Voces ensortijadas. 345. Gracias desde el corazón. María Gabriela López Suárez

Photo by Nataliya Vaitkevich: https://www.pexels.com/photo/grayscale-photo-of-2-dogs-near-window-4450355/
Voces ensortijadas  


Gracias desde el corazón

María Gabriela López Suárez

A Pánfilo, integrante de nuestra bandita peluda. Gracias por tanto.

El viento comenzó a soplar ligeramente, era una especie de arrullo para el corazón. También era una manera de anunciar que el otoño se acercaba. La montaña que rodeaba el lugar donde vivía Consuelo le daba un hermoso toque al paisaje, el verde oscuro de la vegetación recordaba lo bello de la naturaleza, la importancia de su cuidado y de no perder la capacidad de asombro ante ella.

Consuelo acababa de llegar a casa. En vísperas de inicio de ciclo escolar su día había estado ajetreado. Su lugar de trabajo era una pequeña papelería que tenían como negocio familiar. En la colonia donde vivía había pocas papelerías. Consuelo y su familia siempre buscaban dar varias opciones de productos de buena calidad y tener precios al alcance de los bolsillos. Sin embargo, en los últimos dos meses el negocio había tenido bajos ingresos, así que ahora habían aprovechado las ventas.

Esa tarde ella se había adelantado a casa, la alcanzarían en un rato más, su papá René, su mamá Esther y su hermana Priscila. Consuelo iba a preparar la cena. Mientras buscaba cosas en la alacena y el refrigerador escuchó un alboroto en el patio. Tenían varios árboles con bellos follajes, justo ahí era el escenario de la algarabía. Se asomó para escuchar con atención el trinar de los pájaros. Solo alcanzaba a ver que las ramas se movían mientras seguía deleitándose con los cantos de las aves.

Recordó que, en otras ocasiones, al pasar por el parque de su colonia, había escuchado esa algarabía en los árboles. Esto solía pasar alrededor de las seis de la tarde o unos minutos después. Era un trinar casi fugaz, mientras las aves se acomodaban en las ramas y luego, como un acto de magia, salían volando nuevamente o daban vueltas alrededor. Ahora le tocó presenciarlo en el patio de su casa.

Regresó a la cocina. Ya no tardaría en llegar su familia para cenar. Encontró tortillas de maíz y de harina, frijoles y quesillo. Así que decidió preparar unas dobladitas de frijol y quesadillas. El clima había refrescado un poco, así que eligió que tomarían chocolate con canela.

Mientras preparaba la bebida, Consuelo recordó la alegría que le brindó el escuchar el canto de los pájaros. Pensó que, a veces entre tantas actividades, no se toman en cuenta esos regalos de la naturaleza, que a veces uno se olvida de dar gracias desde el corazón por cada instante y por cada experiencia vivida, aun cuando no sea del todo grata. Agradecer le da un toque distinto al día a día.

El aroma del chocolate con canela se esparció por la cocina. Estaba tan ensimismada que no se dio cuenta que su familia había llegado, hasta que escuchó a Priscila decir: ¡¡Qué rico huele!! Parece que la cena ya está lista.

Photo by Nataliya Vaitkevich: https://www.pexels.com/photo/grayscale-photo-of-2-dogs-near-window-4450355/
Photo by Nataliya Vaitkevich: https://www.pexels.com/photo/grayscale-photo-of-2-dogs-near-window-4450355/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Casa de citas. 808. Una lengua de lava. Héctor Cortés Mandujano

Photo by Дмитрий Рощупкин : https://www.pexels.com/photo/yellow-flower-between-bricks-8040257/


Casa de citas/ 808

Una lengua de lava
Héctor Cortés Mandujano

Mi amiga Paty Baustista me dio en préstamo Océano de néctar. La verdadera naturaleza de todos los fenómenos (Editorial Tharpa, 2019), de Gueshe Kelsang Gyatso, de quien ya he comentado, en Casa de citas anteriores, varios libros.
Como en otros, habla en éste de temas básicos para el budismo moderno. A veces sus enseñanzas surgen de historias. Dice (p. 15): “Hay una historia acerca de un Realizador Solitario que fue a un cementerio y vio unos restos óseos humanos. Entonces, se preguntó: ‘¿De dónde proceden estos huesos?, y comprendió que de la muerte. Luego se preguntó: ‘¿De dónde viene la muerte?’, y reconoció que su causa es el nacimiento. Siguió reflexionando y se dio cuenta de que el nacimiento está causado por la existencia, el décimo vínculo de la relación dependiente, ésta por el aferramiento, éste por el ansia, y así hasta llegar a la causa raíz, la ignorancia. De este modo comprendió que para escapar del samsara, el ciclo de los doce vínculos de la relación dependiente, debía abandonar la ignorancia. Además, comprendió que puesto que los huesos dependen de la muerte, esta del nacimiento, etcétera, todo ello carece de vida inherente. De esta manera comprendió la vacuidad”.
Dice (p. 28): "Debido a su intenso sentido del yo y mío, los seres sintientes sienten apego por aquello que les agrada y odio por lo que les desagrada. Estas dos mentes, a su vez, dan lugar a todas las demás perturbaciones mentales, como la avaricia, los celos y el orgullo. Bajo la influencia de estos engaños, los seres sintientes crean el karma que les hace renacer en el samsara y experimentar sufrimiento”.
El samsara puede comprenderse de dos maneras (p. 692): “como el ciclo ininterrumpido de renacimientos sin control ni elección o como los agregados contaminados del ser que renace en este ciclo”.
¿Por qué debemos practicar la compasión? (p. 29): “Sea cual sea su posición social, nacionalidad o género, todos los seres sintientes tienen que sufrir sin elección. Cada renacimiento que obtienen termina de manera inevitable con una muerte sin control. Por muy alto que lleguen en una vida, finalmente tendrán que caer en estados inferiores. […] La crueldad del samsara es tal que en todas estas circunstancias los seres sintientes carecen por completo de elección”. Por eso debemos compadecerlos.
Cita Gheshe (p. 152): “Yhe Tsongkhapa dijo que hay dos obstáculos para alcanzar la liberación: la muerte y la ignorancia”.
Habla sobre el origen del mundo (p. 196): “El mundo entero surgió como resultado del karma y el karma surge de la mente; por lo tanto, la verdadera creadora de este mundo es la mente”. Insiste más adelante (p. 315): “Todos los fenómenos sin excepción son creados por la mente porque todos son designados por la mente conceptual. Ningún fenómeno existe por su propio lado”. [Karma significa acción (p. 687): “Las acciones virtuosas producen como resultado felicidad, y las perjudiciales, sufrimiento”.]
La mejor virtud es la paciencia, ha repetido Gueshe en sus libros; aquí lo dice con palabras poéticas (p. 540): “De la paciencia proceden la belleza, la cercanía a los seres sagrados y la destreza para saber lo que es apropiado y lo que no lo es; y después de ello, nacer como un ser humano o un dios y la erradicación de las faltas”.
La gente común creer tener un yo, ser un yo. No es así, dice Gueshe (p. 570): “La forma no es el yo, el yo no posee forma, el yo no está en la forma, ni la forma en el yo”.
Dice (p. 582): “La sabiduría se define como ‘aquello que carece de apego’”. ¿Qué es el apego? Está definido en el glosario de términos (p. 680): “Factor mental perturbador que observa un objeto contaminado, lo considera como una causa de felicidad y lo desea”.

***

En Yo te bendigo, vida. Amado Nervo: crónica de vida y obra (Gobierno de Nayarit el al, 2002), de Carlos Monsiváis, por un asunto de confrontar posiciones poéticas cita un fragmento de José Martí, que siempre me ha encantado (p. 42): “Así como hombre trae su fisonomía, cae inspiración trae su lenguaje. Amo las sonoridades difíciles, el verso escultórico, vibrante como la porcelana, volador como un ave, ardiente y arrollador como una lengua de lava.”

***
Arthur Conan Doyle es el autor de un sinnúmero de relatos que tienen como protagonista a su invención más célebre: el detective Sherlock Holmes.
Pero escribió muchos libros más. Leo, en una bella edición actual, El parásito y otros cuentos inquietantes (RBA Ediciones, 2022), donde Conan Doyle cuenta, y cuenta bien, sobre distintos hechos que suelen recibir el nombre de “misteriosos”.
Me llama la atención que, en las traducciones, generalmente españolas, no piensen en México. Por ejemplo, en “La relación de J. Habakuk Jephson”, hacen decir sobre un barco, al narrador (p. 77): “el extremo de la verga delantera toca casi el agua”.
En “El gran experimento de Keinplatz”, dice el maestro al joven que quiere casarse con su hija (p. 120): “usted es un joven de buen corazón y uno de los mejores sujetos neuróticos que he conocido”.
En “El lote número 249” un hombre lee (p. 186) “un volumen formidable, de tapas verdes, ilustrado con grandes mapas en colores de aquel reino extraño que es el interior de nuestro cuerpo, en el que somos monarcas impotentes y lamentables”.
Escribe Conan Doyle en “El embudo de cuero” (p. 278): “El charlatán es siempre el que va abriendo caminos. Del astrólogo salió el astrónomo, del alquimista el químico y del mesmerismo la psicología experimental. El charlatán de ayer será el profesor del mañana. Andando el tiempo, hasta una materia tan sutil y resbaladiza como la de los sueños será sistematizada y puesta en orden”.

***

Valentina (RBA Ediciones, 2020), de George Sand, confiesa a su marido (estamos a mediados del 1800) que está enamorada de otro hombre, pero que no quiere entregarse a él (tampoco ha consumado su matrimonio). El marido, casado con ella por interés, le dice (pp. 238-239): “Tengo demasiada experiencia, os lo confieso, para tirarme al río por una infidelidad, pero tengo también demasiado juicio para meterme a rodrigón de una cabecilla tan exaltada como la vuestra. Esa es también una de las razones que me hacen no desear con vehemencia veros romper esas relaciones que aún tienen para vos todo el novelesco atractivo de un primer amor. El segundo sería más rápido; el tercero…”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Photo by Дмитрий Рощупкин : https://www.pexels.com/photo/yellow-flower-between-bricks-8040257/
Fotografía: Дмитрий Рощупкин : https://www.pexels.com/photo/yellow-flower-between-bricks-8040257/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 345. Comerás flores. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 345

Comerás flores
Héctor Cortés Mandujano

Me fui y supe que la violencia no siempre es evidente
ni da pasos como truenos

Lucía Solla Sobral

Había leído sobre lo buena que era esta novela y me la encontré. Me encantó el color, la ilustración, el diseño de la portada; la compré y la leí en un romplón (como dicen en mi pueblo). Se llama Comerás flores (Libros del Asteroide, 2025), y es la novela debut de Lucía Solla Sobral (Marín, España, 1989).
La protagonista es Marina, una joven cuyo padre recién ha muerto; conoce a un hombre, Jaime, 20 años mayor que ella (25-45 cuando el romance inicia), rico, con gustos sofisticados y un oficio cuyo nombre me encantó. Antes le decían decorador de interiores o de otra manera. Él se dice (p. 77): “Compositor de atmósferas”.
Surgen problemas, por supuesto. El más preocupante es el control que él quiere tener sobre ella, sus accesos de ira. Uno de los amigos le dice que de nada vale irse (p. 139): “Eso de que cambiar de escenario no hace que los problemas desaparezcan. Los mueves de sitio, los paseas por parques diferentes, los llevas a otras terrazas, los enredas en tu coletero. […] Pero ahí están los problemas, abrasándote la sangre”.
Jaime ya es un incordio cuando conoce a Edu y se dan un beso. Lleva a su perra Frida, para suponer que fue de paseo. Edu se va (p. 175): “Y paseé con Frida porque volar no podía”. Decide dejar a Jaime, pero (p. 190): “No quería romper con Jaime por otra persona. Si quería romper con él, era porque me estaba encogiendo como una rana, porque me camuflaba tanto en esa casa que me daba miedo convertirme en el monstruo del que estaba huyendo”.
Dice Marina en sus dudas, porque Jaime es un prodigio de maravillas ante los ojos de los demás (p. 219): “Esconderme era mucho más fácil que decir la verdad. Si tuviese que decir la verdad, nada más que la verdad, a lo mejor me habría quedado muda para siempre”.
Estoy de acuerdo con esta idea de los finales amorosos (p. 229): “Sabrás que lo que se acaba, se acabó mucho antes y no se acabará del todo hasta tiempo después”.
Me gustó la novela y me gustó incluso lo que la editorial escribe en el colofón (p. 245): “Desde Libros del Asteroide queremos agradecerle el tiempo que ha dedicado a la lectura de Comerás flores. Esperamos que el libro le haya gustado y le animamos a que, si así ha sido, lo recomiende a otro lector”. Mi ejemplar dice que, en 2026, el libro va en su decimonovena reimpresión.
Muchas mujeres han escrito sobre Comerás flores. Sintético es lo que dice Aixa de la Cruz en la contraportada: “Quién pudiera volver a la veintena, leer este libro y enmendar su propia historia”.

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Trabajo en alturas. 39. Sur. Roger Octavio Gómez

Fotografía: Nadia Arce.

Sur
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

Quiero irme a mi pueblo, lejos, muy lejos.

Volver a mi casa donde mi ventana está pintada de rojo

y el frío marcha por las noches como un soldado cubierto de niebla.

Oscar Oliva, cit. en Agustín Bartra: ¿Para qué sirve la poesía?).

Una luciérnaga roja desaparece cuando el estertor luminoso de Urano anuncia la próxima llegada de la lluvia en los bajos manglares. Aroma a tabaco quemado se mezcla con el sabor que emana del Salado, pantanos hermosos hijos ilegítimos del Pacífico con la Marisma del sur, del sur de este recuerdo. Algo grazna en la distancia. Las garzas ya duermen entre los mangles blancos. Cantan los insectos nocturnos. Croan los sapos. Bufa mi caballo que al paso da un mordisco a un matorral que se aferra a un islote dulce. Un sendero fluorescente guía al potro que va al frente, este es el bosque de los madresales. La luciérnaga renace entre las manos de papá. Apuro a mi cabalgadura que tantea con el casco sin herrar entre la suavidad de los lodazales. Mamá nos aguarda. El camino es largo. No termina, sigue por siempre en mi memoria, seguirá mientras lo pueda recordar.


Fotografía: Nadia Arce.
Fotografía: N. A.

Voces ensortijadas. 344. Entre silencio y grillos. María Gabriela López Suárez

Photo by Fernando Maidana: https://www.pexels.com/photo/grasshopper-on-branch-24551190/
Voces ensortijadas 344  

Entre silencio y grillos

María Gabriela López Suárez


Bianca respiró profundo. Su labor había sido intensa ese día. En un rato más llegarían sus primos a cenar y se habían ofrecido a llevar tacos dorados. Ella había dejado remojando jamaica para preparar una rica agua fresca.

El calor había estado menos intenso que el de días anteriores. Aún así, hacer las labores de aseo en la casa, lavar la ropa, limpiar la pecera y levantar las hojas secas de los árboles que tenía en el patio para incorporarlas a una pequeña composta que había hecho en casa la dejaron agotada.

El tiempo había pasado tan pronto que se olvidó de comer. Fue a la cocina se preparó un par de quesadillas con tortillas de maíz y una ensalada de pico de gallo y buscó en el refrigerador si aún tenía agua de limón con chía. Para su fortuna la jarra tenía un poco, le alcanzó a llenar un vaso pequeño.

Se metió a bañar para refrescarse y quitarse un poco el cansancio. El baño cumplió el propósito. Bianca se despejó y reactivó su energía. Revisó el reloj, faltaba alrededor de una hora con treinta minutos para que llegaran a cenar sus familiares.

Recordó que tenía que preparar el agua de jamaica, así que se apresuró a hacerlo. El color de la bebida era uno de sus favoritos, le recordaba a su infancia. Le gustaban las paletas de hielo que preparaba su tía Carmina y a las que le agregaba un toque de chamoy. Revisó si aún tenía en la cocina unos moldes para hacer paletas, le costó encontrarlos, pero los halló. Preparó el agua de jamaica. Reservó una parte, le agregó un poco más de dulce y llenó los moldes para paletas. Ojalá que se congelen rápido para que sea el postre, pensó.

Terminada la labor se dio el chance para sentarse un rato. Acostumbrada todo el tiempo a ir de un lado a otro, sin hacer pausitas, era algo poco común para ella. Ahora tenía el ánimo y ganas de sentarse, sin hacer nada más. Se acomodó en un pequeño pretil que tenía en el patio y se sentó a contemplar los árboles en silencio. Observó el hermoso follaje que tenían las ramas, las hojas en tono verde oscuro. El cielo estaba nublado, comenzó a sentir una sensación de un ligero viento que acompañaba la tarde. Permaneció ahí varios minutos, respirando profundo y observando ese paisaje. Comenzó a escuchar a unos grillos madrugadores que anunciaban que la noche estaba por llegar. Cerró los ojos unos instantes y el canto de los grillos se escuchó un poco más.

Entre silencio y grillos sintió mucha gratitud por darse ese bello regalo. Abrió los ojos. Levantó la vista y se dio cuenta que la luna ya estaba asomándose, estaba en etapa creciente, cubierta por una especie de nubosidad, pero aún así resplandecía entre las ramas de los árboles.

Se levantó para prender la luz. A lo lejos escuchó el sonido de un coche y enseguida el del claxon. Los primos anunciaban su llegada.

Photo by Fernando Maidana: https://www.pexels.com/photo/grasshopper-on-branch-24551190/
Photo by Fernando Maidana: https://www.pexels.com/photo/grasshopper-on-branch-24551190/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Casa de citas. 807. Nacer llorando. Héctor Cortés Mandujano

Photo by Israel Torres: https://www.pexels.com/photo/equestrian-sculpture-of-felipe-angeles-against-a-white-cloud-19898950/


Casa de citas/ 807

Nacer llorando
Héctor Cortés Mandujano

Tengo la suerte de leer un libro más de mi admirado Harold Bloom: Ensayistas y profetas. El canon del ensayo (Editorial Páginas de espuma, 2010), con traducción de Amelia Pérez de Villar
Primero la Biblia, de la que cita “El libro de Job” (p. 15): “Pues la mejor prueba que podía dar Job de su paciencia era permanecer del todo desnudo, en tanto eso era lo que complacía a Dios” y compara a Job con El rey Lear, de Shakespeare, quien aconseja a Glucester (p. 16): “Resígnate, hemos venido al mundo llorando” (pareciera que José Alfredo Jiménez hubiera leído a Skakespeare. Escribe en “Camino de Guanajuato”: “La vida no vale nada: comienza siempre llorando y así llorando se acaba”).
También cita a Montaigne, claro: “Todos somos viento. Y hasta el viento, más sabio que nosotros, ama hacer ruido y deambular, y está satisfecho con sus propias funciones, sin desear la estabilidad ni la solidez, cualidades que no le son propias”.
William Hazlitt dice en las páginas de Bloom (p. 118): “Todo se mueve, pero no hacia adelante, sino en un círculo sin fin. Nuestra fortaleza reside en nuestra debilidad; nuestras virtudes se construyen sobre nuestros vicios; nuestras facultades son tan limitadas como nuestro ser; y tampoco podemos elevar al hombre por sobre su naturaleza más de lo que se eleva por sobre la tierra que él mismo pisa”.
Hazlitt compara la poesía con el poder. Su argumento es poderoso (p. 120): “El lenguaje de la poesía cae, de manera natural, en la misma categoría que el lenguaje del poder. La imaginación es una facultad exclusiva que todo lo exagera: toma algo de una cosa para añadírselo a otra, acumula circunstancias y las une para dotar del mayor efecto posible a un objeto favorito”. Y más (p. 121): “La poesía es verdaderamente excepcional. Pone al individuo por encima de la especie, el uno sobre el infinito”.
Habla aquí Bloom de Carlyle (p. 140): “Desde el punto de vista crítico, toda escritura es religiosa, o toda es profana. Carlyle piensa que Shakespeare ha abolido esa distinción, y se ha convertido en la segunda Biblia de Occidente”.
En este libro Bloom ha juntado a grandes pensadores. Dice Emerson, en la cita de Bloom (p. 166): “Las corrientes del Ser universal circulan a través de mi cuerpo. Soy parte, o partícula, de Dios”. Y también (p. 175): “Lo que escribo me parece, mientras lo escribo, lo más natural del mundo; pero ayer veía un vacío aterrador en la misma dirección en la que hoy me parece ver tanta abundancia. [...] Yo soy Dios en la naturaleza. Yo soy el hierbajo junto a la tapia”.
Luego cita, en otro capítulo, a Henry David Thoreau, quien se refiere a Emerson (p. 183): “Comencé a leer a Emerson de forma obsesiva, justo antes de la mitad del viaje, cuando atravesaba una crisis. Y ya nunca paré. Emerson me ayudó a cambiar mi visión de la mayoría de las cosas, tanto de la vida como de la literatura, hasta de mí mismo”. Qué enorme halago.
Lowell, aunque escribe contra Thoreau, dice cosas interesantes (pp. 188-189): “La noción de una originalidad absoluta, como si uno pudiera tener derecho de patente sobre esto, es absurda. [...] Y de igual manera que nadie ha inventado jamás una palabra y el lenguaje crece, de alguna manera, gracias a la necesidad y a la contribución general, así sucede también con el pensamiento. [...] Montaigne, por ejemplo, es uno de los autores más originales, aunque se servía de ideas de todo tipo”.
John Ruskin es citado (p. 210): “Y la diferencia entre un hombre de talento y el resto de los hombres es que el primero sigue siendo, en cierto modo, un niño”. Y Walter Pater (p. 227): “Lo más grande que hace un alma humana en este mundo es ver algo y contar lo que ha visto de la forma más simple. Por cada centenar de personas que pueden hablar sólo hay uno que puede pensar, pero por cada mil que pueden pensar sólo hay uno que puede ver. Ver con claridad es poesía, profecía y religión, todo en uno”.
También está en el libro Friedrich Nietzsche, quien dice bien lo que dice (p. 263): “La poesía cuenta mentiras, pero la verdad –que es el principio de la realidad– se reduce a la muerte, a nuestra muerte. Amar la verdad supondría amar la muerte”.
En la Voluntad del poder, 1884, escribió Nietzsche (p. 265): “4. ¿Podemos decir que los contrahechos son los que más sufren y los más sutiles? ¿Es que los que están contentos consigo mismo no valen nada?”.

***

Ambrose Bierce (1842-1914), célebre escritor estadounidense, quien murió en México, en Chihuahua, escribió varios libros, entre ellos El diccionario del Diablo (que es muy divertido) y varias notables colecciones de cuentos. Su relato más famoso es “El incidente en el Puente del Búho” (que Borges reformuló varias veces), donde un hombre detiene el instante de su muerte para vivir una nueva vida.
También era periodista y vino a México para entrevistar a Villa (Carlos Fuentes escribió su biografía en Gringo viejo, que también se volvió película). De algún modo se volvió villista. Su muerte ha supuesto un enigma.
Fernando Tola de Habich, en uno de los artículos de su libro Museo literario (La red de Jonás, 1984), desvela lo ocurrido al descubrir el testimonio (p. 104) “que el ingeniero veracruzano Elías L. Torres da sobre la muerte del escritor norteamericano en su libro 20 vibrantes episodios de la vida de Villa (Fragmentos de la vida revolucionaria del General Francisco Villa), Editorial Sayrols, S. A., México, 1914”.
El testimonio, incluido en Museo literario, se llama “El chiste de la muerte”, y cuenta un hecho en el que se supone estuvo presente el Ing. Torres. Cenaron y (p. 108) “Al final de la cena y con cierta brusquedad, Bierce empezó diciendo que ya estaba cansado de andar con Villa”, que ellos no eran un ejército, “sino partidas de ladrones y asesinos”. Pensaron que era un chiste. Y no. Le dijo a Villa que se iba con Carranza, que ya tenía caballo, mozo, todo listo. Borunda, uno de los cercanos a Villa, le iba a disparar y Villa le hizo señas de que saliera. Luego abrazó a Bierce (p. 108): “Dios quiera que Carranza lo reciba mejor que yo...”.
Se fue Bierce, Villa siguió cenando (p. 109): “De pronto se oyeron unos disparos. Villa volvió a sonreírse, y dirigiéndose a Fierro, le dijo:
“—A ver si este gringo desgraciado les cuenta el último chiste a los zopilotes de la sierra.
“Efectivamente, Bierce, mozo y caballos, fueron devorados por los zopilotes en una loma donde nadie se atrevió a levantarlos.”

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Photo by Israel Torres: https://www.pexels.com/photo/equestrian-sculpture-of-felipe-angeles-against-a-white-cloud-19898950/
Fotografía: Israel Torres: https://www.pexels.com/photo/equestrian-sculpture-of-felipe-angeles-against-a-white-cloud-19898950/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 344. Los contravenenos del día. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 344

Los contravenenos del día
(Cuento)
Segunda de dos partes
Héctor Cortés Mandujano

2

Volvió de nuevo mi mujer y me dijo que me fuera a trabajar; yo, alelado, me vestí y subí a mi coche, lo encendí y me incorporé a la carretera cercana. Al lado derecho había un campo de cuidado pasto y al izquierdo, un bosque.
Tuve que frenar, porque frente a mí, una vaca estaba parada en mitad de la carretera. Le toqué el claxon. La vaca me dijo:
—¡No hagas escándalo, porque tu mujer va a oírnos!
—¿Hablas?
—¡Claro que sí, tonto! Soy Rina.
Y la vaca se transformó en una muchacha de no malos bigotes.
—¿Rina?
—Sí, Rina, tu amante, ¿o ya te olvidaste?
Se subió al coche, seguí manejando. Rina iba a decirme algo más, cuando de pronto el coche comenzó a elevarse por los aires. Rina gritó:
—¡Es tu mujer, seguramente me va a volver aire de nuevo!
Fue lo último que dijo. En su lugar, nada había. El coche, volando, regresó hasta la casa, yo me bajé, abrí la puerta de entrada y llegué a la recámara, me senté y quedé con los pensamientos enganchados en la nada. Mi mujer salió del baño y me dijo:
—¿Todavía estás allí, papando moscas? ¿No te vas a quitar el pijama? ¡Son las doce del día!
—Yo ya me había cambiado e ido al trabajo, pero tú me hiciste volver. Convertiste en aire a Rina, la vaca…
—¿Rina, la vaca? ¿Es un personaje de tus cuentos? Mira, levántate, hay café caliente en la cafetera, fruta picada y tu desayuno servido…
—¿Adónde vas?
—Al súper y a pintarme el pelo. Si se me hace tarde, compraré comida, ¿se te antoja algo especial?
—Tú embrujaste a Rina.
—Héctor, pareces un niño tonto, de veras. Te pasas leyendo y viendo películas, ¿y llegas a estas conclusiones? ¿Qué, sólo lees comics, sólo ves las de Walt Disney?
—No, ayer vi La odisea, de Christopher Nolan…
—Ese es otro como tú, que anda con la cabeza en otra parte. Mira que poner a Lupita Moñoñongo como Helena de Troya.
—Lupita Nyong’o se llama la actriz afroamericana que hace a Helena.
—Como se llame. Bueno, se me hace tarde. Después del desayuno, te metes al estudio a escribir. Te puse un aromatizante para que te inspires. Lo pensé bien y te voy a revelar, antes de irme, tu realidad: eres un escritor y ganaste un premio, una residencia en esta hermosa casa de campo para que escribas una novela. Y yo vine contigo, porque te quiero y porque eres un retrasado manual y no sabes ni encender la estufa.
—¿Y eres bruja o no?
—En tus sueños, pero como dices en tus rollos budistas, la realidad no existe y los sueños ni a eso llegan. Los sueños, sueños son, como dice el clásico que citas con frecuencia.
Se va y regresa, habla sibilinamente mientras estira sus manos blancas, con uñas pintadas de rojo, hacia mi rostro.
—Okey, te voy a revelar el secreto que ya descubriste en tus sueños. Soy una bruja. ¡Cacle, cacle! Y estás bajo mi poder, eres mío, ¡mío!
Se da la vuelta y se va riendo como bruja.

Rico café, rico desayuno. Entro a mi estudio y huele a gardenias. Un post de mi mujer dice: “Para que te acuerdes de tu rancho”. ¿Se refiere a la finca donde nací o a Villaflores? Ninguno de los dos es rancho. Qué llevada.
Enciendo mi computadora –¡Bienvenido, Héctor!– y abro el archivo en el que estoy trabajando. Es una novela que se llama Los contravenenos del día. Es sobre un escritor que descubre que su mujer no es una ama de casa, sino una temible narcotraficante…
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 343. La montaña guardiana. María Gabriela López Suárez

Photo by Laura Chouette: https://www.pexels.com/photo/evergreen-needle-branches-21753053/
Voces ensortijadas  

La montaña guardiana
María Gabriela López Suárez


Eran casi las seis con treinta minutos de la mañana. Gisela se amarró las agujetas de los tenis, ya era hora para salir al campamento en el que se había inscrito con sus compañeras y compañeros del trabajo. Tenía mucha emoción de poder viajar fuera de la ciudad donde vivía. Eran pocas las oportunidades que tenía para hacerlo, puesto que estudiaba y trabajaba, por eso quería aprovechar esta ocasión en la que tenía unos días de vacaciones en la universidad.

Pasaron por ella en el transporte que los llevaría a su destino. Era un grupo pequeño, diez personas. Se habían puesto de acuerdo para comprar alimentos para preparar y compartir en el camino.

El lugar al que iban era de clima frío, estaba aproximadamente a 2500 metros sobre el nivel del mar. Gisela había preguntado muchos detalles que eran importantes para ella, por ejemplo, cómo era el clima, qué tipo de vegetación había, cuál era la fauna silvestre y cuáles eran las frutas de temporada. Desde que era pequeña le había gustado mucho convivir con la naturaleza. Por eso había elegido estudiar Biología.

El tiempo de viaje fue alrededor de ocho horas, tuvieron la fortuna de que les tocara buen clima mientras iban en carretera. No hubo lluvia. Sin embargo, nadie podía negar que la lluvia era un elemento importante para embellecer más los paisajes naturales que se apreciaban en el camino. Prueba de ello era que Gisela permaneció despierta todo el tiempo, quería aprovechar al máximo la contemplación de los paisajes que tenía a la vista.

Una vez que llegaron a su destino y se instalaron en los dormitorios, Gisela quiso recorrer un poco alrededor del lugar donde estaban. El paisaje la impresionó desde que venían en la carretera. Caminó unos metros, se ubicó en una parte donde la vista era simplemente hermosa. Mucha vegetación de bosque de coníferas que le atrapó la mirada y el corazón.

Buscó un lugar donde sentarse y se quedó ahí, en silencio, contemplando frente a ella una montaña. Era la primera vez que tenía la oportunidad de estar en un espacio natural como ése. La montaña era imponente, en un bellísimo tono verde oscuro. Gisela sintió una sensación de paz y gratitud, estaba frente a la montaña guardiana de ese territorio.

Permaneció ahí unos minutos sintiendo los latidos de su corazón; a lo lejos escuchó unos pasos y luego una voz: ¡Gisela! ¿Dónde andas? ¡Vamos a tomar cafecito con pan! Era Rosario, una de sus compañeras. Era hora de volver con el resto del grupo.


Photo by Laura Chouette: https://www.pexels.com/photo/evergreen-needle-branches-21753053/
Fotografía: Laura Chouette: https://www.pexels.com/photo/evergreen-needle-branches-21753053/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Casa de citas. 806. Cosas que nunca vuelven. Héctor Cortés Mandujano

Photo by Efrem Efre : https://www.pexels.com/photo/bench-black-and-white-city-man-13907678/


Casa de citas/ 806

Cosas que nunca vuelven
Héctor Cortés Mandujano

¿Quién nos ha traído aquí desde el limo primordial?
¿Adónde nos encaminamos? ¿Cuál es el gran plan?

Don DeLillo

He leído varias novelas de Don DeLillo. Leo ahora Fin de campo (Seix Barral, 2016), la segunda que escribió, con traducción de Javier Calvo.
Aunque el tema central es el futbol americano y sus practicantes, evidentemente se mueve hacia otros temas; hacia el lenguaje, por ejemplo (p. 102): “Las palabras no explican, no clarifican, no expresan. Son calmantes. Todo se vuelve abstracto”.
Gary Harkness, el protagonista, platica sobre el futbol americano con Zapalac, quien le dice (p. 194): “Rechazo la noción del futbol americano entendido como guerra. La guerra es la guerra. No nos hacen falta sustitutos porque ya tenemos el original. El futbol es disciplina. Es amor de equipo. Es razón más pasión”.
Esta es una descripción interesante de lo que pasa en las regaderas de los equipos (p. 203): “En uno de los retretes había alguien intentando vomitar. Era un ruido conmovedor, monumentalmente ronco, apasionado y extrañamente carente de urgencia. Una manada de focas”.
Una ampliación al concepto del juego (p. 234): “El futbol americano es un complejo de sistemas. No se parece a ningún otro deporte. Cuando se juega como es debido, es el entrelazamiento de una serie de sistemas. El individuo. El pequeño grupúsculo del que forma parte. La unidad mayor, el grupo de once. La gente hace énfasis en la violencia. Pero ése es el menor de sus componentes. El futbol americano sólo es brutal visto de lejos. En el centro hay calma, hay tranquilidad. Los jugadores aceptan el dolor. Hay una sensación de orden incluso al final de una jugada de carrera de esas que dejan el campo lleno de cuerpos tirados. Cuando los sistemas se entrelazan, el juego produce una satisfacción que no se puede imitar. Se genera armonía”.
Se reflexiona sobre muchas cosas, porque no es esta una novela escrita para convertirse en bestseller (p. 248): “El amor es una vía de salvación. Nos hace menos imperfectos y nos acerca a la inmortalidad”.

***

Excepto tú mismo tal vez nadie puede ser
tu enemigo

Emily Dickinson,
poema 384

Leo un libro que tiene casi todos los poemas que escribió Emily Dickinson, a la que leo sin pausa desde hace mucho. El libro se llama Poemas (Editorial Planeta, 2019), traducido por Silvina Ocampo.
Dice su síntesis biográfica (p. 5): “Al cumplir veinte años decidió alejarse del mundo, manteniendo el contacto con un número reducido de amistades en intensas y exigentes relaciones epistolares a las que hoy recurren aquellos que desean ahondar en la singular personalidad de Dickinson. Sin salir de su casa de Amherst, escribió casi dos mil poemas”.
Los poemas solo tienen como título un número consecutivo. Escribe en el 191 (pp. 61-62): “¡Los cielos no pueden guardar secretos!/ ¡Lo dicen a las montañas!–/ las montañas las dicen al vergel–/ y el vergel– a los narcisos. [...] ¿si el verano fuera un axioma?–/ qué brujería tendría la nieve?”.
En 254 dice: “ ‘Esperanza’ es algo con plumas–/ que se posa en el alma–/ y canta una melodía sin palabras–/ y nunca se detiene –totalmente–”.
Lo he dicho en otras ocasiones que he citado a mi admirada Dickinson: sus poemas tienen guiones a los que no hay que hacerles mucho caso. Así los dejó en sus poemas. En el poema 288 habla sobre la poca importancia de lo que somos (p. 84): “¡Soy nadie! ¿Quién eres?/ ¿Eres –nadie– también? ¡Somos entonces un par! [...] ¡Qué horrible –ser– alguien! Qué impudicia –como una rana–/ decir nuestro nombre –todo el santo día–/ a un admirativo pantano”.
Hay verdades rotundas en sus versos. El 335 (p. 100) dice: “No es morir lo que duele más–/ es vivir”.
Dice en el 413 (p. 120): “Si Dios pudiera hacer una visita–/ o dormir una siestita–/ para no vernos–/ pero dicen/ que él mismo –es un telescopio/ perenne que nos mira”.
En el 443 (p. 129): “Tenemos una bomba–/ que llevamos sobre el pecho”.
En el 861 escribe (p. 263): “Parte la alondra –y encontrarás su música–/ bulbo tras bulbo, en plata envuelto” y en el 887 (p. 263): “Sobrevivimos al amor, como a otras cosas/ y lo guardamos en el cajón”.
Se ha dicho de varias formas (la más famosa está en El Principito), Dickinson lo dice así en el 998 (p. 281): “Las mejores cosas moran fuera de la vista”.
Muchos de sus poemas son brevísimos. El 1212 lo trascribo completamente (p. 310): “Algunos dicen/ que la palabra muere/ al ser dicha./ Yo digo que empieza/ a vivir/ ese día”.
Dice en el 1515 (p. 352): “Las cosas que nunca vuelven son numerosas–/ infancia–algunas formas de esperanza –los muertos”.
Un último, el 1640 completo (pp. 366-367): “Sacadme todo lo que tengo, pero dejadme el éxtasis,/ soy más rica que todos los hombres–/ me duele morar con tanta riqueza/ cuando a mi puerta hay quienes poseen mucho más,/ en abyecta miseria–”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Photo by Efrem  Efre  : https://www.pexels.com/photo/bench-black-and-white-city-man-13907678/
Fotografía: Efrem Efre : https://www.pexels.com/photo/bench-black-and-white-city-man-13907678/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 343. Los contravenenos del día. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 343

Los contravenenos del día
(Cuento)
Primera de dos partes
Héctor Cortés Mandujano

1

Es de mañana. Le cuento a mi mujer lo que soñé:
—Estábamos tú y yo en un salón lujosísimo, como de Las mil y una noches…
—Nunca he estado en un salón de una novela o de una película, no sé en cuál de las dos te inspiraste para tu sueño.
—Imagínate tener todo el dinero del mundo y gastarlo sin medida: poner rubíes en trastos elegantes de cristal cortado, tener cuadros de colección, esculturas antiguas y modernas, el lujo a su máxima potencia. Las cucharas que había allí, por ejemplo, costaban lo que cuesta un coche de colección… Pero eso no importa, tú estabas en un ataque de rabia y allí descubrí lo que verdaderamente eras: una bruja.
—Mi vida, ten cuidado con lo que me vas a decir…
—Y entonces tu cara se transformaba y tus manos, con unas uñotas largas y pintadas de negro, las dirigías a todos lados y adonde llegaban los rayos que salían de tus dedos embrujabas las cortinas, los platos, las sillas, los objetos en general…
—Qué absurdo, para qué embrujar esas cosas. Conste que no era yo, sino tu sueño. La lógica, es un decir, de esta fantasía, es tuya, no mía.
—Y me mirabas, y allí me daba cuenta de que ibas a embrujarme y corría y me metía en un baño (¡la taza era de oro!), ponía la llave y el pasador, pero tú, con tus poderes, hacías que se abrieran. En ese instante yo tomaba una decisión: iba a fingir declararme vencido ante tu embrujo, pero iba a preservar una parte pequeña de mí, de mi interior, para ser testigo de tus maldades y tratar de, eventualmente, vencerte…
—¿Va a tardar mucho en pasar algo importante en tu sueño? Porque voy a salir.
—Cuando me dijiste “Oím sere, Rotceh”, con una voz profunda, levanté las manos, como si estuviera sonámbulo, y puse cara de tonto para que creyeras que ya estaba bajo tu poder…
—Supongo que no te costó demasiado; digo, porque eres buen actor. ¿Y qué fue lo que dije, en que idioma?
— “Héctor, eres mío”, al revés, así hablan las brujas.
—Ah.
—Salimos y yo te iba siguiendo. Por cierto, ibas muy bien vestidita: una bata negra y suelta de tela maravillosa, unas botas de brillo genial (se notaban muy finas) y tu cabello negrísimo. Frente a nosotros volaba un cuervo, que iba atento por si había enemigos. Llegamos a la orilla de una enorme laguna de aguas claras; entonces, me tomaste del pelo, me inclinaste y me convertiste en escoba, te montaste sobre mí y salimos volando. Llegamos a tu castillo tenebroso, alumbrado por candelabros. En la mesa había cráneos y olía tremendamente a mota…
—¿Y por qué sin luz? Si era una bruja poderosa pude haber contratado luz eléctrica, ¿no? Embrujar a la CFE.
—Espera. Eso hiciste, una brujería: el castillo se fue transformando en una casa de campo. El caballo que estaba afuera se volvió un coche negro, como el que se ve allí, detrás de la ventana, y la construcción se volvió ésta: una casa de campo, con una carretera al lado y un bosque enfrente…
—¿Es todo? Qué sueño tan chistoso.
—¿Te digo una cosa? Las brujas, desde que nacen, tienen el pelo blanco, es algo que no pueden evitar. Generalmente usan pelucas. Y ahora veo que, aunque tu cabello en este plano de la realidad es güero, rubio, tus raíces están blancas. ¿Por qué no dejas de fingir y me cuentas la verdad?
—Ay, mi amor, tengo las raíces blancas, porque tengo sesenta años. Hoy voy a ir al salón de belleza para que me pongan el tinte. Soy rubia desde niña, güera, por eso me dices así. Todos los días sueñas, no entiendo porque supones que anoche descubriste “el secreto mejor guardado de mi vida”: que tengo el pelo negro y soy dueña de un castillo tenebroso. ¿Qué quieres que te diga, que soy bruja? Está bien, eres muy sagaz y me descubriste…
—¡Lo sabía, lo sabía!
[Y entonces, y esto ya no se lo estoy contando a mi mujer, sino a ti lector, lectora, se me apagó el cerebro, supongo que por un pase mágico, y me quedé ido un momento… Regreso la próxima semana.]
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com