Voces ensortijadas. Estamos de fiesta. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas

Por María Gabriela López Suárez

Estamos de fiesta

Aprovecho este espacio para agradecer al público lector que semanalmente convida su valioso tiempo para leer la columna Voces ensortijadas, que concede sus comentarios y algunas anécdotas que les evocan estas líneas. 

Les comparto con mucho gusto que esta columna cumplió su quinto aniversario de publicaciones ininterrumpidas el pasado 3 de julio. 

Muchas gracias a Letras, idea y voz por el espacio que brinda para su divulgación, sin duda, un apoyo sumamente valioso. 

Gracias, gracias, gracias.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 130. Árbol de piñas. María Gabriela López Suárez

Àrbol de piñas

Por Maria Gabriela López Suárez

Ernestina viajó a visitar a Elba, su mejor amiga, a un pueblo enclavado en una región  montañosa, donde la vegetación era abundante en pinos y oyameles de gran tamaño. Elba le había contado de la belleza del paisaje y no exageró.

La vivienda de Elba era pequeña y confortable. El rincón favorito de Ernestina fue una ventana que daba al jardín vecino y a través de ésta se asomaba un pino de tamaño mediano, con follaje frondoso y lleno de piñitas. Era un deleite asomarse en distintos momentos del día, contemplar cómo el viento mecía sus hojas y sobre todo, cómo lucía la belleza de cada una de sus piñas.

Cada rama del pino estaba bellamente decorada con piñas, desde la rama más baja hasta la más alta. Las piñas eran irrepetibles en sus tamaños y formas. Algunas estaban unidas, como racimos de uvas, se observaban tres o cuatro piñas, entrelazadas; en otras ramas se apreciaban dos frutos y en pocas ramas solo había una piñita.

Elba encontró más de una vez a su amiga Ernestina observando frente a la ventana, hasta que le preguntó:

—¿Qué tanto miras, qué hay ahí que no me he dado cuenta?

Ernestina le contó que aún no creía que tenía tan cerca un pino lleno de piñas. 
Las piñitas eran un regalo de la naturaleza que ella había recibido por primera vez en su infancia, en una fecha cercana a una Navidad. Desde que las tuvo entre sus manos le encantaron, imaginó cómo habrían nacido, de qué forma y tamaño sería el árbol de donde las cortaron, cómo serían sus hojas. El olor de las piñas le remontaba al bosque, naturaleza viva y ahora era el momento de deleitarse.

Elba le dijo que podría pedirle a sus vecinos si les permitían ver más de cerca el árbol y quizá hasta poder recolectar piñitas que estuvieran en el piso o cortar algunas. La idea le encantó a Ernestina. Lo que no sabía Elba era que, para no perder la oportunidad de tener plasmada la experiencia, su amiga había comenzado a trazar un boceto del árbol de piñas en su libreta de dibujo, actividad que disfrutaba realizar. Sin duda, visitar a Elba y conocer el lugar donde vivía eran de los mejores recuerdos que tendría y había encontrado una linda manera de representarlo.

—Elba, adivina que estoy comenzando a dibujar —dijo Ernestina con la intención de despertar la curiosidad de su amiga.

—¡Mujer, vaya que aprovechas el tiempo hasta en tus ratos de descanso! ¿Acaso tiene que ver algo con un pino?  ¿Le atiné verdad?

Ambas sonrieron y Ernestina fue por su libreta para mostrar el boceto a su amiga.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 130. Árbol-jaguar/1. Héctor Cortés Mandujano

Árbol-Jaguar/ 1
Somos el árbol que una vez soñamos

Héctor Cortés Mandujano

Toda la noche fue soñar con árboles

Efraín Bartolomé

Para celebrar los 70 años de existencia del poeta Efraín Bartolomé (Ocosingo, Chiapas, 1950), Berenice Torres Almazán, editora, congregó a Ediciones Oropéndola, La Flauta de Pan y Librería Los Argonautas para publicar, en noviembre de 2020, el libro doble Soñar con árboles, de Efraín Bartolomé, y Setenta años en setenta imágenes, de Guadalupe Belmontes Stringel.
	Las fotografías de Guadalupe, Pillita, Belmontes, esposa y compañera del poeta, lo muestran a él, en setenta instantáneas, al lado, dentro, cerca, rodeado, recargado, parado, sentado, debajo, con una mano puesta sobre la crústula, detrás, con un pie sobre la raíz, medio escondido, meditando, escribiendo, en cuchillas, en actitud contemplativa, casi invariablemente vestido de blanco, tocándose la sien, de perfil, de cuerpo entero, en plano americano, en retrato viendo a la cámara, con los ojos bajos, viendo hacia otro lado, tal vez hablando, abrazando, pegando su rostro al tallo, entre las ramas, solo y, al final, en una foto de Balam, hijo de Efraín, en compañía de Pillita y siempre, en todas, hermanado a uno o muchos árboles.
	Los lugares donde fueron tomadas las fotografías son también disímbolos: Deyá, Mallorca, España; Yaxchilán, Chiapas; Angkor Wat, Camboya; Reservas de la Biósfera El Triunfo y de la Biósfera de los Montes Azules, Chiapas; Bosque de Ahuehuetes, Aguascalientes; Río Jataté, Ocosingo, Chiapas; Nueva York; Garganta de Samariá, Creta, Grecia; Tapijulapa, Tabasco; Colima; San Diego, California; Feldafing, Alemania; Bonampak, Chiapas; Copán, Honduras;  Madrid, España; Filadelfia, EUA; Churubusco, Ciudad de México; Suiza; Chiapa de Corzo, Chiapas, etcétera.
	Las páginas dejan a veces ver sólo las fotos, aunque hay paraderos donde únicamente está la Poesía nacida de su amor arbóreo (p. 54): 

                      Mi santa escuela
              estaba allí: en el patio de mi casa
               bajo la clara copa de los árboles

Hace tiempo que Efraín no publicaba nuevos poemas. Sin embargo, no es éste, decía, un libro exclusivamente, sino dos, y los poemas son hojas, quizás ramas en el árbol que constituye este libro mayormente fotográfico. Pero es una alegría oír de nuevo la voz de este hombre que sabe cómo traducir su corazón en estas savias y sabias palabras: Somos el árbol que una vez soñamos (p. 111):

             Hojas y ojos abundantes se dieron en nosotros
             para mirar la noche
                   el artero crepúsculo
                        el apasionado amanecer

Habla en estos poemas de árboles que se queman o sufren con las desdichas de tener cerca hombres con hachas, aunque no deja de quererlos y sentirlos vivos (p. 40): “Hay que sembrar un árbol en la imaginación/ Luego soñar que crece…”. Los árboles, al final, han sido capaces de sobrevivir a tanto (p. 48): “Después de la tormenta/ todos los árboles de la montaña/ parecieran hablar”.
	Trasmina en sus poemas su amor por la naturaleza (p. 62): “Padre/ Árbol inmenso/ Hasta ti vine caminando en sueños/ Permíteme pasar/ Una vez más/ pido permiso para pisar tu sombra”.
	El tilo y la encina, la mujer y el hombre, Efraín y Pillita, están aquí de nuevo, en Soñar con árboles/ Setenta años en setenta imágenes, unidos inextricablemente, como ha sido, como es, como será…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.

Fotografía: Balam Bartolomé




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

de México y el extranjero.

Trabajo en alturas. 21. La flama y la cicuta V. Roger Octavio Gómez

La flama y la cicuta V

Por Roger Octavio Gómez Espinosa

[La flama y la cicuta fue leído por el autor como una comunicación preparada para el “IV Congreso Internacional Autores en busca de Autor”, organizado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Proyecto Dios en la Literatura Contemporánea (PDLC), 2020.  En esta serie de entregas se presentó el texto completo.]

La flama y la cicuta V

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La finalidad del arte, dice Andrei Tarkovski, “consiste más bien en preparar al hombre para la muerte...” (66), es en vida cuando le buscamos sentido. Cuando acudimos a ella, a la obra de arte, en busca de que nos revele algún misterio o nos conmueva, nos lo revela y nos conmueve, no llegamos a comprenderlos en su totalidad y no siempre nos conmueve en magnitudes similares, incluso a veces ni siquiera percibimos la revelación. Cuando tenemos la suerte de percibir algo, pareciera que hay un mensaje que en cada acercamiento nuevo cambia: ¿Será que nosotros somos los que llegamos con diferentes sentidos, modificados, renovados en cada acercamiento a la obra de arte? Eso me sucede cada que me aproximo a Efraín Bartolomé, poeta chiapaneco nacido en Ocosingo, Chiapas, un pueblo fundado en una de las entradas a la Selva Lacandona. En su poema “Casa de los monos”, perteneciente al volumen Ojo de Jaguar, el poeta cierra con un fragmento que evoca lo que, a mí, en mi último acercamiento, me parece la métrica de la vida de un hombre: el instante.

           ...Que se caiga este amor de la ceiba más alta
           Que vuele y llore y se arrepienta
           Que se ahogue este asombro hasta volverse tierra
           Aroma de los jobos
           Perro de agua
           Hojarasca

Cual si fuera una hoja que se desprende, boga el conjuro del poeta hasta el suelo lleno de vida, de aromas y sonidos. Como si la caída midiera el transcurso de la existencia terrenal de un hombre. Cuántas veces se desprende un hombre del árbol para vivir ese viaje hacia el suelo que es nutriente de las hojas que están por nacer o por caer. En el conjunto de poemas que conforman el libro Ojo de jaguar la voz del poeta nos posiciona en la exuberancia de una naturaleza que simplemente existe. No hay menciones directas a lo divino o a deidad alguna, sino que es la voz que se nos presenta como una revelación mística. Presenciamos a la poesía como un vehículo que nos hace percibir la materialización del misterio que invoca.
          ¿La divinidad en lo terrenal? ¿Dios habitando la naturaleza? Quizá es sólo una propuesta de nuevos templos, diferentes a los arquitectónicos, a los de piedra, metal, lógica, dinero y academia que amenazan con dejar sin hogar a esta divinidad que es también Diosa, luz de luna, inspiradora de coyotes, conejos, elegidos y de la gente sencilla que ve la redención a diario en el brote de una semilla o en una hoja que se desprende.

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En una misma región geográfica, Chiapas, encontramos pues que la deidad es muy terrenal en los mitos orales, que estos alimentan a una literatura que la posiciona en su realidad y que, sin embargo, tales manifestaciones generan una concepción diferente de la divinidad eurocentrista y, antes bien, las visiones introducidas de occidentes son redefinidas para generar una cosmovisión enriquecida. Tal mitología oral puede ser recopilada y generar otras formas de expresión que pueden ser luego interpretadas o perderse en la vorágine del olvido. La actitud de los viajeros Domingo de la Torre y Anselmo Pérez (en Los viajeros al otro mundo, ver la entrega I de esta serie) me parece que es muy adecuada para explorar los mundos, con una mirada de extrañeza, desde afuera, incluso de este lado de nuestras fronteras culturales, como dice Tarkoksky que se sitúa Da Vinci en sus cuadros: “...desde afuera, desde una esquina, con una mirada absolutamente tranquila, esa mirada que también caracteriza a Johann Sebastian Bach y León Tolstoi.” (131)
          Ítalo Calvino (2020), en su ensayo Por qué leer a los clásicos cierra citando a Cioran con un pasaje sobre Sócrates aprendiendo un aria para flauta justo antes de beber la cicuta: ¿para qué aprender a tocar un aria para flauta si pronto se cumpliría su condena de muerte? “Para saberla antes de morir” (20), responde el filósofo. 
          Pero, a propósito de Calvino, ¿quiénes son los clásicos?, ¿hay un sólo canon a leer?, ¿una sola fuente a consultar? Sí, una sola fuente: la flama de las manifestaciones humanas.
         La literatura es una luz, parte de la flama que emana de nuestra civilización, pero nuestra civilización no es sólo occidental, es terrestre. El universo es nuestra cicuta, sus leyes tienen ya sobre nosotros un destino escrito, una pena que se cumplirá cuando tenga que cumplirse, como aquella hoja que se separó del árbol, o el Ello que vive en un Él total y que vaciará de vida un cuerpo que luego retornará o que se alejará como el Santiago tseltal que se fue en una nube y dejó vacío el caparazón que lo representaba. Mas hay que intentar aprender a tocar «el aria para flauta» que está ahí sólo para saberla, leer también esas pequeñas notas que suenan y se conciben porque quizá esas pequeñas manifestaciones contengan realmente lo divino, Dios en la literatura contemporánea –que es contemporánea también en las antípodas–, nuestra divinidad.

 
Lista de obras citadas:

Bartolomé, Efraín. Ojo de jaguar. Audiolibro en la voz del autor. México: SChRTyC, 2012.

Calasso, Roberto. Las bodas de Cadmo y Harmonía. Barcelona: Anagrama, 1990.

Calvino, Ítalo. Por qué leer los clásicos. Editorial Ciruela. Consultado el 5 de febrero de 2020 en: https://usal.uvirtual.org/campus/mod/resource/view.php?id=44973

Cortés Mandujano, Héctor. Casa de citas. Volumen I. México: Editorial Tifón, 2018.

Cortés Mandujano, Héctor. La divinidad del monstruo. México: Editorial Tifón, 2020.

De La Torre, Domingo, Anselmo Pérez y Robert M. Laughlin. Jxanviletik ta namal balamil. Los viajeros al otro mundo. México: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, Biblioteca popular de Chiapas, 2006.

Gómez Espinosa, Roger Octavio. La lluvia en las hojas del platanar. España: Kolaval, 2020.

Graves, Robert. La Diosa Blanca, 1. Trad. Luis Echávarri. Editor digital Rusli/ ePub r1.0, 1948

INEGI. México: Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática, consultado el 10 de agosto de 2020, disponible en: 
https://www.inegi.org.mx/inegi/quienes_somos.html

Méndez, Marceal. Slajibal ajawetik. Los últimos dioses. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2010. 
	
Pozas, Ricardo. Juan Pérez Jolote. México: FCE Colección Popular, 1952.

Rubial García, Antonio. Conferencia “Los mitos de la conquista”. México: CEHM Fundación Carlos Slim, 2019. Consultada el 10 de agosto de 2020. Disponible en:
Salgado, Dante. Efraín Bartolomé: invocación del Misterio. México: Editorial Praxi / UABCS, 2016. Tarkovski, Andrei. Esculpir el tiempo. Reflexiones sobre el arte, la estética y la poética del cine. Madrid: Ediciones RIALP, S.A., 1991 Viqueira, Juan Pedro. Encrucijadas chiapanecas. Economía, religión e identidades. México: El Colegio de México, 2002.
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Absenta 25. «Voces ensortijadas», epístola. Erik García Briones

Voces ensortijadas, epístola a la autora

Por Erik García Briones


Me cuesta pensar, por qué, por qué creo lo que creo, o pienso lo que pienso y más difícil pensar por qué dibujo y por qué selecciono tal o cual estilo para expresar las ideas. Una de dos: o me cuesta pensar o vivo en la constante imprecisión de la vida.

Por qué el párrafo anterior está lleno de impresiones y tal vez contradicciones. Lo único que sé es que cuando escucho una historia que me llega me la logro imaginar como un folioscopio, que poco a poco se mueve y las imágenes empiezan a saltar, si soy afortunado puedo retener algunas y ésas, justo ésas, se convierten en lo que dibujo.

Tus historias (Gabriela López Suárez) tienen algo que se pega a los oídos y suavemente hilan imágenes en la mente y de los hilos nacen preguntas y más imágenes. No sé por qué dibujé esa portada así, pero al leer tu columna (Voces ensortijadas) no puedo evitar pensar en una enorme cafetería con muchas personas contando historias, intercambiando pensamientos y andando de aquí para allá sin parar. En cuanto una silla queda vacía alguien más la ocupa.

Tal vez la vida es una cafetería y hay algunos que se mueren de hambre, no lo sé; lo que sí sé es que espero seguir escuchando tus historias por mucho tiempo, que amo lo que hago y no entendería otra forma de vivir, aunque sé que no siempre funciona como yo esperaría, tus historias hacen que la vida, mi vida incluída, fluya mejor.

 

EGB

Las ideas son los peces en el océano de la mente 

Unas veces pequeños, otras en cardúmenes

Mis favoritos son naranjas, nadan rápidamente por todos lados.

Recorren el océano con libertad, no con impunidad

Incluso la mente más tranquila tiene sus prejuicios que devoran a las ideas.

Pescar una idea puede ser peligro, corres el riesgo de extraviarte en esa bastedad

De intentar cazar un prejuicio y no una idea, peor aún, de atrapar ese prejuicio 

O descubrir que el océano de la mente no es más que un pequeño charco que se seca al sol

Sobre el autor:

Erik García Briones

Tapachula, Chiapas, México, 1983

Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico

Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.

Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.

Absenta 24. Soñador. Erik García Briones

Soñador

 

EGB

Las ideas son los peces en el océano de la mente 

Unas veces pequeños, otras en cardúmenes

Mis favoritos son naranjas, nadan rápidamente por todos lados.

Recorren el océano con libertad, no con impunidad

Incluso la mente más tranquila tiene sus prejuicios que devoran a las ideas.

Pescar una idea puede ser peligro, corres el riesgo de extraviarte en esa bastedad

De intentar cazar un prejuicio y no una idea, peor aún, de atrapar ese prejuicio 

O descubrir que el océano de la mente no es más que un pequeño charco que se seca al sol

Sobre el autor:

Erik García Briones

Tapachula, Chiapas, México, 1983

Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico

Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.

Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.

Voces ensortijadas 129. La esperanza. María Gabriela López Suárez

La esperanza

Por Maria Gabriela López Suárez

Rosalía se levantó más temprano que de costumbre ese miércoles, tenía una comisión por parte de su trabajo y le tocaba viajar fuera de la ciudad. El canto de los pájaros fue el augurio de un día soleado.

Salió de su casa cuando el alba aún no se asomaba. Observó el paisaje de las montañas bañadas en neblina, como una especie de ensueño. Se imaginó escalando alguna de esas montañas, en compañía de Amaranta, Tomás y Timoteo, su pandilla favorita, como llamaba a sus hijos y esposo.

El llamado de un conductor la regresó a su ubicación actual, la terminal de colectivos que la llevaría a su destino. Se subió en uno de los colectivos e inició su travesía.

Era la segunda vez que visitaba ese pueblo, le agradaba mucho la vegetación que había. Su encomienda era dar un taller a un grupo de estudiantes de nivel primaria en la única escuela que tenían ahí. La vez anterior solo había asistido como auxiliar, ahora era la encargada de facilitar el taller.

La dinámica de trabajo en el grupo fue muy buena. Al inicio estaba un poco nerviosa, sin embargo, una visita inesperada le alegró más el día. Cuando estaba explicando una de las actividades a realizar, se hizo presente una cigarra, como ella solía llamar a las libélulas. Era grande, la de mayor tamaño que recordaba haber visto en su vida. Era de color negro brillante y comenzó a danzar por todo el salón. El grupo la recibió con gusto, Rosaura y Joaquín, dos de los estudiantes, dijeron que era raro que llegaran por ese lugar.

En la familia de Rosalía tenían la creencia que si una cigarra les visitaba era augurio de la esperanza, que algo lindo sucedería. Por eso, para ella fue de gran regocijo tenerla en el aula. La perdió de vista, de pronto, cuando estaba resolviendo la duda de un estudiante, sintió una presencia en ella, volteó ligeramente hacia su hombro izquierdo y la descubrió posando sobre él. Fue un bello regalo, como suave caricia. Tuvo la sensación de sentirse acompañada y le generó paz. Siguió con sus actividades, así como llegó la cigarra se retiró. Rosalía terminó el taller con muy buen sabor de boca.

De regreso a la ciudad se deleitó con observar el paisaje en la ventana del colectivo. Cerró sus ojos por un instante y sintió nuevamente la discreta presencia de la esperanza sobre su hombro izquierdo. Estaba muy contenta de volver a casa.


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 129. Recomendaciones para leer Malabarista de azotea. Héctor Cortés Mandujano

Recomendaciones para leer Malabarista de azotea

Héctor Cortés Mandujano

Antes de pensar en leer este libro, es ideal que te guste caminar sobre lo más alto de las bardas y, de preferencia, si puedes, afilar las uñas en la cáscara de los árboles. Si eso no fuera posible, ni modo, en algún sillón de la primera sala que encuentres.

Lo aconsejable para disfrutar la lectura de Malabarista de azotea es que de vez en cuando juegues con ratones y llegado el caso los mates, intentando que no chillen, porque hay algunas personas (en especial Damaris Disner, la autora) a quienes no gusta el chillido ratonil. 

Es importante que te gusten los poemas juguetones, risueños, que dan piruetas y hacen figuras, porque Damaris Disner ha escrito muchos en Malabarista de azotea y puede que, si eres muy seria o muy adusto, se te salga una carcajada que ponga en entredicho tu cara de palo.

Es mejor que te prepares y no creas que este es un libro como todos. No. Juventino Sánchez Vera, Damaris Disner y Ámbar Zoé Virgen Álvarez han hecho que las páginas parezcan parte de una caja de sorpresas, porque hay de pronto letras gigantescas, poemas que parecen un plato, una bañera, una copa de helado, y dibujos de gatos que saltan, vuelan, ríen, sueñan…

Es básico que tengas el cuerpo lleno de pelos, muchísimos pelos y, requisito indispensable, tengas una larga cola que puedas mover mientras lees, rascándote –raca, raca. raca– a tu gusto; si no, ni modo, siéntate en tu cola sin cola y con tus garras sin pelos dale vuelta a las sesenta y tres páginas de este divertido libro.

Si no sabes maullar, es súper urgente que aprendas, porque, como cuenta Damaris Disner en “El abecedario que esconde”, se tiene que saber maullar para (p. 11) “reclamar tres comidas diarias: miau, miau, miau”. También es aconsejable que maúlles cada vez que termines de leer un poema. Si no, por lo menos ráscate la panza o lámete una pata.

Es im-por-tan.tí-si-mo que nunca te hayas cortado los bigotes. Si no tienes bigotes es como si fueras un pez sin espinas, una casa sin azotea, un ratón sin chillidos, un gato con ojos feos.

Lo mejor, para leer Malabarista de azotea, de Damaris Disner, es que seas gato, gata o gate y si eso no es posible, ni modo, aunque sea uno de esos que pertenecen a la casta inferior que se hacen llamar “seres humanos”. 


[Texto leído en la presentación de Malabarista de azotea, de Damaris Disner. 1 de julio de 2022. Casa Disner. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.]

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.





*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

de México y el extranjero.

Trabajo en alturas. 20. La flama y la cicuta IV. Roger Octavio Gómez

La flama y la cicuta IV

Por Roger Octavio Gómez Espinosa

[Sobre el artículo:
Un resumen del texto La flama y la cicuta fue leído por el autor como una comunicación preparada para el “IV Congreso Internacional Autores en busca de Autor”, organizado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Proyecto Dios en la Literatura Contemporánea (PDLC), 2020.  En esta serie de entregas estaré presentantando el texto completo.]

La flama y la cicuta IV

6

En la obra de teatro La divinidad del monstruo, Héctor Cortés Mandujano (2020), la cuestión de la deidad se manifiesta de una manera muy diferente. Dos personajes, Él y Ello, donde ya el nombre de los personajes nos previene sobre la incursión en la psicología, abren con un parlamento de Clemente de Alejandría citado por Robert Graves en Rey Jesús, luego siguen debatiendo sobre lo que parece ser la tesis de Robert Graves en La diosa blanca, donde el sabio inglés defiende la feminidad de la deidad y la contrapone a la versión apolínea (por Apolo) de las manifestaciones occidentales. La obra continúa con un ejercicio de mayéutica que dirige Ello, ésta genera un razonamiento que tiende a un solipsismo que propone que la realidad es meramente una fantasía que se reduce al instante de tiempo fugaz que es la vida de un hombre, de una humanidad. Una mezcla de literatura, filosofía, religión y teatro posdramático que nos lleva a percibir una dualidad en el existir: luz y sombras, vida y muerte, bien y mal. ¿No era acaso esta visión la misma que defendían los mitos orales sobre los dioses prehispánicos? Quizá, pero en esta obra provienen de otras fuentes y nos lleva a percibir que la divinidad está en el interior del monstruo, es decir, del hombre, quien es el crisol que contiene el bien y el mal, el ángel y el demonio, la vida y su muerte. Lo divino, Dios, no es en esta obra un ser lejano y exterior sino íntimo, puesto que mora en el hombre, pero notar su esencia requiere muchos renaceres hasta alcanzar una sabiduría capaz de percibirla.

(Continúa en la siguiente entrega...)

Ilustración: Cartel 2020 de una presentación de la obra La divinidad del monstruo

Tifón. 1. Gente, ruido, historias y esa necesidad de escribir. Juventino Sánchez Vera

Gente, ruido, historias y esa necesidad de escribir

Por Juventino Sánchez Vera

Tales son las recompensas de las letras; tales son sus consuelos. Yo

mismo, aun siguiendo de tan lejos a sus favorecidos adoradores,

yo mismo he podido participar de sus beneficios, y

saborearme con sus goces.

Andrés Bello

“Recuerdo que a mi abuelita materna le gustaba escribir detalles de eventos, que ella consideraba importantes, tenía sus libretas, ahí anotaba fechas, nombres y algunas veces también los agregaba a las fotos”, nos cuenta Gabi en “La necesidad de compartir historias" (columna #27 de la antología Voces ensortijadas...). 

ATENCIÓN: Querido lector o lectora si estás a punto de leer este texto y estás cerca de la escritora ten cuidado, ella colecciona momentos, instantes y posiblemente salgas plasmado en un texto suyo que semanalmente realiza, no dudes que te evocará como una parte para embonar otra historia o simplemente mencione algún hecho que hiciste. No te preocupes, te narrará de lo más lindo.

María Gabriela López Suárez estrena su más reciente pieza literaria Voces ensortijadas / Antología 2020-2021. Gabi, así le digo de cariño, es esos ojos que van por ahí “pepenando historias”. Creo e intuyo que con cada parpadear son letras las que recauda. 
         Mi amiga Damaris Disner, me aconsejó que me inspirara en lo visual para escribir este texto y eso he hecho. La sombra “colocha” (como también llamo cariñosamente a Gabi) acechando historias, mirando a la gente. ¿Qué es lo que acecha Gabi? Siempre me pregunto. 
         Como editor de libros, diseñador y director de  un estudio trato de poner énfasis en cada pieza de libro que produzco, Gabi involucró en esta obra a varios artistas: Erick García Briones (ilustrador del libro), Malintzin Yolo González Molina (correctora de estilo), Damaris Disner (prólogo), Roger Octavio Gómez Espinosa (introducción) y yo, Juventino Sánchez Vera. Quiero pensar que estamos atrapados en su obra, capturados y comulgando en este libro, a la distancia pero teniendo en común que estamos dentro de esta pieza y me siento muy feliz. 

Gracias querida Gabi, gracias querido público lector.
  

Ilustración: Erik García Briones




*Sobre el autor:

Juventino Sánchez Vera

Tapachula, Chiapas, México, 1983.

Amante del futbol. Sería el mejor jugador de México, gracias a dos defectos, nunca lo pudo conseguir: su pierna izquierda y su pierna derecha. Ganador del premio al mejor diseño gráfico en el Begegnungsfest, Appenzell, Suiza, 2021. Ha trabajado como diseñador e ilustrador en medios como El Heraldo de Chiapas (2004-2008), Noticias Voz e Imagen de Chiapas (2012-2016) y en instituciones educativas como el Tecnológico de Monterrey, Campus Chiapas (2008-2010).

Imparte talleres sobre diseño e ilustración en Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal y Comitán de Domínguez; Chiapas, México. Fue editor de Almada Broders, editorial independiente (2009-2011) y actualmente es director de Tifón, casa editorial que lleva publicado innumerables títulos de poesía, teatro y narrativa.