Líneas de desnudo. 86. De lo que se trata. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 86

De lo que se trata
Por Manuel Pérez-Petit

No es la verdad aunque la transmita. No la contiene, pero abre las puertas a visiones más completas que las visiones que puedan darse al alcance de los ojos. Es un ejercicio de la mentira cuya tarea es generar mentiras que lleven al momento en que cualquiera puede encontrarse y que permitan descubrir y reconocer verdades inmutables1.
            No es necesario para el ser humano, de igual modo que éste no necesita construir casas para habitar o vestirse para ser. Es más, a veces hasta goza de amplio desprestigio.
            No puede definirse, es paradigma de la polisemia. Por esta razón posee incontables denominadores comunes con otras muchas otras disciplinas, a todas las cuales puede expandirse. Su condición de posibilidad es la ficción, vía de acceso a su opción de completar la creación del mundo o incluso de generar un universo nuevo. Existe desde siempre, y en todas partes. Es hijo directo y legatario universal del pensamiento mágico, que hasta hoy existe gracias a él. 
            No es comunicación. Informa de lo informe de forma semántica. Es un “suceder imaginario”, como afirmó el poeta y pensador mexicano Alfonso Reyes (1889-1959)2. Se trata de un sistema modelizador secundario compuesto de signos icónicos, figurativos, no convencionales, como podemos confrontar con el semiólogo ruso Yuri Lotman (1922-1993). Contiene una enorme información en una “superficie” reducida, que ofrece a cada uno una información nueva, pues su connotación es múltiple y multiforme y no conoce límites. 
            Con todo, el descubrimiento de su naturaleza puede producir una y otra vez la revolución total de los métodos de conservación y transmisión de la información y el conocimiento, pero supera tanto a la información como al conocimiento por el mero hecho de existir, pues por el mero hecho de existir es pórtico de la sabiduría. 
            Retuerce y sublima todo lo que toca. Un elemento fundamental en él es lo que se podría denominar como ‘grado de penetración’, dado que hay todo un universo de subcódigos histórico-culturales que aunque sea negado por su propia existencia no puede negar ni niega, dada su evidencia. 
            Ernst Gombrich (1909-2001) nos dijo que, en realidad, no existe, que los que existen son sus hacedores3. Dijo “los artistas” cuando en realidad quiso decir “los seres humanos”, pues todos y cada uno estamos llamados al arte –que es de lo que se trata en estas líneas– en todas y cada una de las facetas de nuestras vidas. 
            No necesita vocación, por mucho que digan los pedantes o los indolentes, pues está en nuestra condición original y, por tanto, todos y cada uno tenemos per se esa vocación, que es imposible de desgajar de nosotros mismos y que aunque se niegue existe. Exige rigor, autocrítica, afán de superación, disciplina, un ejercicio de la voluntad descomunal, humildad, compromiso, coherencia, que estemos despiertos. La tarea de crear a la que todos y cada uno estamos llamados exige creer y crecer. Total, requiere de muchas cosas incómodas para vivir en nuestro tiempo de la comodidad, la ocurrencia, el rechazo a la creatividad, la esclavitud y la deshumanización. Y depende de un intangible universal que no ha podido ser ni será nunca desentrañado: el amor.  
            Y si todos y cada uno asumiéramos de verdad nuestra condición inevitable e incondicional, que es al amor y a la luz, y, por tanto, a la creación, y fuéramos, en consecuencia, auténticos creadores, en el más amplio sentido artistas, no con la visión romántica del artista arrebatado –que puede que también– sino asumiendo en todo caso en plenitud nuestra condición de personas, de seres humanos palpitantes que tienen alma, corazón y vida, el mundo, nuestro mundo, sería diferente. Fíjense, incluso mejor, y los horizontes se nos abrirían como nunca hayamos conocido. Y todo se nos llenaría de luces, incluso en medio de la oscuridad. Y cualquier anochecer será un presagio cierto de un día que no será otro sino nuevo.
 __________
1 El poeta español Luis Rosales escribió en un artículo que es “una mentira que nos permite aproximarnos a la verdad” (Un cuadro profético, diario ABC de Sevilla, 20/02/1989, p. 3).
2 La experiencia literaria, Barcelona, Bruguera, 1985, p. 85.
3 En su Historia del Arte.
Atardecer como promesa. (Imagen cortesía de su autora)
Fotografía: ©Mayté Flores Ayala Mancera.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

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