...cuando un viejo muere es como si una biblioteca entera fuera incendiada, no queda en la tierra constancia de su conocimiento, su saber o su magia, salvo el inexacto recuerdo de los afortunados que lo conocimos.
Sobre el autor:
Erik García Briones
Tapachula, Chiapas, México, 1983
Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico
Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.
Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.
Como a millones en el mundo, el libro de fotografías de Xuan Peng, No olvidar, editado y distribuido en su lengua original, me dejó impactado. Eran, son imágenes de guerra. En éstas el fotógrafo parece estar a centímetros de lo que su cámara muestra.
Sin duda, la secuencia más terrible es la serie de diez fotos donde vemos “correr”, huir desesperadamente a un hombre joven, delgado, oriental, a quien falta un brazo y no puede usar una de sus piernas. La imagen capta a la perfección el movimiento externo y la desesperación interna; en la cuarta foto, como muestra de su prodigiosa técnica, el fotógrafo toma el momento exacto en que una bala se impacta en el muñón del brazo; aun así, con remarcado gesto de dolor, el muchacho continúa su escape.
El nuevo impacto, en la fotografía número siete, le da en la espalda y lo derrumba; la ocho es su rostro agonizando, la nueve es ya la muerte tomándolo por completo y la diez, como complemento lógico de la tragedia (si hay lógica en matar a un ser humano desarmado, a un ser humano), es una fotografía –sin duda tomada con zoom– del soldado que baja el rifle asesino y sonríe satisfecho.
La secuencia se volvió un libro en sí misma. En América Latina se hizo una edición de gran formato a la que titularon simplemente “Asesinato”. Luego se hizo una película y una novela de filiación filosófica, que basaba su argumento en la Crítica de la razón pura, de Kant, donde, en términos generales, la guerra se etiquetaba como fenómeno y la fotografía como noúmeno. Curiosamente, aunque la obra fue atacada por filósofos, porque era imprecisa en la aplicación de los términos kantianos, se volvió un fenómeno (kantianos abstenerse) de ventas.
Lo llamativo de todo el boom que inició con las fotografías es que se identificó al asesinado y se le hizo un homenaje, se atendió las necesidades de su familia; se identificó al soldado y se le condenó a cadena perpetua, pero Xuan Peng logró evadir las hordas que lo buscaban y se volvió una especie de fantasma. Sí había fotos suyas de escuela y cosas así, pero no se le conocía suficientemente, pese a la fama que le había venido encima como un alud.
Yo, por supuesto, fui un seguidor de esta escalada mediática (compré varias versiones del libro, vi la película, leí la novela) y nunca esperé que en mi carácter de oficinista de provincia un día iba a vivir lo que viví.
Soy un fotógrafo aficionado y cuando iba a casa –vivía en ese tiempo, decía, en un poblado provincial, lejano de multitudes– un hombre frente a mí cayó como fulminado. Fui a auxiliarlo con rapidez; me di cuenta de inmediato que estaba muerto. Marqué al número oficial para hacer el reporte y para no dejar el cadáver solo, decidí quedarme; en la espera me nació la idea de tomarle una foto. Luego de una lucha interna sobre lo ético del acto, lo hice.
Se llevaron el cadáver y poco a poco se desenredó la madeja. El muerto era Xuan Peng y mi fotografía se volvió oro molido.
Ahora, gracias a eso, soy una celebridad. Esa es mi historia.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com.
Ilustración: HCM
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Emprender el vuelo
Por Maria Gabriela López Suárez
La tarde de verano era lluviosa, con tintes de nostalgia, o al menos así lo percibía Rosaura quien observó con atención mientras Ernesto se perdía en el andén número 8 para abordar el autobús que lo llevaría a su nuevo destino. Antes de subir volvió la vista hacia Rosaura y Joaquín, su mamá y su papá, les dijo adiós moviendo la mano derecha y enviándoles un beso. Rosaura sintió que el corazón se le estremecía y se le hicieron nudos en la garganta, sin poder evitar sollozar. Joaquín la abrazó al tiempo que le decía con los ojos llenos de lágrimas,
—Nuestro muchacho estará bien, ten en cuenta que ha decidido cambiar de ruta para iniciar su camino profesional.
Rosaura no pudo hablar, solo asintió mientras dejaba que fluyera el llanto.
Al llegar a casa hubo un silencio prolongado por parte de Joaquín y Rosaura, el ambiente era de nostalgia ante la ausencia de Ernesto. Se echaban de menos las noches con música de rock alternativo, jazz, blues o reggae, algunos de los géneros que solía escuchar su hijo. Neska, su gata, rompió el silencio, llegaba no solo a saludar sino a recordarles que era hora de su cena.
Rosaura la abrazó y colocó en su regazo para acariciarla, mientras Joaquín iba por el alimento. En cuanto Neska se dio cuenta que ya tenía su cena, saltó de inmediato para ir en busca de ella. Joaquín le volvió la vista a Rosaura y sonrieron. También era hora de cenar para ellos.
—¿Qué te parece si hoy preparamos crepas dulces lopara la cena? Aún hay mermelada de guayaba que preparé —comentó Rosaura.
—Muy buena idea y la acompañamos con un té chai con leche —señaló Joaquín.
Rosaura prendió la computadora, buscó música de jazz latino y la dejó como fondo. No pudo evitar que los recuerdos asomaran a su mente, Ernesto en sus distintos momentos, siempre optimista y con entusiasmo para llevar cabo sus actividades y proyectos, alegrándoles cada momento.
Comenzaron a preparar la cena, la sirvieron y se sentaron a degustarla.
Neska, por su parte, estaba ya en su cojín, aplicando aquello de ‘barriga llena, corazón contento’.
Joaquín y Rosaura hicieron varios brindis, por el nuevo proyecto de vida de Ernesto, para que le fuera muy bien, la separación les daba tristeza pero a la vez era una alegría que tuviera la oportunidad de emprender el vuelo para iniciar su carrera profesional. Un brindis por la vida que les permitía estar juntos y disfrutar esta nueva etapa en pareja y otro más por la compañía de Neska quien les recordaba que la vida continúa y que en familia se disfruta más. De fondo sonaba una pieza de bossa nova arrullando la noche, como augurio del inicio de una nueva etapa en la vida.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Nunca pierdas el tiempo lamentando errores. Basta con que no los olvides.
Sobre el autor:
Erik García Briones
Tapachula, Chiapas, México, 1983
Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico
Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.
Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.
Cada paso, una voz
Por Roger Octavio Gómez Espinosa
Fue exactamente el 27 de enero de 2020 cuando María Gabriela López Suárez me contactó en un mensaje de texto para ofrecerse como escritora voluntaria para el proyecto virtual Letras, ideaYvoz. Damaris, una amiga en común nos había puesto en contacto. Leí uno de sus textos y me pareció simplemente poderoso. De inmediato me puse a trabajar en crear el espacio cibernético para poder alojar su columna Voces ensortijadas. Por fortuna para nuestros lectores, a María Gabriela le pareció bien la propuesta que le ofrecíamos y desde entonces no ha dejado de mandar sus entregas cada domingo. En este libro celebramos un volumen de 100 textos que estoy seguro que se acumularán para 100 libros más.
Hay en las cosas sencillas una grandeza que no puede ser alcanzada por los ambiciosos oropeles. Así, el cuento de la abuela, la receta de la tía, el juego de los niños, una tarde veraniega, un pajarillo herido, la canción que se resiste a dejar de ser tarareada, una mujer trabajando, un ama de casa escogiendo las especias, una marchante o una nube movida por invisibles vientos pueden ser la materia prima con que María Gabriela genera voces, sin aspavientos, que detonan textos capaces de hacer eco en sus lectores. Una a una, cada palabra es enlazada a través de un hilo conductor: la sencillez. Es esto lo que da poder a la voz de esta escritora y empodera al mismo tiempo a los protagonistas de sus microensayos: la gente común: como tu, como ellas, como nosotros, como vos, como yo.
Esta escritora no es improvisada, además de catedrática tiene un grado de doctora por la Universidad de Alicante, y muchos otros estudios en el ámbito de la investigación intercultural, mas sospecho que no es de su trayectoria académica de donde saca la técnica para indagar en la vida diaria y trasladarla al ámbito ensayístico. Hay una sabiduría profunda que quizá nace de la intuición y de un sentido especial para detectar, en la cotidianidad, lo extraordinario. La sabiduría ancestral de quien escucha a los mayores.
Cuando buscaba escritores para este proyecto comenté que el objetivo era estimular la lectura. Con los textos de María Gabriel aquello es trascendido. Además de haber alcanzado a lectores de muchas latitudes, no sólo estimula la lectura sino la escucha y, también, el gusto por observar los detalles.
No soy precisamente un hombre religioso, sin embargo, confieso, con cada lectura a la columna Voces ensortijadas me nace dar gracias por estar, por saber que cada uno de nuestros pasos es una voz que se ensortija en un entramado de pequeños acontecimientos que provoca el pulso de sentirse animado. Con una vida que espera, simplemente, ser vivida.
Agradezco con profundidad a esta escritora el permitirnos compartir sus letras en el ejercicio virtual Letras, ideaYvoz. Festejo su gran generosidad y, con esto, hacernos generosos.
***
[Se publica, por fin, el Volumen I de un libro llamado Voces ensortijadas que recaba las primeras 100 columnas que fueron publicada en Letras, ideaYvoz. El presente texto es una brave introducción que acompaña dicho libro]
Ilustración: Erik García Briones. «Carátula del libro Voces ensortijadas, editorial Tifón»
La lengua común del desamor
Héctor Cortés Mandujano
Me gustó por varias razones Solitario de amor (Grijalvo, 1988), de Cristina Peri Rossi: el narrador es un hombre apasionado por una mujer (las mujeres suelen escribir sobre mujeres o desde el punto de vista femenino); no elude las escenas sexuales ni algunas que pueden ser desagradables (a mí lo narrado sobre la saliva me da un poco de asco); su texto alcanza niveles poéticos, sin detrimento de su raíz narrativa…
El hombre permanece innominado, la mujer se llama Aída. Ella ha sido casada (tiene un hijo) y ha tenido varios amantes. El narrador la ama sin pausa, con furor. Él habla de cómo puede verse en los quioscos, en las calles, pornografía explícita (p. 8): “La obscenidad es pública, ya no produce ni excitación ni sorpresa”.
Dice que Aída (pp. 9-10) “sale del amor con un extraordinario vigor para las cosas cotidianas. Como si el amor hubiera sido sólo una pausa en los quehaceres, una isla fugitiva en el mar espeso de la rutina”.
Hace una larga enumeración de las cosas que ama de ella, aquí algunas (pp. 15-16): “No amo sus olores, amo sus secreciones. […] La espléndida y sonora orina de caballo que cae como cascada de sus largas y anchas piernas abiertas. Nazco y me despojo de eufemismos; no amo su cuerpo, estoy amando su hígado membranoso de imperceptible pálpito, la blanca esclerótica de sus ojos, el endometrio sangrante, el lóbulo agujereado, […] las raíces de los dientes, el lunar marrón del hombro, […] el pequeño clítoris engarzado en la vulva como un faro”.
A veces le da la voz a ella (p. 20): “El lenguaje lo inventaron las mujeres para nombrar lo que parían –dice Aída desde la cama”.
El narrador tiene un amigo, que también habla (p. 36): “Hay una sola casa en la vida de cada uno –dice Raúl, repartiendo las cartas sobre la mesa, para resolver un solitario–. Y es la casa de la infancia. En esa nos quedamos para siempre. Las demás sólo son simulacros, sucedáneos”.
Otra vez él (p. 39): “Los hombres –dice Raúl– nunca dejan de ser niños. Y las mujeres nunca son más que madres”.
Una gran verdad (p. 58): “El amor no es gregario: es para dejar de amar –o para huir del amor– que el hombre se vuelve social”. Dice más adelante (p. 82): “Si renuncio a mi amor por Aída, puedo volver a ser social, gregario; podré hablar la lengua común, la del desamor”.
Dice Aída que los hijos sólo son de las madres (p. 69): “La participación de un hombre en el nacimiento de un hijo es mínima: sólo unas pocas gotas de semen que prodiga de manera poco selectiva y hasta inútil: las pierde cada día en las sábanas o en los pantalones, las derrocha en cualquier agujero. Ningún hombre puede saber lo que es tener un hijo. Sólo las madres lo saben”.
No se lo dice a ella, lo escribe (p. 130): “No, Aída: el dinero no es de nadie. Por eso puede perderse y ganarse; porque, en realidad no tiene dueño. El dinero es tránsito, desposesión, abulia. Más allá del que necesitamos para comer y para estar abrigados, el dinero es hastío”.
Me encantó el proverbio hebreo que usó como epígrafe del último capítulo (p. 183): “Cuando la pasión te ciegue, vístete de negro y vete adonde nadie te conozca”.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz**
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
**Juan Ángel Esteban Cruz. Cintalapa, Chiapas, México. Diseñador gráfico, maestro en mercadotecnia y publicidad. Su trabajo se ha publicado en numerosos diarios, libros y revistas de México y el extranjero.
Los cruceros de la vida
Por Maria Gabriela López Suárez
El reloj marcó las 9:30 de la noche, Matilde se apresuró a cerrar su mochila y salir rápidamente de su trabajo.
—Hasta mañana —dijo, al tiempo que levantaba la mano para despedirse.
Mientras iba caminando murmuraba,
—A ver si alcanzo la combi, llegaré casi rayando a la parada. En mal momento se retrasó Alberto y yo que me ofrecí a cubrir un rato más en la tienda. Pero quién me manda, claro que cuando yo necesite un favor él me lo hará, eso espero.
Seguía refunfuñando en su camino a la parada, observó que había pocas personas en la fila.
—Menos mal, creo que si alcanzo lugar. Ahora falta que venga el colectivo. Llegaré tarde a casa y aún tengo que leer para hacer el resumen que pidió la profe de Lectura y redacción.
La combi demoró alrededor de diez minutos en llegar, la gente subió y Matilde se acomodó al fondo, en un lugar al lado de una ventana. Reclinó su cabeza sobre el cristal, tenía sueño. En el alto de un semáforo, justo en un crucero, observó a un niño como de seis o siete deaños, vendiendo ramos de flores. Lo siguió con la mirada hasta que lo perdió de vista. Lo buscó cuando el colectivo retomó su camino y lo vio sentado sobre una piedra. Se veía cansado y con sueño, sin soltar los dos ramos de flores, uno en cada mano. Vinieron muchas preguntas e ideas a la mente de Matilde,
—¿Quién le comprará flores a esta hora? ¿Quién acompaña al niño a vender? Estar en ese lugar no es seguro. Debería estar en su casa, descansando, preparándose para ir a dormir y madrugar para ir a la escuela. ¿Ir a la escuela? Es probable que el niño no vaya…
Se quedó pensando en que ella reclamaba por salir un poco tarde del trabajo, cuando tenía la fortuna de ir a la escuela por las mañanas. Estudiar y trabajar le resultaba algo complicado pero se había propuesto esforzarse para poder continuar sus estudios porque la situación económica en su familia era precaria. Una de sus ventajas era tener libre los fines de semana y ahí compensaba tiempo para avanzar en sus demás actividades. No cabía duda que los cruceros de la vida mostraban las distintas realidades y eso la invitó a valorar más lo que tenía.
—¡En la parada, por favor! —se escuchó una voz fuerte. Era un pasajero que había llegado a su destino.
Matilde se percató que estaba próxima a llegar a su parada. Se fue acercando a la puerta al tiempo que venía a su mente la imagen del niño en el crucero.
Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.
Horizonte de sucesos
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano
Sus ojos tan tristes
como los de un pescado muerto
David Martín del Campo, en «El sentadito»
Horizonte de sucesos se dice en ciencia cuando cualquier objeto se acerca a un agujero negro en el universo y es tragado por él. En la vida, con perdón de los científicos, hay momentos en que uno se acerca a una fuerza que nos toma como suya.
Yo había dejado a una mujer, particularmente amada en un principio, especialmente odiada después, y ya no quería ninguna más cerca. La fuerza centrífuga de ésta a quien no nombraré, me llevaba hasta el hueco donde desaparecían no sólo mis energías, sino mi tiempo, mis intereses, mi vida. Giraba en torno a ella casi siempre y luego, vencido, entregado, sin defensas, caía en ella. Salirme era un triunfo, un vacío insomne. Creí que siempre estaría en su órbita y que para mí había escrito Lorca esto: “No puedo oírte. No puedo oír tu voz. Es como si bebiera una botella de anís y me durmiera en una colcha de rosas. Ya me arrastra, y sé que me ahogo, pero voy detrás”.
Hasta que al fin pude alejarme y sufrí como un perro herido, hambriento, enfermo y a la intemperie.
Dejaría el sexo, me volvería célibe a fuerza de no tocarme ni dejar que me tocaran.
Así las cosas, busqué la compañía de gente mayor, hombres y mujeres, con quienes conversaba de temas serios y bebía con la moderación que ellos y ellas lo hacían. Ya no tenían pasiones, sino enseñanzas, sabiduría. Sus huesos ya no ardían y el corazón era, en todo caso, un pequeño fogón con el calor necesario para seguir viviendo, sin dar las llamaradas terribles que el mío daba cuando estaba girando en el mundo de pasión donde había vivido con aquella, de cuyo nombre no quiero ni acordarme.
Uno de los viejos me invitó a su rancho. Era criador de caballos finos. Me sorprendió la limpieza de los campos (como si los hubieran bañado y peinado) y el orden de los postes de alambrado; parecía aquello hecho con cálculo y maestría, con pulso matemático. Nada fuera de lugar: ni un montón de tierra por allí, ni una rama pudriéndose. Me di cuenta que tenía un ejército de trabajadores y, seguro, un capataz muy riguroso, muy capaz.
Entramos al corral y había sólo una yegua y su potranca. La yegua volvió la vista y al reconocer, supongo, a su dueño, decidió ignorarnos; la potranca, hermosísima, de patas perfectas y ojos brillantes, me vio y vino hacia mí.
Yo no tengo práctica alguna con animales y no supe qué hacer. El viejo me dijo que no me moviera. El bello ejemplar resopló sobre mi cara y luego lamió mi cuello, me mordisqueó una oreja.
—Le gustas –me dijo.
—¿Y qué hago?
—Mueve las manos con lentitud, acaríciala.
Puse mis manos sobre la crin color miel y luego sobre el hocico pequeño y suave; la acaricié en el medio de la frente, y luego el pecho. En esos momentos orinó con un chorro poderoso, que me inquietó.
—Le gustas, orinó de la emoción, debes oler a caballo –dijo el viejo.
—Ella es preciosa, también me gusta mucho. ¿Qué más hago?
—No la puedes montar, porque no aguantaría tu peso. Quédate con ella, ahora vuelvo.
La potranquita, cuando se fue el viejo, puso su cabeza sobre uno de mis hombros y cerró los ojos. Suspiró. El viejo fue por una cámara y nos tomó una foto que nos muestra a ambos con los ojos cerrados, las cabezas unidas y tal vez soñando con el amor, con un amor, con la imposible posibilidad de que ella encuentre el caballo perfecto y yo la mujer de mis sueños…
Contactos: hectorcortesm@gmail.com.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Los hijos de Torres
Por Roger Octavio Gómez Espinosa
Hace algunos años me tocó presenciar una clase de Jorge Volpi sobre literatura de no-ficción. Traté de buscarla en las redes, no la encontré. Rescato de mi memoria breves registros y que me parece agregan a este ejercicio de promover la lectura. Por un lado, trató el tema de A sangre fría de Truman Capote como una novela considerada fundacional del género, (recordemos que incluso Capote intentó desmarcarse del Nuevo Periodismo Norteamericano) sin embargo, agregó que una novela latinoamericana, de Jorge Walsh: Operación masacre (1957) se anticipó a Capote quien publicó la suya en 1966. Lo cierto es que Capote tuvo un gran éxito y es probable que muchos de los que lo acompañaron tomaran de él y no de Walsh los elementos para la literatura basada en abordaje de hechos no-ficticios.
Volpi indicaba que la literatura de no-ficción tenía la ambición de ser tratada como ficción, pero con gran apego a hechos reales donde hasta los detalles mínimos, como la ropa de los personajes, debería tener una base real o, al menos, documentada.
Otra cosa que recuerdo de aquella clase es que recomendaba ver “Fargo” (la serie y la película) de los hermanos Coen y que nos fijáramos en un detalle: que pretendía estar basada en hechos reales. Aunque los hechos de Fargo son ficticios, el simple hecho de mencionar que está basada en hechos reales cambiaba la percepción del espectador.
Esto último me lleva a la otra obra: Jusep Torres Campalans, de Max Aub. En el libro La broma literaria en nuestros días: Max Aub, Francisco Ayala, Ricardo Gullón, Carlos Ripol, César Tiempo; Estelle Irizarry engloba a esta obra de Max Aub, precisamente, como una broma literaria. No estoy muy de acuerdo con Irizarry, pero júzguelo usted en la siguiente liga:
Disponible en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-broma-literaria-en-nuestros-das--max-aub-francisco-de-ayala-ricardo-gulln-carlos-ripoll-csar-tiempo-0/html/ff121e92-82b1-11df-acc7-002185ce6064_5.htm, consultada el 17 de marzo de 2021).
Estaría más de acuerdo con la idea de que Aub se adelantó a muchos, incluido los Coen, para cambiar la percepción del receptor, de tal manera que, al plantear una realidad, sin aclarar que fuera basada en la ficción, se estaba desarrollando un planteamiento de no-ficción o, en términos actuales, haciendo un “pacto ambiguo” con el desconcertado lector. Jusep Torres Campalans (1958) –también anticipada a la de capote– es tomada por muchos críticos como una gran broma, sin embargo, una broma que ha hecho dudar a los menos expertos sobre la existencia o no de un hombre real apellidado Torres Campalans.
Yo soy de Chiapas, el lugar en México que indica Aub como punto de retiro de el “genio” de la pintura biografiado por Aub, conozco a personas que aseguran conocer a personas que conocen a su vez a descendientes de Torres viviendo como campesinos en la sierra Chiapaneca; a veces las bromas se vuelven realidad, porque en mi tierra también ronda el fantasma de Bruno Traven y de otros tantos que la visitaron.
¿Qué tipo de obra son?, me preguntan.
A sangre fría, de Capote es, para mí, literatura de no-ficción. Usa un hecho real, pero con las herramientas de la literatura para ser presentada.
Jusep Torres Campalans (1958), de Max Aub, no sé qué decir. Usa elementos que usualmente eran documentos para plantear un hecho real y demostrar veracidad (más que verosimilitud) para presentar un hecho ficticio. ¿Literatura de no-ficción de ficción? Mi opinión es que quizá no-ficción es más bien un nombre que apela a los recursos usados para conformar obras de este tipo. Lo que tengo claro es que no son bromas.
Pero, insisten: ¿en qué lugar de mi librero las pondría? En las de no-ficción, a ambas, incluído a Walsh.
¿Qué opinas avispado lector?
Trailer Acrofobia, Marabunta Colectivo Escénico y Telar Teatro
Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.
Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.