Polvo del camino. 63. El ruido del tiempo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 63

El ruido del tiempo


Héctor Cortés Mandujano

La muerte es la curva del camino

Antonio Tabucchi,
en “El pequeño Gatsby”




Soy un lector asiduo de Antonio Tabucchi (1943-2012). El primer libro suyo que leí (Sostiene Pereira), me encantó, y después seguí con La cabeza perdida de Santiago Damasceno, que también me gustó mucho; luego he perdido el orden y la cuenta: Autobiografías ajenas, El ángel negro, Réquiem…
Leo ahora su colección de cuentos El juego del revés (Anagrama, 2016, con traducción de Carlos Gumpert), pero me referiré en particular al cuento “Voces”. Trata de una mujer que recibe mensajes telefónicos de ayuda (una especie de 911 italiano, supongo), a quien un día llama un hombre que repite “Ya no puedo más, ya no puedo más, ya no puedo más”.
Me gusta el modo redaccional en que se presentan. Él dice (p. 140): “Me llamo Fernando, pero no soy un gerundio”.
Dice la narradora: “Es siempre una norma aconsejable apreciar las ocurrencias de quien llama, revelan el deseo de establecer un contacto, y me reí. Le contesté que yo tenía una abuela que se llamaba María, pero que no era una condicional; y también él se rió un poco”.
En la charla que sostienen, él le pregunta si conoce (p. 141) “el sonido del tiempo. No, dije yo, no lo conozco. Pues bien, siguió él, basta con sentarse sobre la cama, durante la noche, cuando uno no consigue quedarse dormido, y permanecer con los ojos abiertos en la oscuridad, y al cabo de un rato se oye, es como un mugido en lontananza, como el aliento de un animal que devora a la gente”.
La vida de la narradora, que debe dar consuelo a los demás, tampoco está llena de dicha, por eso lo que este hombre le cuenta la pone tan receptiva. Le dice él que vive en una casa de muebles antiguos y elegantes, “y cuadros de hombres huraños y de mujeres altivas y desdichadas, con el labio inferior imperceptiblemente colgante. ¿Sabe por qué su boca tiene esa forma tan curiosa?, porque la amargura de toda una vida se dibuja en el labio inferior y éste acaba cayendo, esas mujeres se pasaban las noches insomnes junto a maridos estúpidos e incapaces de ternura, y ellas también, esas mujeres, se quedaban con los ojos abiertos en la oscuridad, cultivando el resentimiento”.
La narradora tiene que esperar a que llegue su relevo y se le hace tarde para la cena que acordó con su pareja. Cuando llega a su departamento, él ya se ha ido. Está sola y decide preparar su cena y poner dos servicios. Piensa, aunque sabe que eso no ocurrirá, que Paco, su pareja, llegará, volverá y tocará el timbre. Ella abrirá (p. 145): “He puesto la mesa para dos, le diría, te estaba esperando, no sé por qué pero te estaba esperando”. Con o sin marido, parece, el labio inferior se le irá colgando


Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Camilo Herrera Cortés

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 62. La montaña familiar. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 62

La montaña familiar
(Fragmento de mi novela inédita Dadrá, la ciudad de la princesa)


Héctor Cortés Mandujano

  
La montaña tenía variados y extraños arbustos desdibujados, como si en el diseño de la naturaleza no se hubieran podido precisar sus hojas, el color exacto de su crústula, la delineación de los pétalos de “cosas” que parecían flores.
	Quizá se debía a que el paraje estaba teñido con un azul grisáceo que fingía ser la noche.
	El monte parecía una fotografía barrida, tomada en un coche a toda velocidad, por un fotógrafo inexperto.
	El pasto era amarillo, de una brillantez inusual, dado que alumbraba en ese momento no el sol, sino la luna. Ninguna estrella. Ningún viento. El único sonido era el de mis movimientos, el de mi respiración cada vez más agitada, pues la tarea que llevaba a cabo resultaba por momentos extenuante.
	La montaña me pertenecía.
	Mi trabajo era poner, al pie del imponente montículo, los postes de la cerca delimitante. Alguien que conocía la distancia ideal los había dejado tirados para que yo sólo los levantara y los sembrara en los hoyos realizados exprofeso.
	Mi única herramienta era una pala con la que arrojaba la tierra que, también, habían dejado apilada al lado de los agujeros. Lo más extraño de esa noche, de esa montaña y sus montes eran los postes.
	No eran de madera.
	Eran cadáveres de hombres y mujeres jóvenes, de altura similar a la mía (1.85 m aproximadamente), en total desnudez.
	Pero igual los levantaba, los acomodaba en el hoyo y los sembraba casi hasta las rodillas. 
	No olían mal.
	Parecían frescos y ninguno tenía menoscabo alguno en su geografía corporal. Todas, todos tenían los ojos cerrados y una expresión de seriedad. Se podía decir que sus músculos parecían vivos y la belleza en general era muy pareja: ningún abdomen inflado, ninguna adiposidad, ningún rostro desusado.
	Parecían maniquíes hechos, con pequeñas diferencias, sobre una misma base de perfección. Los sexos tenían vello púbico; los pechos femeninos eran perfectos, los genitales masculinos guardaban una proporción ideal al tamaño de los cuerpos.
	Yo estaba vestido con una camisa de satín negro, un pantalón de casimir gris y unos zapatos de vestir recién lustrados. 
	Hubo un momento en que necesité descanso y me senté en una piedra que parecía puesta allí para mi confort.
	Detrás de mí, escuché la voz del maestro:
	—¿Cómo vas? ¿Cómo te sientes?
	—No sé, no entiendo esto…
	—Qué.
	¬—Estos cadáveres, por ejemplo.
	—¿Ya los viste bien?
	—Sí, parecen jóvenes, parecen vivos.
	—En cuanto te sientas descansado, te pido que veas sus rostros con atención.
	Me levanté y lo hice con un hombre, ya sembrado.
	—¡Soy yo!
	Luego vi a una mujer.
	—¡No puede ser, soy yo mismo, en una versión femenina!
	—Así es. Lo que estás haciendo es usar a tus antepasados como protección, como cerco para que puedas avanzar, para separarte y, al mismo tiempo, seguir unido a ellas y a ellos. Mujeres y hombres que te antecedieron son tú mismo, como has descubierto. Este es el inicio de la montaña de tu vida; la montaña es tu futuro en ciernes, es decir, eres tú también aunque aun potencialmente; en la cúspide está lo que puedes ser. Tienes que subir solo, mientras este cerco de muertos/vivos cuidan tus espaldas.
	La luz lunar fue volviéndose más nítida, más clara. Era la nueva mañana. Abrí los ojos, desperté.



Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 61. Apuntes de oído, 2. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 61

Apuntes de oído, 2
Liliana Felipe: Y váyanse a joder como les guste


Héctor Cortés Mandujano

  
Liliana Felipe nació en Argentina, en 1954, pero desde hace muchos años vive en nuestro país y se ha nacionalizado mexicana. Desde hace años, también, es pareja pública de la actriz Jesusa Rodríguez (aunque se casaron en 2010), con quien codirigió y animó, por mucho tiempo, el mítico bar El Hábito en la Ciudad de México donde, por cierto, reapareció para volverse internacionalmente famosa, con 80 años a cuestas, Chabela Vargas.
	Liliana es pianista, compositora e intérprete. Sus 23 discos, hasta el 2019, los ha grabado en forma independiente y la mayoría con el sello de Ediciones El Hábito. Evidentemente no se le pudo ni se le puede ver por televisión ni pasan sus canciones por la radio. Es irreverente (hizo una versión del “Huapango” de Moncayo, con coros que repiten las palabras caca y popó, por ejemplo), no se detiene ante las llamadas “malas palabras” (deja de cantar y termina “Como Madame Bovary” con un grito contra los políticos corruptos: “Que se vayan a la puta madre que los recontramilreparió”) y es abiertamente lesbiana, feminista, vegana, defensora de los derechos humanos y de los animales no humanos. Artista y militante. Nada fácil de encarar para la superficialidad con se manejan los contenidos televisivos.
         Muchas de sus canciones son coyunturales (el TLC, las elecciones de cierto momento, algunos políticos que ya no están en funciones: Hank, Salinas, Cedillo, el canciller Derbez…), pero son señalamientos para que no se olvide lo que nos hicieron; sus dardos en general van dirigidos contra la religión, la política, los roles sexuales, la edad, la estupidez humana, los asuntos sociales; es decir, ha tenido y tiene mucha tela de dónde cortar.
         Es una artista a la que se le notan las lecturas. Ha puesto música a poemas de Fernando Pessoa (especialmente en su disco Tabaquería, 1997), Xavier Villaurrutia (“Nuestro amor”, que ha sido cantada por muchas intérpretes), Oliverio Girondo (“Se presienten”, “Todo era amor”), musicalizó la serie de descripciones sexuales de Henry Miller sobre el coño en Trópico de capricornio (“Los sexos de Miller”) y, entre varias referencias más, dice con tono perfecto el texto terrible y certero “Los nadies”, de Eduardo Galeano… 

“A nadie” (Que 20 años no es nada, 2009) es una de sus canciones emblemáticas y tal vez la más versionada. La cantan Eugenia León, Margie Bermejo, Susana Zavaleta, Regina Orozco… Es una canción rara porque, aunque hace descripciones del fantasma a quien se la canta, nunca lo ha conocido; o sea, está dedicada a nadie. Dice: “Porque puede que te falte entusiasmo antagonista, porque puede que te sobre moralina y seas panista. […] Por eso no estás conmigo, por eso no estoy contigo”.
          “Mala” (Elotitos tiernos, 1992) es, creo, la primera canción que escuché de Liliana (con Astrid Hadad) y me encantó por las extravagantes comparaciones que hace: “Mala como la mentira, el mal aliento y el estreñimiento; mala como la censura, como rata pelona en la basura. Mala como la miseria, como foto de licencia. […] Mala por donde la mires, mala como una endodoncia… […] Pero qué bonita, chingao”.
          “A su merced” (Elotitos tiernos, 1992) es también una canción que ha sido interpretada por varias más y es un danzón en toda la barba. Es muy divertida y, me parece, muy creativa. Es una conversación entre frutas: “Platicaban las naranjas que las limas son bien fresas, que la vulgar mandarina se siente tan tangerina, y aconsejadas las tunas por la pérfida manzana, se agarraron de botana a las pobres aceitunas. Todo pasa, todo pasa, hasta la ciruela pasa”.

Te comparto lector, lectora, algunas líneas de sus muchas canciones, de sus muchos discos:
En “Mujer inconveniente” (de Elotitos tiernos, 1992): “Soy una mujer inconveniente; de esas que son fieles, relativamente”.
          En “Como Madame Bovary” (de Trucho, 2002): “Como Madame Bovary, todos tenemos un amante por ahí; como Madame Butlefly, todos tenemos un suicidio en Stand by… Como Madame Pompadour, tanta miseria nos da un toque de glamour”.
          En “Pero no te extraño” (de Oh noche, 1996, Eugenia León): “Y yo no te extraño, estoy como el caño, el caño de un baño, mojada por dentro y seca al revés”.
          En “También la belleza” (de Elotitos tiernos, 1992): “No me dejes sola como un calendario…”.
          En “Tienes que decidir” (de Tan chidos, 2005): “Tienes que decidir quién prefieres que te mate: un comando terrorista o tu propio gobierno para salvarte del comando terrorista. […] Tienes que decidir cómo prefieres morir: de hambre natural, de asco terminal, de pago de predial, ahorcada con tu chal, debiendo un dineral, cruzando de ilegal…”.
          En “Sentirlo todo” (de Elotitos tiernos, 1992): “Yo soy como la madeja: se me confunden las moralejas”.
          En “Si Diosito” (de Mil veces mil, 2008): “Si Diosito hubiera querido que no me masturbara o masturbase, me hubiera puesto el sexo más abajo o las manos más arriba, o las chichis en la espalda”.
          En “Si por el vicio” (de Trucho, 2002): “Por lo que fue brindaremos, voy al súper y tú cierras la llavecita del gas. Déjame escrito un adiós, una receta; cuando regrese no te quiero ver la jeta. Será el olvido como un dulce de chayote…”.
          En “No me daba cuenta” (de Liberación animal, 2019): “No me daba cuenta y como no me daba cuenta, no me daba cuenta de que no me daba cuenta…”.
          En “Las histéricas” (de Vacas sagradas, 2000): “¡Ay, Segismundo, cuánta vanidad! Infantiloide y malsano, el orgasmo clitoriano. ¡Ay, Segismundo, cuánta vaginalidad!, el orgasmo clitoriano, se te escapa de la mano. ¡Ay, Segismundo, cuánta vanidad! De tan macho, ya no encaja, no me digas que el placer es pura paja. […] Ya no sé si ponerle punto final o ponerle punto G”.

Mis dos discos favoritos: Elotitos tiernos (1992) y ¡Que devuelvan! (1996, Danzonera Dimas con Eugenia León). Mis 10 canciones favoritas: “A nadie”, “Mala”, “Mujer inconveniente”, “Como Madame Bovary”, “San Miguel Arcángel” (con Eugenia León), “Pero no te extraño”, “Sobreviví” (con Margie Bermejo), “También la belleza”, “También los jóvenes envejecen” (con Eugenia León) y “Los sexos de Miller”. El subtítulo de esta columna la tomé de su canción “Chivo expiatorio”.


Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 60. La vía secreta. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 60

La vía secreta
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

  
El hombre le pidió que fuera de noche a su casa. No era la mejor idea, pero su trabajo de traductora no siempre era fuente de contratos. Ni modo. 
           Cuando hablaron por teléfono la voz masculina le pareció cálida, amable, confiable. Tal vez su voz fuera como él. Cruzó los dedos.
           Llegó a la dirección y tocó el timbre. Le abrió la puerta un joven, que se apoyaba en un bastón.
           —Perdona, no quise decirte. Por eso no podía verte en otro lado, tuve un accidente. Pasa…
           La sala estaba recargaba de adornos, fotografías, cuadros, libros.
           —Preparé una mesita en el jardín, es por allí…
            Cuando ella caminaba en el rumbo que le había indicado, sonó de nuevo el timbre.
           —Ahora te alcanzo, sigue…
           Oyó otra voz masculina. Otra persona llegaba.

Encendió un cigarrillo y en ese momento, como bólido, el recién llegado, a quien no tuvo posibilidad de ver antes, se le lanzó encima. La tiró con el impulso y cayeron juntos; ella se rehízo antes que él y, para detener el nuevo ataque, levantó la pierna y el tacón de su zapatilla se hundió en la garganta de su agresor. La fuerza con que él caía y la fuerza con que ella levantó la entrenada pierna hicieron una punta fatal, definitiva.
	Él se retorció y ella se quitó el zapato. Se escuchaban los estertores cuando el anfitrión, con la torpeza de su caminar, arrastrando la pierna, llegó.
	—¡Dios mío!, ¿estás bien? Parece que este loco venía detrás tuyo y se metió sin mi permiso.
	Él le tendió una mano y ella se incorporó. Los dos vieron al muerto.
	—¿Lo conocías? –dijo él.
	—No.
	—¿Y qué vamos a hacer? –dijo él.
	—No sé.
	Se quedaron en silencio, se sentaron.

Como pudieron, más con la fuerza de ella que de él, que se dolía de la pierna y de un brazo, lo metieron en una bolsa de basura; limpiaron las huellas, subieron el cadáver al coche y con él salieron hacia la carretera. Avanzaron dos horas y en un lugar que creyeron solitario hicieron una fosa y lo arrojaron, lo cubrieron de tierra. Volvieron juntos. Era de madrugada, ella se quedó a dormir en la alcoba y él en un sillón de la sala.
	Pasó el tiempo y nada se supo del muerto. Ella y él se casaron poco después del incidente. Siguen casados. Son felices.
 

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 59. ¿Por qué no te suicidas?. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 59

¿Por qué no te suicidas?
Héctor Cortés Mandujano

  
En “Conmoción”, el capítulo quinto de la quinta temporada de los Peaky Blinders (serie británica creada por Steven Knigh), Barney ha permanecido durante diez años en un manicomio, porque fue soldado, un gran tirador, y todas las terribles experiencias de la guerra le hicieron perder contacto con la realidad.
	Va a visitarlo Tommy Shelby, el líder brutal y complejo (actuado por el enorme actor Cillian Murphy) de los Peaky. Barney está confinado en una celda miserable y tiene puesta permanentemente una camisa de fuerza. Así ha estado por años.
	Tommy necesita su fría sangre asesina y su puntería para terminar con un enemigo poderoso. Antes le ofrece otra salida: una pastilla que combina el opio y el cianuro, que le dará sueño en un principio y lo matará después, sin dolor. Barney sabe que ese sería el fin de su vida inmunda, pero no quiere, no acepta la muerte como solución.
	Tommy le dice algo así: “Yo sé porque no quieres morir: recuerdas a aquella mesera francesa”. 
	Barney se lo confirma y agrega: “Y también creo que las cosas pueden cambiar”.
	La escena es breve y eficaz.
	Pero es ficción.

***

                                          ¡Qué bello podría ser el mundo!,

                                          citado por Victor E. Frankl

En El hombre en busca de sentido (se publicó por primera vez en 1946; mi edición es de Editorial Herder, 1999), el psicoanalista Vicktor E. Frankl cuenta cómo sobrevivió a los campos de exterminio nazi: tenía la certeza de que algo iba a cambiar, pese a que lo habían convertido en un número y ya no tenía emociones de asco, piedad u horror.
	Con su experiencia vital y profesional fundó la logoterapia, que busca justamente hallar un sentido a la vida (p. 138): “La logoterapia mira más bien al futuro, es decir, a los cometidos y sentidos que el paciente tiene que realizar en el futuro”. Gordon W. Allport, en el prefacio, asegura que Frankl preguntaba generalmente a los pacientes con múltiples padecimientos (p. 9), “¿por qué no se suicida usted?”, como la pregunta inicial para hallar el sentido de vivir.
	El psicoanalista, vuelto el animal más maltratado, más sobajado, aprendió mucho de su naturaleza (p. 72): “El ‘tamaño’ del sufrimiento humano es absolutamente relativo, de lo que se deduce que la cosa más nimia puede originar las mayores alegrías”.
	Dice Frankl (p. 101): “La pregunta que a mí, personalmente, me angustiaba era esta otra: ¿tiene algún sentido este sufrimiento, todas estas muertes? Si carecen de sentido, entonces tampoco lo tiene sobrevivir al internamiento”. Así (p. 110): “El prisionero que perdía la fe en el futuro -en su futuro- estaba condenado”.
	Otra pregunta (p. 126): “¿Qué es, en realidad, el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es”. Por eso (p. 147): “Los campos de concentración nazi fueron testigos […] de que los más aptos para la supervivencia eran aquellos que sabían que les esperaba una tarea por realizar”. Mucho que aprender.
 

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 58. Sexto piso. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 58

Sexto piso
Héctor Cortés Mandujano

Lo que se recuerda, vive

La actriz Frances McDormand, en la película Nomadland

  
Lees estas palabras que tus dedos escriben en los torpes brincos sobre el teclado, mientras piensas en algo ocurrido hace mucho: el niño flaquísimo y descalzo que lleva jalando, en la mano derecha, una cuerda atada a un burrito, que es tu compañero para ir a traer agua. En realidad, no jalas la cuerda, porque el asno te sigue sin reflejar ninguna emoción en su rostro, que parece apacible.
            Ya pasaste la primera tranca y a los lados del caminito hay árboles de coyol (has sentido el dolor de sus largas espinas en la planta del pie) y vas cantando una canción de José Alfredo Jiménez (Dame un beso delante de la gente, dame un beso delante de tu madre…), que, referida a un viejo que se enamora de una jovencita, nada tiene que ver con tus seis-siete años de niño ranchero.
            Ahora eres un adolescente que ve desde una ventana el anochecer. Tienes ganas de llorar y no sabes por qué. No te gusta la vida ni el mundo, ni la familia ni las amistades. No te gustas tú. Te sientes solo, enormemente, terriblemente solo. Has leído a Fuentes y una frase de La muerte de Artemio Cruz se está encarnando en ti: “Al final, estamos solos”. La frase ahora te hace desdichado, pero cuando la entiendas bien te hará feliz.
            Estás borracho y te sientes enamorado de esa mujer. Está contigo, desnuda, y dice que te ama. No lo crees, pero la besas y de nuevo ensayas la pasión que te llevará hasta la anhelada y momentánea desaparición de tu conciencia, a ese instante en que estás unido a la nada, al momento en que llegas al Blanco total (ya leíste a Paz).
            Tus dedos saltan hacia la memoria de aquella mañana en que nació tu hija. Cuántas emociones, cuánto miedo. ¿Cómo alguien como tú, que nada sabe de nada, es capaz de traer a otro, a otra, a este desconcierto, a este páramo de preguntas sin respuesta? Pero hay también, detrás del miedo, amor, ternura, esperanza…
            La memoria es veloz, los dedos lentos, y apenas puedes fijar el instante e intentas convertirlo en palabras cuando tu mente ya dejó atrás la infancia, la adolescencia, el sexo desenfrenado y promiscuo, la paternidad, los varios bemoles de la vida, y se ha movido a aquel doble arco iris, al árbol que mueve el viento, a la montaña imponente, al caballo que corre frente a ti, a la vaca noble, a la serpiente del arroyo, a los nidos de chorcha, a la lluvia donde te mojaste como si fueras el niño que ya no, al rostro de aquella muchacha, a los ojos de tu mujer, al pastel donde apagas las velitas y unes tu aliento al de Camilo, tu nieto más pequeño.
            Te felicitan muchas, muchos. Y lo agradeces. Te mandan mensajes, canciones, correos, grabaciones, te sientes querido, pero sabes que falta este fragmento vital donde debes estar solo, ahora que ya sabes lo maravillosa que puede llegar a ser la soledad, y te ves, te sonríes, te abrazas a ti mismo y te dices, con el amor que has aprendido a tenerte, y con el tono con el que hablas a lo más amado, a lo más íntimo, a lo más tuyo: Feliz cumpleaños, querido Héctor, qué bueno que estás, que sigues, que seguirás conmigo.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 57. Ni de noche ni de día. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 57

Ni de noche ni de día
Héctor Cortés Mandujano

Súplica de Sett Badr, en Las mil y una noche

  
Faltaban un par de meses para que nos casáramos cuando morí en un accidente estúpido: retrocedí sin ver, en un sitio que no conocía, y caí en un abismo.
            Me dijeron, no sé si como premio o castigo, que me convertiría en tu ángel de la guarda, pero que no podrías escucharme ni verme; sin embargo, si en la noche hacías la pequeña oración me permitirías darte indicaciones que, esa era la ganga, no podrías desobedecer: yo decidiría tu destino.
            Tú y yo ya habíamos tenido un sinnúmero de sesiones sexuales, por supuesto, y así podríamos haber seguido; nuestra boda más bien atendía a la necesidad de tus padres de conservar el buen nombre, de no perder respetabilidad, de “ponerle placas al coche” como decía tu mamá, pretendiendo ser de avanzada con esa idea cursi y pacata.
            Nunca te oí decir la oración ni te pregunté si la decías antes de dormirte cuando no estabas conmigo, porque hubiera sido raro que, si teníamos sexo y podíamos pasar parte de la noche juntos, después de tanta obscenidad carnal salieras con él “Ángel de la guarda, dulce compañía…”; y ahora, quién lo diría, de eso dependía que pudiera desampararte o no.
            La dijiste en la primera noche en que me puse, invisible, al lado de tu cama, y luego pediste resignación por mi muerte: te la concedí. Después, con el paso del tiempo, empezaste a sugerir un nuevo hombre en tu vida y yo me hice el sordo, y así seguí hasta esta noche en que, vieja y olvidada, ya pasados tus ochenta años, pediste morir. 
            Te hice tu gusto, no faltaba más, pero tu muerte será dulce (como mi compañía): morirás mientras duermes. 
            Te veo al rato, mi amor.
 
***
 
Mi gato Zapata, alias el Gordo, vivió 20 años con nosotros. Mi amigo Juventino Tito Sánchez lo conoció ya grande, pero le tomó cariño, tanto que para conmemorar su vida hizo una escultura dentro de una caja de cristal y me la regaló. Gracias, Tito. Zapata vive…
 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

«El gordo Zapata», creación: Juventino Sánchez
Fotografía: "El gordo Zapata", creación de Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 56. Caminar sobre el agua. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 56

Caminar sobre el agua
Héctor Cortés Mandujano

¡Oh, Señor, dueño de los corazones,

soberano de las almas, haz que en adelante me amen sin que yo ame!

Súplica de Sett Badr, en Las mil y una noche

 En Las mil y una noches (Editorial Alba, 1999) leo una historia que no recuerdo haber leído antes (no es extraño, se supone que esta obra tiene 17 volúmenes): “Historia de la docta Simpatía”. En el tercer volumen, que comentaré no aquí, sino en Casa de citas, dice el epílogo que cuando Schehrazada contó esta historia estaba embarazada de su primer hijo (tuvo tres).
            Abul-Hassan tuvo un padre muy rico, que al morir le dejó una gran fortuna que él dilapidó. Lo único que le quedó de todo aquello fue una esclava llamada Simpatía, quien comparece ante el califa (Abul quiere vendérsela) y quien a su vez la somete a un interrogatorio, a través de varios sabios a su servicio. Simpatía gana a todos, como dice el mito que hizo nuestra sor Juana Inés de la Cruz cuando era una joven que todavía no pensaba en ser religiosa.
            Le preguntan de cualquier materia. Explica en una de sus respuestas los tres tipos de estrellas (p. 284): “Unas cuelgan de la bóveda celeste como antorchas, y sirven para alumbrar la tierra; otras están suspendidas de manera invisible en el aire, y sirven para iluminar los mares; y las estrellas de la tercera categoría, se mueven a voluntad entre los dedos de Alá”.
            Le preguntan (p. 286): “¿Qué cosa empezó siendo de madera y terminó gozando vida propia?”.
            Y responde: “La vara que tiró Moisés para que se convirtiera en serpiente. Según las circunstancias, esta misma vara clavada en el suelo podía transformarse en árbol frutal, en un frondoso árbol muy grande para resguardar del ardor del sol a Moisés, o en un perro enorme que guardara el rebaño durante la noche”.
            “Cuál es el goce de un instante?”, le dicen, y responde (p. 288): “¡El goce del amor sólo dura un instante!”.
 
En “Historia de Ibn Al-Mansur y los dos jóvenes” el califa Harún Al-Rashid tiene insomnio y pide que le cuenten una historia (que termina cuando el califa está roncando), pero antes Mansur, su porta alfanje, le sugiere algo muy poético (p. 364): “Contemplaremos las estrellas y sus incrustaciones magníficas, y admiraremos la belleza de la luna que avanza lentamente en medio de ellas y desciende hasta el río para bañarse en el agua”. 
 
En “Historias de Yamlika, princesa subterránea” hay una anécdota que, sin que sea su objetivo, “explica” cómo Jesús caminaba sobre las aguas: un vegetal (p. 382) “con cuyo jugo basta frotar la planta de los pies para poder caminar sobre la superficie del mar”. 
 
***
 
La semana pasada, en mis agradecimientos por la puesta en escena de La divinidad del monstruo, olvidé a uno de mis infaltables amigos: Juventino Tito Sánchez (me mandó un emoji con un gatito a punto de llorar). Es mi diseñador de cabecera y el diseño del cartel publicitario hizo que el Tigre Moreno, según sus propias palabras, decidiera ir a vernos. Fue, el Tigre, uno de nuestros más entusiastas espectadores.
            Pero a Tito también agradezco que, por su amable intervención, el generoso Edilberto Vázquez, a quien todavía no conozco en persona, me regalara tres árboles maravillosos que ya son parte de mi patio: pumpuchuti, sospo y matilisguate. Gracias, gracias, gracias.
 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Pumpunchuti. Foto: HCM
Fotografía: "Pumpunchuti", HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 55. Negros ojos asesinos. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 55

Negros ojos asesinos

Héctor Cortés Mandujano

 Leí Las mil y una noches cuando era niño y recuerdo con precisión el asombro que me produjeron varias de sus historias que están asentadas en mi memoria. Vuelvo a leer ese libro prodigioso, de cajas chinas, ahora en tres ediciones muy distintas.
            Una, de la que hablaré ahora, es de Editorial Porrúa, 1992. En el prólogo, dice Teresa E. Rhode que (p. IX) “el primer intento para dar a conocer esta hermosa colección de narraciones orientales fue hecho en 1704, por el diplomático Antoine Galland, quien afirmó haber encontrado el manuscrito árabe en Siria”, aunque (p. XII) “la mayoría de los eruditos está de acuerdo en que fueron escritas entre los siglos VII y XVI de nuestra era y también en que el argumento es el resultado de una lenta mezcla folklórica”.
            En “Historia del jorobado, con el sastre, el corredor nazareno, el intendente y el médico judío…” hay una de las numerosas afirmaciones amorosas de un hombre al conocer a la mujer. Me llama la atención que no sea el corazón el centro sentimental (p. 137): “Sentí que el amor apuñalaba mi hígado”.
            Esta historia, como muchas, está llena de sexualidad, violencia y asesinatos en torno al amor y la ambición, generalmente. De nuevo el hombre sobre la mujer (p. 140): “Vi que se me acercaba la joven, adornada con perlas y pedrería, luminosa la cara y asesinos los negros ojos”.
            El barbero silencioso (que es súper parlanchín) tiene seis hermanos y cada uno de ellos tiene un apodo. Me hizo reír el quinto, El-Aschá, a quien apodan (p.161) “la camella preñada”.
            El barbero silencioso es detenido por equivocación con otros diez. Los llevan frente al califa y éste le dice al portaalfanje (p. 170): “¡Corta inmediatamente la cabeza a esos diez malvados!”; el hombre cumple la orden, pero al barbero lo han puesto al final de la fila: “Cuando llegó a mí, el número de cabezas cortadas era precisamente el de diez, y no tenía orden de cortar ni una más. Se detuvo, por tanto, y dijo al califa que sus órdenes estaban cumplidas”. Uf.
            Bacbac, el tercer hermano del barbero, era ciego y era un profesional, cuenta el barbero (p. 177): “Era mendigo de oficio, y uno de los principales de la cofradía de los pordioseros de Bagdad, nuestra ciudad”.
            En la “Historia de Ghanem y Fetnah”, el eunuco Kafur dio un enorme susto a la familia de su amo diciéndole que éste había muerto y al amo diciéndole lo contrario: ya no tenía familia. Su amo lo compró aún a sabiendas que su vicio era la mentira. Cuando amo y familia se encuentran y descubren el infundio, el amo manda que emasculen a Kafur. Cuando ya ha sido mutilado, su amo le dice (p. 205): “Así como tú me has abrasado el corazón queriendo arrebatarme lo que más quería, así te lo quemo yo a ti, quitándote lo que querías más”.
            No creo que haya notado tanto sexo y violencia en mi lectura infantil. Pero quién sabe. Tal vez por eso Las mil y una noches es uno de mis libros favoritos.
 
***
 
Presentamos mi obra La divinidad del monstruo en Patio Petul, en San Cristóbal de Las Casas, y fuimos recibidos con cálida amabilidad por Lupita Calvo, Isabel Araujo (nos dio prestado su cuarto para usarlo como camerino) y quienes componen ese colectivo. También llenaron las funciones, nos aplaudieron y nos llenaron de frases lindas los asistentes, el público. Alfredo Espinoza, mi compañero en escena; Nadia Cortés, maquillista y vestuarista; Dalí Saldaña, iluminador; Daniel Dávila, músico, quedamos muy contentos y muy agradecidos. Mil gracias.
 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Foto: Patio Petul
Fotografía: Patio Petul

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 54. Ratas muertas, ratas vivas. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 54

Ratas muertas, ratas vivas

Héctor Cortés Mandujano

¿Cómo sugerir, por ejemplo, 

una ciudad sin palomas,

sin árboles, sin jardines, 

donde no puede haber aleteos ni susurro de hojas…?

Albert Camus, en La peste

 Aunque parece reportaje es novela, aunque habla de otro tiempo parece que se refiere al día de hoy, aunque se titula La peste podría llamarse El Covid.
            Albert Camus publicó La peste en 1947 (mi ejemplar es de Editorial Azteca, 1957). Comienza con la muerte de una rata, a la que se van sumando otras, cientos, miles, hasta que muere el primer ser humano y luego otro, otros, y cientos, miles. 
            Pero Camus era no sólo novelista, sino filósofo y hay líneas que lo demuestran (p. 6): “Los hombres y mujeres o bien se devoran rápidamente en eso que se llama el acto del amor, o bien se crean el compromiso de una larga costumbre a dúo”.
            La primera novela que leí de Camus, y la más famosa, es El extranjero y hace de ella una síntesis aquí (pp. 40-41): “En medio de una conversación, la vendedora había hablado de un proceso reciente que había hecho mucho ruido en Argel. Se trataba de un joven empleado que había matado a un árabe en la playa”. 
            Una verdad cardinal (p. 84): “La primera mitad de la vida de un hombre es una ascensión y la otra mitad un descenso”.
            Hay muchos ejemplos, en la pandemia que hemos padecido y padecemos, de quienes se cuidan a piedra y lodo, y se infectan, y hay los descuidados a los que nada pasa. Lo mismo en La peste (p. 93): “Hace cien años una epidemia de peste mató a todos los habitantes de una ciudad de Persia excepto, precisamente, al que lavaba a los muertos, que no había dejado de ejercer su profesión”.
            Rieux, el narrador, luego de tantas desgracias, ve (p. 186) “dos ratas vivas entrar por la puerta de la calle”. Se alegra, porque sabe que eso indica un descenso de la enfermedad. Qué cosa. Las ratas dan esperanza. Mueren las ratas, mueren los seres humanos; se salvan aquéllas, se salvan éstos. 
            También me llama la atención que, desde aquel tiempo, existieran los criminales histéricos. Rieux es alertado por un policía para que no transite por una calle, porque (p. 211) “hay un loco tirando a la gente”.
            El final de la peste en este libro no se aleja tampoco de nuestra realidad. Hay mucha alegría porque todo terminó, pero (p. 216) “esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás”.
 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Foto: Nadia Carolina Cortés Vázquez
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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