Líneas de desnudo. 115. El discurso de San Crispín. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 115

El discurso de San Crispín
Por Manuel Pérez-Petit

En estos meses de condena tecnológica en que no he podido dar salida a todo aquello que se me estaba cociendo en la cabeza han pasado muchas cosas, que son las que intento ir recuperando poco a poco en este Líneas de desnudo en que, de manera literal, me va la vida…

M. P.-P.
Ando entre los rastrojos de la olla exprés que tengo por cocotera y aquello que me dicta la realidad de este momento, pues el tiempo no se detiene y todo lo acumula… Cosa curiosa el tiempo: una convención universal que en nada en absoluto es igual para nadie, pues el mismo acorde tocado por el tiempo es diferente en cada percepción. Podríamos decir: “Mira, ahí va el tiempo, quién lo alcanzara...”, y aceptar nuestro papel de espectadores de tan inusual devenir, pese a que nos afecte, y de manera tan directa y determinante. Y así nos va, en la tarea de hacer lo que se pueda, que es lo máximo que podemos hacer, y al final es lo que tenemos y qué remedio. De este modo, en tanto el tiempo pasa a su particular velocidad de crucero, ajeno a nosotros y encadenándonos a la vez, intentamos a nuestra aparente conveniencia aplicar la prisa o la calma en cada instante, tarea en la que fracasamos a menudo pero de la que también salimos en ocasiones victoriosos. Todo pasa en el tiempo, y nada puede sustraerse a esa realidad, y a veces nos preguntamos y no encontramos nada que nos libere de esta esclavitud o lo encontramos todo. Sin ir más lejos, en el arte y, más de manera concreta, en la literatura.
            Que nada es imposible lo sabemos, como no lo fue la victoria inglesa ante los franceses en la batalla de Agincourt, en el día de San Crispín, pese a que los ejércitos de éstos eran muy superiores en número a los de aquellos, en que se dio por concluida la Guerra de los cien años, según nos cuenta en el drama histórico titulado Enrique V nada menos que William Shakespeare (1564-116). En esa obra, el Bardo de Avon, sobrenombre por el que se conoce al dramaturgo isabelino, puso en boca del rey inglés un discurso que ha tenido una gran trascendencia por el alegato que supone en favor de la amistad y del valor del honor, y no solo por su interpretación por parte de grandes personalidades como Sir Lawrence Olivier –con el que arengó a los británicos en la II Guerra Mundial– o Kenneth Branagh, que en su película Henry V popularizó aún más la frase “banda de hermanos”, incluida en el discurso: “(...) Somos pocos, somos pocos felices, banda de hermanos;/ Porque el que hoy derrame su sangre conmigo,/ será mi hermano (...)”, sino que yendo más allá, e incluso del tiempo, lleva siglos anclado en la sabiduría popular. 
            Sí, en esa misma sabiduría que hoy se está perdiendo, ante la indiferencia general, hoy, que es tan difícil o tan superfluo hablar de amigos, hoy, en que con tanta comunicación la incomunicación es nuestra realidad, al punto de que apenas podemos confiar en que el tiempo, y quién lo alcanzara, ponga por fin las cosas en su sitio, entrelazándose con nosotros y apostando por el afecto, la amistad y el honor. Y porque “(...) Crispín nunca pasará/ desde este día hasta el fin del mundo (...)”, mi anhelo es, y hasta por necesidad, por ello. Y más aún con la carencia de verdaderos hermanos que tenemos.
   
Batalla de Agincourt, miniatura del siglo XV (circa 1422, de autor desconocido)
Fuente de la imagen: Biblioteca del Palacio de Lambeth, Londres, Reino Unido / Biblioteca de Arte Bridgeman. Tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Battle_of_Agincourt,_St._Alban%27s_Chronicle_by_Thomas_Walsingham.jpg

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Tomando café con Pat. 1. La empatía, todo un reto. Patricia Muñoz Díaz

Tomando café con Pat/ 1

La empatía, todo un reto
Por Patricia Muñoz Díaz

En la actualidad, el tener diferentes ideologías y/o creencias nos ha hecho una sociedad diversificada. Cuando hemos sido educados y hemos crecido creyendo en una doctrina, religión, espiritualidad y/o con patrones de una sociedad al parecer con cierto orden en nuestros contextos y nos topamos con otro grupo de individuos que viven y creen distinto, nos rompe el esquema y nos cuesta entender que nuestra verdad, nuestra realidad, nuestra forma de llevar un orden para vivir o simplemente tener costumbres distintas, es porque no tenemos una verdad absoluta.
            Nos molesta conocer a los vecinos porque escuchan música distinta a la nuestra, o los que organizan fiestas los fines de semana, o que no van a la iglesia porque no son creyentes, o a quienes prefieren adoptar perros a tener hijos.
            ¿Por qué nos incomoda tanto que el resto del mundo sea distinto si siempre lo ha sido? ¿Por qué preferimos ser de mente cerrada en lugar de permitir que alguien más nos muestre lo maravilloso que es su universo? Cada cabeza es un mundo y no es obligación de nadie forzar a otro individuo a creer en algo. El pensar y creer diferente no nos hace malas personas. 
            Hay una cosa que son los valores universales, e independientemente del lugar en el que crecimos o fuimos educados no los enseñan en todos lados. Y para mí, uno de los más importantes es el respeto. Este valor incluye muchos otros valores como lo son la paciencia y la tolerancia, pero la empatía, es lo que hace que ese respeto se vuelva maravilloso.
            Estamos tan acostumbrados a escondernos detrás de nuestros dispositivos electrónicos, que nos parece fácil sacar nuestros miedos o frustraciones y dar puntos de vista a diestra y siniestra sin reflexionar si estamos faltando al respeto a alguien, y no hablo del clásico "me ofendes", eso es una decisión personal de quien recibe un “insulto” o “agresión verbal”, me refiero a etiquetar y juzgar a las personas sin conocerlas, el cómo reaccione otro individuo, es otra cosa.
            Entonces, volviendo a la empatía, es la habilidad de poder comprender los contextos de las demás personas. Ponernos en sus zapatos. Hay problemas que, resolverlo, para nosotros son "pan comido", y otros un verdadero "dolor de cabeza". Y la manera de enfrentarlos es distinta para cada uno de nosotros. Eso no nos hace ni más inteligentes ni más tontos. Pero cuando logramos sentir el problema o situación de alguien más, rompemos la barrera de los juicios, eso es la empatía. No quiere decir que debemos cambiar nuestra forma de pensar, solo, ponernos en el lugar de los demás. No es fácil trabajar la empatía, pero aquí les dejo algunos tips que nos podrán ayudar:
            1. Tener la intención de ser empático. Analizar o reflexionar por qué te resulta difícil ser empático con ciertas personas o circunstancias.
            2. Escuchar a las personas, darles la oportunidad de que te den su punto de vista y como te sientes al respecto.
            3. Piensa en las reacciones que tú tienes, en circunstancias similares y como reaccionas y cómo reaccionan los demás.
            4. No juzgar. No somos nadie para ello, pues la forma de creer y de pensar de cada persona se ha forjado por lo que ha vivido y como lo ha vivido.
            5. Conocerte a ti mismo. No puedes esperar conocer a alguien si no te conoces. Cuáles son tus convicciones y porqué. Te las inculcaron o realmente estás convencido de ello.
            La empatía es apoyo y comprensión, y no tienes que cambiar tu forma de pensar ni la de nadie, solo comprenderla y respetarla. 

            “LA EMPATÍA RESIDE EN LA HABILIDAD DE ESTAR PRESENTE SIN DAR UNA OPINIÓN”
Marshall Rosenberg

            “EMPATÍA, ES SER CAPAZ DE SUMERGIRSE EN EL MUNDO EMOCIONAL DEL OTRO, SIN AHOGARSE EN EL”.
Rafael Videc

            “MIRA CON LOS OJOS DE OTRO, ESCUCHA CON LOS OÍDOS DE OTRO Y SIENTE CON EL CORAZÓN DE OTRO”. 
Alfred Adler
Fotografía: Hombre que sostiene el corazón rojo en manos sobre la mesa de madera
Fuente: Banco de imágenes Canvas Pro, por Towfiqu Ahamed Barbhuiya. https://www.canva.com/photos/MAD5oXO0FlI-man-holding-red-heart-in-hands-on-wooden-table/

*Sobre el autor:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.

Líneas de desnudo. 114. Temblor a corazón abierto. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 114

Temblor a corazón abierto
Por Manuel Pérez-Petit

El llamado ‘Cinturón de fuego del Pacífico’ tiene forma de herradura o corazón abierto aunque no da buena suerte a los países –casi una treintena en tres continentes– y regiones de su área, los cuales son sometidos de manera continua a las tensiones provocadas por las varias capas tectónicas que lo conforman, siempre en fricción entre ellas, no solo generando una actividad sísmica continua sino la inmensa mayoría de los terremotos más catastróficos que puedan recordarse. Tiene, además, como característica principal, una actividad volcánica también permanente. Se extiende sobre unos cuarenta mil kilómetros y cuenta en su zona con 452 volcanes –tres cuartas partes del total de los existentes en el mundo–. Podría decirse, y no debería tomarse a broma, que la cuenca del océano Pacífico tiene de todo menos de pacífica y tiembla como flan y echa humo por sus venas.
            México, esta patria que amo y habito desde hace tres lustros y en la que espero si no morir un día zarpar para mi último viaje –si se me permite la licencia machadiana–, para terminar mis días, en todo caso, en América, es uno de los países a que afecta este cinturón. Y yo, que tiemblo con un temblor crónico, el cual también viaja en mí de dentro a fuera, he aprendido a diferenciar entre temblores y temblores. Mi temblor no se ha confundido nunca con ninguna sismicidad. Siempre ha sido así, salvo en la noche del pasado 10 de mayo del presente 2023. Suelo acostarme temprano y levantarme temprano. A las diez y veinte ya estaba yo, como se diría en mi pueblo, ‘más pa’llá que pa’cá’, arracimado en mis cobijas, en el clásico duermevela antesala de ese territorio a veces onírico a veces negro que es solo nuestro y en que habita todo aquello incontrolable que está en nosotros.
            Vivo en un bajo de un edificio de una sola altura, la que corresponde a mi modesto departamento. Todo estaba en orden y en silencio, lleno de paz, y yo ya tenía abandonada y perdida la consciencia cuando, de repente, ¡brrrom! Sentí como si un tren de mercancías o un rebaño de bisontes en estampida –esa imagen me llegó– hubiera pasado sobre mi techo de repente, haciéndolo crepitar todo, casi los cimientos de la tierra. Me sobresalté, encendí la luz y me puse a buscar en las noticias. 
            He vivido muchas cosas, pero nunca estuve a 250 metros exactos del epicentro de un movimiento sísmico, ubicado en plena ciudad y aunque de menor magnitud –3.0 en escala de Richter– se dio apenas a un kilómetro de profundidad, y por eso lo sentí como lo sentí, de igual modo que varios miles de personas lo percibieron y salieron a la calle, cosa que yo no hice, pues como otras veces he afirmado, morirse es lo de menos. En ese trance, eso sí, me llegaron por ensalmo los amores de mi vida, y me acordé de ti, que aun conociéndote aún no te conocía, y tú lo sabes, y todo ardió.
            Tardé varias horas en dormirme y como no fue apenas relevante nadie preguntó por el sismo al día siguiente, pese a que se sintió en casi una cuarta parte de esta vieja ciudad de los milagros enclavada en el Cinturón de fuego del Pacífico que es la Cdmx. Solo ese alguien me quedó como presencia de un tiempo que duró un instante, en el temblor que siempre he de sentir, y si alguien me pregunta le diré que de eso nadie sabe, aunque el universo sepa que para siempre tiemblo como un flan y echo humo por las venas. Así, a corazón abierto.
   
Mapa del Cinturón o Anillo de Fuego del Pacífico.
Fuente de la fotografía: Pacific_Ring_of_Fire.svg. Tomada de: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Pacific_Ring_of_Fire-es.svg. Informe del Servicio Sismológico Nacional (SSN) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): http://www.ssn.unam.mx/sismicidad/reportes-especiales/2023/SSNMX_rep_esp_20230510_CuencaDeMex_M30.pdf

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 113. El alegato de Marcela. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 113

El alegato de Marcela
Por Manuel Pérez-Petit

Por diversos motivos pero sobre todo de dependencia tecnológica en los últimos tres meses se me han ido acumulando –y siempre, como siempre, en paralelo, yendo y viniendo como mareas impredecibles, macerándose por sí mismos– en la olla exprés que llevo sobre los hombros, muchos textos para este más de suyo que mío Líneas de desnudo. Debo aclarar –como otras veces, pero nunca está de más–, que no hago borradores de mis artículos y que luego empleo, justo antes de su publicación, una media de tres horas en darles cuerpo en una carilla de hoja y, a veces, poco más, a cada uno. Regreso, pues, con todo, y con la venia.

M. P.-P.
No caeré en la tentación de convertir este artículo en una especie de sumario de los que han de venir. Es mi libertad. El pasado 3 de mayo publiqué La Luz y la oscuridad, cayendo desde entonces en un silencio en que he llegado a sospechar haber sido objeto de venganza por parte de la oscuridad, y si lo leen –o releen– deducirán por qué. Tampoco aprovecharé este reencuentro para contarles tanta iluminación que, por otra parte, ha tenido lugar en este tiempo, ni tanta sombra que aun siendo menor en cantidad y dimensión me ha asaltado, pues al fin y al cabo todo ello nace como consecuencia del mismo hecho de vivir, y menos aún porque las irán conociendo al hilo de mis próximos y sucesivos artículos.
            Yo no le doy esperanzas a la oscuridad, dado que la aborrezco, aunque a veces pueda uno confundirse y pensar que hay oscuridad en lugar de Luz cuando no es cierto, como ocurre en el capítulo 14 del Quijote, en que asistimos al entierro de Crisóstomo, quien se había quitado la vida por amor a Marcela, a cuyos pies rendido se declaró obteniendo un firme rechazo por respuesta. En un entorno en que se culpa a la joven pastora de su muerte, ella aparece de improviso y dirige a los asistentes del acontecimiento luctuoso un parlamento que aunque podría glosar no lo hago por su belleza y la pertinencia en este momento de la historia de la humanidad en que la negación de la libertad campa a sus anchas:

            Yo nací libre, y para poder vivir libre             escogí la soledad de los campos: los árboles de estas montañas son mi compañía; las claras aguas de estos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras, y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Crisóstomo, ni a otro alguno el fin de ninguno de ellos, bien se puede decir que antes le mató su porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo que cuando en este mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad y de que sola la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él, con todo este desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino?
 
            ¿Alguien podría decirme, pues, a la vista de este texto cervantino de comienzos del siglo XVII, que, habiendo sido ambos honestos en todo caso, la supuesta oscuridad –la muerte de Crisóstomo debida al rechazo amoroso– es más fuerte que la Luz –la declaración de libertad de Marcela– o incluso como oscuridad exista?
   
La pastora Marcela, por Cecilio Pla (1860-1934), publicado el 20 de mayo de 1905 en la revista Blanco y Negro.
Fuente de la fotografía: (1905-05-20). "Figuras quijotescas. La pastora Marcela". Blanco y Negro (733). ISSN 0006-4572. Tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:1905-05-20,_Blanco_y_Negro,_La_pastora_Marcela,_Cecilio_Pla_(cropped).jpg?uselang=es

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 112. La Luz y la oscuridad. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 112

La Luz y la oscuridad
Por Manuel Pérez-Petit

Pudiera ser que entendiéramos que ambas realidades por su aparente carácter antagónico son irreversibles e inevitables, pero yo estoy convencido de que no, que se puede prescindir sin duda alguna y con mayor facilidad de lo que parece de una de ellas, dado que además la ciencia niega su existencia y, desde luego, no debería existir, aunque justifiquemos su presencia en la miserabilidad y limitación de la condición humana y, de manera más demagógica y autocomplaciente, en el complejo ejercicio del libre albedrío, esa tragedia griega que tanto nos condiciona, y, en apariencia, sea la más divertida, excitante, seductora y confortable de las dos, pues, por si fuera poco, se puede residir en ella incluso sin saberlo o negándolo y es su función, según Shakespeare (1564-1616), devorar con sus garras el amor, aquello inoportuno, total y totalizante que nos trastorna, nos transforma y nos hace plenos en el sentido más pleno, que es la máxima expresión vivencial de la otra, a la que odia desde su perversión original, barroca, reaccionaria, retrógrada y vengativa, siendo indudable que tiene muy buena pinta y goza de muy buena fama, y aún más por ser camaleónica, bipolar, psicópata y sociópata, dicho esto último sin obviar su brillante y sin duda eficaz capacidad de establecer y llevar a cabo excelentes relaciones públicas, su paradigmática habilidad para extenderse triunfante sobre la faz del mundo. Hablo de la oscuridad –así, con minúsculas–, que a mí se me hace tan poco interesante, tan contradictoria y tan pobre como concepto que me quedo con aquello atribuido al propio Shakespeare y repetido hasta la saciedad aunque no asimilado por la mayoría de que “no hay oscuridad sino ignorancia”. 
            La oscuridad es némesis de la Luz –así, con mayúsculas–, que aunque a veces vaya y venga –o eso pueda parecernos– de manera misteriosa y hasta irritante, e incluso pueda causar una cierta desorientación, es constante, no existe como reacción a nada sino por sí misma, es de origen divino al contrario que la oscuridad y lo abraza todo desde antes del principio de los tiempos, teniendo en su naturaleza y vocación de permanencia el elemento más incómodo de cuantas cualidades le adornan, que está en todas partes, aunque muchos puedan negar que exista, bien por un convencimiento más o menos teórico bien por la propia experiencia de la vida, que no siempre es tan grata dado que entra en juego esa excusa tan recurrente y ya nombrada del libre albedrío. “La luz es el primer animal visible de lo invisible”, nos descubrió el cubano José Lezama Lima (1910-1976) en su poema “Las siete alegorías”, que yo leí hace tiempo en “La muerte de narciso” (1978), cuidada antología del poeta de La Habana llevada a cabo por el mexicano David Huerta (1949-2022), y esta afirmación connota una verdad profunda que abre el mundo a dimensiones inimaginables, porque, en realidad, de lo que hablo es del amor, que es la barrera coralina y natural, infranqueable pero vulnerable, con la que cuenta la Luz –pues no hay Luz sin amor– para defenderse de los furibundos y sordos, brutales, ataques de la oscuridad, y esto explica que cuando nos encontramos frente al amor nos lo cuestionemos en lugar de vivirlo, lo cual es una pena, pues no siendo menos cierto que vivir en la oscuridad no nos complica sino todo lo contrario persistir en la Luz se nos hace a veces cuanto menos un galimatías.
 __________
Nota del autor
Volveré por estos fueros y seguiré abundando en estas reflexiones recurrentes en mí, como ya lo hice de uno u otro modo, a lo largo de estos años, en este ‘Lineas de desnudo’ que es ya más de ustedes que mío, como en mis ‘Deseo de fuego’, ‘Escribir de amor’, ‘Vivir es amar’, ‘Confesión de urgencia’, ‘Declaración de intenciones’, ‘Feels so good’, ‘Declaración de reconocimiento’, ‘Aspirar a la luz’, ‘Mi carta a los Reyes Magos’, ‘La deriva’, ‘Es como si mi tiempo se acabara’ o, en tiempos más recientes, ‘No hay extensión más grande que mi herida’ o ‘El libre albedrío’, solo por señalar unos pocos.  
   
Imagen que se usó para ilustrar la portada de ‘Primera Claridad. Antología literaria del Liceo Navarro’ (Pamplona, España, 1990), primer libro editado por M. P.-P., y que luego fue emblema de Sediento Ediciones en su etapa 2015-2017. Nota dos del autor: Este ojo podría estar cerrándose, pero siempre lo ví como un ojo que comienza a despertar…
Fuente de la imagen: Archivo personal de M. P.-P. Origen: Desconocido, fruto de una búsqueda del diseñador editorial del libro mencionado en el pie de foto, Gabriel M. Campanario.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 111. El pasmo. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 111

El pasmo
Por Manuel Pérez-Petit

No son los tres sudamericanos, aquellos que cantaban “¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿adónde voy?” Tienen en común ser andaluces –como yo– y, de manera más específica, de Cádiz y Sevilla, esto es, de Andalucía la baja, en la que el valle del río Guadalquivir casi se confunde con el océano y puede uno tocar Cuba con la palma de la mano y hasta vislumbrar en las tardes claras de buenos aires la embocadura del río de la Plata. Son tres personajes que se visten de luces. Tienen, como en cierto modo el Séneca, personaje del denostado poeta pero no por ello menos notable José María Pemán (1897-1981), gaditano como su “enemigo” el también poeta y grande que aún siendo de Cádiz era de El Puerto de Santa María Rafael Alberti (1902-1999), quien se carcajeaba de sí mismo por haber pasado de escribir el muy serio poemario “Sobre los angeles” (1929) a ser “el poeta del partido”, con sus “Coplas de Juan Panadero” (1949 y 1977), eso que en mi tierra llaman ‘pasmo’, palabra que el Diccionario de la Lengua española (DLE) define, en su primera acepción, como “Admiración y asombro extremados, que dejan como en suspenso la razón y el discurso”, y que en Sevilla y Cádiz, acaso sublimando aquello atribuido al poeta y ganadero Fernando Villalón (1881-1930) de que “el mundo se divide en dos grandes partes, Sevilla y Cadiz”, se lleva aún más allá, aplicando a la palabra una connotación hiperbólica –si hay un sinónimo de la palabra Andalucía, y más en referencia a la baja, es la palabra hipérbole–, mediante la cual ‘pasmo’ ya no es la admiración y el asombro extremado que causa nada sino aquello que lo causa y, por tanto, ya no se trata de algo de fuera sino de dentro, de la reacción en los demás sino del propio objeto que la causa. Así, Juan Belmonte (1892-1962), “El pasmo de Triana”, leyenda del toreo, que se ponía ante el toro como un don tancredo para que pasara lo que tuviera que pasar, pues no en vano, “más cornadas da el hambre” –que inspiró, por ejemplo, al mexicano Luis Spota (1925-1985) para una de sus novelas–, proverbio taurino que muchos le atribuyen a este fundador del toreo moderno junto a José Gómez Ortega (1895-1920), más conocido como Joselito o como “El Gallo“, quienes tomando la tradición nacida en los tiempos rondeños de Francisco Romero (1700-1763) y, sobre todo, su nieto Pedro Romero (1754-1839), que plasmó para siempre Francisco de Goya (1746-1828) en su “La tauromaquia” (1826), colección de estampas de grabado únicas de la historia del toreo, y de la edad de oro del matadero de Sevilla, en que Joaquín Rodríguez (1743-1800), que pasó a la historia por su sobrenombre, “Costillares”, por poseer una gran habilidad en abrir en canal las reses y despiezarlas, que era el oficio de su familia, perfeccionó el pase mágico y pasmoso llamado “verónica de frente”, deteniendo el tiempo del toreo hasta hace un siglo, que es el que hoy, con sus más y con sus menos, conocemos, y aún más de cerca, con estos tres personajes, ejecutantes como ninguno de la verónica, de los que iba a hablar hoy y sobre a los que al final apenas apenas paso por encima: Curro Romero, Morante de la Puebla y Joaquín Sánchez. Dos sevillanos, uno de Camas y el otro de La Puebla del Río, y un gaditano, de El Puerto de Santa María, que tienen en común el río Guadalquivir y el pasmo del que hablo. A Curro, hoy un semidios venerado, se le iba a ver aunque fuera solo por hacer el paseíllo –yo le vi dar con la muleta cinco series de naturales, pase que se da con la izquierda, siendo los que se dan con la derecha derechazos, un miércoles de feria de abril de la prehistoria, de aquellos que te quitan las ganas de regresar a la plaza porque no es posible ver cosa igual ya más–, Morante, que, como éste, es capaz de hacer que el tiempo se detenga en hace un siglo y de detenerse como estatua en el intento, de dejarse ir y levantarse como descendiente de Hércules, fundador de Sevilla y Cádiz, y Joaquín, la leyenda del Real Betis Balompié, que casi no ha tenido lesiones en toda su carrera, y va y se rompe justo a punto de batir todos los registros históricos del fútbol. Eso tiene el pasmo, que es como entregar la cuchara sin entregarla, la sublimación de lo posible y lo imposible, el orgasmo sin sexo. Y quizá hable de esto mismo en un nuevo artículo no muy lejano, pues hoy el mundo puede que lo requiera, sobre todo por el “¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿adónde voy?”, de eso que en mi tierra se llama el pasmo. 
El torero Juan Belmonte en la portada de la revista Time del 5 de enero de 1925.
Fotografía: De dominio púbico. Tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:TimeCover19250105.jpg

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 110. La muerte del cacique. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 110

La muerte del cacique
Por Manuel Pérez-Petit

A vueltas con la tan celebrada entrevista que a la maestra Maricruz Patiño realicé para Temas y +temas del pasado viernes día 7, decía la poeta que a Carlos Fuentes cuando escribió “La muerte de Artemio Cruz” le pudo haber pasado como a Octavio Paz con “El laberinto de la soledad”. “Carlos Fuentes era un tipo fino –comentaba Patiño–, de clase social más o menos acomodada, y de pronto escribe ‘Artemio Cruz’... ¿De dónde le salió el cacique? Pues del cacique que todos los mexicanos llevamos inoculado en nuestro inconsciente colectivo”.
            El Diccionario de la Lengua Española (DLE) cuenta con cuatro definiciones para la voz ‘cacique’. La primera de ellas (“Gobernante o jefe de una comunidad o pueblo de indios”) no viene al caso respecto de este artículo, como tampoco la cuarta (“Mujer del cacique”), pero sí la segunda (“Persona que en una colectividad o grupo ejerce un poder abusivo”) y la tercera (“Persona que en un pueblo o comarca ejerce excesiva influencia en asuntos políticos”). Anótese que en estas dos últimas se usa un adjetivo (“abusivo” en la primera y “excesiva” en la segunda). ¿Puede deducirse, pues, que si todo mexicano lleva en la sangre un cacique todo mexicano es excesivo y abusivo? No lo creo, pero sí estoy convencido de que todo mexicano que sea cacique lo es.
            Ninguna feria del libro del mundo, por ejemplo, aun teniendo una cabeza es personalista. Eso solo pasa en México. Los méritos de Raúl Padilla López (1954-2023), que falleció por voluntad propia hace unos días, son indudables. Sin él, por ejemplo, la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, que sigue siendo el evento de promoción del libro y la lectura más importante del idioma español en el mundo, no sería lo mismo, como tampoco lo sería la Universidad de Guadalajara, Jalisco, México, y debo reconocer sentirme impactado con la de ríos de tinta que ha supuesto la desaparición del cacique –perdón, prócer– jalisciense. Es imposible hoy no encontrar en dónde leer acerca de Padilla, por lo que me lo ahorro, y debo reconocer que el personaje lega, a partes iguales, luz y oscuridad, incluso en su afán de demostrar quién lleva las pistolas, cosa de la que hizo gala hasta el mismo momento de su muerte, dejando incluso una nota, como los poetas malditos, de despedida que sigue siendo un misterio. Fue el paradigma del afán de protagonismo que todo cacique que se precie debe llevar a gala. Pasa en un buen montón de ferias de libro mexicanas, que llevan por bandera el nombre de alguien sin el que el acontecimiento no parece ser posible. Personas concretas que por lo general se aferran al sillón como si el mundo dependiera de ellos. Me ahorro también nombrar casos, para evitar los efectos de mi providencial capacidad de hacer amigos, pero desde cualquier punto de vista es inconcebible que al frente de un acontecimiento público de gran magnitud pueda estar la misma persona durante diez, quince, veinte o más años, cosa que ocurre solo en México, donde el caciquismo es una forma de vida, pues en el resto de países que uno conoce los eventos de esta naturaleza son dirigidos por consorcios, agrupaciones o comités integradores de los agentes del sector. Y no digamos las universidades, que no tienen un dueño fijo con nombre y apellidos, como también ocurre aquí. 
            Ante la muerte del cacique tenemos en México la oportunidad de oro de evolucionar a otro tipo de organizaciones de los grandes eventos, al menos en lo que se refiere al libro y la lectura, al punto de que estoy convencido de que con el deceso de Raúl Padilla, que descanse en paz y descansemos, con todas las incógnitas e incertidumbres que genera, se acaba la era del cacique cultural lleno de testosterona y puede comenzar la modernidad en la gestión cultural mexicana, que ya es hora.
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Nota del autor
He sido crítico con la gestión de de la FIL en los últimos años, como puede comprobarse en mis "Por qué hoy prefiero el “¡Oh, Juan Miguel!” a la FIL" y "¿Adónde vas, FIL?", publicados el 12 y el 13 de diciembre de 2021, y en "El misterio del documento de la FIL", del 11 de marzo de 2022, que están en comunicación directa con este de hoy, y a través de los cuales pretendo aportar mi granito para una nueva era cultural sin caciques, pese a lo bueno, que es mucho, y a lo malo, que no es menos, que conllevan, en México.  
   
Cartel de la FIL 2023, la primera de la era post Padilla.
Fuente de la fotografía: https://www.fil.com.mx/media/carteles.asp

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 109. Recuperar a Octavio Paz. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 109

Recuperar a Octavio Paz
Por Manuel Pérez-Petit

Este viernes 7 de abril me tocó hacerme cargo de Temas y +temas, que, como saben, es el programa de radio y tv en que, bajo la dirección de mi muy querido Miguel Bárcena, corajudo y preclaro periodista de raza, colaboro desde hace tiempo. Hacer periodismo es algo en lo que me va la vida y es casi lo único por lo que lo cambiaría todo…

A Maricruz Patiño

La Semana Santa es un montón de días sin magia y sin sorpresas –y en eso se diferencia de la Navidad– en que no hay nada que hacer o en que se hace cada año una y otra vez las mismas cosas. Como decía en mi anterior artículo, Todos los santos tienen octava, por lo general y salvo honrosas excepciones, en Semana Santa nunca pasada nada... Pero este año se ha llevado la palma y ha sido de órdago. Recuperen la costumbre de leer la prensa, y así me evito tener que enumerarles la de cosas que han pasado. Algunas de ellas terribles, sí, pero grandiosas, y es que cuando la actualidad se pone gritona desconoce la existencia de las minúsculas.
            De manera particular en mi caso ha sido anodina hasta antes de ayer, jueves, en que estuve conversando con una de las pocas personas que pueden presumir de haber sido y ser discípulas nada menos que de Octavio Paz (1914-1998), la que en mi opinión es la más importante poeta viva de México en la actualidad, Maricruz Patiño (1950), y aprovechamos para grabar lo que podríamos denominar entrevista pero que en realidad fue una clase magistral por su parte. De toda nuestra larga conversación salieron, y ya no pude editar ni recortar más, dieciocho minutos memorables, que fueron emitidos ayer en Temas y +temas, ocupando toda la segunda mitad de la emisión. Mis lectores saben que nunca los remito a que vean mis otros “trabajos”, pero hoy les recomiendo que lo hagan. Abajo les dejo algunos enlaces en que pueden disfrutar del conversatorio y de la propia Maricruz Patiño. No hay ahí un minuto que no merezca la pena ser escuchado. 
            25 años después de su fallecimiento, a Octavio Paz le han dedicado una casa museo, cosa que le dedican a cualquiera pero que hasta ahora nadie había dedicado al más importante poeta mexicano de todos los tiempos. “No sabes lo feliz que estoy –decía Maricruz, casi al final de la entrevista–, y, además, por desempolvar y deshacer esa historia negra que le han hecho a Paz. Trataron de apropiarse de él los de Letras Libres, pero yo creo que es un bien intangible nacional, por lo que no se lo pueden agenciar grupúsculos de intelectuales orgánicos para hacerlo pasar a la historia como un reaccionario de mierda”. 
            Pero lo cierto es que Octavio Paz es hoy un perfecto desconocido, ¿qué podemos hacer para recuperarlo? Maricruz lo tiene claro: “Para empezar, el Fondo de Cultura Económica debería publicar “Piedra de sol” en una edición barata y de bolsillo, y casi regalarla a todo el país. Creo que la manera de difundir a los poetas es haciendo que su obra se lea. Hay que hacer ediciones muy baratas de su obra, al menos de la más asequible, para empezarlo a dar a conocer, para que la gente al menos sepa su nombre...”
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Nota del autor
No hay felicidad que dure nada. Ayer, tras la emisión del programa, me sentía feliz, pero esta mañana recibí el mazazo terrible de la noticia del fallecimiento de Lourdes, hermana de mi muy querida Rosa Pereda, amiga que fue de Paz, por cierto, a quien he mandado un abrazo transoceánico lleno del cariño de media vida. Tanto ella como Lulú, que ahora está en el Cielo, saben bien lo que siento, y lo que las quiero. Descanse en paz.
 
   
 El 5 de marzo de 2012, en la XXXIII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en el evento de presentación de Sediento Ediciones, en el marco del Pabellón Estado de México. Justo detrás de M. P.-P., con camisa morada, Maricruz Patiño. A su derecha, Guillermo Fajardo, Lorena Aguilar y Elia Vargas Sastré, y a su izquierda, Maria Merced Nájera Migoni y Jorge Gutiérrez, por aquel entonces Jorge Leroux. Agachados, a la derecha de M., Javier Trejo, y al extremo de su izquierda Alberto Zuckermann. Con apenas siete meses de vida, qué catálogo tenía ya por entonces Sediento Ediciones…
Fuente de la fotografía: Archivo de Sediento Ediciones, propiedad de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, escritor, editor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 108. Todos los santos tienen octava. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 108

Todos los santos tienen octava
Por Manuel Pérez-Petit

Por estar de vacaciones o por relajarnos en fechas en que se reduce la actividad general o sabe Dios por qué, nos pilla a casi todos fuera de juego, y esa es la clave por la que la Semana Santa es tiempo propicio para generar noticias importantes. Los motivos son un misterio, pues en apariencia no tiene mucho sentido, salvo si la intención es copar portadas de la prensa, pero no creo que los sesudos comunicólogos y publicistas de turno se hagan planteamientos tan simples. Estos días son, por decirlo de algún modo, por su condición original, de baja intensidad informativa, y así viene siendo desde siempre, y desde siempre hay ‘bombazos’ en esta semana que por su naturaleza es, cuanto menos, de reflexión y, sobre todo, de descanso. Esta ya tradicional efervescencia noticiosa semanasantera la entiendo, en cierto modo, como fruto de la paulatina e inexorable desacralización de nuestras vidas, máxime cuando los asuntos religiosos se vienen transformando de facto en materia cultural y no espiritual desde hace años, incluso generaciones. Como ejemplo, me ha venido a la memoria la legalización del Partido Comunista de España, que tuvo lugar el 9 de abril de 1977, sábado santo nada menos, en un país hipercatólico e hiperconvulso por aquellos tiempos pero en el que los dirigentes tenían claro su proyecto de levantar una verdadera democracia.
            En efecto, siempre hay ‘bombas’ informativas en estas fechas, por lo que uno ya ni puede relajarse. Solo en México han tenido lugar dos acontecimientos que, incluso, van más allá de lo cultural y no necesitarían de fechas vacías de información para tener lugar en las aperturas de los medios:
            El 31 de marzo, viernes de Dolores, cuando millones de personas están por irse a desconectar del mundo pero, eso sí, coincidiendo con el 108 aniversario del natalicio del poeta, fue inaugurada la Casa Museo Marie José y Octavio Paz, dando por fin salida a uno de los asuntos en mi opinión más vergonzosos e incomprensibles de la historia reciente de México, el del escritor mexicano más importante del siglo XX, querido por muchos y denostado por no menos pero de cuya entidad literaria y cultural al país nadie debió haber dudado nunca. Y quizá nadie dudó nunca, pero hace más de dos decenios que murió el poeta y no existía lugar al que ir a visitarlo. Al frente de tan magna institución han puesto a una personalidad de aparente bajo perfil pero impecable trayectoria como la poeta, gestora y editora Leticia Luna, a quien deseo la mejor de las venturas en esta responsabilidad. Hay mucho que hacer, desde luego, y no me refiero de manera específica a recuperar el tiempo perdido. 
            El 2 de abril, domingo de Ramos, Raúl Padilla López, el gran jefe de la Universidad de Guadalajara, México, y hacedor y factótum de la Feria Internacional del Libro (FIL), decidió por voluntad propia entregar la cuchara en su domicilio jaliscience, en un último acto de soberbia o quién sabe si de poco probable rendición, con una misteriosa nota de despedida que hace, por lo visto, temblar de pánico a más de uno, cuyo contenido desconocemos pero que algún día, tal vez cercano, dejará de ser un misterio.
            No me detengo en otros acontecimientos noticiosos de estos mismos días, como en la carta del presidente López Obrador a su homólogo chino, Xi Jinping, para frenar los envíos de la droga de moda, el fentanilo, hacia México, “por razones humanitarias” y “por los groseros amagos” de legisladores estadounidenses “para invadir México”, o en la compra por parte del gobierno mexicano de 13 plantas generadoras de energía a la hasta no hace poco multinacional “enemiga” española Iberdrola por cerca de seis mil millones de dólares, que el propio presidente define como “nacionalización”, que tuvieron lugar ayer, día 4 de abril, martes santo.
            Me quedo, pues, con el monumental acto de justicia que supone que por fin se haya abierto una Casa Museo de Paz y con el fallecimiento prematuro de Raúl Padilla, y dado que todos los santos tienen octava, lean esto como una especie de sumario de mis próximos dos artículos... Y es que es lo que pasa: se ausenta uno por unos días y zas, le llueven las noticias. Hoy ya no hay derecho a los descansos...
   
En un acto de justicia superlativo, por fin existe una Casa Museo de Octavio Paz (1914-1998).
Autor de la fotografía: Rafael Doniz. Fuente: Fototeca de Zona Paz. Tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Octavio_Paz_-_Entre_Libros.jpg. Licencia: Creative Commons Atribución-Compartir Igual 4.0 Internacional. 

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Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 107. Declaración de lluvia. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 107

Declaración de lluvia
Por Manuel Pérez-Petit

En la tarde de ayer domingo iba y venía la lluvia como cartero despistado que debe volver a recorrer la misma calle para entregar la carta que se le escurrió en el carrito al lugar que no debía. Aparecía y desaparecía y volvía a aparecer durante parte de la tarde, y en algún mornento soltó su buena dosis de granizo, que para ella es como tocar la puerta, paso previo a ser recibida; el aldabón a través del que se anuncia, más efectivo incluso que los relámpagos que la han acompañado, y debo confesar que el granizo, incluso el de la vida, me golpea más fuerte que el trueno.
            Como ahora vivo en una zona alta de esta milagrosa y fatalista ciudad del valle, la calle se cubrió de salvajes escorrentías que bien conozco de acá y, en realidad, de todos los sitios que he pisado a lo largo de mi azarosa vida porque soy Sísifo, y subo por mi voluntad, al límite de mis fuerzas, y bajo arrastrado, con toda la gracilidad que para subir no tengo pero contra mi deseo, y no consigo nunca liberarme de mi condena, acerca de la cual comienzo a sospechar con fundamento que no tiene cura, y aun así, terco como soy, no pierdo la esperanza.
            Las coladeras, que es como aquí se llama a las alcantarillas, se suelen convertir, y ayer pasó, en surtidores que adornan como jardín la calle, pues el agua no puede pasar a la red de saneamiento –que debe haberla, supongo– a causa de la basura acumulada, o quizá sean géiseres y me engañan estos ojos míos que cada día ven menos y peor, pero no me consuela aquello de que tener poca vista pudiera ser una bendición para lo que hay que ver, pues me rebelo ante ello y veo mucho más que lo que miro, incluso demasiadas veces a mi pesar. 
            Ubicado al fondo de un patio de vecindad de tan solo tres vecinos, mi departamento de planta baja tiene dos puertas pintadas de blanco, una de metal y otra de madera. Suelo entrar por esta segunda que es la que tiene chapa –en otros sitios, cerradura–. Salí ayer tarde antes de que lloviera, a comprar algo de pan y un poco de jamón para la cena, y como el tequila ya lo tengo en casa me ahorré comprar el trago. Cuando regresé, he descubierto que el piso –léase suelo–  del dormitorio estaba cubierto por una fina capa de agua. No cabe duda de que la lluvia me quiere como amigo.
            Yo también quiero a la lluvia como amiga, debo reconocerlo, como también que hay amistades que matan –es un decir– y que algunos excesos de confianza resultan eso, excesivos –lo digo de este modo para no complicarme–. En realidad, me encanta la lluvia, y hasta me casaría con ella, al fin y al cabo me da paz tanto cuando la veo como cuando la siento, y ya va siendo hora. La lluvia es, a mi entender, como el verbo, el primer paso decidido hacia la vida. Hoy la lluvia es, al menos en nuestras urbes, sucia, pero en su naturaleza es prístina y me empapa hasta los huesos.
            Puede que anoche durmiera en una barca, e incluso lo hubiera agradecido: esa posible realidad no deja ser una metáfora de mi existir y transcurrir por la vida; esta sucesión incontenible de naufragios y lágrimas –agua salada, por cierto–, las buenas y las malas, con que me confundo a cada paso y más que nunca cuando llueve y me abro como todas las rosas recién llegada la primavera, como por ensalmo, de tal modo que siempre recuerdo al poeta estadounidense e. e. cummings (1894-1962), gracias a cuya lectura con quince años aprendí a amar la lluvia, y me siento en su verso “Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas” para reafirmar mi vocación a la vida.
   
Firma autógrafa de e. e. cummings, de fecha desconocida.
Fuente de la fotografía: Heritage Auctions. Tomada de: https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:EE_Cummings_signature.svg

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Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.