Nunca pierdas el tiempo lamentando errores. Basta con que no los olvides.
Sobre el autor:
Erik García Briones
Tapachula, Chiapas, México, 1983
Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico
Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.
Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.
Cada paso, una voz
Por Roger Octavio Gómez Espinosa
Fue exactamente el 27 de enero de 2020 cuando María Gabriela López Suárez me contactó en un mensaje de texto para ofrecerse como escritora voluntaria para el proyecto virtual Letras, ideaYvoz. Damaris, una amiga en común nos había puesto en contacto. Leí uno de sus textos y me pareció simplemente poderoso. De inmediato me puse a trabajar en crear el espacio cibernético para poder alojar su columna Voces ensortijadas. Por fortuna para nuestros lectores, a María Gabriela le pareció bien la propuesta que le ofrecíamos y desde entonces no ha dejado de mandar sus entregas cada domingo. En este libro celebramos un volumen de 100 textos que estoy seguro que se acumularán para 100 libros más.
Hay en las cosas sencillas una grandeza que no puede ser alcanzada por los ambiciosos oropeles. Así, el cuento de la abuela, la receta de la tía, el juego de los niños, una tarde veraniega, un pajarillo herido, la canción que se resiste a dejar de ser tarareada, una mujer trabajando, un ama de casa escogiendo las especias, una marchante o una nube movida por invisibles vientos pueden ser la materia prima con que María Gabriela genera voces, sin aspavientos, que detonan textos capaces de hacer eco en sus lectores. Una a una, cada palabra es enlazada a través de un hilo conductor: la sencillez. Es esto lo que da poder a la voz de esta escritora y empodera al mismo tiempo a los protagonistas de sus microensayos: la gente común: como tu, como ellas, como nosotros, como vos, como yo.
Esta escritora no es improvisada, además de catedrática tiene un grado de doctora por la Universidad de Alicante, y muchos otros estudios en el ámbito de la investigación intercultural, mas sospecho que no es de su trayectoria académica de donde saca la técnica para indagar en la vida diaria y trasladarla al ámbito ensayístico. Hay una sabiduría profunda que quizá nace de la intuición y de un sentido especial para detectar, en la cotidianidad, lo extraordinario. La sabiduría ancestral de quien escucha a los mayores.
Cuando buscaba escritores para este proyecto comenté que el objetivo era estimular la lectura. Con los textos de María Gabriel aquello es trascendido. Además de haber alcanzado a lectores de muchas latitudes, no sólo estimula la lectura sino la escucha y, también, el gusto por observar los detalles.
No soy precisamente un hombre religioso, sin embargo, confieso, con cada lectura a la columna Voces ensortijadas me nace dar gracias por estar, por saber que cada uno de nuestros pasos es una voz que se ensortija en un entramado de pequeños acontecimientos que provoca el pulso de sentirse animado. Con una vida que espera, simplemente, ser vivida.
Agradezco con profundidad a esta escritora el permitirnos compartir sus letras en el ejercicio virtual Letras, ideaYvoz. Festejo su gran generosidad y, con esto, hacernos generosos.
***
[Se publica, por fin, el Volumen I de un libro llamado Voces ensortijadas que recaba las primeras 100 columnas que fueron publicada en Letras, ideaYvoz. El presente texto es una brave introducción que acompaña dicho libro]
Ilustración: Erik García Briones. «Carátula del libro Voces ensortijadas, editorial Tifón»
La lengua común del desamor
Héctor Cortés Mandujano
Me gustó por varias razones Solitario de amor (Grijalvo, 1988), de Cristina Peri Rossi: el narrador es un hombre apasionado por una mujer (las mujeres suelen escribir sobre mujeres o desde el punto de vista femenino); no elude las escenas sexuales ni algunas que pueden ser desagradables (a mí lo narrado sobre la saliva me da un poco de asco); su texto alcanza niveles poéticos, sin detrimento de su raíz narrativa…
El hombre permanece innominado, la mujer se llama Aída. Ella ha sido casada (tiene un hijo) y ha tenido varios amantes. El narrador la ama sin pausa, con furor. Él habla de cómo puede verse en los quioscos, en las calles, pornografía explícita (p. 8): “La obscenidad es pública, ya no produce ni excitación ni sorpresa”.
Dice que Aída (pp. 9-10) “sale del amor con un extraordinario vigor para las cosas cotidianas. Como si el amor hubiera sido sólo una pausa en los quehaceres, una isla fugitiva en el mar espeso de la rutina”.
Hace una larga enumeración de las cosas que ama de ella, aquí algunas (pp. 15-16): “No amo sus olores, amo sus secreciones. […] La espléndida y sonora orina de caballo que cae como cascada de sus largas y anchas piernas abiertas. Nazco y me despojo de eufemismos; no amo su cuerpo, estoy amando su hígado membranoso de imperceptible pálpito, la blanca esclerótica de sus ojos, el endometrio sangrante, el lóbulo agujereado, […] las raíces de los dientes, el lunar marrón del hombro, […] el pequeño clítoris engarzado en la vulva como un faro”.
A veces le da la voz a ella (p. 20): “El lenguaje lo inventaron las mujeres para nombrar lo que parían –dice Aída desde la cama”.
El narrador tiene un amigo, que también habla (p. 36): “Hay una sola casa en la vida de cada uno –dice Raúl, repartiendo las cartas sobre la mesa, para resolver un solitario–. Y es la casa de la infancia. En esa nos quedamos para siempre. Las demás sólo son simulacros, sucedáneos”.
Otra vez él (p. 39): “Los hombres –dice Raúl– nunca dejan de ser niños. Y las mujeres nunca son más que madres”.
Una gran verdad (p. 58): “El amor no es gregario: es para dejar de amar –o para huir del amor– que el hombre se vuelve social”. Dice más adelante (p. 82): “Si renuncio a mi amor por Aída, puedo volver a ser social, gregario; podré hablar la lengua común, la del desamor”.
Dice Aída que los hijos sólo son de las madres (p. 69): “La participación de un hombre en el nacimiento de un hijo es mínima: sólo unas pocas gotas de semen que prodiga de manera poco selectiva y hasta inútil: las pierde cada día en las sábanas o en los pantalones, las derrocha en cualquier agujero. Ningún hombre puede saber lo que es tener un hijo. Sólo las madres lo saben”.
No se lo dice a ella, lo escribe (p. 130): “No, Aída: el dinero no es de nadie. Por eso puede perderse y ganarse; porque, en realidad no tiene dueño. El dinero es tránsito, desposesión, abulia. Más allá del que necesitamos para comer y para estar abrigados, el dinero es hastío”.
Me encantó el proverbio hebreo que usó como epígrafe del último capítulo (p. 183): “Cuando la pasión te ciegue, vístete de negro y vete adonde nadie te conozca”.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz**
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
**Juan Ángel Esteban Cruz. Cintalapa, Chiapas, México. Diseñador gráfico, maestro en mercadotecnia y publicidad. Su trabajo se ha publicado en numerosos diarios, libros y revistas de México y el extranjero.
Los cruceros de la vida
Por Maria Gabriela López Suárez
El reloj marcó las 9:30 de la noche, Matilde se apresuró a cerrar su mochila y salir rápidamente de su trabajo.
—Hasta mañana —dijo, al tiempo que levantaba la mano para despedirse.
Mientras iba caminando murmuraba,
—A ver si alcanzo la combi, llegaré casi rayando a la parada. En mal momento se retrasó Alberto y yo que me ofrecí a cubrir un rato más en la tienda. Pero quién me manda, claro que cuando yo necesite un favor él me lo hará, eso espero.
Seguía refunfuñando en su camino a la parada, observó que había pocas personas en la fila.
—Menos mal, creo que si alcanzo lugar. Ahora falta que venga el colectivo. Llegaré tarde a casa y aún tengo que leer para hacer el resumen que pidió la profe de Lectura y redacción.
La combi demoró alrededor de diez minutos en llegar, la gente subió y Matilde se acomodó al fondo, en un lugar al lado de una ventana. Reclinó su cabeza sobre el cristal, tenía sueño. En el alto de un semáforo, justo en un crucero, observó a un niño como de seis o siete deaños, vendiendo ramos de flores. Lo siguió con la mirada hasta que lo perdió de vista. Lo buscó cuando el colectivo retomó su camino y lo vio sentado sobre una piedra. Se veía cansado y con sueño, sin soltar los dos ramos de flores, uno en cada mano. Vinieron muchas preguntas e ideas a la mente de Matilde,
—¿Quién le comprará flores a esta hora? ¿Quién acompaña al niño a vender? Estar en ese lugar no es seguro. Debería estar en su casa, descansando, preparándose para ir a dormir y madrugar para ir a la escuela. ¿Ir a la escuela? Es probable que el niño no vaya…
Se quedó pensando en que ella reclamaba por salir un poco tarde del trabajo, cuando tenía la fortuna de ir a la escuela por las mañanas. Estudiar y trabajar le resultaba algo complicado pero se había propuesto esforzarse para poder continuar sus estudios porque la situación económica en su familia era precaria. Una de sus ventajas era tener libre los fines de semana y ahí compensaba tiempo para avanzar en sus demás actividades. No cabía duda que los cruceros de la vida mostraban las distintas realidades y eso la invitó a valorar más lo que tenía.
—¡En la parada, por favor! —se escuchó una voz fuerte. Era un pasajero que había llegado a su destino.
Matilde se percató que estaba próxima a llegar a su parada. Se fue acercando a la puerta al tiempo que venía a su mente la imagen del niño en el crucero.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Horizonte de sucesos
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano
Sus ojos tan tristes
como los de un pescado muerto
David Martín del Campo, en «El sentadito»
Horizonte de sucesos se dice en ciencia cuando cualquier objeto se acerca a un agujero negro en el universo y es tragado por él. En la vida, con perdón de los científicos, hay momentos en que uno se acerca a una fuerza que nos toma como suya.
Yo había dejado a una mujer, particularmente amada en un principio, especialmente odiada después, y ya no quería ninguna más cerca. La fuerza centrífuga de ésta a quien no nombraré, me llevaba hasta el hueco donde desaparecían no sólo mis energías, sino mi tiempo, mis intereses, mi vida. Giraba en torno a ella casi siempre y luego, vencido, entregado, sin defensas, caía en ella. Salirme era un triunfo, un vacío insomne. Creí que siempre estaría en su órbita y que para mí había escrito Lorca esto: “No puedo oírte. No puedo oír tu voz. Es como si bebiera una botella de anís y me durmiera en una colcha de rosas. Ya me arrastra, y sé que me ahogo, pero voy detrás”.
Hasta que al fin pude alejarme y sufrí como un perro herido, hambriento, enfermo y a la intemperie.
Dejaría el sexo, me volvería célibe a fuerza de no tocarme ni dejar que me tocaran.
Así las cosas, busqué la compañía de gente mayor, hombres y mujeres, con quienes conversaba de temas serios y bebía con la moderación que ellos y ellas lo hacían. Ya no tenían pasiones, sino enseñanzas, sabiduría. Sus huesos ya no ardían y el corazón era, en todo caso, un pequeño fogón con el calor necesario para seguir viviendo, sin dar las llamaradas terribles que el mío daba cuando estaba girando en el mundo de pasión donde había vivido con aquella, de cuyo nombre no quiero ni acordarme.
Uno de los viejos me invitó a su rancho. Era criador de caballos finos. Me sorprendió la limpieza de los campos (como si los hubieran bañado y peinado) y el orden de los postes de alambrado; parecía aquello hecho con cálculo y maestría, con pulso matemático. Nada fuera de lugar: ni un montón de tierra por allí, ni una rama pudriéndose. Me di cuenta que tenía un ejército de trabajadores y, seguro, un capataz muy riguroso, muy capaz.
Entramos al corral y había sólo una yegua y su potranca. La yegua volvió la vista y al reconocer, supongo, a su dueño, decidió ignorarnos; la potranca, hermosísima, de patas perfectas y ojos brillantes, me vio y vino hacia mí.
Yo no tengo práctica alguna con animales y no supe qué hacer. El viejo me dijo que no me moviera. El bello ejemplar resopló sobre mi cara y luego lamió mi cuello, me mordisqueó una oreja.
—Le gustas –me dijo.
—¿Y qué hago?
—Mueve las manos con lentitud, acaríciala.
Puse mis manos sobre la crin color miel y luego sobre el hocico pequeño y suave; la acaricié en el medio de la frente, y luego el pecho. En esos momentos orinó con un chorro poderoso, que me inquietó.
—Le gustas, orinó de la emoción, debes oler a caballo –dijo el viejo.
—Ella es preciosa, también me gusta mucho. ¿Qué más hago?
—No la puedes montar, porque no aguantaría tu peso. Quédate con ella, ahora vuelvo.
La potranquita, cuando se fue el viejo, puso su cabeza sobre uno de mis hombros y cerró los ojos. Suspiró. El viejo fue por una cámara y nos tomó una foto que nos muestra a ambos con los ojos cerrados, las cabezas unidas y tal vez soñando con el amor, con un amor, con la imposible posibilidad de que ella encuentre el caballo perfecto y yo la mujer de mis sueños…
Contactos: hectorcortesm@gmail.com.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Los hijos de Torres
Por Roger Octavio Gómez Espinosa
Hace algunos años me tocó presenciar una clase de Jorge Volpi sobre literatura de no-ficción. Traté de buscarla en las redes, no la encontré. Rescato de mi memoria breves registros y que me parece agregan a este ejercicio de promover la lectura. Por un lado, trató el tema de A sangre fría de Truman Capote como una novela considerada fundacional del género, (recordemos que incluso Capote intentó desmarcarse del Nuevo Periodismo Norteamericano) sin embargo, agregó que una novela latinoamericana, de Jorge Walsh: Operación masacre (1957) se anticipó a Capote quien publicó la suya en 1966. Lo cierto es que Capote tuvo un gran éxito y es probable que muchos de los que lo acompañaron tomaran de él y no de Walsh los elementos para la literatura basada en abordaje de hechos no-ficticios.
Volpi indicaba que la literatura de no-ficción tenía la ambición de ser tratada como ficción, pero con gran apego a hechos reales donde hasta los detalles mínimos, como la ropa de los personajes, debería tener una base real o, al menos, documentada.
Otra cosa que recuerdo de aquella clase es que recomendaba ver “Fargo” (la serie y la película) de los hermanos Coen y que nos fijáramos en un detalle: que pretendía estar basada en hechos reales. Aunque los hechos de Fargo son ficticios, el simple hecho de mencionar que está basada en hechos reales cambiaba la percepción del espectador.
Esto último me lleva a la otra obra: Jusep Torres Campalans, de Max Aub. En el libro La broma literaria en nuestros días: Max Aub, Francisco Ayala, Ricardo Gullón, Carlos Ripol, César Tiempo; Estelle Irizarry engloba a esta obra de Max Aub, precisamente, como una broma literaria. No estoy muy de acuerdo con Irizarry, pero júzguelo usted en la siguiente liga:
Disponible en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-broma-literaria-en-nuestros-das--max-aub-francisco-de-ayala-ricardo-gulln-carlos-ripoll-csar-tiempo-0/html/ff121e92-82b1-11df-acc7-002185ce6064_5.htm, consultada el 17 de marzo de 2021).
Estaría más de acuerdo con la idea de que Aub se adelantó a muchos, incluido los Coen, para cambiar la percepción del receptor, de tal manera que, al plantear una realidad, sin aclarar que fuera basada en la ficción, se estaba desarrollando un planteamiento de no-ficción o, en términos actuales, haciendo un “pacto ambiguo” con el desconcertado lector. Jusep Torres Campalans (1958) –también anticipada a la de capote– es tomada por muchos críticos como una gran broma, sin embargo, una broma que ha hecho dudar a los menos expertos sobre la existencia o no de un hombre real apellidado Torres Campalans.
Yo soy de Chiapas, el lugar en México que indica Aub como punto de retiro de el “genio” de la pintura biografiado por Aub, conozco a personas que aseguran conocer a personas que conocen a su vez a descendientes de Torres viviendo como campesinos en la sierra Chiapaneca; a veces las bromas se vuelven realidad, porque en mi tierra también ronda el fantasma de Bruno Traven y de otros tantos que la visitaron.
¿Qué tipo de obra son?, me preguntan.
A sangre fría, de Capote es, para mí, literatura de no-ficción. Usa un hecho real, pero con las herramientas de la literatura para ser presentada.
Jusep Torres Campalans (1958), de Max Aub, no sé qué decir. Usa elementos que usualmente eran documentos para plantear un hecho real y demostrar veracidad (más que verosimilitud) para presentar un hecho ficticio. ¿Literatura de no-ficción de ficción? Mi opinión es que quizá no-ficción es más bien un nombre que apela a los recursos usados para conformar obras de este tipo. Lo que tengo claro es que no son bromas.
Pero, insisten: ¿en qué lugar de mi librero las pondría? En las de no-ficción, a ambas, incluído a Walsh.
¿Qué opinas avispado lector?
Trailer Acrofobia, Marabunta Colectivo Escénico y Telar Teatro
Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.
Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.
¿Cuándo nos ha detenido la lluvia?
Por Maria Gabriela López Suárez
Belén detuvo la escritura en la computadora, tenía una serie de nudos en la garganta que le impedían concentrarse. Se soltó en llanto sin poder contenerse, las cosas en su nueva encomienda laboral no iban como ella deseaba. Aunque la estancia sería breve ahí, echó de menos estar cerca de su terruño, familia y amistades, le vendría muy bien estar con ellas y poder desahogarse.
Lloró hasta quedar sin que le saliera una lágrima. Sintió que el pecho había descansado, como si se hubiera quitado un peso de encima. Respiró profundo y se levantó para irse a preparar una taza de café. Fue a la cocina, se dio cuenta que se había terminado el café y también sus opciones de té. Eso era un buen pretexto para hacer un receso y salir a despejar la mente. Apagó la computadora.
Antes de salir fue al baño, se lavó la cara, tenía los ojos hinchados. Se acomodó el cabello, se puso brillo labial y se dispuso a ir por el café. Al abrir la puerta de la casa sintió olor a tierra mojada, observó el cielo, estaba lleno de nubarrones grises, —Lluvia segura —pensó. Se colocó sus botas de plástico y jaló su impermeable.
Había caminado alrededor de dos cuadras cuando comenzaron a caer leves gotas de lluvia, por unos instantes dudó en seguir y regresar a casa, vino a su mente una frase que Julián, su compañero de vida, le había dicho en alguna ocasión, ¿cuándo nos ha detenido la lluvia?
En efecto, vinieron a su mente como a manera de cascada la serie de peripecias que habían tenido bajo la lluvia y cada una formaba parte de las memorias inolvidables. Así que decidió continuar su recorrido, se colocó el impermeable, pensando que si la lluvia comenzaba a caer con más fuerza buscaría refugiarse en alguna tienda o cafetería más cercana.
Continuó su camino y la lluvia cesó, se quitó el impermeable, escuchó que unas chicas murmuraban entre risas y una comentó en voz alta,
—Les dije que llovería, ahora siento que está empezando más fuerte la lluvia.
—No te preocupes, mejor nos apuremos para llegar a nuestro destino.
Ella siguió esa sugerencia y apresuró su pasó, le dio tiempo de comprar café, té de limón y de canela, no pudo resistirse a comprar unos panes y unos tamales de mole verde con pollo. A medida que avanzaba se daba cuenta que no había ninguna gota de lluvia aún. Cuando estaba alrededor de tres cuadras de su casa se percató que las calles y banquetas tenían rastros de que había pasado una fuerte lluvia por esa zona. Y ella ni enterada, sintió como si la lluvia la fuera persiguiendo y no lograra alcanzarla. Le faltaba una cuadra para llegar a su vivienda cuando comenzaron a caer las gotas de agua con fuerza, se colocó el impermeable y disfrutó el ruido que hacía la lluvia. Al fin había llegado a casa, acompañada por la lluvia de inicio a final.
Resonó en su mente: "¿Cuándo nos ha detenido la lluvia?" Qué razón tenía Julián con esa frase, respiró profundo, pensó que eso también aplicaba ante las situaciones difíciles, había que continuar caminando, las soluciones vendrían en el momento oportuno. Su teléfono celular sonó, era Julián.
—¡Hola amor! ¿Cómo te va? Viejito morirás, justo me estaba acordando de ti.:
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
El arte de matar por descuido
Por Roger Octavio Gómez Espinosa
Me encontré con una breve selección de cuentos que realizó para fines didácticos la profesora Celia Corral Cañas cuando fui estudiante de un Máster en creatividad Literaria en la Universidad de Salamanca:
• Gabriel García Márquez, “Sólo vine a hablar por teléfono”.
• Julio Cortázar, “Bestiario”.
• Paloma Díaz Mas, “La niña sin alas”.
• Samanta Schweblin, “Pájaros en la boca”.
Les comparto las impresiones, también breves, que entonces tuve y que me parece que te puede servir a tí, estimado lector, para recrear esa magia que la cuentística puede brindarnos:
1
Es una línea delgada, y hasta subjetiva, la que separa el mundo de los cuerdos del de los locos. Esta parece ser la tesis de García Márquez en "Yo sólo vine a hablar por teléfono", título endecasílabo y bien logrado, considero, aunque no tan poderoso como otros; menciono esto porque en García Márquez los títulos de sus cuentos son por sí solos objeto de análisis, al menos para mí. En este cuento a partir de un accidente menor se tuerce el rumbo de una historia que pudo haber sido simple para tomar una camino existencialista y absurdo, de manera hábil, en la línea de Camus.
2
García Márquez tiene una manera de escribir contagiosa, con una sencillez que es producto de una habilidad complicada, diría que prodigiosa, algo así como el abrazo de oso de Herculina: “entrenada en el arte de matar por descuido”. Con tanta fuerza abrazó y abrasa (válganme la “s” y la “z”) que influyó a muchos escritores, varios se consumieron en su estilo, pero otros más lograron textos como el de Paloma Díaz Mas en "La niña sin alas", donde una niña precisamente no tiene alas en un universo donde volar es para los humanos tan normal como para nosotros nacer con cinco dedos en cada mano. Ya que arriba mencioné el asunto de los títulos, me parece que Díaz Mas nos quedó a deber con el suyo, poco agregó a la historia y nos dio información anticipada que quizá a algunos lectores avispados no les guste. No es fácil ser Paloma en una selección que tiene a Cortázar y García Márquez. Sin embargo, este cuento me hizo pensar en que puede servir para un análisis de iceberg, hay una porción mayor debajo de lo que se asoma en el texto, temas ordinarios que son tratados bajo otra perspectiva. Los hombres que vuelan son un tema recurrente en la imaginación popular, la maternidad, las capacidades diferentes; lograr que esos temas vuelen con honestidad y darle una buena vuelta de tuerca es el diferencial a perseguir.
3
Cómo disfruté leer a Samanta Schweblin, "Pájaros en la boca", no la conocía. El cuento nos lleva a un final esperado y, sin embargo, acudí con gusto a ese final gracias a la limpieza con Schweblin trata el cuento.
4
Cortázar, por su lado, en Bestiario, ¿qué se puede agregar a “Bestiario” que no se haya dicho?, quizá que es de esos textos que me gustaría haber escrito y a los que aspiro alcanzar. Nos traslada a un ambiente donde cabe lo realmaravilloso, pero con una mayor exigencia al lector y en esto supera a los cuentos anteriores de la selección. Es Cortázar, no se puede estar distraído ni andar con paso flojo porque lo deja a uno rezagado. Como ya saben, “Bestiario” (el cuento) es parte de una colección de cuentos recabada en un libro también llamado Bestiario, donde la realidad es trastocada de tal forma que arrasa al lector, me parece que es acá donde Julio ya muestra el estilo cortazariano en su pureza. Las bestias no son como en otros libros con títulos similares, de otros autores, de apreciación “zoológica” sino de bestialidad psicológica y monstruosa. Ríos de tinta han corrido y siguen manando. Es un texto impresindible que debes leer una y otra vez.
Trailer Acrofobia, Marabunta Colectivo Escénico y Telar Teatro
en ese momento las habría atravesado de una zancada
Sarrasine, de Balsac
Como aguas de río caudaloso, salido de su cauce por las lluvias, rápidas se leen las páginas de La nana Concepción (Universidad Autónoma de Nayarit-Editorial del Lirio, 2022), del narrador chiapaneco Luis Antonio Rincón García, quien ganó con ella, en 2020, el Premio Nacional de Novela Breve “Amado Nervo”.
Cada capítulo, de los ocho que la conforman, ofrece novedades y encandila a los lectores, lo que nos es fácil para cualquiera que se precie de inventar historias y escribirlas.
El capitán Ajab y Moby Dick, de Melville, y El viejo y el mar, de Hemingway, por citar dos ejemplos conspicuos, parecieran no modelos en la lucha entre un ser humano y un animal, que ocupa el centro anecdótico de esta novela de Luis Antonio, pero sí familia ascendente del cocodrilo, la Matilde y la nana Concepción.
Rincón García, sin embargo, es fiel a su tierra y, aunque no menciona con precisión el lugar donde trascurre su historia, es evidente que es en Chiapas, donde se insulta con tanta sabrosura como lo hacen entre sí la Matilde y la nana, y donde los ríos inundan cada año a las comunidades que no sólo tienen que lidiar con sus atrasos ancestrales, sino también con los desastres naturales que se han vuelto, lamentablemente, sempiterna costumbre.
La nana Concepción vive en una aldea pobre, con los tres nietos que un hijo y su nuera le dejaron en resguardo mientras ellos buscaban nuevo futuro en los Estados Unidos de América. La Matilde es una muchacha que también ha sido abandonada, por las mismas razones, por sus padres, y se ha hecho cargo del cuidado de sus hermanitos. Para paliar el hambre no le importa robar y, por eso, estas dos mujeres que alguna vez fueron amigas ahora no lo son tanto. Y juntas tienen que hacer frente a la inundación del pueblo, salvar a sus pequeños, y en una escena que dura varios capítulos de tensión dramática, enfrentarse a un cocodrilo cuya única misión, parece, es comérselas.
Hay un par de flash back esenciales. Uno para conocer la fuerza de quien antes fue Conchita y ahora es la nana Concepción: se enfrentó a un toro furioso a quien todos temían, y otro para conocer la capacidad criminal de un cocodrilo, que fue muerto –y el guiño es muy claro– por Miguel Álvarez.
Planteada la lucha entre dos mujeres y un cocodrilo, la novela transcurre con sobresaltos y administrada tensión. No se puede suponer el final, porque los dados narrativos no están cargados en uno u otro sentido, y eso hace que leamos la novela como si nosotros pudiéramos ayudar a la sobrevivencia de los protagonistas (las mujeres y el cocodrilo), como si pudiéramos hacer que deje de llover o que el río dé alguna alternativa a las mujeres que, en un precario techo, tienen que enfrentarse con un adversario terrible o que el pobre cocodrilo hambriento ya coma de una vez.
Tengo la suerte de conocer a Luis Antonio desde antes de que formalmente se convirtiera en escritor; lo he visto comenzando, avanzando, creciendo y ahora me da mucha alegría ver cómo su nombre se consolida como el de uno de los narradores jóvenes más productivos, más premiados y con la mirada panóptica como para abordar con éxito varios géneros: su primer libro fue un ensayo, y ya ganó premios como cuentista, como autor de novelas, como dramaturgo y muy recientemente como poeta. No hay que ser un genio para suponer que en su futuro habrá cada vez más y mejores trabajos literarios. Ya venció en muchas batallas contra la página en blanco, pero le quedan cientos de páginas para encantarnos, para llegar a nuevos puertos, para seguir enriqueciendo la literatura de Chiapas, su tierra amada.
[Texto leído en la presentación de La nana Concepción, de Luis Antonio Rincón García. Telar Teatro. 12 de agosto 2022. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.]
Contactos: hectorcortesm@gmail.com.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).