Revista

Líneas de desnudo. 36. Tiempo de mujeres. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 36

Tiempo de mujeres
Por Manuel Pérez-Petit

El parto de todo libro es terrible, como el ángel del que nos da noticia Rilke en su primera elegía. Soy de los que sostienen que ser escritor es una maldición y que las obras de arte, y las literarias lo son, son contra natura a la vez que expanden el universo. Y soy de los que pueden hacer compatible esta contradicción. Soy creador porque quiero, no porque no pueda no serlo. Existe mucho mito al respecto. Si siempre lo vi todo con palabras, lo normal es que todo lo haya expresado y exprese por escrito, como así ha sido, en una experiencia mucho más dolorosa que gozosa que ha dependido de la disciplina. Y sé que hablar de voluntad y disciplina en el mundo occidental en que vivimos es nadar contra corriente, pero es lo que hay, pues no se trata ahora de hacer ficción.
            No se puede hablar de parto ni de voluntad ni de disciplina sin hablar de mujeres, motores incuestionables y sostenes en demasiados casos de la vida. Yo no soy mujer, y quizá ésta sea mi mayor carencia. Si abundando decimos mujeres escritoras estamos hablando del doble valor de quienes se ven abocadas, en unos casos por complejas cuestiones culturales y en otros por simples imposiciones de la “oficialidad” masculina, a adoptar un papel secundario en todos los órdenes, y, en consecuencia, también en el de la literatura. Pero nada más lejos de la realidad. El siglo de Oro español no puede entenderse sin dos mujeres esenciales, Teresa de Jesús y Juana de Asbaje, más conocida ésta por Sor Juana Inés de la Cruz, cuyas obras sin parangón están ubicadas por la historiografía oficial como fundamentales y al nivel de los más importantes autores de la historia de la literatura.
            En tiempos más recientes y en otras literaturas, lo que solemos conocer de la inglesa del XIX, por ejemplo, es Dickens y Collins..., y sin embargo esa literatura no sería lo que es sin las mujeres extraordinarias que fueron coetáneas de ellos: Jane Austen, Emily Brontë, George Eliot..., muy influyentes en la literatura del siglo XX, como en Virginia Woolf, de tan grande influencia en todo lo que vino después de ella. Son solo casos que, incluso, se dan en todas las literaturas, y mujeres escritoras las hubo siempre, digan lo que digan a veces los manuales de historia. 
            No podríamos tampoco entender la literatura mexicana del siglo XX sin las mujeres escritoras que habiendo sido muchas veces “apartadas” de la historia oficial han ido terminando por imponerse sin remedio. Ahí están los casos de Elena Garro, Rosario Castellanos, Margarita Michelena, Ángeles Mastretta y muchos más...
            Pero hablando de mujeres tampoco podemos obviar el papel de ciertas mujeres en el desarrollo del conjunto de la sociedad, y no solo en la consecución de los derechos civiles para las propias mujeres. Y de figuras como Margarita Michelena, María Teresa Rodríguez, Daniela Camacho, Ángeles Mastretta, Hermila Galindo, Rosario Castellanos, Virginia Woolf, Murasaki Shikibu, Elena Paz Garro y La Pasionaria trata este libro que, además, está escrito por mujeres no menos excepcionales: Bárbara Sánchez, Elvira Hernández Carballido, Eve Gil, Marisa DSantos, Reyna Hinojosa Villalva, Rosa María Valles Ruiz, Sagrario León García, Teresa Dey y Mirna Yanira Garcia Vargas. Y todo ello tiene en común que estos trabajos, llamados a formar parte de la historiografía esencial generada en México y acerca de mujeres –y por mujeres–, fueron presentados –todos ellos– en el marco de la Feria Universitaria del Libro (FUL) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México, uno de los más importantes acontecimientos de fomento del libro y la lectura de cuantos se desarrollan en la nación mexicana. Y, por tanto, tiene sentido que en la FUL se lance esta edición, que ya antes de nacer resulta imprescindible.
            Si hablamos de mujeres escritoras debe quedar claro que una cosa es la literatura de mujeres y otra la literatura femenina, y que podría darse el caso de que haya más hombres que mujeres que hagan esto último, pero si hablamos de mujeres de lo que hablamos es de la historia del ser humano. 
            Llevo años negándome a aparecer en público. Si lo he hecho –demasiado en mi opinión– ha sido para demostrar que sigo vivo. Llevo años escribiendo como un condenado sin que nadie lo supiera, dedicándome con gozo y sufrimiento a la tarea de ser un escritor secreto... Sentado siempre al mismo lado del escenario en cientos de eventos, frente al público, en los que nunca fui el protagonista, pues siempre se trataba de dar protagonismo a otro, y eso me hacía sentir bien, pues de algún modo también con ello me negaba y a la vez me afirmaba en mi voluntad de dedicarme a los demás. Y en esa dedicación, las mujeres escritoras tuvieron siempre un papel protagonista. Fue mi decisión desde el principio. De los más de ciento cincuenta títulos publicados por mí con Sediento Ediciones, más o menos la mitad son de mujeres escritoras, y en todos los géneros imaginables: cuento, novela, poesía, ensayo, teatro... He publicado mujeres de todas las generaciones vivas y de más de una docena de países, residentes en seis de ellos. Primeras obras de muchas de ellas, compilaciones de otras, reediciones de otras más y ensayos también sobre mujeres, algunos de ellos escritos por mujeres. Las mujeres escritoras han sido siempre amables conmigo, mucho más que los hombres, y hasta podría afirmar que de ellas he aprendido más que de ellos, aunque esto siempre es relativo. 
            Por ello, por las razones expuestas más arriba y por muchos otros motivos que no cabe aquí señalar, en el proceso más doloroso de transformación de mi modesta y agotada casa editorial, es para mí una gran alegría presentar –y prologar, cosa que tampoco hice hasta hoy– este Tiempo de mujeres. Escritoras en la FUL, que de manera tan primorosa ha compilado Marisa D´Santos. 
            Y me siento agradecido.

                        Manuel Pérez-Petit.
                        México, Distrito Federal, agosto de 2016

 __________

Nota del autor
Traigo hoy aquí el prólogo que escribí a Tiempo de mujeres. Escritoras en la FUL. (Sediento Ediciones, 2016), coeditado con Kanankil Editorial.
 
   
 Portada de Tiempo de mujeres. Mujeres en la FUL (Sediento Ediciones, 2016)
Fotografía:  Portada de Tiempo de mujeres. Mujeres en la FUL (Sediento Ediciones, 2016). Imagen de portada: Tiempo de mujeres, ilustración digital, de ©Valente Bautista López, 2016.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas. 61. La espera en primavera. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 61

La espera en primavera

Por María Gabriela López Suárez

Alba y Elisa concretaron irse de mochileras a visitar pueblos fuera de su estado. Además de buenas amigas, tenían la coincidencia de trabajar de manera independiente y eso permitía que sus tiempos libres pudieran ajustarse para tomar unos días de descanso. 
          Ya ubicadas en uno de sus destinos, el primer día madrugaron para aprovechar el tiempo.      Decidieron recorrer el pueblo de San  Miguel, el clima era agradable, soleado pero fresco. En su trayecto no pudieron resistirse a comprar recuerdos y productos de la región. En uno de los puestos Elisa encontró bolsos tradicionales, le gustaron mucho para poder adquirirlos y venderlos en su tienda de artesanías. Sin darse cuenta, en alrededor de un par de horas ya llevaban varias bolsas con las compras realizadas. 
          Mientras seguían su recorrido se detuvieron al inicio de un andador donde a lo lejos se veían varios puestos de antojitos, les venían como anillo al dedo, sobre todo porque aún no desayunaban. 
          –Elisa, ¿te has fijado que parece que fuimos al mercado por la despensa de la semana? Mira cuántas bolsas traemos, hay que fijarnos muy bien para no olvidar alguna.
          –Es cierto Alba, vaya que somos rápidas comprando. Y hablando de eso, ¿entre tu cargamento traes los bolsos tradicionales que compré? 
          – No, creí que los habías agarrado tú después de pagar.
          Luego de revisar el contenido de cada bolsa, preocupadas se dieron cuenta que Elisa había olvidado esos productos en la tienda, varias cuadras atrás. Elisa propuso que ella regresaría a la tienda para avanzar y Alba se quedara con las compras. Pidió a Alba la esperara en la esquina del andador de los antojitos. Acordado esto Elisa partió prometiendo no demorarse tanto, Alba no le creyó del todo, justo porque era la primera vez que recorrían esas calles en un pueblo desconocido para ambas.
           El reloj comenzó a marcar el tiempo, eran las 11:45 de la mañana. Alba decidió sentarse a esperar  bajo el ventanal de una casa, ubicada al inicio del andador. Acomodó las bolsas. Para matar el tiempo quiso revisar sus redes sociales, sin embargo, no había señal. Se arrepintió de no haber llevado algún libro de bolsillo. Vio la hora, las 12:55. Empezó a impacientarse.
          Aprovechó para observar la dinámica en ese andador. Se puso de pie, le gustó el empedrado del piso. Se veía movimiento en donde estaban los puestos de comida, en ambas banquetas del andador. La mayor parte de las personas que transitaban eran mujeres. Se veía señoras ofreciendo sus  productos como blusas y vasos hechos con bambú. Alrededor de donde Alba estaba las paredes tenían murales muy coloridos con rostros de niñas, niños, jóvenes y personas adultas, con detalles que Alba asumió alusivos a elementos culturales que había visto en las artesanías que vendían.
          Sintió un ligero roce en su espalda, giró y se percató que era una rama,  la ventana de la casa estaba bellamente decorada con flores. Se acercó a una de las flores y halló en uno de sus pétalos a una catarina. Para Alba era una linda premonición haberla encontrado, recordó que solían dormir en invierno y salir en primavera, justo la época en que se encontraban. Tan entretenida estaba que olvidó revisar el reloj. En ese momento escuchó la voz de Elisa que gritaba,
          –¡Alba, Alba ya regresé!
          Al tiempo que agitaba alegremente la bolsa con los productos recuperados.
          Alba le devolvió el mensaje con una sonrisa en el rostro y aplaudiendo. La espera en primavera había valido la pena.

 
Photo by Viviana Camacho on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 61. Apuntes de oído, 2. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 61

Apuntes de oído, 2
Liliana Felipe: Y váyanse a joder como les guste


Héctor Cortés Mandujano

  
Liliana Felipe nació en Argentina, en 1954, pero desde hace muchos años vive en nuestro país y se ha nacionalizado mexicana. Desde hace años, también, es pareja pública de la actriz Jesusa Rodríguez (aunque se casaron en 2010), con quien codirigió y animó, por mucho tiempo, el mítico bar El Hábito en la Ciudad de México donde, por cierto, reapareció para volverse internacionalmente famosa, con 80 años a cuestas, Chabela Vargas.
	Liliana es pianista, compositora e intérprete. Sus 23 discos, hasta el 2019, los ha grabado en forma independiente y la mayoría con el sello de Ediciones El Hábito. Evidentemente no se le pudo ni se le puede ver por televisión ni pasan sus canciones por la radio. Es irreverente (hizo una versión del “Huapango” de Moncayo, con coros que repiten las palabras caca y popó, por ejemplo), no se detiene ante las llamadas “malas palabras” (deja de cantar y termina “Como Madame Bovary” con un grito contra los políticos corruptos: “Que se vayan a la puta madre que los recontramilreparió”) y es abiertamente lesbiana, feminista, vegana, defensora de los derechos humanos y de los animales no humanos. Artista y militante. Nada fácil de encarar para la superficialidad con se manejan los contenidos televisivos.
         Muchas de sus canciones son coyunturales (el TLC, las elecciones de cierto momento, algunos políticos que ya no están en funciones: Hank, Salinas, Cedillo, el canciller Derbez…), pero son señalamientos para que no se olvide lo que nos hicieron; sus dardos en general van dirigidos contra la religión, la política, los roles sexuales, la edad, la estupidez humana, los asuntos sociales; es decir, ha tenido y tiene mucha tela de dónde cortar.
         Es una artista a la que se le notan las lecturas. Ha puesto música a poemas de Fernando Pessoa (especialmente en su disco Tabaquería, 1997), Xavier Villaurrutia (“Nuestro amor”, que ha sido cantada por muchas intérpretes), Oliverio Girondo (“Se presienten”, “Todo era amor”), musicalizó la serie de descripciones sexuales de Henry Miller sobre el coño en Trópico de capricornio (“Los sexos de Miller”) y, entre varias referencias más, dice con tono perfecto el texto terrible y certero “Los nadies”, de Eduardo Galeano… 

“A nadie” (Que 20 años no es nada, 2009) es una de sus canciones emblemáticas y tal vez la más versionada. La cantan Eugenia León, Margie Bermejo, Susana Zavaleta, Regina Orozco… Es una canción rara porque, aunque hace descripciones del fantasma a quien se la canta, nunca lo ha conocido; o sea, está dedicada a nadie. Dice: “Porque puede que te falte entusiasmo antagonista, porque puede que te sobre moralina y seas panista. […] Por eso no estás conmigo, por eso no estoy contigo”.
          “Mala” (Elotitos tiernos, 1992) es, creo, la primera canción que escuché de Liliana (con Astrid Hadad) y me encantó por las extravagantes comparaciones que hace: “Mala como la mentira, el mal aliento y el estreñimiento; mala como la censura, como rata pelona en la basura. Mala como la miseria, como foto de licencia. […] Mala por donde la mires, mala como una endodoncia… […] Pero qué bonita, chingao”.
          “A su merced” (Elotitos tiernos, 1992) es también una canción que ha sido interpretada por varias más y es un danzón en toda la barba. Es muy divertida y, me parece, muy creativa. Es una conversación entre frutas: “Platicaban las naranjas que las limas son bien fresas, que la vulgar mandarina se siente tan tangerina, y aconsejadas las tunas por la pérfida manzana, se agarraron de botana a las pobres aceitunas. Todo pasa, todo pasa, hasta la ciruela pasa”.

Te comparto lector, lectora, algunas líneas de sus muchas canciones, de sus muchos discos:
En “Mujer inconveniente” (de Elotitos tiernos, 1992): “Soy una mujer inconveniente; de esas que son fieles, relativamente”.
          En “Como Madame Bovary” (de Trucho, 2002): “Como Madame Bovary, todos tenemos un amante por ahí; como Madame Butlefly, todos tenemos un suicidio en Stand by… Como Madame Pompadour, tanta miseria nos da un toque de glamour”.
          En “Pero no te extraño” (de Oh noche, 1996, Eugenia León): “Y yo no te extraño, estoy como el caño, el caño de un baño, mojada por dentro y seca al revés”.
          En “También la belleza” (de Elotitos tiernos, 1992): “No me dejes sola como un calendario…”.
          En “Tienes que decidir” (de Tan chidos, 2005): “Tienes que decidir quién prefieres que te mate: un comando terrorista o tu propio gobierno para salvarte del comando terrorista. […] Tienes que decidir cómo prefieres morir: de hambre natural, de asco terminal, de pago de predial, ahorcada con tu chal, debiendo un dineral, cruzando de ilegal…”.
          En “Sentirlo todo” (de Elotitos tiernos, 1992): “Yo soy como la madeja: se me confunden las moralejas”.
          En “Si Diosito” (de Mil veces mil, 2008): “Si Diosito hubiera querido que no me masturbara o masturbase, me hubiera puesto el sexo más abajo o las manos más arriba, o las chichis en la espalda”.
          En “Si por el vicio” (de Trucho, 2002): “Por lo que fue brindaremos, voy al súper y tú cierras la llavecita del gas. Déjame escrito un adiós, una receta; cuando regrese no te quiero ver la jeta. Será el olvido como un dulce de chayote…”.
          En “No me daba cuenta” (de Liberación animal, 2019): “No me daba cuenta y como no me daba cuenta, no me daba cuenta de que no me daba cuenta…”.
          En “Las histéricas” (de Vacas sagradas, 2000): “¡Ay, Segismundo, cuánta vanidad! Infantiloide y malsano, el orgasmo clitoriano. ¡Ay, Segismundo, cuánta vaginalidad!, el orgasmo clitoriano, se te escapa de la mano. ¡Ay, Segismundo, cuánta vanidad! De tan macho, ya no encaja, no me digas que el placer es pura paja. […] Ya no sé si ponerle punto final o ponerle punto G”.

Mis dos discos favoritos: Elotitos tiernos (1992) y ¡Que devuelvan! (1996, Danzonera Dimas con Eugenia León). Mis 10 canciones favoritas: “A nadie”, “Mala”, “Mujer inconveniente”, “Como Madame Bovary”, “San Miguel Arcángel” (con Eugenia León), “Pero no te extraño”, “Sobreviví” (con Margie Bermejo), “También la belleza”, “También los jóvenes envejecen” (con Eugenia León) y “Los sexos de Miller”. El subtítulo de esta columna la tomé de su canción “Chivo expiatorio”.


Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 35. De mi carpintería (4): Mi destino. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 35

De mi carpintería (4): Mi destino
Por Manuel Pérez-Petit

En el hemisferio boreal ya hemos entrado de golpe en la prima(vera), que nos acoge con alborozo y convulsiones, días más largos y ansiedades más livianas. Por contra, en el hemisferio austral los cielos tendrán cada vez más a partir de ahora una tendencia a gris y a lluvia fría, la propensión a la ansiedad crecerá y los días serán en breve más breves y hasta quizá dolorosos serán. Es lo que tienen las semanas que suceden a cada equinoccio, que se da en las dos ocasiones al año en que se halla el Sol sobre el ecuador. Ayer mismo, sábado 20 de marzo de 2021, tuvo lugar uno, miren por dónde.
            Y con esta llegada pavorosa me he quedado seco de palabras, lidiando con mi actividad de dar los kolavales (las gracias) a quienes corresponden y levantar el proyecto que dará la vida a muchas personas y me la quitará a mí. Está bien, y lo tengo asumido como mi destino…
            Rebuscando entre mis cosas de allá y acullá, encontré estos versitos publicados en Facebook el 23 de marzo de 2012: 

            La primavera ha llegado

            Sonríe en ventanales y en rincones
            igual que la risueña primavera
            se despliega con pétalos de soles.

            Total, a qué abundar, pero el asunto es que cuando llega la primavera en mi hemisferio me acuerdo que existió el mayo francés y la primavera de Praga. Que en abril fallecieron Shakespeare, Cervantes y el Inca Garcilaso de la Vega –además, el mismo día, el 23, del mismo año, 1616–, dejando sus legados para llenar de luz todo lo creado, y que también murieron Mussolini y Hitler –con apenas dos días de diferencia, uno el 28 y el otro el 30–, acabando con una de las eras de penumbra más grandes de la tierra. O que mayo –al menos en mi hemisferio natal– es el mes de las flores. 
            Y me acuerdo siempre de Antonio Machado (1875-1939), que escribió “A un olmo seco”: 

            Al olmo viejo, hendido por el rayo
            y en su mitad podrido,
            con las lluvias de abril y el sol de mayo
            algunas hojas verdes le han salido. 

            ¡El olmo centenario en la colina 
            que lame el Duero! Un musgo amarillento
            le mancha la corteza blanquecina 
            al tronco carcomido y polvoriento.

            No será, cual los álamos cantores 
            que guardan el camino y la ribera, 
            habitado de pardos ruiseñores.

            Ejército de hormigas en hilera 
            va trepando por él, y en sus entrañas 
            urden sus telas grises las arañas.

            Antes que te derribe, olmo del Duero,
            con su hacha el leñador, y el carpintero
            te convierta en melena de campana, 
            lanza de carro o yugo de carreta; 
            antes que rojo en el hogar, mañana, 
            ardas en alguna mísera caseta, 
            al borde de un camino; 
            antes que te descuaje un torbellino 
            y tronche el soplo de las sierras blancas;
            antes que el río hasta la mar te empuje
            por valles y barrancas,  
            olmo, quiero anotar en mi cartera 
            la gracia de tu rama verdecida. 
            Mi corazón espera 
            también, hacia la luz y hacia la vida, 
            otro milagro de la primavera.
 
            Se trata de uno de los más hermosos poemas de todos los tiempos en lengua española, escrito el 4 de mayo de 1912 e integrado en “Campos de Castilla”, publicado ese mismo año, el cual –gracias a Dios– hoy por hoy se estudia y lee en todo el orbe hispanoamericano y se tiene como lectura obligatoria en secundaria en todos nuestros países. 
            Y hago votos para que las hojas verdes nos vuelvan a dar vida, y una vida nueva y aún más poderosa, una fuerza indestructible se pone en marcha y hace posible incluso lo que parece imposible, e incluso para no dejar de dar las gracias ni un solo día de mi vida. De manera continua me renuevo, pues, y cada primavera, en el propósito de desterrar el “pero” y mantenerme firme en el “puedo”. Al fin y al cabo es mi destino.

 __________
Nota del autor
En esta serie ‘De mi carpintería’ me he permitido pasar del 2 al 4 por los elementos que le son propios incluidos en varios artículos precedentes. Y ni que decir tiene que todo está sacado de mis archivos personales. Las publicaciones ya no existen. Dicho sea a efectos forenses.
 
   
©Francisco Higuera
Fotografía:   Retrato de M. P.-P. Collage. ©Francisco Higuera, fotógrafo y artista visual español. Junio de 2005.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 34. El oficio de editar VI. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 34

El oficio de editar VI
Por Manuel Pérez-Petit

A ver si nos aclaramos, y que alguien me diga quién está capacitado de verdad para ser juez. Expondremos un par de casos y una anécdota en relación a lo que venimos hablando.
            Caso 1: El “nefasto” Yordi Rosado, que ha vendido en México desde 2005 más de tres millones de ejemplares de sus ocho libros publicados –¡más de tres millones!–, todos enfocados a los adolescentes y a sus padres desde diversos puntos de vista –para comprenderse, para emprender, para mejorar su convivencia...– y todos de autoayuda, por lo cual podríamos denostarlos, pero resulta que hay un claro consenso entre terapeutas que califican en su conjunto la obra de este productor y conductor televisivo como muy buena y de gran valor…, y aunque sean libros con un público objetivo limitado resulta que todos ellos han estado durante años entre los más vendidos en las librerías mexicanas. Y ayudando a mucha gente, no en vano este personaje por el que montaron hace cerca de cinco años un escándalo de enorme magnitud funge en sus ratos libres como voluntario para promover la agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuyo razón de ser es dar a conocer los Objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de dicha organización, en especial en lo relativo al Reto del Hambre Cero. No pretendo ponerle una medalla –y tampoco gano nada por intentar ponerlo en su sitio–, pero lo cierto es que este señor ha conseguido que haya más lectores en los últimos 7 años que todas las editoriales alternativas de México juntas, y no hace falta mirar las estadísticas. Y puede que esos mismos lectores, que quizá no tuvieron nunca contacto con un libro hasta encontrarlo, por la razón de haberlo descubierto luego se interesen por otros libros de otro corte y otra naturaleza, en beneficio de muchos. Este Rosado tiene un libro, por ejemplo, del que deberíamos aprender todos, mecachis. Se trata de “¡SIN PRETEXTOS! Cambia el pero por el puedo”, que su editorial explica del siguiente modo: “Lo que eres es mucho más que suficiente para ser… todo lo grande que quieras ser. Sabías que no puedes regresar al pasado para volver a empezar, pero puedes empezar ahora y cambiar el futuro. Cuando crees de verdad en algo, tu mente encuentra la manera de lograrlo. Tus logros no te definen, te define lo que superas. Las crisis son la mejor oportunidad para crecer, pues la vida te las pone enfrente para que hagas algo que jamás te hubieras atrevido...”. No sé ustedes, pero yo creo en ello. Es más, estoy por ir a buscarlo.
            En relación a la capacidad que los “puristas” elevados, aristócratas de la “alta alcurnia literaria”, capaces de condenar al infierno o elevar al cielo a una obra publicada o a un autor –incluso sea cual sea su obra–, está un segundo caso, que, por cierto, no ha aparecido antes en mis artículos –ni creo que vuelva a aparecer al no ser de mi interés particular, aunque no lo desprecio–. Veamos, pues, el caso 2 que vengo a proponer a la reflexión general: Paulo Coelho. 
            Me echo a temblar de solo pensarlo, y me río hasta de mi sombra. Reconozco no haber leído a este brasileño que vende libros como churros. Traducido a 83 lenguas, ha vendido más de 350 millones de ejemplares en 170 países desde 1987… ¿De verdad que alguien me va a intentar convencer de que hay más de 350 millones de “tontos” en el mundo dispuestos a leer –ya que leen– tal “bazofia” –pues, desde luego, todo lo suyo lo es, según los opinadores más sesudos–? No sé ni cómo escribe –jamás he leído una página suya–, pero algo hará bien, pues me resulta demasiado pretencioso por parte de cualquiera despreciar el muy grande bien que este señor ha hecho al sector editorial con su trayectoria, y no solo a la multinacional que le publica, sino, por extensión a todos los editores. Gente, por ejemplo, que nunca hubiera ido a una feria del libro y que van a por libros suyos, paseando, de paso, por el resto del recinto…, en lo que pueden comprar otra cosa. Me dirán ustedes que un llavero… Vaya por Dios, y yo les contestaré que bien podrían cambiar “el pero” por “el puedo”, que ya estuvo.   
            Recuerdo una anécdota en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Fue en 2011, el año del vigésimo quinto aniversario de la FIL, el más importante evento de promoción del libro y la lectura del ámbito del idioma español en el mundo, el primero en que Sediento Ediciones tuvo estand, gracias a la invitación que con suma amabilidad me hizo el Consejo Editorial del Estado de México (Ceape), invitación que me volvió a realizar año tras año hasta 2015, en que decidió prescindir en su pabellón de los independientes y yo ya comencé a buscar y a encontrar otros acomodos para que Sediento siguiera estando presente. Mi entonces editorial estaba aún en sus comienzos, con apenas medio año de vida y un catálogo de algo más de treinta títulos. Había que hacer algo para que esos días no fueran en realidad una pérdida de tiempo, dada la marabunta de editoriales y ofertas que por doquier llenaban –y espero que vuelvan a llenar pronto– las instalaciones de la Expo Guadalajara. Tracé el plan de tirarme a los pasillos, que es jugar al límite del reglamento, hablar con la gente, llevar siempre libros en la mano… Entre otros motivos porque nadie iba a venir a buscarme… En una de esas, me encontré con una señora, a la que ofrecí alguno de mis títulos…
            —Es que vengo a buscar otra cosa… 
            —Lo comprendo, es natural. Si viniera a buscar algún título de Sediento, yo se lo regalaría… —la señora se echó a reír 
            —Voy a Gandhi a por el último de Paulo Coelho.   
            —Desgraciadamente, yo no tengo ninguno, ni de segunda mano, y tampoco tengo alguno que se parezca a los que escribe ese señor, pero fíjese usted: de que yo venda un libro, uno solo, de los que hago, a usted, por ejemplo, depende que en un futuro pueda tener uno en mi catálogo de ese autor o de otro que alguien como usted venga a la FIL a buscar, sin saber ni siquiera que yo existo. 
            Se quedó pensativa por un momento, se acercó mi espacio, miró complacida varios títulos –ya no tenía prisa alguna–, se los expliqué, y, al final, me compró una novela y yo le regalé un libro de poemas. Días después escribió a la editorial agradeciendo mi atención para con ella y comentando que le habían encantado los libros. Y al año siguiente vino a buscarme, a ver qué nuevos títulos había publicado.
            En la próxima entrega les hablaré desde un kiosko de prensa, que tanto bien –creo yo– y tanto mal –creen muchos– ha hecho al mundo editorial. Sigan atentos a sus pantallas.

 __________

Nota de autor
Sediento Ediciones paró máquinas entre el último trimestre de 2016 y el primero de 2017, tras cinco años y medio de actividad, habiendo consolidado un catálogo de 156 títulos de más de doscientos autores de 14 países, para un total de más de medio millón de ejemplares producidos y vendidos en dos continentes, de los cuales hoy apenas quedan –ya no para su venta– algo más de mil quinientos. La editorial no hubiera podido durar tanto tiempo si no fuera por su reiterada presencia tanto en la FIL como en otras grandes ferias, de la mano del Ceape. Quede el dato aquí a efectos de reconocimiento y gratitud.
Estand de Sediento Ediciones en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), 2011. Foto de M. P.-P. con autores.
Fotografía:  Estand de Sediento Ediciones en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), 2011. Foto de M. P.-P. con autores. En la imagen, de izquierda a derecha: Javier Allard (con su novela Los ojos de Luna y el fin de los Cometas, que unos años después publicó Alfaguara), Lydia Martínez (con su novela Kozlak y el libro del Arcano. Crónicas góticas I, uno de los proyectos más ambiciosos de la historia de Sediento), M. P.-P. y Elia Vargas Sastré (con su obra de teatro La muerte irredenta, con la que se demostró durante años que la dramaturgia de calidad sí vende).

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 33. El oficio de editar V. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 33

El oficio de editar V
Por Manuel Pérez-Petit

No sé por qué me han venido a la cabeza dos hechos que tuvieron lugar en México de finales de agosto a principios de septiembre de 2016, y que me parecen que ni pintados a vueltas con la nada novedosa realidad de la precariedad del mundo editorial. Lo común a ambos casos es el escándalo que suscitaron. 
            El 26 de agosto fue inaugurada la vigésimo novena edición de la Feria Universitaria del Libro (FUL) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), con la presencia en calidad de invitado del ex-presidente del Gobierno de España José María Aznar, cuyo principal mérito conocido en relación a los libros es que se confiesa desde siempre como lector de poesía. Ese mismo día fue investido Doctor Honoris Causa por la UAEH, “en reconocimiento a su destacada trayectoria política y social al frente del gobierno español que contribuyó excepcionalmente al mejoramiento de la vida de su país”, antes de lo cual Humberto Veras, rector entonces de la institución, y el propio Aznar habían rubricado un convenio de colaboración entre la máxima casa de estudios de Hidalgo y el Instituto Atlántico de Gobierno que encabeza el expresidente español –a cuyo Consejo Académico y Social pertenecen figuras como el Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, el expresidente de México Ernesto Zedillo o el historiador mexicano y editor de Letras Libres Enrique Krauze, entre muchas otras personalidades del ámbito hispanoamericano e internacional–, por el cual se fomentaría el intercambio académico de profesores y alumnos, así como la realización de investigaciones conjuntas en el ámbito de las ciencias sociales y ciencias políticas, que generaría beneficios reales no solo para la universidad sino para el conjunto del estado. Luego, se desplazaron a inaugurar la 29ª FUL. Hasta aquí todo normal –o debería haberlo sido–, pero el caso fue la reacción en los medios locales y de un buen número de escritores que estaban programados y que en protesta cancelaron su participación en los eventos. Se podía –y puede– juzgar al personaje –Aznar–, por mentir sobre las armas químicas de Irak, por hacer entrar a España en la guerra y por mentir de nuevo a los españoles sobre el terrible atentado del 11-M, pero en esa ocasión lo único importante era el beneficio que para Hidalgo suponía su presencia. Pese a todo, con todo lo que es la FUL –de lo que da buena cuenta la prensa en general, por lo cual huelga reiterarlo aquí: una de las diez ferias del libro más importantes de México–, es triste que se recuerde la de ese año por la presencia del expresidente español, y, sin embargo, ese hecho le dio más publicidad de la que suele tener –que por lo habitual no es poca–. Y puedo asegurar que se vendió bastante.
            Ya por esas fechas se había levantado una gran bronca a cuenta de la participación como invitado especial del conductor televisivo mexicano Yordi Rosado –a decir verdad alguien desconocido por completo fuera de México– en el XXII Festival Internacional de Letras de San Luis Potosí, por además pagarle por impartir una conferencia motivacional –que tuvo lugar el nueve de septiembre– de dos horas, titulada "Dos-tres netas”, un total de 123 mil 200 pesos mexicanos, lo cual no es más que precio de mercado, que es el que manda. Lo cierto es que con la presencia de este autor de varios libros para adolescentes de gran éxito comercial –dicho sea de paso–, el festival potosino, organizado por la Dirección Municipal de Turismo y Cultura, alcanzó unos niveles de difusión muy pero que muy superiores a los habituales, pese a lo que la indignación llegó a alcanzar temperaturas muy altas. El rechazo al personaje y a su participación en el evento llegó a trascender incluso las fronteras mexicanas, resultando hasta desagradable por la agresividad empleada por mucha gente –que tuvo en el insulto un modo habitual de expresarse–, en defensa de su opinión legítima –como todas– pero que perdió todo su valor por causa de las formas empleadas. 
            Nadie se preguntó entonces –ni ahora–, tampoco, los beneficios que al sector editorial le supuso la presencia de ambos personajes en tan magnos acontecimientos.
            Son solo dos casos gracias a los cuales a la postre se fomenta mucho más el libro y la lectura que con cualquier campaña de concienciación ciudadana o de creación de bibliotecas, estrategias que son necesarias pero a todas luces siempre insuficientes, y más aún sin ayudas públicas. Hay situaciones concretas y las hay generales. Externas al mundo del libro y la lectura o de forma plena involucradas en ello. Lanzamientos editoriales, por ejemplo, que hacen que muchos se lleven las manos a la cabeza, pero no debemos olvidar que se trata del mercado. Ninguno de los puristas que hacen coro contra lo que denominan en masa literatura “mala” es Cervantes, y ni siquiera Alfonso Reyes o Jorge Luis Borges, y la inmensa mayoría de ellos no saben del mundo del libro casi ni el abecedario. Ya estuvo bien de puritanismos endogámicos que no conducen a ningún sitio, de imposturas y escenografías artificiales más motivadas por el afán de notoriedad de quienes las ensayan que por la verdad y lo objetivable. 
            Soy de los convencidos de que es mejor leer cualquier cosa que no leer. Que un lector de una obra que podría calificarse por el consenso intelectual como “mala” –con toda la dificultad que conlleva llegar a establecer este tipo de clasificación en la mayoría de las ocasiones– es una posibilidad de que llegue a existir algún día un lector de una obra que esa relativa mayoría que establece el estado de opinión de cierto canon considere como “buena”, pues al fin y al cabo es un lector, y como tal suma, y no solo a la estadística. 
            Lo mismo podría afirmarse que gracias a los denostados Yordi Rosado –que cobró por una conferencia y acerca del que nadie recuerda que sus libros se venden por cientos de miles de ejemplares– y José María Aznar –que se comprometió a traer dinero para el desarrollo académico y que no pronunció una sola palabra de política durante su estancia en Hidalgo–, y a los que los llevó o trajo a los eventos que con su esfuerzo, capacidad y buena fe organizan, hubo de golpe en México más gente que supo que los libros existen. Que hasta pueden leerse. Que no muerden. Incluso que alimentan. 
            Y se lo debemos también a aquellos a los cuales, en su ociosidad, esa cierta aristocracia cultural, solo se les ocurre agredir sin piedad y sin descanso, generando escándalos desproporcionados por sistema y sin cabeza, sin reparar en la realidad irrefutable de que hechos como aquellos suponen auténticos revulsivos en favor del libro, y hasta la lectura.
            ... Está muy bien leer, desde luego, en todo caso, pero debe ser más importante para el editor vender libros que que se lean, porque si nos los vende, habrá cada vez menos libros y, en consecuencia, menos lectores. 
4 de septiembre de 2016. Presentación de Tiempo de mujeres. Escritoras en la FUL (Sediento Ediciones)
Fotografía:  4 de septiembre de 2016, domingo. Presentación de Tiempo de mujeres. Escritoras en la FUL (Sediento Ediciones), en la FUL 2016. En la imagen, de izquierda a derecha: M. P.-P., Teresa Dey, Elvira Hernández Carballido, Marisa D'Santos, Reyna Hinojosa Villalva, Yanira García, Rosa María Valles Ruiz, Sagrario León García y Eve Gil.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 32. Declaración(es) de amor. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 32

Declaración(es) de amor
Por Manuel Pérez-Petit

Te amo por tu respiración de ángel, por tu caminar de rosal enhiesto, por los gestos de tus manos que son gacelas encendidas, por las fauces de agua fértil de lo que me haces soñar...
            Te amo porque eres ida y siempre te hallo tejiendo y destejiendo un manto mágico con tu mirada...
            Te amo por todo, en paquete, por lo que eres, por tu capacidad de enervar mi ser...
            Te amo por mis quejas de ti, por todo lo que me molesta que hagas o dejes de hacer, porque todo en ti contribuye a construir el mundo...
            Te amo por lo que aprendo de ti, por lo que me enseñas, por esta admiración que siento y me hace más grande...
            Te amo porque nunca te das por vencida, porque aunque te tiren no te quiebran, porque eres la heroína que me da el aliento...
            Te amo porque me tienes enamorado como a un hijo de perra que alza sus garras para convertirlas en algodón...
            Te amo porque me vas a enloquecer como las bestias de tus ojos... 
            Te amo porque no tengo otra opción y es irremediable que tendré que ser tuyo, unido a ti, hecho en ti, atado a tu libertad sonora, cubierto de cadenas de besos y caricias...
            Te amo porque mi fin no es otro que ser en ti por el resto de mis días, preso de tu ser de luz...
            Te amo porque sé que amanecer en ti es mi bendición, que en ti cada día dçia es un día nuevo, nunca un día más...
            Te amo para morar en ti, que es el único lugar posible en el mundo para mí... 
            Te amo porque estoy convencido de ofrecerte todo lo que pueda caber en mis manos, todos mis saberes, mi ternura, mi amparo…, y que eres mi única donación posible... 
            Te amo y por eso te expreso mi deseo de que te abandones en mí como yo lo hago en ti, pues yo traigo tu descanso y tu anhelo, tu completación, como tú traes la mía... 
            Te amo porque nunca das nada por imposible y por eso eres mi modelo...
            Te amo porque puedes amarme como soy, porque eres mi todo, porque solo en ti, en nosotros, es posible la realidad más plena, porque en ti me hallo tan desnudo que no necesito inventarme...
            Te amo porque eres la existencia y en ti veo a Dios, con lo cual veo todas las cosas... 
            Te amo porque solo tú conoces el oxígeno que me respira, porque eres eternidad...
            Te amo porque de entre todas las flores me quedo contigo, pues no existen flores que se te puedan comparar...
            Te amo porque eres la rosa que me lleva a vivir la anhelada transparencia... 
            Te amo porque eres honesta, limpia, consecuente, leal y libre...
            Te amo porque me haces creer aún más en el amor, en la luz y en los milagros...
            Te amo porque en ti la vida nunca acaba, porque tu luz es el océano que nunca acaba...
            Te amo porque me haces crecer cuando te miro còmo me miras y cuando me miro, y me veo, en tus ojos...
            Te amo porque en nosotros no hay lugar para la desesperanza y cualquier determinismo está muerto y enterrado de antemano, porque nos ponemos manos a la obra en la seguridad de que el buen puerto ha de llegar...
            Te amo en la isla en que el águila devora a la serpiente, sobre el lago que ya no existe pero tiembla, en mi Anáhuac, mi también posible patria prometida, en la dignidad, que nace de uno mismo, en la fe, que es el motor que me impulsa en este trasiego en que arrastro por el mundo mis escombros de luz y lo que soy, en la capacidad de amar y ser amado...
            Te amo porque de ti salen puñales a mi pecho y reviento con sangre y con espinas bajo el ángel de muerte y luz que brota de tus manos, porque no hay otro dolor que el que yo tengo ni otra desolación más que esta mina que a la muerte me lleva en su regazo...
            Te amo porque nos ponemos a la tarea de construir sobre estos socavones en que nos hemos felizmente despeñado... 
            Te amo porque en esta incertidumbre de días que nadie entiende crecen cicatrices luminosas que redibujan la cartografía del universo, poniendo en la parrilla de salida de tus manos misterios capaces de abrir todas las puertas...
            Te amo porque solo nosotros conocemos el arcano que nos libra de la muerte... 
            Te amo porque me siento más yo cuando cruzo las cordilleras de tus labios...
            Te amo porque enmudece al mirarte y verte y es entonces cuando hablan los gestos y cada instante dice un nombre que desentraña el cosmos... 
            Te amo porque en nosotros es posible habitar en todos los planetas... 
            Te amo sobre todas las cosas, sobre todos los seres, sobre el resto del mundo, en la nueva era de la verdadera alegría, de la verdad con mayúsculas que ya somos nosotros...
 __________
Nota del autor
Estos textos, concebidos como uno o como varios que tanto monta, que pueden ir en el orden expuesto o en cualquier otro, deben enmarcarse en mi serie De mi carpintería, aunque una parte de ellos fueron creados ayer mismo, domingo 14 de marzo de 2021, mientras escribía la presente nueva entrega de mi Líneas de desnudo. Por otra parte, hay mucho que hacer y escribir, por lo que espero abandonar pronto el azúcar.
 «Rosa de fuego»
Fotografía:  Rosa de fuego, fotografiada en el Principado de Andorra en 2009.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas. 60. La salsa verde. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 60

La salsa verde

Por María Gabriela López Suárez

Con cariño , en tu memoria, tía Emelia

Las partidas físicas de los seres amados llegan en el momento menos esperado, cuando me enteré de la tuya tía se me vinieron a la mente los recuerdos de los instantes que compartimos contigo. Es asombroso cómo nuestra mente, corazón y los sentidos se conectan de inmediato en esta evocación de la memoria, todos ellos cobijados en el sentimiento del amor. 
         Una a una se dejaron venir las imágenes de la infancia y adolescencia, como una especie de memoria fotográfica pero  acompañadas de olores y sabores. Uno de mis primeros recuerdos fue tu sazón al cocinar, apareció sin lugar a dudas esa salsa verde inigualable que cocinabas y con la que nos deleitaste cuando estabas de visita en casa. La probamos más de una vez y en todas las ocasiones tuvo ese sabor tan delicioso que no he vuelto a probar. 
         Nunca te pregunté el ingrediente secreto, no sé si lo tenías, y como dice mi colega Delmar Penka en su obra Te sututet ixtabil, El giro de la pelota, “la falta de un soporte nos deja abierta la posibilidad de reinventar el pasado”. Por eso, hago uso de los recuerdos para tratar de encontrar ese elemento que hacía de tu salsa verde una deliciosa acompañante en las comidas, quizá era una manera de compartirnos tu cariño. 
         Aparece también tu imagen con la paciencia que siempre percibí en ti, el sentido del humor y tu franqueza, las anécdotas en las charlas, el consentir a tus sobrinos y  de nuevo, surge la cocina, esa mezcla de colores, olores y sabores que se integraban en los platillos. El sabor a la gastronomía del centro del país, donde el tomate verde y el picante no podían faltar. He ahí la insistencia de la salsa verde, probablemente ese sazón tan peculiar en ti era de familia, herencia de tu mamá y hermanas.  No lo sé.  De lo que sí estoy segura es que tú también sabías que te quedaba deliciosa, asoma a mis oídos una frase, que trato de reconstruir, después de una ocasión que preparaste tu salsa:
          – Sí que me quedó rebuena.
          De nuevo se dibujan en mi mente los sabores, ahora viene el ponche, me gustó desde que lo probé cuando lo preparaste en una cena de Navidad. Nunca te dije que me gustó tanto que lo trasladé a mi aporte culinario en casa. Cada Navidad lo preparó, le hice un ajuste a tu receta, no le agrego tamarindo.
           Gracias tía,  por el cariño que nos diste y los recuerdos que guardaremos en la memoria y el corazón.
 
Photo by Julia Volk on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 60. La vía secreta. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 60

La vía secreta
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

  
El hombre le pidió que fuera de noche a su casa. No era la mejor idea, pero su trabajo de traductora no siempre era fuente de contratos. Ni modo. 
           Cuando hablaron por teléfono la voz masculina le pareció cálida, amable, confiable. Tal vez su voz fuera como él. Cruzó los dedos.
           Llegó a la dirección y tocó el timbre. Le abrió la puerta un joven, que se apoyaba en un bastón.
           —Perdona, no quise decirte. Por eso no podía verte en otro lado, tuve un accidente. Pasa…
           La sala estaba recargaba de adornos, fotografías, cuadros, libros.
           —Preparé una mesita en el jardín, es por allí…
            Cuando ella caminaba en el rumbo que le había indicado, sonó de nuevo el timbre.
           —Ahora te alcanzo, sigue…
           Oyó otra voz masculina. Otra persona llegaba.

Encendió un cigarrillo y en ese momento, como bólido, el recién llegado, a quien no tuvo posibilidad de ver antes, se le lanzó encima. La tiró con el impulso y cayeron juntos; ella se rehízo antes que él y, para detener el nuevo ataque, levantó la pierna y el tacón de su zapatilla se hundió en la garganta de su agresor. La fuerza con que él caía y la fuerza con que ella levantó la entrenada pierna hicieron una punta fatal, definitiva.
	Él se retorció y ella se quitó el zapato. Se escuchaban los estertores cuando el anfitrión, con la torpeza de su caminar, arrastrando la pierna, llegó.
	—¡Dios mío!, ¿estás bien? Parece que este loco venía detrás tuyo y se metió sin mi permiso.
	Él le tendió una mano y ella se incorporó. Los dos vieron al muerto.
	—¿Lo conocías? –dijo él.
	—No.
	—¿Y qué vamos a hacer? –dijo él.
	—No sé.
	Se quedaron en silencio, se sentaron.

Como pudieron, más con la fuerza de ella que de él, que se dolía de la pierna y de un brazo, lo metieron en una bolsa de basura; limpiaron las huellas, subieron el cadáver al coche y con él salieron hacia la carretera. Avanzaron dos horas y en un lugar que creyeron solitario hicieron una fosa y lo arrojaron, lo cubrieron de tierra. Volvieron juntos. Era de madrugada, ella se quedó a dormir en la alcoba y él en un sillón de la sala.
	Pasó el tiempo y nada se supo del muerto. Ella y él se casaron poco después del incidente. Siguen casados. Son felices.
 

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 31. Confesión de urgencia. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 31

Confesión de urgencia
Por Manuel Pérez-Petit

                                       A la niña de los jardines

Os confieso que me he llevado la mayor parte de mi vida buscando lo que siempre di en llamar ‘mi lugar en el mundo’, a sabiendas de que no era una tierra específica sino otra cosa cuya definición también tardé años en descifrar y solo lo conseguí de forma vaga e inconcreta, por lo que me abstengo de expresarla.
            Os confieso que durante mucho tiempo pensé que mi sitio en el mundo, mi patria, mi destino, era una mujer, error terrible que he pagado una vez tras otra y con creces, por lo que no abundo en ello dado su carácter doloroso, confuso y complejo para mí.
            Os confieso que hubo un tiempo en que estuve convencido de que mi patria era una cultura, un ámbito cultural, la lengua incluso, y me puse a buscar y a rodar por el mundo, contraviniendo todas las convenciones familiares y sociales –convirtiéndome, de paso, en algo así como una oveja descarriada–, hasta que di con América y, más en concreto, con México, pero descubrí que la weltanschauung o idea del mundo que está en la base de toda cultura no hace de ningún sistema cultural algo único y diferenciado del resto del universo. 
            Os confieso que de inmediato observé que en la interculturalidad –que no en la multiculturalidad, pues la interculturalidad es comunicación, como la propia vida, mientras la multiculturalidad niega la comunicación– estaba mi sitio en el mundo. Y fue entonces que me di cuenta de que estaba más desnudo que nunca, más deshecho, más en condiciones de verdaderamente morir, lo cual es el paso para nacer.  
            Os confieso que que lo mío es algo fatal y hermoso. Que recuerdo con mucha recurrencia lo que Jorge Luis Borges dijo en su discurso de aceptación del Premio Cervantes 1979: "... Quiero decir también que me siento muy conmovido, tenía preparadas muchas frases que no puedo recordar ahora, pero hay algo que no quiero olvidar, y es esto: me conmueve mucho el hecho de recibir este honor en manos de un Rey, ya que un Rey, como un Poeta, recibe un destino, acepta un destino y cumple un destino y no lo busca, es decir, se trata de algo fatal, hermosamente fatal...".
            Os confieso que, a veces, me acuerdo de frases como ésta u otras, y las busco, las compruebo, las confronto –y también con mi estado de pensamiento o de sentimiento o con la nubosidad variable de cada día–, y me recreo en ellas, y me conmuevo, y me doy cuenta de por cuántas cosas debo pedir perdón y de por cuántas dar las gracias, del privilegio de los dones y encantamientos de manera inopinada recibidos, de los talentos que me juego en cada envite –bien o mal jugados, pero jugados con fe y con sangre, con una honestidad grabada en piedra–, y de que debo hacerlo todo, pese a mi invalidez demostrada y evidente, y mira que cansa, pero es lo que me toca. 
            Os confieso que por esta misma razón se me vienen encima todos los jaguares de la memoria, me inflamo como una rosa en el jarrón de su cárcel y me levanto como la hoja de un libro expuesta al viento, reconstruyendo lo que ha sido y es mi propia vida, y asumo ésta tal y como yo mismo me la he buscado, y me digo "venga", que está todo por hacer. Y si esto es fatalismo, fatal ha sido y es, desde luego, mi propia e inútil vida. Pero lo fatal no es lo malo, pues no puede ser malo lo que es inevitable y fruto de recibir, aceptar y cumplir un destino; un destino que no solo no se busca sino que es ineludible y que en el fondo se desearía, incluso, antes que para uno para cualquier otro, pero ese deseo, de tenerse, nunca se cumple.
Os confieso, en definitiva, que sí, que acepto mi destino y que cumplo mi destino –y que hace tiempo que no lo busco, porque buscar lo que se encuentra y se posee, aunque no sea del todo, es un contrasentido–. Que mi rendición no puede ser más evidente ni gozosa.   
            Eso sí, ya que hablamos de destino, me pregunto si puede haber algún otro destino que no sea expresado y realizado en términos de justicia. Y estoy convencido de que en mi caso el mayor acto de justicia es darme y que darme es mi destino, lo cual me da pie a cumplir, a cumplirme, de una vez, en mi sitio en el mundo. Y a estar de una vez en paz conmigo mismo, que ya es hora. 
            Con todo y ello, os confieso también que hace años me grabé a fuego lo que dijo un día no muy lejano el jefe Seattle: Hoy, aquí, para mí, "termina la vida y comienza la supervivencia", y quizá la supervivencia sea el modo más coherente con la aceptación de un destino, y el más pleno y auténtico de vivir y de llegar de una vez a la hora de la muerte.
Málaga, España, 2014.
Fotografía:  M. P.-P. en la plaza de la catedral de Málaga, España, en el verano de 2014.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.