Revista

Líneas de desnudo. 94. Feminismo. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 94

Feminismo
Por Manuel Pérez-Petit

A Karla Jara, Adriana Labardini, Maru Reyes o América Santiago, mexicanas excepcionales por su compromiso, su corazón y su inteligencia. Al nombrarlas, simbolizo en ellas a todas las personas que creen, crecen y crean en la construcción de un mundo no solo igualitario sino justo y completo, definitivo.

Conozco tanto a mujeres como a hombres admirables, de igual modo que conozco a mujeres y hombres detestables, realidades hermosas y también desoladoras, situaciones llenas de vida y entornos en que impera la muerte. La vida se da en todos por igual y la realidad es la misma para todo ser humano. Mi capacidad de entendimiento es limitada, como la de cualquiera, y lo mismo le pasa a mi capacidad de comprensión. En todo el planeta todos sin excepción somos iguales y debemos serlo, pero la igualdad, por mucho que tenga de ideal –en el sentido de propuesta, y quizá por ello–, no existe a pie de calle.
            La mayor de las lacras de la Humanidad desde siempre ha sido y es la desigualdad de género. Tiene sentido, pues, que exista el feminismo, y aún lo tiene más que los hombres, que tanto nos dedicamos a predicar y tan poco ejemplo ofrecemos, debamos ser o seamos feministas, porque estoy convencido de que debiéramos serlo si lo que queremos es un mundo mejor y más completo. O incluso, de manera más elemental, por una cuestión de Derecho natural.
            Para mí, el artículo ideal es el que se tarda en leer tres minutos, que es mi objetivo como autor, por lo que no me detendré aquí en aspectos históricos o en la desigualdad aberrante generalizada que se manifiesta en todos los órdenes, y ni siquiera en la muy pobre definición que de la voz ‘feminismo’ se da en el Diccionario de la Lengua Española (DLE) –con dos acepciones: “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre” y “Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo”–, como tampoco en qué se debe hacer para revertir esto y construir una sociedad igualitaria de verdad en todo el mundo, clave para alcanzar la justicia y el orden natural de la propia vida. 
            No es lucha de sexos, y siendo una cuestión cultural no se trata tampoco ni de una revolución ni de un quítate tú que me pongo yo. Se equivoca el que lo vea como la tarea de imponer nada a nadie. No es una guerra en la que tenga que haber vencedores ni vencidos. Debe ser fruto de un convencimiento elemental del que ninguna persona puede sustraerse y al que todos y cada uno podemos llegar de forma desapasionada, solo con el uso de la razón y el ejercicio de nuestra humanidad. El feminismo no es solo asunto de las mujeres; debe ser de todos. Y fruto de la comunión en la condición humana, todos deberíamos tener como meta que llegue el día en que superemos el feminismo. 
            Estamos muy lejos de ese reto esencial. Lo conseguiremos cuando la igualdad sea real, en nuestra diferencia y en nuestra complementariedad, desde el respeto más sagrado. Más aún, cuando por encima de ser mujer u hombre seamos, ante todo, personas. En ese momento, en el que de una vez la justicia en su más amplio sentido se haga carne de forma definitiva y el orden natural de las cosas prevalezca, el feminismo carecerá de sentido, y podremos afirmar que vivimos, por fin, en un mundo completo, en que mujeres y hombres vayamos de la mano en la construcción de un nuevo amanecer que dé lugar a un horizonte pleno y definitivo.
8 de junio de 2019. 7:12 de la mañana. Nuevo amanecer en Tuxpan de Rodríguez Cano, estado de Veracruz de la Llave, México (imagen cortesía de su autora).
Fotografía: ©Mayté Flores Ayala Mancera.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 93. Pacifismo. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 93

Pacifismo
Por Manuel Pérez-Petit

En su más amplio sentido, el pacifismo es la actitud de quien ama la paz. Se trata de una disposición de ánimo manifestada de algún modo en la acción. De ninguna manera se manifiesta en la pasividad, y mucho menos en la indiferencia. Es una postura ética que requiere de acción y de una acción determinada y clara. También es un conjunto de doctrinas que se oponen a la guerra y a la violencia, sea cual sea el motivo que hayan generado éstas, y emplea medios para sus objetivos como la no violencia activa, la diplomacia, la desobediencia civil, el boicot, la objeción de conciencia, las campañas de divulgación y la educación por la paz, entre otros.
            El 26 de junio de 1945 fue firmada la Carta de las Naciones Unidas (ONU), cuyo preámbulo es un manifiesto pacifista que exige acabar con las guerras. Fue redactado por los representantes de los 50 países fundadores de la institución, los cuales, reunidos por tal motivo al principio en San Francisco, California, Estados Unidos, la estuvieron redactando con posterioridad durante dos meses, poniendo así el germen de la constitución de la propia ONU, que tuvo lugar el 24 de octubre de ese mismo año, ya habiendo contado con la firma de todos los países. Pero fue un poco antes, con Mahatma Gandhi (1869-1948), que nació el pacifismo moderno, por su liderazgo del Movimiento de independencia indio entre 1942 y 1947, en que apostar por la paz le supuso cárcel y hasta ser asesinado.
            Resulta una paradoja que la mayor parte de los grandes pacifistas de la modernidad han sido asesinados. Tal es el caso de Martin Luther King (1929-1968), pastor y dirigente estadounidense, principal líder del Movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, del músico británico John Lennon (1940-1980), miembro de The Beatles, que lanzó en 1971 la canción "Imagine", en que pedía al mundo que la violencia acabara, o del arzobispo salvadoreño Óscar Romero (1917-1980), defensor de los oprimidos y enemigo de la violencia que ejercían en su país la extrema derecha nacionalista y el ejército, que fue asesinado mientras oficiaba una misa. Pocos pacifistas se han librado de terminar siendo asesinados. Quizá el caso más notable de estos últimos años ha sido el de Nelson Mandela (1918-2013), abogado y activista que luchó por la emancipación racial de Sudáfrica junto al Congreso Nacional Africano con el que gobernó el país a fines de la década de los 90 tras estar 27 años en prisión, y murió por causas naturales. 
            Visto lo visto con solo unos pocos ejemplos de muchos casos, está claro que el de Mandela es excepcional y que en el mundo en que vivimos predicar la paz y actuar por ella es peligroso y puede llevar incluso a la muerte, y a una muerte violenta... ¿En qué mundo vivimos? Pues en el nuestro, que ha sido así toda la vida. 
            Dada la violencia inherente a la naturaleza y la condición humanas, declararse pacifista, pues, no es solo quedarse en dar discursos –ni siquiera encendidos– acerca de la fraternidad universal sino llevar adelante con todas sus consecuencias una actitud decidida en favor de la paz que, por consiguiente, conlleve acciones determinadas a ese objetivo, lo cual, sobre todo, requiere voluntad, un fuerte ejercicio de la voluntad, al que, por lo general, no estamos en realidad dispuestos. ¿O sí?
Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828): Pelea a garrotazos, óleo sobre lienzo, pintado sobre 1820-1823 (la imagen es de dominio público). El cuadro original se encuentra en Madrid, España, en el Museo del Prado (http://www.museodelprado.es/coleccion/galeria-on-line/galeria-on-line/obra/duelo-a-garrotazos/), Madrid, España.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas 111. El terruño en vísperas de la primavera. María Gabriela López Suárez

El terruño en vísperas de la primavera

Por María Gabriela López Suárez

Esa noche le costó conciliar el sueño a Sonia, daba vueltas en la cama. No pudo evitar recordar lo que solía decir su abuelita Luci en las pláticas con la familia y ella escuchaba cuando era niña:
         
—Yo por eso no tomo café, si no para qué quiero, se me espanta el sueño.

Luci no alcanzaba a imaginar qué era de eso de espantar el sueño, ahora de adulta ya lo estaba viviendo, pero vaya que había disfrutado sus dos tazas de café por la tarde. Como quien dice, lo bailado nadie se lo quitaba, solo que ahora debía esperar a tener sueño. Descartó leer de manera física o través de su celular, quería descansar la vista. Así que optó por hacer lo que alguna vez les recomendó uno de sus profesores en la preparatoria: Recordar lo que habían hecho durante el día, paso a paso, desde que despertaron hasta antes de dormir.

Sonia quiso darle un giro a la sugerencia de su profesor y decidió hacer el esfuerzo por recordar, al menos dos días, el anterior y el actual, ella se interesó en los paisajes observados. Vino a su mente el paisaje de la tarde anterior, cielo azul con nubes blancas, intenso calor que se aligeraba con ráfagas de viento, de esas que se sienten como brisa para apaciguar lo cálido del clima. Siguió su recorrido, los árboles de sabinos que cubrían la vertiente del río Sabinal estaban ahí, observó sus tallos, población adulta, sus ramas, algunas caídas, otras aún de pie como ellos. Una garza blanca se posaba en una de las ramas, como contemplando el ambiente. Se quedó pensando de cuántas historias serían testigos, se imaginó que los árboles eran como las personas adultas, llenas de conocimientos y sabiduría. No pudo evitar sentir nostalgia, en la cotidianidad en que se vive, cuántas personas se percatan de estos ancestros de la naturaleza que parecen agonizar en medio de la ciudad que se va cubriendo de asfalto.  

Continuó trayendo a la mente otros paisajes. Se topó con las plantaciones de bambú que se encontraban como una especie de ramilletes, si algo disfrutaba Sonia era del sonido que producía el viento cuando soplaba y las ramas se movían de un lado a otro. Podría quedarse ahí mucho tiempo observando, escuchando y disfrutando el paisaje.

La párvada de loros no escapó de su memoria, le alegraba escuchar lo bulliciosos que eran, era un deleite tener la oportunidad de verlos y registrar en su corazón este canto.

En los vaivenes del tiempo su mente se posó en los árboles, las ceibas frondosas cambiando de hojas, esperando revestirse de verde follaje. Y de nuevo  las aves trinando, entonando  bellos cantos, melodías para alentar  los corazones que se pierden en las vicisitudes cotidianas. Este último paisaje le pareció que era señal de el terruño en vísperas de la primavera. A lo lejos, muy lejos le pareció alcanzar a escuchar los ladridos de Canica, la perrita que tenían sus vecinos, sus ojos se fueron entrecerrando poco a poco.

Photo by Marcel Kodama on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Cajón de rubores. Antonio Florido, un español muy latinoamericano. Roger Octavio Gómez

Antonio Florido, un español muy latinoamericano

Por Roger Octavio Gómez

La novela Quién vendrá a mi entierro me ha hecho pensar que su autor, Antonio Florido, escritor español de Carmona, es latinoamericano. Son varios los que hablan, mas una sola voz es la que teje la narración de una trama que es un rosario de tragedias ensortijadas en un sedal conductor hilado por un personaje que se hace llamar a sí mismo “Escribidor”, una historia que bien pudieran haber sucedido en la Hispanoamérica rural, donde la justicia se impartía con crudeza en medio de la anarquía, donde las pasiones tenían más valor que el amor, tierra de caciques y de enmendadores sin suerte. El Escribidor nos advierte que estamos ante una visión “encuadrada en un lugar desconocido, ancho y despoblado, salido de la nada” al que ha llenado con recuerdos, querencias y mentiras. ¿Comala, Santa María, Yoknapatawpha? No, La Camuña, un lugar que “huele a muerte y desperdicio de vidas”. 
         En la anarquía hay siempre un orden superior, similar al orden que imprime Florido en cada una de sus palabras y frases, pulidas y con una métrica que brinda el ritmo exacto con que se cuentan los hechos. Cada frase es una pincelada definida, con los colores exactos, pero es hasta contemplar la obra entera cuando se aprecia el universo donde mora Echandía Arsuaga, el personaje principal. Un hombre que arrastra un crimen, no cualquiera, un fratricidio; y un amor prohibido que no le permite amar a La Tana, la mujer que arrebató a otro, o a cualquier otra mujer, está enamorado de un hombre.
         Son varias las capas de lectura que ofrece Antonio Florido. Me llama la atención la intencionalidad que hay en El escribidor, quien opera como demiurgo, alter ego, quizá, del escritor. El Escribidor a veces recuerda al Melquiades de García Márquez, pero también a los profetas de religiones antiguas. Al Escribidor no se le escapa ni un gesto, construye en el aire y del aire, es capaz de concebir el mundo en que suceden los hechos e, incluso, borrar a su antojo la memoria de los pobladores de La Camuña. Una lectura es, como digo, la del demiurgo que juega a crear el mundo, la otra es la develación de los recursos que tienen las sociedades para negar la posibilidad de que las cosas diferentes existan. ¿Olvidan a un hombre por ser homosexual o por ser el posible asesino de El señorito? Tal vez por ambos motivos, damantio memoriae. 
          El que La Camuña esté tocada por un Paraná a donde llegan las tonadas de las trovas rosarinas no rompe con la tradición rescatada por Florido. ¿Acaso Comala no es una dimensión inexistente que brota de las tierras de Jalisco o Yoknapatawapha no tiene tintes del Misisipi?
	 Esta novela de Antonio Florido es también una historia de amor, un amor prohibido por un orden social que se parece al nuestro y si bien rememora a varias obras, estas no debilitan la trama, sino que nos hacen notar el gran acervo literario y cultural de su autor aunado a una habilidad estilística muy particular y lograda. 

He colocado Quién vendrá a mi entierro de Antonio Florido en el estante de mis libros favoritos.

Libro: Quién vendrá a mi entierro
Autor: Antonio Florido
Editorial: Kolaval por Hispanoamérica / 2021
     



Antonio Florido**




*Sobre el autor:

Roger Octavio Gómez Espinosa

Tuxtla Gutièrrez, Chiapas, 1974.

Tiene el grado de Maestro en Estudios Humanísticos por el ITESM y Máster en Creatividad Literaria por la Universidad de Salamanca, donde se graduó con mención honorífica.

Autor de La lluvia en las hojas del platanar (Ediciones Animal); Soltar las riendas (autor, 2019, Tifón). Anhelo de reposo. Antología poética (Coordinador editorial, Tifón, 2019). Bruñir la palabra frente a la hoguera (Autor antologado, Tifón, 2018). Mamá no va a llamar (Autor, Tifón, 2018). Su cuento El rostro de marina, obtuvo dos primeros lugares en su adaptación radiofónica en la Tercera Convención Internacional de Radio y Televisión 2018, Varadero, Cuba.

*Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta

Carmona, España, 1965.

Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción peruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista en diversos medios de comunicación.

Absenta 7. Los otros dioses. Erik García Briones

Los otros dioses

 

EGB
EGB

Sobre el autor:

Erik García Briones

Tapachula, Chiapas, México, 1983

Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico

Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.

Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.

Polvo del camino. 111. Volver al Ciprés. Héctor Cortés Mandujano

Volver al Ciprés

Héctor Cortés Mandujano

Tengo miedo del encuentro con el pasado

que vuelve

a enfrentarse con mi vida

«Volver», de Carlos Gardel

1
Varias personas habían pedido ir conmigo al Ciprés, la finca donde nací. Le daba vueltas al tema. Fue en diciembre pasado cuando de nuevo me hicieron la petición y, en silencio, decidí que iría otra vez.
	Cumplí 61 años el 24 de febrero. Pensé que ese sería el buen pretexto. Fijé la fecha: sábado 26 de febrero de 2022. Le dije a mi mujer que avisaría a los que ya me habían dicho de ir y a quienes consideraba pudieran estar interesados; si nadie se apuntaba, iríamos ella y yo.
	Se formó un pelotón. En la decisión del azar (hubo quienes no pudieron o no quisieron), el grupo que quedó fue el mejor, el perfecto; fuimos muchos adultos: mi familia cercanísima (mi mujer, mi hija, Daniel) y queridas amigas, queridos amigos: Tania, Juan, Tito, Alfredo, Álex, Anny, Fer y Flor; y varias niñas, varios niños: Jacobo y Camilo (mis nietos), Iñaki, Isabella, Zazil y Jerome. 

2
Hace 23 años había ido y aunque la finca tenía entonces cerradas las puertas de los cuartos, el corredor y las pilastras estaban en buen estado; el cuarto que había sido de mis padres, donde dormí buena parte de mi infancia, estaba derrumbándose, y la cocina y los demás agregados a la construcción original eran montones de cascajo revueltos con tejas, madera y heteróclitos materiales.
	Tenía miedo de ir: ¿Qué sentiría; cómo quedaría emocionalmente si ya sabía, por boca de una prima, que la finca estaba desde hace tanto abandonada? Treinta años de olvido, por lo menos, y “el olvido todo destruye”. 

3
Llegamos al pueblo donde teníamos que entrar hacia la vía de carretas que va a la finca e hicimos una salida en falso. Ya puestos en el carril correcto, fue el camino miel sobre hojuelas. 
          La entrada hacia la tranca de entrada fue una sorpresa. No se veía: estaba cubierta de hierbas altas y zacatal. Tomé la delantera y Alfredo y Daniel me siguieron. Hicimos una ruta con nuestras pisadas y los demás llegaron con algarabía.
          Lo único que queda en pie de la finca es el corredor y dos cuartos, con puertas y ventanas de par en par, a medio destruir. Lo que fue la habitación del enorme altar de la abuela es ahora hogar de murciélagos, que han llenado el piso y las paredes con sus huellas, con sus marcas. El otro amplio cuarto es igualmente pieza ocupada por la basura, los desechos y el abandono. En uno de sus rincones mi mamá tuvo trabajo de parto auxiliada de comadronas. Allí nací.

4
Subimos a la loma donde están enterrados mis ancestros. La subida no fue fácil (llena de monte, espinas y zacatal), pero Danny y Álex fueron abriendo camino. Llegamos al fin. Un zopilote no paraba de planear en el cielo, alrededor nuestro, tan cerca que veíamos sus patas encogidas, sus garras. 
	La construcción de ladrillos que rodeaba y protegía las tumbas se ha derrumbado por completo y de las tumbas no quedaban ni rastros visibles, porque el monte ha crecido sobre ellas. Alfredo logró mostrar, en el suelo, una esquina de cemento y Álex se empeñó en descubrirla lo más posible.    Todos, asombrados, leímos el nombre del muerto: Florentino Cortés. ¡Mi abuelo! Aplaudimos. En ese instante, sin que nadie lo llamara ni lo detuviera, mi nieto Camilo, de tres años, fue hasta la tumba y con sus manitas se puso a limpiarla de la basura, de la tierra. Hay instantes en que después de vivir una experiencia memorable he pensado: “Ya me puedo morir”. Ese fue uno de esos momentos mágicos, irrepetibles: La pequeña mano de mi nieto limpiando, con delicadeza, con cuidado, la tumba de su tatarabuelo. En ese hombre muerto, en esa mano tierna, convivían en mí, como eslabones, la vida y la muerte. La imagen era, también, una muestra de la incesante eternidad humana.

5
Luego de bajar de la loma fuimos a comer al arroyo. Llevamos distintas comidas que se distribuyeron a lo largo de viejo árbol caído y se volvió colectivo el bufett riquísimo y variado; comimos, conversamos, reímos, sintiendo que nuestro día había sido tocado por la felicidad del encuentro con la magia.
	Un día después, el domingo 27, una de mis amadas primas, Natividad, me dijo que otra de mis queridas primas, Isabel, le había dicho que mi tía Araminta, la actual dueña del Ciprés, había muerto (“es un soplo la vida”). Isabel, por tacto, no había querido decírmelo directamente porque el deceso ocurrió más o menos en sincronía con mi llegada (rodeado de gente querida) al Ciprés. Me escribió Naty: “Pensé que era como que se hubiese cerrado un ciclo, como que algo sucedió arriba”. Este aldabazo de misterio volvió todavía más significativo, más icónico, este volver a mi pasado, a mi vida de niño, a mis recuerdos de siempre, a mis sueños recurrentes.
          Gracias a quienes me acompañaron…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Fotografía: Juventino Sánchez Vera**




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

**Sobre Juventino Sánchez Vera:

(Tapachula, Chiapas; 1983). Amante del futbol. Sería el mejor jugador de México, pero, gracias a sus dos defectos, nunca lo pudo conseguir: su pierna izquierda y su pierna derecha.

Ganador del premio al mejor diseño gráfico en el Begegnungsfest, Appenzell, Suiza, 2021.

Ha trabajado como diseñador e ilustrador en medios como El Heraldo de Chiapas (2004-2008), Noticias Voz e Imagen de Chiapas (2012-2016) y en instituciones educativas como el Tecnológico de Monterrey, Campus Chiapas (2008-2010).
Actualmente imparte talleres sobre diseño e ilustración en Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal y Comitán de Domínguez. Fue editor de Almada Broders, editorial independiente (2009-2011) y actualmente es director general de la editorial Tifón, que lleva publicado hasta el momento más de 15 títulos, entre poesía y narrativa.

Líneas de desnudo. 92. Guerra y literatura: Contra la parálisis. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 92

Guerra y literatura: Contra la parálisis
Por Manuel Pérez-Petit

El horror paraliza y escribir acerca de la guerra al ser esta un horror es paralizante, y, sin embargo, tendríamos que estar más familiarizados con ella de lo que estamos en realidad, verla, en consecuencia, con mayor naturalidad, y afrontarla con otra madurez, pues todos, al menos en el mundo Occidental, hemos crecido leyendo obras literarias que tratan de la guerra.
            Desde los tiempos de Homero con la Ilíada, que, escrita en griego antiguo, nos cuenta la cólera de Aquiles, que dio lugar a la guerra de Troya, origen de la Grecia clásica, e incluso antes, la guerra ha sido y es uno de los grandes temas de la literatura universal, y no solo eso: todas las naciones de la tierra son, de algún modo, “hijas” de la guerra, como puede constatarse en los cantares épicos y de gesta clásicos y medievales, que precedieron al nacimiento de las grandes naciones y culturas europeas. Anterior al ciclo artúrico y escrito en inglés antiguo, el Beowulf, con el que los académicos no se ponen de acuerdo, datando su escritura en diferentes fechas que van del siglo VIII al XII, es una historia de la guerra en que se habla de las invasiones nórdicas y germánicas que están en el origen de Inglaterra. La Canción de Roldán, escrita en francés antiguo bien avanzado el siglo XI, el cantar de gesta escrito en lengua romance –esto es, derivada del latín– más antiguo, narra la emboscada que, por parte de los vascones, en Roncesvalles, Navarra, España, sufrió la retaguardia del ejército de Carlomagno en el siglo VIII, que es la gran gesta conformadora de Francia. El Cantar de Mío Cid, compuesto en español antiguo alrededor del año 1200 d.C. y que está en el origen de la nación española, relata el proceso de recuperación de la honra de su protagonista, Rodrigo Díaz de Vivar, el Campeador, que se dirime al final con fuertes actos de guerra y de violencia. El Cantar de los nibelungos, epopeya nacional alemana escrita alrededor del siglo XIII en alto alemán medio –una especie de protoalemán– es un poema que nos traslada a los orígenes de lo germánico, también basado en la guerra y la lucha por el poder.
            Todas estas obras y otras tenían por objetivo preservar la historia o la mitología y, sobre todo, los conflictos originarios de cada identidad a fin de reforzar la memoria colectiva del pueblo y no solo no lo paralizaban sino que los motivaban para emprender en favor de sus ideales. Desde la Alta Edad Media y el comienzo del Renacimiento, la literatura de la guerra abandonó en gran medida su tradicional pedagogía identitaria y su narrativa histórica para convertirse en fuente de debate, ficción y pensamiento, y desde entonces –hablamos de los comienzos de la denominada Edad Moderna– la guerra nos es tan familiar como el amor. Por ello, la podemos percibir como natural, aunque nos horrorice. Y por esta misma razón no debería paralizarnos, sino activarnos, movilizarnos, y no solo con testimonios. Porque podemos hacer mucho, pero lo que no podemos de ningún modo es abandonar nuestras vidas por esa parálisis. Dediqué mi “Dolor ejemplificante” “A Manuel de Luque Soult, amigo de la infancia, y a su hija ucraniana, que ojalá llegue pronto a casa”, y en relación a ello hacía referencia a una información publicada por el periódico español Diario de Sevilla, “​Familias de acogida sevillanas piden ayuda para rescatar a los niños en Ucrania”. Bien, al cabo de los días y habiéndose desplazado a la zona de conflicto su mujer y su hijo, Manuel y los suyos han conseguido rescatar no solo a su hija ucraniana sino a tres menores más del horror de la guerra, y todos volarán mañana de Varsovia a Barcelona. 
            Si nos paralizáramos tanto ante la guerra no sería posible que tuvieran lugar milagros como éste.
Bandera de Ucrania




*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 91. El regreso de la radio. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 91

El regreso de la radio
Por Manuel Pérez-Petit

El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando de Austria (1863-1914) visitó Sarajevo, la capital de Bosnia. Allí, un grupo de seis militantes de la organización revolucionaria Joven Bosnia, grupo juvenil de la organización secreta Mano Negra, se habían reunido en la calle donde estaba previsto que pasara la caravana del archiduque con la intención de asesinarlo. La historia parece sacada de un cómic o del Universo Cinematográfico de Marvel, pero fue real, y desencadenó la I Guerra mundial, hace poco más de un siglo. La “Gran Guerra”, como la llamaron en su momento, que tuvo lugar entre el 28 de julio de 1914 y el 11 de noviembre de 1918, la primera de la historia que tuvo carácter global, pues contó con la participación de todas las grandes potencias industriales y militares del mundo, dejó la escalofriante cifra de entre nueve y diez millones muertos, y supuso el desarrollo definitivo de un medio de comunicación: la radio.
            Durante la “Gran Guerra”, que marcó el paso de los conflictos bélicos antiguos –caballerosos, en los que el vencedor compensaba al vencido, por ejemplo– y los modernos que hoy conocemos, tuvo la radio un desarrollo que supuso que a partir de hace ahora un siglo pasara a estar en millones de hogares en el mundo como un medio de entretenimiento e información insustituible y entrañable.
            Hubo una época en mi juventud en que fui muy aficionado a la radio, y hasta tuve varios receptores multibanda y captaba señales de muchos lugares del mundo, tanto de onda media como, sobre todo, de onda corta, y eso me apasionaba, dejando en mí una devoción definitiva por ese medio de comunicación que luego, de manera profesional he tenido y tengo la oportunidad de hacer desde el otro lado, el de la emisión, primero en España y luego, sobre todo, en México. Hacer radio hoy es para mí tan sorprendente y apasionante como lo ha sido desde hace muchos años escucharla. Era excitante imaginar cómo eran físicamente las personas que nos hablaban desde ese aparato extraño y familiar, cuyas tripas eran de bombillas y que luego evolucionaron a ser circuitos, y cada vez se hizo más pequeño y hasta portátil y de bolsillo... Ese romanticismo, como muchos otros, ya se ha perdido. 
            Pero hoy, Miércoles de ceniza, día santo cristiano de oración y ayuno, en que, en el comienzo de la Cuaresma, los creyentes reconocemos ser polvo y que en polvo nos convertiremos, la British Broadcasting Corporation, conocida por todos como la BBC, ha informado de la reactivación de su servicio de radio en onda corta para informar de Ucrania, recuperando un medio analógico que ya se creía obsoleto por sus costes y la implantación de internet desde hace más de un decenio, y eso me ha retrotraído a mi infancia, en que aún habiendo televisión la radio me apasionaba, aunque sobre todo me lleva a reflexionar acerca de la transformación del mundo, incluso en un posible regreso a cierto tipo de romanticismo, que puede suponer esta guerra absurda y cruel que nos atañe a todos, y ante la que nadie puede ser indiferente.
Mapa difundido hoy, miércoles 2 de marzo de 2022, por la BBC del alcance de sus emisiones en el territorio de la guerra Ruso-ucraniana, en que ha iniciado el reinicio de sus emisiones de onda corta en Ucrania.
https://www.bbc.com/

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 90. La metáfora de la navaja. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 90

La metáfora de la navaja
Por Manuel Pérez-Petit

A mi padre no le gustaba la playa, pero mi madre nos llevaba a mi hermana y a mí todos los veranos de vacaciones a alguna. No recuerdo bien si en la playa de Matalascañas, Huelva, o Chipiona, Cádiz, o en ambas, alguna vez alguien me llevó, coincidiendo con la hora de la bajamar, pertrechado con un saquito de sal gruesa y una cesta con palo largo que a mí me recordaba a un cazamariposas, a la misma orilla del mar.
            —Manolo, agáchate y mira la arena. ¿Ves ahí una especie de ocho?
            —Sí, sí… 
            —Pues toma un pellizco de sal de la bolsa y échalo encima.
            Tomé diligente un puñadito de sal con mis dedos índice, corazón y pulgar, la eché en el sitio indicado y me quedé mirando con fijeza, como si se tratara de un pastel que dijera ‘cómeme’ pero al que aún no me atrevía a hincar el diente. Enseguida, aquel ‘ocho’ se puso a escupir algo como una salivita medio espumosa y zas: surgió de la arena un prodigio. 
            —Cógela como te dije antes, ¡cógela, rápido! —escuché, pero me quedé inmóvil, por lo que mi amigo reaccionó con rapidez y con un movimiento veloz de su mano la agarró con fuerza y la extrajo. 
            —Es que si no, se vuelve a esconder, ¿sabes?
            Repetimos la ‘operación’ varias veces y en alguna de ellas ya sí me atreví, superada la mezcla de pudor y asco inicial, a coger alguna. Al cabo de un rato, teníamos la cesta llena y yo mostraba entre orgulloso e impactado por mi proeza mis dedos llenos de leves arañazos. Esa misma noche, antes de acostarnos, diluimos en una cubeta una buena cantidad de sal en agua e introdujimos en ella las navajas en vertical. Esa noche me costó dormir. Me imaginaba a mí mismo entre dos conchas curvas, no como si fuera una de ellas sino siéndolo, y me excitaba pensar que la arena de aquella playa me protegía del mundo y aseguraba mi libertad.
            A la mañana siguiente, repetimos la operación en la misma cubeta pero con agua y sal renovadas por una hora más. De esa forma, quedaron limpias de arena. Las pusimos en una fuente cubierta por un paño húmedo y las dejamos reposar. Ese mediodía las comimos a la plancha con ajo y perejil. Y esa tarde me quedé absorto imaginando que la libertad de la navaja tenía sentido por su posibilidad de terminar siendo una delicia para el paladar.
            La navaja es un molusco lamelibranquio –”tiene simetría bilateral, región cefálica rudimentaria, branquias foliáceas y pie ventral en forma de hacha”, según dice el Diccionario de la Lengua Española (DLE)– bivalvo –esto es, que tiene dos valvas (conchas, para entendernos), que las protegen y, a la vez, son frágiles–, que habita en fondos marinos poco profundos enterrada en la arena. Yo diría que es un milagro del mar y, más allá de una delicatessen –rica, por si fuera poco, en proteínas, pobre en grasas, abundante en vitamina B12, potasio, fósforo, sodio, hierro y selenio–, una metáfora, porque yo me pregunto si seríamos capaces de echarnos sal a nosotros mismos para ver si lo mucho bueno que atesoramos cada uno surge del fango de nuestras propias vidas y entre dos conchas curvas que nos protejan, en apariencia fuertes pero delicadas, al modo de una navaja, podamos expandir tanta luz como en realidad, seamos conscientes o no de ello, albergamos en pos de hacer un mundo mejor. Y entonces, desprendernos de las valvas y expandir como nunca aquello que está llamado a hacer solo el bien: la libertad.
January Matalascanas Parc Natural Donana – Master Mythos Spain Photography 1990. (Publicado bajo licencia 
Creative Commons Atribución 3.0 Unported).
Fuente de la fotografía: http://www.panoramio.com/photo/106906130.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas 110. Los detalles cotidianos. María Gabriela López Suárez

Los detalles cotidianos

Por María Gabriela López Suárez

Pilar había tenido una semana nada grata, el estrés laboral le había provocado una especie de migraña con la que lidiaba por momentos. Trabajaba de cajera en una tienda de autoservicio, de lunes a sábado, solo tenía espacio para ir a comer y tenía libre el domingo. Ese fin de semana se había despertado tarde, tratando de recobrar un poco las  energías. Sin embargo, se sentía cansada.

Ruth, su compañera de casa, se sentó a platicar con ella al mediodía, tenía un par de semanas que no coincidían ni para el saludo. Ella era enfermera y por sus horarios solían verse poco. A excepción de estas semanas en las que no se habían encontrado para nada. 

Después de haber conversado un buen rato, Ruth le propuso a  Pilar que salieran por la tarde a correr, tenían un parque cercano a donde vivían. Aunque Pilar estaba conocedora que su condición no era tan buena porque no solía hacer ejercicio, aceptó. La idea de hacer algo diferente le pareció encantadora. 

Salieron después de las seis de la tarde. El parque les quedaba cerca, alrededor de ocho cuadras de distancia. Era un espacio bello, arbolado, con algunas bancas para tomar descanso y una especie de repisas para compartir alimentos o sentarse cómodamente a leer. A Ruth le parecía una especie de pulmón en la colonia. Ese domingo varias familias se habían dado cita ahí, algunas personas corrían, otras llevaban a sus hijas e hijos a montar triciclo o bicicleta. 

Pilar guió la rutina de calentamiento, luego comenzaron a correr juntas, pero cada una a su ritmo. Después de la primera vuelta Ruth sintió que no podía más. Le dijo a Pilar que haría una pausa y luego continuaría. Pilar asintió y siguió corriendo.

—¡Vaya condición la mía! Necesito venir a correr más seguido—expresó Ruth en un tono fatigado.
Se sentó en una de las bancas, al tiempo que iba moderando su respiración para recuperar el aliento y seguir corriendo. Observó el árbol que le daba cobijo, era grande y con mucho follaje. De pronto, su mirada se detuvo en la jardinera de cemento que rodeaba al árbol.

—Pero qué tenemos por acá—dijo en tono de sorpresa, mientras se agachaba para observar mejor.

Descubrió a un gusano con colores verde y naranja, que se desplazaba tranquilamente siguiendo el contorno de la jardinera, no lejos de ahí iban las hormigas en perfecto orden haciendo una especie de camino, llevando consigo trocitos de hojas que seguramente habían recuperado del piso. Se quedó contemplando unos minutos el paisaje. Su respiración iba más tranquila, ahí estaba frente a los detalles cotidianos, esos en los que vale la pena deleitarse y que recuerdan que la naturaleza sigue su ritmo y en ese no hay prisas.
 
Su rostro dibujó una sonrisa. Se puso de pie, comenzó a hacer algunos movimientos para regresar a correr, trataría de hacer un par de vueltas más, haciendo su mejor esfuerzo. Sin duda, esa visita al parque la había motivado. Se percató que Pilar ya venía cerca, la esperaría para irse acompañada. 

Photo by Tirachard Kumtanom on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.