Trabajo en alturas. 22. Golondrinas en los caparazones de las tortugas. Roger Octavio Gómez

Golondrinas en los caparazones de las tortugas
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

No sé cuándo concibió Cortázar el universo de los "Cronopios", "Famas" y "Esperanzas". Sé que en 1962 fue publicado Historias de cronopios y famas. Gracias a la publicación póstuma de Papeles Inesperados, puedo saber también que el propio Cortázar se asumió o intentó asumirse como Cronopio. En la introducción a Rayuela de mi libro editado por Cátedra mencionan Historia de cronopios... como divertidas (2018: 18) y en la introducción a Cuentos completos/1, Mario Vargas Llosa las menciona como “el más travieso de sus libros” (Cortázar: 2009: 16), además de asegurar que para Julio Cortázar escribir era El Juego.  
          En Bob Dylan el mundo también es un juego para los maestros de la guerra: Masters of war/ Build to destroy/ you play with my word/ like it`s your litle toy...  El juego y la travesura, aunque suelen ser divertidos, no son algo inocente o inofensivo. Grandes fuerzas se mueven y nuevos universos nacen para irremediablemente tocar el nuestro. Estoy de acuerdo, Cortázar juega con las palabras; se divierte, quizá; mas no considero que escriba con inocencia ni sólo para divertir.

1962 fue el año de la “crisis de los misiles” posicionados en Cuba, el año del encarcelamiento de Mandela y la muerte de Marilyn Monroe. Un año antes, 1961 prometía cambios de rumbo: Kennedy había asumido la presidencia de Estados Unidos y muerto Leónidas Trujillo en República Dominicana, Yuri Gagarin se inmortalizaba con el primer vuelo espacial, en Alemania se levantaba el muro de Berlín y en América fallaba la invasión estadounidense de Bahía de Cochinos. Los años 60 fueron la década en la que la música popular “pasó de estar sometida al férreo control de la industria a convertirse en vehículo para la total libertad de expresión” (Paytress, 2016: 43) Los hijos de los baby boomers buscaban el timón. La década de Rayuela, donde la música era jazz evocando libertad, o el ansia de esta.
           Los estudiantes de Francia en el 68 hacen una revuelta que tiene eco en varias partes del mundo, los de México, en Tlatelolco, son corderos enmudecidos por una matanza. Varias paredes tenían grafitis con la imagen del Che Guevara, muerto en 1967 en Bolivia. Los 60 parecen una época en la que “mano dura” se blande con orgullo, los capitanes no sueltan el timón a la juventud “desenfrenada” que sube la voz y busca medios para expresarla. Esperanzas contra Cronopios, quizá, o contra Famas.  
            En 1971 Pablo Neruda recibe el premio Nobel y como nos refiere el propio Cortázar en Papeles inesperados, el Club de Estocolmo le regaló un Cronopio de Felpa que Neruda festejó con un mensaje: “¡Cronopios de todos los países, uníos! Contra los tontos, los dogmáticos, los siniestros, los amarillos, los acurrucados, los implacables, los microbios. ¡Cronopios! ¡De frente, marchen!” (2009), era 1971, México reprimía de nuevo con violencia a sus estudiantes y 2 años después el golpe militar de Chile le hizo recordar a Julio aquella frase y Neruda moría en un hospital que dictaminarían como muerte por cáncer de próstata. En 1972, febrero, sucedía la masacre del Domingo Sangriento en Irlanda del Norte. La mano dura se prolongaba. Septiembre negro en las Olimpiadas de Múnich. 
            La frase-reacción de Neruda quizá pueda darnos una pista de cómo fue la recepción del libro de Cortázar en ciertos círculos. El año de su publicación, la época, arroja pistas del contexto en que salió a la luz y la posible lectura que tuvo, además de la de los lectores que sólo vieron en ella textos divertidos. 

¿Por qué Historias de cronopios y famas me lleva a buscar en los hechos periodísticos y populares para clasificarlos como si el mundo cambiara cada 10 años? Baby boomers, X generations, zombies y demás. 70`s, 80`s, 90`s, actualidad. Quizá porque somos clasistas y clasificacioncitas para explicarnos el mundo. Necesitamos crear testigos, reaprender y registrar las cosas nimias, las que nos parecen grandes y no lo son, las que nos parecen pequeñas y tampoco lo son: cómo se suben las escaleras, lo que un reloj significa, cómo hay qué comportarse en un velorio, cómo llorar, cómo tener miedo. 
              En mi primera juventud me tocó vivir una época donde la guerra que más llamó la atención fue la de la Coca Cola Company versus PepsiCo, donde la televisión era el instrumento para dirigir a la opinión pública, en un país donde se dictaba la vida pública e intelectual bajo el control de un partido político hegemónico. El mundo que aparecía ante mis ojos era una enorme cortina de humo que alternaba con electrones que se ordenaban en un cinescopio. La comunidad intelectual, como en el pasado porfiriano de México, se plegaba al hombre en el poder y lo aplaudía. Cronopios, Famas y Esperanzas eran anécdotas que pocos alcanzaron a comprender y que, sin embargo, partiendo de la aparente inocencia y basados en lo divertidos que parecían, estos relatos dejaron semillas que germinarían en la maduración de lectores posteriores. 

Historias de cronopios y famas es un libro de relatos que está dividido en cuatro partes: "Manual de instrucciones", "Ocupaciones raras", "Material plástico" e "Historias de cronopios y famas".
	La cuarta parte a su vez está dividida en dos secciones: I. Primera y aún incierta aparición de los cronopios, famas y esperanzas. Fase mitológica; II. Historias de cronopios y famas.
          En el cuento con que abre la “Fase mitológica”, "Costumbres de los famas", un Fama que baila Catala y Tregua frente a un almacén es agredido por Esperanzas. —Permítame iniciar con mayúsculas en los personajes de este universo cortazariano—. Cortázar nos narra en tercera persona la suerte de un Fama agredido por unos Esperanzas y quien termina, de alguna manera, confortado por unos Cronopios. El narrador nos explica que el Fama había sido lastimado por los Esperanzas ya que los provocó bailando tregua y catala, que en este universo es considerado irritante tanto por Cronopios como por Esperanzas. Un Esperanza pide al Fama que no baile tregua y catala, que en vez de eso baile algo llamado espera. El Fama no hace caso y sigue, provocador, con su danza. Una pandilla de Esperanzas reduce a golpes al Fama. Al parecer los Cronopios, aunque se han molestado también con la impertinencia del Fama, son más tolerantes y se compadecen del Fama herido. La manera de confortarlo es rodeándolo y diciéndole: “Cronopio cronopio cronopio”. Los Esperanzas, que además usan como asistentes unos peces de flauta, “como el Rey del mar” aclara el narrador, lo han dejado ahí, en una soledad pesada que se aligera con las palabras reconfortantes de los Cronopios.
           Bajo la borrosa lupa de una primera lectura el cuento tiene la apariencia sencilla, juguetona y traviesa que otros lectores han visto, en apenas 23 líneas se asoma en el mar de la literatura lo que parece ser un minúsculo témpano que boga con impulso propio. Un tempanito “inocente” y casual. Los marineros avezados deben reconocer que es peligroso minimizar los icebergs por pequeños que parezcan, pero suelen olvidar comentarlo a sus vigías. 
	"Costumbres de los famas" parece un cuento absurdo y, sin embargo, abre el portal de un universo paralelo, nuevo en cada lectura, donde los organismos se agrupan en clases cuyos comportamientos están definidos por sus prototipos. 
            Recordemos que para Julio Cortázar el cuento equivale a una fotografía que recorta un fragmento de la realidad, pero “de tal manera que ese recorte actúe como una explosión que abre de par en par una realidad más amplia, como una visión dinámica que trasciende espiritualmente el campo abarcado por la cámara.” (Aspectos del Cuento, Julio Cortázar, cit. en Nguyen Baraldi 2020). Si vemos este cuento como una fotografía quizá podríamos describirla como sigo:
           Un Fama yace ensangrentado, rodeado por Cronopios, “esos objetos verdes y húmedos”; al fondo, los agresores se retiran impunes. No es una imagen divertida, aunque esté protagonizada por seres de apariencia ingenua que se desplazan por un mundo duro, frio, intolerante. Es casi la fotografía que vi en las noticias matutinas y que me llegó de un usuario de redes sociales: un hombre sangriento rodeado por otros seres que con sus celulares le tomaban fotografías y videos que pronto subirían también a las redes sociales para denunciar la impunidad con que el crimen organizado ha actuado. Con la diferencia que nadie dice: "Cronopio cronopio cronopio".
           No es que Cortázar nos advirtiera futuros ni que percibiera que sus textos seguirían vigentes, él sólo fotografiaba una impresión de su momento y la revelaba, pero la visión espiritual de la imagen trascendía el foco de lo que el escritor era testigo. De esta manera el texto (si es bueno) sobrepasa la época y el momento, porque nos deja apuntes de una realidad que puede acoplarse a otras realidades, y épocas. Somos nuevos lectores los que hoy hacemos recepción de estos cuentos, en épocas nuevas, circunstancias distintas y, sin embargo, descubrimos que somos tan Cronopios, tan Famas, tan Esperanzas. Cortázar sólo había oprimido un obturador para congelar una imagen en la que cambiaban los paisajes, más no los protagonistas. 
            El lenguaje es sencillo y claro, lo cual, si se considera que existe una receta en la que para escribir historias complicadas hay que optar por la redacción sencilla, pensaríamos que optó por esta, pero siguiendo a Hemingway, los vigías nos deberían advertir que estamos ante un iceberg descomunal, mas como dije antes: nunca lo hacen y nuestras naves soberbias se hunden, pesadas y torpes, cada que releemos textos como Historias de cronopios y famas y no encontramos explicaciones hasta que el mar helado de nuestra realidad nos toca. 
Es la segunda década del siglo XXI y aún no sabemos bailar tregua, catala, espera, envejeceremos recordando la época en que ansiábamos cantar con libertad y repetiremos el mismo error de nuestros padres: someter con violencia a nuestros jóvenes o a los que piensan diferente, votaremos por los señores de la guerra y dejaremos en manos de los que vienen la tarea de remendar nuestros destrozos. 
            En pleno siglo XXI en México en un lugar llamado Ayotzinapa desaparecieron 40 estudiantes que organizaron una manifestación, sin que a la fecha aparezcan sus restos. Nos sentimos orgullosos de haber presenciado la caída del muro aquel que estaba en Berlín, mas indirectamente apoyamos nuevos muros, como el del Brexit, el de Trump, el de Centroamérica, de mares negros y mediterráneos, el renacer de los neo-ismos. Aún las mujeres buscan un trato igualitario y los niños un mundo seguro donde no los roben o sean presas de las más terribles monstruosidades. 
              Si tan sólo fuéramos capaces de pintar golondrinas en los caparazones de las tortugas, admiradoras de la velocidad, en vez de ignorarlas o burlarnos de ellas, entenderíamos el ritmo de "catala, tregua y espera", al escribir “Cronopio cronopio cronopio” en cada texto seríamos entendidos, saludaríamos con un sincero buenas salenas lector lector y congelaríamos imágenes que trascenderían el foco de nuestras miradas.

Bibliografía:


Beristaín, Helena. (2006). Diccionario de retórica y poética. México: Editorial Porrua, SA de CV.

Cortázar, Julio (2002). Cuentos completos/1. España: Alfaguara.

Cortázar, Julio (2009). Papeles inesperados. España: Alfaguara.

Cortázar, Julio (2018). Rayuela. España: Cátedra Andrés Amorós, ed. 

Cortés Mandujano, Héctor. (2009). Apuntes genéricos sobre cuento. México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.

Lynskey, Dorian (). 33 revoluciones por minuto. Historia de la canción de protesta. Miguel Izquierdo, trad. España/México/Argentina: Malpaso. 

Nguyen Baraldi, Kim, Calle del Orco. Blog de literatura. Disponible en:
 http://calledelorco.com consultado el 1 de abril de 2020.

Paytress, Mark (2016). La historia del rock. La historia definitiva del rock, el punk, el metal y otros estilos. E.U.A.: Parragon

Prado, Gloria. (1992). Creación, recepción y efecto. México: Diana. pp. 7-27.



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