Polvo del camino/ 50

Tribulaciones

Héctor Cortés Mandujano

  

De profunda introspección, Las tribulaciones del estudiante Törless (Ediciones Coyoacán, 1995), de Robert Musil, define con su título el intríngulis del libro. Si fuera una novela policiaca el título sería algo así como El asesino es el mayordomo; es decir, no apuesta a la sorpresa del argumento, sino al modo de argumentar.
            El largo epígrafe de Maeterlinck es glorioso y lo tomo completo (p. 7): “Apenas expresamos algo lo empobrecemos singularmente. Creemos que nos hemos sumergido en las profundidades de los abismos y cuando tornamos a la superficie la gota de agua que pende de la pálida punta de nuestros dedos ya no se parece al mar de que procede. Creemos que hemos descubierto en una gruta maravillosos tesoros y cuando volvemos a la luz del día sólo traemos con nosotros piedras falsas y trozos de vidrio; y sin embargo en las tinieblas relumbra aún, inmutable, el tesoro”. Guau.
            El atribulado Törless se la pasa pensando en sus padres, en la prostituta que visita con regularidad, en lo que hacen y dicen sus amigos. Y siente por ellos emociones contradictorias. Piensa, por ejemplo, que si la prostituta no lo fuera, le gustaría darle placer hasta elevarlo al dolor. ¿Por qué? Porque es un adolescente: (p. 38) “la primera pasión de los adolescentes no es amor de uno por el otro, sino odio contra todos. Casi toda pasión primera dura poco y deja detrás de sí un gusto amargo. Es siempre un error, un desengaño”.
            Se da cuenta de que sus amigos Reiting y Beineberg torturan a un condiscípulo, Basini, con quien además tienen relaciones homosexuales sádicas. Ve a uno de ellos, Reiting, en sesión sexual con el torturado, que va a ser el gran pivote de todo el libro. Piensa en las relaciones íntimas de esos dos muchachos (p. 84): “Tenía que haber sido como el caer largo, larguísimo, de dos almas apasionadas la una por la otra, hasta dar luego en un abismo como el de un reino subterráneo. Y entonces habría habido un instante en que los rumores del mundo de arriba, de muy arriba, se apagaban, se extinguían”. 
            Esta inclinación romántica hace que él, después, se vuelva amante de Basini, y eso lo lleva igualmente a más tribulaciones, a más pensamientos, que a veces contrasta con Beineberg, también dado a las introspecciones (p. 142): “Hace ya mucho que deberíamos estar desesperados, pues nuestro saber en todas las esferas presenta semejantes abismos y no viene a ser otra cosa que una serie de fragmentos de puente que se extienden sobre un océano insondable”.
            Y el narrador, igual de meditabundo, dice (p. 172): “Hay alrededor de los hombres tenues fronteras que fácilmente pueden deshacerse, […] febriles sueños rondan el alma, corroen los firmes muros y abren de pronto inquietantes, trágicas calles…”.
            En Costas extrañas, de J. M. Coetzee, publicado por Random House Mondadori, en 2011, dice que los padres de Musil (p. 114) “pertenecían a la alta burguesía austriaca”, pero que en lugar de mandarlo a estudiar a una escuela de mayor categoría lo enviaron a “internados militares”, de donde seguramente extrajo el material para Las tribulaciones…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Fotografía de Mario Robles
Fotografía: Mario Robles

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com