Líneas de desnudo/ 35

De mi carpintería (4): Mi destino
Por Manuel Pérez-Petit

En el hemisferio boreal ya hemos entrado de golpe en la prima(vera), que nos acoge con alborozo y convulsiones, días más largos y ansiedades más livianas. Por contra, en el hemisferio austral los cielos tendrán cada vez más a partir de ahora una tendencia a gris y a lluvia fría, la propensión a la ansiedad crecerá y los días serán en breve más breves y hasta quizá dolorosos serán. Es lo que tienen las semanas que suceden a cada equinoccio, que se da en las dos ocasiones al año en que se halla el Sol sobre el ecuador. Ayer mismo, sábado 20 de marzo de 2021, tuvo lugar uno, miren por dónde.
            Y con esta llegada pavorosa me he quedado seco de palabras, lidiando con mi actividad de dar los kolavales (las gracias) a quienes corresponden y levantar el proyecto que dará la vida a muchas personas y me la quitará a mí. Está bien, y lo tengo asumido como mi destino…
            Rebuscando entre mis cosas de allá y acullá, encontré estos versitos publicados en Facebook el 23 de marzo de 2012: 

            La primavera ha llegado

            Sonríe en ventanales y en rincones
            igual que la risueña primavera
            se despliega con pétalos de soles.

            Total, a qué abundar, pero el asunto es que cuando llega la primavera en mi hemisferio me acuerdo que existió el mayo francés y la primavera de Praga. Que en abril fallecieron Shakespeare, Cervantes y el Inca Garcilaso de la Vega –además, el mismo día, el 23, del mismo año, 1616–, dejando sus legados para llenar de luz todo lo creado, y que también murieron Mussolini y Hitler –con apenas dos días de diferencia, uno el 28 y el otro el 30–, acabando con una de las eras de penumbra más grandes de la tierra. O que mayo –al menos en mi hemisferio natal– es el mes de las flores. 
            Y me acuerdo siempre de Antonio Machado (1875-1939), que escribió “A un olmo seco”: 

            Al olmo viejo, hendido por el rayo
            y en su mitad podrido,
            con las lluvias de abril y el sol de mayo
            algunas hojas verdes le han salido. 

            ¡El olmo centenario en la colina 
            que lame el Duero! Un musgo amarillento
            le mancha la corteza blanquecina 
            al tronco carcomido y polvoriento.

            No será, cual los álamos cantores 
            que guardan el camino y la ribera, 
            habitado de pardos ruiseñores.

            Ejército de hormigas en hilera 
            va trepando por él, y en sus entrañas 
            urden sus telas grises las arañas.

            Antes que te derribe, olmo del Duero,
            con su hacha el leñador, y el carpintero
            te convierta en melena de campana, 
            lanza de carro o yugo de carreta; 
            antes que rojo en el hogar, mañana, 
            ardas en alguna mísera caseta, 
            al borde de un camino; 
            antes que te descuaje un torbellino 
            y tronche el soplo de las sierras blancas;
            antes que el río hasta la mar te empuje
            por valles y barrancas,  
            olmo, quiero anotar en mi cartera 
            la gracia de tu rama verdecida. 
            Mi corazón espera 
            también, hacia la luz y hacia la vida, 
            otro milagro de la primavera.
 
            Se trata de uno de los más hermosos poemas de todos los tiempos en lengua española, escrito el 4 de mayo de 1912 e integrado en “Campos de Castilla”, publicado ese mismo año, el cual –gracias a Dios– hoy por hoy se estudia y lee en todo el orbe hispanoamericano y se tiene como lectura obligatoria en secundaria en todos nuestros países. 
            Y hago votos para que las hojas verdes nos vuelvan a dar vida, y una vida nueva y aún más poderosa, una fuerza indestructible se pone en marcha y hace posible incluso lo que parece imposible, e incluso para no dejar de dar las gracias ni un solo día de mi vida. De manera continua me renuevo, pues, y cada primavera, en el propósito de desterrar el “pero” y mantenerme firme en el “puedo”. Al fin y al cabo es mi destino.

 __________
Nota del autor
En esta serie ‘De mi carpintería’ me he permitido pasar del 2 al 4 por los elementos que le son propios incluidos en varios artículos precedentes. Y ni que decir tiene que todo está sacado de mis archivos personales. Las publicaciones ya no existen. Dicho sea a efectos forenses.
 
   
©Francisco Higuera
Fotografía:   Retrato de M. P.-P. Collage. ©Francisco Higuera, fotógrafo y artista visual español. Junio de 2005.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.