Líneas de desnudo/ 33

El oficio de editor V
Por Manuel Pérez-Petit

No sé por qué me han venido a la cabeza dos hechos que tuvieron lugar en México de finales de agosto a principios de septiembre de 2016, y que me parecen que ni pintados a vueltas con la nada novedosa realidad de la precariedad del mundo editorial. Lo común a ambos casos es el escándalo que suscitaron. 
            El 26 de agosto fue inaugurada la vigésimo novena edición de la Feria Universitaria del Libro (FUL) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), con la presencia en calidad de invitado del ex-presidente del Gobierno de España José María Aznar, cuyo principal mérito conocido en relación a los libros es que se confiesa desde siempre como lector de poesía. Ese mismo día fue investido Doctor Honoris Causa por la UAEH, “en reconocimiento a su destacada trayectoria política y social al frente del gobierno español que contribuyó excepcionalmente al mejoramiento de la vida de su país”, antes de lo cual Humberto Veras, rector entonces de la institución, y el propio Aznar habían rubricado un convenio de colaboración entre la máxima casa de estudios de Hidalgo y el Instituto Atlántico de Gobierno que encabeza el expresidente español –a cuyo Consejo Académico y Social pertenecen figuras como el Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, el expresidente de México Ernesto Zedillo o el historiador mexicano y editor de Letras Libres Enrique Krauze, entre muchas otras personalidades del ámbito hispanoamericano e internacional–, por el cual se fomentaría el intercambio académico de profesores y alumnos, así como la realización de investigaciones conjuntas en el ámbito de las ciencias sociales y ciencias políticas, que generaría beneficios reales no solo para la universidad sino para el conjunto del estado. Luego, se desplazaron a inaugurar la 29ª FUL. Hasta aquí todo normal –o debería haberlo sido–, pero el caso fue la reacción en los medios locales y de un buen número de escritores que estaban programados y que en protesta cancelaron su participación en los eventos. Se podía –y puede– juzgar al personaje –Aznar–, por mentir sobre las armas químicas de Irak, por hacer entrar a España en la guerra y por mentir de nuevo a los españoles sobre el terrible atentado del 11-M, pero en esa ocasión lo único importante era el beneficio que para Hidalgo suponía su presencia. Pese a todo, con todo lo que es la FUL –de lo que da buena cuenta la prensa en general, por lo cual huelga reiterarlo aquí: una de las diez ferias del libro más importantes de México–, es triste que se recuerde la de ese año por la presencia del expresidente español, y, sin embargo, ese hecho le dio más publicidad de la que suele tener –que por lo habitual no es poca–. Y puedo asegurar que se vendió bastante.
            Ya por esas fechas se había levantado una gran bronca a cuenta de la participación como invitado especial del conductor televisivo mexicano Yordi Rosado –a decir verdad alguien desconocido por completo fuera de México– en el XXII Festival Internacional de Letras de San Luis Potosí, por además pagarle por impartir una conferencia motivacional –que tuvo lugar el nueve de septiembre– de dos horas, titulada "Dos-tres netas”, un total de 123 mil 200 pesos mexicanos, lo cual no es más que precio de mercado, que es el que manda. Lo cierto es que con la presencia de este autor de varios libros para adolescentes de gran éxito comercial –dicho sea de paso–, el festival potosino, organizado por la Dirección Municipal de Turismo y Cultura, alcanzó unos niveles de difusión muy pero que muy superiores a los habituales, pese a lo que la indignación llegó a alcanzar temperaturas muy altas. El rechazo al personaje y a su participación en el evento llegó a trascender incluso las fronteras mexicanas, resultando hasta desagradable por la agresividad empleada por mucha gente –que tuvo en el insulto un modo habitual de expresarse–, en defensa de su opinión legítima –como todas– pero que perdió todo su valor por causa de las formas empleadas. 
            Nadie se preguntó entonces –ni ahora–, tampoco, los beneficios que al sector editorial le supuso la presencia de ambos personajes en tan magnos acontecimientos.
            Son solo dos casos gracias a los cuales a la postre se fomenta mucho más el libro y la lectura que con cualquier campaña de concienciación ciudadana o de creación de bibliotecas, estrategias que son necesarias pero a todas luces siempre insuficientes, y más aún sin ayudas públicas. Hay situaciones concretas y las hay generales. Externas al mundo del libro y la lectura o de forma plena involucradas en ello. Lanzamientos editoriales, por ejemplo, que hacen que muchos se lleven las manos a la cabeza, pero no debemos olvidar que se trata del mercado. Ninguno de los puristas que hacen coro contra lo que denominan en masa literatura “mala” es Cervantes, y ni siquiera Alfonso Reyes o Jorge Luis Borges, y la inmensa mayoría de ellos no saben del mundo del libro casi ni el abecedario. Ya estuvo bien de puritanismos endogámicos que no conducen a ningún sitio, de imposturas y escenografías artificiales más motivadas por el afán de notoriedad de quienes las ensayan que por la verdad y lo objetivable. 
            Soy de los convencidos de que es mejor leer cualquier cosa que no leer. Que un lector de una obra que podría calificarse por el consenso intelectual como “mala” –con toda la dificultad que conlleva llegar a establecer este tipo de clasificación en la mayoría de las ocasiones– es una posibilidad de que llegue a existir algún día un lector de una obra que esa relativa mayoría que establece el estado de opinión de cierto canon considere como “buena”, pues al fin y al cabo es un lector, y como tal suma, y no solo a la estadística. 
            Lo mismo podría afirmarse que gracias a los denostados Yordi Rosado –que cobró por una conferencia y acerca del que nadie recuerda que sus libros se venden por cientos de miles de ejemplares– y José María Aznar –que se comprometió a traer dinero para el desarrollo académico y que no pronunció una sola palabra de política durante su estancia en Hidalgo–, y a los que los llevó o trajo a los eventos que con su esfuerzo, capacidad y buena fe organizan, hubo de golpe en México más gente que supo que los libros existen. Que hasta pueden leerse. Que no muerden. Incluso que alimentan. 
            Y se lo debemos también a aquellos a los cuales, en su ociosidad, esa cierta aristocracia cultural, solo se les ocurre agredir sin piedad y sin descanso, generando escándalos desproporcionados por sistema y sin cabeza, sin reparar en la realidad irrefutable de que hechos como aquellos suponen auténticos revulsivos en favor del libro, y hasta la lectura.
            ... Está muy bien leer, desde luego, en todo caso, pero debe ser más importante para el editor vender libros que que se lean, porque si nos los vende, habrá cada vez menos libros y, en consecuencia, menos lectores. 
4 de septiembre de 2016. Presentación de Tiempo de mujeres. Escritoras en la FUL (Sediento Ediciones)
Fotografía:  4 de septiembre de 2016, domingo. Presentación de Tiempo de mujeres. Escritoras en la FUL (Sediento Ediciones), en la FUL 2016. En la imagen, de izquierda a derecha: M. P.-P., Teresa Dey, Elvira Hernández Carballido, Marisa D'Santos, Reyna Hinojosa Villalva, Yanira García, Rosa María Valles Ruiz, Sagrario León García y Eve Gil.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.