Absenta 30. Soma. Erik García Briones

Soma

 

EGB




Sobre el autor:

Erik García Briones

Tapachula, Chiapas, México, 1983

Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico

Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.

Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.

Voces ensortijadas 135. ¿Cuándo nos ha detenido la lluvia? María Gabriela López Suárez

¿Cuándo nos ha detenido la lluvia?

Por Maria Gabriela López Suárez

Belén detuvo la escritura en la computadora, tenía una serie de nudos en la garganta que le impedían concentrarse. Se soltó en llanto sin poder contenerse, las cosas en su nueva encomienda laboral no iban como ella deseaba. Aunque la estancia sería breve ahí, echó de menos estar cerca de su terruño, familia y amistades, le vendría muy bien estar con ellas y poder desahogarse.

Lloró hasta quedar sin que le saliera una lágrima. Sintió que el pecho había descansado, como si se hubiera quitado un peso de encima. Respiró profundo y se levantó para irse a preparar una taza de café. Fue a la cocina, se dio cuenta que se había terminado el café y también sus opciones de té. Eso era un buen pretexto para hacer un receso y salir a despejar la mente. Apagó la computadora.
Antes de salir fue al baño, se lavó la cara, tenía los ojos hinchados. Se acomodó el cabello, se puso brillo labial y se dispuso a ir por el café. Al abrir la puerta de la casa sintió olor a tierra mojada, observó el cielo, estaba lleno de nubarrones grises, —Lluvia segura —pensó. Se colocó sus botas de plástico y jaló su impermeable.

Había caminado alrededor de dos cuadras cuando comenzaron a caer leves gotas de lluvia, por unos instantes dudó en seguir y regresar a casa, vino a su mente una frase que Julián, su compañero de vida, le había dicho en alguna ocasión, ¿cuándo nos ha detenido la lluvia? 

En efecto, vinieron a su mente como a manera de cascada la serie de peripecias que habían tenido bajo la lluvia y cada una formaba parte de las memorias inolvidables. Así que decidió continuar su recorrido, se colocó el impermeable, pensando que si la lluvia comenzaba a caer con más fuerza buscaría refugiarse en alguna tienda o cafetería más cercana. 

Continuó su camino y la lluvia cesó, se quitó el impermeable, escuchó que unas chicas murmuraban entre risas y una comentó en voz alta, 

—Les dije que llovería, ahora siento que está empezando más fuerte la lluvia.

—No te preocupes, mejor nos apuremos para llegar a nuestro destino.

Ella siguió esa sugerencia y apresuró su pasó, le dio tiempo de comprar café, té de limón y de canela, no pudo resistirse a comprar unos panes y unos tamales de mole verde con pollo. A medida que avanzaba se daba cuenta que no había ninguna gota de lluvia aún. Cuando estaba alrededor de tres cuadras de su casa se percató que las calles y banquetas tenían rastros de que había pasado una fuerte lluvia por esa zona. Y ella ni enterada, sintió como si la lluvia la fuera persiguiendo y no lograra alcanzarla. Le faltaba una cuadra para llegar a su vivienda cuando comenzaron a caer las gotas de agua con fuerza, se colocó el impermeable y disfrutó el ruido que hacía la lluvia. Al fin había llegado a casa, acompañada por la lluvia de inicio a final. 

Resonó en su mente: "¿Cuándo nos ha detenido la lluvia?" Qué razón tenía Julián con esa frase, respiró profundo, pensó que eso también aplicaba ante las situaciones difíciles, había que continuar caminando, las soluciones vendrían en el momento oportuno. Su teléfono celular sonó, era Julián.

—¡Hola amor! ¿Cómo te va? Viejito morirás, justo me estaba acordando de ti.:
 
Photo by Zeeshaan Shabbir on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Trabajo en alturas. 26. El arte de matar por descuido. Roger Octavio Gómez

El arte de matar por descuido
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

Me encontré con una breve selección de cuentos que realizó para fines didácticos la profesora Celia Corral Cañas cuando fui estudiante de un Máster en creatividad Literaria en la Universidad de Salamanca: 

•	Gabriel García Márquez, “Sólo vine a hablar por teléfono”.
•	Julio Cortázar, “Bestiario”.
•	Paloma Díaz Mas, “La niña sin alas”.
•	Samanta Schweblin, “Pájaros en la boca”.

Les comparto las impresiones, también breves, que entonces tuve y que me parece que te puede servir a tí, estimado lector, para recrear esa magia que la cuentística puede brindarnos:

1
Es una línea delgada, y hasta subjetiva, la que separa el mundo de los cuerdos del de los locos. Esta parece ser la tesis de García Márquez en "Yo sólo vine a hablar por teléfono", título endecasílabo y bien logrado, considero, aunque no tan poderoso como otros; menciono esto porque en García Márquez los títulos de sus cuentos son por sí solos objeto de análisis, al menos para mí. En este cuento a partir de un accidente menor se tuerce el rumbo de una historia que pudo haber sido simple para tomar una camino existencialista y absurdo, de manera hábil, en la línea de Camus. 

2	
García Márquez tiene una manera de escribir contagiosa, con una sencillez que es producto de una habilidad complicada, diría que prodigiosa, algo así como el abrazo de oso de Herculina: “entrenada en el arte de matar por descuido”. Con tanta fuerza abrazó y abrasa (válganme la “s” y la “z”) que influyó a muchos escritores, varios se consumieron en su estilo, pero otros más lograron textos como el de Paloma Díaz Mas en "La niña sin alas", donde una niña precisamente no tiene alas en un universo donde volar es para los humanos tan normal como para nosotros nacer con cinco dedos en cada mano. Ya que arriba mencioné el asunto de los títulos, me parece que Díaz Mas nos quedó a deber con el suyo, poco agregó a la historia y nos dio información anticipada que quizá a algunos lectores avispados no les guste. No es fácil ser Paloma en una selección que tiene a Cortázar y García Márquez. Sin embargo, este cuento me hizo pensar en que puede servir para un análisis de iceberg, hay una porción mayor debajo de lo que se asoma en el texto, temas ordinarios que son tratados bajo otra perspectiva. Los hombres que vuelan son un tema recurrente en la imaginación popular, la maternidad, las capacidades diferentes; lograr que esos temas vuelen con honestidad y darle una buena vuelta de tuerca es el diferencial a perseguir.

3
Cómo disfruté leer a Samanta Schweblin, "Pájaros en la boca", no la conocía. El cuento nos lleva a un final esperado y, sin embargo, acudí con gusto a ese final gracias a la limpieza con Schweblin trata el cuento.

4
Cortázar, por su lado, en Bestiario, ¿qué se puede agregar a “Bestiario” que no se haya dicho?, quizá que es de esos textos que me gustaría haber escrito y a los que aspiro alcanzar. Nos traslada a un ambiente donde cabe lo realmaravilloso, pero con una mayor exigencia al lector y en esto supera a los cuentos anteriores de la selección. Es Cortázar, no se puede estar distraído ni andar con paso flojo porque lo deja a uno rezagado. Como ya saben, “Bestiario” (el cuento) es parte de una colección de cuentos recabada en un libro también llamado Bestiario, donde la realidad es trastocada de tal forma que arrasa al lector, me parece que es acá donde Julio ya muestra el estilo cortazariano en su pureza. Las bestias no son como en otros libros con títulos similares, de otros autores, de apreciación “zoológica” sino de bestialidad psicológica y monstruosa. Ríos de tinta han corrido y siguen manando. Es un texto impresindible que debes leer una y otra vez. 
Trailer Acrofobia, Marabunta Colectivo Escénico y Telar Teatro

Polvo del camino. 135. El río y el cocodrilo. Héctor Cortés Mandujano

El río y el cocodrilo

Héctor Cortés Mandujano

las profundidades del infierno,

en ese momento las habría atravesado de una zancada

Sarrasine, de Balsac
Como aguas de río caudaloso, salido de su cauce por las lluvias, rápidas se leen las páginas de La nana Concepción (Universidad Autónoma de Nayarit-Editorial del Lirio, 2022), del narrador chiapaneco Luis Antonio Rincón García, quien ganó con ella, en 2020, el Premio Nacional de Novela Breve “Amado Nervo”.
	Cada capítulo, de los ocho que la conforman, ofrece novedades y encandila a los lectores, lo que nos es fácil para cualquiera que se precie de inventar historias y escribirlas.
	El capitán Ajab y Moby Dick, de Melville, y El viejo y el mar, de Hemingway, por citar dos ejemplos conspicuos, parecieran no modelos en la lucha entre un ser humano y un animal, que ocupa el centro anecdótico de esta novela de Luis Antonio, pero sí familia ascendente del cocodrilo, la Matilde y la nana Concepción.
	Rincón García, sin embargo, es fiel a su tierra y, aunque no menciona con precisión el lugar donde trascurre su historia, es evidente que es en Chiapas, donde se insulta con tanta sabrosura como lo hacen entre sí la Matilde y la nana, y donde los ríos inundan cada año a las comunidades que no sólo tienen que lidiar con sus atrasos ancestrales, sino también con los desastres naturales que se han vuelto, lamentablemente, sempiterna costumbre.
	La nana Concepción vive en una aldea pobre, con los tres nietos que un hijo y su nuera le dejaron en resguardo mientras ellos buscaban nuevo futuro en los Estados Unidos de América. La Matilde es una muchacha que también ha sido abandonada, por las mismas razones, por sus padres, y se ha hecho cargo del cuidado de sus hermanitos. Para paliar el hambre no le importa robar y, por eso, estas dos mujeres que alguna vez fueron amigas ahora no lo son tanto. Y juntas tienen que hacer frente a la inundación del pueblo, salvar a sus pequeños, y en una escena que dura varios capítulos de tensión dramática, enfrentarse a un cocodrilo cuya única misión, parece, es comérselas. 

Hay un par de flash back esenciales. Uno para conocer la fuerza de quien antes fue Conchita y ahora es la nana Concepción: se enfrentó a un toro furioso a quien todos temían, y otro para conocer la capacidad criminal de un cocodrilo, que fue muerto –y el guiño es muy claro– por Miguel Álvarez.
	Planteada la lucha entre dos mujeres y un cocodrilo, la novela transcurre con sobresaltos y administrada tensión. No se puede suponer el final, porque los dados narrativos no están cargados en uno u otro sentido, y eso hace que leamos la novela como si nosotros pudiéramos ayudar a la sobrevivencia de los protagonistas (las mujeres y el cocodrilo), como si pudiéramos hacer que deje de llover o que el río dé alguna alternativa a las mujeres que, en un precario techo, tienen que enfrentarse con un adversario terrible o que el pobre cocodrilo hambriento ya coma de una vez.

Tengo la suerte de conocer a Luis Antonio desde antes de que formalmente se convirtiera en escritor; lo he visto comenzando, avanzando, creciendo y ahora me da mucha alegría ver cómo su nombre se consolida como el de uno de los narradores jóvenes más productivos, más premiados y con la mirada panóptica como para abordar con éxito varios géneros: su primer libro fue un ensayo, y ya ganó premios como cuentista, como autor de novelas, como dramaturgo y muy recientemente como poeta. No hay que ser un genio para suponer que en su futuro habrá cada vez más y mejores trabajos literarios. Ya venció en muchas batallas contra la página en blanco, pero le quedan cientos de páginas para encantarnos, para llegar a nuevos puertos, para seguir enriqueciendo la literatura de Chiapas, su tierra amada. 

[Texto leído en la presentación de La nana Concepción, de Luis Antonio Rincón García. Telar Teatro. 12 de agosto 2022. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.]
Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Premio Fotoperiodismo Individual y Premio del Público en la IV Bienal de Fotoperiodismo.

Voces ensortijadas 134. Caer y levantarse. María Gabriela López Suárez

Caer y levantarse

Por Maria Gabriela López Suárez

Xóchitl estaba pasando por una situación complicada no solo en lo económico sino también en lo emocional, había sido injustamente despedida de su empleo y coincidió con la etapa de trámites del divorcio con el padre de su pequeño hijo Elías. 

Una tarde de fin de semana Elías le pidió a su mamá que lo llevara al parque, Xóchitl no tenía ánimos, sin embargo, el niño estaba entusiasmado, ya había preparado su bicicleta y se había cambiado.

—Mami ya tengo mi bici lista, ¿sí iremos al parque? Y yo te invito una nieve, la pagaré con lo de mis ahorros, guardé lo que me dio la abuelita Julieta.

El rostro de Xóchitl dibujó una sonrisa y se acercó a Elías para abrazarlo.

—Claro que iremos Elías, te falta  tu casco, voy por él y  me pongo mis tenis.
 
Salieron rumbo al parque. El sol estaba radiante, evidencia de una cálida tarde veraniega. Una vez en el parque Xóchitl lo acompañó un par de vueltas, mientras Elías iba en la bici ella iba trotando tras de él, se agotó pronto y buscó un espacio para sentarse y poder estar pendiente de él. Cerca de ella había una familia con dos niños, uno de aproximadamente 7 años -calculó que era quizá un par de años menos que Elías- y otro de unos 2 años. El niño pequeño se movía de un lado a otro, tal cual son los niños cuando descubren la fascinación de poder caminar, desplazarse y correr. Xóchitl estaba pendiente de Elías y se quedó pensando que el niño pequeño podría caer y golpearse si seguía con ese ritmo de movimiento.

Al observar a Elías, Xóchitl se percató que estaba montando la bici con más seguridad que otras ocasiones, eso le dio mucho gusto. De pronto se dio cuenta que el niño pequeño había tropezado con un borde en el piso y había caído, a unos cuantos pasos de donde estaban sus papás. El llanto no se hizo esperar. Ella buscó en su bolso su botellita de gel antibacterial para compartirle a los papás, pero ellos ya le habían puesto agua en la rodilla golpeada y le daban masaje. El pequeño lloró un momento, se dejó apapachar por su mamá y su papá, les mostraba su rodilla. Y en menos de lo que ella imaginó ya estaba de pie nuevamente en busca de una nueva travesía, corriendo y con el rostro sonriente.
Mientras Xóchitl seguía nuevamente la mirada hacia Elías, vio que venía hacia ella, se detuvo y bajó de la bici. Estaba acalorado, se quitó el casco y se sentó a su lado. 

—¿Cómo va el paseo en la bici? ¿Te animas a dar otra vuelta?

—Ya me cansé —dijo  mientras Xóchitl le acariciaba el rostro colorado.

—¿Nos vamos a casa?

—Antes te invito tu nieve y me convidas, ¿sí?

Mientras iban caminando en busca del señor que vendía las nieves en el parque, Xóchitl comenzó a repasar el aprendizaje que le había dejado la caída del pequeño esa tarde. Caer y levantarse era algo que estaba presente en todas las personas, en distintas etapas de la vida. Podría ser triste y dolorosa la caída, pero levantarse era una tarea que valía la pena hacer, como ella ante lo que estaba pasando. La voz de Elías la hizo volver la mirada.

—Ahí viene el señor de las nieves, ojalá que traiga de limón, ése es tu sabor favorito.

El rostro de Xóchitl se llenó de alegría, vaya que valía la pena esa ida al parque, Elías era el responsable. A lo lejos se escuchaba…

—¡Nieves, nieves!
 
Photo by Cristiana Raluca on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Absenta 29. Nomeolvides. Erik García Briones

Nomeolvides

 

EGB
Fue en un café donde la conocí, se llamaba No-me-olvides, joven y bonita como ahora la recuerdo, nos sonreímos y hablamos. Compartimos primero una plática, muchas sonrisas; luego caricias, besos y cama.
     Bien-me-sabes, cariñosamente me decía, mientras desayunábamos por la mañana. No-me-olvides le decía por la tarde mientras el sol tostaba las pieles y entre insomnios cuando la luz de luna llegaba.

No-me-olvides y Bien-me-sabes se perdieron entre sueños para nunca más volverse a ver, hoy dulces son los recuerdos en que viven.

Sobre el autor:

Erik García Briones

Tapachula, Chiapas, México, 1983

Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico

Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.

Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.

Polvo del camino. 134. Una criatura maldita. Héctor Cortés Mandujano

Una criatura maldita

Héctor Cortés Mandujano

Si un demonio hubiese puesto entre Sarrasine y Zambinella

las profundidades del infierno,

en ese momento las habría atravesado de una zancada

Sarrasine, de Balsac
No vivió mucho Roland Barthes. Nació en 1915 y lo atropellaron en 1980. Por fortuna, dejó varios libros escritos que, hablo de mi experiencia, me han hecho admirar no sólo su conocimiento y su inteligencia, sino también su inquietud por transitar, con cada libro, nuevos derroteros, no repetirse.
	Leo de él S/Z (Siglo XXI, 1980), que es resultado de un seminario que dio durante dos años (1968-1969) y que analiza lexía por lexía (unidad de lectura, unidad léxica, palabras, párrafos) el cuento Sarrasine, de Balzac.
	Tal vez el libro no sea para quienes leen sólo para entretenerse (qué maravilla) o para quienes escriben sólo porque aprendieron las primeras letras en la escuela. Es para lectores que gustan de analizar los entramados de una historia, para escritores que busquen algo más que contarla. S/Z analiza desde la crítica (psicológica, psicoanalítica, temática, histórica, estructural), pormenorizadamente, desde una expresión, “se sentó junto a mí”, por ejemplo, hasta el concepto de belleza, los matices de la narración y las conversaciones que los personajes de Sarrasine tienen en esta historia diferida, que es una caja china, un cuento dentro de otro.
	Dice, antes de entrar al análisis, que (p. 2) “lo que está en juego en el trabajo literario (en la literatura como trabajo) es hacer del lector no ya un consumidor, sino un productor del texto”, y también que (p. 3) “interpretar un texto no es darle un sentido (más o menos fundado, más o menos libre), sino por el contrario apreciar el plural de que está hecho”, porque (p. 7) “leer es un trabajo de lenguaje. Leer es encontrar sentidos, y encontrar sentidos es designarlos”.
	Ya en el análisis de ciertas frases de Sarrasine, dice Barthes (p. 76): “Leer es luchar por nombrar, es hacer sufrir a las frases del texto una transformación semántica. […] Se nos dice que Sarrasine tenía ‘una de esas voluntades enérgicas que no conocen obstáculos’; ¿qué debemos leer?, ¿voluntad, energía, obstinación, testarudez, etc.?”.
	Me encantan los títulos raros o misteriosos. S/Z me atrapó desde su título (y porque leo todo lo que encuentro de Barthes), sobre el que ya me había hecho varias teorías hasta llegar a la página 89, que lo explica. Sarrasine en pocas palabras, y en su instancia más básica, es la historia de un escultor feo, sin experiencia amorosa, que se apasiona por una hermosa cantante de ópera, Zambinella, que resulta ser un hombre castrado, un castrati. Y la historia funciona porque ocurre en la Italia de 1758. Vuelvo al título. Barthes propone varias ideas, tomo también la más elemental (p. 89): “S y Z están en una relación de inversión gráfica: es la misma letra vista desde el otro lado del espejo; Sarrasine contempla en Zambinella su propia castración. Por eso, la barra (/) que opone la S de Sarrasine a la Z de Zambinella tiene una función pánica: es la barra de la censura, la superficie especular, el muro de la alucinación, el filo de la antítesis, la abstracción del límite, la oblicuidad del significante, el índice del paradigma y, por tanto, del sentido”.
	Hay un momento en que Zambinella parece proponer un mensaje con un gesto. Dice Barthes (p. 126): “Aquí es imposible decir si el mensaje proviene de la Zambinella o del discurso, si se dirige a Sarrasine o al lector; no está situado… […] la escritura tiene el poder de operar un verdadero silencio del destino: literalmente es una contracomunicación”- 
	Zambinella es un ser sufriente (p. 136): “El mundo está desierto para mí. Soy una criatura maldita, condenada a comprender la felicidad, a sentirla, a desearla, y, como tantas otras, obligada a verla huir de mí en todo momento”.
	Sarrasine no se agota en una primera lectura; hay que releerla, sugiere Barthes, aunque esa otra lectura esté (p. 139) “injustamente censurada por los imperativos comerciales de nuestra sociedad que obliga a despilfarrar el libro, a tirarlo bajo el pretexto de que ha sido desflorado, para que se pueda comprar uno nuevo”. 
También, y esto lo sugiero yo, hay que releer S/Z.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Premio Fotoperiodismo Individual y Premio del Público en la IV Bienal de Fotoperiodismo.

Trabajo en alturas. 25. El que no sabe entenderte. Roger Octavio Gómez

El que no sabe entenderte
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

No eres tú, Poesía Contemporánea, soy yo el que no sabe entenderte. Y es que vengo de leer a poetas campesinos, a poetas que eran vendedores de telas, a los que enfrentaron con palabras metralletas y a los que dejaron sus estudios por problemas económicos que trajeron las guerras. Hablo de Miguel Hernández, Jaime Sabines, Wislawa Szymborska, Loynaz, Bartolomé, Oliva, Lorca, Machado, esos otros... 

O será que ya estoy en los albores de una edad en la que me parece que lo pasado fue mejor. El caso es que no pude encontrar poesía en los poemas de Luis Alberto de Cuenca. Y no puedo aceptar que un señor que es miembro de academias abra su poema diciendo: “Me gusta cuando dices tonterías/ cuando metes la pata/ cuando mientes”, además de que me parece muy pobre la reminiscencia a Neruda, no aporta más imágenes ni artilugios verbales, el lenguaje de De Cuenca se mueve en un nivel que está más cercano al lenguaje común, digamos que es un lenguaje cotidiano acomodado, y quizá sea esto lo que se espera de lo contemporáneo y yo no sea un lector contemporáneo sino alguien que se quedó atascado en su propio pasado. En “La malcasada”, quizá el poeta busque encontrar la poesía en la vida común, pero ya Sabines nos había dicho: “Cuando tengas ganas de morirte no alborotes tanto, muérete y ya” de tal manera que en nuestro tedio adolescente nos despertaba a la vida y no sabíamos ni por qué. Que si “Viajar a Marte o al cuarto de la plancha pero contigo” es poesía, no la encuentro. Tampoco aporta elementos nuevos a la tan cantada búsqueda de acompañamiento amoroso ni siquiera a las propuestas indecorosas, o quizá le compuso el poema a un equipo de telefonía celular, pero debería tener otro título. Es posible que De Cuenca use conscientemente las frases comunes y el lenguaje ordinario para crear un elemento poético, pero de la forma en que está construido me hace más bien pensar que plasmó lo que vemos para un público que no exige más de él. 
 
Poesía contemporánea, no eres tú... Soy yo que quizá me voy convirtiendo en un viejo metido en un joven maduro, de esos que se resisten a lo nuevo. Te confieso, sin embargo, que en “Vademecum” de Raúl Vacas veo un excelente ejercicio de versificación y métrica, y mueve mi mundo de palabras y digo: bien, me ha ganado, ha usado un código diferente y creado musicalidad. Veo el vislumbre ingenioso. 
     También te he visto en los versos de Ben Clark y en los de Almudea Guzmán. Con los de Andrés Newman me esforcé de verás y no te hallé, y es que Goytisolo se me aparecía con las “Palabras para Julia”, que sin ser su mejor poema podría ser muy contemporáneo y arrasar.

Cuando me acerco a ti, poesía, "gata arisca que se me aleja y que me araña si la atrapo", espero que me lleves más allá del discurso cotidiano o que con lo ordinario me crees un universo extraordinario. Que tus poetas den un uso especial al lenguaje y que construyan con éste imágenes. Pero estamos en "un mundo raro" tan lleno de imágenes y es quizá por eso que tus poetas "contemporáneos" se sustraen y nadan en la superficie porque las aguas profundas ya fueron exploradas. Me arriesgo, y lo sabes, a ser linchado en las "redes sociales" por recitar el credo del joven Miguel de que “todo es confuso, menos tu vientre” y que el cuarto de la plancha sería el universo si estuvieras ahí, simple, sin motes ni agregados, sola tú: Poesía. 
Ilustración: Cartel de Marabunta Colectivo Escénico, por Juan Ángel Esteban Cruz

Voces ensortijadas 133. A paso de tortuga. María Gabriela López Suárez

A paso de tortuga

Por Maria Gabriela López Suárez

Enriqueta se decidió alcanzar a su hermano Javier que había ido de visita a casa de la tía Calixta quien vivía en la zona costera. Tenía más de tres años que Enriqueta no veía a la tía y deseaba saludarla. Así que aprovechó algunos días libres en el verano para hacerlo.

Doña Calixta era amante de los animales, hasta donde recordaba tenía gansos, conejos y gatos, no sabía cuáles eran sus favoritos. Javier le había dicho que ahora la tía tenía un integrante más, pero la dejó con la duda de saber quién sería.

La tía Calixta recibió con mucha alegría a su sobrina; para consentirla le preparó uno de sus platillos favoritos: Jaibas en chilpachole. Enriqueta no se quedó atrás y le llevó una canasta llena de galletas de canela que le había cocinado.

Como era de esperarse Enriqueta seguía con la curiosidad por conocer al nuevo integrante de los animales que tenía su tía. No tardó en conocerla, era una pequeña tortuga. Doña Calixta le adaptó un espacio de aproximadamente dos metros de largo y un metro de ancho, rodeado con pequeñas piedras y muchas maceteras  y con una parte que fungía como un pequeño estanque. 

—¡Tía Calix te quedó bien bonito el hogar para la tortuga!

—¿Verdad que sí Queta, es lo que le dije? —señaló Javier.

Doña Calixta agradeció los cumplidos y los invitó a cuidar a la tortuga. Enriqueta le tomó la palabra y a la mañana siguiente de su llegada se ofreció a darle de comer a la tortuga y cambiar el agua del estanque. Después de escuchar las indicaciones de su tía se fue al espacio e hizo las actividades. 

Al término de las tareas Enriqueta se quedó un rato observando el hogar de la tortuga, se colocó en cuclillas y se imaginó cómo sería vivir ahí como tortuga. Si ella fuera pequeña el espacio le parecería como una selva llena de vegetación. Contempló las plantas, todas eran muy lindas y permitían la entrada de los rayos del sol pero a la vez generaban sombra. 

Su mirada captó el momento en que la tortuga degustaba su alimento, estaba justo dentro del estanque, no tardó en terminarlo. Para la sorpresa de Enriqueta vio cómo la tortuga salió del estanque y comenzó a caminar al interior de su espacio; el paso que tenía no era como solía escuchar que la gente decía en frases  fue lento, como a paso de tortuga. Siguió observándola y se percató que la tortuga antes de iniciar su andar se había quedado con la cabeza levantada por unos instantes, como atenta a lo que percibía, a reconocer su espacio y de ahí comenzaba el recorrido, con un paso seguro y sin detenerse, sin lentitud, si había algo como una especie de obstáculo -una ramita, o una pequeña piedrita- la rodeaba y seguía su rumbo, pero no desistía. La tortuga llegó hasta al final de su recorrido y buscó espacio debajo de una de las maceteras que tenía más follaje. Enriqueta dedujo que quizá ahí estaba más fresco.

—¿Queta sigues aquí? Creí que ya te habías ido con Javier al mercado. 

—No tía Calix, me entretuve un rato más acá viendo a la tortuga, sabes, en la vida me gustaría ir a paso de tortuga.

El rostro de doña Calixta dibujo una sonrisa.

—Ah que niña, vaya que te gustó mucho la nueva integrante de la familia, sin duda tenemos mucho que aprender de los animalitos. Y te digo algo, también a mí. Pero vamos, que tu hermano te espera para ir por el mandado.
Photo by Chait Goli on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Absenta 28. Hombre Man. Erik García Briones

Hombre Man

 

EGB
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Sobre el autor:

Erik García Briones

Tapachula, Chiapas, México, 1983

Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico

Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.

Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.