Líneas de desnudo/ 2

Mi primer poema (publicado)


Manuel Pérez-Petit

Mi primer poema publicado en libro fue el único poema –en realidad, fueron tres– que he publicado en un libro editado por mí. Es más, fue en el primer libro del que fui editor, en diciembre de 1990. Es aún más, fue en el único libro en que me he editado a mí mismo. 
            La tertulia “Liceo Navarro” acababa de cumplir tres años. Yo mismo la había promovido y fundado con otros nueve compañeros de la Universidad de Navarra el 21 de noviembre de 1987 firmando un sencillo manifiesto en el que se remarcaba que nacíamos con la idea de aportar algo (sic) al entorno cultural mediante la literatura, y desde el principio estuve encargado de su coordinación. 
            A lo largo de ese año de 1990 fue alimentándose la ilusión entre nosotros de hacer un libro, pero no fue hasta el inicio del siguiente curso académico que no comenzó a fructificar la idea, que finalmente vio la luz el 10 de diciembre, llegando apenas a tiempo a unas jornadas literarias organizadas por nosotros mismos en un colegio mayor pamplonés, a las que denominamos llenos de ingenuidad e ímpetu “Primeras”. Aquellos días nevó como si no pudiera pasar otra cosa en el mundo. Nevaba y nevaba y nosotros, como niños con zapatos nuevos, lucíamos nuestras mejillas sonrosadas sin disimular la satisfacción de haber conseguido el objetivo, cuyo título fue “Primera claridad”, no en vano ninguno de los autores incluidos habíamos publicado nunca en libro ninguna obra de creación nuestra.
           Podría ponerme a poner en este punto un nombre tras otro, pues no son pocas las gratitudes que nacen en el despertar a la vida, y aquello fue un paradigma de ello para muchos de nosotros. También, a qué negarlo, fue el principio del fin de la tertulia, que aún duró como año y medio más, pero esas son cosas de la condición humana que en este momento no vienen al caso.
            Un día puede que escriba en este espacio acerca del “Liceo Navarro”, y seguro que lo haré de edición y del mundo editorial, como incluso es posible que lo haga de mi propia obra literaria, que durante años me encargué de esconder a los demás bajo la bienintencionada y en realidad torpe excusa de dedicarme a la suya o a otras cosas, pero en estos días oscuros y de pandemia, año cero de una nueva era que habrá de vivirse bajo máscaras protectoras y rutinario olvido del sentido del tacto, he caído en la cuenta de que, en efecto, como los lectores perspicaces habrán observado, se cumplen treinta años desde que me inicié de manera práctica en el oficio de editor. Cerca de cuatrocientos títulos y ninguno mío –pues hasta mis viejas autoediciones se las encargaba a otros–, para sellos editoriales de creación propia o instituciones, como proyecto individual o por encargo, exprimiendo siempre hasta la última gota de mis capacidades –pues nunca he sabido dosificar esfuerzos ni le he dado tregua a la autosatisfacción– en una tarea de la que siento que ya estoy en el último tramo, en el trayecto final, entrando a los postres en realidad de un oficio desconocido al que he dedicado una buena parte de mi vida...
            —Ahora no nos vaya a hablar de Kolaval, Manuel, por favor.
            —Descuide, amigo, que Kolaval habla y hablará por sí solo, y usted lo verá. A lo que en realidad vengo es a que hubo principios, muchos, adquiridos con el tiempo unos u asumidos desde el primer día, que usted y cualquiera podrá discutir pero en los que me he mantenido firme, como el de no publicarme a mí mismo. Por eso, cuando he vuelto a tomar un ejemplar de ese libro del “Liceo Navarro” en mis manos me he sentido extraño al verme, y sobre todo al leer el primer poema mío que salió en un libro...
 
OTROS PERFILES
 
    Cuelga una palabra
del quicio de la ventana,
hacia la acera, donde hacen patria
los mendigos de asfalto y carne,
y otros tipos de funcionariado.
 
    Hay miedo. Un día fuimos
cualquier cosa. Pero hoy
podemos ser nada, y hace frío.
 
    Recuerdo un tiempo
en que pacías en la lentitud
de mis cuartillas. Hoy
te has vuelto vertiginosa
e insolente. Tengo miedo.
Hay perfiles que anuncian
que cada día te comprendo
menos. Y más te amo.
 
    No caigas al vacío, de momento.
 
            —Un buen poema.
            —Si usted lo dice… La cuestión no es si es un buen o un mal poema sino que al leerlo he tenido la sensación de que hubiera sido escrito hace un mes o esta misma semana. No sé, mi amigo, puede que sea que hay cosas que no cambian. 
   
Fotografía: “Homenaje de la Universidad de Navarra al catedrático López Escobar en su jubilación” –© 2012, Universidad de Navarra–, https://issuu.com/fcom-navarra/docs/elef.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.