucía, conocieron también leyendas atribuidas al personaje –histórico– de Miguel Mañara por la imaginación popular. En esta nueva tradición, en 1844, Zorrilla escribió en veintiún días su famoso drama, retornando a la historia de siempre, la de don Juan Tenorio, dándole a éste la piadosa oportunidad de redimirse en el último suspiro por el amor que le nace por Doña Inés. Luego, otros autores han dado nuevos o antiguos o renovados tratamientos al relato, como casi todos los escritores españoles o la mayor parte de las grandes figuras de la literatura universal desde el siglo XIX, en una secuencia cuya terminación no se vislumbra todavía. 
            Sin embargo, el conflicto de los apellidos de don Juan quedó vivo, servida la confusión hasta hoy mismo. En 1913, el escritor y diplomático franco-lituano Oscar Milosz publicó “Miguel Mañara. Misterios en seis cuadros”, más o menos en la misma época en que el poeta español Antonio Machado escribió “Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido...” en su poema “Retrato”, incluido en su imprescindible “Campos de Castilla”... Podría seguir y seguir en este relato de esta tormenta particular, pero como muestra quede lo ya expuesto, pese a que cabe añadir: derivado del ciclo y mito de Don Juan –y más que derivado, plenamente enmarcado en él– se encuentra todo el ciclo fáustico... 
            Hoy por hoy, con o sin apellidos, demoníaco o humano, maleable como el oro o la plata, con su virtud de metáfora casi de piedra filosofal, con sus innumerables nombres, versiones y posibilidades, Don Juan, un don juan camaleón incluso, inacabable, inabarcable y pleno, sigue vivo..., más potente, común, joven, lleno de tormentas que nunca, en su deambular imprevisible por todo Occidente, y más allá. 
            Y otrosí les digo: Don Juan anda por la calle, y parafraseando al narrador español Gonzalo Torrente Ballester, cabe decir que aunque el personaje de Don Juan fuera inventado por un teólogo, “no es más que una exageración de los poetas”.
 Miguel Mañara, en 1681, por Juan de Valdés Leal. (la imagen es de dominio público”)
Imagen: Miguel Mañara lee la regla de la Hermandad de la Caridad (1681), por Juan de Valdés Leal. (la imagen es de dominio público”)

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 57. A la madre. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 57

A la madre
Por Manuel Pérez-Petit

A la mía

Conocemos pocos datos concretos de su vida. Cómo tuvo lugar la concepción de Cristo, su reacción al perderse el niño y hallarlo en el templo, que estaba en el momento crucial de la Sagrada y Última Cena, que se encontró a su hijo cuando éste iba camino del Calvario con la Cruz a cuestas, que estuvo en todo momento junto a él cuando estaba clavado en la Cruz, que recibió el espíritu en Pentecostés junto a los apóstoles y poco más. Ciertamente, no es demasiado, pero está claro que estuvo presente en momentos clave. El primero de ellos tuvo lugar en las bodas de Canaán, en las que le dice a Jesús que no tienen vino, y éste le responde que aún no ha llegado su hora. Sin embargo, ella le dice a los sirvientes del banquete: "Haced lo que Él os diga", lo que fue el preámbulo del primer milagro de Jesús. Otro que el momento en que ella estuvo al pie de la cruz… ¿Qué pensamientos pueden fluir por la mente de quien desde que el arcángel le diera la Buena noticia no ha tenido más vida que la de su propio hijo ni más fe que la de su mandato? ¿En qué se diferencia ella, con este relato histórico-popular evangélico en la mano, de cualquier otra madre? Una madre que pierde la alegría pero nunca la vida, que se mantiene enhiesta, no se rinde, no hace más preguntas que las necesarias, que sabe callar y esperar, que no pierde la fe, que conoce mejor que nadie que si bien la fe puede mover montañas de nada sirve si no tiene amor.
            Hoy los católicos celebramos el día de la Inmaculada Concepción de la María, que es fiesta nacional, regional o local, en numerosos países del mundo, de manera especial en Hispanoamérica. Hasta en 22 países de América, Europa y Asia se celebra. Es fiesta nacional en Argentina, Chile, Colombia, España, Nicaragua, Panamá, Paraguay o Perú y lo fue en países que hoy no existen, como Dos Sicilias.
            La fiesta es de manera especial significada en Colombia, donde desde la noche anterior se celebra el Día de las velitas, de gran raigambre en el país, encendiendo la gente faroles y velitas y enarbolando en algunos lugares banderas blancas concepcionistas, en España, donde desde los tiempos del reino Visigodo se defendió la concepción inmaculada de la Virgen, y en México, donde aun no siendo feriado nacional, se festeja de diverso modo nada menos que en la Ciudad de México, Chiapas, Guanajuato, Morelos, Oaxaca, Puebla, Sonora, Tamaulipas, Tlaxcala y Veracruz. En la víspera de la festividad, en El Salvador se celebra el Día de las Conchas, en que los católicos colocan farolitos en las fachadas de sus casas. Y en casi todas partes, esta festividad da comienzo de algún modo a las fiestas navideñas. 
            En 1657 fue publicada la obra del poeta Miguel Cid (1550-1615), recopiladas por su hijo en un libro titulado Justas sagradas del insigne y memorable poeta Miguel Cid, dedicado a “la Virgen Santísima, María Nuestra Señora, concebida sin mancha de pecado original”, popularizando desde entonces su famosa copla: 

            Todo el mundo en general
            a voces, Reina escogida,
            diga que sois concebida
            sin pecado original.

            Juan de Roelas (1558-1625), Doménikos Theotokópoulos, el Greco, (1541-1614), José de Ribera (1591-1652), Francisco de Zurbarán (1598-1664), Juan de Valdés Leal (1622-1690), Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682), Giambattista Tiepolo (1696-1770), Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599-1660), Alonso Cano (1601-1667), Anton Raphael Mengs (1728-1779), Juan Martínez Montañés (1568-1649) Claudio Coello (1642-1693), Cristóbal de Villalpando (1649-1714), Francisco de Goya (1746-1828), Juan de Juanes (1507-1579), Sandro Botticelli (1445-1510), Pedro Pablo Rubens (1577-1640)... La lista de artistas y pintores que han dedicado obra a la Inmaculada es interminable y en todas las épocas de la historia y naciones, formando un mosaico de lo más granado de la historia del arte universal al calor de la devoción popular, aunque la proclamación del dogma católico es muy reciente: data de 1854. 
            Es un día hermoso. En mi tierra, Andalucía, y de manera significada en mi ciudad natal, Sevilla, a la Inmaculada no hay quien la toque, pues como en México la Virgen de Guadalupe, la Madre de Dios es la propia tierra y simboliza y encarna a todas las madres. 
            Se puede discutir, según la creencia de cada cual, acerca de la Virgen María, pero de una madre no se discute. No hay nada más grande que una madre ni nada más sagrado ni bendito que una madre.   
            Puede que de ahí, desde la más remota antigüedad, sea la madre la inspiración del arte universal.
 Copla de Miguel Cid, impresa originalmente en 1615 y publicada con su obra completa en 1657.
Fuente de la imagen: https://gredos.usal.es/handle/10366/125592 / https://gredos.usal.es/bitstream/handle/10366/125592/BG~34421_2.pdf?sequence=1&isAllowed=y

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 56. Un deseo para Cuba (2). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 56

Un deseo para Cuba (2)
Por Manuel Pérez-Petit

Dentro de la Revolución todo; contra de la Revolución, nada

Fidel Castro, 1961
La lista de represalias y represaliados en Cuba de artistas y escritores es larga, e incluso hasta el día de hoy, en que en teoría el gobierno de la isla ya no es lo que era, y los expresados en el primer artículo de esta serie son solo algunos ejemplos de autores de reconocimiento internacional cuyos casos retratan al régimen fundado por Fidel Castro hace ahora casi sesenta y dos años, a comienzos de 1959, y que aún, digan lo que digan los que lo digan, sigue campando por sus fueros.
            De la mano de la relativa apertura económica del régimen que tuvo lugar a finales de los años ochenta del siglo pasado, basada en una cierta explotación mixta del turismo mediante acuerdos con cadenas hoteleras europeas, en los últimos decenios el régimen cubano viene mostrando un relativo interés en recuperar a los escritores y artistas represaliados, insiliados –los que permanecen o permanecieron en Cuba en calidad de desterrados– o exiliados, entre los cuales se encontraban Lezama, Piñera o Cabrera Infante.
            Virgilio Piñera fue un caso más de ellos, cuya obra, basada en el absurdo y la locura, siempre estuvo en las antípodas del realismo socialista, siendo, además, por su homosexualidad, que él mismo se encargo de hacer explícita durante toda su vida, represaliado y doblemente sometido al ostracismo hasta su muerte, en 1979... Y, sin embargo, en 2012, Raúl Castro, hermano y sucesor de Fidel al frente del país, en línea con su nueva política cultural del siglo XXI, decidió restituirle su lugar en la literatura cubana, como contó Raúl Rojas el 6 de julio de 2012 en el diario español El País en un artículo titulado Virgilio Piñera y el pensamiento cautivo. 
            No es de extrañar su “recuperación” para las letras cubanas. Ya en 2010 había sido “redescubierto” el “traidor” Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), Premio Cervantes 1997, y recuperado con todos los honores. Su caso es de los más significativos. Represaliado por el régimen de Fulgencio Batista (1901-1973), apoyó la Revolución, asumiendo importantes responsabilidades en el ámbito de la cultura en los primeros años del régimen castrista –director del Consejo Nacional de Cultura, ejecutivo del Instituto del Cine y subdirector del diario Revolución (actual Granma), encargándose de su suplemento literario, Lunes de Revolución, en el que colaboró también de manera muy relevante Piñera–, pero sus relaciones con el régimen pronto se deterioraron, lo cual fue uno de los detonantes de las famosas reuniones con los intelectuales cubanos que tuvieron lugar en la Biblioteca Nacional de Cuba, en La Habana, y en cuyo discurso de clausura del del 30 de junio de 1961, Palabras a los intelectuales, Fidel Castro pronunció su célebre frase “Dentro de la Revolución todo; contra de la Revolución, nada”. Sin embargo, la relación de Cabrera Infante con el régimen no acabó ahí. En 1962 fue enviado a la embajada de Cuba en Bélgica como agregado cultural y no regresó a la isla hasta tres años después, con motivo del fallecimiento de su madre. Fue retenido por cuatro meses hasta que consiguió salir para el exilio y, tras un periplo de cierto tiempo en España, se instaló en Londres, Reino Unido, donde obtuvo la nacionalidad británica y falleció en 2005. La noticia de su muerte no mereció en Cuba ni una sola línea en un periódico y, pese a ello, en 2010 fue reconocido como uno de los grandes de la literatura cubana. 
            Al otro lado de la balanza, Ernesto Guevara La Serna (1928-1967), más conocido como ‘Che Guevara’, uno de los ideólogos más importantes de la Revolución, médico de profesión, argentino de Rosario, un cuentista valioso y un escritor de diarios brillante, eso sí, ha sido siempre intocable para todos, no solo como escritor sino como personalidad respetada, en igual medida para los represaliados del régimen y para los integrados en él, y supone un caso curioso por cuanto resulta ser el único consenso existente en esta materia. 
            Respecto al ‘Che’, el régimen siempre mantuvo una coherencia de la que en ningún caso hizo nunca gala. No en vano, por si fuera poco, Fidel lo convirtió en mártir al mandarlo a morir al lugar menos propicio para la Revolución en su tiempo, las selvas de Bolivia.
            (Continuará…)
 __________
Nota del autor
Esperando el permiso y la comprensión de mi editor, el ingeniero y excepcional escritor mexicano Roger Octavio Gómez Espinosa, libérrimo regreso por mis fueros de los cuatro artículos a la semana. En adelante, mi ‘Líneas de desnudo’ saldrá lunes, miércoles, viernes y domingo, sobre todo por mi voluntad de convertir mi espacio en este ‘Letras ideaYvoz’ en el lugar en que encontrarme y el repositorio definitivo no solo de toda mi obra breve de siempre y nueva sino también de mis artículos de crítica cultural –atados a la actualidad o no o publicados previamente en otros sitios o no y revisados de manera adecuada–, microensayos, algunos de mis poemas y cuentos, fragmentos de obra mayor, anotaciones de mis memorias, misceláneas de diverso tipo, fruslerías, ocurrencias, vagancias, extravagancias, confesiones, visiones, misiones, emociones, pensamientos, filosofías, voluntades...
 
   
 Edición por parte de Ediciones del Consejo Nacional de Cultura del discurso Palabras a los intelectuales, pronunciado por Fidel Castro el 30 de junio de 1961.
Fuente de la fotografía: La ventana, portal informativo de Casa de las Américas, 30 de junio de 2021.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas 98. El ranchito. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 98

El ranchito

Por María Gabriela López Suárez

Amparo y Pedro regresaron a casa, ella había pasado a traerlo a la primaria como solía hacerlo después de salir de su trabajo. Se dio cuenta que iba callado, algo raro en el pequeño Pedro, le preguntó qué tal había estado su  día, dijo que bien. Sin embargo, Amparo sabía que algo sucedía y le preocupaba a su hijo. 

Al llegar a casa y comenzar a preparar la mesa para comer ella le comentó cómo le había ido en su trabajo y que se sentía muy contenta. Amparo, Pedro y Manuel, habían llegado a la ciudad pocos meses atrás, anteriormente vivían en una ranchería ubicada a tres horas de su actual lugar de residencia. Ahora Manuel trabajaba en un taller mecánico y como repartidor de productos farmacéuticos, cuando le era posible llegaba a comer con su familia. Amparo era recepcionista en una clínica médica, le gustaba su trabajo, además el horario le permitía estar tiempo con su hijo Pedro por las tardes.
 
Ese día Manuel avisó que no llegaría a comer. Mientras degustaban los alimentos Amparo dejó que Pedro externara su inquietud. En una de sus materias le habían dejado como tarea hacer una descripción de un lugar distinto a la ciudad dedonde vivía, sus compañeras y compañeros de grupo hablarían de otras ciudades que conocían e incluso de otros estados, pero él no tenía más conocimiento que la ranchería donde vivían antes y eso le daba tristeza.

Amparo escuchó con atención, le dijo a Pedro que no tenía por qué angustiarse ni entristecerse, él podría describir el lugar donde antes vivían y compartir sobre su familia. Le explicó que era importante reconocer su lugar de origen y no sentir vergüenza de su terruño, su color de piel, ni de su familia. Ellos eran gente sencilla, honesta y trabajadora.

Ella estaba casi segura que no todos en su grupo tenían la oportunidad de haber apreciado un amanecer rodeado de montañas, con el canto alegre de distintas aves cada mañana. Tampoco habrían tenido el gusto de escuchar caer la lluvia sobre las hojas de los árboles y ver cómo estos reverdecían con cada gota. Ni mucho menos tenían la experiencia de escuchar el silbido del viento susurrando, acompañado del coro de los grillos, el croar de las ranas y la iluminación de los cucayos en las noches de verano. Y entre los valiosos tesoros que tenían en su familia era haber aprendido a trabajar la tierra, comer los frutos del maíz, las tortillas que preparaban sus abuelitas, el atole que cocinaba la tía Lupe, los elotes que asaba el tío Martín y comer los frijoles cosechados por el abuelito Carlos.

La mirada de Pedro había cambiado, su rostro estaba lleno de asombro y ahora sonreía, le pidió a su mamá que le ayudara a hacer la tarea. Tenía ganas de empezar a escribir y contar cómo era el ranchito donde antes vivían.  Amparo aceptó ayudarle, le revisaría su texto cuando él terminara de escribirlo y se lo enseñarían a su papá. Mientras tanto invitó a Pedro a terminar de comer, antes que la sopa de verduras se enfriara.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.