Cada viernes de final de mes, la familia de Antonia solía reunirse a cenar tamales, era una costumbre que tenían desde hace más de dos décadas. Se organizaban para cooperar en los gastos. Normalmente, la tía Bertha era quien los preparaba, a manera de fiesta, se podía degustar tamales de mole, de bola, de verduras, de anís y no podían faltar los de chipilín con queso. Ese platillo gastronómico era una inversión de tiempo, esfuerzo y amor por la cocina. En esta ocasión la tía Bertha había tenido un imprevisto y avisó que no podría cocinarlos.
Doña Luz, la mamá de Antonia, quedó como encargada de conseguir los tamales. Antonia se ofreció a ir a comprarlos. Su mamá le indicó la cantidad y variedad que debía comprar. En punto de las 5 de la tarde salió para hacer el mandado. Siguió la recomendación de la ruta que debía tomar para llegar a los lugares donde vendían los tamales, ir por calles transitadas y estar pendiente si notaba algo fuera de lo común, sin dudar en llamar a la casa.
Antonia llegó a su primer destino, la casa de la esquina que tenía como característica, además del letrero se venden tamales, el decorado en sus paredes con repello rústico y las rejas de la entrada que la remontaban a las casas de antaño, como las que aparecían en las anécdotas que les contaba su abuelita Nieves. Hizo el pedido y al no hallar toda la variedad de tamales que llevaba en la lista siguió la segunda recomendación, irse al mercado.
Emprendió el paso a ritmo ligero, iba contenta y observando con atención todo a su paso. La tarde era luminosa. Antonia pasó bajo un árbol donde los cotorros tenían tremenda fiesta. Se detuvo y alzó la vista, los cantos se entremezclaban, ahí revoloteaban de una rama a otra. No puedo evitar recordar algo que le decía su tía Bertha,
–¡Ay Toni, a veces eres tan escandalosa como los cotorros!
Ahora entendía un poco mejor la comparación. Sonrió, le pareció que el escándalo era sinónimo de alegría.
Pasó por una calle que siempre le llamaba la atención, la de los graffitis. Además del colorido tan alegre que decoraba las paredes, los rostros pintados eran muy expresivos. Fue deteniéndose por instantes para observar el material de adobe que asomaba por los bordes, de pronto quedó frente al rostro de Frida Kahlo, la reconoció de inmediato, le pareció muy bello graffiti. Su tío Julián, a quien le gustaba mucho hablar de temas culturales, le había platicado un poco de la obra de la pintora.
Al llegar al mercado eligió el último puesto para comprar el encargo. Se sorprendió al ver la cantidad y variedad de tamales que tenían en ollas muy grandes. Surtió la lista de tamales que faltaban y regresó a casa.
Para cerrar su recorrido se topó con otro bello graffiti, el rostro de una mujer zoque, una señora mayor. Los detalles estaban tan cuidados que parecía un retrato fotográfico ampliado. Miró su reloj, eran las seis de la tarde, estaba justo a tiempo para llevar el pedido, que por cierto, ya le venía cansando por el peso. Sin embargo, valía la pena, llevaba el encargo y había disfrutado la caminata.
Al llegar a casa tocó el timbre, al tiempo que gritaba:
– Tamales, tamales, ya están aquí los tamales.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Leí Las mil y una noches cuando era niño y recuerdo con precisión el asombro que me produjeron varias de sus historias que están asentadas en mi memoria. Vuelvo a leer ese libro prodigioso, de cajas chinas, ahora en tres ediciones muy distintas.
Una, de la que hablaré ahora, es de Editorial Porrúa, 1992. En el prólogo, dice Teresa E. Rhode que (p. IX) “el primer intento para dar a conocer esta hermosa colección de narraciones orientales fue hecho en 1704, por el diplomático Antoine Galland, quien afirmó haber encontrado el manuscrito árabe en Siria”, aunque (p. XII) “la mayoría de los eruditos está de acuerdo en que fueron escritas entre los siglos VII y XVI de nuestra era y también en que el argumento es el resultado de una lenta mezcla folklórica”.
En “Historia del jorobado, con el sastre, el corredor nazareno, el intendente y el médico judío…” hay una de las numerosas afirmaciones amorosas de un hombre al conocer a la mujer. Me llama la atención que no sea el corazón el centro sentimental (p. 137): “Sentí que el amor apuñalaba mi hígado”.
Esta historia, como muchas, está llena de sexualidad, violencia y asesinatos en torno al amor y la ambición, generalmente. De nuevo el hombre sobre la mujer (p. 140): “Vi que se me acercaba la joven, adornada con perlas y pedrería, luminosa la cara y asesinos los negros ojos”.
El barbero silencioso (que es súper parlanchín) tiene seis hermanos y cada uno de ellos tiene un apodo. Me hizo reír el quinto, El-Aschá, a quien apodan (p.161) “la camella preñada”.
El barbero silencioso es detenido por equivocación con otros diez. Los llevan frente al califa y éste le dice al portaalfanje (p. 170): “¡Corta inmediatamente la cabeza a esos diez malvados!”; el hombre cumple la orden, pero al barbero lo han puesto al final de la fila: “Cuando llegó a mí, el número de cabezas cortadas era precisamente el de diez, y no tenía orden de cortar ni una más. Se detuvo, por tanto, y dijo al califa que sus órdenes estaban cumplidas”. Uf.
Bacbac, el tercer hermano del barbero, era ciego y era un profesional, cuenta el barbero (p. 177): “Era mendigo de oficio, y uno de los principales de la cofradía de los pordioseros de Bagdad, nuestra ciudad”.
En la “Historia de Ghanem y Fetnah”, el eunuco Kafur dio un enorme susto a la familia de su amo diciéndole que éste había muerto y al amo diciéndole lo contrario: ya no tenía familia. Su amo lo compró aún a sabiendas que su vicio era la mentira. Cuando amo y familia se encuentran y descubren el infundio, el amo manda que emasculen a Kafur. Cuando ya ha sido mutilado, su amo le dice (p. 205): “Así como tú me has abrasado el corazón queriendo arrebatarme lo que más quería, así te lo quemo yo a ti, quitándote lo que querías más”.
No creo que haya notado tanto sexo y violencia en mi lectura infantil. Pero quién sabe. Tal vez por eso Las mil y una noches es uno de mis libros favoritos.
***
Presentamos mi obra La divinidad del monstruo en Patio Petul, en San Cristóbal de Las Casas, y fuimos recibidos con cálida amabilidad por Lupita Calvo, Isabel Araujo (nos dio prestado su cuarto para usarlo como camerino) y quienes componen ese colectivo. También llenaron las funciones, nos aplaudieron y nos llenaron de frases lindas los asistentes, el público. Alfredo Espinoza, mi compañero en escena; Nadia Cortés, maquillista y vestuarista; Dalí Saldaña, iluminador; Daniel Dávila, músico, quedamos muy contentos y muy agradecidos. Mil gracias.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Foto: Patio Petul
Fotografía: Patio Petul
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
‘Ahí Troya’, sí, en el sentido que el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) indica: “para dar a entender que solo han quedado las ruinas y señales de una población o edificio, o para indicar un acontecimiento desgraciado o ruinoso”. Esto es lo hay, sin más adornos. Y ya que nuestros paternales dirigentes del mundo se aplican en lo de ‘arda Troya’, si, arda, tal como lo leen, ‘arda Troya’, que, según el DRAE, es otra expresión coloquial que “Denota el propósito o determinación de hacer algo sin reparar en las consecuencias o resultados”, porque así están actuando, sin casi excepción alguna, esto es lo que tenemos, y quizá hasta nos lo hayamos ganado.
Siguiendo con el famoso listado de veinte puntos de la revista The Economist sobre el nuevo mundo que nos toca, en el que ninguno de nosotros hemos sido arte ni parte pero con el que nos toca tragar por las buenas –digo por las buenas, porque por las malas, ojo, nos puede condenar a ser desterrados a una isla, al modo de Un mundo feliz, o a tomar soma, o sabe Dios si incluso a desaparecer del mapa...–, estamos aviaos.
Veíamos ayer –bueno, en el último artículo–, cómo en la primera mitad del listado brillaban por su ausencia dos palabras: “persona” y “libertad”. Claro, esto tiene su sentido por cuanto esos dos conceptos lo normal es que queden anulados si de hacer un totalitarismo global –por razón del “bien común”– se trata, y yo estoy convencido de que de ello se trata, pues todo lo indica. Como en las mejores fantasías de ciencia ficción, la tecnología lo dirigirá todo, bajo el gobierno implacable de oscuros personajes en aún más oscuros despachos… El punto once dice: “La educación nunca regresará igual. Se vuelve presencial pero tecnológicamente adaptativa. Cada quien lo que necesita. Estudiar offline y online será lo normal. Las escuelas y universidades se transforman en un esquema híbrido para siempre. Se regresa al esquema de contratar gente muy preparada para llenar puestos importantes, pero se aceptan candidatos sin título universitario, para puestos menos importantes, que tengan la experiencia necesaria”. ¿No es distópìco? ¿De verdad me van a decir que no lo es? Yo les diré lo que es: una aberración de bulto redondo. A ver, no les pita en el oído ese “Cada quien lo que necesita”. ¿Quién va a dictar lo que necesite cada quién en su educación? Piensen. O hay que tener muchos hijos que sean capaces de romper con el nuevo estatuto impuesto o no tener ninguno…
Tragar, tragar y tragar, porque es al final de lo que se trata, como se expresa en el punto trece: “La economía personal se contrae, se utilizan nuevas formas de generar transacciones comerciales y la gente ahorra más. Un porcentaje alto del gasto familiar se destina a actividades que antes no se pagaban y viceversa. La compra de artículos como ropa elegante se sustituye por prendas casuales. Sigue la transformación radical de hábitos en 2021. La electrónica sigue siendo el producto más apreciado y adquirido por un año más”. A ver, recapitulemos, hasta el momento: la tecnología toma un protagonismo central en nuestras vidas, alguien –o alguienes– deciden por nosotros en todos los ámbitos las decisiones que son solo nuestras, el desempleo es y será devastador, aunque podremos vivir en donde queramos y hasta nos dedicaremos a ahorrar –de la risa que me entra me tengo que poner babero–, no tenemos derecho a equivocarnos –pues alguien, como ya ha quedado dicho, designa sin réplica posible nuestra educación, nuestros hábitos y hasta cada minuto de nuestras vacaciones–, no tenemos derecho a vestirnos como queramos –siguiendo con fidelidad este punto trece el designio es claro–… La era Distópica es el fin del género humano. Ya comprendo con peras y manzanas por qué esas dos palabras –”persona” y “libertad”– ya no existen.
—Manuel, que se saltó usted el punto doce…
—¿El doce? Ah, pues sí, pero fíjese, y luego no se me queje, en su tenor literal: “El sistema médico se adaptó a lo digital con tecnología a distancia para siempre. Una cita médica en teleconferencia será lo normal. La gente seguirá con pruebas de Covid rápidas por todo 2021 para sentirse seguros. La vacuna se acelera mucho pero encontrará grandes retos en el camino. Los grandes hospitales replantean su operación por las crisis económicas que han sufrido por el Covid 19. La gente se enferma menos de virus, bacterias y enfermedades por mal manejo de alimentos gracias a una limpieza recurrente del individuo común”. Ya ve, es un punto equis. Los que peor lo tienen son los ciudadanos de los países carentes de un sistema público universal de salud, pero eso no es novedad, pues si tendremos menos dinero, ¿cómo podremos pagar salud privada? Vayamos al sistema de salud al que vayamos, público o privado, nadie se librará en el fondo de ser cada vez más conejillo de indias. Estamos vendidos, pero eso no ha cambiado: ya lo estábamos antes..
—Es usted un agorero…
—No sé, mi amigo. Si ser realista es ser agorero, haga lo que le decía en el artículo anterior, la del avestruz, y meta su cabeza en un agujero, a ver si eso le libra de lo que pasa… Continúo con el catorce, pues, que abunda en otros anteriores: “El comercio sigue creciendo pero en línea; entran jugadores como Facebook, Tik-Tok y YouTube a competir con Amazon. Cierra un porcentaje cercano al 50% de tiendas físicas globales. Las tiendas sobreviven gracias a ser experiencias y show rooms, pero el comercio real para finales del 2024 será mayor en línea que presencial en muchos rubros. Los grandes centros comerciales quedarán atrapados en el tiempo. Muy pocos sobrevivirán a largo plazo”. Bien, siempre he sido partidario de los mercados, las tiendas de barrio y el pequeño y mediano comercio…
—¿Pero no se ha enterado usted que esos comercios están condenados a desaparecer?
—Ostras, Pedrín, tiene otra vez usted toda la razón, mi amigo… ¿Sabe qué le digo? En efecto, lo tendremos que comprar todo por internet, dando nuestros datos y hasta nuestra sangre y sudor… Estaremos controlados hasta la extenuación… ¿Y mis aguacates? ¿Quién escogerá mis aguacates? ¿Por qué tendré que aceptar que otro, en el peor de los casos un androide, elija mis lechugas o mis plátanos?
—Pero si a usted no le gustan las lechugas…
—¿Y quién le ha dicho eso? Ahora me encantan más que nunca las lechugas, ea, y por lo que veo tendré que cultivarlas yo mismo para no tener que comprarlas… ¡Qué desastre!
—Si usted lo dice…
—Sí, lo digo, y no dude que estoy pensando en romper mi smartphone y recuperar mi viejo nokia analógico, a ver si me encuentran. Y si me encuentran, romperé el nokia y volveré al teléfono de centralita, si es que existe aún, o me haré de un palomar con palomas mensajeras…
—Cálmese, que está usted volviéndose loco.
—Puede ser, amigo mío, puede ser, pero no sé qué reacción tendría usted si hubiera leído el punto quince de la lista…
—¿Y qué dice?
—Ahora verá. Se lo leo literal, como los otros, para que no falte ni una coma. Escuche atento: “El cambio climático será un tema muy hablado y apoyado. Grandes industrias seguirán en la transformación y se utilizará la A.I. para comprenderlo y operarlo mejor. La adopción de bicicletas como transporte principal seguirá creciendo gracias a la transformación de las ciudades. Pasaremos del tema Covid al del Cambio Climático como tema principal de forma natural. Una oportunidad de unión global para ayudar a transformar y resolver los grandes temas”. Toma ya, ahora nos dicen en qué debemos desplazarnos, como en la China comunista de los años duros, y que conste que me encantan las bicicletas; incluso hay una pintada en la fachada de mi casa… Pero es que ya tenemos hasta plan de estado único. Digo yo que le podrían llamar Huxley a la nueva unión global en cuya concepción, desarrollo e implantación por decreto esos tipos sin rostro se frotan las manos.
—Bueno, Manuel, ya me voy, le dejo en paz.
—Es usted inteligente, se va cuando llega lo mejor… ¿Sabe usted que el punto dieciséis dice: “Nuevos modelos de información y noticias por suscripción con más transparencia ayudarán a dar contenidos sin tanto “Fake news”. La credibilidad y transparencia será la piedra angular de todas las empresas. La gente está cansada de tanta información y prefiere sistemas curados por expertos para interactuar. La inmediatez seguirá siendo muy valorada”. Igual los “Fake news” han sido una tendencia orquestada desde los de arriba para sumar una excusa más que justifique, en su afán de control, la implantación de la nueva Era…
—Ya está usted delirando…
—¿Delirando? No lo digo yo, lo dicen estos sabihondos pontífices que además tienen en sus manos no solo el timón sino el mango de la sartén en que usted y yo nos encontramos…
—No lo creo…
—Pues luego no se sorprenda cuando nos rocíen con aceite, porque fíjese usted en lo que dice el punto diecisiete: “La salud mental se vuelve un tema recurrente y grandes plataformas ayudan a la gente a sobrellevar las situaciones de agresividad, soledad y angustia que han vivido al estar aisladas. Uno de los grandes costos de 2020 es la complicación para trabajar nuevamente en equipo. Mucho que trabajar, mucho que replantear. Las crisis de liderazgo en las empresas cada día serán más comunes”. ¡La salud mental! A ver, si la salud mental es una especie en vías de extinción, por Dios. Ya verá usted que todos al final vestiremos igual, tendremos lo mismo, llevaremos un número en el pecho, obedeceremos como autómatas…
—Me está usted pintando la cosa, Manuel, como para salir corriendo.
—Eso habrá que hacer, al menos los que puedan… Y agárrese a la silla, porque le voy a leer el dieciocho: “Las grandes problemáticas como la educación, la salud, la energía, la seguridad, la política, la destrucción de la clase media, toman los reflectores y se desarrollan soluciones por parte de las empresas tecnológicas. Se invierten grandes capitales al hacer el bien, mientras que se resuelven los problemas globales. Emprendimiento social en su máxima expresión con resultados económicos muy sustanciosos”. Para “hacer el bien” dice, ¡para “hacer el bien”!, y que “se resuelven los grandes problemas globales”... A lo que se ve, la unión global esa tan cacareada es una nueva versión del Imperio, y que yo sepa Luke Skywalker no está entre nosotros…
—Bueno, bueno, pues ya que está, léame, por favor, el diecinueve y el veinte de una vez.
—Hoy no lo haré mi amigo, porque son para echarles de comer aparte… Espero que los lea en mi próxima entrega de Líneas de desnudo, pero le aseguro que estamos perdidos. Lo vengo diciendo y nadie me pela… Que arde Troya es lo único que tenemos seguro, ya mismo, delante de nuestras narices. Que no habrá piedra sobre piedra. Los mismos que matan son ya los jueces del asesinato. Eso sí, hoy ya somos los más limpios y desinfectados de la historia.
—Eso es bueno al menos, ¿no?
—¿Para qué, mi amigo, queremos ser más limpios y desinfectados que nunca si no es para meternos en un laboratorio y que hagan con nosotros lo que quieran? No lo digo yo, lo dicen los expertos de The Economist. Tome nota y espere a mi próximo artículo. Si creíamos que nuestro mundo era retorcido, el nuevo mundo, además de suponer una involución de más de doscientos años para la Humanidad, es el summum de lo retorcido. Como bien dice el DRAE, “una cosa que no se puede superar”.
(… Continuará…)
Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.
Que entramos con este 2021 (año 1 p.p.) en la Era Distópica no es solo una conjetura, un hallazgo intuitivo o un capricho de agorero. Y tampoco que, en realidad, la Era Distópica es una regresión gigantesca para la Humanidad. ¿Quién cree hoy ya en la democracia si, a las primeras de cambio, en aras al terrible –y luego explicaré la razón por la que lo califico así– “bien común”, los dirigentes democráticos han sido capaces de tomar medidas impensables en una democracia, que atentan contra el sentido de lo democrático, por ejemplo, o hasta los expertos más sesudos reconocen, al menos de manera tácita, que estamos en el umbral de una nueva Era, como se ve en el famoso texto de veinte puntos basado en las opiniones de 50 expertos que la revista The Economist –oh, pontífices del mundo– publicó en noviembre del año pasado como quién descubre el hilo negro, como si en el fondo ya no lo supiéramos? Podemos meter la cabeza como el avestruz en un hueco cualquiera o taparnos ojos, bocas y oídos –por aquello de que ojos que no ven, corazón que no siente–. Podríamos apuntarnos al tan de moda negacionismo… ¿Negacionismo de qué? De lo que sea, faltaría más, y seamos como un “don meopongo”, un tipo que en el saber popular español siempre se opone a todo, o como “un contreras”, apelativo que el saber popular mexicano se aplica a todo aquel que siempre va contra lo que sea. Podríamos regresar al campo, irnos a vivir a la montaña, convertirnos en eremitas en el desierto, volver a coleccionar insectos como en la escuela –al fin y al cabo, los insectos son el mayor ejemplo de supervivencia que pueda encontrarse en la naturaleza–, o podríamos ser quizá más sanos y desterrar, verbigracia, la idea de “nueva normalidad” porque lo que nos arrastra –literal– es un “nuevo mundo”…
Debo reconocer que estuve a punto de borrar el párrafo precedente, como sí hice con varios que había escrito con anterioridad para comenzar esta entrega de mi Líneas de desnudo, no en vano esto da hasta miedo. Veamos qué dice The Economist, ¡en veinte puntos nada menos!, de lo que nos espera: Comienza con un a mi entender ñoño y perverso axioma: “Los humanos deseamos volver a socializar”, y aplica de inmediato la mayor: “pero el trabajo a distancia básicamente se quedará igual”.
¿Sabe alguien lo que eso supone? Pues por si no lo saben con certeza, yo mismo se lo digo: Los humanos –ya ni casi con la consideración de “personas”– ya no somos libres. Y The Economist me da la razón cuando continúa con ese primer punto, que, literal, concluye: “El modelo mixto de trabajo es irreal, simplemente seguiremos trabajando en línea desde nuestras casas cada vez más adaptadas y con reuniones en lugares divertidos y diferentes cada mes para socializar y conectar. Se crearán múltiples espacios para grandes juntas digitales con todas las soluciones resueltas. Nadie quiere vivir en el tráfico ni en esa vorágine de información y trabajo otra vez”. Con esto último parece querer la famosa revista encontrar un lado amable a lo anterior, sin indicar, como era esperable, quién es el vocero que establece lo que queremos los “humanos”, porque por lo visto queremos diversión y liberarnos de las incomodidades de la vida moderna. ¿Alguien preguntó a alguien? Curioso el dato, porque, de momento, en este primer número de la lista no se habla de “libertad” en ningún sitio. Pero vayamos al segundo: “Las oficinas cierran en un porcentaje altísimo y ese modelo atrasado es retomado por tecnologías disruptivas. Cada día tendremos más asistentes digitales para trabajar en forma eficiente. Esos grandes corporativos serán recordados por siempre como los enormes mamuts de 1980-2020 en extinción. La gente no siempre trabajó así y no trabajará por siempre en ese mismo esquema”. Aquí el vocablo “humano” ha sido sustituido por el más impersonal “gente”. Dato interesante, pues resulta ser este punto uno de los más amables de todo el listado. Está bien, ya no habrá “grandes corporativos” hacinadores de personal. En la Era Distópica lo que se aplica es la ley del palo y la zanahoria.
El tercer punto se refiere también al trabajo, y curioso tema es este, pues, de darle al trabajo el protagonismo principal a la lista que pretende definir el nuevo mundo…: “Los hoteles de trabajo desaparecen en un 50% por lo menos. Nunca regresan los viajes, congresos o reuniones de trabajo como eran, si es que se pueden hacer en línea. El turismo de trabajo desaparece prácticamente. Las llamadas se convierten en videollamadas. Las juntas internacionales en juntas en línea. Los grandes congresos en sistemas tecnológicos. Nuevos lanzamientos de productos en forma digital y tecnologías novedosas. Congresos apoyados por A.I. para recibir experiencias personales”. Fantástica realidad, pues si se trata de hacer negocios esto funciona de maravilla y reduce los costos empresariales de manera exponencial. Que todo sea el capital. De los hoteles, qué decir. Que tengan suerte y se sepan reciclar. Es la vida.
El cuarto punto nos habla a nosotros, menos mal, que ya era hora: “Las casas se vuelven más tecnológicas y adaptadas al trabajo diario. Muchas empresas se dedicarán a solucionar las necesidades de trabajar desde casa. La casa cambia de ubicación. Hoy se puede vivir fuera de una gran ciudad, trabajar igual y generar el mismo valor. La ubicación física pasa a un segundo término para las empresas, pero a un primer término para los trabajadores”. Bien, sigue sin aparecer la palabra “persona” y se refiere a la gente como “trabajadores”. Toma ya. Podría entenderse este punto por la posibilidad de elegir con libertad en qué lugar del mundo se desea vivir. Para mí, que soy un extranjero en toda tierra, es un sueño, desde luego, pero aquí importo poco. Lo que en realidad este cuarto punto indica es el engañabobos de la nueva realidad. Lo dicho: palo y zanahoria. No serás libre, pero podrás vivir en donde quieras, pendejo, claro que otra cosa es que puedas.
El quinto vuelve a la carga con lo que parece primordial en el nuevo mundo: “La productividad ya no depende de un jefe que te revise, ahora es por medio de plataformas que te ayudan a medir resultados, KPI’s y tiempos eficientes. La forma de contratar personal se replantea. Contratar al mejor del mundo hoy es más fácil, económico y eficiente. No habrá diferencia entre contratar personal local y extranjero. Hoy todos somos globales”. Que Dios oiga a The Economist. Gracias.
El sexto se despacha ya en términos de distopía pura: “Todo lo repetitivo se vuelve virtual y en esquema de suscripción. Desde iglesias, arte, gimnasios, cines, entretenimientos. A veces iremos a cosas físicas pero los números no darán para mantener las infraestructuras físicas que se tenían antes. Menos lugares podrán mantener algunos modelos abiertos. Servicios sofisticados a domicilio por medio de VR llegarán muy pronto”. Se acabó, debo deducir, lo de ir a misa los domingos, por no ir más lejos. Es una especie en extinción, como ir al súper o a un concierto. Lo terrible de este punto es que vuelve a recalcar la negación de la libertad. Alguien, quien sea, está dictando qué debemos hacer. Ya empiezo a comprender por qué hasta el momento no se ha empleado la palabra “persona”.
El séptimo es profético: “Las empresas que no inviertan por lo menos 10% en nuevas tecnologías desaparecerán. La empresa tradicional llegó a su fin en 2020. Ya solo queda esperar a su muerte definitiva. Con recursos limitados las empresas requieren más certidumbre y mejores inversiones. Una empresa tecnológica, nueva y fresca hoy, puede desbancar a una que lleva haciendo lo mismo en los últimos 50 años. Así como el modelo de “dark kitchen” ha crecido muchos servicios copiarán el modelo”. Menos mal que Kolaval –y permítanme que hable de mis cosas– sí es una empresa “nueva y fresca”, tanto que podríamos decir que se asemeja a una manzana. Y es que solo las empresas que parezcan verdura o fruta tienen futuro, al menos por lo que dice la revista.
No puedo negar que el octavo punto es divertido: “El turismo por entretenimiento regresa totalmente fortalecido en el segundo semestre de 2021, siempre acompañado con mucha tecnología en su operación, desde la compra, la operación y las experiencias a recibir. La gente aprecia más que nunca visitar lo natural pero con soluciones altamente tecnológicas. Lugares más remotos, experiencias más auténticas apoyadas con asistencia digital 24/7. La interacción es la base del entretenimiento del futuro. Ser parte, experimentar algo auténtico y descubrir información en forma dinámica”, pero también es engañoso. ¿Nos quieren dar a entender que el turismo –actividad que desprecio pero que comprendo que sea del gusto general– que viene, a ver, viene a ser como el de “Jurassic Park”? Dios no lo quiera. Viajar, y lo digo por experiencia, es una de las mayores fuentes de gozo que uno puede tener en la vida, pero perderse viajando es una experiencia extraordinaria, poco recomendable si se busca y maravillosa si es azarosa. Yo, que me perdí de noche en un bosque en Laponia y puedo contarlo, lo puedo atestiguar. Es un ejemplo de miles, pero esa “ayuda” tan completa al viajero es también un control completo del viajero. Se está negando, de paso, la posibilidad de la locura.
Y tan controlados intentarán tenernos a todos como el punto nueve consagra: “El manejo de datos personales se vuelve más delicado y las grandes plataformas cambiarán. La gente regresa a pagar cosas por suscripción por el sentido de transparencia que involucra. Prefieren pagar que regalar sus datos. Las grandes marcas hoy valen por su credibilidad. Todo se puede copiar o replicar menos el prestigio. El valor de la empresa hoy depende de muchos factores y no nada más de su venta anual”. Movidos por un sentido perverso –por cuanto negador de uno mismo– de la seguridad, parece que ahora no tendremos nada sin pagar ni dar nuestros datos, en un ejercicio de negación ya total de nuestra privacidad. Miedo da lo que nos espera, perdón, lo que ya tenemos encima. Y entre otras cosas lo que tenemos encima es precisamente la clave de nuestra nueva esclavitud, expresada –incluso con complaciente compasión– en el punto diez: “La fuerza laboral se reduce dramáticamente y se le dan muchas operaciones simples a la A.I. Para 2024 el A.I. ya manejará operaciones complicadas en millones de lugares. Pero la adopción general inicia en 2021. Se aproxima una temporada de despidos globales muy grande. El desempleo se da por razones multifactoriales y no solamente por la crisis económica”, dando en una de las razones principales que justifican la nueva Era: si las personas –palabra que sigue sin aparecer– ven reducidos sus recursos es más fácil dominarlas. Tan simple como sencillo. Ver para creer.
Seguiré con la lista de The Economist en mi próximo artículo, y aún le dedicaré otro más dentro de esta serie acerca de la distopía, pero quisiera abundar en un detalle cuya explicación anuncié al comienzo de este “artículo” –y pongo la palabra entre comillas porque hoy, por lo visto, todo vale, y desconozco incluso si se puede definir mi texto como artículo–. Me refería al “bien común” como terrible motivo en la toma de decisiones por parte de los dirigentes “democráticos” del mundo. ¿Por qué terrible? En mi opinión, porque nadie está capacitado para decidir lo que las personas necesitamos sin contar con las personas. La democracia, pues, es lo que ha muerto, en efecto. Como si volviéramos al tiempo de las monarquías absolutistas. Total, un nuevo mundo de hace más de doscientos años.
(… Continuará…)
Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.
DECÁLOGO DE MI PENSAMIENTO
1. Renuncio a la prisa. No conozco el tiempo; no soy esclavo del reloj ni del calendario. Creo que la emoción, la acción y el pensamiento radican en la cabeza y se rigen por otras pulsaciones.
2. Apuesto por escuchar tanto o más que lo que hable. No hablaré, en consecuencia, más que lo suficiente, que siempre será mucho, pues hay mucho que aprender cuando se escucha a los demás.
3. Apuesto por apreciar la comunicación personal como vía de redención de ansiedades y deseos y alternativa eficaz para la exposición de tribulaciones, intereses y proyectos personales y/o colectivos.
4. Apuesto por valorar todas las opiniones como importantes. No me disculparé por decir lo que pienso, aportar mis propios planteamientos, referencias, materiales o ideas, o por poner mi corazón sobre la mesa.
5. Apuesto por ser yo mismo siempre, con todo lo que suponga, como siempre ha sido y debería ser, y seré consecuente, libre y leal, pues eso es lo que hace que las cosas merezcan de verdad la pena.
6. Apuesto por conocer a los demás. Sé que nadie tiene solo una sola dimensión, que todos valen mucho más incluso que lo que piensan de sí mismos, y la aventura de compartirse es una extraordinaria lección continua de vida.
7. Apuesto por la verdad. La mentira es la negación de la inteligencia. Por ello, renuncio al cinismo, a la mentira, a la uniformidad, a la maledicencia, a la hipocresía, a la soberbia, al gregarismo y a imponerle a nadie mis ideas.
8. Apuesto por un axioma más: Me importan más las cosas que unen que las que separan. La diversidad, la desemejanza y la disparidad no solo no disgregan sino que que nos hacen más ricos y fuertes.
9. Apuesto por la confrontación como estímulo, por apreciar la diferencia, por respetar a todos. Por ser consciente de mi condición. La humildad será mi llave para crecer.
Y 10. Haré siempre lo que me dicte el corazón, que radica en la cabeza como todo lo demás, y esto me llevará siempre a superar las palabras y a desarrollar mi capacidad de amar con hechos. Extenderé sin pudor mis manos para “decir” con claridad que amo. Y seré libre.
Madrid, España, octubre de 2004.
__________
Nota del autorAlgún día hablaré también de la TertuLía de los miércoles o de los doce, que promoví en la primavera de 2004 con los artistas plásticos españoles Carlos Franco y Manuel Franquelo y que fundamos en efecto entre doce (el poeta y traductor Antonio Bueno Tubía, los músicos y compositores Santi Vega, Javier Paxariño, Juan Antonio Lleó y Juan Manuel Ruiz, los artistas plásticos Sergio Sanz, Francisco Higuera y Modesto Trigo y el filósofo Ilia Galán, además de nosotros tres) bajo los auspicios iniciales de la actriz Lía Chapman –por quién acuñamos el nombre de "TertuLía"– y en cuyo restaurante de la calle Reina de Madrid comenzamos a reunirnos, como a ver qué pasaba y resultó tener un espíritu perdurable. Entre abril de 2004 y junio de 2005 estuve coordinando la TertuLía, que se reunió por aquel tiempo en diversos sitios de Madrid capital e incluso salió de la capital de España por algunos motivos extraordinarios. Por aquellos espacios tertulianos aparecieron personalidades que se fueron incorporando al grupo con la naturalidad con la que se respira: el poeta Marcos-Ricardo Barnatán, la periodista y escritora Rosa Pereda, el filósofo Ignacio Gómez de Liaño, la antropóloga Mari Carmen Caillot, los escultores Gonzalo Sánchez Mendizábal, Amador Braojos o Alberto Bañuelos Fournier, los artistas plásticos, visuales y/o experimentales Antonio Alvarado, Carlos Urbina, Julio Castellano, Lisi Prada, Carlos Ossorio García de Oteyza, Claudia Bonollo o Cecilia Canal, la crítica y poeta María Escribano, la galerista Belén Rivas García-San Miguel, el humanista, cineasta y escritor Joaquín Lledó, la fotógrafa Magali Berenguer, los editores Máximo Higuera o Jesús Tablate y una larga lista de personas excepcionales que sería interminable de enumerar, por no contar la de los invitados que tuvimos y con los que mantuvimos siempre conversaciones memorables que quedan para el recuerdo, pues nunca hubo registro alguno de las sesiones, ni de las sesiones abiertas que hacíamos a veces, una de las cuales está sirviendo como ilustración al presente texto. De todos se puede encontrar abundante información, por tratarse de personalidades del mundo de la cultura, por lo que ha sensación de ser un privilegiado por gozar de su amistad personal es aún mayor. Pese a los años transcurridos, hoy sigue vivo el espíritu de la TertuLía, aunque ya no tengan lugar reuniones hace mucho tiempo. Éste texto que traigo hoy aquí es de octubre de ese mismo año fundacional y nació de una necesidad que tuve en un momento determinado. Y lo publico por su, a mi entender, indudable valor para cualquiera. Al fin y al cabo, ya tiene 17 años. O sea, que está alcanzando su mayoría de edad. Y yo brindo por ello.
Fotografía: “Sesión abierta de la TertuLía, 2015. Archivo personal M. P.-P."
*Sobre el autor:
Manuel Pérez-Petit
Editor, escritor y gestor cultural
Sevilla, España, 1967.
Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.
Ese jueves Leonor había pasado más de siete horas frente a la computadora, sin dar un receso a la vista y al cuerpo. Quería finalizar el informe de actividades que le habían solicitado en su trabajo. Llevaba más de la mitad de la semana en esa tarea. En la mañana apenas había bebido unos tragos de café y comido un sandwich que se preparó antes de comenzar su faena. Tenía la ventaja que le habían permitido trabajar desde casa en esos días, así que decidió hacer una pausa y salir a caminar.
Se asomó a la ventana, el sol resplandecía, fue por la gorra, las gafas para el sol y un bote con agua. Tomó sus llaves y salió de casa. Con toda intención dejó el celular, para despejarse un rato y disfrutar el momento. Caminó rumbo al parque que estaba como a diez cuadras de su casa. Se prometió estar atenta a lo que veía y olvidarse por esos instantes del informe laboral.
El clima era cálido, en realidad no parecía que estuvieran en invierno. Se percibía un aire que no era fresco pero, al menos, era como una especie de caricia ante el sol intenso. Leonor se percató que aunque había comercios abiertos, el tráfico era moderado, lo que agradeció.
Iba a paso lento. Su rostro dibujó una enorme sonrisa cuando avizoró los primeros árboles que le daban la bienvenida al parque. Desde ese momento sintió el cambio en la atmósfera, el follaje de todos los árboles daba cobijo a caminantes que, como ella, buscaban refugiarse ante los rayos intensos del sol.
Siguió caminando, observó que algunos de los árboles florecían, era un mosaico de colores el que podía percibirse en cada flor desde el blanco, rojo, pétalo de rosa, naranja, hasta el amarillo. Estas últimas eran las de su color favorito. Se quitó las gafas. Alzó la vista para tratar de calcular qué altura tendrían esos árboles tan frondosos, aunque no era buena para esos menesteres, les dio un aproximado de 25 a 30 metros.
Se sentó en una de las bancas de cemento, colocadas en los alrededores del parque. Bebió unos tragos de agua. Empezó a mirar con detenimiento lo que le rodeaba. A lo lejos había un señor con su pequeño hijo que jugaba con el triciclo. Más allá una pareja de enamorados.
Escuchó el concierto del aire meciendo las hojas de los árboles, el canto de los pájaros revoloteando en las ramas buscando su lugar; percibió un remanso de paz al sentirse envuelta en esos instantes de la tarde, era una especie de oasis en la ciudad y ella estaba ahí disfrutándolo. Cerró los ojos un momento, sintió los aromas de la naturaleza.
–Ya huele a primavera– , dijo a manera de susurro.
– Papá, papá, te voy a ganar si no te apuras.
Sin abrir los ojos, Leonor imaginó que el niño del triciclo estaba cerca de donde ella se encontraba.
Era hora de volver a casa. Su mente y cuerpo agradecían esa pausa. Abrió lentamente sus ojos. Volteó a su lado derecho y vio al niño entusiasmado a bordo del triciclo que intentaba a toda costa llegar antes que el papá.
Tomó su bote, terminó el agua que quedaba, se colocó nuevamente las gafas y emprendió el regreso a casa.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
donde no puede haber aleteos ni susurro de hojas…?
Albert Camus, en La peste
Aunque parece reportaje es novela, aunque habla de otro tiempo parece que se refiere al día de hoy, aunque se titula La peste podría llamarse ElCovid.
Albert Camus publicó La peste en 1947 (mi ejemplar es de Editorial Azteca, 1957). Comienza con la muerte de una rata, a la que se van sumando otras, cientos, miles, hasta que muere el primer ser humano y luego otro, otros, y cientos, miles.
Pero Camus era no sólo novelista, sino filósofo y hay líneas que lo demuestran (p. 6): “Los hombres y mujeres o bien se devoran rápidamente en eso que se llama el acto del amor, o bien se crean el compromiso de una larga costumbre a dúo”.
La primera novela que leí de Camus, y la más famosa, es El extranjero y hace de ella una síntesis aquí (pp. 40-41): “En medio de una conversación, la vendedora había hablado de un proceso reciente que había hecho mucho ruido en Argel. Se trataba de un joven empleado que había matado a un árabe en la playa”.
Una verdad cardinal (p. 84): “La primera mitad de la vida de un hombre es una ascensión y la otra mitad un descenso”.
Hay muchos ejemplos, en la pandemia que hemos padecido y padecemos, de quienes se cuidan a piedra y lodo, y se infectan, y hay los descuidados a los que nada pasa. Lo mismo en La peste (p. 93): “Hace cien años una epidemia de peste mató a todos los habitantes de una ciudad de Persia excepto, precisamente, al que lavaba a los muertos, que no había dejado de ejercer su profesión”.
Rieux, el narrador, luego de tantas desgracias, ve (p. 186) “dos ratas vivas entrar por la puerta de la calle”. Se alegra, porque sabe que eso indica un descenso de la enfermedad. Qué cosa. Las ratas dan esperanza. Mueren las ratas, mueren los seres humanos; se salvan aquéllas, se salvan éstos.
También me llama la atención que, desde aquel tiempo, existieran los criminales histéricos. Rieux es alertado por un policía para que no transite por una calle, porque (p. 211) “hay un loco tirando a la gente”.
El final de la peste en este libro no se aleja tampoco de nuestra realidad. Hay mucha alegría porque todo terminó, pero (p. 216) “esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás”.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Foto: Nadia Carolina Cortés Vázquez
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Un día de hace una docena de años publiqué:Ahora que estoy a punto de llegar al minuto cero por decisión propia –y estoy yo mismo sorprendido por este ejercicio de voluntad que ya hubiera querido para mí en otros momentos de mi vida; voluntad no de amar, sino de querer amar– o de repente se presenta ante mi ojos una ceguera que me permite cumplir el sueño de solo ver y no mirar..., ahora que ahora cobra más sentido que nunca –como si nunca hubiera sentido el sentido que, realmente, tiene, quisiera yo o no lo quisiera, o hay un sí que no requiere de palabras y que se planta ante mí insolente y me derrota...–, ahora que parece que llega de una vez el último viaje que Machado mencionó en su retrato: "y esté al partir la nave...", ¿lo recuerdas, al menos, por Serrat?…, o al menos ése es mi deseo y de torrentes de mí me he precipitado en el torrente "que nunca ha de tornar"..., ahora que brutales incendios forestales amenazan con destruir los últimos pilares de nuestra conciencia histórica verdadera o están devorando nuestros infértiles planes de dominio y vanidades..., me llega la conciencia de que siempre fui esclavo y ahora, de repente, soy, por vez primera, un hombre libre...,ahora..., con una ejemplar indolencia, pues mi rendición es armisticio, por primera vez en mi vida escribo algo con intención y lo publico sobre la marcha, infringiendo mis más elementales principios operativos, estoy en el punto exacto de mi vida...,;
ahora no os regalo un poema mío sino un poema mucho mejor que cualquiera de los que yo pueda escribir nunca.Y os lo regalo lleno de gratitudes; pidiendo perdón por mis torpezas y errores lamentables, con alegría, lleno de besos, temblando... Y pensando en que hasta mi sonbra se sonroja solo con verte...Al día siguiente publiqué:En una antigüedad muy remota, un hombre sin nombre cruzó el mundo y se encontró en Egipto y en Mesopotamia, haciendo un viaje que cambió el curso de la historia.En otra antigüedad no tan antigua pero también lejana, otro hombre sin nombre cruzó Asia y entró en América, mucho antes de que ésta fuera descubierta, y la pobló, haciendo un viaje que cambió el curso de la historia.En otra antigüedad ya más cercana, un hombre llamado Aníbal cruzó en elefante la península hispánica, para librar una batalla, a las puertas de Roma, que aún nadie ha olvidado, haciendo un viaje que cambió el curso de la historia.En otra antigüedad ya bastante familiar, un hombre, Julio César, cruzó el Rubicón con sus legiones, haciendo un viaje que cambió el curso de la historia.En otra antigüedad casi inmediata, Jesucristo, hombre y Dios en uno, se retiró al desierto y en él se mantuvo durante cuarenta días y cuarenta noches, haciendo un viaje que cambió el curso de la historia.En otra antigüedad ya con tres cifras en el calendario y en nuestra era, Mahoma se desplazó de Medina a La Meca, haciendo un viaje que cambió el curso de la historia.En otra antigüedad muy moderna ya, Cristóbal Colón se embarcó hacia las Indias, haciendo un viaje que cambió el curso de la historia.En otra antigüedad de un centenar de años, Lenin tomó un tren, haciendo un viaje que cambió el curso de la historia.... Y ya hoy todo me parece antiguo, y es que hoy ya ha comenzado el viaje que cambiará el curso de la historia, lo más nuevo que podría suceder. Mañana llegará sobre media mañana. Ahora sí que todo anda por los aires. Cuando llegue, allí estaré yo, ligero de equipaje, lleno de luz como mazorca. Y nuestro abrazo será el principio de un viaje que cambiará el curso de la historia.Así lo publiqué, sin pudor, mientras todos los temblores me hacían de merengue sin cuajar ante la sola idea de encontrarla, de encontrarme con ella. Cimbraba como un flan aún caliente y no había flama que me sostuviera en pie. Aquello no parecía tener cura...
Y dos meses y ocho días después publiqué:No volveré a sentir como palpitan los guisos de tus días que eran nuestros, ni el aleteo de tus manojos de boquerones que llevas por el mundo como pestañas que abanican todo aire respirable, aunque aún queda en mi boca el sabor de un baile de madrugada en el puerto de Castellón, los abrazos donostiarras y granadinos o la cálida humedad que nos envolvió en la sierra de Huelva o en el desierto de Almería, por no decir nada de ese arroz con carabineros en la Albufera, aquella ascensión a las cumbres andorranas, las interminables autopistas de levante, esas bravas madrileñas del barrio de las Letras o aquel rugir de olas en La Concha…, con que hicimos el menú a bordo de un coche de alquiler…No volveré a cocinar con mis entrañas para ti y la alquimia de nuestro sudor no volverá a ser la fórmula secreta de la inmortalidad que era solo nuestra, en los tiempos en que todo eran gambas blancas de Huelva, cabo de Gata, pan de Antequera, paté ibérico, Port Lligat con los huevos de Dalí, ensaladas sin remolacha, salmorejo cordobés, playas de Sorolla, canciones de Nino Bravo o gótico de Burgos con bocatas de morcilla..., y era posible ser gourmet sin tener dónde caernos muertos...
No volveré a oír tu voz seguramente... Seguramente no volverás. Ya no regresarás, seguramente, y tampoco a tus silencios ni yo a mis intentos de pacto y protocolo ni la cadena de oro a tus tobillos, a la intensidad de las caricias, las cucharas de palo y mis lentejas de estrellas michelín.
Poco a poco poco importa ya, o al menos tanto como que el archivo de la Armada española se encuentre a cientos de kilómetros del mar, junto a una plaza de toros cuadrada pero también a escasa distancia de la cuna del español más transatlántico de todos: Alonso Quijano, conocido por don Quijote... Creo en ti; eso me queda y me consuela, aunque en verdad no sé si creo o quiero creer, en un nuevo acto de voluntad de piedra. Pero con todo lo terrible creo, y aún así, si pudiera, te comería.
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Nota del autor
2009 fue un año extraño para mí. Intentaba salir de una deriva terrible que no viene ahora al caso relatar pero que durante los dos años anteriores, y especialmente el negro 2008, me habían llevado a tocar fondo, no se sabe incluso de qué forma. Aquel 2009 comenzó lleno de promesas, avanzó redentor como ninguno, y cuando el velamen de la nave de mi vida se levantaba ya con cierta gallardía y yo me sentía capaz por fin de navegar todos los mares, todo se cayó, como haciendo realidad el dicho popular aquel: “más dura será la caída”. Y lo fue. Lo que aún no sabía era lo que me estaba esperando, que dejo para otro día, y era cosa de nuevos horizontes.
Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.
Distopía V: De antihéroes y líderesManuel Pérez-Petit
Un mundo feliz ha venido dando que hablar desde hace casi noventa años, siendo reconocida su vigencia hasta los tiempos actuales e inspirando multitud de otros libros o películas, en canciones o composiciones musicales de todo tipo –sobre todo en rock progresivo y diversas variantes del metal– y hasta en el pensamiento contemporáneo. Y esto sin olvidar tampoco el libro de ensayos que el propio Huxley escribió, veintiséis años después de haber publicado su novela, titulado Nueva visita a un mundo feliz, que tuvo que escribir por la trascendencia que había alcanzado su obra y para desarrollar en detalle diversos aspectos de la misma.
1996. Arde Los Angeles, California, convertida en un caos de violencia. El sargento John Spartan, “el demoledor”, detiene a Simon Phoenix, un famoso criminal, que ha secuestrado un autobús con una treintena de pasajeros, cuyos cadáveres aparecen en medio de la destrucción causada, de lo que es declarado culpable, por lo que es condenado a 70 años en “rehabilitación subcero”, en crio-éxtasis, en la crio-penitenciaría de California, por homicidio involuntario. Así comienza Demolition Man (1993, Marco Brambilla), una cinta incomprendida y rechazada por crítica y público en su momento y, sin embargo, hoy reclamada por muchos incluso como un clásico, versión libre de la novela de Huxley, y protagonizada por los entonces todavía denostados –o pocos “prestigiosos”– Sylvester Stallone, Wesley Snipes y Sandra Bullock. De inmediato, la trama se traslada al 3 de agosto de 2032. En San Angeles, fruto de la fusión que habría tenido lugar en 2011 de Los Ángeles, San Diego, San Bernardino y Santa Bárbara, California, reina una sociedad de “paz, amor y comprensión” en la que no hay armas ni dolor y todo es aséptico e inocente y saludable –están prohibidos el tabaco, el alcohol, la sal o la cafeína y el contacto físico no está tampoco permitido, siendo la procreación llevada a cabo en laboratorios al efecto–. En ese mundo, solo trastornan los “desertores”, personas marginales que sobreviven en el subsuelo de la ciudad y atentan contra edificios públicos y el poder establecido a fin de hacer constar su desacuerdo con el sistema. El creador de la nueva sociedad es el doctor Raymond Cocteau, un visionario vestido de blanco que ejerce con mano de hierro y guante de seda, a modo de redentor, la administración de la ciudad… Phoenix es descriogenizado para ser llevado a una audiencia a fin de revisar su pena, pero se libera y escapa, generando de inmediato una espiral de violencia y muerte en la urbe. Entonces, en el departamento de Policía se acuerdan de Spartan –aunque rechazan lo que consideran sus métodos primitivos no dejan de reconocerlo como una leyenda del pasado–, y deciden liberarlo de su condena como solución, bajo la idea de que “si el criminal es anticuado se necesita un policía anticuado”. En tanto, Phoenix acude al museo, único lugar en que hay armas, y Spartan va a buscarlo. Se enfrentan, pero el criminal huye, y, como premio, el doctor Cocteau invita al policía a cenar en el único restaurante sobreviviente de la guerra de las franquicias que había tenido lugar años antes: Taco Bell. La cena se ve interrumpida por sorpresa ante un nuevo ataque de los “desertores”, y Spartan comienza a sospechar que la realidad no es como se la están pintando. Industrias Cocteau tiene todo el poder, y en la rehabilitación de los presos implantan en ellos los datos necesarios para reinsertarse en la nueva sociedad. A él, por ejemplo, lo han hecho tejedor, pero a Phoenix le han potenciado su criminalidad. Cocteau ordena el reingreso en la prisión de Spartan, pero éste decide acabar con el criminal, por lo que baja al subsuelo de la ciudad, en donde encuentra multitud de personas que pasan hambre y viven hacinados y temerosos. Phoenix en realidad fue reinsertado por Cocteau a fin de acabar con el líder de los rebeldes, para lo cual recupera a sus antiguos aliados y rearma su propia banda. Policía y criminal vuelven a enfrentarse y éste le reconoce a aquel que los pasajeros del autobús por cuya muerte fue condenado ya estaban muertos antes de que le detuviera, por lo que la condena a que fue sometido fue injusta… Luchan en un auto a toda velocidad y el asesino cae en el asfalto y huye. Cuando el jefe de policía acude a detener a Spartan, éste decide terminar su misión y, acompañado de los “desertores” y una mujer policía que en todo momento le ha estado acompañando –cuyo nombre es Lenina Huxley, por cierto–, va a por Phoenix. Mientras, Cocteau sueña con la puesta en marcha de la sociedad perfecta, fruto de la desaparición de los inadaptados, es asesinado por la banda del criminal, que asume todo el poder de inmediato. Otra vez, policía y asesino se enfrentan, siendo derrotado éste y quedando demolida la crio-prisión… Como, y es la moraleja, en un nuevo amanecer, todos se conjuran para una más humana sociedad y Spartan reconoce que esta vez sí le va a gustar el futuro.
La historia se presenta como una fábula y en algunos momentos puede resultar engañosa por sus aspectos cómicos y sus guiños a los noventa, a JFK o a la posibilidad de que Arnold Schwarzenegger hubiera llegado a ser presidente de Estados Unidos, pero yo la propongo a la agudeza del lector porque, en realidad, tiene todos los ingredientes de lo que hoy vivimos: un poder totalitario con apariencia amable que busca “el bien común”, una sociedad feliz, atontada, obediente y simple, una resistencia tan noble como inútil, un líder carismático con intenciones perversas…, un malo muy malo y un bueno muy bruto –un auténtico antihéroe, pese a las apariencias–, en un contexto súper tecnificado. Es, sin duda, un retrato amable de Un mundo feliz, que también ha tenido otras lecturas mucho más complejas y hasta tórridas.
Es el caso de La Isla (2005, Michael Bay), en la que los ricos y famosos del mundo contratan a un doctor sin escrúpulos (Sean Bean) que, en 2019, en una antigua fortaleza militar enclavada en el desierto de Arizona y convertida en centro tecnológico, fabrica en placentas artificiales seres no humanos con el material genético de sus clientes, a fin de que sirvan de donadores de órganos en caso de necesidad, siendo considerados “productos”. Nadie sale de allí, pues se supone que fuera hay una terrible contaminación y no hay vida. Existe, eso sí, “La isla”, “la única zona natural libre de patógenos”, a la que los internos van merced a la lotería, un sorteo que designa a los más afortunados, y todos viven en la ilusión de ser premiados, pues se supone que irán a un lugar privilegiado a disfrutar de la vida. Pero uno de ellos, Lincoln Seis-Echo (interpretado por Ewan McGregor) descubre una mariposa en las instalaciones y se pregunta si es posible que afuera haya vida y estén todos siendo objeto de engaño… Los “productos”, clones de sus promotores, son clasificados por generaciones y castas. Lincoln pertenece a la generación “Echo”, que se manifestará más tarde como “defectuosa” por haber desarrollado “demasiada curiosidad”. Mantiene una relación cercana con Jordan Dos-Delta (Scarlett Johansson), pero las relaciones llamadas de “proximidad” están proscritas, por lo que siempre están al borde de ser sancionados. Lincoln –cuyo perfil es el de otro antihéroe– descubre todo el pastel y huye del lugar, acompañado por Jordan. En consecuencia, el doctor contrata a un experto para perseguirlos. En su camino, los prófugos descubren que los “Echo” tienen en realidad tres años, y los “Delta”, cuatro. Buscan a sus promotores, mientras son sometidos a persecución y acoso, siendo cazados, pero por la policía, lo que les da ventaja. Entonces, sus perseguidores emplean una violencia extrema para evitar que pueda ser descubierto todo, pero siguen saliendo indemnes, mientras trazan su plan. Regresan, ella detenida y él haciéndose pasar por su promotor para destapar todo el entramado y salvar a sus compañeros, que son liberados, colapsando las instalaciones y muriendo en el lance el doctor.
En Gattaca (1997, Andrew Niccol), protagonizada por Ethan Hawke, Uma Thurman y Jude Law, que tiene lugar “en un futuro no tan distante”, como en La isla, la manipulación genética es el tema central. Las personas son clasificadas en ella como válidas o no válidas, según haya sido el origen de su nacimiento: hijos de Dios o con ayuda de la ingeniería genética. Los válidos, estos segundos, son superiores, y los naturales están condenados a vivir con menos opciones y expectativas. Vincent es un niño nacido de forma natural y, por tanto, se desarrolla y crece en inferioridad respecto a los demás. Sueña con ser astronauta, lo cual para uno de su condición es un imposible, pese a lo cual para él todo vale. Se inscribe en Gattaca para cumplir su sueño y, tras hacer todo tipo de fraudes –incluso tomando la identidad de otra persona– es designado para viajar a Titán, uno de los mayores satélites del planeta Saturno. Pero un día es asesinado alguien de su entorno y la investigación policial, a menos de una semana de salir al espacio, se convierte en un problema para él, puesto que ha perdido una pestaña y eso le delata por el ADN, pero, al final, toma conciencia de que los genes no son tan capitales en las personas y cumple su sueño.
Tanto en La isla como en Gattaca hay un líder que controla todo hasta que deja de hacerlo, un antihéroe –noble en la primera película, sin escrúpulos en la segunda– que recorren un camino, un sistema opresor y un valor supremo concedido a la manipulación del sistema mediante la publicidad, asunto que merecerá un capítulo aparte en esta serie acerca de la distopía. Serie interminable como la situación que vivimos en la actualidad parece. Y atentos, que vienen curvas. En mis textos y, lo que es peor, en la propia realidad.
(... Continuará…)
Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.
La tarde soleada motivó a Aurelia para salir a la calle, había prometido a sus hijos que, en la semana, cocinarían galletas de nueces y pasitas. A la hora de revisar la alacena se percató que no tenía la mitad de ingredientes, antes que le ganara la flojera aprovechó esa luz motivadora.
Mientras se dirigía a la tienda pasó por las calles a las que ella había bautizado como Calle de la esperanza, esquina con No me olvides, esos nombres le surgieron como resultado del significado que tenía para ella un lugar que justo se ubicaba en la esquina mencionada, al que tenía tiempo no solía visitar.
Atentamente observó que la casa, a la que guardaba especial afecto, estaba en restauración. Se detuvo unos minutos frente a ella, en espera que algún trabajador saliera y pudiera preguntar qué había pasado con el centro de meditación. Mientras tanto empezó a hacer memoria de cada uno de los rincones que conocía de ese lugar, su pasillo de entrada, las áreas destinadas para las actividades de canto, meditación, hasta llegar a su espacio favorito, el jardín. Ahí había plantas de lavanda, ruda, romero, sábila, tulipanes, pata de elefante, entre muchas más. Todas generaban un espacio de armonía a la casa. Entre los regalos más bellos que había recibido de él, además de los diversos aromas de las plantas, estaba la presencia de colibríes que solían llegar de vez en vez a degustar el néctar de las flores.
El sonido del celular la trajo de vuelta al ahora; revisó, era un mensaje de Enrique, uno de sus niños, le preguntaba si tardaría mucho en llegar para que pudieran preparar las galletas. Aurelia le dijo que estaba en eso, que no demoraba. Respiró profundo, como una especie de honrar la memoria de lo que agradecía a ese lugar.
Siguió su camino a la tienda, le faltaba poco para llegar. Comenzó a tararear la canción que compusiera el chileno Julio Numhauser Navarro, Todo cambia, Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo...cambia, todo cambia.
Justamente habría cambios en esa casa, no podía evitar la nostalgia, pero afloraba también la alegría y el agradecimiento por lo aprendido, lo compartido, la gente que había conocido y las prácticas que eran, ahora, parte de su día a día.
–Me parece que además de nueces y pasitas, también compraré ralladura de coco y grageitas, así tendremos más sabores para las galletas –, dijo para sí, apresurando el paso de su andar y silbando la canción.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.