Revista

Librero del uroboro. 28. Dossier K. Ilse Ibarra Baumann

Dossier K

Dossier K. (Acantilado, Trad. Adan Kovacsics) es mi tercer libro de Imre Kertész. Lo compré pensando en otra de sus novelas y resultó ser una entrevista. O más bien una recopilación de ellas. En este libro habla de Dios, de su obra, de su primera mujer, de cómo percibe al hombre y a la sociedad, de Auschwitz y del régimen opresivo socialista de Kadar. 

Aquí les dejo unas de sus citas. 

De Dios: “¿crees en Dios” “No sabría qué contestar, así, a la primera, pero da lo mismo. Porque el sentimiento religioso natural existe dentro de mí; al fin y al cabo, hay que agradecerle la vida a alguien, aunque da la casualidad de que no existe nadie que acepte nuestro agradecimiento.”

De su obra: “Al Final se descubrirá incluso que poseo cierto talento para la escritura a pesar de todo: nada me resultaría más desagradable. De hecho, no empecé a escribir porque poseía talento, sino todo lo contrario: cuando decidí escribir una novela, también decidí, de paso, tener talento. Lo necesitaba para acabar mi trabajo. Había de esforzarme en escribir un buen libro, no por vanidad, sino por la naturaleza de la cosa, por así decirlo.”

De su primera mujer: “Se fue y se llevó consigo la mayor parte de mi vida, el tiempo en que empezó y culminó la creación literaria, en que, viviendo en un matrimonio desdichado, nos quisimos tanto.”

Del hombre: “Lo cierto es que todavía no se ha arrojado luz sobre si realmente existimos o si sólo somos las corporeizaciones de montones de células que trabajan dentro de nosotros, fenómenos que, necesariamente, hacen como si fuesen una realidad autónoma.”

Fotografía: I. I. B




Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.

Polvo del camino. 169. Las disipadas fábulas del viento/ II. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 169
Las disipadas fábulas del viento/ II

“Lamentación de Dido”, de Rosario Castellanos
Héctor Cortés Mandujano

Rosario Castellanos nació por azar en la Ciudad de México, en 1925, pero su vida y su obra están ligadas indisolublemente a Chiapas.
	El filo de su inteligencia tocó con ironía y sin piedad varios asuntos suyos, y de otros, que iban de lo doméstico a lo amoroso y a lo social, y que se convirtieron, en el sortilegio de su literatura, en ensayos, cuentos, novelas, artículos periodísticos, obras de teatro y, dejemos las enumeraciones, poesía.
	Dentro del corpus extenso de su trabajo poético brilla poderosamente “Lamentación de Dido”, personaje cuyas primeras menciones se hallan en Ovidio y en Virgilio, de donde Rosario, según reconoció ella misma, tomó el mito y lo actualizó desde la intertextualidad.
        Ovidio, en Heroidas VII, y Virgilio, en el libro IV de La Eneida, pusieron a Dido en brazos de Eneas. Este héroe mítico, cuyo destino –después de participar en la guerra de Troya– era fundar Roma, naufragó en las playas de Cartago, donde la viuda Dido reinaba. Ella se lo llevó al palacio y olvidando su jerarquía, su inteligencia, su poder, y bajo el influjo de Venus, se volvió su amante, su esclava amorosa.
	Pero los héroes no están para arrumacos y en un sueño el joven y apuesto Eneas –hijo de Anquises y Venus– supo que debía dejar el reino, sin hacer caso a las súplicas de la mujer derrotada por los designios del destino. Dido corrió como loca y vio cómo el barco donde iba su amor se alejaba. Lloró como un sauce a la orilla de un río, después hizo una pira con las pertenencias de Eneas y luego se suicidó con la espada del héroe.
	Dido antes se llamó Elisa y llegó como exiliada hasta las tierras que en el futuro gobernó. El poema de Rosario Castellanos retoma la historia urdida por Ovidio y por Virgilio, y la vuelve un largo poema donde la ya reina hace un recuento de su vida y su ascenso, de su amor y su caída, de su dolor y de su desesperación, antes de suicidarse. Su lamentación es, pues, su último discurso, sus palabras finales, el canto del cisne.
	Hay varios paralelismos entre estas dos cultas damas –Dido y Rosario–, no sólo en su huida a otras tierras, no sólo a su desvelo al batir, leyendo, “la selva intrincada de los textos”, sino, evidentemente, en su desgracia ante el amor. ¿Quién mejor para escribir sobre el abandono que una mujer abandonada? ¿Quién escribe con más detalle sobre la desgracia que quien la ha llevado encima todo el tiempo?
	Pero Rosario huyó en este poema, escrito en largos versículos, de la confesión abierta, porque tenía la tutoría de dos clásicos y su enorme talento para que Dido hablara por ella. Dido, dice Rosario, “eleva la trivialidad de la anécdota (¿hay algo más trivial que una mujer burlada y que un hombre inconstante?) al majestuoso ámbito en que resuena la sabiduría de los siglos”.
	Y la voz de Dido, desde Ovidio, desde Virgilio y desde Rosario, sigue resonando.
	La muerte de Castellanos, como refrendo del mito, ocurrió también después de haber sido abandonada por el hombre que amaba y lejos de su país, de su pueblo: en Tel Aviv, Israel, en 1974, al conectar una lámpara. La luz, por eso, sigue siendo parte de su imagen. Rosario Castellanos es una lámpara que no cesa de iluminarnos…

[Este texto debe varios datos, por supuesto, a la Eneida, de Virgilio, y a los textos ensayísticos “ ‘Lamentación de Dido’ de Rosario Castellanos: convergencias y desvío”, de Edgardo Dobry; “La influencia de Virgilio y de Ovidio en el poema ‘Lamentación de Dido’ de Rosario Castellanos”, de María Jesús Cruz Gimeno, y “Heroidum epistularum VII: Dido en Ovidio”, de Jorge S. Mainero, consultados en línea. La lectura en atril de “Lamentación de Dido” se llevó a cabo en Telar Teatro, de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 29 y 30 de marzo de 2023, con la participación de Sharon Hernández, Lucía Zambrano, Maricruz Aguilar y Mónica Corzo, bajo la dirección de Héctor Cortés Mandujano, con el apoyo de Carlos Ariosto, Juan Ángel Esteban Cruz, María Cristina Fernández Reséndiz, Dalí Saldaña, Alfredo Espinoza, Carolina Rodríguez y Ulises Peimberth. Hubo público que, dado que ya no cabían más sillas, durante los dos días, vio de pie nuestro trabajo y nos aplaudió y gritó “bravos”. Quedamos felices y agradecidos. Mil gracias.]

Lucía, Maricruz, Héctor, Sharon y Mónica




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 169. El sobreviviente. María Gabriela López Suárez

El sobreviviente
María Gabriela López Suárez


Ese martes Tamara decidió ir a buscar el par de sandalias que tanto quería. Era un día muy caluroso,  por lo que no demoró en salir de casa. Se dirigió rumbo al mercado, le gustaba pasar por los puestos donde vendían productos de ixtle. Se podía pasar mucho rato viendo la diversidad de cosas que tenían en ese pasillo. Casi siempre salía comprando algo, para ella o para alguien de su familia. Recordaba siempre a la tía Bertha, era una amante de esos productos y artesanías, quizá ella le había heredado eso. Para no perder la costumbre Tamara terminó comprando un cepillo redondo para el cabello, le encantó desde que lo vio.

Se apresuró para ir en busca de sus sandalias, tenía que regresar a más tardar al mediodía porque había quedado de ir a comer con su familia y no quería que se le hiciera tarde. Después de ir a tres zapaterías, por fin encontró las sandalias en el modelo que deseaba, en tono color marrón y con unos detalles en forma de flores muy discretas.

Salió con dirección a su casa, de pronto, se quedó observando la calle que estaba frente a  ella. En la esquina un terreno con extensión grande donde antes estuvo un edificio muy antiguo que luego demolieron, parecía ocupado. Ahora fungía como un estacionamiento rústico, sin techo, eso no es lo que llamó la atención de Tamara sino que el único árbol que sobrevivió a lo que antes había en el lugar podría desaparecer si decidían construir en ese espacio. El solo pensarlo le provocó una especie de tristeza. Recordó las veces que había pasado cerca del árbol y lo había saludado. Solía expresarle que le daba gusto que permaneciera ahí. Era uno de los árboles endémicos en la ciudad, quizá era de edad mediana porque su tamaño no era tan grande; conforme pasaba el tiempo esos árboles parecían extinguirse sin que casi nadie lo tuviera en cuenta.

Cada que caminaba por donde estaba el árbol, agradecía su presencia porque le brindaba un poco de sombra, sobre todo en días soleados como ese martes. Sin dudarlo caminó rumbo a la calle y se quedó contemplando el árbol, como si quisiera tener una conversación con él. Se puso bajo el árbol y le agradeció la oportunidad de tenerlo cerca, las veces que había alegrado la vida de quienes caminaban por ahí y se sentían confortados con su sombra, con el danzar de sus ramas en los días de intenso viento. Casi como un susurro le dijo:

—Eres el sobreviviente de lo que antes hubo en este espacio, te deseo larga vida y que permanezcas mucho tiempo alegrando esta calle. 

Acarició parte del tronco y algunas ramas, las que pudo alcanzar, respiró profundo. Se le vino a la mente lo que solía decirle su tío Carlos, siempre que se pueda hay que hablarle a los árboles, ellos nos escuchan y agradecen que les tengamos cariño. Dirigió sus pasos a casa, estaba a buen tiempo de llegar  para la comida.
Photo by Nikita Igonkin on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Líneas de desnudo. 110. La muerte del cacique. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 110

La muerte del cacique
Por Manuel Pérez-Petit

A vueltas con la tan celebrada entrevista que a la maestra Maricruz Patiño realicé para Temas y +temas del pasado viernes día 7, decía la poeta que a Carlos Fuentes cuando escribió “La muerte de Artemio Cruz” le pudo haber pasado como a Octavio Paz con “El laberinto de la soledad”. “Carlos Fuentes era un tipo fino –comentaba Patiño–, de clase social más o menos acomodada, y de pronto escribe ‘Artemio Cruz’... ¿De dónde le salió el cacique? Pues del cacique que todos los mexicanos llevamos inoculado en nuestro inconsciente colectivo”.
            El Diccionario de la Lengua Española (DLE) cuenta con cuatro definiciones para la voz ‘cacique’. La primera de ellas (“Gobernante o jefe de una comunidad o pueblo de indios”) no viene al caso respecto de este artículo, como tampoco la cuarta (“Mujer del cacique”), pero sí la segunda (“Persona que en una colectividad o grupo ejerce un poder abusivo”) y la tercera (“Persona que en un pueblo o comarca ejerce excesiva influencia en asuntos políticos”). Anótese que en estas dos últimas se usa un adjetivo (“abusivo” en la primera y “excesiva” en la segunda). ¿Puede deducirse, pues, que si todo mexicano lleva en la sangre un cacique todo mexicano es excesivo y abusivo? No lo creo, pero sí estoy convencido de que todo mexicano que sea cacique lo es.
            Ninguna feria del libro del mundo, por ejemplo, aun teniendo una cabeza es personalista. Eso solo pasa en México. Los méritos de Raúl Padilla López (1954-2023), que falleció por voluntad propia hace unos días, son indudables. Sin él, por ejemplo, la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, que sigue siendo el evento de promoción del libro y la lectura más importante del idioma español en el mundo, no sería lo mismo, como tampoco lo sería la Universidad de Guadalajara, Jalisco, México, y debo reconocer sentirme impactado con la de ríos de tinta que ha supuesto la desaparición del cacique –perdón, prócer– jalisciense. Es imposible hoy no encontrar en dónde leer acerca de Padilla, por lo que me lo ahorro, y debo reconocer que el personaje lega, a partes iguales, luz y oscuridad, incluso en su afán de demostrar quién lleva las pistolas, cosa de la que hizo gala hasta el mismo momento de su muerte, dejando incluso una nota, como los poetas malditos, de despedida que sigue siendo un misterio. Fue el paradigma del afán de protagonismo que todo cacique que se precie debe llevar a gala. Pasa en un buen montón de ferias de libro mexicanas, que llevan por bandera el nombre de alguien sin el que el acontecimiento no parece ser posible. Personas concretas que por lo general se aferran al sillón como si el mundo dependiera de ellos. Me ahorro también nombrar casos, para evitar los efectos de mi providencial capacidad de hacer amigos, pero desde cualquier punto de vista es inconcebible que al frente de un acontecimiento público de gran magnitud pueda estar la misma persona durante diez, quince, veinte o más años, cosa que ocurre solo en México, donde el caciquismo es una forma de vida, pues en el resto de países que uno conoce los eventos de esta naturaleza son dirigidos por consorcios, agrupaciones o comités integradores de los agentes del sector. Y no digamos las universidades, que no tienen un dueño fijo con nombre y apellidos, como también ocurre aquí. 
            Ante la muerte del cacique tenemos en México la oportunidad de oro de evolucionar a otro tipo de organizaciones de los grandes eventos, al menos en lo que se refiere al libro y la lectura, al punto de que estoy convencido de que con el deceso de Raúl Padilla, que descanse en paz y descansemos, con todas las incógnitas e incertidumbres que genera, se acaba la era del cacique cultural lleno de testosterona y puede comenzar la modernidad en la gestión cultural mexicana, que ya es hora.
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Nota del autor
He sido crítico con la gestión de de la FIL en los últimos años, como puede comprobarse en mis "Por qué hoy prefiero el “¡Oh, Juan Miguel!” a la FIL" y "¿Adónde vas, FIL?", publicados el 12 y el 13 de diciembre de 2021, y en "El misterio del documento de la FIL", del 11 de marzo de 2022, que están en comunicación directa con este de hoy, y a través de los cuales pretendo aportar mi granito para una nueva era cultural sin caciques, pese a lo bueno, que es mucho, y a lo malo, que no es menos, que conllevan, en México.  
   
Cartel de la FIL 2023, la primera de la era post Padilla.
Fuente de la fotografía: https://www.fil.com.mx/media/carteles.asp

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Librero del uroboro. 27. Sin destino. Ilse Ibarra Baumann

Sin destino

En Sin destino (Acantilado, trad. Judith Xantus) aprendí que “en ninguna otra circunstancia importa tanto llevar una vida ordenada, ejemplar y hasta virtuosa como estando preso.” Y aunque diga, en ninguna otra circunstancia, recuerdo que mi madre siempre me dijo “no sabes lo que es ser huérfana de madre y tener que caer bien para que no te hagan el feo y te rechacen en los lugares a donde el destino te avienta, en donde vives: interna o con otras familias”

“Lo principal era no abandonarse; algo siempre pasará porque nunca ha pasado que algo no pasara, eso me enseñó Bandi Citrom, afirmación llena de sabiduría que él había aprendido en el campo de trabajo. La primera cosa, la más importante era, en todas las circunstancias, lavarse. También era sumamente importante administrar la ración de comida, la hubiera o no. Por difícil que resultara esa dura disciplina había que guardar algo para el desayuno de la mañana siguiente. Es más, otro trozo debía quedar para la hora de la comida, procurando evitar que nuestros pensamientos y, sobre todo, nuestras manos se encaminaran a los bolsillos. Así, y sólo así, se evitaba el penoso pensamiento de no tener que llevar a la boca.”

“Todos ellos se esforzaba por igual en una misma cosa: todos trataban de mostrarse buenos presos. Claro, ese era su interés, eso requerían las circunstancias; nuestra vida, en realidad, se limitaba a eso.”

“ cualquier palabra de reconocimiento, cualquier señal, por pequeña que fuera, nos hubiera sido más útil, por lo menos a mí.(…) El sentimiento de vanidad permanece aún entre los presos, y ¿quien no anhela un poco de comprensión y de buena voluntad? ¿ Acaso no se llega más lejos con eso?”

Este es de los pocos libro referentes a la Segunda Guerra que la acepta, es parte del destino, así tenía que ser, no guarda rencor. Y pese a las atrocidades, el personaje contempla el atardecer y, ya estando libre, los recuerda, recuerda aquella belleza que vió estando preso.

Fotografía: I. I. B




Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.

Voces ensortijadas 168. El silbido del viento. María Gabriela López Suárez

El silbido del viento
María Gabriela López Suárez


La ciudad se percibía tranquila, el periodo vacacional le daba un respiro al incesante cotidiano lleno de ajetreo y prisas. Iracema se percató de eso al no escuchar el ir y venir de los coches y del transporte público, el ruido del claxon y el inconfundible acelerar de motocicilistas que continuamente llegaba hasta su casa.

—¡Qué apacible atmósfera se percibe hoy! Tenía rato de no disfrutar este ambiente —dijo para sí.

Se entrajinó en algunos menesteres pendientes en la cocina, en la temporada de la Semana Santa en la familia de Iracema tenían la tradición de preparar dulce de garbanzo. Esa tarde iracema y su familia habían quedado de ir a casa de la tía Lourdes para compartir la cena. Ella había quedado de llevar el postre, dulce de garbanzo. Así que terminó de lavar el garbanzo previamente hervido y lavado; lo preparó con canela, un poco de azúcar y panela para que fuera tomando sabor.

Llamó a Jeremías y Tobías, sus hijos, para que le ayudaran a lavar los recipientes en que llevaría el garbanzo. Un poco a regañadientes llegaron e hicieron la labor encomendada para luego escabullirse y continuar jugando dominó.

Iracema estuvo pendiente que el dulce quedará bien cocido y con caldito, sin olvidar una de las principales recomendaciones, evitar agregar agua fría para que el garbanzo no se pasmara. Es decir, tomará una consistencia dura, sinónimo de haberlo echado a perder. Una vez cocinado el dulce de garbanzo, llevó la olla al patio para que se enfriara.

Después de colocar la olla sobre una mesita, se sentó un rato y se detuvo a contemplar de nuevo el paisaje sonoro, sin la bulla de coches. Observó la luz de la tarde, era sumamente bella. En el patio, la hojarasca que se mecía al compás del suave oleaje del viento que la empujaba llegaba a formar pequeños remolinos. Iracema respiró profundo, como en un cuarto plano alcanzó a escuchar las risas de sus hijos, seguro que se la estaban pasando bien, aunque no tardaría en llegar el reclamo de alguno de los dos al perder en la partida de dominó.

El paisaje de la tarde trajo a la memoria de Iracema  las tertulias en familia cuando era niña. Algo que disfrutaba era escuchar las anécdotas de la abuelita o el abuelito y qué decir de las experiencias que compartia el tío Panchito, tenía un estilo peculiar de narrar las historias y de lo chusco que le había sucedido. El silbido del viento la hizo volver al presente. Iracema revisó su reloj, ya era hora que se fueran arreglando para ir a casa de la tía Lourdes; el dulce de garbanzo ya estaba preparado y el viento había sido el mejor aliado para enfriarlo.

Photo by Jan Koetsier on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 168. De sangre helada. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz

Polvo del camino/ 168

De Sangre helada
Héctor Cortés Mandujano


Juan Ángel y yo publicamos un librito donde cada uno hizo su propio ejercicio. Yo escribí y Juan Ángel dibujó, pintó, diagramó, cortó y pegó… El monstruito se echó a andar y hubo que presentarlo a los demás. Lo hicimos.  
        Luego de las breves presentaciones (que aquí resumo) leímos, acompañados por música de suspenso y con una falsa penumbra, cuatro de los diez textos que constituyen Sangre helada.
	Dijo Majo: “Son los monstruos, las hadas, los espectros y animales fantásticos, quienes desde pequeños nos ofrecen moralejas fantásticas, porque siempre resulta mejor vivir la fealdad desde lo fantástico en lugar de la realidad, resulta mejor narrar la idea de monstruos que roban niños y hacerles ser cuidadosos, antes que aprender en carne propia o en afectos cercanos, lo que es el verdadero terror”. Luego Majo leyó “El duende”.
	Tania tomó la palabra: “La ilustración hace más que adornar o decorar un texto; por etimología también lo hace brillar, lo alumbra, lo aclara para explicar mejor su contenido. Los textos, que no por breves son menos sustanciosos, tienen la habilidad de dejarnos pensar, de imaginar el antes y el después, el siempre, porque nos habla de seres eternales”. Leyó “El gato”.
        Juan Ángel también habló: “Sangre helada nació como un híbrido de dos ideas concretas: un libro de horas u horarium y la visión del imaginario local. Héctor logra, en un ejercicio de abstracción hasta casi al punto de ser minimalista, ir más allá de las leyendas trilladas. Todo el conjunto de palabras queda enmarcado entre flores y huesos, y acompañado por un gráfico alusivo”. Leyó después “Las lechuzas”.
Yo leí “El árbol zopilote”. Éste, que te comparto lector, lectora,  no lo leímos:


El nagual

Las niños que están naciendo, aun cuando no sepan cuál será su opción sexual en el futuro (mujeres u hombres, binarios o poliamorosos), no saben que los tienen dentro.
	Son los naguales y habitan los cuerpos de los seres humanos desde que nacen.
	No siempre ellos están en lo que la gente suele llamar, con supina imprecisión, el alma, el chulel, el espíritu, pues toman como nuestra la parte que más se les antoja.
	Así, hay manos cuyos naguales son tarántulas y pies de machos cabríos.
	Espaldas donde hay alas de gallina y pechos en los que medran asustadizas ranas.
	Movimientos donde habita la pantera y bocas donde vive un chacal.
	Vaginas con lenguas de sapo y penes donde circula sangre de aves de rapiña. 
	Ojos de inocentes venados y corazones donde danzan las serpientes. 

[Sangre helada, con textos de Héctor Cortés Mandujano e ilustraciones de Juan Ángel Esteban Cruz se presentó en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en Telar Teatro, el viernes 24 de marzo de 2023, con la participación de María José García Cruz, Tania Corzo Hernández y los autores, con el apoyo de Carlos Ariosto y Alfredo Espinoza. Muchas gracias al público que nos acompañó y compró libros.]

 

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 109. Recuperar a Octavio Paz. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 109

Recuperar a Octavio Paz
Por Manuel Pérez-Petit

Este viernes 7 de abril me tocó hacerme cargo de Temas y +temas, que, como saben, es el programa de radio y tv en que, bajo la dirección de mi muy querido Miguel Bárcena, corajudo y preclaro periodista de raza, colaboro desde hace tiempo. Hacer periodismo es algo en lo que me va la vida y es casi lo único por lo que lo cambiaría todo…

A Maricruz Patiño

La Semana Santa es un montón de días sin magia y sin sorpresas –y en eso se diferencia de la Navidad– en que no hay nada que hacer o en que se hace cada año una y otra vez las mismas cosas. Como decía en mi anterior artículo, Todos los santos tienen octava, por lo general y salvo honrosas excepciones, en Semana Santa nunca pasada nada... Pero este año se ha llevado la palma y ha sido de órdago. Recuperen la costumbre de leer la prensa, y así me evito tener que enumerarles la de cosas que han pasado. Algunas de ellas terribles, sí, pero grandiosas, y es que cuando la actualidad se pone gritona desconoce la existencia de las minúsculas.
            De manera particular en mi caso ha sido anodina hasta antes de ayer, jueves, en que estuve conversando con una de las pocas personas que pueden presumir de haber sido y ser discípulas nada menos que de Octavio Paz (1914-1998), la que en mi opinión es la más importante poeta viva de México en la actualidad, Maricruz Patiño (1950), y aprovechamos para grabar lo que podríamos denominar entrevista pero que en realidad fue una clase magistral por su parte. De toda nuestra larga conversación salieron, y ya no pude editar ni recortar más, dieciocho minutos memorables, que fueron emitidos ayer en Temas y +temas, ocupando toda la segunda mitad de la emisión. Mis lectores saben que nunca los remito a que vean mis otros “trabajos”, pero hoy les recomiendo que lo hagan. Abajo les dejo algunos enlaces en que pueden disfrutar del conversatorio y de la propia Maricruz Patiño. No hay ahí un minuto que no merezca la pena ser escuchado. 
            25 años después de su fallecimiento, a Octavio Paz le han dedicado una casa museo, cosa que le dedican a cualquiera pero que hasta ahora nadie había dedicado al más importante poeta mexicano de todos los tiempos. “No sabes lo feliz que estoy –decía Maricruz, casi al final de la entrevista–, y, además, por desempolvar y deshacer esa historia negra que le han hecho a Paz. Trataron de apropiarse de él los de Letras Libres, pero yo creo que es un bien intangible nacional, por lo que no se lo pueden agenciar grupúsculos de intelectuales orgánicos para hacerlo pasar a la historia como un reaccionario de mierda”. 
            Pero lo cierto es que Octavio Paz es hoy un perfecto desconocido, ¿qué podemos hacer para recuperarlo? Maricruz lo tiene claro: “Para empezar, el Fondo de Cultura Económica debería publicar “Piedra de sol” en una edición barata y de bolsillo, y casi regalarla a todo el país. Creo que la manera de difundir a los poetas es haciendo que su obra se lea. Hay que hacer ediciones muy baratas de su obra, al menos de la más asequible, para empezarlo a dar a conocer, para que la gente al menos sepa su nombre...”
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Nota del autor
No hay felicidad que dure nada. Ayer, tras la emisión del programa, me sentía feliz, pero esta mañana recibí el mazazo terrible de la noticia del fallecimiento de Lourdes, hermana de mi muy querida Rosa Pereda, amiga que fue de Paz, por cierto, a quien he mandado un abrazo transoceánico lleno del cariño de media vida. Tanto ella como Lulú, que ahora está en el Cielo, saben bien lo que siento, y lo que las quiero. Descanse en paz.
 
   
 El 5 de marzo de 2012, en la XXXIII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, en el evento de presentación de Sediento Ediciones, en el marco del Pabellón Estado de México. Justo detrás de M. P.-P., con camisa morada, Maricruz Patiño. A su derecha, Guillermo Fajardo, Lorena Aguilar y Elia Vargas Sastré, y a su izquierda, Maria Merced Nájera Migoni y Jorge Gutiérrez, por aquel entonces Jorge Leroux. Agachados, a la derecha de M., Javier Trejo, y al extremo de su izquierda Alberto Zuckermann. Con apenas siete meses de vida, qué catálogo tenía ya por entonces Sediento Ediciones…
Fuente de la fotografía: Archivo de Sediento Ediciones, propiedad de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, escritor, editor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 108. Todos los santos tienen octava. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 108

Todos los santos tienen octava
Por Manuel Pérez-Petit

Por estar de vacaciones o por relajarnos en fechas en que se reduce la actividad general o sabe Dios por qué, nos pilla a casi todos fuera de juego, y esa es la clave por la que la Semana Santa es tiempo propicio para generar noticias importantes. Los motivos son un misterio, pues en apariencia no tiene mucho sentido, salvo si la intención es copar portadas de la prensa, pero no creo que los sesudos comunicólogos y publicistas de turno se hagan planteamientos tan simples. Estos días son, por decirlo de algún modo, por su condición original, de baja intensidad informativa, y así viene siendo desde siempre, y desde siempre hay ‘bombazos’ en esta semana que por su naturaleza es, cuanto menos, de reflexión y, sobre todo, de descanso. Esta ya tradicional efervescencia noticiosa semanasantera la entiendo, en cierto modo, como fruto de la paulatina e inexorable desacralización de nuestras vidas, máxime cuando los asuntos religiosos se vienen transformando de facto en materia cultural y no espiritual desde hace años, incluso generaciones. Como ejemplo, me ha venido a la memoria la legalización del Partido Comunista de España, que tuvo lugar el 9 de abril de 1977, sábado santo nada menos, en un país hipercatólico e hiperconvulso por aquellos tiempos pero en el que los dirigentes tenían claro su proyecto de levantar una verdadera democracia.
            En efecto, siempre hay ‘bombas’ informativas en estas fechas, por lo que uno ya ni puede relajarse. Solo en México han tenido lugar dos acontecimientos que, incluso, van más allá de lo cultural y no necesitarían de fechas vacías de información para tener lugar en las aperturas de los medios:
            El 31 de marzo, viernes de Dolores, cuando millones de personas están por irse a desconectar del mundo pero, eso sí, coincidiendo con el 108 aniversario del natalicio del poeta, fue inaugurada la Casa Museo Marie José y Octavio Paz, dando por fin salida a uno de los asuntos en mi opinión más vergonzosos e incomprensibles de la historia reciente de México, el del escritor mexicano más importante del siglo XX, querido por muchos y denostado por no menos pero de cuya entidad literaria y cultural al país nadie debió haber dudado nunca. Y quizá nadie dudó nunca, pero hace más de dos decenios que murió el poeta y no existía lugar al que ir a visitarlo. Al frente de tan magna institución han puesto a una personalidad de aparente bajo perfil pero impecable trayectoria como la poeta, gestora y editora Leticia Luna, a quien deseo la mejor de las venturas en esta responsabilidad. Hay mucho que hacer, desde luego, y no me refiero de manera específica a recuperar el tiempo perdido. 
            El 2 de abril, domingo de Ramos, Raúl Padilla López, el gran jefe de la Universidad de Guadalajara, México, y hacedor y factótum de la Feria Internacional del Libro (FIL), decidió por voluntad propia entregar la cuchara en su domicilio jaliscience, en un último acto de soberbia o quién sabe si de poco probable rendición, con una misteriosa nota de despedida que hace, por lo visto, temblar de pánico a más de uno, cuyo contenido desconocemos pero que algún día, tal vez cercano, dejará de ser un misterio.
            No me detengo en otros acontecimientos noticiosos de estos mismos días, como en la carta del presidente López Obrador a su homólogo chino, Xi Jinping, para frenar los envíos de la droga de moda, el fentanilo, hacia México, “por razones humanitarias” y “por los groseros amagos” de legisladores estadounidenses “para invadir México”, o en la compra por parte del gobierno mexicano de 13 plantas generadoras de energía a la hasta no hace poco multinacional “enemiga” española Iberdrola por cerca de seis mil millones de dólares, que el propio presidente define como “nacionalización”, que tuvieron lugar ayer, día 4 de abril, martes santo.
            Me quedo, pues, con el monumental acto de justicia que supone que por fin se haya abierto una Casa Museo de Paz y con el fallecimiento prematuro de Raúl Padilla, y dado que todos los santos tienen octava, lean esto como una especie de sumario de mis próximos dos artículos... Y es que es lo que pasa: se ausenta uno por unos días y zas, le llueven las noticias. Hoy ya no hay derecho a los descansos...
   
En un acto de justicia superlativo, por fin existe una Casa Museo de Octavio Paz (1914-1998).
Autor de la fotografía: Rafael Doniz. Fuente: Fototeca de Zona Paz. Tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Octavio_Paz_-_Entre_Libros.jpg. Licencia: Creative Commons Atribución-Compartir Igual 4.0 Internacional. 

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas 167. Bienvenida a la primavera. María Gabriela López Suárez

Bienvenida a la primavera
María Gabriela López Suárez


Se acercaba el periodo vacacional de la Semana Santa, Roberta esperaba con ansias unos días de descanso. Felipe, su esposo, la había invitado a que fueran a visitar a sus tías Conchita y Luisa que vivían en un pueblo ubicado a unas 3 horas y media de la ciudad. La idea de estar en contacto con el campo le hacía mucha ilusión a Roberta.
          Finalmente llegó la fecha esperada. Felipe compró chocolate con cardamomo para obsequiarle a las tías, había recordado que era una de sus bebidas favoritas. Roberta preparó pan de cazueleja para compartirles.
          Salieron de casa con previa revisión de que el coche estuviera en buenas condiciones para viajar en carretera. El paisaje que les acompañó en el camino a su destino fue una bella tarde soleada, de esas que arrullan e invitan a tomar una siesta. El clima caluroso se dejaba sentir. Cuando salieron de la ciudad el clima se sintió más agradable, un airecillo fresco acarició el rostro y cabello de Roberta.
           En su trayecto, mientras conducía, Felipe le fue comentando a Roberta algunas anécdotas de su infancia y adolescencia en compañía de las tías Conchita y Luisa. La casa donde vivían guardaba una serie de gratas nomemorias. Felipe era tan buen narrador que Roberta disfrutaba de la charla, escuchaba con atención y se imaginaba las historias.
         —Felipe debías ser cuentacuentos porque describes con tanto detalle lo que pasó que casi siento que estoy en el lugar de los hechos.
          —Y eso que no me viste cuando la tía Luisa me enseñó a hacer unos guiñoles con retazos de tela, era para la presentación de un cuento que, por cierto, terminó relatando ella porque me dio pena hablar en público.
          Ambos sonrieron y Roberta preguntó,
          —¿Ya estamos cerca del pueblo? Tiene rato que no veníamos pero hay ciertos elementos que voy recordando.
          —Tienes buena memoria, así es, llegaremos como en  media hora.
          Hicieron una pausa en la charla. Roberta observó que el camino se iluminaba con los rayos de la Luna que estaba cercana a su etapa de Luna llena. Se deleitó con la vista hacia la bóveda celeste, las estrellas titilaban decorando el cielo. Agradeció la ausencia de tantas luces como las que había en la ciudad. Alcanzó a percibir uno de sus paisajes sonoros favoritos, el canto de los grillos. Ese canto se había ido perdiendo en la ciudad y cada que Roberta tenía la oportunidad  lo disfrutaba. Percibió que la noche tenía un aroma distinto, el olor a naturaleza se hacía presente, no solo por estar en el pueblo de las tías sino también porque estaban en una de sus épocas favoritas del año. Ese viaje era una bella forma de dar la bienvenida a la primavera.
         El sonido del celular de Felipe se dejó escuchar, era la tía Conchita que preguntaba si ya estaban por llegar a casa, les estaban esperando para cenar.


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.