Revista

Voces ensortijadas 206. Cuando la ciudad duerme. María Gabriela López Suárez

                  Voces ensortijadas

               Cuando la ciudad duerme

             María Gabriela López Suárez

El sonido de la alarma se escuchó, era un tono con un trinar de pájaros muy sutil, Lorena eligió ese tono justo para que su despertar cada mañana no fuera tan abrupto. Tomó el celular, eran las 6:30 de la mañana. Apagó la alarma y se acomodó nuevamente en su cama. Había acordado con Tina y Eliseo, sus amistades, que la última semana del año comenzarían a correr para iniciar el nuevo año de manera saludable.
    —No me quiero levantar, solo a mí se me ocurre proponer esa idea estando de vacaciones, ni modo que me eche para atrás —comenzó a decir para sí Lorena, al tiempo que se levantaba de la cama y se vestía. Se colocó el cabello en una cola, se puso una gorra y buscó el celular, envió un par de mensajes a sus amistades, avisándoles que pasaría a tocar a sus domicilios, si al segundo toquido nadie salía ella iría sola a correr.
    Antes de salir de su casa se percató que el cielo estaba nublado y corría airecillo, se puso una sudadera y luego se dirigió al domicilio de Eliseo, quien no respondió al llamado. Soñolienta aún fue a casa de Tina, al segundo toquido su amiga se asomó a la ventana para decirle que no iría, que la disculpara mucho pero que no se sentía bien. El mensaje desanimó un poco a Lorena, sin embargo, le dijo que comprendía y emprendió su camino.
    Se detuvo unos minutos para comenzar a hacer algo de calentamiento y terminar de despertar. Luego comenzó a trotar lentamente y avanzó sobre la avenida principal de la ciudad. El paisaje era muy agradable, los cerros se alcanzaban a observar con ligera neblina, eso le daba una linda vista y acentuaba la temporada invernal. El tráfico era muy leve, incluso pocas personas caminaban en la calle, estaba despejado. Lorena se hizo el propósito de trotar alrededor de dos kilómetros.
   De regreso decidió caminar, eso le permitió observar su recorrido. Enfocó su atención en las viviendas, los detalles en la arquitectura, los negocios que lucían distintos al estar cerrados, las banquetas amplias sin tanta gente abarrotándolas, hasta pudo deleitarse con una parvada de cotorros que pasó por el rumbo donde ella estaba. Por un momento su mente viajó para imaginar cómo sería la ciudad varias décadas atrás, recordó algunas fotografías que solían poner en los museos y también los comentarios que hacían sus familiares cuando hablaban de la arquitectura.
    Lorena estaba tan atenta a lo que contemplaba que se olvidó del incidente con Tina y Eliseo, aún seguía asombrada de cómo todo podía cambiar cuando la ciudad duerme. Sin duda, la ciudad se transformaba. Al pasar por una cafetería le apeteció tomar un chocolate con pan regional, pero ni pista había que fueran a abrir. Siguió su trayecto, ya le faltaba poco para llegar a casa. Respiró profundo, el clima estaba a su favor, no sentía calor ni frío. Sonrió para sí, se agradeció por haberse animado a levantarse, era la cuenta regresiva para culminar bien el viejo año e iniciar con alegría y ánimo el nuevo año.

PD. Mis mejores deseos para el público de las Voces ensortijadas y al equipo de Letras, ideaYvoz en este año 2024. ¡Que disfruten el gran regalo de la vida!

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 206. Cortar a la epopeya un tajo. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz

               
Polvo del camino/ 206

                Cortar a la epopeya un tajo
                 Héctor Cortés Mandujano



                           Caminé como papelotón sin cola, todo tatarata

                                                           Roberto Juan,
                                             en “Un sueñito en la Colón”



Hay gente capaz de contarte un hecho nimio como si fuera una epopeya. A esa estirpe pertenece Roberto Juan Flores, Chalío.
Varias de sus historias no se entretienen en prolegómenos y desde la primera línea nos ponen en el centro anecdótico. No sabemos si en un hospital, una cantina, una reunión (por ejemplo en “Piña colada”), porque lo que parece esencial para el Chaly es no perderse en las periferias, sino entrar de lleno al intríngulis del relato, prescindir de informes sobre los cambios de espacio y de tiempo, y hablar sin las delicadas patrañas que ordena la narratología.
Hay algunas historias, en cambio, que son más reflexivas y ordenadas (“De oficio gavetero”, por ejemplo), sin por ello dejar el gracejo que, a veces, es doloroso como los chicotazos del padre que hacía “que te orinaras de poquito en poquito” y que, sin que te pudieras acomodar del dolor, hicieras todas las posiciones al mismo tiempo: “enrrollado, estirado, cantiado, bocabajo, bocarriba”… Si Marcel Proust, en En busca del tiempo perdido, halló su camino al pasado a través de la magdalena y el té, Chalío también toma la vía olfativa para el regreso: “Los aromas y los tufos son transportes que tienen su salida y terminal en el subconsciente […] llevan defensa delantera y trasera pa’ que le pongás el letrero que vos querás”.
Los cuentos de Chaly se enmarcan en lo que se ha llamado y es lenguaje frailescano, una deformación y reformulación del español donde se hace tilichi el lenguaje de Cervantes, con alegría y desenfado, como si no existieran los diccionarios, la retórica, la gramática y todas esas señoronas serias que levantan la ceja apenas alguien no le pone zeta y acento a la palabra Corazón. Imágenes como “caballo zacateando”, “una sopapiada en la espalda”, “yagual de vendetomate”, “turroncito en la jeta” y muchas más, tal vez parezcan oscuras para quienes “tuvieron la desgracia de no nacer en Villaflores” (Miguel Carballo dixit), pero para cualquier frailescano medio son tan claras como empezaron a ser las caguamas en los últimos años.

Hemingway planteó, para sus cuentos, la Teoría del iceberg. Esas montañas de hielo muestran únicamente en la superficie del mar una punta minúscula y ocultan, debajo, su volumen gigantesco. Así debe contarse una historia, decía. Así cuenta Chaly “Crónica de un asalto anunciado” (y otros textos), donde leemos lo que conversan conspicuos miembros de la Rial y tenemos que descubrir el mar de fondo que en este relato es sólo evanescencia.
Hay en este libro la libertad total en forma y fondo. No hay reglas que se apliquen, se busquen o se sigan con acuciosidad, y sí hay las ganas de volcar en alegres palabras la gracia que es mirar la paja en el ojo ajeno, lo chistoso que tiene la desgracia de los demás, sin eludir las propias mofas que el autor hace de sí mismo.
Estas historias son, pues, el más puro relato, sin subterfugios, que quieren algo plausible, amable, agradecible: hacer reír al lector. Y no sólo lo quieren, claro: lo consiguen con creces.
Tengo la suerte de ser amigo de Chaly y me parece que hay en él un rasgo distintivo, un mérito natural, que aparece de cuando en cuando entre los mortales: el gozo por contar y la gracia para hacerlo. Aquí hay Treinta y uno (y otro uno) para sostener lo dicho.

Un abrazo y felicidades, querido Chaly.



[Prólogo al libro Treinta y uno (y otro uno), de Roberto Juan Flores.]

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Librero del uroboro. 42. El túnel. Ilse Ibarra Baumann

                      El túnel 


He visto la entrevista que le hace Joaquín Soler a Ernesto Sabato mínimo unas tres veces. Me pareció un hombre práctico, idealista, sensible, sin poses ni pedanterías. Un hombre sencillo. Su plática es tan cómoda y tan clara que dan ganas de tomarse un café con él, hacerle una pregunta, y escucharlo por horas sin quitarle los ojos de encima. Cuando habla, no sé porqué, recuerdo como si leyera “París era una fiesta”, de Hemingway.



Su novela, El túnel, la he de haber leído hace unos veinte años; pero también hace unos veinte años (es probable) leí Crimen y castigo (F. Dostoyevski
). No entendí por qué olvidé una y recordé todo de la otra. Ni aún imponiéndome el peor castigo podía recordar el nombre de Juan Pablo Castel ni su atroz delito (el mismo de Raskolnikov).

         El retorcido y patológico cerebro de Juan Pablo Castel parece la antítesis de la cordura del hombre a quien vi con Joaquín Soler. Pero ese retorcido cerebro, esa deliberación reflexiva por insistente e irreflexiva por bárbara, no podría ser posible sin esa serie de talentos (¿o de experiencias?). En fin, todos tenemos algo de locos.



Ojalá escribiendo esta pequeña reseña, en otros veinte años más, pueda recordarla.
Fotografíá: IMIB

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca, España.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial y presentada en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2023.

Voces ensortijadas 205. Noche de paz. María Gabriela López Suárez

                       Noche de paz

                María Gabriela López Suárez

           Con cariño para Amparito, Julio, Coni, Carla, Lilián y Ana.

Regina se sentó a contemplar el cielo en el jardín de su casa. El aire frío sumado a la abundante vegetación y al paisaje de la bóveda celeste le daba un toque muy especial a la noche. Echaba de menos el paisaje sonoro de los grillos, el silbido del viento se asomaba de vez en vez.
       Su memoria no pudo evitar traer a la mente la diversidad de experiencias que había vivido ese año. En verdad que eran muchas vivencias, algunas con tintes de tristeza, dolor, nostalgia, despedidas pero también de alegría, asombro, bellas sorpresas y regocijos en el corazón.
       Alba, su hermana mayor, llegó hasta donde estaba Regina, en silencio se sentó a su lado. Sin volver la vista, Regina sintió la presencia de Alba, le extendió la mano derecha. Sintió la calidez de su hermana Alba, le transmitió esa fuerza que solía compartirle desde que eran niñas.
       Ambas habían estado juntas en los momentos difíciles y en los alegres, sabían lo que sus corazones sentían. Regina era poco expresiva. Alba conocía que cuando su hermana contemplaba la naturaleza estaba agradeciendo algo a la vida.
       Con la voz tenue Regina comentó,
       —¿Ya viste Alba cuántas estrellas hay en el cielo?
       —Es una inmensidad, ¿te acordás que cuando éramos niñas hasta el cuello nos dolía por contar tantas estrellas?
       Regina sonrió y agregó,
       —¡Cómo olvidarlo! Hasta nos regañó más de una vez papá por quedarnos adoloridas de levantar la cabeza al cielo. Esas estrellas me han recordado a todas las personas que forman parte de la vida, las que con su brillo nos alumbran y dan ánimo para continuar en los momentos más difíciles y que también se alegran por los logros que tenemos.
        Alba respiró profundo y respondió,
        —Tenés razón Regina, somos afortunadas en tenernos como hermanas, amigas y también a toda la gente que queremos y nos apoya. Ya casi es Nochebuena y Navidad, te has puesto nostálgica hoy, ya mero vienen los regalos.
        Regina volteó a ver a Alba, sonrió discretamente y dijo,
        —Lo más bello de la vida no son regalos materiales sino un momento como este, una noche de paz.
        Alba percibió un nudo en su garganta, no pudo decir algo, solo asintió con la cabeza, mientras volvía su vista al cielo.

[P.D. Al público de las Voces ensotijadas y a quienes integran la revista Letras, ideaYvoz: les deseo una muy feliz Navidad, que la pasen en armonía y paz con sus seres queridos.]

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 205. Boricua en la luna. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz

               
Polvo del camino/205



                     Apuntes de oído/15

                     Boricua en la luna

                   
Héctor Cortés Mandujano



                             Y fue mi abuelo el amor único en mi regocijo



                                                  Juan Antonio Corretjer



Dedicado a mi querido amigo Roger Octavio, quien todavía sueña con Tuxtla



Roy Brown nació en Orlando, Florida, EUA, en 1945; sin embargo, ha sido parte de la que fue llamada Nueva Trova Puertorriqueña y su voz disidente ha proclamado la independencia de ese país, de esa isla.

Ha grabado muchos discos y son varias canciones suyas las que son parte de mi memoria. Muchos de sus temas son musicalizaciones de poemas. Uno de ellos me sorprendió desde la primera vez que lo oí. Se llama “Boricua en la luna” y la letra es del periodista, escritor y poeta puertorriqueño Juan Antonio Corretjer (1908-1985), quien también luchó para que Puerto Rico dejara de ser una colonia de EUA y a quien Brown ha musicalizado muchas veces.

Corretjer fue un luchador activo: fue exiliado y encarcelado, y apoyó las luchas libertarias no sólo en su país, sino en el continente. Estuvo desterrado en Nueva York y le fue prohibido regresar a Puerto Rico (incluso en México fue arrestado y deportado). No obedeció, claro. Murió en su Puerto Rico del alma.

El poema “Boricua en la luna” comienza contando la historia de un nacimiento: “Una mujer de Aguadilla vino a Nueva York a cantar” y allí se encontró con “un peón de Las Marías”. De esa unión nació un niño. La madre murió (“De ese llanto yo nací”) y el padre, años después, “reventó en un taller” (“De una lágrima soy hijo y soy hijo del sudor”).

Lo cuidó el abuelo, quien le enseñó a amar la tierra de sus padres.

Hay miles de historias sobre el amor al pueblo, al país, a la tierra; a lo irrenunciable que suele ser nuestra identidad, a lo infinito que puede ser nuestro amor al lugar donde nacimos o al que decidimos pertenecer porque allí vive nuestra familia o allí nacieron nuestros padres. Este poema, esta canción resume este sinfín de historias sobre la pertenencia, sobre el amor a la patria. Termina con una explosión de amor total.

Cedo la palabra a Correjter:



       Y yo soy puertorriqueño sin na',

       pero sin quebranto.

       Y el "echón" que me desmienta

       que se ande muy derecho,

       no sea que en lo más estrecho de un zaguán

       pague la afrenta,

       pues según alguien me cuenta

       dicen que la luna es una,

       sea del mar o sea montuna,

       y así le grito al villano:

       ¡Yo sería borincano, aunque naciera en la luna!


Ilustración: Alejandro Nudding.
Ilustración: Alejandro Nudding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 122. Del miedo al triunfo (y 3). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 122

Del miedo al triunfo (y 3)
Por Manuel Pérez-Petit

¿Quién de nosotros, en sus días de ambición, no hubo de soñar el milagro de una prosa poética, musical, sin ritmo y sin rima, flexible y sacudida lo bastante para ceñirse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del ensueño, a los sobresaltos de la conciencia?

Charles Baudelaire, en la carta preámbulo a Pequeños poemas en prosa (1862; trad.: Enrique Díez-Canedo)
Igual son cosas de los movimientos líricos del alma de los que hablaba Baudelaire (1821-1867), que haberlos haylos y son devastadores algunas veces, o de la avería de la olla exprés que llevo sobre los hombros y que viene de fábrica, tal como entendí con El alegato de Marcela, pero ahora convivo con todo ello sumido en un grado de naturalidad que nunca supe que existiera. 
            Lo que caracteriza a la vida, ese don hoy tan devaluado, es su condición de regalo inopinado, divino, y, en consecuencia, la plenitud de su brevedad, afirmaba en mi Brevería de cantina, pero tengo la ventaja de ser lector, lo cual es una vía de redención frente al minimalismo que es el hecho de vivir, y en consecuencia la brevedad de mi vida es cada día más extensa y plena. Siempre supe que el lector se edifica a sí mismo y construye el mundo, como decía en mi primer Lectores, aunque nunca me lo apliqué del todo, tendente como he sido a encerrarme en una inútil, relativa y aparente torre de marfil, cargándome poco a poco de ropajes inservibles, en tanto me daba sin medida y me boicoteaba de manera irresponsable y autolesiva. Consagrarme a lo de los demás en realidad fue durante años la excusa perfecta que me permitió evitar dedicarme a mí, aunque ambas cosas hubieran y deberían haber sido compatibles, que en mí la mayor parte de las veces no lo fueron.
Sin embargo, ahora ya no es lo mismo. Quizá sea lo que mi amiga Fernanda Haro me ha dicho, que he hecho un enorme trabajo de sanación, pero yo no soy consciente de ello. Y si a alguien le sirve que lo cuente me daré por satisfecho, pues he comprobado que no hay nada más reconfortante que saber que uno puede ser benéfico para los demás, que un árbol no hace un bosque y que pactar con la realidad solo puede conducir a abandonar la oscuridad –cuya función es, según Shakespeare (1564-1616), devorar con sus garras el amor, como reflexioné en La Luz y la oscuridad–, y hermanarse en la luz, que es lo más amoroso que existe, embarcarse en un viaje sin retorno hacia la utopía de un mundo de verdad mejor, pero no en el sentido que le dio a este helenismo santo Tomás Moro (1478-1535) cuando lo acuñó en el siglo XVI para designar una sociedad perfecta sino en otro más pleno y real, pues la perfección no existe pero sí el afán de luz, cuyo camino solo depende de nuestra voluntad individual, de que le demos chance de una vez al máximo a nuestra capacidad de amar, creer, crecer y crear. 
Pero, ¿quién soy yo? No he ganado batalla alguna. No estoy ni mucho menos encaramado a ningún trono de triunfo. Todo me queda por hacer. Nada soy y nada tengo. Apenas ando recorriendo los primeros pasos de mi camino, el que me llevará a traspasar la luz un día, recién licenciado como soy en las artes de la vida y el mundo, neófito en el pasar del tiempo. ¿Lo demás? Lo demás son los movimientos líricos del alma y el coraje que tenga uno de vivirlos.
Mientras, en el presente continuo de mi vida y en tanto me toque traspasarla a ella, quiero que sea la luz la que me traspase.
__________
Nota del autor
Termino con este texto la serie de tres artículos que he publicado más o menos cada dos días en esta penúltima semana de un 2023 que comenzó como la chingada, siniestro como boca de lobo, y termina bien chido, lleno de luz, de paz y de palabra. ¿Qué más puedo pedir si todo se debe a haber perdido de una vez mi miedo al triunfo de siempre?
Intervención de M. P.-P. en el Festival de la Palabra. Santiago de Anaya, Hidalgo, México. Junio de 2011. ¿Cuánta responsabilidad hay cuando te dan foro?
Fuente de la fotografía: Archivo personal de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 121. Del miedo al triunfo (2). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 121

Del miedo al triunfo (2)
Por Manuel Pérez-Petit

A la memoria de José Luis de Pablo-Romero y de la Cámara (1927-1993), José Manuel López Arenas (1939-1992), Francisco Mena Cantero (1934-2023), Luka Brajnovic (1919-2001) y Antonio Petit Caro (1943-2021), por lo que yo sé y es impagable.

Pudiera ser que no pudiera luchar con ello y por primera vez me sintiera, hace un par de años, “sumido en un feroz, creciente e inaudito desprecio hacia mí mismo”, tal como confesé en mi Es como si mi tiempo se acabara, pero estaba equivocado. 
            En mi No hay extensión más grande que mi herida descubrí en mí una tristeza que nunca había conocido, por ejemplo, pero incansable como soy y consciente de que mi secular miedo al triunfo, ejecutado por mí con atinada pericia una y otra vez a lo largo de mi vida, de alguna forma me condenaba, y eso que por principio en todo momento he negado posibilidad alguna de fatalismo en ningún ser humano, pero llegué al punto de darme cuenta de que siempre he sido yo, no los demás, lo cual es un avance de considerables dimensiones.
Tuve que dar mil vueltas por el mundo para asumir que lo fundamental no es encontrar la patria sino a uno mismo, y darse –pues todo lo que uno es y tiene es para darlo–, y pensar en uno mismo y olvidarse por fin de uno mismo. Que al final lo único importante es dar las gracias, lo cual, de algún modo misterioso, es el sentido de la libertad, tal como vislumbré en mi El libre albedrío
Gran parte de lo que soy lo soy por mis maestros y mentores. Por eso dedico este artículo a José Luis de Pablo-Romero y de la Cámara (1927-1993), que murió siendo hermano mayor de la sevillana Hermandad de la Macarena y con quien tuve una amistad personal que fue siempre más allá de mi actividad profesional como periodista, a José Luis López Arenas (1939-1992), primer decano de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Sevilla, porque fue el primero en creer en mí más que nadie, y a mis tres grandes maestros, de los que hablé en mi Declaración de reconocimiento: Francisco Mena Cantero (1934-2023), que me enseñó a escribir y me iluminó en mis primeros pasos por la adolescencia, Luka Brajnovic (1919-2001), que me tomó de la mano en mi azarosa y poética juventud y a quien debo mi trivium y mi quadrivium, que son valiosos activos que aún poseo, y mi tío Antonio Petit Caro, que me dedicó gran parte de su vida y a quien dediqué mi El sobrino del diablo. Todos ellos se me han ido demasiado pronto y a Mena Cantero dejé de verlo por dejación que no por devoción... Me he llevado años con el propósito de ir a visitarlo cuando estuviera en Sevilla, pero nada, una vez por otra nunca lo hice, y ahora en mala hora se nos muere la semana pasada...
Vayan ellos, a cuyas enseñanzas nunca supe sacar partido, en representación no de los muertos, que no lo están, sino de los incontables vivos con los que estoy en deuda, en estos vientos nuevos en que se cierran círculos de verdad, como el que supone la reaparición en mi existencia tras más de veinticinco años de Manuel Pimentel, maestro, mentor y, por encima de todo, amigo, que una vez que me ha visto me ha puesto sobre la mesa la oportunidad profesional de mis sueños, para la cual llevo preparándome decenios y en la que ya no tiene cabida mi difunto miedo al triunfo, eso que me hizo fracasar una vez tras otra estando a un palmo de alcanzar mis metas, para demostrarle de paso a la estera que yo era hace unos años no solo que la amistad es un lazo que cuando es de verdad nunca se desarma sino que la fe y el amor puestos en las cosas mueve montañas.
Estoy vivo, decía al comienzo de mi pasado artículo. Con el infarto de caballo que tuve muchos se habrían acabado, pero reconozco que no ha sido mi caso por acción de la Providencia, y ahora lo que tengo es vida. Más que nunca. ¿No voy a estar agradecido?
(Continuará…)
Fuente de la fotografía: Archivo personal de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 120. Del miedo al triunfo (1). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 120

Del miedo al triunfo (1)
Por Manuel Pérez-Petit

La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida.

Octavio Paz, El laberinto de la soledad
Estoy vivo. Con eso respondo a una pregunta que, en días posteriores a mi infarto del pasado 26 de agosto del presente –que compartí en mis ‘El ángel que siempre va conmigo’ y ‘No hay descanso para mí’–, me formuló con cierta estupidez e insensibilidad un viejo y muy querido alumno al cual hoy ya ni reconozco, y que aunque me es indiferente me genera una profunda compasión.
            Otrosí: Este sábado 1 de diciembre y a raíz del anuncio de mi nueva encomienda al frente de Almuzara México, el buen Antonio Florido (1965), fabuloso escritor de altos vuelos y plumas de cañones recortados, me recordaba el artículo que publicó el 28 de febrero de 2021 en su columna El acento del medio digital español periodistadigital.com titulado ‘Manuel Pérez-Petit: El hombre voluntad’, en el cual, entre otras cosas, decía: La lucha de Manuel es como la de Sísifo: eterna, ciega, absurda, pero inmanente a su forma de entender el caos, y desarrollaba toda una especie de teoría en que, además, elogiaba lo que a su parecer y no sin razón es definitorio en mí: mi amor por la vida. Yo, que no persigo ni perseguí nunca notoriedad alguna, convencido como vivo de que lo único que hay que hacer es darse, ruborizado, le contesté en este mi Líneas de desnudo con ‘Hombre-Voluntad’, publicado el 3 de marzo de ese año y al que añadí como epígrafe aquellas otras palabras que me dedicara hace más de un decenio mi también querido amigo, el poeta y crítico hispano-argentino Marcos-Ricardo Barnatán (1946) en su generoso prólogo a mi ‘Creo en los milagros, antología personal 1985-2009’, que tuvo en 2010 hasta dos ediciones diferentes: Manuel Pérez-Petit es un personaje atípico. Poeta antes que nada, pero también animador cultural, un hombre de insaciable curiosidad y vasta cultura, de muchas lecturas pero también de muchas músicas y artes, con una irrefrenable tentación por la vanguardia allí donde esté naciendo, pero con esa pulsión clásica que deja que el idioma respire por los metros de la memoria (...).
Otrosí: Octavio Paz (1914-1998), que se negó siempre a dirigir talleres y a tener alumnos, tuvo uno en su departamento de la calle Río Guadalquivir, en la colonia Cuauhtémoc de la Ciudad de México, teniendo como uno de sus muy escogidos alumnos a la extraordinaria poeta Maricruz Patiño (1950), por quien conocí la génesis de ‘El laberinto de la soledad’, el problema que supuso su creación para el Nobel mexicano, y que ella cuenta con especial elocuencia –escuchen la entrevista que le hice a la poeta el pasado 7 de abril del presente en Temas y +temas, el programa de mi amigo querido y gran periodista mexicano Miguel Bárcena, del cual me honro en ser colaborador–. En ‘El laberinto de la soledad’, Paz acuñó esa famosa frase que da arranque a este artículo: La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida, oración quizá genial y en todo caso fruto indudable de la inspiración, pero de la cual disiento de manera radical. Aunque español de nacimiento, soy por decisión propia y convencida mexicano y ante lo que no siento indiferencia, por el hecho irrefutable de serlo, es ante la vida.
(Continuará…)
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Nota del autor
Comienzo con este texto una serie de tres artículos que publicaré cada dos días en esta penúltima semana de un 2023 que comenzó como la chingada y termina bien chido, lleno de luz, quizá porque he perdido mi empecinado miedo al triunfo de siempre.
Fuente de la imagen: https://almuzaralibros.com/noticia.php?noticia=358

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor, docente y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Tomando café con Pat. 3. Rápido, nada. Patricia Muñoz Díaz

Tomando café con Pat/ 3

Rápido, nada
Por Patricia Muñoz Díaz

Hace un tiempo, cuando trabajaba en artes gráficas, tenía un par de horas para comer. Alcanzaba perfecto para ir y venir del parque industrial a casa y, en ocasiones, comíamos en el café de Don Emilio. Digo comíamos porque era común encontrarnos ahí con algún amigo o amiga de aquella época, además de que el café tenía una larga barra donde conocías a mucha gente y Don Emilio, sus empleados y su hijo, nos atendían muy bien. 
            En una ocasión, mientras esperábamos nuestra comida, llegó una chica corriendo, pidió la carta y después de darle una ojeada le dijo a Don Emilio:
            —¿Qué tiene “rápido”?
            A lo que Don Emilio, con su gesto inexpresivo, respondió:
            —Rápido, nada.
—¿No tiene algo que me pueda preparar rápido?
—No, rápido… nada.
La chica se molestó, dejó el menú sobre la barra y se marchó frustrada. 
En aquel entonces yo también me hubiese molestado, pues la prisa es una fiel compañera, y mi esposo (en aquel entonces mi novio) y yo nos observamos con complicidad pensando en que quizá Don Emilio se había pasado de la raya. “Que poco empático, tiene una cafetería en una plaza comercial donde muchos empleados tienen un corto tiempo para comer, ejecutivos bancarios, etcétera...”
Don Emilio se acercó y nos dijo:
—Cada pedido lleva su tiempo, tal vez una torta se la podemos preparar en cinco o diez minutos, pero lo que es rápido para mí o para mi cocinero tal vez no sea rápido para ella y de todos modos se irá molesta. No me gusta atender a las personas que no quieren ser atendidas. Por eso, “rápido”, nada.
Pasó el tiempo. No había entendido la profundidad de esas palabras hasta ahora que soy consciente y responsable de mis propios procesos.
He pasado por varios emprendimientos y en todos he comprendido que cada cosa lleva su tiempo, así sea la preparación de un guisado o la elaboración de un mueble. Todo, absolutamente todo, lleva su propio tiempo.
Las nuevas generaciones están acostumbrados a la inmediatez. Con un click solucionan todo y si no está a tiempo les da una crisis de ansiedad (no exagero, pero me incluyo en ese nicho de ansiedad ocasionada por la tecnología que tanto nos beneficia y también nos perjudica).
Debemos asimilar que las cosas no se hacen solas aunque estemos acostumbrados al “click” de las compras en línea.
Compramos ropa, tecnología, comida, por las aplicaciones y nos molestamos si no llegan a la hora acordada. Seguimos siendo humanos, por mucho que las máquinas nos resuelvan muchas cosas. Dependemos de terceras personas (la motocicleta, el mensajero, el tráfico, la avenida, el semáforo, etc.). Y el desayuno agradable en un restaurante con buena compañía que decidiste no tomar porque era más “rápido” por la app de tu teléfono celular se vuelve una tortura porque no llegó a tiempo.
No soy quien para dar consejos de organización del hogar, pero si algo tengo claro es que comer, comer bien, comer en buena compañía, disfrutar el momento, aunque tenga algo de prisa, es importantísimo, porque la vida son instantes que no vuelven, así que “rápido, nada”.

Instagram y Facebook: @patmunozescritora
Imagen: Buzón Expresso, ©Pat Muñoz

*Sobre el autor:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.

Voces ensortijadas 204. La fiesta de los hilos. María Gabriela López Suárez

                        Voces ensortijadas

                     La fiesta de los hilos
                  María Gabriela López Suárez

Roberta se levantó del asiento, se percató que llevaba más de tres horas sentada, sin haber tomado gota de agua, ni despegado los ojos del monitor de la computadora.
     —¡Qué bárbara Roberta! Te has olvidado de ti por querer avanzar en este pendiente —se dijo en tono preocupado mientras estiraba las piernas y movía suavemente la cabeza de un lado a otro.
      Se quitó los lentes, se dio un ligero masaje sobre los ojos, dio un sorbo a su taza de café frío y se detuvo a contemplar la vista desde la ventana que tenía en su oficina. Observó que en la vivienda antigua que siempre le llamaba la atención por permanecer en un tono ocre, como en el olvido, estaba siendo pintada.
     —¡Qué bonito cambio tendrá esa casa! Alegrará la vista, qué ganas de verla por dentro también — señaló en una especie de monólogo.
     Mientras volvía a su asiento se dio cuenta que ya estaba a unos minutos de salir, apagó la computadora y comenzó a guardar sus cosas con poca prisa, recordó que era miércoles y ese día Santiago, su ex esposo, iría por su hijo Joshua, a la escuela y comerían juntos.
     Al llegar a casa Roberta decidió hacer una pausita en su ajetreo cotidiano, fue a la sala y se sentó en un sillón, al volver la vista a su lado derecho encontró la bolsa donde guardaba su bordado.
    —¡Vaya, vaya pero qué tenemos por acá! ¡Este bordado ha quedado intacto desde hace un par de demeses, o quizá más! —exclamó mientras abría el cierre de la bolsa. Sacó el bordado, intentó recordar qué le faltaba para culminar el jarrón con gerberas, una vez aclarada la idea buscó el hilo en tono marrón y su aguja. Para su sorpresa encontró que sus bollos de hilos estaban revueltos. Por su mente pasó la idea de que Joshua podría haber jugado los hilos, descartó la idea.
      Seguía intentando hallar la respuesta de cómo habría pasado ese enredo. Su mente se entretuvo observando que los hilos estaban tan bien entretejidos que formaban una bella especie de telaraña multicolor. A diferencia de lo que le pasaba antes de aprender a bordar, que habría jalado los hilos en su desesperación para terminar pronto y formar nudos en vez de desenredarlos, comenzó a tomar con cuidado cada bollo y jalar suavemente los hilos hasta lograr que cada color se fuera separando. Cuando terminó se dio cuenta que había sido un lindo ejercicio para poner en práctica su paciencia, sin sacrificar ningún hilo, ni cortarlo.
      Roberta enrolló y guardó cada bollo de hilo en la bolsa, imaginó que en ese tiempo de tener abandonado el bordado, se había organizado la fiesta de los hilos. Quizá ella era la invitada principal pero en sus labores cotidianas ni siquiera se había dado por enterada. Sonrió para sí mientras se acomodó en el sillón, la luz del sol que se coló por la ventana le dio un toque cálido que la acompañó mientras tomaba el bordado y comenzaba con la puntada de arroz para decorar el jarrón.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.