Voces ensortijadas 97

Abrazando el invierno

Por María Gabriela López Suárez

Mientras se dirigía a su casa Luisa observó la puesta de sol, para cuando llegó a su destino éste se había ocultado. Sin embargo, aún quedaban esos destellos de luz en el cielo que pintan el paisaje en tonos azul claro con tintes de color gris, en diferentes matices.

Abrió el portón y se despidió del conductor que la había llevado a su domicilio. Caminó hacia la entrada de la  casa, alrededor de unos treinta y cinco  metros. Sintió que el aire estaba más fresco, le apeteció ponerse una chalina. Apresuró el paso. Escuchó unas voces, eran Esther, su mamá, y Rafa, su hijo de cinco años.

Rafa salió a su encuentro y la abrazó como solía hacerlo cuando ella llegaba de su jornada laboral. Luisa correspondió la muestra de cariño y saludó a su mamá. Dejó su bolsa, comenzó a platicar y preguntarles cómo les había ido en el día; después fue por su chalina. 

Les propuso que para cenar prepararan crepas, en la despensa había champiñones y queso manchego,  aún quedaba mermelada de guayaba que ella había hecho, así que podían elegir entre crepas saladas o dulces. Toda la familia estuvo de acuerdo en cenar crepas de ambos ingredientes.

Como todas las tardes Luisa fue a colocar el candado en el portón de la entrada, con la chalina puesta se sintió más reconfortada porque el aire había enfriado. Observó el cielo, las nubes viajaban rápidamente. La montaña que se veía desde su casa comenzaba a desdibujarse en lo alto, la neblina caía. El paisaje también permitía deleitarse distinguiendo las estrellas, en esos momentos es cuando Luisa deseaba conocer un poco más sobre astronomía y esos cuerpos celestes.  

Procedió a poner el candado, se cercioró que estuviera bien cerrado el portón. Luego se quedó unos instantes observando el paisaje, la postal que tenía frente a ella era sumamente hermosa, el coro de los grillos le daba el fondo musical perfecto. Una ráfaga de viento frío le acarició el rostro, la montaña había sido cubierta en tu totalidad por la neblina y la magia que envolvía el ambiente le hizo sentir que estaba abrazando el invierno. En su dinámica cotidiana había olvidado que ya estaban en esa época del año.
 
Se acomodó la chalina y caminó a la casa, Esther y Rafa ya la esperaban para preparar la cena. A ella le apetecía cenar crepas saladas, aunque pensándolo bien, no estaría mal compartir una crepa dulce con Rafa y le propondría a doña Esther que los deleitara contando cuentos.
 


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.