Líneas de desnudo/ 51

¿Eres tú el que organiza la tertulia? (1)
Por Manuel Pérez-Petit

Nos conocimos por la literatura, en aquellos tiempos puros en que nos importaba más ser que tener y dar más que recibir, mostrar nuestra autenticidad por encima de todo y ser nosotros mismos. Escribíamos y compartíamos nuestras inquietudes con tanta verdad como inocencia. Era más importante servir que ser servidos, darle rienda suelta a nuestro afán de creer, crecer y crear. Nos inducíamos unos a otros a pensar y a sentir con nuestros propios esbozos de escritos y discutíamos acerca de lo que nos parecía lo profundo y lo potente.
            Qué poco nos importaba que sucedieran muchas o pocas cosas en nuestros relatos, que estuvieran logrados los poemas, que los ensayos no se terminaran nunca. Cada cosa debía llegar en su momento, y no es menos cierto que teníamos muy buenos maestros. Qué era el tiempo sino estación de paso. Lo importante era sentir, buscar las referencias, reflexionar en común sobre aquello que estábamos convencidos de que nos merecía la pena. Pensar y asombrarnos, escribirlo lo “mejor” posible y compartirlo, contagiarnos, dejarnos la huella señalada para continuar nuestra senda.
            Éramos permeables y nos autoexigíamos. Vivíamos enamorados. Buscábamos consejos, los cotejábamos, ansiábamos encontrar modelos para superar las metas y superarnos, estadíos desde los que partir hacia nuevos horizontes en nuestros viajes respectivos. En nada nos parecíamos unos a otros. Cada uno con su estilo, sus obsesiones, sus debilidades, sus expectativas. Ninguno estábamos exentos de pecado, salvo el de buscar la claridad, y en ello encontrábamos el confort necesario y la fuerza para renunciar al conformismo. Éramos honestos. Asumíamos una responsabilidad impropia de nuestra edad. Y nadábamos en nuestras limitaciones. Si hasta lo dijo el profesor Jaume Farrés, en la presentación de “Primera claridad”, "99 páginas exquisitamente editadas..." –según el periódico 'Diario de Navarra'–, la antología poética del grupo, el que yo mismo promoví y ayudé a fundar y coordiné durante años, en el que estábamos todos e incluso algunos más, reunidos, y cuya realidad propició nuestro encuentro: Me hubiera gustado veros menos prudentes, que comprendiérais que no solo os expresais sino que estáis creando, y creando en el linaje arriesgado de Unamuno, que rechazó la musicalidad del verso… Por esas mismas fechas, un articulista del diario 'Navarra hoy', Lamberto Pérez, se hizo eco de esas palabras y publicaba en su columna: Hay en estos días en el aire ecos de zarabanda poética…, y es verdad que eso era, y que representó para nosotros un punto culminante de lo que éramos, apenas tres años después de haber nacido. 
            Recuerdo haber llegado a la Universidad y enseguida ponerme a pensar qué podía organizarse. Hablé con una compañera de clase, Alba Fité, que tenía un hermano en tercero, Toni, y llamamos a otros: por su parte, Fernando Martínez Vallvey, Vicente Pérez, Toni Gratacós, Idoia Jiménez, Rafael de Ribot y él mismo; por la mía, además de mí, Eva Leal, Julio Pinel y César González Cajete. Nos reunimos una mañana en el entonces cubículo de la secretaría de alumnos de la Facultad, justo a un costado del Faustino, y en una hoja de papel doblado escribimos a máquina nuestros comienzos. De todos ellos pueden saberse cosas y encontrar referencias, aunque entonces no éramos nadie. Esto tan simple lo levantó todo. Nos pusimos bajo los auspicios y el tutelaje de don Luka Brajnovic y comenzamos a reunirnos cada quince días… 
            Cuánto ha cambiado todo desde entonces... Hubo un recital poco después en el Aula Magna de la Universidad, que organizó el filósofo Ilia Galán y en el que leímos muchos... César, admirador irredento por entonces de Milan Kundera; Juan Gracia Armendáriz, un narrador extraordinario; Inma Cánovas, que luego se decantó por la escritura de cine; mi extraordinaria paisana Eva Leal; Fernando Martínez Vallvey, alumno aventajado del inolvidable gran maestro suyo y mío don Luka, que ha sentado cátedra después en la Universidad de Salamanca; Javi Laforet, un artista de fuerza descontrolada; el gran Ángel Alcalá, poeta y novelista de vuelos transatlánticos..., y ahí pusimos, aunque no fuera un evento organizado por nosotros, la primera piedra real del monumento que fuimos capaces de erigir en los siguientes años. De aquella lectura de poesía en la que el propio Ilia montó escándalo y que supuso que la rectoría prohibiera más eventos de alumnos en lo sucesivo en tan solemne espacio… 
           Y, en efecto, tiene sentido la pregunta que encabeza este artículo, porque la tertulia era eso: “la” tertulia, no una tertulia y tampoco una tertulia con apellidos; la que fundamos diez estudiantes de la Universidad de Navarra tal día como hoy, un 21 de noviembre, aunque de 1987, hace 34 años, con el nombre de “Liceo Navarro”. 
            El 4 de diciembre del año pasado, 2020, en mi artículo Mi primer poema, segunda entrega de mi ‘Líneas de desnudo’, hacía una referencia específica a la misma, y, no sé muy bien si como aviso a navegantes o simple propósito, afirmaba: Un día puede que escriba en este espacio acerca del Liceo Navarro, y ahora creo que ya ha llegado el momento.   
            “¿Eres tú el que organiza la tertulia?” Así comienzan las tres novelas de mi trilogía de la reconstrucción de la memoria, El año de las tormentas, cuyas cuatro partes se centran, por los misterios de la autoficción en aquellos años de plenitud y de primera claridad... 

(Continuará...)

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Nota del autor
Agradezco de corazón a Eva Leal su generosidad en cuanto a ayudarme a reconstruir la memoria de un tiempo que siendo viejo es más nuevo que ninguno.
 
   
 Artículo del periodista español Javier Errea en el Diario de Navarra con motivo de la presentación de Primera Claridad, antología poética del Liceo Navarro, publicado el 12 de diciembre de 1990.
Fotografía:  Cortesía de Eva Leal.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.