Revista

Voces ensortijadas 134. Caer y levantarse. María Gabriela López Suárez

Caer y levantarse

Por Maria Gabriela López Suárez

Xóchitl estaba pasando por una situación complicada no solo en lo económico sino también en lo emocional, había sido injustamente despedida de su empleo y coincidió con la etapa de trámites del divorcio con el padre de su pequeño hijo Elías. 

Una tarde de fin de semana Elías le pidió a su mamá que lo llevara al parque, Xóchitl no tenía ánimos, sin embargo, el niño estaba entusiasmado, ya había preparado su bicicleta y se había cambiado.

—Mami ya tengo mi bici lista, ¿sí iremos al parque? Y yo te invito una nieve, la pagaré con lo de mis ahorros, guardé lo que me dio la abuelita Julieta.

El rostro de Xóchitl dibujó una sonrisa y se acercó a Elías para abrazarlo.

—Claro que iremos Elías, te falta  tu casco, voy por él y  me pongo mis tenis.
 
Salieron rumbo al parque. El sol estaba radiante, evidencia de una cálida tarde veraniega. Una vez en el parque Xóchitl lo acompañó un par de vueltas, mientras Elías iba en la bici ella iba trotando tras de él, se agotó pronto y buscó un espacio para sentarse y poder estar pendiente de él. Cerca de ella había una familia con dos niños, uno de aproximadamente 7 años -calculó que era quizá un par de años menos que Elías- y otro de unos 2 años. El niño pequeño se movía de un lado a otro, tal cual son los niños cuando descubren la fascinación de poder caminar, desplazarse y correr. Xóchitl estaba pendiente de Elías y se quedó pensando que el niño pequeño podría caer y golpearse si seguía con ese ritmo de movimiento.

Al observar a Elías, Xóchitl se percató que estaba montando la bici con más seguridad que otras ocasiones, eso le dio mucho gusto. De pronto se dio cuenta que el niño pequeño había tropezado con un borde en el piso y había caído, a unos cuantos pasos de donde estaban sus papás. El llanto no se hizo esperar. Ella buscó en su bolso su botellita de gel antibacterial para compartirle a los papás, pero ellos ya le habían puesto agua en la rodilla golpeada y le daban masaje. El pequeño lloró un momento, se dejó apapachar por su mamá y su papá, les mostraba su rodilla. Y en menos de lo que ella imaginó ya estaba de pie nuevamente en busca de una nueva travesía, corriendo y con el rostro sonriente.
Mientras Xóchitl seguía nuevamente la mirada hacia Elías, vio que venía hacia ella, se detuvo y bajó de la bici. Estaba acalorado, se quitó el casco y se sentó a su lado. 

—¿Cómo va el paseo en la bici? ¿Te animas a dar otra vuelta?

—Ya me cansé —dijo  mientras Xóchitl le acariciaba el rostro colorado.

—¿Nos vamos a casa?

—Antes te invito tu nieve y me convidas, ¿sí?

Mientras iban caminando en busca del señor que vendía las nieves en el parque, Xóchitl comenzó a repasar el aprendizaje que le había dejado la caída del pequeño esa tarde. Caer y levantarse era algo que estaba presente en todas las personas, en distintas etapas de la vida. Podría ser triste y dolorosa la caída, pero levantarse era una tarea que valía la pena hacer, como ella ante lo que estaba pasando. La voz de Elías la hizo volver la mirada.

—Ahí viene el señor de las nieves, ojalá que traiga de limón, ése es tu sabor favorito.

El rostro de Xóchitl se llenó de alegría, vaya que valía la pena esa ida al parque, Elías era el responsable. A lo lejos se escuchaba…

—¡Nieves, nieves!
 
Photo by Cristiana Raluca on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Absenta 29. Nomeolvides. Erik García Briones

Nomeolvides

 

EGB
Fue en un café donde la conocí, se llamaba No-me-olvides, joven y bonita como ahora la recuerdo, nos sonreímos y hablamos. Compartimos primero una plática, muchas sonrisas; luego caricias, besos y cama.
     Bien-me-sabes, cariñosamente me decía, mientras desayunábamos por la mañana. No-me-olvides le decía por la tarde mientras el sol tostaba las pieles y entre insomnios cuando la luz de luna llegaba.

No-me-olvides y Bien-me-sabes se perdieron entre sueños para nunca más volverse a ver, hoy dulces son los recuerdos en que viven.

Sobre el autor:

Erik García Briones

Tapachula, Chiapas, México, 1983

Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico

Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.

Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.

Polvo del camino. 134. Una criatura maldita. Héctor Cortés Mandujano

Una criatura maldita

Héctor Cortés Mandujano

Si un demonio hubiese puesto entre Sarrasine y Zambinella

las profundidades del infierno,

en ese momento las habría atravesado de una zancada

Sarrasine, de Balsac
No vivió mucho Roland Barthes. Nació en 1915 y lo atropellaron en 1980. Por fortuna, dejó varios libros escritos que, hablo de mi experiencia, me han hecho admirar no sólo su conocimiento y su inteligencia, sino también su inquietud por transitar, con cada libro, nuevos derroteros, no repetirse.
	Leo de él S/Z (Siglo XXI, 1980), que es resultado de un seminario que dio durante dos años (1968-1969) y que analiza lexía por lexía (unidad de lectura, unidad léxica, palabras, párrafos) el cuento Sarrasine, de Balzac.
	Tal vez el libro no sea para quienes leen sólo para entretenerse (qué maravilla) o para quienes escriben sólo porque aprendieron las primeras letras en la escuela. Es para lectores que gustan de analizar los entramados de una historia, para escritores que busquen algo más que contarla. S/Z analiza desde la crítica (psicológica, psicoanalítica, temática, histórica, estructural), pormenorizadamente, desde una expresión, “se sentó junto a mí”, por ejemplo, hasta el concepto de belleza, los matices de la narración y las conversaciones que los personajes de Sarrasine tienen en esta historia diferida, que es una caja china, un cuento dentro de otro.
	Dice, antes de entrar al análisis, que (p. 2) “lo que está en juego en el trabajo literario (en la literatura como trabajo) es hacer del lector no ya un consumidor, sino un productor del texto”, y también que (p. 3) “interpretar un texto no es darle un sentido (más o menos fundado, más o menos libre), sino por el contrario apreciar el plural de que está hecho”, porque (p. 7) “leer es un trabajo de lenguaje. Leer es encontrar sentidos, y encontrar sentidos es designarlos”.
	Ya en el análisis de ciertas frases de Sarrasine, dice Barthes (p. 76): “Leer es luchar por nombrar, es hacer sufrir a las frases del texto una transformación semántica. […] Se nos dice que Sarrasine tenía ‘una de esas voluntades enérgicas que no conocen obstáculos’; ¿qué debemos leer?, ¿voluntad, energía, obstinación, testarudez, etc.?”.
	Me encantan los títulos raros o misteriosos. S/Z me atrapó desde su título (y porque leo todo lo que encuentro de Barthes), sobre el que ya me había hecho varias teorías hasta llegar a la página 89, que lo explica. Sarrasine en pocas palabras, y en su instancia más básica, es la historia de un escultor feo, sin experiencia amorosa, que se apasiona por una hermosa cantante de ópera, Zambinella, que resulta ser un hombre castrado, un castrati. Y la historia funciona porque ocurre en la Italia de 1758. Vuelvo al título. Barthes propone varias ideas, tomo también la más elemental (p. 89): “S y Z están en una relación de inversión gráfica: es la misma letra vista desde el otro lado del espejo; Sarrasine contempla en Zambinella su propia castración. Por eso, la barra (/) que opone la S de Sarrasine a la Z de Zambinella tiene una función pánica: es la barra de la censura, la superficie especular, el muro de la alucinación, el filo de la antítesis, la abstracción del límite, la oblicuidad del significante, el índice del paradigma y, por tanto, del sentido”.
	Hay un momento en que Zambinella parece proponer un mensaje con un gesto. Dice Barthes (p. 126): “Aquí es imposible decir si el mensaje proviene de la Zambinella o del discurso, si se dirige a Sarrasine o al lector; no está situado… […] la escritura tiene el poder de operar un verdadero silencio del destino: literalmente es una contracomunicación”- 
	Zambinella es un ser sufriente (p. 136): “El mundo está desierto para mí. Soy una criatura maldita, condenada a comprender la felicidad, a sentirla, a desearla, y, como tantas otras, obligada a verla huir de mí en todo momento”.
	Sarrasine no se agota en una primera lectura; hay que releerla, sugiere Barthes, aunque esa otra lectura esté (p. 139) “injustamente censurada por los imperativos comerciales de nuestra sociedad que obliga a despilfarrar el libro, a tirarlo bajo el pretexto de que ha sido desflorado, para que se pueda comprar uno nuevo”. 
También, y esto lo sugiero yo, hay que releer S/Z.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Premio Fotoperiodismo Individual y Premio del Público en la IV Bienal de Fotoperiodismo.

Trabajo en alturas. 25. El que no sabe entenderte. Roger Octavio Gómez

El que no sabe entenderte
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

No eres tú, Poesía Contemporánea, soy yo el que no sabe entenderte. Y es que vengo de leer a poetas campesinos, a poetas que eran vendedores de telas, a los que enfrentaron con palabras metralletas y a los que dejaron sus estudios por problemas económicos que trajeron las guerras. Hablo de Miguel Hernández, Jaime Sabines, Wislawa Szymborska, Loynaz, Bartolomé, Oliva, Lorca, Machado, esos otros... 

O será que ya estoy en los albores de una edad en la que me parece que lo pasado fue mejor. El caso es que no pude encontrar poesía en los poemas de Luis Alberto de Cuenca. Y no puedo aceptar que un señor que es miembro de academias abra su poema diciendo: “Me gusta cuando dices tonterías/ cuando metes la pata/ cuando mientes”, además de que me parece muy pobre la reminiscencia a Neruda, no aporta más imágenes ni artilugios verbales, el lenguaje de De Cuenca se mueve en un nivel que está más cercano al lenguaje común, digamos que es un lenguaje cotidiano acomodado, y quizá sea esto lo que se espera de lo contemporáneo y yo no sea un lector contemporáneo sino alguien que se quedó atascado en su propio pasado. En “La malcasada”, quizá el poeta busque encontrar la poesía en la vida común, pero ya Sabines nos había dicho: “Cuando tengas ganas de morirte no alborotes tanto, muérete y ya” de tal manera que en nuestro tedio adolescente nos despertaba a la vida y no sabíamos ni por qué. Que si “Viajar a Marte o al cuarto de la plancha pero contigo” es poesía, no la encuentro. Tampoco aporta elementos nuevos a la tan cantada búsqueda de acompañamiento amoroso ni siquiera a las propuestas indecorosas, o quizá le compuso el poema a un equipo de telefonía celular, pero debería tener otro título. Es posible que De Cuenca use conscientemente las frases comunes y el lenguaje ordinario para crear un elemento poético, pero de la forma en que está construido me hace más bien pensar que plasmó lo que vemos para un público que no exige más de él. 
 
Poesía contemporánea, no eres tú... Soy yo que quizá me voy convirtiendo en un viejo metido en un joven maduro, de esos que se resisten a lo nuevo. Te confieso, sin embargo, que en “Vademecum” de Raúl Vacas veo un excelente ejercicio de versificación y métrica, y mueve mi mundo de palabras y digo: bien, me ha ganado, ha usado un código diferente y creado musicalidad. Veo el vislumbre ingenioso. 
     También te he visto en los versos de Ben Clark y en los de Almudea Guzmán. Con los de Andrés Newman me esforcé de verás y no te hallé, y es que Goytisolo se me aparecía con las “Palabras para Julia”, que sin ser su mejor poema podría ser muy contemporáneo y arrasar.

Cuando me acerco a ti, poesía, "gata arisca que se me aleja y que me araña si la atrapo", espero que me lleves más allá del discurso cotidiano o que con lo ordinario me crees un universo extraordinario. Que tus poetas den un uso especial al lenguaje y que construyan con éste imágenes. Pero estamos en "un mundo raro" tan lleno de imágenes y es quizá por eso que tus poetas "contemporáneos" se sustraen y nadan en la superficie porque las aguas profundas ya fueron exploradas. Me arriesgo, y lo sabes, a ser linchado en las "redes sociales" por recitar el credo del joven Miguel de que “todo es confuso, menos tu vientre” y que el cuarto de la plancha sería el universo si estuvieras ahí, simple, sin motes ni agregados, sola tú: Poesía. 
Ilustración: Cartel de Marabunta Colectivo Escénico, por Juan Ángel Esteban Cruz

Voces ensortijadas 133. A paso de tortuga. María Gabriela López Suárez

A paso de tortuga

Por Maria Gabriela López Suárez

Enriqueta se decidió alcanzar a su hermano Javier que había ido de visita a casa de la tía Calixta quien vivía en la zona costera. Tenía más de tres años que Enriqueta no veía a la tía y deseaba saludarla. Así que aprovechó algunos días libres en el verano para hacerlo.

Doña Calixta era amante de los animales, hasta donde recordaba tenía gansos, conejos y gatos, no sabía cuáles eran sus favoritos. Javier le había dicho que ahora la tía tenía un integrante más, pero la dejó con la duda de saber quién sería.

La tía Calixta recibió con mucha alegría a su sobrina; para consentirla le preparó uno de sus platillos favoritos: Jaibas en chilpachole. Enriqueta no se quedó atrás y le llevó una canasta llena de galletas de canela que le había cocinado.

Como era de esperarse Enriqueta seguía con la curiosidad por conocer al nuevo integrante de los animales que tenía su tía. No tardó en conocerla, era una pequeña tortuga. Doña Calixta le adaptó un espacio de aproximadamente dos metros de largo y un metro de ancho, rodeado con pequeñas piedras y muchas maceteras  y con una parte que fungía como un pequeño estanque. 

—¡Tía Calix te quedó bien bonito el hogar para la tortuga!

—¿Verdad que sí Queta, es lo que le dije? —señaló Javier.

Doña Calixta agradeció los cumplidos y los invitó a cuidar a la tortuga. Enriqueta le tomó la palabra y a la mañana siguiente de su llegada se ofreció a darle de comer a la tortuga y cambiar el agua del estanque. Después de escuchar las indicaciones de su tía se fue al espacio e hizo las actividades. 

Al término de las tareas Enriqueta se quedó un rato observando el hogar de la tortuga, se colocó en cuclillas y se imaginó cómo sería vivir ahí como tortuga. Si ella fuera pequeña el espacio le parecería como una selva llena de vegetación. Contempló las plantas, todas eran muy lindas y permitían la entrada de los rayos del sol pero a la vez generaban sombra. 

Su mirada captó el momento en que la tortuga degustaba su alimento, estaba justo dentro del estanque, no tardó en terminarlo. Para la sorpresa de Enriqueta vio cómo la tortuga salió del estanque y comenzó a caminar al interior de su espacio; el paso que tenía no era como solía escuchar que la gente decía en frases  fue lento, como a paso de tortuga. Siguió observándola y se percató que la tortuga antes de iniciar su andar se había quedado con la cabeza levantada por unos instantes, como atenta a lo que percibía, a reconocer su espacio y de ahí comenzaba el recorrido, con un paso seguro y sin detenerse, sin lentitud, si había algo como una especie de obstáculo -una ramita, o una pequeña piedrita- la rodeaba y seguía su rumbo, pero no desistía. La tortuga llegó hasta al final de su recorrido y buscó espacio debajo de una de las maceteras que tenía más follaje. Enriqueta dedujo que quizá ahí estaba más fresco.

—¿Queta sigues aquí? Creí que ya te habías ido con Javier al mercado. 

—No tía Calix, me entretuve un rato más acá viendo a la tortuga, sabes, en la vida me gustaría ir a paso de tortuga.

El rostro de doña Calixta dibujo una sonrisa.

—Ah que niña, vaya que te gustó mucho la nueva integrante de la familia, sin duda tenemos mucho que aprender de los animalitos. Y te digo algo, también a mí. Pero vamos, que tu hermano te espera para ir por el mandado.
Photo by Chait Goli on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Absenta 28. Hombre Man. Erik García Briones

Hombre Man

 

EGB
EGB

Sobre el autor:

Erik García Briones

Tapachula, Chiapas, México, 1983

Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico

Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.

Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.

Polvo del camino. 133. Bellísima noche. Héctor Cortés Mandujano

Bellísima noche
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

No he comido en todo el día, porque nadie ha comprado las chácharas que vendo.
	Al fin, alguien.
	Sólo me alcanzará para algo barato, unas quesadillas tal vez.
	Por el callejón, apenas algunos focos de luz amarillenta. 
        Huele mal. Miasmas.
	Me han dicho de tres viejas que venden comidas a precios módicos por aquí. 
        No conozco este rumbo.
	El local es pequeño, desastroso. Me asomo. Debe ser medianoche. Nadie. Basura, restos de comida. Movimiento. Una rata enorme. Otra y otra. Pienso, no sé por qué, que son las tres viejas. Me voy.
	Llego hasta el rincón donde dejé los cartones. Aquí duermo. El hambre contrae mis tripas. Me acuesto. ¿Tengo ochenta años o más?
	Cierro los ojos y me concentro en dormir. Oigo ruiditos. Entreabro los ojos y veo a las tres ratas descomunales.
	Una se convierte en una muchacha y me toma de la mano, me levanta hasta sus brazos, hasta su cuerpo oloroso, grato. Bailamos.
	La otra se vuelve una luz multicolor que acompaña nuestra danza. La tercera es mágica música.
	No tengo hambre, soy ágil, río, nada me hace falta. ¿Habrá alguien  en el mundo más feliz que yo en este instante?

***

[Dimos una función de teatro, La divinidad del monstruo, en Puebla, y salimos muy tarde. Era medianoche y teníamos hambre; encontramos –Alfredo, Nadia, Dalí y yo– algo que comer en un local pobrísimo atendido por dos ancianas. Goteaba el agua del lavabo, el olor de la comida lograba eclipsar los otros olores que yo supuse. Pasó por la calle y se acercó a nosotros un viejo esquelético, con una muleta, dificultades para moverse, una voz bajita y una caja de cartón. Vendía chucherías hechas de alambre y metal, evidentemente tomados de la basura. Nadia le compró una moto-encendedor. Se fue el hombre. Sentí desconsuelo por el viejo y las ancianas. Soñé con los tres en una pesadilla que terminaba horrorosamente. Decidí hacer mejor, apenas despertarme, esta fábula para conjurar la pesadumbre que adiviné en sus vidas. Quedé triste de todos modos.]

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Fotografía: Raúl Ortega**




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

**Sobre Raúl Ortega:

**Raúl Ortega (1963). Fotógrafo independiente. Ha participado en exposiciones individuales y colectivas en México, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda, Francia, España y Estados Unidos. Su trabajo se ha publicado en numerosos diarios y revistas de México y el extranjero.

Entre otros reconocimientos, recibió en 1994 el Premio Especial del Jurado en la I Bienal de Fotoperiodismo; en 1996, el Premio del Público en la VI Bienal de Fotografía de Bellas Artes; en 1999, el Premio Individual de Vida Cotidiana en la III Bienal de Fotoperiodismo; en 2001 el Premio Fotoperiodismo Individual y Premio del Público en la IV Bienal de Fotoperiodismo.

Trabajo en alturas. 24. Aquí pasan cosas probables. Roger Octavio Gómez

Aquí pasan cosas probables
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

Se trata aquí de analizar la relación o diferencia entre los cuentos «El gato negro», (1843) de Edgar Allan Poe; «El rayo de luna» de Gustavo Adolfo Bécquer; «El reloj de Bagdad», de Cristina Fernández Cubas, por un lado. En una segunda partida tenemos los cuentos «Adiós, Cordera» (1983) de Leopoldo Alas, “Clarín”; «El revólver», (1985) de Emilia Pardo Bazán, y «Aquí pasan cosas raras» de Luisa Valenzuela.

Un lector medianamente suspicaz puede notar que, en el orden en que los he listado hay una graduación, no sólo en el tiempo de su publicación, sino en lo que Anderson Imbert (2020) registra, desde un ángulo pedagógico y bajo una análisis práctico, que viaja en la línea en que se pudieran presentar las mímesis de las realidades, o realidad, en un relato y que se sintonizarían entre dos puntos equidistantes: lo probable y la improbable. Pero también dos campos primarios: lo «no real» versus lo «real», entrecomillado ya que en tales términos hay sendas páginas de pensadores que obviaremos. 

Mi reto: intentar aclarar y desenredar el galimatías que se agolpa en mi cabeza con sólo ver los títulos. 

La línea de lo «no real»
Iniciamos el viaje de lectura con un cuento imprescindible: «El gato negro», cuyo autor cimentó bases firmes para la cuentística moderna y que permitió una compuerta para la generación de la narrativa fantástica: Edgar Alan Poe. Lo fantástico en su pureza: un cuento que apela ser una experiencia real, «No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia...» Un inicio que con variantes se ha vuelto un mecanismo muy recurrente; sin embargo, los acontecimientos son afectados por un hecho que coloca al lector en el umbral de lo irracional, donde las explicaciones basculan entre lo sobrenatural y hacia el hecho de que el protagonista es un alcohólico que sufre delirios y cambios violentos de carácter causados por su adicción. Sin embargo, quien nos narra las acciones es el mismo protagonista y las emite en un grado que hacen brindar explicaciones diversas, no sólo la locura temporal del protagonista sino, también, la existencia de hechos sobrenaturales que se manifiestan en su mascota: un gato negro. 

En «El rayo de luna», nos encontramos no sólo al Bécquer cuentista, sino al Bécquer que cubre el rango de frecuencias del pos-románticismo y el neoplatonismo que caracterizaron su obra, un escritor que fue prologado por Machado como precursor del modernismo en lengua española. Encontrar un paralelismo biográfico con Poe es posible, ambos huérfanos y genios, pero más, abarcaron la poesía, la crónica y la narrativa; también lo sublime y lo prosaico; en ambos escritores vemos un registro que abarca lo popular y el, mal llamado, culto. Bécquer es un escritor que se desenvuelve en una época donde estaba en auge el realismo y no ha de haber sido fácil la aceptación por parte de la crítica de un pensamiento que plasma la búsqueda de un ideal que sabe inalcanzable. En el cuento leído no puedo evitar referirme a sus rimas, tan icónicas, donde se describe lo ideal, lo sublime, en el amor una mujer, o mujeres, y principalmente su «Rima 40 ». El cuento, por otra parte, simula iniciar con el mecanismo que mencioné en Poe: advertirnos que narrará algo que tiene bases en la realidad. Sin embargo, en Bécquer esto será un engaño, nos predispone para lo fantástico más nos lleva por otro camino. El personaje de Bécquer persigue lo que parece ser una mujer, luego el máximo ideal femenino, y cuando sospechamos que persigue un fantasma se devela un simple rayo de luna, ha perseguido una luz blanca que había sido magnificada por la imaginación del protagonista quien queda en un estado de sufrimiento tal que le impide volver a contactar un mundo en el que ha descubierto lo efímero. Nada en este mundo, parece decir Bécquer, tiene sentido si lo que se atisba como lo ideal (lo platónico) no se puede concretar, es un fantasma imaginario, un rayo de luna que ha confundido los sentidos. Nadie lo comprende, la figura del romántico contra el pragmatismo que le invita a palpar una vida que no es más que «luz blanca». ¿Es un cuento misterioso? No. El narrador dice que se basa en una leyenda que tiene un componente real, más la solución a las posibles respuestas se dan en la psicología del personaje que despierta a una realidad que no es apreciada por la mayoría y que lo colocaría como dudoso, los razonamientos de un loco; lo extraño, la postura de un romántico. Diría que es un cuento filosófico y, sin que llegue a lo didáctico, por lo tanto, realista.

En «El reloj de Bagdaj», Cristina Fernández Cubas nos presenta el uso formal, en la literatura contemporánea, de la tradición fantástica en la línea de Poe, pero también en la de Henry James. Un objeto introducido en la casa, un reloj antiguo, parece ser el causante de las peripecias que cambian la fortuna de los personajes del cuento. Las fantasías de niños y las supersticiones de las viejas nanas permiten acrisolar la posible incursión de lo sobrenatural, diabólico, en la casa, la cual de por sí era ya habitada por ánimas mansas. Tal incursión quizá sea una fantasía generada por la aversión que causa el objeto fabricado en una tierra infiel, árabe; “no cristiano” y por lo tanto dudoso. Mas, ¿es todo aquello producto de la imaginación? Al final, la protagonista ve en el padre adusto un gesto, uno que nos comparte como prueba de que los hechos maravillosos no tenían sólo una explicación lógica sino también irracional y maravillosa: que las animas y fantasmas son reales.

La selección «real»
En la selección «realista» tenemos en primer lugar a Leopolodo Alas “Clarín” con «Adiós, Cordera», un cuento inscrito plenamente en el naturalismo, que es una proyección del realismo hacia el determinismo, que se opone, además, al romanticismo y que llega a negar a aquel realismo que le sirvió de base. Veo en la estructura del cuento tres capas, la primera es la descripción del universo donde habitan dos niños: Rosa y Pinín, quienes gastan el día en apacentar por los caminos a una vieja vaca, la cual parece suplir el hueco que ha provocado la orfandad materna. Cuidan además de que la vaca no se acerque a las vías del tren. Curiosamente, a modo de nota, Bécquer en su labor de corresponsal periodístico en la inauguración del ferrocarril del Norte (Suárez, 1995), el tren parece ser una esperanza de progreso y caballo secular del movimiento de la vida. Pero en Clarín las vías ferroviarias representan la línea fría e inmutable que causa disturbios en la placidez rural. Los niños cuidan que la vaca no cruce las vías, el ferrocarril es mortal. Las presiones económicas provocan que el padre tenga que vender a La Cordera, hay gran resistencia por su parte, sube el precio en un acto desesperado, un «sofisma del cariño» de ese hombre rudo. Las presiones son tantas, no se puede resistir a lo que ya está determinado, tiene que venderla. Lo niños observan con rencor hacia el ferrocarril que se lleva a las reses para ser consumidas por seres que viven más allá, donde se celebra el progreso. La segunda línea del cuento es el reflejo del destino de La Cordera en el espejo de Pinín, quien crece y se vuelve un mozo fuerte y que es reclutado por el rey para ir a la guerra. Es llevado en el tren, a morir. La tercera línea es el despertar del lector en esta realidad, con la crudeza que la ficción tratada como lo hace Clarín coloca en la conciencia. A pesar de los años que pasan, el cuento es fresco, ni siquiera la inserción de palabras de un lenguaje rural español confunden. En mi país no hay levas oficiales para la guerra, mas desesperados campesinos mexicanos viajan al norte, en tren, en busca de esperanza en un país que nos desprecia, para evitar las levas que sí existen: las del narcotráfico, pero pienso también en las olas migratorias de africanos hacia Europa. Más de alguno llevará los recuerdos de sus pérdidas y gritará en su partida: «¡Adiós, Rosa! ¡Adiós, Cordera!»

Emilia Pardo Bazán en «El revólver» nos presenta la narración de una mujer que sufrió la violencia psicológica ejercida primero por una sociedad que la instaba a contraer matrimonio y, luego, por un esposo inseguro que sufría celos enfermizos. Hay, como en el cuento de Clarín una exposición objetiva de sucesos, sin moralina, y que sin embargo muestra con crudeza los hechos. Platicando con un profesor, Héctor Cortés, comentaba que (lo parafraseo libremente) si se atravesaba un barrio peligroso en la noche, con un maletín de dinero, era inseguro, pero que tal inseguridad se incrementaba exponencialmente si quien caminaba por esas calles era una mujer con minifalda. Ser mujer es más peligroso en el mundo hispano y latino que lo que ningún hombre pueda imaginar. Emilia Pardo Bazán plasma en pocos párrafos un cuento que puede develar parte de esa situación.

En «Aquí pasan cosas raras» Luisa Valenzuela, un narrador intradiegético nos brinda un acercamiento a las peripecias psicológicas que sufren Mario y Pedro cuando encuentran dos objetos que alguien olvidó: un portafolios, primero y, después, un saco. El temor de que alguien los pueda seguir o que los puedan ver como «sospechosos de algo», los ponen alertas hacia algo que parece ser sólo producto de una imaginación temerosa pero que se convierte en un motivo para irnos presentando, en lo aparentemente ordinario, el ambiente decadente en el que moran. No es que el mundo haya cambiado por el hecho de hacer contacto con los objetos, sino que sus instintos se han movido de tal manera que perciben el mundo real. Cada día la rutina nos hace enmascarar situaciones que, por tan rutinarias, dejamos de percibir. Luisa Valenzuela desenmascara esa rutina. ¿Podemos hablar aquí de un neo-naturalismo? Los hechos son presentados, no hay discursos denunciantes ni moralinas, la vida de los protagonistas parece estar determinada por su medio ambiente y no la pueden cambiar. Vemos que los protagonistas temen a la policía más que sentirse seguros con la presencia de ellos, estudiantes que son apresados, un hombre que no soporta su suerte y llora en público por no poder encontrar trabajo, los chismorreos en los cafés, en fin, lo que viven a diario, pero desde una nueva perspectiva. Mientras leía este cuento no pude evitar recordar el que citamos unos párrafos arriba: «El reloj de Bagdad», donde la intromisión de un objeto mueve la psique de los protagonistas y en apariencia precipita el nudo de la historia. Los protagonistas dejan los objetos que les han causado tal desequilibrio de temores y vuelven al mundo ordinario, ajenos de nuevo a las cosas raras que pasan.

A modo de conclusión
Los cuentos, dice Enrique Anderson Imbert, «por ser poéticos, escapan a toda clasificación lógica» (178), sin embargo, él mismo lo aclara, hay una finalidad didáctica en la intención de clasificarlos. El mismo Anderson quita al lector un poco del poder de construcción que había dado la escuela semiótica de Roland Barthes que declaraba la «muerte del autor», considero que a falta de un autor (como lector ideal) que explique los sentidos intencionales en el cuento, el lector atento sigue siendo el mejor portador de una autoridad que gana en el momento de hacerse presente en el acto de la lectura. Las posibilidades didácticas que da, por otro lado, la lectura de la crítica bien intencionada no quita el disfrute, lo lúdico, de intentar hacer una reinterpretación de sentidos y escribirlos en un ensayo. Salvadas las distancias con la crítica, me ha gustado mucho leer, pero también escribir sobre mi lectura y exponer sentidos que quizá no puso el autor, o quizá sí. 

Bibliografía

Velasco, Emilia. (2020) Selección de textos para la materia de Narrativa Breve. Material proporcionado para fines didácticos, consultado el 24 de septiembre de 2020. Universidad de Salamanca, aula virtual. 

Anderson Imbert, Enrique. “Cuentos realistas y no realistas” en Teoría y técnica del cuento, pp. 166-178, 4ª edición. Material proporcionado para fines didácticos, consultado el 24 de septiembre de 2020. Ed. Ariel letras.

Suárez, Ana (1995). “Bécquer en el espíritu de la Castilla Azoriana” en El Gnomo 4. Boletín de estudios becquerinanos. Rubio, José, director. Universidad de Zaragoza.  

Merino, José María (2015). Cuentos del reino secreto. Barcelona: Alfaguara.

Sargatal, Alfred. “Esquema de análisis de un cuento” en Introducción al cuento literario. Introducción al género y guía didáctica. PP. 337-339. Fragmento proporcionado para fines didácticos. Ed. Laertes.

Zavala, Lauro. “La dimensión fantástica en la minificción hispanoamericana”, material proporcionado con fines didácticos, consultado el 9 de septiembre de 2020.
Ilustración: Cartel de Marabunta Colectivo Escenico, por Juan Ángel Esteban Cruz

Absenta 27. En la sombra. Erik García Briones

En la sombra

 

Sobre el autor:

Erik García Briones

Tapachula, Chiapas, México, 1983

Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico

Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.

Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.

Polvo del camino. 132. El hígado y el corazón de un pez. Héctor Cortés Mandujano

Evocadas páginas de otro libro/ VII
El hígado y el corazón de un pez

Héctor Cortés Mandujano

Tobías hablaba constantemente con su ángel de la guarda, aunque éste no siempre, sino muy rara vez contestaba sus preguntas o mostraba su presencia más bien fantasmal y gigantesca. Tobías, por eso, a veces pensaba estar loco cuando hablaba con el aire mudo.
	Estaba enamorado de Sara, a quien no había confesado sus sentimientos, porque, consultado antes de dar ese paso, su padre no estaba de acuerdo con el eventual matrimonio. Tampoco el padre de Sara lo quería como yerno. 
         —¿Qué hago? ¿Qué hago?, preguntaba al aire. 
         “—Espera” –pensó oír en algún momento.
	 “—Espero qué”. 
         Silencio.

Un día su padre, como el rey Hamlet, decidió tomar una siesta bajo la fresca sombra de su jardín. Un gorrión jugaba entre las ramas. Cuando el padre dormía con placidez, el gorrión voló a la altura exacta, en la coordenada precisa, para que su deposición entrara completamente en el oído del durmiente. 
	El padre despertó con alaridos y dijo a Tobías, quien llegó presto, que el excremento de gorriones era mortal, que moriría sin remedio (estaba seguro que eso era lo que tenía en el fondo de su oído, pues había visto al pájaro revolotear antes de entrar al mundo inconsciente del sueño). Le pidió que fuera a cobrar a uno de sus deudores una fuerte suma para dejarlo con dinero suficiente y pudiera hacer frente a la administración de la finca y las responsabilidades que suponían ser cabeza de familia.
	Tobías corrió a cumplir el encargo y daba voces a su ángel, que, si estaba por allí, ignoraba su desesperación. Tenía que cruzar un río para llegar a su destino provisional. Cuando iba a la mitad, sintió una terrible mordida en su calcañar: era un pez enorme.
	Rafael, su ángel, se le apareció y le dijo: “No le dejes escapar, ese es la solución de tus problemas. Sácalo del agua y arráncale el hígado y el corazón”.
	Eso hizo Tobías, no sin esfuerzo. Volvió con el hígado hasta su padre y, en obediencia a las instrucciones del ángel, se lo dio de comer crudo. El padre sintió que su vida estaba de vuelta y dijo a Tobías que le cumpliría cualesquiera de sus deseos.  “Quiero que aceptes a Sara como mi esposa”. 
        “—Concedido” –dijo el padre vuelto a vivir.
	Tobías fue hasta la residencia de Sara y sus padres, que estaba ocupada, también, por espíritus malignos, diablos poderosos. Ninguno, le dijo el ángel, podrá resistir el humo del corazón del pez, que quemarás en el centro de la casa.
	Tobías y Sara se casaron ante la mirada complacida de los padres. En la noche de bodas, Tobías deseó que el ángel no estuviera viendo a su mujer desnuda y luego a él con ella haciendo lo que los ángeles nunca podrán. No podía estar seguro. De todos modos, se portó como si sólo estuviera con ella. Y así lo siguió haciendo en las noches subsiguientes… 

[Aunque modificadas varias circunstancias, este cuento tiene como base el bíblico Libro de Tobías.]

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.

Ilustración: HCM




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

de México y el extranjero.