Revista

Polvo del camino. 50. Tribulaciones. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 50

Tribulaciones

Héctor Cortés Mandujano

  

De profunda introspección, Las tribulaciones del estudiante Törless (Ediciones Coyoacán, 1995), de Robert Musil, define con su título el intríngulis del libro. Si fuera una novela policiaca el título sería algo así como El asesino es el mayordomo; es decir, no apuesta a la sorpresa del argumento, sino al modo de argumentar.
            El largo epígrafe de Maeterlinck es glorioso y lo tomo completo (p. 7): “Apenas expresamos algo lo empobrecemos singularmente. Creemos que nos hemos sumergido en las profundidades de los abismos y cuando tornamos a la superficie la gota de agua que pende de la pálida punta de nuestros dedos ya no se parece al mar de que procede. Creemos que hemos descubierto en una gruta maravillosos tesoros y cuando volvemos a la luz del día sólo traemos con nosotros piedras falsas y trozos de vidrio; y sin embargo en las tinieblas relumbra aún, inmutable, el tesoro”. Guau.
            El atribulado Törless se la pasa pensando en sus padres, en la prostituta que visita con regularidad, en lo que hacen y dicen sus amigos. Y siente por ellos emociones contradictorias. Piensa, por ejemplo, que si la prostituta no lo fuera, le gustaría darle placer hasta elevarlo al dolor. ¿Por qué? Porque es un adolescente: (p. 38) “la primera pasión de los adolescentes no es amor de uno por el otro, sino odio contra todos. Casi toda pasión primera dura poco y deja detrás de sí un gusto amargo. Es siempre un error, un desengaño”.
            Se da cuenta de que sus amigos Reiting y Beineberg torturan a un condiscípulo, Basini, con quien además tienen relaciones homosexuales sádicas. Ve a uno de ellos, Reiting, en sesión sexual con el torturado, que va a ser el gran pivote de todo el libro. Piensa en las relaciones íntimas de esos dos muchachos (p. 84): “Tenía que haber sido como el caer largo, larguísimo, de dos almas apasionadas la una por la otra, hasta dar luego en un abismo como el de un reino subterráneo. Y entonces habría habido un instante en que los rumores del mundo de arriba, de muy arriba, se apagaban, se extinguían”. 
            Esta inclinación romántica hace que él, después, se vuelva amante de Basini, y eso lo lleva igualmente a más tribulaciones, a más pensamientos, que a veces contrasta con Beineberg, también dado a las introspecciones (p. 142): “Hace ya mucho que deberíamos estar desesperados, pues nuestro saber en todas las esferas presenta semejantes abismos y no viene a ser otra cosa que una serie de fragmentos de puente que se extienden sobre un océano insondable”.
            Y el narrador, igual de meditabundo, dice (p. 172): “Hay alrededor de los hombres tenues fronteras que fácilmente pueden deshacerse, […] febriles sueños rondan el alma, corroen los firmes muros y abren de pronto inquietantes, trágicas calles…”.
            En Costas extrañas, de J. M. Coetzee, publicado por Random House Mondadori, en 2011, dice que los padres de Musil (p. 114) “pertenecían a la alta burguesía austriaca”, pero que en lugar de mandarlo a estudiar a una escuela de mayor categoría lo enviaron a “internados militares”, de donde seguramente extrajo el material para Las tribulaciones…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Fotografía de Mario Robles
Fotografía: Mario Robles

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 49. Tarde soleada, cielo azulado. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 49

Tarde soleada, cielo azulado

Por María Gabriela López Suárez

Escribo estas líneas, desde uno de mis espacios favoritos, en contacto con la naturaleza, envuelta en los aromas de hinojo, estafiate y ajenjo, naturaleza viva, mientras siento cómo el viento sopla suavemente y el clima regala una tarde cálida, una de las últimas del año 2020. 
     A escasos días de despedir el 2020 vienen a mi mente, quizá también a las de ustedes, una serie de memorias de tantas historias vividas en este inolvidable año. Es muy probable que algunas personas quieran que ya estrenemos año, no es para menos, el actual ha estado lleno de sorpresas y no del todo gratas, de experimentar sucesos inesperados, de despedir físicamente a seres queridos de una manera alejada nada habitual, de adentrarnos en una nueva serie de caminos para andar, para trabajar, para convivir, para resistir. 
     Sin embargo, es importante reconocer que también ha sido un año que nos ha dado oportunidad para detenernos a repensar el ritmo en el que se vive, del cuidado que debemos tener a la naturaleza, a nuestra alimentación, a nuestra salud, de la importancia que tienen los instantes y que la convivencia con los seres queridos es un elemento fundamental para lo cotidiano.
     Ha  dado pauta a despertar la creatividad y a darnos cuenta que, si bien, la tecnología ha sido una herramienta clave en distintos ámbitos de las actividades que desarrollamos, el contacto personal, cara a cara es algo invaluable, algo que se extraña, como por ejemplo, los abrazos, los apapachos. 
     En este año, en algunas de las entregas de las Voces ensortijadas he querido recuperar y compartir, con toques de ficción, determinadas historias observadas en lo cotidiano, en este 2020, que al igual que a ustedes para mí ha estado lleno de retos y de aprendizajes.
     Agradezco el acompañamiento que me han dado en cada lectura, relato y experiencia compartida. Es muy grato leer sus comentarios y que, en ocasiones, logren resonar e identificarse con las Voces ensortijadas. Gracias a la revista Letras, idea y voz por el espacio para divulgarlas.  
     En esta tarde soleada, cielo azulado, desde el corazón va para el público lector y sus seres amados mis mejores deseos en este 2021, que el universo y la divinidad les bendigan enormemente y que tengan un armonioso cierre del 2020.
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Fotografía: Lucas Pezeta

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 49. La Viento Oscuro y el Mar. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 49

La Viento Oscuro y el Mar
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

No hay nada que sea enteramente tuyo

Ezra Pound, en «Retrato de mujer»
  

Yo viví en el bosque Ott desde mi nacimiento. Sabía, como todos, que mientras allí viviera no podría ser muerto de ninguna forma, porque los seres éramos uno con todos. Podíamos alimentarnos del aire y convertirnos en árbol, serpiente, hombre, mujer, niño, anciana o cualquier cosa, porque todas las entidades eran la misma: el bosque.
            Salí la primera vez porque tal vez la Viento Oscuro (o el Nube Negra, como también le llamábamos), una entidad que vagaba por el mundo, me atrapó en el sueño y me segregó de los demás. Puse un pie fuera de mi bosque y allí me di cuenta que, además, me acompañaba Hu, una muchacha de unos 200 años con la que habíamos compartido la vida calma hasta entonces.
            Una de los monstruos de los que siempre nos previnieron se llamaba el Mar o la Mar, que era hombre y mujer al mismo tiempo. Quien lo mencionaba decía que era enorme y que nunca se quedaba tranquilo; podía arrasar las tierras, los bosques, los desiertos; podía meterse en un frasco y tomar su forma; y hablaba con las voces de miles de criaturas diabólicas que la poblaban. Mar podía ser una pesadilla terrible, si se le pensaba mucho.
            Y Hu, que también tenía dentro suyo parte de la Viento Oscuro, me dijo que hacia allá íbamos. Parecía que la Nube Negra había plantado en nuestro pensamiento, sin que tuviéramos opción de contradecirla, la idea monotemática y marina.
            Nos encontramos a varios seres en el camino, pero ninguno hizo nada por atacarnos. Llegamos a la cima de una montaña y desde allí vimos una enorme mancha azul: “Es la bestia mala: la Mar”, dijo Hu, quien decidió llamarla con ese género.
            Cuando estuvimos en una alta quebrada nos percatamos que dos animales (humanos, dijeron llamarse) nos acompañaban. Nos pidieron que los siguiéramos y, de pronto, una ola (como se llamaban las lenguas del Mar), húmeda y salada, nos tomó como suyos y nos metió al caldo tibio donde se movían muchos seres que no sabíamos si querían escapar, como nosotros, o disfrutaban aquello o vivían allí.
            Los humanos nos enseñaron a no ser tragados por Mar que, aunque a veces parecía violento, también era cariñosa: fuerte y suave; hembra y macho, alternativamente. Nadamos, como nos dijeron que se llamaba aquella actividad, y no tuvimos ningún problema en alcanzar la orilla.
            Salimos y nos volvimos a meter varias veces. Hu me dijo que ya era hora de volver. Cuando llegamos al bosque teníamos muchas cosas que contar a nuestros inmortales congéneres. 
            La primera fue que Nube Negra no era ni un mal sueño ni una malvada influencia, y la segunda, que Mar podía ser un Monstruo, dada sus proporciones y la incapacidad que teníamos de entender sus decisiones, pero que también era una forma líquida que acariciaba totalmente, mientras su voz múltiple cantaba canciones incomprensibles.
            El Nube Negra y la Mar, entonces, y por consenso, se volvieron nuestros nuevos amigos. Y ahora vamos al Mar de vez en cuando. 
            De allá o de cualquier punto de nuestro periplo ocasional se nos contagió la desaparición física (o la Muerte, como la llaman algunos): ayer se secó un árbol. Por ello dejamos de ser inmortales y comprendimos que, al morir él, comenzaba a vivir en nosotros (él un muerto vivo; nosotros, vivos muertos) y que esa sería, a partir de entonces, la dialéctica de nuestra existencia.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración de HCM
Ilustración: HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El mundo que se fue. 2. «El coronelazo». Rafael Corzo Espinosa

El mundo que se fue/ 2

El coronelazo

Rafael Corzo Espinosa

 

Conocí a doña Angélica Arenal, esposa de Alfaro Siqueiros, en la sede del Movimiento de Liberación Nacional en donde yo militaba con credencial y derecho a picaporte. No conocí al maestro porque en ese tiempo estaba preso en Lecumberri.
            Cada lunes por la noche no reuníamos para deliberar, yo dibujaba para el periódico mural y cuando venía a Tuxtla aprovechaba para traer literatura revolucionaria, entre esta, los libros de tácticas y estrategias de la guerra de guerrillas, escritas por el Che Guevara, los cuales yo regalaba a los jóvenes estudiantes. También traía un maletín lleno de calcomanías para pegar en parabrisas y ventanas “Cuba sí, yanquis no” y “Defender a Cuba es defender a México”. En esos años estaba caliente la revolución cubana.
            Me encontraba en Chiapas cuando la policía allanó nuestro local y destruyó el archivo apresando a los que estaban ahí en una brutal represión del gobierno de Díaz Ordaz.
            Y hablando de Siqueiros “el coronelazo”, siendo un jovencito militó en el ejército constitucionalista a las órdenes del general Manuel M. Dieguez.  En 1937, cuando la guerra civil en España fue con un grupo de voluntarios a apoyar a los republicanos, en donde se le otorgó la medalla al valor.
            Su obra muralista es importantísima así como la de caballete. Debido a su activismo político, paralelo a su carrera artística,  estuvo preso seis veces en Lecumberri.
            Toda una leyenda “El coronelazo”.  
   
Fotografía: T.C., «Piromaniaco» de Rafael Corzo.
Fotografía: Tania Corzo

*Sobre los textos:

Los textos y las fotografías a la obra del maestro Rafael Corzo que estaremos publicando en esta columna fueron proporcionados por Tania, hija del artista, y son parte de una libreta en la que el escultor escribió varias notas en los últimos meses de su vida. Nos sorprende que muchas de las citas que realizó fueron directas de su memoria ya que el maestro no consultó ninguna fuente ya fuera escrita o digital, por una lado hacía tiempo que había donado su biblioteca personal, por otro, no era proclive a usar la Internet ni tecnologías modernas digitales.

El artista falleció el 19 de septiembre de 2020. Agradecemos a la familia Corzo por permitirnos compartir estos textos.

*Sobre el autor:

Rafael Corzo Espinosa

Escultor

Nació en la ciudad de Villaflores, Chiapas en 1938. Falleció el 19 de septiembre de 2020 en Copoya, Chiapas, México.

Dominó la acuarela y el dibujo desde muy chico. Siendo adolescente asistió a la clase de dibujo en la antigua prevocacional donde desarrolló y aprendió técnicas como la sombra, perspectiva, centrado, proporciones, etc. Después se trasladó a la Ciudad de México donde recibe un taller libre en la Academia de San Carlos. Posteriormente se trasladó a Copoya, Chiapas, donde comienza a ensayar la escultura con cemento, material que siempre pensó que tenía grandes cualidades plásticas. Después desarrolló una técnica usando malla metálica cernidora, que bautizó como “Ferro Cemento”, otra innovación fue policromar las figuras y sombrearlas.

Realizó diversas exposiciones individuales, listamos algunas: «El mundo que se fue», 2016; Café Galería “El rumbo” 1997 (escultura); “Forma y colorines”, Café Galería “Este sur”, 1998; “Del juguetero” Museo Hermila Dominguez, Comitán, 2000; “La trilla del primate”, enero, 2005; “La talacha del Corsario”, Congreso del Estado; “Apocalipsis”, Galería UNACH, 2001; “De Centauros; Mitos y Reales” –  Centro Cultural Jaime Sabines, 2006; “La escultura en la tecnología” Museo Chiapas de Ciencia y Tecnología, abril, 2007; “La trilla del primate” Museo Chiapas, noviembre, 2008; “Apocalipsis” Museo de Arte Hermila Domínguez, Comitán, Chiapas.

Líneas de desnudo. 5. Deseo de fuego. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 5

Deseo de fuego

Manuel Pérez-Petit

Hago una breve cesura en mi serie ensayística acerca de la distopía –no tan distópica, como se puede y podrá comprobar–, a la que regresaré la semana próxima, para detenerme por un día, hoy, 25 de diciembre del nefasto año 0 de la era de la p., perdón, pandemia, al borde del año 1 d.p. –d.p. corresponde a ‘después de la p. pandemia’–, al fin y al cabo, en este nuevo calendario al que habremos de acostumbrarnos, lleno de oscuridad y apenas llama, desarraigo del sentido del tacto, emponzoñamiento general y enfermedad mental más que vírica entre otras lindezas, pero también, miren por dónde, de posibilidad de crecimiento interior y de ver más que de mirar con ojos nuevos; para detenerme, digo, al final de un año en que hemos conocido más grises que nunca en nuestras vidas y los colores se nos han han desvaneciendo como por efecto de magia, provocando en muchos tanto dolor como ilusiones de nuevos horizontes no tan futuros, cuando no la propia negación, o, lo que es peor, incluso la autonegación, pues, entre otros motivos, eso de mirar hacia adentro, no por decisión propia sino casi por decreto, en demasiadas ocasiones resulta incluso peor que indigesto; para detenerme, digo, en unos seres que no son cuento ni apenas fantasía, aunque ésta los ha hecho arder por todas partes desde tiempos inmemoriales.
     Son reales; yo los he visto paseando con Sibelius y con sangre –y ni se imaginan cómo– en un bosque al borde del lago Inari, en Laponia, junto a iglesias de madera sin repintes y caminos sin retorno; en el desierto de Juárez, perdido en flores sin igual con Jorge Luis Borges junto a El Paso y el recuerdo de los centauros del desierto; en el claroscuro de las orillas imparables del río Paraná en Zárate o en Corrientes, caminando con Macedonio por avenidas y avenidas de divertimentos; en los manglares de Nicaragua, de Rama a Bluefields, con Cardenal recitando versos arrodillados; en los brazos de un Dante sometido a exilio junto a la cúpula imposible de Brunelleschi; comiendo salmón en Estocolmo con Greta Garbo, su reina Cristina; en los palmerales de Palm Springs, paseando por N Indian Canyon drive bajo chorros de vapor de agua a cincuenta grados a la sombra y en el parque de atracciones de Santa Mónica, subidos a la noria de los deseos; bajando la Cordillera –así, con mayúscula– a punto de entrar y extraviarme en el barrio Lastarria de Santiago; en las hordas de trigales de los campos de Castilla, a dónde ni Machado llegó; en los rincones más escondidos de mi imaginación por el pirineo navarro, camino de Roncesvalles y la retaguardia del ejército de Carlomagno; ahogado en máscaras en la plaza de San Marcos, a punto de entregarme en incondicional armisticio a los canales de mármol más famosos del universo; desorientado en la Alhambra pese a que me acompañaba Washington Irving; subiendo las rampas de la Giralda tras las manzanas de oro; adentrándome en los volcanes más voluptuosos de Costa Rica tras haberme enamorado en Tortuguero, tan cerca de Limón que hasta la música escuece… Los he visto saltar de las páginas de docenas de libros al sillón en que estaba sentado para que les abriera hueco o ponerse a mis pies, encenderme la pipa o un cigarrillo y hasta asar castañas, para deleite de las fiestas invernales bajo inmensas nevadas incluyentes. He volado con ellos, me han rescatado de las fauces de demasiados peligros a los que estoy, por otra parte, acostumbrado a exponerme, los he abrazado tantas veces como días tiene mi consciencia y hasta, a veces, dormido en sus lomos o incluso besado en la boca. 
     Quizá por ello soy uno de ellos también, el menor de entre los de su especie. Los conozco bien. Cuando estuve solo estaban conmigo y cuando estuve en multitudes se subían a mi espalda, donde luchaban con mi ángel de la guarda para ver quién podía más y podía conmigo. Pese a lo que se pueda colegir de esto último y contra la opinión generalizada, son seres de bondad, dotados de gran nobleza y fuentes de calor inigualables. 
     Yo deseo que esta Navidad sea la de la conjura de los dragones, que tienen la ventaja de que nadie cree que existan, pero yo puedo atestiguar que sí. Y quizá eso explique muchas cosas. Deseo que su llama inextinguible sea la que nos contagie y nos ponga la corona de triunfantes reyes de la existencia. Que ardamos como los seres gestantes que en realidad somos, que construyamos con fuego una nueva vida. No para llevar la contraria a la p., que al fin y al cabo es, por lo visto, aún inevitable, sino para apostar, el día en que conmemoramos el nacimiento del Niño-Dios, como nunca antes, por la vida.


   
Fotografía: © M. P.-P., 2009

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas. 48. El regalo de la tia Toñi. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 48

El regalo de la tia Toñi

Por María Gabriela López Suárez

Faltaban pocos días para la celebración de la Navidad, Maribel estaba triste, la situación económica en su familia no era buena y eso le había impedido ahorrar para los regalos que le gustaba compartir. A sus nueve años había aprendido a ahorrar desde dos años atrás, Mónica, su hermana mayor, le había enseñado.
     Mientras pensaba cómo podría hacer para tener regalos, escuchó el sonido del timbre de su casa. Se asomó en la ventana y vio que era la tía Toñi, hermana de su mamá. Abrió la puerta.
     –Buenos días hija, ¿cómo están?
     –¡Hola tía Toñi! Bien, ¿y tú? Pasa, por favor.
     El rostro de Maribel reflejaba tristeza. La tía Toñi entró a casa, les llevaba una jarra con arroz con leche que había preparado. Era una de sus especialidades. Ambas se dirigieron a la cocina.
     –¿Y la demás gente en esta casa? ¿Acaso siguen durmiendo?
     –No tía, salieron al mercado. Yo preferí quedarme, no me siento con ánimo.
     –A ver hija, ¿qué te pasa? Ya me preocupaste. Eso sí que es raro, a ti te encanta salir. Cuéntame, tal vez pueda ayudarte.
     Los ojos de Maribel  se fijaron en la tía Toñi que había servido dos tazas con el arroz con leche preparado y le invitaba a sentarse para platicar.  La niña sintió un halo de esperanza con la llegada de la tía Toñi. Le explicó que no tenía dinero suficiente para comprar los chocolates y las galletas que año con año decoraba y regalaba a su familia. No se le ocurría qué otra cosa podría regalarles, su alcancía estaba prácticamente vacía.
     –¡Ay Maribel! Así que eso es lo que te tiene atormentada.
     –¿Te parece poco tía?
     –No quise decir eso, más bien no es para que te angusties. Te contaré una experiencia, me pasó algo similar. Pero vamos niña toma tu arroz con leche que se enfría.
     –¿En serio tía Toñi?  Platícame. 
     Mientras cada una iba degustando su bebida, la tía Toñi le compartió una anécdota de su  infancia, cuando era el cumpleaños de su mamá y al no tener dinero para comprar un regalo  se le ocurrió que no siempre era necesario regalar algo comprado, también podría ser algo elaborado por ella. Así que empezó a juntar los retazos de papel crepe de diversos colores que tenía e hizo un ramillete de flores. 
     El rostro de Maribel fue cambiando mientras escuchaba a su tía, sus ojos tenían otro brillo. Recordó que guardaba hojas de diferentes colores y pegatinas que le habían regalado en su cumpleaños. Además contaba con  lapiceros de colores, crayolas, tijeras y pegamento. 
     –Tu abuelita se sintió muy contenta con ese ramillete de flores y lo conservó muchos años hasta que fueron perdiendo el color. Lo más valioso es la intención con la que haces el obsequio, aunque sea un detalle sencillo. Así que niña, seguro que tú puedes hacer algo.
     –¡Qué bonito detalle para la abuelita! ¡Muchas gracias tía Toñi! Eres mi ángel navideño. Yo no sé hacer flores, pero si me gustaría elaborar unas tarjetas, tengo los materiales para hacerlas. 
     Maribel se levantó para abrazar y besar a su tía Toñi, quien le correspondió. Ambas sonrieron.
     –Por cierto tía, casi me olvidaba, muchas gracias por el arroz con leche. Te quedó bien rico, como siempre. 
     –Por nada hija. Recuerda que las penas con pan son menos.

Fotografía: Xanty Mendoza

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 48. Dos apuntes sobre el amor y una mujer. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 48

Dos apuntes sobre el amor y una mujer

Héctor Cortés Mandujano

Mejor destino son los besos que la sabiduría

E. E. Cummings, en «VII:208»
  

Dice Fidalma, una de las personajas de mi obra de teatro Trascripción, Palimpsesto:
“Era su rostro un pedazo de piedra. Sus ojos, si no te veían, daban lo mismo abiertos que cerrados. Así tal vez su corazón. Un mármol, una laja de monte donde ningún sentimiento había puesto su impronta. 
          “La nada era su expresión.
          “No hablaba con nadie y tal vez su cerebro nunca poseyó una idea propia. No se puede saber. Yo viví con él y era como si fuera un dios oscuro, dormido, a punto de despertar. Fue mi hombre porque fue el único que me interesaba: ¿cómo perder el tiempo con alguien que se sabe las canciones de moda, que ve televisión, que cree que es importante leer o ver películas? Él era una fortaleza inamovible. Cuando ponía sus ojos en mí, pensaba que así miraban en el pasado infinito las esfinges, la Gorgona, los monstruos desaparecidos. Era impenetrable y por eso lo amaba…”.
 
***
 
Leo El banquete (Ediciones Folio, 2006, traducción de Luis Gil), de Platón que, en realidad, como se sabe, es uno de los famosos diálogos de Sócrates, que escribió su alumno Platón.
            Lo he leído varias veces (y he escrito sobre los tres sexos y el nacimiento del amor, según Aristófanes, que es uno de los comensales, en varias ocasiones) y ahora de nuevo hallo que compartir contigo lector, lectora.
            Fedro, otro de los comensales, es quien dice esto (p. 26):
            “Y es hombre vil aquel enamorado vulgar que ama más el cuerpo que el alma y que, además, ni siquiera es constante, ya que está enamorado de una cosa que no es constante, pues es tan pronto como cesa la lozanía del cuerpo, del que precisamente está enamorado, se marcha en un vuelo, tras mancillar muchas palabras y promesas. En cambio, el que está enamorado de un carácter virtuoso lo sigue estando a lo largo de toda su vida, ya que está inseparablemente fundido con una cosa estable”.
 
***
 
En una de las famosas sesiones de A fondo, entrevistas realizadas por el periodista Joaquín Soler Serrano, entre 1976 y 1981, conversa con Octavio Paz, en 1977, y éste responde a la pregunta de Soler: De los personajes históricos de México, ¿cuál es el que resulta más grato a la sensibilidad de Octavio Paz?
            —Una mujer, que además no pertenece a la historia de México, sino a la literatura: sor Juana Inés de la Cruz. Me parece que es la persona más importante que ha tenido no sólo México, sino incluso la América de habla española.  

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración de HCM
Ilustración: HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

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Líneas de desnudo. 4. Distopía II: No tan del pasado. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 4

Distopía II: No tan del pasado

Manuel Pérez-Petit

Ejemplo de toda esta reflexión acerca de la distopía y la realidad y paradigma de que la distopía no sólo se presenta ya en escenarios futuristas, Juego de Tronos, los libros y la serie de televisión, han derivado en estos últimos  años en un fenómeno merecedor de estudio aparte. Se trata de un monstruoso drama de fantasía, aderezado con grandes dosis de violencia basado en la saga literaria creada por George Raymond Richard Martin, más conocido como George R. R. Martin (New Jersey, Estados Unidos, 1948), prolífico autor que alcanzó la fama universal con Canción de Fuego y Hielo, una saga que comenzó a publicarse en 1996. La opera magna de Martin cuenta una historia en tercera persona desde los puntos de vista de más de 30 personajes. En cuanto a su valor literario, Martin ha sido criticado por su exuberancia en la descripción de los blasones, la indumentaria y los lemas de las casas que integran su universo. Pero su escritura es atrapante y fresca, y quizá ahí radique el éxito de la obra, cuya inspiración se encuentra en el medievo inglés en torno a la llamada guerra de las Dos Rosas, nombre acuñado en el Romanticismo al enfrentamiento armado de las casas de Lancaster y de York por el trono de Inglaterra, en la sucesión de Eduardo III y que daría lugar a la entronización de Enrique VII, padre de Enrique VIII, y en la que muchos consideran de manera errónea –y algún día hablaremos del concepto saga– la madre de todas las sagas de la literatura fantástica: El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien, asunto éste –el de la “madre”– que merecería otra reflexión adicional, pues en este caso de las distopías y la literatura fantástica –dos asuntos, no uno, aunque a veces entren en convergencia–, al contrario que en el Derecho natural, madres no hay nunca solo una.
    La geografía de Juego de Tronos consiste en dos continentes: Poniente, donde se establecen los Siete Reinos, monárquicos y con una estamento nobiliraio de gran influencia, Y Essos, una tierra muy extensa que alberga culturas arcaicas y salvajes que se rigen más por métodos de conquista y esclavitud. Hay tres líneas argumentales en la saga: la crónica de la guerra civil dinástica por el control del Poniente entre varias familias nobles, en donde el principal ente catalizador es Tyrion Lannister, el enano más listo del reino, la creciente amenaza de los llamados “Caminantes blancos” y de los salvajes, apenas contenida por un inmenso muro de hielo que protege el norte, custodiado por la Guardia de la noche, una orden que acoge a proscritos, violadores y personas en busca de redenciones personales y cuya figura principal recae en el bastardo de Invernalia: Jon Snow, y, por último, el viaje de Daenerys Targaryen, la hija exiliada del rey que fue asesinado quince años antes en otra guerra civil anterior al comienzo de la historia, que busca regresar a Poniente a fin de reclamar sus derechos. Las tres historias interactúan entre sí y son codependientes, en un marco de unicidad fragmentada en que se desarrolla toda esta historia de historias, en la que los personajes son complejos y están inmersos en un proceso de desarrollo constante, cambios de trama violentos y repentinos e intrigas políticas que bien podrían hacer reflexionar no sólo por sí mismas sino en relación al presente y a un probable indeseable futuro, con bases llenas de realismo. En su complejidad estructural, los protagonistas están sometidos a un constante vaivén de situaciones que les lleva a tomar decisiones que casi nunca están fundamentadas en virtudes o valores sino en la conveniencia y a veces como medidas de último recurso. La moral es un eje que juega un papel tan secundario que incluso en el contexto se puede considerar desprestigiado. La violencia, el incesto, la religión y la sexualidad se convierten en elementos indispensables, y la magia cuenta con un protagonismo en el desarrollo argumental muy leve y hasta sutil, llena de ambigüedad y oscuridad, por lo que aparece –al contrario de lo que se podría presuponer– en muy contadas ocasiones, lo cual marca una distancia significativa entre Canción de Fuego y Hielo y otras historias adscritas al género fantástico. El eje central no es la lucha entre el bien y el mal, sino la lucha política y la guerra civil, o sea, que la obra está concebida como un universo que se mira a sí mismo, y en ellas apenas aparecen –casi ni siquiera sugeridas- amenazas externas. Y eso también da para pensar, y no poco.
     Resulta cautivante la cantidad de fronteras que esta historia ha traspasado. No podemos negar que fue gracias a su adaptación televisiva que los libros cobraron importancia mundial. Y esta adaptación, concebida por los productores David Benioff y D.B. Weiss, ha demostrado que la gente está ansiosa por consumir historias complejas, saturadas de personajes y situaciones, que poco a poco se van entretejiendo. Aderezada con una banda sonora de primera, a cargo de Ramin Djawadi, y por los directores que han estado a cargo de los episodios durante sus temporadas, Juego de Tronos es una joya audiovisual que merece la pena ser vista y estudiada. 
     Y ahora más que nunca, puesto que parece no una historia basada en el pasado sino una crónica de la más rabiosa actualidad mundial. Y si no, enumeren cuantas similitudes puedan existir entre Juegos de Tronos, una hitoria distópica en un escenario del pasado, con lo que hoy ocurre y está ocurriendo en el mundo.

(Continuará…)

   
Fotografía: © M. P.-P., 2008

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

El mundo que se fue. 1. Una pasión en el desierto. Rafael Corzo Espinosa

El mundo que se fue/ 1

Una pasión en el desierto

Rafael Corzo Espinosa

 

Cuando el ejército francés al mando del gran corso Napoleón Bonaparte iba a la conquista de Egipto, cruzaron el desierto del Sahara y, cuentan que al pasar por las colosales pirámides les gritó: ¡Soldados de Francia, cuarenta siglos de historia os contemplan!
     Un soldado de la retaguardia quedó rezagado y se perdió en las dunas. Vagando, llegó a un oasis en el que había agua y palmas datileras, y una pequeña caverna.
     El caballo del soldado había muerto antes de llegar al oasis, así que tuvo que guarecerse en la caverna y sobrevivir comiendo dátiles.
     La primera noche escuchó maullidos, al poco rato vio asomarse a una leoparda. Echó mano a la balloneta pero el felino mostró una  actitud pacífica y se acercó restregándose en las piernas del soldado, ronroneando como una gata. Pasaron varios días y se estableció entre ellos un extraño romance. 
     La leoparda salía a comer la carne del caballo y por eso estaba tranquila, pero cuando se terminó ya miraba al soldado de manera extraña, éste al sentirse amenazado la hirió con la balloneta.
     La leoparda cayó, herida de muerte, miraba al soldado como diciendo: ¿Por qué me has matado?
     El militar dejó el oasis y cerca de ahí fue encontrado por un regimiento de franceses e incorporado a las filas.
     De ahí en adelante, el soldado vivió atormentado por crueles remordimientos que no lo dejarían nunca.
     Al terminar la campaña de Egipto, el protagonista de esta historia, contaba en los cafés de París, su gran tragedia, con lágrimas en los ojos.

Este curioso relato fue escrito por Honoré de Balzac, uno de mis autores favoritos.  
   
Fotografía: T.C., «Encarcelar la llamarada» de Rafael Corzo, 2013.
Fotografía: Tania Corzo

*Sobre los textos:

Los textos y las fotografías a la obra del maestro Rafael Corzo que estaremos publicando en esta columna fueron proporcionados por Tania, hija del artista, y son parte de una libreta en la que el escultor escribió varias notas en los últimos meses de su vida. Nos sorprende que muchas de las citas que realizó fueron directas de su memoria ya que el maestro no consultó ninguna fuente ya fuera escrita o digital, por una lado hacía tiempo que había donado su biblioteca personal, por otro, no era proclive a usar la Internet ni tecnologías modernas digitales.

El artista falleció el 19 de septiembre de 2020. Agradecemos a la familia Corzo por permitirnos compartir estos textos.

*Sobre el autor:

Rafael Corzo Espinosa

Escultor

Nació en la ciudad de Villaflores, Chiapas en 1938. Falleció el 19 de septiembre de 2020 en Copoya, Chiapas, México.

Dominó la acuarela y el dibujo desde muy chico. Siendo adolescente asistió a la clase de dibujo en la antigua prevocacional donde desarrolló y aprendió técnicas como la sombra, perspectiva, centrado, proporciones, etc. Después se trasladó a la Ciudad de México donde recibe un taller libre en la Academia de San Carlos. Posteriormente se trasladó a Copoya, Chiapas, donde comienza a ensayar la escultura con cemento, material que siempre pensó que tenía grandes cualidades plásticas. Después desarrolló una técnica usando malla metálica cernidora, que bautizó como “Ferro Cemento”, otra innovación fue policromar las figuras y sombrearlas.

Realizó diversas exposiciones individuales, listamos algunas: «El mundo que se fue», 2016; Café Galería “El rumbo” 1997 (escultura); “Forma y colorines”, Café Galería “Este sur”, 1998; “Del juguetero” Museo Hermila Dominguez, Comitán, 2000; “La trilla del primate”, enero, 2005; “La talacha del Corsario”, Congreso del Estado; “Apocalipsis”, Galería UNACH, 2001; “De Centauros; Mitos y Reales” –  Centro Cultural Jaime Sabines, 2006; “La escultura en la tecnología” Museo Chiapas de Ciencia y Tecnología, abril, 2007; “La trilla del primate” Museo Chiapas, noviembre, 2008; “Apocalipsis” Museo de Arte Hermila Domínguez, Comitán, Chiapas.

Polvo del camino. 47. Buenos días, medianoche. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 47

Buenos días, medianoche

Héctor Cortés Mandujano

El cerebro tiene pasillos más grandes

que los pasillos reales

Emily Dickinson, en el poema 670
  

Emily Dickinson es una de mis poetas de cabecera. Compro cualquier libro que me encuentro de ella y lo leo, aunque casi todos los poemas ya los haya leído o los conozca. Son breves y hermosos, y los escribió para sí misma, que es la mejor forma de hablar de ella, de mí y de cualquiera.
            Y esto no es mera retórica.
            Nació y murió en Amherst, Massachusets, EE. UU. (1830-1886). Pasó la mayor parte de su vida en casa, sin casi salir de ella, sin dejar su pueblo natal; en los últimos años, casi no salía de su habitación. Nunca se casó y sólo tuvo amigos por correspondencia. 
            Excepto cinco de sus poemas (tres de ellos publicado sin su firma y otro sin que la autora lo supiera) su voluminosa obra, de casi mil ochocientos poemas, permaneció inédita hasta después de su muerte. Su escritura no respetaba las reglas clásicas de la puntuación y le encantaba poner guiones que volvían extraños sus versos. Hay muchos libros que conservan su particularísima forma de escritura, lo que aleja a los lectores básicos. Se le considera, sin embargo, una de las poetas fundamentales de Norteamérica y del mundo.
            Leo en uno de mis lectores electrónicos El viento comenzó a mecer la hierba, con traducción de Enrique Goicolea e ilustraciones de Kike de la Rubia, publicado en 2014.
            Dickinson no puso título a sus libros, porque, como ya se dijo, no publicó ninguno en vida; tampoco tituló ninguno de sus poemas, sólo los numeró (yo usé para el título de esta columna el primer verso del poema 425, que me encanta, aunque estoy seguro que ya lo usé para titular una Casa de citas, mi otra columna. No importa). 
            Te comparto lector, lectora, el número 347 para que, en una de esas, admires como yo el alma de esta mujer maravillosa.
 
            Cuando la noche está acabada
            y el amanecer se aproxima tanto
            que podemos percibir las distancias,
            es tiempo de alisarnos el pelo
            y acariciarnos las mejillas.
            De preguntarnos cómo pudimos preocuparnos
            por esa vieja y desvanecida Medianoche
            que, hace sólo una hora, nos aterrorizó.  
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración de HCM
Ilustración: HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com