Polvo del camino. 136. Horizonte de sucesos. Héctor Cortés Mandujano

Horizonte de sucesos
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

Sus ojos tan tristes

como los de un pescado muerto

David Martín del Campo, en «El sentadito»
Horizonte de sucesos se dice en ciencia cuando cualquier objeto se acerca a un agujero negro en el universo y es tragado por él. En la vida, con perdón de los científicos, hay momentos en que uno se acerca a una fuerza que nos toma como suya. 
	Yo había dejado a una mujer, particularmente amada en un principio, especialmente odiada después, y ya no quería ninguna más cerca. La fuerza centrífuga de ésta a quien no nombraré, me llevaba hasta el hueco donde desaparecían no sólo mis energías, sino mi tiempo, mis intereses, mi vida. Giraba en torno a ella casi siempre y luego, vencido, entregado, sin defensas, caía en ella. Salirme era un triunfo, un vacío insomne. Creí que siempre estaría en su órbita y que para mí había escrito Lorca esto: “No puedo oírte. No puedo oír tu voz. Es como si bebiera una botella de anís y me durmiera en una colcha de rosas. Ya me arrastra, y sé que me ahogo, pero voy detrás”. 
        Hasta que al fin pude alejarme y sufrí como un perro herido, hambriento, enfermo y a la intemperie. 
        Dejaría el sexo, me volvería célibe a fuerza de no tocarme ni dejar que me tocaran.
	Así las cosas, busqué la compañía de gente mayor, hombres y mujeres, con quienes conversaba de temas serios y bebía con la moderación que ellos y ellas lo hacían. Ya no tenían pasiones, sino enseñanzas, sabiduría. Sus huesos ya no ardían y el corazón era, en todo caso, un pequeño fogón con el calor necesario para seguir viviendo, sin dar las llamaradas terribles que el mío daba cuando estaba girando en el mundo de pasión donde había vivido con aquella, de cuyo nombre no quiero ni acordarme. 
	Uno de los viejos me invitó a su rancho. Era criador de caballos finos. Me sorprendió la limpieza de los campos (como si los hubieran bañado y peinado) y el orden de los postes de alambrado; parecía aquello hecho con cálculo y maestría, con pulso matemático. Nada fuera de lugar: ni un montón de tierra por allí, ni una rama pudriéndose. Me di cuenta que tenía un ejército de trabajadores y, seguro, un capataz muy riguroso, muy capaz.
	Entramos al corral y había sólo una yegua y su potranca. La yegua volvió la vista y al reconocer, supongo, a su dueño, decidió ignorarnos; la potranca, hermosísima, de patas perfectas y ojos brillantes, me vio y vino hacia mí. 
	Yo no tengo práctica alguna con animales y no supe qué hacer. El viejo me dijo que no me moviera. El bello ejemplar resopló sobre mi cara y luego lamió mi cuello, me mordisqueó una oreja.
	—Le gustas –me dijo.
	—¿Y qué hago?
	—Mueve las manos con lentitud, acaríciala.
	Puse mis manos sobre la crin color miel y luego sobre el hocico pequeño y suave; la acaricié en el medio de la frente, y luego el pecho. En esos momentos orinó con un chorro poderoso, que me inquietó.
	—Le gustas, orinó de la emoción, debes oler a caballo –dijo el viejo.
	—Ella es preciosa, también me gusta mucho. ¿Qué más hago?
	—No la puedes montar, porque no aguantaría tu peso. Quédate con ella, ahora vuelvo.
	La potranquita, cuando se fue el viejo, puso su cabeza sobre uno de mis hombros y cerró los ojos. Suspiró. El viejo fue por una cámara y nos tomó una foto que nos muestra a ambos con los ojos cerrados, las cabezas unidas y tal vez soñando con el amor, con un amor, con la imposible posibilidad de que ella encuentre el caballo perfecto y yo la mujer de mis sueños…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Premio Fotoperiodismo Individual y Premio del Público en la IV Bienal de Fotoperiodismo.

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