Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.
Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.
Evocadas páginas de otro libro/ VIIEl hígado y el corazón de un pez
Héctor Cortés Mandujano
Tobías hablaba constantemente con su ángel de la guarda, aunque éste no siempre, sino muy rara vez contestaba sus preguntas o mostraba su presencia más bien fantasmal y gigantesca. Tobías, por eso, a veces pensaba estar loco cuando hablaba con el aire mudo.
Estaba enamorado de Sara, a quien no había confesado sus sentimientos, porque, consultado antes de dar ese paso, su padre no estaba de acuerdo con el eventual matrimonio. Tampoco el padre de Sara lo quería como yerno.
—¿Qué hago? ¿Qué hago?, preguntaba al aire.
“—Espera” –pensó oír en algún momento.
“—Espero qué”.
Silencio.
Un día su padre, como el rey Hamlet, decidió tomar una siesta bajo la fresca sombra de su jardín. Un gorrión jugaba entre las ramas. Cuando el padre dormía con placidez, el gorrión voló a la altura exacta, en la coordenada precisa, para que su deposición entrara completamente en el oído del durmiente.
El padre despertó con alaridos y dijo a Tobías, quien llegó presto, que el excremento de gorriones era mortal, que moriría sin remedio (estaba seguro que eso era lo que tenía en el fondo de su oído, pues había visto al pájaro revolotear antes de entrar al mundo inconsciente del sueño). Le pidió que fuera a cobrar a uno de sus deudores una fuerte suma para dejarlo con dinero suficiente y pudiera hacer frente a la administración de la finca y las responsabilidades que suponían ser cabeza de familia.
Tobías corrió a cumplir el encargo y daba voces a su ángel, que, si estaba por allí, ignoraba su desesperación. Tenía que cruzar un río para llegar a su destino provisional. Cuando iba a la mitad, sintió una terrible mordida en su calcañar: era un pez enorme.
Rafael, su ángel, se le apareció y le dijo: “No le dejes escapar, ese es la solución de tus problemas. Sácalo del agua y arráncale el hígado y el corazón”.
Eso hizo Tobías, no sin esfuerzo. Volvió con el hígado hasta su padre y, en obediencia a las instrucciones del ángel, se lo dio de comer crudo. El padre sintió que su vida estaba de vuelta y dijo a Tobías que le cumpliría cualesquiera de sus deseos. “Quiero que aceptes a Sara como mi esposa”.
“—Concedido” –dijo el padre vuelto a vivir.
Tobías fue hasta la residencia de Sara y sus padres, que estaba ocupada, también, por espíritus malignos, diablos poderosos. Ninguno, le dijo el ángel, podrá resistir el humo del corazón del pez, que quemarás en el centro de la casa.
Tobías y Sara se casaron ante la mirada complacida de los padres. En la noche de bodas, Tobías deseó que el ángel no estuviera viendo a su mujer desnuda y luego a él con ella haciendo lo que los ángeles nunca podrán. No podía estar seguro. De todos modos, se portó como si sólo estuviera con ella. Y así lo siguió haciendo en las noches subsiguientes…
[Aunque modificadas varias circunstancias, este cuento tiene como base el bíblico Libro de Tobías.]
Contactos: hectorcortesm@gmail.com.
Ilustración: HCM
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Rafaela estaba por terminar de preparar un pedido de rosca de mantequilla con arándanos que le habían requerido para la tarde - noche de ese miércoles. El aroma que salía de su cocina era delicioso. Ya había apartado una rosca para Roberta, la niña que era su vecina, era fan de su rosca y tenía un olfato inconfundible para detectar cuándo la preparaba.
—¡Mamá, Rafaela está cocinando rosca de mantequilla! ¡Huele riquísimo!
—¡Ay Roberta vaya que eres muy buena identificando sabores en la cocina! Rafaela te consiente mucho, seguro que al rato te trae unas rebanadas.
El rostro de Roberta dibujó una sonrisa de oreja a oreja. Sabía que su mamá tenía razón. Sin embargo, esa ocasión ella quería obsequiarle algo a Rafaela. Le propuso a Abigail, su mamá si preparaban chocolate con leche y le compartían a Rafaela. Abigail dijo que era una excelente idea y se dispusieron a hacer la bebida.
Rafaela continuaba atareada terminando de decorar las roscas, no era por nada pero le habían quedado muy bonitas. Y qué decir del sabor, una de sus catadoras era Roberta quien, con toda la sinceridad que hay en la niñez, le solía compartir qué tal le habían quedado cada vez que le compartía. Lo hacía muy a su manera, sin esas poses que luego la gente adulta adopta, para quedar bien.
—Aquí está la rosca para Roberta y Abigail y ahora me daré un receso para que en un rato más se la lleve y luego esté pendiente que vengan por el pedido.
Salió a su patio, tenía la fortuna de contar con un espacio mediano de terreno que le permitía tener árboles frutales y escuchar en cada amanecer y atardecer los conciertos naturales de los pájaros que solían llegar a visitarla. Se sentó sobre una piedra que tenía como especie de banco y dirigió su mirada hacia el rumbo donde se oculta el sol, observó atenta, había llegado a tiempo para contemplar la puesta del sol. Era una actividad que solía hacer las veces que le era posible, le gustaba darse el tiempo para eso, cada puesta del sol era distinta y no dejaba de asombrarla, además era efímera y por eso prefería estar antes. Las tardes de verano tenían su encanto especial.
No tardó en escucharse que alguien tocaba la puerta en la casa de Rafaela.
Primero fue un toquido leve, luego comenzó a ser un poco insistente. Antes de abrir Rafaela revisó la hora para verificar si eran sus clientes que llegaban por el pedido, no, aún faltaba más de media hora. Luego se fue percatando que ese estilo de tocar podría corresponder a la pequeña catadora de roscas.
—¡Ya voy! ¿Quién es?
—¡Hola! Soy Roberta, ¿me abre?
Rafaela abrió la puerta y saludó a Roberta quien muy sonriente correspondió al saludo y le dijo que le llevaba un obsequio, al tiempo que le entregaba la jarra con chocolate que había preparado con su mamá.
—¡Muchas gracias Roberta! No tenían por qué molestarse, yo les tengo rosca para compartir, espero que les guste. ¿Qué te parece si le preguntas a tu mamá si quieren venir a tomar este chocolate conmigo y degustamos la rosca?
—!Sí!, gracias Rafaela, ahora le digo —respondió entusiasmada.
Mientras Roberta salía corriendo a su casa, Rafaela se asomó al patio, el sol se había retirado pero el cielo conservaba esos tonos cálidos de una tarde de verano, de esos que invitan a contemplarse.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Literatura para despertar niños
Por Roger Octavio Gómez Espinosa
Son varias las lecturas que realicé a la novela Perseo TS, de Luis Rincón, o más bien, fueron varios los puntos de vista que tomé para leerla. Uno fue desde la perspectiva de quien conoce la historia (que no la obra) de viva voz del autor. Cuando Luis le estaba dando forma y nos contaba sobre su proyecto, yo me preguntaba cómo le haría él para lograr refrescar un mito tan recurrido, mezclarlo con sus vivencias y dirigirla, además, a un público muy exigente: el infantil y juvenil. Me sorprendió el resultado cuando la leí ya publicada. Me sorprendió más cuando la sometí a una prueba de fuego: Leérsela en voz alta a mis hijos.
Se las comencé a leer con la ingenua idea de que era para que se durmieran; resultó que los desvelaba porque querían que les leyera el siguiente capítulo. Les interesó tanto que llegué a usarla como medio de coerción –si no hacen la tarea, no les leo el siguiente capítulo, en fin, lo que hace todo papá desesperado por un par de hijos normalmente traviesos–. A la mañana siguiente, continuaban entusiasmados. Perseo saltó del libro al juego infantil. Maximus Gladiator, uno de los personajes, fue personificado por mi hijo en múltiples batallas imaginarias por toda la casa y Palas Atenea, la infalible diosa, lazó rayos desde la mano de mi hija que luchaba contra su molestoso hermano. Cuando finalizamos la novela me preguntaron en coro: “¿Cuándo va a salir la segunda temporada?”
Durante la preparación de este ensayo, recordé una definición que hizo Stephen King (en Mientras Escribo, Plaza y Janes) sobre la literatura: Dice que escribir es un ejercicio de telepatía. Cuando se hace bien, hay una comunicación virtual entre los lectores y el autor sin que tenga que mediar más medio que la imaginación. Hay puntos en el que las mentes se comunican con nitidez. Esta novela es de esas, de las buenas y de las que generan puntos “telepáticos”.
Harold Bloom, un importante crítico, dice que leer sirve para fortalecer nuestra personalidad y averiguar cuáles son nuestros intereses más auténticos. Este autor coincide con la opinión de Augusto Monterroso sobre que el acto de leer es un asunto personal y no social. Este último opina que escribir es “una chifladura que habría que disfrutar como tal para que los demás puedan recibir parte de ese goce” (en Viaje al centro de la fábula, 1989). Leer literatura es y debe ser: gozo.
Menciono esto porque Luis Rincón es un autor que ha evolucionado dentro de la literatura infantil y juvenil. Se ha alejado de los clichés y formalismos que habían aquejado a los textos dirigidos a niños y logró posicionar su literatura de tal manera que la enfocó a los verdaderos niños. A lectores inteligentes que exigen historias con peso, sustanciosas y complejas.
También recordé mis años como estudiante de nivel superior. En especial una materia en la que me enseñaban álgebra booleana y su aplicación a la tecnología. Resulta que realizamos en papel, usando estas matemáticas y lo que se llamaba “compuertas” (and, or, nor, nand, xor, xnan) (¿hay algún ingeniero en electrónica entre el público?)… En fin, que una de las tareas fue hacer un organismo que no pudiera realizarse más que con álgebra. Podíamos crear lo que fuera, incluso un dispositivo para comunicación telepática. La limitante (que era lo que quería demostrar el profesor) era la tecnología del momento. Es decir, se nos pudo haber ocurrido crear una máquina de realidad virtual pero en papel (hablo de hace apenas 20 años). Resulta que Luis creó, sin álgebra booleana ni tecnología de punta una “tableta” de realidad virtual que, además, si se lee en conjunto puede llevar a una comunicación telepática. Por si fuera poco, metió dentro de ella a los dioses y mitos griegos; creando, además, un espacio transdimensional. La literatura se acerca al futuro y crea futuro. La imaginación llega a la realidad mucho antes que la realidad misma. En algunos años tendremos dispositivos que generen espacios transdimensionales, así como llegamos a tener los submarinos de Verne o los helicópteros de Da Vinci. La literatura no tiene límites y por eso se anticipa al futuro. Las mentes infantiles no tienen límite y por eso no se les puede limitar la literatura que se dirige a ellos. Vean (mostrar el libro y hojearlo), es un libro con muchas letras, con pocos dibujitos. Léanlo y verán que dentro han una tableta llamada Perseo TS que crea realidades virtuales y que permite a padres e hijos comunicarse telepáticamente.
Aunque la historia que nos presenta Luis tiene como base el precioso mito griego de Perseo y Medusa, coloca a un héroe que el lector puede palpar: a él mismo. Uno puede identificarse con el protagonista y, realmente, entrar en un mundo virtual para luchar contra criaturas terribles en un espacio que Luis define como “transdimensional”. Los trajes de los personajes, por otro lado, muestran la personalidad de cada uno de los personajes y, también, desnuda la personalidad de los lectores. Son avatares que se parecen mucho al avatar hindú: la encarnación de una deidad. Somos Perseo, la Gorgona, las Grayas, los héroes y los monstruos, y lo seguimos siendo cuando cerramos el libro.
La novela Perseo TS ostenta el "Premio Internacional Invenciones de Narrativa Infantil y Juvenil". En el título tan largo de tal galardón, me gustaría llamar la atención que se trata de una distinción sobre narrativa y centrar en que esta es un género literario. Sin pretender entrar en controversia con tantas definiciones existentes, la literatura se refiere a una expresión artística y está destinada a causar un placer estético. No es un libro de texto ni tiene la finalidad de aleccionar a jóvenes y niños, tampoco es un libro ingenuo; toca sentimientos, miedos, valor, expresión humana que trasciende. Esta novela, como ya se ha dicho y como su título indica, rescata los mitos griegos; pero hace algo más: los pone a nuestro alcance y nos da la oportunidad de entrar en un espacio donde podemos ser los héroes y tener la oportunidad de luchar en situaciones que superan nuestro poder físico, pero estaremos vestidos con trajes especiales que no ayudarán a vencer lo que se nos ponga enfrente, incluso a nosotros mismos.
A los que son padres de familia o que convivan con pequeños genios, les recomiendo hacer la lectura en voz alta, de tal manera que puedan hacer más fuerte el ejercicio telepático que significa leer literatura. Tengan en cuenta que este no es un libro para dormir niños; es, como toda literatura infantil debe ser: para despertarlos. Léanlo con cuidado, porque puede despertar también al niño que vive en cada uno de nosotros.
[El presente texto fue leído durante una presentación de la novela Perseo TS, de Luis Antonio Rincón García en 2016 en la librería del FCE José Emilio Pacheco de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México]
La aventura de hacer un examen
Por Maria Gabriela López Suárez
Circe acudió a la universidad para presentar su examen de admisión, tenía la firme decisión de estudiar Diseño Gráfico, en su casa querían que siguiera la tradición familiar de estudiar Contabilidad.
—Lo mío, lo mío, no son los números, más que para sumar o restar cuando hago mis cuentas de gastos —solía decir Circe, cada que que le mencionaban sutilmente la carrera que más elegían en la familia.
Llegó temprano a la escuela, sin complicación alguna pasó al aula y esperó las indicaciones. El tiempo le parecía lento previo al inicio del examen. Cuando empezó, le dio una ojeada al cuadernillo de preguntas, casi se va de espaldas.
—¡Madre mía, 210 preguntas! Con 4 horas para responder, uff, espero que me alcance el tiempo. Sin duda, la sección de Mate es la que me dará un poquito de dolor de cabeza, —pensó. Mientras se apresuraba a resolver la sección de Inglés.
Le tocó sentarse al lado de una ventana, inquieta como era Circe, no dejaba de echar un ojo a lo que pasaba, vio algunos estudiantes que llegaron tarde, así como también que el cielo soleado poco a poco se fue nublando.
—Solo espero que llueva una vez que yo haya salido de la escuela —dijo para sí.
Circe trató de no revisar su reloj para no atormentarse y entrar en estrés. Prefirió observar a un pequeño insecto que caminaba sobre el cristal de la ventana.
—¿Caminará más pronto para llegar del otro lado de la ventana antes que yo termine de resolver los problemas de Mate? —se preguntó.
Siguió respondiendo el examen y en efecto, el pequeño visitante no había dejado rastro alguno para cuando Circe concluyó los problemas.
De nuevo, se dejó cautivar por lo que observaba a través de la ventana, el pasto era como una especie de alfombra roja para un zanate que caminaba con un ritmo que dejó asombrada a Circe, era un caminar apresurado pero con elegancia.
Una compañera del grupo preguntó la hora, Circe se percató que solo le quedaban aproximadamente cincuenta minutos para concluir el examen, llevaba un 80% contestado. Se dio prisa y ya no volvió a ver a la ventana hasta que terminó.
Aún le dio tiempo de hacer una revisión general de sus respuestas, mientras pensaba que ojalá le fuera muy bien y quedara en la carrera, de lo contrario le tocaría repetir la aventura de hacer un examen. Entregó la prueba y se dispuso a regresar a casa, mientras el viento le acariciaba el rostro. La lluvia no tardaba en llegar.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Apunte de oído/ 9 La conversación en "Peor para el sol, de Sabina
Héctor Cortés Mandujano
Joaquín Sabina (Úbeda, Jaén, 1949) no sólo es evidentemente un gran lector; también tiene un oído entrenado para la poesía. Escribió muchos sonetos para la revista Interviú, que luego fueron parte del libro Ciento volando de catorce (AGT Editor, 2001). En algunas de sus canciones es obvio su conocimiento poético y su dominio del idioma.
“Peor para el sol” (de su álbum Física y química, de 1992) es, aunque no lo haya explicitado con ningún dueto (creo), una conversación, que yo remarco con guiones. Se supone que, en un bar, un hombre pregunta el nombre a una mujer (esta no lo dice de forma explícita la letra de la canción, es la inferencia previa) y ésta le dice en los versos que canta únicamente Sabina:
“—¿Que adelantas sabiendo mi nombre? Cada noche tengo uno distinto, y siguiendo la voz del instinto me lanzo a buscar…
“—Imagino, preciosa, que un hombre…
“—Algo más: un amante indiscreto, que se atreva a perderme el respeto, ¿no quieres probar? Vivo justo detrás de la esquina, no me acuerdo si tengo marido. Si me quitas con arte el vestido, te invito champán.”
El personaje que nos cuenta la historia es el hombre del bar, que nos dice: “Le solté al barman mil de propina, apuré la cerveza de un sorbo. Acertó quien ‘El templo del morbo’ le puso a este bar”. (‘El templo del morbo’, es, hay que decirlo, un pésimo nombre para un bar, pero tal vez sólo eso le rimaba a Joaquín. Es como Juan Gabriel, que en “Amor eterno” rima Sepulcro con Acapulco… A veces las musas están distraídas.)
La canción nos sigue contando la aventura con la misma forma conversada: van al depa de la mujer, esnifan una raya de coca (“Nos sirvió para el último gramo el cristal de su foto de boda”; estas imágenes canallas de Sabina, me parecen impostadas; son usuales en sus canciones. Parece que quisiera asustar al auditorio: ‘Oh, qué falta de respeto, qué malvados’), se desnudan. La mujer, en su papel de devoradora, le informa que no se debe enamorar, en otra de sus declaraciones de mala telenovela (“con el alba tendrás que marcharte para no volver”).
La respuesta de él tiene el mismo temblor melodramático: “Es mejor, le pedí, que te calles; no me gusta invertir en quimeras. Me han traído hasta aquí tus caderas, no tu corazón.”
Tienen sexo, sin remilgos, como ella propone (“en mi casa no hay nada prohibido”) y que él resume, con cursilería (“Ya sabéis, copas, risas, excesos, ¿cómo van a caber tantos besos en una canción?”). Sabina reconoce, en una entrevista que le oí, que en una canción un elemento central es la cursilería; ésta tiene un evidente desbalance entre lo canalla y lo azucarado. [No quiero sugerir que mi corazón es de piedra; suelo también ser cursi, aunque hay cosas que, llevadas al extremo, como en “Peor para el sol”, me dan ñañaras.]
Lo previsible ocurre al final: el hombre regresa al bar, herido por la experiencia, y se encuentra con que ella también ha vuelto (“Me moría de ganas, querido, de verte otra vez”. Oh, el amor existe, exclamaría una quinceañera).
Lo menos logrado de la canción, me parece, es el estribillo, que dice el hombre a quién sabe quién: “Peor para el sol, que se mete a la siete a la cuna del mar a roncar, mientras un servidor le levanta la falda a la luna”.
Lo llamativo es la eficacia de un compositor, bastante popular, que es capaz de disfrazar un diálogo como si fuera un texto continuo, sin perder el hilo de la trama. Y hacer que una historia, contada con cierta complejidad, parezca tan simple de escribir…
Contactos: hectorcortesm@gmail.com.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz**
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
**Juan Ángel Esteban Cruz. Cintalapa, Chiapas, México. Diseñador gráfico, maestro en mercadotecnia y publicidad. Su trabajo se ha publicado en numerosos diarios, libros y revistas de México y el extranjero.
Golondrinas en los caparazones de las tortugas
Por Roger Octavio Gómez Espinosa
No sé cuándo concibió Cortázar el universo de los "Cronopios", "Famas" y "Esperanzas". Sé que en 1962 fue publicado Historias de cronopios y famas. Gracias a la publicación póstuma de Papeles Inesperados, puedo saber también que el propio Cortázar se asumió o intentó asumirse como Cronopio. En la introducción a Rayuela de mi libro editado por Cátedra mencionan Historia de cronopios... como divertidas (2018: 18) y en la introducción a Cuentos completos/1, Mario Vargas Llosa las menciona como “el más travieso de sus libros” (Cortázar: 2009: 16), además de asegurar que para Julio Cortázar escribir era El Juego.
En Bob Dylan el mundo también es un juego para los maestros de la guerra: Masters of war/ Build to destroy/ you play with my word/ like it`s your litle toy... El juego y la travesura, aunque suelen ser divertidos, no son algo inocente o inofensivo. Grandes fuerzas se mueven y nuevos universos nacen para irremediablemente tocar el nuestro. Estoy de acuerdo, Cortázar juega con las palabras; se divierte, quizá; mas no considero que escriba con inocencia ni sólo para divertir.
1962 fue el año de la “crisis de los misiles” posicionados en Cuba, el año del encarcelamiento de Mandela y la muerte de Marilyn Monroe. Un año antes, 1961 prometía cambios de rumbo: Kennedy había asumido la presidencia de Estados Unidos y muerto Leónidas Trujillo en República Dominicana, Yuri Gagarin se inmortalizaba con el primer vuelo espacial, en Alemania se levantaba el muro de Berlín y en América fallaba la invasión estadounidense de Bahía de Cochinos. Los años 60 fueron la década en la que la música popular “pasó de estar sometida al férreo control de la industria a convertirse en vehículo para la total libertad de expresión” (Paytress, 2016: 43) Los hijos de los baby boomers buscaban el timón. La década de Rayuela, donde la música era jazz evocando libertad, o el ansia de esta.
Los estudiantes de Francia en el 68 hacen una revuelta que tiene eco en varias partes del mundo, los de México, en Tlatelolco, son corderos enmudecidos por una matanza. Varias paredes tenían grafitis con la imagen del Che Guevara, muerto en 1967 en Bolivia. Los 60 parecen una época en la que “mano dura” se blande con orgullo, los capitanes no sueltan el timón a la juventud “desenfrenada” que sube la voz y busca medios para expresarla. Esperanzas contra Cronopios, quizá, o contra Famas.
En 1971 Pablo Neruda recibe el premio Nobel y como nos refiere el propio Cortázar en Papeles inesperados, el Club de Estocolmo le regaló un Cronopio de Felpa que Neruda festejó con un mensaje: “¡Cronopios de todos los países, uníos! Contra los tontos, los dogmáticos, los siniestros, los amarillos, los acurrucados, los implacables, los microbios. ¡Cronopios! ¡De frente, marchen!” (2009), era 1971, México reprimía de nuevo con violencia a sus estudiantes y 2 años después el golpe militar de Chile le hizo recordar a Julio aquella frase y Neruda moría en un hospital que dictaminarían como muerte por cáncer de próstata. En 1972, febrero, sucedía la masacre del Domingo Sangriento en Irlanda del Norte. La mano dura se prolongaba. Septiembre negro en las Olimpiadas de Múnich.
La frase-reacción de Neruda quizá pueda darnos una pista de cómo fue la recepción del libro de Cortázar en ciertos círculos. El año de su publicación, la época, arroja pistas del contexto en que salió a la luz y la posible lectura que tuvo, además de la de los lectores que sólo vieron en ella textos divertidos.
¿Por qué Historias de cronopios y famas me lleva a buscar en los hechos periodísticos y populares para clasificarlos como si el mundo cambiara cada 10 años? Baby boomers, X generations, zombies y demás. 70`s, 80`s, 90`s, actualidad. Quizá porque somos clasistas y clasificacioncitas para explicarnos el mundo. Necesitamos crear testigos, reaprender y registrar las cosas nimias, las que nos parecen grandes y no lo son, las que nos parecen pequeñas y tampoco lo son: cómo se suben las escaleras, lo que un reloj significa, cómo hay qué comportarse en un velorio, cómo llorar, cómo tener miedo.
En mi primera juventud me tocó vivir una época donde la guerra que más llamó la atención fue la de la Coca Cola Company versus PepsiCo, donde la televisión era el instrumento para dirigir a la opinión pública, en un país donde se dictaba la vida pública e intelectual bajo el control de un partido político hegemónico. El mundo que aparecía ante mis ojos era una enorme cortina de humo que alternaba con electrones que se ordenaban en un cinescopio. La comunidad intelectual, como en el pasado porfiriano de México, se plegaba al hombre en el poder y lo aplaudía. Cronopios, Famas y Esperanzas eran anécdotas que pocos alcanzaron a comprender y que, sin embargo, partiendo de la aparente inocencia y basados en lo divertidos que parecían, estos relatos dejaron semillas que germinarían en la maduración de lectores posteriores.
Historias de cronopios y famas es un libro de relatos que está dividido en cuatro partes: "Manual de instrucciones", "Ocupaciones raras", "Material plástico" e "Historias de cronopios y famas".
La cuarta parte a su vez está dividida en dos secciones: I. Primera y aún incierta aparición de los cronopios, famas y esperanzas. Fase mitológica; II. Historias de cronopios y famas.
En el cuento con que abre la “Fase mitológica”, "Costumbres de los famas", un Fama que baila Catala y Tregua frente a un almacén es agredido por Esperanzas. —Permítame iniciar con mayúsculas en los personajes de este universo cortazariano—. Cortázar nos narra en tercera persona la suerte de un Fama agredido por unos Esperanzas y quien termina, de alguna manera, confortado por unos Cronopios. El narrador nos explica que el Fama había sido lastimado por los Esperanzas ya que los provocó bailando tregua y catala, que en este universo es considerado irritante tanto por Cronopios como por Esperanzas. Un Esperanza pide al Fama que no baile tregua y catala, que en vez de eso baile algo llamado espera. El Fama no hace caso y sigue, provocador, con su danza. Una pandilla de Esperanzas reduce a golpes al Fama. Al parecer los Cronopios, aunque se han molestado también con la impertinencia del Fama, son más tolerantes y se compadecen del Fama herido. La manera de confortarlo es rodeándolo y diciéndole: “Cronopio cronopio cronopio”. Los Esperanzas, que además usan como asistentes unos peces de flauta, “como el Rey del mar” aclara el narrador, lo han dejado ahí, en una soledad pesada que se aligera con las palabras reconfortantes de los Cronopios.
Bajo la borrosa lupa de una primera lectura el cuento tiene la apariencia sencilla, juguetona y traviesa que otros lectores han visto, en apenas 23 líneas se asoma en el mar de la literatura lo que parece ser un minúsculo témpano que boga con impulso propio. Un tempanito “inocente” y casual. Los marineros avezados deben reconocer que es peligroso minimizar los icebergs por pequeños que parezcan, pero suelen olvidar comentarlo a sus vigías.
"Costumbres de los famas" parece un cuento absurdo y, sin embargo, abre el portal de un universo paralelo, nuevo en cada lectura, donde los organismos se agrupan en clases cuyos comportamientos están definidos por sus prototipos.
Recordemos que para Julio Cortázar el cuento equivale a una fotografía que recorta un fragmento de la realidad, pero “de tal manera que ese recorte actúe como una explosión que abre de par en par una realidad más amplia, como una visión dinámica que trasciende espiritualmente el campo abarcado por la cámara.” (Aspectos del Cuento, Julio Cortázar, cit. en Nguyen Baraldi 2020). Si vemos este cuento como una fotografía quizá podríamos describirla como sigo:
Un Fama yace ensangrentado, rodeado por Cronopios, “esos objetos verdes y húmedos”; al fondo, los agresores se retiran impunes. No es una imagen divertida, aunque esté protagonizada por seres de apariencia ingenua que se desplazan por un mundo duro, frio, intolerante. Es casi la fotografía que vi en las noticias matutinas y que me llegó de un usuario de redes sociales: un hombre sangriento rodeado por otros seres que con sus celulares le tomaban fotografías y videos que pronto subirían también a las redes sociales para denunciar la impunidad con que el crimen organizado ha actuado. Con la diferencia que nadie dice: "Cronopio cronopio cronopio".
No es que Cortázar nos advirtiera futuros ni que percibiera que sus textos seguirían vigentes, él sólo fotografiaba una impresión de su momento y la revelaba, pero la visión espiritual de la imagen trascendía el foco de lo que el escritor era testigo. De esta manera el texto (si es bueno) sobrepasa la época y el momento, porque nos deja apuntes de una realidad que puede acoplarse a otras realidades, y épocas. Somos nuevos lectores los que hoy hacemos recepción de estos cuentos, en épocas nuevas, circunstancias distintas y, sin embargo, descubrimos que somos tan Cronopios, tan Famas, tan Esperanzas. Cortázar sólo había oprimido un obturador para congelar una imagen en la que cambiaban los paisajes, más no los protagonistas.
El lenguaje es sencillo y claro, lo cual, si se considera que existe una receta en la que para escribir historias complicadas hay que optar por la redacción sencilla, pensaríamos que optó por esta, pero siguiendo a Hemingway, los vigías nos deberían advertir que estamos ante un iceberg descomunal, mas como dije antes: nunca lo hacen y nuestras naves soberbias se hunden, pesadas y torpes, cada que releemos textos como Historias de cronopios y famas y no encontramos explicaciones hasta que el mar helado de nuestra realidad nos toca.
Es la segunda década del siglo XXI y aún no sabemos bailar tregua, catala, espera, envejeceremos recordando la época en que ansiábamos cantar con libertad y repetiremos el mismo error de nuestros padres: someter con violencia a nuestros jóvenes o a los que piensan diferente, votaremos por los señores de la guerra y dejaremos en manos de los que vienen la tarea de remendar nuestros destrozos.
En pleno siglo XXI en México en un lugar llamado Ayotzinapa desaparecieron 40 estudiantes que organizaron una manifestación, sin que a la fecha aparezcan sus restos. Nos sentimos orgullosos de haber presenciado la caída del muro aquel que estaba en Berlín, mas indirectamente apoyamos nuevos muros, como el del Brexit, el de Trump, el de Centroamérica, de mares negros y mediterráneos, el renacer de los neo-ismos. Aún las mujeres buscan un trato igualitario y los niños un mundo seguro donde no los roben o sean presas de las más terribles monstruosidades.
Si tan sólo fuéramos capaces de pintar golondrinas en los caparazones de las tortugas, admiradoras de la velocidad, en vez de ignorarlas o burlarnos de ellas, entenderíamos el ritmo de "catala, tregua y espera", al escribir “Cronopio cronopio cronopio” en cada texto seríamos entendidos, saludaríamos con un sincero buenas salenas lector lector y congelaríamos imágenes que trascenderían el foco de nuestras miradas.
Bibliografía:
Beristaín, Helena. (2006). Diccionario de retórica y poética. México: Editorial Porrua, SA de CV.
Cortázar, Julio (2002). Cuentos completos/1. España: Alfaguara.
Cortázar, Julio (2009). Papeles inesperados. España: Alfaguara.
Cortázar, Julio (2018). Rayuela. España: Cátedra Andrés Amorós, ed.
Cortés Mandujano, Héctor. (2009). Apuntes genéricos sobre cuento. México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.
Lynskey, Dorian (). 33 revoluciones por minuto. Historia de la canción de protesta. Miguel Izquierdo, trad. España/México/Argentina: Malpaso.
Nguyen Baraldi, Kim, Calle del Orco. Blog de literatura. Disponible en:
http://calledelorco.com consultado el 1 de abril de 2020.
Paytress, Mark (2016). La historia del rock. La historia definitiva del rock, el punk, el metal y otros estilos. E.U.A.: Parragon
Prado, Gloria. (1992). Creación, recepción y efecto. México: Diana. pp. 7-27.
¿Es el resto del mundo que vive una mentira o soy yo?, ¿mis percepciones están alteradas y no puedo ver la verdad?
Sobre el autor:
Erik García Briones
Tapachula, Chiapas, México, 1983
Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico
Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.
Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.
Aprovecho este espacio para agradecer al público lector que semanalmente convida su valioso tiempo para leer la columna Voces ensortijadas, que concede sus comentarios y algunas anécdotas que les evocan estas líneas.
Les comparto con mucho gusto que esta columna cumplió su quinto aniversario de publicaciones ininterrumpidas el pasado 3 de julio.
Muchas gracias a Letras, idea y voz por el espacio que brinda para su divulgación, sin duda, un apoyo sumamente valioso.
Gracias, gracias, gracias.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Ernestina viajó a visitar a Elba, su mejor amiga, a un pueblo enclavado en una región montañosa, donde la vegetación era abundante en pinos y oyameles de gran tamaño. Elba le había contado de la belleza del paisaje y no exageró.
La vivienda de Elba era pequeña y confortable. El rincón favorito de Ernestina fue una ventana que daba al jardín vecino y a través de ésta se asomaba un pino de tamaño mediano, con follaje frondoso y lleno de piñitas. Era un deleite asomarse en distintos momentos del día, contemplar cómo el viento mecía sus hojas y sobre todo, cómo lucía la belleza de cada una de sus piñas.
Cada rama del pino estaba bellamente decorada con piñas, desde la rama más baja hasta la más alta. Las piñas eran irrepetibles en sus tamaños y formas. Algunas estaban unidas, como racimos de uvas, se observaban tres o cuatro piñas, entrelazadas; en otras ramas se apreciaban dos frutos y en pocas ramas solo había una piñita.
Elba encontró más de una vez a su amiga Ernestina observando frente a la ventana, hasta que le preguntó:
—¿Qué tanto miras, qué hay ahí que no me he dado cuenta?
Ernestina le contó que aún no creía que tenía tan cerca un pino lleno de piñas.
Las piñitas eran un regalo de la naturaleza que ella había recibido por primera vez en su infancia, en una fecha cercana a una Navidad. Desde que las tuvo entre sus manos le encantaron, imaginó cómo habrían nacido, de qué forma y tamaño sería el árbol de donde las cortaron, cómo serían sus hojas. El olor de las piñas le remontaba al bosque, naturaleza viva y ahora era el momento de deleitarse.
Elba le dijo que podría pedirle a sus vecinos si les permitían ver más de cerca el árbol y quizá hasta poder recolectar piñitas que estuvieran en el piso o cortar algunas. La idea le encantó a Ernestina. Lo que no sabía Elba era que, para no perder la oportunidad de tener plasmada la experiencia, su amiga había comenzado a trazar un boceto del árbol de piñas en su libreta de dibujo, actividad que disfrutaba realizar. Sin duda, visitar a Elba y conocer el lugar donde vivía eran de los mejores recuerdos que tendría y había encontrado una linda manera de representarlo.
—Elba, adivina que estoy comenzando a dibujar —dijo Ernestina con la intención de despertar la curiosidad de su amiga.
—¡Mujer, vaya que aprovechas el tiempo hasta en tus ratos de descanso! ¿Acaso tiene que ver algo con un pino? ¿Le atiné verdad?
Ambas sonrieron y Ernestina fue por su libreta para mostrar el boceto a su amiga.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.