Revista

Líneas de desnudo. 55. Un deseo para Cuba (1). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 55

Un deseo para Cuba (1)
Por Manuel Pérez-Petit

La revolución defiende la libertad

Fidel Castro, 1961
En un famoso discurso pronunciado en 1961, titulado Palabras a los intelectuales, como conclusión de unas reuniones con los intelectuales cubanos que tuvieron lugar en la Biblioteca Nacional de Cuba, en La Habana, Fidel Castro Ruz (1926-2016) reflexionó: “(...) El problema que aquí se ha estado discutiendo es el problema de la libertad de los escritores y de los artistas para expresarse.  El temor que aquí ha inquietado es si la Revolución va a ahogar esa libertad, es si la Revolución va a sofocar el espíritu creador de los escritores y de los artistas. (...) La cuestión se hace más sutil y se convierte verdaderamente en el punto esencial de la cuestión cuando se trata de la libertad de contenido. Es ahí el punto más sutil, porque es el que está expuesto a las más diversas interpretaciones. Es el punto más polémico de esta cuestión: si debe haber o no una absoluta libertad de contenido en la expresión artística. Nos parece que algunos compañeros defienden ese punto de vista. Quizás el temor a eso que llamaban prohibiciones, regulaciones, limitaciones, reglas, autoridades para decidir sobre la cuestión. Permítanme decirles en primer lugar que la Revolución defiende la libertad, que la Revolución ha traído al país una suma muy grande de libertades, que la Revolución no puede ser por esencia enemiga de las libertades; que si la preocupación de alguno es que la Revolución vaya a asfixiar su espíritu creador, que esa preocupación es innecesaria, que esa preocupación no tiene razón de ser (...)”.
            Ahora que el personaje –Fidel Castro– ya no está con nosotros, he vuelto mis ojos hacia Cuba, que a día de hoy se rige por los mismos principios y teorías, llevadas siempre a la práctica en su sentido inverso, con una coherente política respecto a los creadores de cultura: la negación de la libertad. Y eso que una de las cabezas más significadas de la Revolución era un artista, Ernesto Che Guevara (1928-1967), cuyo vuelo creador literario terminará teniendo hueco a buen seguro –cuando la crítica la deslinde de su compromiso y acción políticos– en la historia de la literatura latinoamericana.
            En el ámbito literario, que es el que aunque sea un poco conozco, grandes figuras como José Lezama Lima (1910-1976), Virgilio Piñera (1912-1979), Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), Raúl Rivero (1945-2001), Heberto Padilla (1932-2000) o Reinaldo Arenas (1943-1990) fueron críticos con la Revolución cubana, unos más y otros menos, todos sin excepción sufrieron algún tipo de represalia, prisión o exilio, y de igual modo fueron objeto de escarnio por parte del régimen, tratados con apelativos como “gusanos”, “farsantes” o “erróneos” en alguno o en muchos momentos de sus trayectorias, y no solo por sus críticas sino también por cuestiones como su condición sexual o la lectura de unos poemas. Ni ellos ni muchos otros se libraron de estar sometidos a ese concepto de libertad tan pregonado por la Revolución y tan férreo a la vez en su lucha contra la libertad, lo cual es paradójico, pues en el sistema educativo cubano la lectura siempre tuvo un papel protagonista, al punto de que quizá los niños de varias generaciones cubanas sean los que más hayan leído de todos los países del mundo en la segunda mitad de la centuria pasada. 
            Lezama Lima fue ostrado por su novela Paradiso, una de las cumbres de la literatura en español del siglo XX, y sufrió la prohibición de la edición de sus obras o la omisión incluso de su nombre en los medios cuando se puso en marcha el llamado "Quinquenio gris" (1971-1976), un período en el que el intento de imponer el realismo socialista desde los organismos culturales oficiales provocó una ola de persecución y censura a escritores y artistas considerados "contrarrevolucionarios", como él, Heberto Padilla (cuyo encarcelamiento por la lectura de unos poemas provocó la ruptura del mundo intelectual internacional con la Revolución) o Virgilio Piñera y Reinaldo Arenas, éstos últimos por su condición sexual. 
            El caso de Reinaldo Arenas, poeta de largo aliento y narrador importante, fue especialmente llamativo, sobre todo a raíz de la publicación de su novela autobiográfica Antes que anochezca, que tuvo gran impacto internacional desde el primer momento, por cuanto pasa por ser el testimonio más desgarrado de la vivencia de un artista bajo el régimen cubano. Su afamadísima adaptación al cine, dirigida por el aclamado Julian Schnabel, pintor y director de cine estadounidense de origen judío, y protagonizada por el actor español Javier Bardem –su actuación le valió una nominación al premio Oscar al mejor actor–, no hizo más que refrendar el impacto mundial de la obra.
            El asunto de Raúl Rivero es diferente, y también muy conocido. Periodista de profesión, adepto como tal a la Revolución en primera instancia, no tardó mucho en desvincularse de ella, reclamando libertad de conciencia, por lo que fue encarcelado, pero la presión internacional consiguió su liberación y su posterior exilio en España. Como poeta se encuadró en una corriente coloquialista de gran auge en Cuba en los años setenta y ochenta del siglo pasado, por lo que también fue objeto de censura... Fíjense, en un país cuya cabeza pensante dijo: “que la Revolución defiende la libertad”...
            
            (Continuará...)
 Fidel Castro, en 1961, en su discurso Palabras a los intelectuales.
Fotografía: Archivo de Cubanet. https://www.cubanet.org/destacados/a-55-anos-de-las-palabras-a-los-intelectuales/

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Polvo del camino. 98. Écfrasis. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 98

Écfrasis

Héctor Cortés Mandujano


Dice Renoir, citado en El impresionismo (Editorial Hermes, 1957), de Peter de Francia, con 24 reproducciones seleccionadas por Viktor Griessmaier (p. 5): “Una mañana estábamos pintando cuando uno de nosotros se quedó sin negro y empleó en su lugar el azul… El impresionismo había nacido”.
	El impresionismo no buscaba la fotografía perfecta, sino comunicar la impresión del pintor ante lo que miraba. No fue fácil al principio, porque (p. 7) “la imagen más bien resume que explica y la pintura tiene una cualidad que la hace parecer instintiva”. 
	La gente quería que la pintura fuera bonita, fiel al modelo, y por eso (p. 8) “el impresionismo señala el comienzo de una violenta aceleración del divorcio radical entre el público y el artista”.
	En la lámina 11, “Le Pont Neuf”, de Auguste Renoir, escribe el crítico: “Realistas en su temática, los impresionistas lo eran aún más en sus esfuerzos por transcribir ese elemento de la naturaleza que es el más realista y a la vez el menos expresable, el más fugaz: el espacio expresado en términos de atmósfera”.

Sobre el mismo tema leo-veo el libro de gran formato, con reproducciones en fino papel, en vivos colores, El salón de los impresionistas: Pissarro, Manet, Degas, Monet, Renoir, que forma parte de la colección Los grandes maestros de la pintura universal (Fabbri Editori, 1980), en donde cada selección de reproducciones (catorce de cada uno) es acompañada por una biografía y un ensayo.
	Cita Dario Durbe en su ensayo lo que Edouard Manet dijo luego de no ser comprendido como artista durante su accidentada vida (p. 35): “No me disgustaría poder leer finalmente, mientras aún vivo, el extraordinario artículo que me dedicarán apenas muera”.
	Claude Monet (“Pinto como canta el pájaro”), dice Alberto Martini, pintaba sin los detalles que requiere la mirada atenta y diferenciadora, puntillosa y clínica. Cézanne dijo de él (p. 104): “Monet solamente es un ojo, pero ¡mi Dios, qué ojo!”. Una anécdota define su interés (p. 107): “Cuando Renoir lo lleva al Louvre a estudiar a los maestros él prefiere mirar por la ventana y anotar sobre la tela las impresiones que la naturaleza suscita directamente sobre él” (el cuadro está en el libro, se llama Saint-Germain l’Auxerrois).  
	Pierre Auguste Renoir también se sentía muy atraído por la naturaleza. Dice Alberto Martini en su ensayo (p. 132) “Ante la elección de la representación de una flor o de una ‘idea’, Renoir no duda en elegir la primera”.
	Cita directamente a Renoir (p. 134): “A mí me gustan los cuadros que me provocan el deseo de pasearme dentro de ellos si representan paisajes, de acariciarlos si representan mujeres”.
	Lo dicho aquí, claro, es sólo écfrasis (“descripción precisa y detallada de un objeto artístico”, según la RAE); lo ideal será, lector, lectora, que mires los cuadros, que te metas a ellos, que los sientas y, si quieres, hagas tu propia écfrasis. Te abrazo.

 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Alejandro Nudding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Cajón de rubores. 4. El viejo guitarrista ciego. Antonio Florido

Cajón de rubores / 4

Fisonomía 4 
El viejo guitarrista ciego

Por Antonio Florido

       

Digamos sí, que “el color es el punto de partida de la pintura moderna”, como afirmara Francastel, y a la vista del cuadro nos zambullimos en un doble o triple significado, tal vez más. Una vida que termina en lánguida apariencia, que se resiste agarrada a la forma femenina. Una vida en azul, en azul analogía, variable en gracia, viva de contento, como el cielo amplio y liso de un día tranquilo y luminoso. ¿Acaso el añil no es precioso y calmo, no es quizás el azur una alocada melodía, no es tal vez lo marino símbolo de nuestros sueños más profundos, no es, díganme, el cerúleo pigmento del amor apasionado la madreselva de las esperanzas?

Azul intenso en la mirada fosca, azul lechoso en su brazo trémulo, azul blanco, sí, blanco, en los huesos y cabeza, azul de miedo, en la trasera de lo oculto, azul en fuga, hasta alcanzar la nauseabunda colchada de un azul de muerte y, sobre este color de alegría, escondida entre sus brazos, mírenlo, la hermosa figura, la curva quieta, la espera eterna de unos dedos cultos… La columna erguida, como la muchacha del lejano verso, la que miraba absorta la altura hecha palmera…

No es un cuatro ni un requinto, de charango nada, es la curva perseguida y larga, el comienzo de la poesía que viaja por el aire, el brazo lacio que se agita, la frente seria, los ojos muertos, vivos, es la pierna que tembleca, el zapato que de pronto salta, no, no se trata de silencios…

Cuatro paredes, techo, suelo, la tarima que se yergue, una silla teatrera, un paseo largo con la mirada baja, el pecho comprimido, el poder de la palabra, la punzada en la cuerda que se atreve, el chillido vuela…

Suenan los latinos en la sala acompañada. El guitarrista ha despertado, mueve los dedos, pide, reza, piensa en la siguiente cuerda, una, tres que enlaza a la primera. Avanza la mirada, piensa, reta, dedos que pulen el dolor de la ignorancia. Así una, varias veces, en ocasiones claman, observan las butacas muertas, la gente bulle, estudia la apolínea majestad de esas manos, sangran las miradas.

¿Música que suena como música? No. Busco llegar a algo que no resulte conocido, el misterio de la cuerda, la caja que me llama, los nudillos golpeando; las olas en lontananza suben, bajan, arrastran los sentimientos, llueve sobre el tablao de la guitarra, caen cintas de colores, suben cuerpos en la plaza…

Estás tú y la música, debajo no hay nada.

“Los colores se corresponden con su música y la música con sus colores”.
Guitarra azul, mirada zarca, zarcos dedos en el azul moribundo de una noche fría. Camina con su mujer al hombro, la cabeza baja; los brazos, verdaderos sufridores del silencio. Le veo en la lejana calle, se va marchando, se va perdiendo, espalda curva, curva acera, paso lento, suave agonía en su rostro, mansa risa en las hendiduras.

La noche pura, fría, silenciosa, mira al hombre que tocó en un azul desmayado.


 
 

El viejo guitarrista ciego (1903). Picasso (1881-1973).




*Sobre el autor:

Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta

Carmona, España, 1965.

Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción peruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista en diversos medios de comunicación.

Líneas de desnudo. 54. ¡Jag Jánuca Sameaj! Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 54

¡Jag Jánuca Sameaj!
Por Manuel Pérez-Petit

En este 2021 (p. año II de la Era de la p. pandemia), desde el pasado domingo 28 de noviembre y hasta el próximo lunes 6 de diciembre el pueblo judío celebra el Janucá, fiesta de las luces o luminarias, más necesaria que nunca, si cabe, en la desolación en que el mundo se ha convertido de no mucho tiempo a esta parte.
            Se trata de una fiesta movible, una celebración hebrea que inicia el 25 de kislev según el calendario judío, y se extiende por ocho días corridos, hasta el día 2 de tevet, y con la que se conmemora la derrota de los helenos y la recuperación de la independencia judía a manos de los macabeos y la purificación del templo de Jerusalén de los iconos paganos, de la que se recuerda de manera especial el milagro del candelabro, que se mantuvo prendido durante ocho días con una exigua cantidad de aceite. Eso ocurrió hace más de dos mil doscientos años. Acerca de esta historia, sus antecedentes, su desarrollo y su trascendencia, se puede consultar y leer una gran cantidad de textos y documentación de bastante fácil acceso, y la verdad es que merece la pena.
            En 2009 celebré por primera vez el Janucá. Aunque soy católico –y convencido– debo reconocer mi afecto y simpatía por el pueblo judío. La misma Iglesia Católica reconoce al judaísmo como "el hermano mayor" del cristianismo, pero de manera independiente de ello, observo en la intimidad y celebro con humildad, admiración y respeto desde entonces las principales celebraciones judías. He tenido y tengo grandes amigos que son judíos y hasta en mis proyectos editoriales he dedicado especial atención a ellos, al punto de que incluso presumo de ser editor de muchos de ellos, que me han concedido el honor de confiarme siempre brillantes obras literarias. 
            En aquella ocasión, hace ahora doce años, estuve prendiendo una vela diaria –más la central del candelabro, januquilla o menorá, que se prende siempre–, y escribiendo un pensamiento, que recogí en mi poema “Prendí ocho velas y ocho pensamientos durante ocho días para conmemorar la luz”, perteneciente a mi serie “Mi pensamiento”, escrita entre 2005 y 2010, que solo fue publicada de manera fragmentaria en mi libro “Creo en los milagros, antología personal 1985-2009 (primera edición, Cascada de palabras; segunda edición ampliada y revisada, Morvoz, Hyperversos y Trajín, 2011, México), y que releído y revisado, traigo aquí. 

Prendí ocho velas y ocho pensamientos durante ocho días para conmemorar la luz 

A Marcos-Ricardo Barnatán y a Armando Felipe Soltanovich Goldman, por diferentes razones y la misma.

            Primera vela: Vivir con fe
            Manuel Pérez-Petit cree que tantas cosas por las que merece vivir al final se convierten en lo mismo: en despedida, y cree que toda despedida es un encuentro, por lo que se mantiene a la espera, y encenderá… por primera vez en su vida, con todos los respetos y lleno de fe, las ocho velas que recuerdan el milagro.

            Segunda vela: Amar a la pareja
            Paciencia es lo que ahora tengo, pero también sufrimiento. Por lo que me ha pasado, por mi propia vida. Por mi impotencia, mis limitaciones..., por ser tan asequible a las sirenas. Me conozco mejor, pero ando sin rumbo y sin asiento. Ya no me lamento por los errores. Me asumo como nunca. No estoy derrotado, pese a que me cubre un manto de derrota. Ahora prendo luces. Y cada vela me recuerda que mi patria está en la mujer que amo.

            Tercera vela: Amar a los hijos
            No escribo para que me leas. Escribo porque no quiero no escribir. Y escribo, por ejemplo, para que podamos pasear tomados de la mano, asomarnos a este mar, y sentir el vértigo y el fuego de mirarte..., y también por eso enciendo cada día una vela, y la prendo en mí, porque yo mismo soy, de alguna forma, el candelabro que me recuerda que, en realidad, escribo para que me quieras. Y dado que el amor es la fertilidad, doy a mis hijos mi vida.

            Cuarta vela: Ser buena persona
            Busco la luz que sólo en el fuego que agrando cada día habita, como habita en los silencios que siendo impuestos hago míos y a los que derroto con esfuerzo. Busco la luz y hay treguas que estorban, pero nunca me estorbará la vela que es fuego, que es silencio, que está en mí, que vive en ti y que hoy, por cuarto día, al comenzar la noche, me abre de nuevo los ojos, pese a que aún ando ciego.

            Quinta vela: Amor a la familia
            La vida dirigida desde fuera de la vida sólo puede ser dirigida hacia la destrucción de la misma vida. Al que disiente se le tilda de exótico, se le aparta, condena y reprende. ¿Por qué no cejan en su empeño de dirigir las vidas y se rinden al hecho de que la vida nunca acaba? Hay pánico a la vida, a la luz, al amor, a la familia... Pero hoy, por quinto día, me reafirmo en la familia como base de mi vida y lo simbolizo en la vela que he de prender por todos los milagros.

            Sexta vela: Alegría
            Recuerdo lo de T. S. Eliot: "¿Dónde está la vida que hemos perdido viviendo, dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento, dónde está el conocimiento que hemos perdido en información?", y me doy, una y otra vez, con el mismo muro, y aun sabiendo que tengo todas las batallas perdidas de antemano me considero ganador... Hoy prendo la vela para no perder mi ignorancia, mi inocencia, mi visión y mi vivencia de la alegría.

            Séptima vela: Amor a la vida
            No sé qué haré con mi vida, mientras tomo los limones que son cada uno de mis días, ni sé que haré con el fuego, con esta zarza ardiente que me mantiene en pie, incansable, sólido como mástil invencible, con el candelabro que soy y me recuerda el milagro, con mi manifiesta inutilidad y este desierto... Si acaso sé que seguiré entregándome a la tarea de aceptarme, seguiré mirando al mar, seguiré de pie, seguiré andando…, solidificando mi fe y mi amor innegociables.

            Octava vela
            Creo en los milagros, y en que los milagros son fruto de la fe, el amor, la voluntad... y de ser traslúcido...

            Hasta aquí el poema. Que la luz reservada para los justos pueda mantenerse en todas nuestras vidas y sea para que seamos sanos y aumenten en nosotros las bendiciones. En la era de la desolación cobra más sentido que nunca que la fiesta de la luz sea en nosotros mismos y con los nuestros, para todo el pueblo de Israel, que en realidad somos todos, y que nuestras lágrimas sean instrumento del encuentro con el amor. Y es nuestra tarea: Iluminar al mundo.
            
 Mi januquilla de 2017
Fotografía:  Al no tener januquilla, hice esto en 2017. ©M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas 97. Abrazando el invierno. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 97

Abrazando el invierno

Por María Gabriela López Suárez

Mientras se dirigía a su casa Luisa observó la puesta de sol, para cuando llegó a su destino éste se había ocultado. Sin embargo, aún quedaban esos destellos de luz en el cielo que pintan el paisaje en tonos azul claro con tintes de color gris, en diferentes matices.

Abrió el portón y se despidió del conductor que la había llevado a su domicilio. Caminó hacia la entrada de la  casa, alrededor de unos treinta y cinco  metros. Sintió que el aire estaba más fresco, le apeteció ponerse una chalina. Apresuró el paso. Escuchó unas voces, eran Esther, su mamá, y Rafa, su hijo de cinco años.

Rafa salió a su encuentro y la abrazó como solía hacerlo cuando ella llegaba de su jornada laboral. Luisa correspondió la muestra de cariño y saludó a su mamá. Dejó su bolsa, comenzó a platicar y preguntarles cómo les había ido en el día; después fue por su chalina. 

Les propuso que para cenar prepararan crepas, en la despensa había champiñones y queso manchego,  aún quedaba mermelada de guayaba que ella había hecho, así que podían elegir entre crepas saladas o dulces. Toda la familia estuvo de acuerdo en cenar crepas de ambos ingredientes.

Como todas las tardes Luisa fue a colocar el candado en el portón de la entrada, con la chalina puesta se sintió más reconfortada porque el aire había enfriado. Observó el cielo, las nubes viajaban rápidamente. La montaña que se veía desde su casa comenzaba a desdibujarse en lo alto, la neblina caía. El paisaje también permitía deleitarse distinguiendo las estrellas, en esos momentos es cuando Luisa deseaba conocer un poco más sobre astronomía y esos cuerpos celestes.  

Procedió a poner el candado, se cercioró que estuviera bien cerrado el portón. Luego se quedó unos instantes observando el paisaje, la postal que tenía frente a ella era sumamente hermosa, el coro de los grillos le daba el fondo musical perfecto. Una ráfaga de viento frío le acarició el rostro, la montaña había sido cubierta en tu totalidad por la neblina y la magia que envolvía el ambiente le hizo sentir que estaba abrazando el invierno. En su dinámica cotidiana había olvidado que ya estaban en esa época del año.
 
Se acomodó la chalina y caminó a la casa, Esther y Rafa ya la esperaban para preparar la cena. A ella le apetecía cenar crepas saladas, aunque pensándolo bien, no estaría mal compartir una crepa dulce con Rafa y le propondría a doña Esther que los deleitara contando cuentos.
 


Photo by Eva Elijas on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Líneas de desnudo. 53. Universal Almudena. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 53

Universal Almudena
Por Manuel Pérez-Petit

Si alguna vez la vida te maltrata, acuérdate de mí, que no puede cansarse de esperar aquel que no se cansa de mirarte.

Luis García Montero, esposo de Almudena Grandes, en la dedicatoria de su libro «Almudena» (Valparaiso Ediciones, 2015)

No soy de los que corren hacia las celebridades para cruzar un ‘hola’ o pedirles esa ridiculez de una foto con ellas –soy enemigo de las fotografías y ni con mis amistades me las saco; cuando lo he hecho ha sido por causa de fuerza mayor, como demostrar que sigo en la brecha y no me arredro nunca por nada, o por compromiso–, y por eso nunca me saqué una foto con ella, pese a habérmela cruzado en varias ocasiones, tanto en Madrid como en México.
            Ahora que estamos de FIL, y la FIL da para tanto, recuerdo una bronca que tuve con algunos de los integrantes de mi equipo de promovendedores en la de 2013. Uno de los días de aquella feria firmaba libros nada menos que Vargas Llosa, lo cual resultaba excitante, y tuve que afrontar la deserción momentánea de más de la mitad de mi gente de Sediento Ediciones solo porque querían ir a hacer cola, que les firmara un libro el peruano-español y sacarse una foto con él. El que menos tardó hora y media en regresar al stand... La condición humana tiene esas cosas, y yo, que soy liberal y amante irredento de la libertad ajena, lo comprendí y acepté al minuto de enojarme. Es lo que tienen las figuras, y es normal. Al año siguiente, en que el país invitado era Argentina, María Kodama se dio un paseo por la Expo Guadalajara, y corrió la voz como la pólvora y cientos de gentes formaron la cola del cometa, tras su estela...
            Ayer, 27 de noviembre de 2021, estaba en la elaboración de mi artículo de hoy, y andaba en la duda de si convertirlo en uno más acerca de la vida misma o de hablar sobre escribir, que es cuestión pesada pero necesaria –y más a estas alturas–, o sobre la propia FIL, a la que dedicaré con seguridad en estos mismos días un artículo, cuando saltó por todas partes la noticia del fallecimiento de la escritora Almudena Grandes, a quien yo no conocí nunca personalmente pero cuya personalidad y obra conozco y reconozco. Leí en el Instagram de mi querida Lucía Etxebarría: “​​Aunque los gustos literarios son personales y cada cual tiene el suyo, probablemente Almudena Grandes era la mejor escritora española de mi generación”, y creo que dio en el clavo, pues siendo cierta la segunda parte de la publicación no lo es menos la primera. En efecto, los gustos literarios son diversos y complejos, como lo son las posturas ideológicas y las actitudes ante la vida. Y en este aspecto se podría diferir o confrontar respecto a Almudena Grandes, pero nadie podrá negar su compromiso vital, su sensibilidad y su conexión con la vida y con la literatura. Con la vida en el sentido de que nadie es desgajable ni de su propia historia ni de la historia en sí...
        Me viene ahora a la memoria una famosa conferencia de Ricardo Gullón (1908-1991) acerca de Juan Ramón Jiménez (1881-1958), en la que defendía que Juan Ramón era universal pero no cosmopolita, pues si bien el cosmopolita es de todas partes y, por tanto, de ninguna, el universal ahonda tanto en lo suyo que llega al río en que fluye lo que de común entrañable y permanente tenemos todos. No tengo la cita a mano, ni la referencia concreta, pero lo que el famoso crítico literario venía a decir era esto, y esto mismo se le puede aplicar a Almudena Grandes, y no solo a su obra, sino también a su testimonio vital. 
            Yemina Pollini, de la Universidad Nacional de Mar de Plata, publicó en 2012 una entrevista a Almudena Grandes titulada “Escribir es atravesar un espejo” (CELEHIS-Revista del Centro de Letras Hispanoamericanas. Año 11 - Nro 14 - Mar del Plata, ARGENTINA, 2002; pp 347-362), en la que, entre otros muchos temas, hablaba de la memoria: A mí la memoria me parece un tema central. Es un tema central en mis libros porque casi siempre son novelas de la memoria. Los personajes reconstruyen su propia memoria. La memoria me parece central también en el oficio de un novelista. Yo te diría que toda ficción es autobiográfica. Lo que ocurre es que lo autobiográfico no tiene siempre el mismo sentido. Cuando hablamos en el lenguaje coloquial, lo autobiográfico es la vida vivida objetivamente en el plano único de la realidad temporal. Lo autobiográfico para un escritor es todo. Escribir es mirar el mundo y, en ese sentido, es dar una visión personal del mundo con todos los ingredientes de su memoria, con todo lo que nos ha determinado para que seamos como somos. 
            Y yo personalmente creo que esto la definía y que por eso está justificada su condición de persona y escritora universal.  
 Almudena Grandes con Luis García Montero en la FIL 2012.
Fotografía:  Imagen publicada bajo licencia Creative Commons CC BY 4.0. Origen: https://diario.madrid.es/blog/notas-de-prensa/poesia-teatro-y-musica-centran-la-tercera-jornada-de-madrid-en-la-fil/

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Polvo del camino. 97. La venosa. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 97

La venosa

Héctor Cortés Mandujano



Aunque supongo que la venden en todas partes fue en Oaxaca donde probé la cerveza Vicky con agregados a su sabor. Me llamó la atención lo que dice la etiqueta de la primera que tomé (sólo dos, no vayan a creer): “Chela chingona con chamoy y mango”.
	Recordé que fue polémico el comercial de Victoria, su cerveza emblemática: “La primera cerveza hecha con lo más chingón de México”. Remarca la publicidad, para que quede claro el mensaje, la palabra chingón.
	Hubo durante muchos años prohibiciones tácitas y escritas sobre no decir palabrotas en el cine: se decía, con eufemismos, hijos de la guayaba o de la tostada, hasta que las mentadas de madre fueron lo más socorrido de nuestro cine; en la televisión abierta son ya más permisivos, porque Youtube y las redes pulverizaron la prohibición; en los periódicos ahora menudean; en las canciones que pasaban en la radio sólo se sugerían (La rajita de canela, Voy a apagar la luz, Qué culpa tiene la estaca, etcétera), hasta que empezaron a decirse sin el menor recato…
	Los conductores, noticiarios, actores y actrices, gente famosa, ocultaban su modo de hablar. Que Sara García, la abuelita del cine nacional, dijera groserías parecía el fin del mundo. Ahora es normal que todo mundo en todos lados llame al pan, pan y al sobaco, sobaco sin ruborizarse.
	El único bastión donde la prohibición no hizo mella casi nunca fue en los libros, tal vez porque, aunque a algunos regímenes totalitarios les parecen peligrosos, tienen y siempre han tenido pocos lectores. Que se vayan a la chingada, pensaron quizás.
	Pero la última puerta, creo, que se está derrumbando es la publicidad y los nombres de los negocios. Se tenía miedo, también supongo, de que la gente se alejara del producto o del negocio que tuviera alguna mala palabra. Pero no ha sucedido, sigo suponiendo, con la cerveza Victoria.
	En los negocios siempre han tratado de esconder la palabra con sugerencias más o menos creativas, más o menos simples. Por ejemplo, llamar a un motel Rapid-inn en Tuxtla (sobre el Libramiento Sur) o una taquería Ay Güey (en la Quinta Norte) o cosas así.
	Por eso me sorprendió que en pleno Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas, frente a la Plaza Cristal, sin duda la más popular, la que más gente recibe, hubiera una cantina que se llamara sin darle muchas vueltas, con meridiana claridad, Don Vergas. En la entrada, además, con un albur sin rebuscar, escribieron: “Siéntate a gusto”. 
	Antes hubo una cantina que se llamaba el Chomeme (otro subterfugio para referirse a la verga) y otra El abajeño (que democráticamente se refería a los dos sexos); es decir se podía hacer alusiones al sexo usando trucos verbales que parecían, por el nombre sonoro de Don Vergas, se irían a dormir a las redes de la modosidad. 
	Chingón se dice hasta en las mejores familias y Verga ha sido la palabra más condenada y, por lo mismo, la que más dice la gente en Chiapas. Victoria pone la palabra chingón como una palabra común y Don Vergas normalizaba la satanizada expresión sobre el falo y abría la posibilidad de que algún otro negocio se llamara con otras palabras que existen pero se esconden por educación, por prudencia, por hipocresía, por tantas cosas… 
Don Vergas duró llamándose así durante meses, pero le llegó, supongo, la  admonición amenazante y ahora, con los remilgos de no hincarse ante la autoridad y dar su brazo a torcer, se llama con la misma tipografía y colores Don Vengas, que ya suena absurdo. Según yo hubiera sido mejor que cambiaran completamente de nombre, porque así nomás parece que –en acatamiento a la orden de le cambias o le cambias– se hubieran hecho la jarocha…
 



 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Alejandro Nudding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Cajón de rubores. 3. Fisonomía 3-Homenaje al Cuadro. Antonio Florido

Cajón de rubores / 3

Fisonomía 3 
Homenaje al Cuadro

Por Antonio Florido

       


En Órganos sin cuerpo, Zizek parece recordarnos que nunca abandonamos la constancia de Ser Algo, de Ser Nada. Llegar a los extremos y comprobar que no posees, que jamás tuviste la gracia de conservar el entendimiento. Se ha hablado mucho sobre la esencia del Arte, que si penetra en el hombre, que si sale del mismo. Pero aquí asistimos a la cuadratura del pensamiento, a la agudeza del ojo que se esfuerza en ver más allá de la simple tonalidad. La forma acaso no coincida con la Forma primigenia e ideal. El color se muestra enervado, y gasta sus fuerzas en un vahído que se diluye en la lejana línea del otro cuadrado, del llano que arde, como si dijéramos, con las espigas ardientes e invisibles que sólo llegamos a intuir. El Ser necesita un sueño para poder levantar la episteme que le llama. Un sueño amansado, lento y sereno, o amarillo, a la manera de una pintura irreconocible a primera vista. Esto no sucede en este caso. Vemos un día radiante. Un sol bragado en constante lucha con el azul del cielo imaginario, una ceguera que nos inocula el miedo al paso inevitable del Tiempo. Vemos el color y corremos al espejo. Necesitamos comprobar cuánto hemos envejecido desde las altas horas de la noche, con el embozo endedado y los ojos abiertos, la mente despierta, agria. Algunos hablan de pretensión y de histeria, de vana melancolía al reconocer que no somos capaces de ningún regocijo. Algunos escriben sobre la sobria unicidad, vital y espontánea. De lo que sucede a nuestro alrededor, de lo que creemos que pasa, de aquello que anhelamos en el horizonte. Esos algunos observan, sentados sobre la amarilla tierra, el amarillo futuro que se les viene encima. Ya notan cómo sus huesos se agrietan, encerrados en el hueco cremoso; ya oyen el hervor de sus tuétanos, la despedida de los familiares, los gemidos y llantos. Algunos hacen algo. Otros hacen nada, sólo comparar la irrisoria voluntad de querer y no poder con la cruel asonancia del mundo, con el diapasón que calla, que nunca dijo nada en su movimiento loco.

Una figura a dos voces. El amarillo de Van Gogh, como afirma Hoffman, (¡qué hermoso es el amarillo!), y la perspectiva que desaparece o se yergue. Reunir nuestro cerebro y el universo en un local amarillo, en un campo inocente y oro, con una mirada pajiza que embobe la mirada del otro, es el misterio, uno de los grandes misterios de la vida, del orgullo al ser. Posible deambular por los ciegos pantanales ambarinos. Sentir y creer acaso sean la misma cosa. Idéntico despliegue de las facultades de entender o mirar hacia otro lado. La eterna discusión de ver el Todo en una herida y la Nada en una agónica explosión de risotadas.

Incorporación de formas, inflexiones, ángulos y distancias.


El Hombre como símbolo perseverante, en busca de lo inalcanzable. El Ser en el cómico intento, repetido hasta la locura, de comprender un cuadro, una figura, una alegoría salvaje de la naturaleza, quizás una invención impensada, un sueño imposible de alcanzar, una tragedia, un patio de butacas vacío, un silencio y frío, demasiado frío para ser calmado por el oro sumiso de una joya triste, rota.

 
 

 

Homenaje al cuadrado (1964). Josef Albers (1888-1976)




*Sobre el autor:

Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta

Carmona, España, 1965.

Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción peruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista en diversos medios de comunicación.

Líneas de desnudo. 52. ¿Eres tú el que organiza la tertulia? (y 2). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 52

¿Eres tú el que organiza la tertulia? (y 2)
Por Manuel Pérez-Petit

Aquellos años ya son, en efecto, cosa de un pasado relativo que en realidad no es pasado, porque no es menos cierto que somos lo que somos en parte por lo que fuimos, como le comentaba a César González Cajete en la publicación que con tanta amabilidad hizo en su Facebook publicitando el primer artículo de esta sencilla serie de dos con que pretendo cumplir mi promesa realizada en mi segundo Líneas de desnudo, Mi primer poema, y, de paso, honor a quien honor merece, reconocer lo mucho que recibí y lo aún más que debo a aquellos años en la Universidad de Navarra cuyas enseñanzas tampoco –y soy proverbial en desaprovechar lo mucho bueno recibido– aprendí a aplicar en la vida, aunque me hicieron hombre en el más pleno sentido de la palabra. Y sí, en efecto, soy lo que soy gracias a ello...
            Decía que teníamos muy buenos maestros allí, y es cierto… En aquella Universidad de Navarra, de algún modo un microcosmos en apariencia casi al margen del mundo pero en realidad con las raíces bien ancladas en el mundo, dispuestos a transformar el mundo con amor, sí, con amor apasionado y amor a cada día y a nuestro entorno, y, con mayor o menor grado de consciencia, a hacer endecasílabos de la prosa de cada día y no solo como aplicación práctica intencionada en nuestras vidas y nuestro quehacer público de ese muy famoso consejo que tanto había repetido en vida el fundador de la universidad, San Josemaría Escrivá, sino como supremo acto de voluntad en nosotros mismos y más teniendo en cuenta el valor universal de la frase, máxima o proverbio o consigna que, por otra parte, ahora, vista con el paso de los años y en nuestra realidad presente, cobra un valor y una actualidad singulares. A eso nos dedicábamos, sí, a hacer endecasílabos con la prosa de cada día… Y por eso éramos genuinos y genuinamente inclusivos, afectuosos, comprometidos...
            ¿Buenos maestros? ¿Cómo no íbamos a tener buenos maestros? Empezando por don Luka Brajnovic, un auténtico maestro de ésos que transpiraban sabiduría mucho más que conocimiento o información –pues el sabio lo tiene todo pero ni es pedante ni arrogante ni acompleja sino que genera pasión, buscando, además, que la admiración sea para lo que enseña y no para él (importa más amar que el hecho de quien ama)–, con una naturalidad y una sencillez hipnóticas, y que una vez en el Faustino le dijo a mi madre que yo no debía dejar de escribir ni un solo día de mi vida, aunque fuera cinco minutos. Pero no solo era don Luka… Nuestra lista de gratitudes –porque de eso se trata– no cabría en el artículo, y a todos los nombrados se les podría buscar y todos son notables… Maestros del mundo académico –mucho más que solo conocimiento–, de la literatura –y desde luego de la lectura, sin la que la capacidad de amar es mucho más reducida–, de la vida. Venidos de fuera y cazados a lazo para que compartieran con nosotros un rato de su tiempo, llegados con interés previo de conocernos o vecinos nuestros o habitantes de esos edificios singulares del no menos singular valle del río Sadar en que, a las afueras de Pamplona, se ubicaba y ubica la universidad, ese mismo espacio en que, expandido a la ciudad, marcamos durante años el territorio de nuestra acción de poetas, incluso con y en quienes no escribían ni escribieron nunca verso alguno...
            En mi caso particular no podría dejar de destacar a don Norberto González Gaitano, cuya amistad supuso aprendizajes que iban siempre más allá de lo exigible en un maestro, a don Manuel Casado Velarde, hombre de extrema y delicada sabiduría, a don Esteban López-Escobar, a quien siempre –y no sé bien por qué aunque en el fondo lo sepa, me lo imaginaba paseando por campus emblemáticos como los de Stanford, Harvard o Cambridge, elegante hasta en el vestir a la par que transmitía que sabía de lo que hablaba, a don Eduardo Terrassa, con quien hablé de literatura más que con nunca nadie, o a don Ignacio Arellano, que abrió como nunca nadie antes o después el siglo de Oro para mis ojos, pero también al filólogo José Antonio Millán Alba, a quien quien siempre visitaba en Madrid y que me abrió la amistad del poeta Pedro Antonio Urbina (1936-2008), a Manuel Fontán del Junco, a Enrique Alarcón Moreno, que supo siempre más de santo Tomás que el propio Santo Tomás de Aquino, a Javier de Navascués o al gran Tomás Yerro (1950-2021), muchísimo más que escritor y crítico literario...  Y podría seguir y seguir, aunque aquí lo dejo...
            Años después de aquellos años, el catedrático de literatura Ángel Raimundo Fernández González (1925-2008) nos referenció en su Historia literaria de Navarra: el siglo XX: poesía y teatro. (Pamplona: Gobierno de Navarra (Institución Príncipe de Viana), 2003, ISBN: 84-235-2462-0), y hasta en dos ocasiones, para referenciar el nacimiento del Liceo (p. 805) y la publicación de Primera Claridad, y en concreto en este último caso a César, Ana Gurrea, Lydia Gutiérrez, Ricardo Inogés, Miguel Ángel Irigaray, Mari Cruz Zamarbide y a mí mismo (pp. 806-807), consagrando de este modo al reconocimiento formal lo que bien pudiera haber sido una experiencia de tipo personal como tantas abundan.
            Pues bien, en medio de todo ello, yo era el personaje –prefiero pensar que uno, pero por lo visto no–, y así cobra aún más pertinencia el título de esta modesta, agradecida y hermosa para mí serie de dos artículos, porque era la frase que más veces oí durante cuatro años, y no era por mí sino por lo que yo no solo representaba sino que también en realidad era: un instrumento para hacer posible que la vida, sin dejar de serlo, fuera poesía. Y por eso tiene sentido que mis novelas de la trilogía de la reconstrucción de la memoria, El año de las tormentas, que se centran de manera fundamental en esos años, comiencen con esa pregunta. Pero en realidad yo era lo que era por las personas con las que la providencia tanto en la tertulias como en la vida me permitió unirme: con todos ellos y con Javi Laforet, Luis Resola, Xavi Escribano, Inma Cánovas, Beatriz Rodríguez, Pilar Pérez o hasta, entre otros muchos, la propia protagonista de mi modesta propuesta narrativa, Antea... Merecen más la pena que yo y fueron el privilegio para mi vocación de ser, dar y servir.
	Y no solo lo fueron, porque si es cierto lo que es, que uno es lo que es también por lo que fue, lo son.
 Página de agradecimientos en la edición de Primera Claridad, antología poética del Liceo Navarro
Imagen destacada (superior): logotipo original del Liceo Navarro hecho en azulejo sevillano, ©Eva Leal.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 51. ¿Eres tú el que organiza la tertulia? (1). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 51

¿Eres tú el que organiza la tertulia? (1)
Por Manuel Pérez-Petit

Nos conocimos por la literatura, en aquellos tiempos puros en que nos importaba más ser que tener y dar más que recibir, mostrar nuestra autenticidad por encima de todo y ser nosotros mismos. Escribíamos y compartíamos nuestras inquietudes con tanta verdad como inocencia. Era más importante servir que ser servidos, darle rienda suelta a nuestro afán de creer, crecer y crear. Nos inducíamos unos a otros a pensar y a sentir con nuestros propios esbozos de escritos y discutíamos acerca de lo que nos parecía lo profundo y lo potente.
            Qué poco nos importaba que sucedieran muchas o pocas cosas en nuestros relatos, que estuvieran logrados los poemas, que los ensayos no se terminaran nunca. Cada cosa debía llegar en su momento, y no es menos cierto que teníamos muy buenos maestros. Qué era el tiempo sino estación de paso. Lo importante era sentir, buscar las referencias, reflexionar en común sobre aquello que estábamos convencidos de que nos merecía la pena. Pensar y asombrarnos, escribirlo lo “mejor” posible y compartirlo, contagiarnos, dejarnos la huella señalada para continuar nuestra senda.
            Éramos permeables y nos autoexigíamos. Vivíamos enamorados. Buscábamos consejos, los cotejábamos, ansiábamos encontrar modelos para superar las metas y superarnos, estadíos desde los que partir hacia nuevos horizontes en nuestros viajes respectivos. En nada nos parecíamos unos a otros. Cada uno con su estilo, sus obsesiones, sus debilidades, sus expectativas. Ninguno estábamos exentos de pecado, salvo el de buscar la claridad, y en ello encontrábamos el confort necesario y la fuerza para renunciar al conformismo. Éramos honestos. Asumíamos una responsabilidad impropia de nuestra edad. Y nadábamos en nuestras limitaciones. Si hasta lo dijo el profesor Jaume Farrés, en la presentación de “Primera claridad”, "99 páginas exquisitamente editadas..." –según el periódico 'Diario de Navarra'–, la antología poética del grupo, el que yo mismo promoví y ayudé a fundar y coordiné durante años, en el que estábamos todos e incluso algunos más, reunidos, y cuya realidad propició nuestro encuentro: Me hubiera gustado veros menos prudentes, que comprendiérais que no solo os expresais sino que estáis creando, y creando en el linaje arriesgado de Unamuno, que rechazó la musicalidad del verso… Por esas mismas fechas, un articulista del diario 'Navarra hoy', Lamberto Pérez, se hizo eco de esas palabras y publicaba en su columna: Hay en estos días en el aire ecos de zarabanda poética…, y es verdad que eso era, y que representó para nosotros un punto culminante de lo que éramos, apenas tres años después de haber nacido. 
            Recuerdo haber llegado a la Universidad y enseguida ponerme a pensar qué podía organizarse. Hablé con una compañera de clase, Alba Fité, que tenía un hermano en tercero, Toni, y llamamos a otros: por su parte, Fernando Martínez Vallvey, Vicente Pérez, Toni Gratacós, Idoia Jiménez, Rafael de Ribot y él mismo; por la mía, además de mí, Eva Leal, Julio Pinel y César González Cajete. Nos reunimos una mañana en el entonces cubículo de la secretaría de alumnos de la Facultad, justo a un costado del Faustino, y en una hoja de papel doblado escribimos a máquina nuestros comienzos. De todos ellos pueden saberse cosas y encontrar referencias, aunque entonces no éramos nadie. Esto tan simple lo levantó todo. Nos pusimos bajo los auspicios y el tutelaje de don Luka Brajnovic y comenzamos a reunirnos cada quince días… 
            Cuánto ha cambiado todo desde entonces... Hubo un recital poco después en el Aula Magna de la Universidad, que organizó el filósofo Ilia Galán y en el que leímos muchos... César, admirador irredento por entonces de Milan Kundera; Juan Gracia Armendáriz, un narrador extraordinario; Inma Cánovas, que luego se decantó por la escritura de cine; mi extraordinaria paisana Eva Leal; Fernando Martínez Vallvey, alumno aventajado del inolvidable gran maestro suyo y mío don Luka, que ha sentado cátedra después en la Universidad de Salamanca; Javi Laforet, un artista de fuerza descontrolada; el gran Ángel Alcalá, poeta y novelista de vuelos transatlánticos..., y ahí pusimos, aunque no fuera un evento organizado por nosotros, la primera piedra real del monumento que fuimos capaces de erigir en los siguientes años. De aquella lectura de poesía en la que el propio Ilia montó escándalo y que supuso que la rectoría prohibiera más eventos de alumnos en lo sucesivo en tan solemne espacio… 
           Y, en efecto, tiene sentido la pregunta que encabeza este artículo, porque la tertulia era eso: “la” tertulia, no una tertulia y tampoco una tertulia con apellidos; la que fundamos diez estudiantes de la Universidad de Navarra tal día como hoy, un 21 de noviembre, aunque de 1987, hace 34 años, con el nombre de “Liceo Navarro”. 
            El 4 de diciembre del año pasado, 2020, en mi artículo Mi primer poema, segunda entrega de mi ‘Líneas de desnudo’, hacía una referencia específica a la misma, y, no sé muy bien si como aviso a navegantes o simple propósito, afirmaba: Un día puede que escriba en este espacio acerca del Liceo Navarro, y ahora creo que ya ha llegado el momento.   
            “¿Eres tú el que organiza la tertulia?” Así comienzan las tres novelas de mi trilogía de la reconstrucción de la memoria, El año de las tormentas, cuyas cuatro partes se centran, por los misterios de la autoficción en aquellos años de plenitud y de primera claridad... 

(Continuará...)

 __________
Nota del autor
Agradezco de corazón a Eva Leal su generosidad en cuanto a ayudarme a reconstruir la memoria de un tiempo que siendo viejo es más nuevo que ninguno.
 
   
 Artículo del periodista español Javier Errea en el Diario de Navarra con motivo de la presentación de Primera Claridad, antología poética del Liceo Navarro, publicado el 12 de diciembre de 1990.
Fotografía:  Cortesía de Eva Leal.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.