La flama y la cicuta III
Por Roger Octavio Gómez Espinosa
[Sobre el artículo:
Un resumen del texto La flama y la cicuta fue leído por el autor como una comunicación preparada para el “IV Congreso Internacional Autores en busca de Autor”, organizado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Proyecto Dios en la Literatura Contemporánea (PDLC), 2020. En esta serie de entregas estaré presentantando el texto completo.]
La flama y la cicuta III
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En mi novela La lluvia en las hojas del platanar (Gómez Espinosa), como autor mestizo nacido en el sur de México, hablo de una de aquellas burbujas culturales, un mundo resultante de una mezcla mitos que germinaron en una región de Chiapas. No es difícil plantear una situación donde cuatro tradiciones mitológicas convivan si quien lo plantea es alguien que nació con una legión de tradiciones implantadas en su imaginario. Lo difícil es que se entienda y me parece que la novela citada cumple también esta parte, la claridad de exposición.
El plátano, los platanares, tan arraigados al trópico mexicano que parecieran endémicos de aquellas tierras son en realidad, en la mitología griega, «el árbol de Helena» y una planta introducida. Roberto Calasso, en Las bodas de Cadmo y Harmonía, nos recuerda esa liga de los platanares con el mito de Helena (119-122). Desde el mismo título hubo una intención de realizar una amalgama de imágenes transculturales. En esta novela (La lluvia...) el héroe se enfrenta a su condición de hombre pobre, que necesita tener calzado para demostrar que es digno de una mujer cuya blancura la sitúa en un estrato superior. Los santos, con atribuciones de dioses, con nombres muy cristianos, pero con actitudes muy griegas, son capaces de intervenir en la vida de los hombres y ayudar al héroe a superar las pruebas del destino o a obstaculizarlo. Un destino que es circular, como el de los mayas, pero inevitable como el de los griegos. El héroe, en una traslación del mito de los trabajos de Hércules, lucha contra leyendas locales, puede cazar leones americanos (pumas), lucha contra jabalíes, contra toros, doma potros, enfrentarse incluso a un diablo que se presenta con la faceta de un ingeniero agrónomo, símbolo del progreso que empobrece la tierra. El protagonista, cuyo nombre es Heráclito González (por Heracles) se ve obligado a proteger las fincas de los patrones, quienes en el libro de Marceal Méndez (Los últimos dioses) representaban a la parte inhumana, y tiene que realizar varias tareas para poder ser liberado. La intertextualidad y la interculturalidad se apuntala en el santoral católico y en el manejo del lenguaje. Los santos tienen la virtud de poder ayudar a hombres en corto, siempre y cuando reciban la luz de las veladoras prendidas en su honor. Heráclito por su parte, además de las pruebas físicas, lucha contra la carga que representa el no tener recursos económicos, ni tierra, ser pobre, sabe que ascender en lo terrenal no es sólo vencer criaturas mitológicas sino a un sistema que le exige progreso económico. Y el héroe, contra los dictados, puede volver a la vida porque tiene una maldición, la más bella de las maldiciones: la del amor, uno predestinado, inagotable, aunque occidentalmente romántico.
(Continúa en la siguiente entrega...)
La casa del farallón
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano
No sé cómo alguno de mis ancestros –creo que un oscuro bisabuelo– pudo comprar este farallón que, además de ser parte del mar, extendió uno de sus rocosos brazos hasta un camino sólido y breve que entronca con una carretera de poco uso, pues paralela a ella hay una autopista donde transitan los que vienen o salen de la ciudad donde trabajo.
Vivo solo y a veces, en las noches de luna, puedo ver cerca, desde mi terraza hacia el mar abierto, la cola brillante de las ballenas, el triángulo veloz de los escualos, los brincos alegres de los delfines… Oír el mar para mí es como escuchar el incesante ruido de los autos y camiones para quienes viven en los conglomerados urbanos.
Pero esta noche es especial y el mar parece querer decirme algo distinto con el ronco grito de las olas, que se estrellan violentas contra las paredes pétreas de mi hogar anfibio. También pían los delfines, cantan las ballenas, no como siempre: hay algo detrás de esas notas musicales que antes fueron gratas. Pienso que es el mar diciéndome, gritándome adiós.
Tomo mi auto en la mañana y el camino parece otro. El agua ya no respeta esta vía donde antes pasaron mis muertos, los que vivieron aquí. Las llantas casi desaparecen en el salino e impertinente líquido. Logro salir. El camino ha sido tomado por un oleaje de poco movimiento.
De algún modo lo sabía. Cuando he vuelto a mi casa, ya no existe: se la ha tragado el mar. Busco un hotel en la costa para pasar la noche y me llama la atención el barandal de la entrada, trabajado artística y exhaustivamente con motivos marinos: caballitos de mar, sirenas, corales, algas, esporas, peces…
Me hospedo y, por la noche, dado que no puedo dormir, salgo y me hallo con que el barandal son sólo tablas toscas, atadas con viejas cuerdas. Hay un caballo blanco enfrente, en la calle vacía de automóviles. Camino hacia él y parece esperarme para avanzar despacio. Lo sigo y llegamos a la playa. Entra al mar. Me desnudo y lo sigo. El contacto con el agua me despierta y me doy cuenta que lo de la casa del risco y lo demás fue un sueño.
Vivo en una casa común, en la ciudad. Voy a la sala y levanto el teléfono que tiene una lucecita parpadeante, que interpreto como una silente llamada entrante. Sí es. Una mujer. Me cuenta que acaba de soñar conmigo, que yo vivía en un peñasco que se inundó. Me dice que si puede venir a verme y le digo que sí.
Casi al instante tocan a la puerta y es ella; trae puesta una larga bata blanca y me toma de la mano, me lleva a la playa, me pide que nos desnudemos y nademos. Lo hacemos hasta que cierro los ojos y me doy cuenta, sin que ello me atemorice, que me estoy ahogando, que tengo llenos los pulmones de agua y caigo lento en búsqueda del fondo marino, de las sirenas, los caballos de mar, los corales, el hondo recuerdo de mi casa del farallón…
Despierto de nuevo. Lo de la casa en la ciudad y la mujer era un sueño. Estoy en la terraza de mi farallón, viendo el mar, mi amor, oyendo su canción eterna…
Contactos: hectorcortesm@gmail.com.
Ilustración: HCM
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
«Transcripción de una entrevista que ´jamás´ sucedió, en ningún lugar. Se cambian los nombres de las personas, pero en México, no es.»
EGBEGBEGB
Sobre el autor:
Erik García Briones
Tapachula, Chiapas, México, 1983
Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico
Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.
Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.
La flama y la cicuta II
Por Roger Octavio Gómez Espinosa
[Sobre el artículo:
Un resumen del texto La flama y la cicuta fue leído por el autor como una comunicación preparada para el “IV Congreso Internacional Autores en busca de Autor”, organizado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Proyecto Dios en la Literatura Contemporánea (PDLC), 2020. El artículo completo quizá fue publicado en un libro que recopilaría las memorias del congreso.
En esta serie de entregas estaré presentantando el texto completo.]
La flama y la cicuta II
En el cuento «Mamal Jmol» (Los últimos dioses, de Marceal Méndez), el narrador nos comunica lo que escucha de dos viejos que platican sobre un ermitaño, sabio y poseedor de algún poder, que de vez en cuando bajaba a vender carne a los habitantes del poblado La Libertad. El anacoreta fue acusado por los «mestizos» de robar ganado; fue cazado, emboscado y, finalmente, asesinado. Los jaguares en el monte se alborotan, lloran a su dueño, y sus rugidos llegan a los oídos de los ancianos; la tranquilidad se rompe por el temor de ser atacados por algún jaguar enojado. Los dioses moran aún reteniendo lluvias o mandándolas según su criterio, pero también maldicen a los que obran contra sus hombres sabios. Pero son los viejos quienes en su sabiduría inherente pueden encontrar las palabras para ablandarlos. En los cuentos que Marceal Méndez rescata hay una realidad religiosa, donde no es sorpresa que un hombre pueda convertirse en jaguar y viajar en busca de carne para alimentar a su comunidad, aunque luego los ganaderos vengan a hacer justicia y a acusarlos de robo de ganado y de paso a apropiarse de más tierras de las comunidades indígenas en cuyo acaparamiento incluso participaron los conventos dominicos según Juan Pedro Viqueira en Encrucijadas chiapanecas (190). Pareciera que Méndez mezcla la realidad con lo sobrenatural, y Todorov pudiera asignar una clasificación mágico-realista, pero no, es una realidad muy real en la visión indígena que vive lo religioso como algo palpable.
El término «transescritura» es usado para sustituir el término «adaptación», común en cine, radio y otros medios. Cuando en cine se habla de adaptación de una obra literaria se puede dar cabida a la interpretación de que la obra «adaptada» es superior a la que resultaría después de realizar las operaciones necesarias para trasladar el contenido textual a otros medios. De una forma de expresión artística se traslada a otra y el resultado es una obra diferente. Menciono esto porque me parece que Marceal Méndez realizó una transescritura de la tradición oral de su región. Quiero decir que las voces de los que conocen los mitos de una comunidad y que saben trasmitirla en forma de cuentos orales no ejercen un arte menor ni menos culto. Méndez reúne en cuentos muy bien elaborados y con una técnica muy afortunada historias de una comunidad que nos permiten asomarnos a una cosmovisión compleja y, muchas veces, incomprendida y hasta denostada.
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La visión de la deidad en las culturas trastocadas por el cristianismo genera un sincretismo que puede ser extraño para un europeo o para un europeizado. Tal sincretismo, sin embargo, permeó hasta las esferas de los mestizos quienes, sería de esperarse, guardarían una visión más «pura» de los mitos introducidos por occidente. Por ejemplo, aunque en México actualmente aloja un gran número de credos religiosos –no sólo judeocristianos– por su historia hispánica, predomina el número de ciudadanos que se declaran católicos: 89.3 % de la población según el censo de 2010 (INEGI), sin embargo, por otro lado se puede decir que México no es en su mayoría católico sino guadalupano: en un cerro donde se adoraba a la diosa Tonatzin, madre de los dioses prehispánicos, apareció una virgen, madre del dios cristiano, pero con apariencia morena y con palabras dirigidas a un pueblo al que le costaba aceptar el catolicismo –un catolicismo que entonces hablaba en latín en las misas–. La religiosidad popular, que supo ser aprovechada en aquella época oscura, fue la encargada de la evangelización que daba sustento a la intervención europeo-española en América –cuando hablo de América me refiero al continente América que toca ambos polos de la tierra, no al país Estados Unidos de América.
Tan popular fue esa religiosidad que se usó para concretar, no sólo evangelizaciones sino la conquista. Se puede pensar que la conquista se completó con la caída del imperio Azteca en 1521: fue mucho más tardada que eso, hubo muchas conquistas; el historiador Antonio Rubial García (2019) redondea a tres siglos el tiempo que tomó a España conquistar el territorio de lo que sería la Nueva España. Fray Bernardino de Sahagún, una importante figura religiosa que se identifica por la preservación de muchos documentos originales de las culturas conquistadas y por contribuir con trabajos que permiten concebir una visión indígena de la conquista, fue reacio en aceptar el nuevo culto Guadalupano que finalmente terminó siendo parte fundamental de la evangelización de los indígenas del centro del país y que se irrigó a gran parte del continente, facilitando las conquistas religiosas. Se trataba de una visión femenina de dios, maternal, pacífica y que se acercaba al sufrimiento terrenal, lo cual tenía un componente más indígena que europeo; se arraigó fuerte y permeó muchas capas. ¿Cómo afectó eso a la visión de los herederos de la tierra conquistada: los criollos y mestizos?
La enseñanza seglar en América latina es, por supuesto, euro-centrista, y junto con el eurocentrismo se introdujo una mitología fundacional que ya convivía en los conquistadores con las abrahámicas: la griega, tan fascinante. El mestizo, hijo del criollo (español nacido en el nuevo mundo), el supuesto «heredero», quedó entre cuatro fuentes mitológicas: la indígena, la católica, la griega y la africana. Quede esto como una forma de contextualizar; no hay ninguna intención de polémica, sólo quiero que se conciba una escenografía. En los lugares más apartados del país, como lo fue Chiapas, conviven aún hoy palabras que parecen provenir de un castellano antiguo y en desuso en varias partes del mundo, algunas erradicadas ya de los diccionarios actuales y que sin embargo fueron introducidas por los conquistadores. Incluso muchas leyendas europeas fueron tropicalizadas y muchas otras fueron mezcladas con las que se parecían a las de vena indígena. El trópico alienó incluso a los conquistadores y a sus hijos –basta recordar cómo afectó en la península de Yucatán a Gonzalo Guerrero, el náufrago Español quien antes de concretarse la conquista Mexica se convirtió en maya y murió luchando contra las huestes de Francisco de Montejo–. Se fundaron burbujas culturales, aisladas, que pervivieron con sus propios medios hasta que luego fueron re-occidentalizadas cuando las modificaciones de las metrópolis los volvieron a alcanzar, esto recién en el siglo pasado, como lo constataron los viajeros tsotsiles y otros más. Hoy, en el lenguaje contemporáneo puede notarse innovaciones que la modernidad occidental traía y sigue trayendo, por ejemplo, las trazas de vocablos mal pronunciados de otros idiomas, como el inglés, o reinterpretaciones del cristianismo basadas quizá en "el informe Rockefeller".
(Continúa en la siguiente entrega...)
Aforismos (FCE et al, 2019), de Lev Tostói, es una selección, traducción y prólogo de Selma Ancira, quien dice que Tolstói lo llamó El camino de la vida y estaba dividido en 31 capítulos (p. 11), “con la idea de que el lector pudiese leer un capítulo por día y que la lectura se prolongara a lo largo de un mes. Cada capítulo está dedicado a un tema fundamental: la fe, el alma, el amor, la lujuria, la abnegación, la violencia, el esfuerzo… y juntos dan una idea clara de la doctrina tolstiana”.
Tolstói tomó de distintas fuentes sus aforismos, sin acreditar su procedencia (supongo que Selma fue quien los buscó: aparece hasta Nezahualcóyotl), de allí que, por ejemplo, en sus antologías aparezcan como suyos textos que más bien proceden de otras voces, otros ámbitos. En fin. Tomo varias de sus enseñanzas para compartirlas contigo lector, lectora.
De la sabiduría budista tomó esto (p. 35): “Todo lo vivo quiere lo mismo que tú; reconócete a ti mismo en todo ser viviente”, y casi como consecuencia dice más adelante: “Si todos aquellos que comen animales los mataran ellos mismos, más de la mitad de la gente se negaría a comer carne”.
Su dardo va contra los que critican los defectos de otros (p. 91): “Mientras más inteligente y más bondadosa es la persona, más cualidades ve en la gente, y mientras más tonta y más mala es, más defectos ve en los otros”.
Dice (p. 125): “Perdonar no es decir ‘te perdono’, sino arrancar del corazón el enojo, el mal sentimiento contra el ofensor. Y para lograrlo, es necesario que recordemos nuestros pecados. Si los recordamos, seguramente nos daremos cuenta de que hemos cometido peores actos que aquellos que suscitan nuestro enojo”.
Su libro está, obviamente, encaminado a la bondad, a la luz (p. 130): “Lo más importante para ti es cómo te percibes tú a ti mismo porque de ello dependerá que seas feliz o infeliz”. Cita a Blaise Pascal (p. 188): “El movimiento más pequeño provoca consecuencias infinitas. Todo es importante”.
Rebate el dicho que dice “Habla bien de los muertos o no hables” (p. 191): “¡Qué injusto! Habría que decir lo contrario: ‘habla bien de los vivos o no hables’ ”. Plantea (p. 237): “Un hombre vive para su cuerpo y dice: todo es horrible. Un hombre vive para su alma y dice: no es cierto, todo es maravilloso”.
Sobre la maldad, anota (p. 242): “El mal no existe más que dentro de nosotros, es decir, es un lugar del que puede ser expulsado”. Cita a Nezahualcóyotl (p. 252): “La oscuridad es la cuna del sol, y para que brillen las estrellas es necesaria la negrura de la noche”.
Hace una analogía simple, pero efectiva (p. 262): “La muerte destruye el cuerpo como los albañiles destruyen los andamios cuando el edificio está listo. El edificio es la vida espiritual, los andamios son el cuerpo”. Cita a Dostoievski (p. 271): “El hombre es infeliz porque no sabe que es feliz”.
Está línea de Angelus Silesius me encantó (p. 272): “Si el paraíso no está en ti, nunca entrarás en él”. Y éste (p. 279): “Hay que estar siempre alegres. Si la alegría se acaba, busca en qué te equivocaste”.
Pero la vida de Tolstói fue un desastre, como lo acredita la cronología de Ricardo San Vicente, que se incluye al final. Hasta cuando se enamoró estaba torturado (p. 290): “Estoy tan enamorado como nunca hubiera creído posible estarlo. He perdido la razón, me mataré si esto continúa”. Murió en una estación de trenes, en el frío intenso de su patria. Solo. De neumonía. Tal vez no creyó en lo que escribía…
Contactos: hectorcortesm@gmail.com.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz**
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
**Juan Ángel Esteban Cruz. Cintalapa, Chiapas, México. Diseñador gráfico, maestro en mercadotecnia y publicidad. Su trabajo se ha publicado en numerosos diarios, libros y revistas de México y el extranjero.
La tarde del sábado Bernarda observó atentamente el cielo, estaba gris y se tornó oscuro. Era una señal de que la lluvia no tardaba en llegar. Las nubes se movieron rápidamente y el cielo comenzó a tronar con los rayos. La lluvia se hizo presente en menos de lo que imaginó.
El olor a tierra mojada se fue esparciendo y el viento comenzó a soplar moviendo, primero suave y después con fuerza las hojas de los árboles. Bernarda se quedó contemplando la lluvia desde el patio de su casa, el viento le salpicaba el agua en el rostro como una suave caricia. Cerró los ojos y se dejó llevar por el concierto natural que traía la lluvia, se dispuso a disfrutarlo.
Ese día se encontraba sola en casa, Renato, su compañero, y Mariposa, su perrita, habían salido. Él solía llevar a la cachorra cuando iba a comprarle el alimento. Así que el concierto no tenía el paisaje sonoro de los ladridos de Mariposa que, normalmente, se ponía nerviosa cuando había truenos.
Permaneció con los ojos cerrados y comenzó a identificar la mezcla de sonidos que provocaba la lluvia, en el techo, al rozar con la tierra, el chorro que caía en la tina donde almacenaban el agua, el viento que rozaba con los árboles y los truenos que continuaban haciendo retumbar el cielo.
Le encantaba disfrutar la lluvia si estaba en casa, para ella era un regalo que agradecía, la lluvia era una bendición y le recordaba los regalos que traía para la vida. Vino a su mente lo que escuchaba que decían sus abuelitos en las noches de lluvia, la alegría con que la recibían,
—Cuando cae la lluvia la naturaleza se pone contenta, escuchen el canto de las ranas. No tardará en aparecer el canto de los grillos, una vez que acabe el agua, —decía la abuelita Martina.
Bernarda respiró profundo, sintió que su corazón se apapachaba, como si acabara de escuchar esas palabras y que la presencia de sus abuelitos la acompañaba esa tarde. Cuando cae la lluvia, pensó, la vida se reconforta y el espíritu se fortalece. A lo lejos escuchó el ladrido de Mariposa, era el anuncio de que Renato y ella habían llegado.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.
Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.
Orbes en la frailesca abiertos
Por Roger Octavio Gómez Espinosa
A Hugo Corzo Espinosa,
con un abrazo para Emma, Adriana, Mónica, Vero y Hugo
Orbes en la frailesca abiertos
a golpes de tesitura grave.
Bocado dulce a la ensoñación briosa,
corcoveante y belfos a reventar,
fuerte el reparo,
suave la brida
que sólo él sabía sostener
hasta el justo soplo en que desbocar a las palabras debía.
Y yo que en blanco estoy,
ay, si cabalgar supiera
por los lugares de su infancia,
los que existieron mil veces y los que él mismo creó.
Pero mis palabras huyen, cimarronas, ásperas, torpes
y no puedo llamar
al jinete que se escapa
que espere
que me diga otra vez cómo se puede volar allá
como volaba él.
Paquita estaba acostada en uno de los sillones de su sala, abrazando a su conejo de peluche, su rostro mostraba la tristeza que tenía.
—Toc, toc, ¿hay alguien por acá que me abra la puerta? —Se escuchó la alegre voz de la tía Vero, que como cada viernes por la tarde pasaba a visitar a sus familiares después del salir de su trabajo.
—Mamá abriré la puerta, es la tía Vero —mencionó Paquita.
Luego de saludar a Paquita la tía Vero le dijo,
—¿Y esa carita? ¿Qué te pasa Paquita? Por cierto, es raro que estés en casa, normalmente sales a jugar con tus amistades del vecindario.
—Estoy enferma tía —respondió casi sollozando, mientras se recostaba nuevamente en el sillón.
En ese momento llegó Gertrudis, la mamá de Paquita, saludó a la tía Vero y le comentó que Paquita había tenido fiebre un par de días antes y no podía salir a jugar al patio hasta que estuviera recuperada.
—Ah con que es eso, Paquita si te cuidas y sigues las indicaciones de tu mamá estarás mejor y podrás salir a jugar. ¿Quieres que preparemos juntas los hot cakes que te gustan?
Paquita movió la cabeza, en señal de negación, para luego colocarse en posición fetal.
—Niña, no seas grosera.
—Déjala Gertrudis, está triste. Ya sé, más tarde haremos los hot cakes, mientras te propongo jugar a crear historias, ¿te gustaría?
Paquita levantó la cara y respondió, —¿jugarás conmigo tía Vero?
—Claro que sí, a ver, antes sécate las lágrimas y trae a tu conejo para que también juegue con nosotras. Gertrudis también estás invitada.
Vero las llamó para observar desde la ventana que daba a la calle, como vivían en un departamento en segundo piso, la vista era bastante generosa. Las tres se pusieron cómodas, acercaron unas sillas y para Paquita pusieron un banco más alto para que ella y su conejo vieran mejor.
El juego consistía en mirar con atención qué pasaba en la calle, para que luego cada quien eligiera algo que llamara la atención y a partir de eso crear historias. En la calle había varios personajes, el señor que vendía raspados, la muchacha que iba con su venta de globos, el carro que anunciaba la venta de tamales, los camiones que pasaban constantemente, uno que otro ciclista que asomaba, unas niñas que vendían rosas y la gente que salía de la jamonería que estaba situada en esa calle.
—¿Quién quiere iniciar? —Preguntó Vero.
—Tú tía, para que nos enseñes cómo hacerlo — respondió de inmediato dijo Paquita, quien tenía el rostro más animado y no soltaba a su conejo.
—Muy bien —dijo Vero. La historia es sobre la muchacha que vende globos. Eloisa salió como todas las tardes con su vendimia, sus globos habían sido inflados con gran alegría y había elegido cuidadosamente cada uno de los colores de los globos...
Mientras Vero contaba la historia, Gertrudis observaba a su hija y sentía que el corazón se le llenaba de gusto, vaya que había sido muy buena idea la de Vero para que Paquita estuviera entretenida esa tarde.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.
Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.