Casa de citas/ 808
Una lengua de lava
Héctor Cortés Mandujano
Mi amiga Paty Baustista me dio en préstamo Océano de néctar. La verdadera naturaleza de todos los fenómenos (Editorial Tharpa, 2019), de Gueshe Kelsang Gyatso, de quien ya he comentado, en Casa de citas anteriores, varios libros.
Como en otros, habla en éste de temas básicos para el budismo moderno. A veces sus enseñanzas surgen de historias. Dice (p. 15): “Hay una historia acerca de un Realizador Solitario que fue a un cementerio y vio unos restos óseos humanos. Entonces, se preguntó: ‘¿De dónde proceden estos huesos?, y comprendió que de la muerte. Luego se preguntó: ‘¿De dónde viene la muerte?’, y reconoció que su causa es el nacimiento. Siguió reflexionando y se dio cuenta de que el nacimiento está causado por la existencia, el décimo vínculo de la relación dependiente, ésta por el aferramiento, éste por el ansia, y así hasta llegar a la causa raíz, la ignorancia. De este modo comprendió que para escapar del samsara, el ciclo de los doce vínculos de la relación dependiente, debía abandonar la ignorancia. Además, comprendió que puesto que los huesos dependen de la muerte, esta del nacimiento, etcétera, todo ello carece de vida inherente. De esta manera comprendió la vacuidad”.
Dice (p. 28): "Debido a su intenso sentido del yo y mío, los seres sintientes sienten apego por aquello que les agrada y odio por lo que les desagrada. Estas dos mentes, a su vez, dan lugar a todas las demás perturbaciones mentales, como la avaricia, los celos y el orgullo. Bajo la influencia de estos engaños, los seres sintientes crean el karma que les hace renacer en el samsara y experimentar sufrimiento”.
El samsara puede comprenderse de dos maneras (p. 692): “como el ciclo ininterrumpido de renacimientos sin control ni elección o como los agregados contaminados del ser que renace en este ciclo”.
¿Por qué debemos practicar la compasión? (p. 29): “Sea cual sea su posición social, nacionalidad o género, todos los seres sintientes tienen que sufrir sin elección. Cada renacimiento que obtienen termina de manera inevitable con una muerte sin control. Por muy alto que lleguen en una vida, finalmente tendrán que caer en estados inferiores. […] La crueldad del samsara es tal que en todas estas circunstancias los seres sintientes carecen por completo de elección”. Por eso debemos compadecerlos.
Cita Gheshe (p. 152): “Yhe Tsongkhapa dijo que hay dos obstáculos para alcanzar la liberación: la muerte y la ignorancia”.
Habla sobre el origen del mundo (p. 196): “El mundo entero surgió como resultado del karma y el karma surge de la mente; por lo tanto, la verdadera creadora de este mundo es la mente”. Insiste más adelante (p. 315): “Todos los fenómenos sin excepción son creados por la mente porque todos son designados por la mente conceptual. Ningún fenómeno existe por su propio lado”. [Karma significa acción (p. 687): “Las acciones virtuosas producen como resultado felicidad, y las perjudiciales, sufrimiento”.]
La mejor virtud es la paciencia, ha repetido Gueshe en sus libros; aquí lo dice con palabras poéticas (p. 540): “De la paciencia proceden la belleza, la cercanía a los seres sagrados y la destreza para saber lo que es apropiado y lo que no lo es; y después de ello, nacer como un ser humano o un dios y la erradicación de las faltas”.
La gente común creer tener un yo, ser un yo. No es así, dice Gueshe (p. 570): “La forma no es el yo, el yo no posee forma, el yo no está en la forma, ni la forma en el yo”.
Dice (p. 582): “La sabiduría se define como ‘aquello que carece de apego’”. ¿Qué es el apego? Está definido en el glosario de términos (p. 680): “Factor mental perturbador que observa un objeto contaminado, lo considera como una causa de felicidad y lo desea”.
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En Yo te bendigo, vida. Amado Nervo: crónica de vida y obra (Gobierno de Nayarit el al, 2002), de Carlos Monsiváis, por un asunto de confrontar posiciones poéticas cita un fragmento de José Martí, que siempre me ha encantado (p. 42): “Así como hombre trae su fisonomía, cae inspiración trae su lenguaje. Amo las sonoridades difíciles, el verso escultórico, vibrante como la porcelana, volador como un ave, ardiente y arrollador como una lengua de lava.”
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Arthur Conan Doyle es el autor de un sinnúmero de relatos que tienen como protagonista a su invención más célebre: el detective Sherlock Holmes.
Pero escribió muchos libros más. Leo, en una bella edición actual, El parásito y otros cuentos inquietantes (RBA Ediciones, 2022), donde Conan Doyle cuenta, y cuenta bien, sobre distintos hechos que suelen recibir el nombre de “misteriosos”.
Me llama la atención que, en las traducciones, generalmente españolas, no piensen en México. Por ejemplo, en “La relación de J. Habakuk Jephson”, hacen decir sobre un barco, al narrador (p. 77): “el extremo de la verga delantera toca casi el agua”.
En “El gran experimento de Keinplatz”, dice el maestro al joven que quiere casarse con su hija (p. 120): “usted es un joven de buen corazón y uno de los mejores sujetos neuróticos que he conocido”.
En “El lote número 249” un hombre lee (p. 186) “un volumen formidable, de tapas verdes, ilustrado con grandes mapas en colores de aquel reino extraño que es el interior de nuestro cuerpo, en el que somos monarcas impotentes y lamentables”.
Escribe Conan Doyle en “El embudo de cuero” (p. 278): “El charlatán es siempre el que va abriendo caminos. Del astrólogo salió el astrónomo, del alquimista el químico y del mesmerismo la psicología experimental. El charlatán de ayer será el profesor del mañana. Andando el tiempo, hasta una materia tan sutil y resbaladiza como la de los sueños será sistematizada y puesta en orden”.
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Valentina (RBA Ediciones, 2020), de George Sand, confiesa a su marido (estamos a mediados del 1800) que está enamorada de otro hombre, pero que no quiere entregarse a él (tampoco ha consumado su matrimonio). El marido, casado con ella por interés, le dice (pp. 238-239): “Tengo demasiada experiencia, os lo confieso, para tirarme al río por una infidelidad, pero tengo también demasiado juicio para meterme a rodrigón de una cabecilla tan exaltada como la vuestra. Esa es también una de las razones que me hacen no desear con vehemencia veros romper esas relaciones que aún tienen para vos todo el novelesco atractivo de un primer amor. El segundo sería más rápido; el tercero…”.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.
Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com