Polvo del camino. 343. Los contravenenos del día. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 343

Los contravenenos del día
(Cuento)
Primera de dos partes
Héctor Cortés Mandujano

1

Es de mañana. Le cuento a mi mujer lo que soñé:
—Estábamos tú y yo en un salón lujosísimo, como de Las mil y una noches
—Nunca he estado en un salón de una novela o de una película, no sé en cuál de las dos te inspiraste para tu sueño.
—Imagínate tener todo el dinero del mundo y gastarlo sin medida: poner rubíes en trastos elegantes de cristal cortado, tener cuadros de colección, esculturas antiguas y modernas, el lujo a su máxima potencia. Las cucharas que había allí, por ejemplo, costaban lo que cuesta un coche de colección… Pero eso no importa, tú estabas en un ataque de rabia y allí descubrí lo que verdaderamente eras: una bruja.
—Mi vida, ten cuidado con lo que me vas a decir…
—Y entonces tu cara se transformaba y tus manos, con unas uñotas largas y pintadas de negro, las dirigías a todos lados y adonde llegaban los rayos que salían de tus dedos embrujabas las cortinas, los platos, las sillas, los objetos en general…
—Qué absurdo, para qué embrujar esas cosas. Conste que no era yo, sino tu sueño. La lógica, es un decir, de esta fantasía, es tuya, no mía.
—Y me mirabas, y allí me daba cuenta de que ibas a embrujarme y corría y me metía en un baño (¡la taza era de oro!), ponía la llave y el pasador, pero tú, con tus poderes, hacías que se abrieran. En ese instante yo tomaba una decisión: iba a fingir declararme vencido ante tu embrujo, pero iba a preservar una parte pequeña de mí, de mi interior, para ser testigo de tus maldades y tratar de, eventualmente, vencerte…
—¿Va a tardar mucho en pasar algo importante en tu sueño? Porque voy a salir.
—Cuando me dijiste “Oím sere, Rotceh”, con una voz profunda, levanté las manos, como si estuviera sonámbulo, y puse cara de tonto para que creyeras que ya estaba bajo tu poder…
—Supongo que no te costó demasiado; digo, porque eres buen actor. ¿Y qué fue lo que dije, en que idioma?
— “Héctor, eres mío”, al revés, así hablan las brujas.
—Ah.
—Salimos y yo te iba siguiendo. Por cierto, ibas muy bien vestidita: una bata negra y suelta de tela maravillosa, unas botas de brillo genial (se notaban muy finas) y tu cabello negrísimo. Frente a nosotros volaba un cuervo, que iba atento por si había enemigos. Llegamos a la orilla de una enorme laguna de aguas claras; entonces, me tomaste del pelo, me inclinaste y me convertiste en escoba, te montaste sobre mí y salimos volando. Llegamos a tu castillo tenebroso, alumbrado por candelabros. En la mesa había cráneos y olía tremendamente a mota…
—¿Y por qué sin luz? Si era una bruja poderosa pude haber contratado luz eléctrica, ¿no? Embrujar a la CFE.
—Espera. Eso hiciste, una brujería: el castillo se fue transformando en una casa de campo. El caballo que estaba afuera se volvió un coche negro, como el que se ve allí, detrás de la ventana, y la construcción se volvió ésta: una casa de campo, con una carretera al lado y un bosque enfrente…
—¿Es todo? Qué sueño tan chistoso.
—¿Te digo una cosa? Las brujas, desde que nacen, tienen el pelo blanco, es algo que no pueden evitar. Generalmente usan pelucas. Y ahora veo que, aunque tu cabello en este plano de la realidad es güero, rubio, tus raíces están blancas. ¿Por qué no dejas de fingir y me cuentas la verdad?
—Ay, mi amor, tengo las raíces blancas, porque tengo sesenta años. Hoy voy a ir al salón de belleza para que me pongan el tinte. Soy rubia desde niña, güera, por eso me dices así. Todos los días sueñas, no entiendo porque supones que anoche descubriste “el secreto mejor guardado de mi vida”: que tengo el pelo negro y soy dueña de un castillo tenebroso. ¿Qué quieres que te diga, que soy bruja? Está bien, eres muy sagaz y me descubriste…
—¡Lo sabía, lo sabía!
[Y entonces, y esto ya no se lo estoy contando a mi mujer, sino a ti lector, lectora, se me apagó el cerebro, supongo que por un pase mágico, y me quedé ido un momento… Regreso la próxima semana.]
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

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