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Cajón de rubores. 40. Apuntes del subsuelo 1. Antonio Florido





                                                                   




Apuntes del subsuelo (1)


PRIMERA PARTE: SUBSUELO
Capítulo I

El texto dice: “Soy un hombre enfermo…Soy un hombre despechado. Soy un hombre antipático.” Vemos que, al contrario del resto de escritores (me refiero a esos escritores vulgares), los que consideran que repetir las mismas palabras en tan poco espacio no es estéticamente admisible, Fiódor lo hace, y lo hace con una naturalidad que asusta. Añado aquí que las mentes claras se expresan de manera clara y que escribir con suma naturalidad es lo más difícil para un escritor. Luego añade: “Creo que padezco del hígado”.

Este creo fue tomado más tarde por Camus cuando comienza su novela El extranjero y dice que cree (no está seguro) que su madre ha muerto, pero que no sabe a ciencia cierta si murió hoy mismo o lo hizo ayer. (Es un dato al menos curioso). A Fiódor, es decir, al personaje que inventa pero que no cabe duda que se refiere a sí mismo, no le importa nada el mundo (en sentido religioso); no le produce ninguna inquietud si su cuerpo está sano o no. Sólo le interesa el interior del ser, esto es, saber que es, como afirma más adelante, supersticioso, despechado, antipático, grosero… O sea, un hombre que vive hacia adentro en vez de hacia afuera, como la mayoría de nosotros, hombres y mujeres rabiosamente actuales. (Sonrío leve y cínicamente.)

Confiesa que fue funcionario. Luego apunta que fue un mal funcionario. Salvo en casos especiales, agrega, cuando el cliente que acude a la Administración para requerir sus servicios es tímido. En ese caso, dice, me divertía haciéndole jugarretas malintencionadas (…y sentía un placer inmenso cuando conseguía disgustarlo…) y esta actitud suya la compara al hecho de espantar gorriones. Noto, de esta forma, un hombre disgustado consigo mismo y con la época que le ha tocado en ciernes, también con la atadura a esa enorme

Administración para la que trabajaba con el único fin de ganarse el sustento. Es decir, un ser triste, descontento, malhumorado, al punto de que es capaz de alejarse de sí mismo para tomar perspectiva de su circunstancia y hacer brotar la risa sarcástica de su tétrica figura. Más o menos lo que muchos de nosotros hacemos cuando tenemos la mala suerte de dedicarnos a algo que no nos gusta nada, esto es, pienso, la mayoría.
Aquí me siento inundado de múltiples sentimientos. Por un lado, mi alma se une a su alma. Entiendo que alcanzo a comprender lo que siente. Le tomo del brazo y con la mirada le indico que tome asiento. Afuera no brilla el sol; es un día nuboso, pero aquí, en el interior del café, se está bien.

-Un café solo y en vaso largo, con dos sacarinas. ¿Tú…?

-Nada.

-¿Nada?


No me responde. Mira al tablero de la mesa y entrecierra los ojos.


-Querido Fiódor, ¿Acaso nunca te conmueves, dime?


Fiódor levanta su frente, abre los ojos y dice: “Sí. Mi vida es un constante sufrimiento. Por mí. Por los demás. Por la trágica tesitura en la que Dios nos ha colocado…”

Guardo silencio. Él también guarda silencio. Un silencio grave, espeso, irritante. Aprovecho este hueco en el tiempo para seguir.
El personaje nos comenta que de vez en cuando miente, y cuando le pregunto el motivo de esa postura me confiesa, en un murmullo, que lo hace para divertirse.

-¿Por qué?

-Porque el mundo no me entretiene. Lo hago con las personas, en una especie de venganza por ser como ellos, por ser nacido como ellos, porque todavía no he logrado convertirme en un insecto. Pero no me preguntes más porque tú también te arrinconas como yo, bajo el suelo, con tu cuerpo ovillado, con el ansia de desaparecer, de hacerte tan pequeño como la felicidad que nunca logro.

-¿Qué te retrae?- le pregunté.

Tomó un sorbo de nada porque nada había pedido, yo acabé lentamente mi primera tacita de café.

-El remordimiento. El remordimiento por no poder ser nada, por no poder ser nadie, por no querer ser nadie, ¿entiendes? El pesar. Me puede ese peso tan gigante de la vida. Vosotros, tú mismo, deseáis. Yo ni siquiera tengo esos inútiles deseos humanos. Recuerdo a mi padre, a mi maldito padre. Recuerdo a mi difunta amada, a mi difunto hermano. ¿A quién, de verdad, recuerdas tú? ¡Dime! Y todos estos sentimientos me bullen y roen por dentro, me desquician, por eso me tomo a chanza las ocurrencias de esos seres vulgares e ignorantes que acuden a mi mesa con los papeles en las manos. Me río. Me divierto con eso, con algo. Cuando el cliente me cae bien entonces cambio y le recibo con gracia y amabilidad; es cuando me transformo en un buen funcionario. Por eso mentí antes. ¡Pero vámonos de aquí, ya te he abierto el alma, qué más quieres!

Fiódor, (el personaje) se levantó serio, apuntó con el gesto a que le siguiera. En la calle soplaba un viento raro, como de humo, con el tranvía gateando la cuesta, como en aquella Rúa dos Douradores, donde hablé con Fernando, hace mucho.



Imagen proporcionada por el autor.
Imagen proporcionada por el autor.

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Edición por entregas del último libro de Antonio Florido. 

*Sobre el autor:

Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta

Carmona, España, 1965.

Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción peruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista en diversos medios de comunicación.

Polvo del camino. 212. La aparente inmovilidad. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.

                    

                        Polvo del camino/ 212

                       La aparente inmovilidad
                       Héctor Cortés Mandujano

  Ningún animal doméstico es capaz de una quietud igual a la de un animal salvaje

                                                            Isak Dinesen,
                                                    en Memorias de África

Cuenta Isak Dinesen en Memorias de África (RBA, 1993) que hizo un estanque cerca de su casa, en África. Un día (p. 161): “cacé un cocodrilo en el estanque, fue algo muy extraño, porque debió de vagar unas doce millas desde el río Athi hasta llegar allí. ¿Cómo pudo saber que había agua en un sitio que nunca la había tenido antes?”.
Mi primo Paco Méndez nos invita a comer a la Sima de las cotorras, municipio de Ocozocoautla. Mi mujer acepta encantada el garrobo en salsa de tomate (yo como otra cosa) y pregunta cómo llegó esa delicia hasta sus platos.
       Paco nos cuenta que hay, dentro de las cuevas rocosas de la sima (140 metros de profundidad y 160 metros de diámetro), muchas iguanas y garrobos. Él estaba justamente en la sima de la Sima cuando escuchó jadeos de estos reptiles que tal vez estaban en una ceremonia de apareamiento o nada más peleando. Oyó el ruido de un objeto caer. No era una piedra, evidentemente. Se dirigió con rapidez al lugar donde suponía había caído algo y halló a dos animales en posiciones distintas: el garrobo, en agonía, por las heridas que le habían hecho allá arriba y por el golpazo, la caída de tantos metros, y una boa constrictor que iba en su dirección a comérselo.
Lo que le sorprendió fue cómo el ofidio pudo darse cuenta, de forma tan inmediata, de que lo que había caído era un bocado apetitoso. Paco, que no tiene miedo a las serpientes, se le puso enfrente para que no pasara y le ganara lo que él también consideraba una comida apetitosa. La boa, entonces, trató de buscar otro camino, que Paco también bloqueó, sin dañarla, sin agredirla.
No tuvo más, el pobre reptil decepcionado, que subirse por el tronco de un árbol e irse a rumiar su fracaso. Es decir, vuelvo a la Dinesen: la quietud de un paisaje guarda el misterio de un sinnúmero de animales –de todos los tamaños, de todas las especies– que están al acecho, en una inmovilidad expectante, de que algo ocurra para ponerse en marcha y atacar o ser atacado.
Mi primo, triunfante, guardó el garrobo en una bolsa y mandó que lo prepararan para su propia degustación y la de mi mujer. Él también, dado que vive en un entorno natural, tiene la intuición (no la ha perdido) para esas minucias que hacen ganar o perder, ser el cazador o la pieza cazada…



Video: Paco Méndez.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 212. La música que alegra el corazón. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Nadia Arce.


Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

La música que alegra el corazón


El atardecer del viernes dibujó una bella puesta de sol, las siluetas de las montañas se apreciaban a contraluz, decoradas por el hermoso tono naranja que se esparcía en el cielo. Selene llegó a casa antes que Álvaro, su esposo, alcanzó a contemplar el ocaso que se fue como en un suspiro.
    Le gustaba observar los atardeceres, a veces en compañía de Álvaro, otras ocasiones con el acompañamiento de las aves que llegaban a buscar su lugar de descanso en los árboles del patio. El jolgorio de los pájaros era uno de los momentos que también disfrutaba en las tardes que estaba en casa.
    Se dispuso a preparar la cena, recordó que ese día le tocaba el turno a Álvaro para cocinar. Buscó qué ingredientes había en la alacena y el refrigerador para hacerle algunas sugerencias. Encontró champiñones, tomate, cebolla, zanahorias, mantequilla, leche, queso manchego y unas deliciosas tortillas de harina que había comprado con su tío Marcelo.
    —¡Qué bien! Hay varios ingredientes. Podríamos cenar una sopa de champiñones, o una crema de zanahorias, o unas ricas quesadillas con champiñones —dijo en voz alta.
    Fue por el celular para enviarle un mensaje a Álvaro, hizo una pausa antes de escribir, alcanzó a escuchar música a lo lejos. Se quedó atenta, pensando si era su imaginación. Lo cierto es que sus oídos no la engañaban, comenzó a identificar que la música era de marimba. ¿Acaso había fiesta? En caso de ser así, ¿dónde estaba la fiesta? Tenía muchos meses que por su rumbo no se escuchaba la algarabía.
    Se olvidó de escribir el mensaje mientras intentaba identificar qué canción era, alcanzó a distinguir,
   — Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, porque cantando se alegran cielito lindo los corazones.
Cuando se percató ya estaba tarareando la canción, era una de sus favoritas. Se le vino a la memoria cuando su abuelita Francisca se ponía contenta al escuchar la marimba. Doña Francisca solía ser tímida, sin embargo, se percibía la alegría al observar su mirada, el color miel de sus ojos resaltaba y su rostro dibujaba dos hoyuelos en las mejillas, una sonrisa discreta y espontánea que le gustaba observar a Selene.
   — Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, porque cantando se alegran cielito lindo los corazones —se seguía escuchando, mientras Selene sonreía recordando cuando de niña escuchaba en las fiestas familiares que hablaban sobre la música que alegra el corazón. Para ella y sus primas la música era para bailar, imitando a sus artistas favoritas, pero no alcanzaba a entender eso de alegrar el corazón. Ahora de adulta, vaya que le iba encontrando sentido.
   El sonido del teléfono la hizo volver al presente, era un mensaje de Álvaro que ya iba camino a casa y llevaba un postre sorpresa para después de la cena.
    A lo lejos seguía la música, ahora entonando, ¡Ay mi yaquesita, ay mi yaquesita!


Fotografía: Nadia Arce.
Fotografía: Nadia Arce.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Estado de gracia 1. Deseo más allá de la posibilidad. Aleqs Garrigóz

               DESEO MÁS ALLÁ DE LA POSIBILIDAD
                       Aleqs Garrigóz
               

El mundo es la más magnífica trituradora.

Cada vez, con renovados bríos,
tocamos un rincón de la humanidad;
ese sarcasmo bendito
que ilumina la tiniebla
y propone un sentido que, negativo,
es el único posible.

Soy para que me asesines
y abandones mi cadáver
en cualquier basurero, cuando te plazca.

Estoy enfermo del mundo.


Deseo despertar
en un regazo ardiente como horno
y nunca más salir de allí.
Y que ese centro sea el centro del universo,
habitado sólo por mí,
sin necesidad,
sin carencia.


[DEL POEMARIO INÉDITO NUEVAS CONSIDERACIONES ACERCA DE LA MUERTE]

Contacto:
regresoalestadodegracia@hotmail.com

Aleqs Garrigóz
Aleqs Garrigóz

Sobre el autor:

Aleqs Garrigóz

Puerto Vallarta, México; 1986.

Poeta y periodista cultural

Es maestro el Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Guanajuato. Publicaciones: Abyección (2003, poesía). La promesa de un poeta (2005; Premio Adalberto Navarro Sánchez), Páginas que caen (2008, 2013; Premio Municipal de Literatura de Guanajuato) y La risa de los imbéciles (2013, Ganadora del I Concurso Internacional de Poesía de Emergente Nauyaca) y El niño que vendió su alma al Diablo (2016). También han sido premiadas sus obras Galería del sueño (Premio Espiral de Poesía  2011, de la UG), En la luz constante del deseo (Premio Espiral de Poesía 2012, de la UG), Despiértame en otro mundo (Mención Honorífica en el I Concurso de Cuento y Poesía de la Universidad Marista de Querétaro, 2013),  Penetrado por el amor (Mención Honorífica en el V concurso editorial “El mundo lleva alas”, 2012), Resplandor del oro amanerado (Tercer premio en el VI Concurso Nacional de Poesía María Luisa Moreno, 2014). Sus últimos tres libros publicados son: Los muchachos (2018), El primo (2019) y Penetrado por el amor (2019)

Ha sido antologado en una treintena de antologías en diversos países. Ha publicado poemas en medios impresos y electrónicos de México, España, Colombia, Estados Unidos, Colombia, Argentina, Honduras, Perú, Nicaragua, Chile y Suecia. Poemas suyos han sido traducidos a cinco idiomas.

Voces ensortijadas 211. Los paisajes sonoros en la vida. María Gabriela López Suárez

                  Voces ensortijadas

               María Gabriela López Suárez

             Los paisajes sonoros en la vida

Hilda escuchó la alarma del despertador, había elegido un tono suave, para que el levantarse no fuera abrupto por el sonido. Apagó la alarma, casi a tientas, se acomodó en la cama. Tenía la intención de seguir durmiendo. Sin embargo, recordó que aunque era fin de semana no podía darse ese lujo, había agendado una cita médica con su dentista.
   —¡Qué ganas de seguir dormida! —dijo para sí cuando se levantó de la cama. Estiró los brazos con los ojos cerrados, percibió la luz del sol, aún tenue. Agradeció un nuevo día de vida.
    Se dirigió al baño para lavarse la cara y terminar de despertar. Luego fue a la cocina para prepararse un licuado. Revisó el refrigerador tenía manzana y leche, le agregaría un toque de avena y canela en polvo. En eso estaba cuando escuchó el canto que la deleitaba todas las mañanas, un zanate llegaba a cantar frente a su casa, se ponía en uno de los árboles que tenían sus vecinos y colindaba con la ventana de su cocina. El zanate era como un reloj, todos los días llegaba a las 6:45 de la mañana.
   Hilda se asomó a la ventana, lo observó, como una especie de saludo y mientras preparaba su licuado escuchó con atención su canto. Indudablemente le remitía a su infancia, sus días en la primaria y a los paseos familiares en el campo. Bebió el licuado, se dio un baño y emprendió el camino rumbo a su cita médica.
   En el trayecto al consultorio decidió cortar camino y pasar por la pequeña área arbolada que quedaba en su colonia. En su camino se dio cuenta que los árboles estaban mudando de hojas. Desde pequeña le gustaba caminar sobre las hojas secas, el sonido que emitían le agradaba, se sentía como en un cuento donde ella era la protagonista. Esa vez no fue la excepción, escuchó con atención el crash, crash que iba haciendo con sus pasos, mientras sonreía. No pudo evitar acordarse de su tía Conchita, seguramente le diría,
    —No agarrás juicio Hilda, mejor apúrate en tus actividades.
En eso estaba cuando una parvada de loros atrapó su atención, iban muy rápido y con la algarabía que los caracteriza, una bulla que era contagiosa, como para ponerse en tono alegre. Alzó la vista y los siguió hasta perderlos en el cielo. Por un momento quiso ser un loro y viajar con ellos, ¿cuál sería la ruta? ¿Regresarían por el mismo rumbo?
Miró su reloj para ver qué hora era, estaba a tiempo. Al pasar cerca de un pequeño mercado alcanzó a escuchar la bocina con la vendimia de tamales, tortas, tacos y arroz con leche. Siguió su camino y el anuncio de quienes voceaban las rutas de los colectivos sonó en alto volumen.
   Observó que ya estaba cerca del consultorio médico, eso le generó una especie de nervios. De pronto sintió latir su corazón un poco más acelerado. Respiró y se tranquilizó. Llegó al consultorio, aún estaba cerrado. Tocó el timbre, escuchó el sonido, le agradó el tono. Mientras esperaba que le abrieran del otro lado de la banqueta pasó una señora vendiendo dulces tradicionales,
    —¿Va usté a querer caballito, turulete, obleas, empanizado de cacahuate?
    Abrieron el consultorio para que Hilda pasara. Se sentó mientras le tocaba pasar a su consulta. Se olvidó de los nervios, en su mente resonaban los distintos sonidos en esa mañana, no cabía duda que los paisajes sonoros en la vida eran una gama de experiencias para la memoria y el corazón.

Photo by Los Muertos Crew on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 211. Surimbia, el pueblo de las esquinas redondas. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juventino Sánchez

                    

                        Casa de citas/ 211

           Surimbia, el pueblo de las esquinas redondas
           
            Héctor Cortés Mandujano

                                              Tocó la suavidad de su traje,
                                           pintado con cúrcuma y tinta añil

                                                           Sarelly Martínez,
                                                                en Surimbia

Surimbia (Tifón, 2023), de Sarelly Martínez (doctor en periodismo, fundador y catedrático de la carrera de Ciencias de la Comunicación, lector incurable), tiene el tamaño de un devocionario que se puede llevar en la bolsa de la camisa, y arranca con la fundación mítica del pueblo donde él nació: Suchiapa.
         El libro, en sus pequeñas páginas, encierra historia y cuentos, música, bailes, vestimentas, costumbres, y, entre otras riquezas, comidas en cantinas y casas, descritas con envidiable gracia y la mano maestra de este hombre al que debemos varios libros imprescindibles sobre la historia del periodismo, una biografía espléndida de Santiago Serrano –otro suchiapaneco célebre– e innumerables artículos de análisis político. Sarelly, sin embargo, tiene una pluma genial para el relato, que desgraciadamente no ocupa con frecuencia.
         El gentilicio familiar de los de Suchiapa no es suchiapaneco, sino surimbo y, dice Sarelly (p. 6): “Surimbo, por esas aventuras del idioma con sus encuentros y desencuentros, proviene de la voz chiapa que quiere decir amante del pozol”, que se tomaba acompañado del chile nambimba, ya extinguido (pp. 9-10): “Una plaga, en tiempos ingratos, había acabado con los sembradíos de chile nambimba, de calabaza, maíz y frijol”.
         Desapareció también Surimbia, el nombre original del pueblo. Por eso el libro rezuma nostalgia.
         Repartieron las tierras por cuadras, pero una pareja llegó tarde y, entonces, cada cual cedió su esquina y un viejo, “dueño de muchos misterios y secretos”, recortó las esquinas, unió los pedazos y formó una cuadra nueva (p. 18): “Hoy todavía puede verse que las esquinas más antiguas de Suchiapa están recortadas –como la esquina que me heredaron mis padres– y que de ellas emana la luminosa generosidad de sus antepasados”.
         Un diablo se casó por la iglesia con una muchacha de Surimbia. Escupió la hostia, apenas salir de la ceremonia, y unas abejas se la llevaron al bosque; eso dio pie a una fiesta donde animales y humanos se mezclaron, se emborracharon, se pelearon y (pp. 22-23) “en ese combate ahuyentaron a venados de cola blanca y tigres, los cuales sólo regresan en la festividad del calalá, en Corpus Christi”.
         Después de esta historia sigue un cuento de Sarelly, el más extenso, que yo incluiría en una antología que recogiera la certeza del lenguaje, la viveza de la tradición, la descripción de costumbres (que no estorban al relato), el logradísimo buen humor y el ingenio para contar tan redondamente, como las esquinas del pueblo, una historia con tantos meandros: Isaías Nangüelú Indilí, un joven de Suchiapa, bueno para las matemáticas, vive en EUA y se vuelve una celebridad mundial al resolver un enigma matemático; es invitado a regresar a su pueblo, donde se viste de tigre para las fiestas de Corpus Christi.
         Lo dice Cesare Pavese en un poema y Sabina en una canción: No debes volver al lugar donde has sido feliz. Isaías se viste de tigre y, como en un sortilegio de la tierra que no quiere dejar ir al hijo amado, todo se vuelve otra cosa.
         Este librito lo regaló Sarelly a sus amigos, entre los cuales tengo la fortuna de estar, en diciembre de 2023. Ojalá que algún día lo publique para todos. ¡Felicidades y gracias, querido amigo!

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 210. El encanto de la oscuridad. María Gabriela López Suárez

                Voces ensortijadas

             El encanto de la oscuridad
            
María Gabriela López Suárez

El amanecer de ese sábado estuvo menos luminoso que el del día anterior. Al menos así le pareció a Leonor cuando despertó. Se quedó un rato más en su cama. No quiso ver qué hora era.
      —Seguramente nadie más se ha levantado en casa —dijo para sí, luego se acomodó y nuevamente se quedó dormida.
      El ruido del coche de don Genaro, papá de Leonor, la hizo levantarse. Había olvidado que ese domingo su familia tenía invitación a pasar el fin de semana con Gertrudis y Renato, amistades de la mamá y papá de Leonor. Revisó el reloj, eran las 10,30.
      —¡Uff! Es súper tarde. Apenas me dará tiempo de bañarme y desayunar —exclamó Leonor mientras se apresuraba.
       Cuando se asomó al comedor ya estaban ahí don Genaro, doña Marcela, mamá de Leonor y RIta, la hermana mayor. Por más que intentara pasar inadvertida no podía. Lejos del regaño que pensó le darían por despertar tarde, la integraron a la conversación.
Cerca del mediodía la familia partió rumbo a San Nicolás, la rancheria donde vivían Gertrudis y Renato. El paisaje en la carretera fue muy grato, la vegetación verde y con viento que aminoraba lo cálido del día.
       Una vez en casa de las amistades y de la amena bienvenida a la familia, se instalaron en los cuartos destinados y posteriormente, degustaron la comida.
       —¡Qué alegría nos da que estén con nosotros! Tanto tiempo sin verles —comentó Gertrudis.
       La plática se tornó muy amena. Después degustaron como postre un delicioso pay helado de limón.
       Mientras las amistades continuaban conversando Rita y Leonor se fueron al cuarto donde dormirían. Ambas decidieron tomar una siesta. Habían olvidado que en la ranchería solía haber fallas con la energía eléctrica y justo ese fin de semana les tocó vivir la experiencia.
Cuando Leonor despertó pensó que estaba soñando, la habitación estaba oscura y un ligero rayo de luz filtraba en la ventana. Era la luz de la luna. El canto de los grillos le hizo recordar donde estaba.
      —¡Uy ya se fue la luz! —susurró para no despertar a Rita. En lugar de refunfuñar cerró los ojos y escuchó el viento y el coro de grillos. Se levantó y caminó despacito hacia la ventana y se dispuso a disfrutar el encanto de la oscuridad.




Photo by Engin Akyurt on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 210. Mis libros favoritos de 2023. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nudding.

                      Polvo del camino/ 210


                  Mis libros favoritos de 2023
                   Héctor Cortés Mandujano

Leí el año pasado 258 libros. Escoger doce no fue fácil. Me quedé con éstos para invitarte a leerlos, si no lo has hecho, lector, lectora.
         1. El libro de Aurora. Textos, conversaciones y notas de Aurora Bernárdez (Alfaguara, 2017). Regalo de mi amigo Alfredo Espinoza. Para quienes crecimos leyendo a Julio Cortázar, el nombre de la argentina Aurora Bernárdez estuvo siempre asociado a él. Fue su primera esposa, luego su cuidadora final y su heredera principal, la responsable de que su obra siguiera vigente. Aurora no quiso publicar mientras vivía (este libro es póstumo), pero yo ya la adoraba, porque también agradecí/agradezco sus traducciones (cualquier libro que aparezca/apareciera con su nombre como traductora se volvía/se vuelve inmediatamente parte de mi biblioteca). Leí su libro como si ella fuera parte de mi familia.
        2. Nostalgia (Impedimenta, 2012), de Mircea Cărtărescu, con traducción de Marian Ochoa de Eribe e introducción de Piedad Bonnett. Regalo de mi amigo Roger Octavio Gómez Espinosa. Cărtărescu es considerado el más importante escritor rumano de la actualidad. Este libro, con cinco relatos, muestra por qué: no sólo es un extraordinario narrador, sino también un pensador y un poeta. El libro fue una de las grandes sorpresas literarias que tuve el año pasado.
        3. Persépolis (Random House, 2020, traducción de Carlos Mayor), de Marjane Satrapi, es un libro peculiar, porque está escrito y dibujado por la propia autora quien, a la vez, cuenta su historia, su biografía, y la historia política, militar y social de Teherán, Irán, su pueblo natal. El libro gráfico, en blanco y negro, supone sorpresas en el diseño y los dibujos que nos cuentan desde la infancia de Marji (de 10 años, en 1980), hasta que se va definitivamente (por lo menos en el libro) de su país, en 1994. La versión cinematográfica es una especie de síntesis de este libro genial.
        4. El peso de vivir en la tierra (Alfaguara, 2023), de David Toscana, ganó en el 2023, merecidamente, el Premio Internacional de Novela Mario Vargas Llosa. He leído varios libros de Toscana y cada uno me ha dejado con ganas de leer el siguiente. En El peso de vivir en la tierra, como en Evangelia (2016), David (Monterrey, México, 1961) saca a pasear su buen sentido del humor. Si en aquel logró poner muchos dardos en la diana, utilizando como base los relatos bíblicos, aquí se mueve con soltura en los personajes, las novelas, los relatos de los gloriosos rusos para contar los hechos y deshechos de Nicolás, un hombre de Monterrey, que enloquece, como Alonso Quijano, de tanto leer a Chéjov, Dostoyevski, Gogol, Tolstói, Bulgákov…
        5. Las dos amigas (un recitativo) (Lumen, 2023), de Toni Morrison, fue su único relato, traducido por Carlos Mayor Ortega, con un brillante epílogo de Zadie Smith. Dice Zadie sobre Morrison: “La autora no tiene textos improvisados ni ‘ensayos improvisados’, ni novelas de relleno, no daba palos de ciego, no se desviaba de su camino. Escribió once novelas y un relato, todo ello con unos propósitos e intenciones concretos”. En este de nuevo explora la compleja relación entre blancos y negros en EUA, su país natal. Extraordinaria, como siempre.
         6. El Fondo de Cultura Económica publicó la obra completa de Clarice Lispector. En el primer volumen de sus novelas (FCE, 2021) se hallan Cerca del corazón salvaje, El candil y La ciudad sitiada, con traducción de Romeo Tello G. La narrativa de Lispector, ucraniana-brasileña (1920-1977), no suele transitar por caminos trillados. En muchas ocasiones sus páginas no valen por la trama, por la intriga o la tensión narrativa, sino por el modo en que están escritas, por el extrañamiento, por la originalidad. Ella decía que con su escritura practicaba el “no-estilo”. Clarice Lispector se resiste al resumen y nada puede suplir el placer de leerla.
         7. Fue una delicia leer Meditaciones de cine (Reservoir Books/Random House, 2023), de Quentin Tarantino, traducido por Carlos Milla Soler, en especial porque el libro parece una apasionada y divertida charla de Quentin con un amigo, en este caso el lector, donde no se ahorran las interjecciones, las maldiciones, las palabrotas y, por supuesto, el profundo conocimiento cinematográfico de este célebre director norteamericano. Las películas de la infancia lo marcaron, pero en Meditaciones… hace una lista de las que le parecen le enseñaron algo (ritmo, emplazamientos, diálogo, cómo contar una historia) y que vale la pena revisar, conversar, volver a ver.
        8. En Curiosidad. Una historia natural (Almadía-Conaculta, 2015), de Alberto Manguel, traducido por Eduardo Hojman, se combinan las notas biográficas, con la pasión por leer proponiendo como vértebra de esta actividad la Divina comedia de Dante. Opina sobre las diferencias entre leer y escribir. Leer es expandir, dice: “Escribir, en cambio, es el arte de la renuncia. El escritor debe aceptar el hecho de que el texto final no será más que un borroso reflejo de la obra concebida en la mente, menos iluminador, menos sutil, menos conmovedor, menos preciso”. Manguel (Buenos Aires, 1948) es un grande.
        9. Son raros los clásicos instantáneos (es un decir, llevan su tiempo), los libros que parecen tocados por la magia y se convierten, casi de inmediato, en textos celebrados y amados por los lectores. Eso ocurrió, me parece, con El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo (Random House, 2021), de la española Irene Vallejo. Y cómo no, si la autora escribe con tal pasión por los libros, con tanto cuidado con las palabras; con sabiduría, conocimiento, erudición sobre el tema y con una voz (se la oye) cálida, dulce, amistosa. El libro es un prodigio.
         10. Continuación de ideas diversas (Jus, Libreros y Editores, 2014), de César Aira, es lo que dice el título: una reunión de textos de variada temática, escritos con la pluma inteligente de este argentino genial. Cita a Fontanelle (p. 43): “No hay pena que resista a una hora de lectura”, aunque apostilla: “Es cierto que hay quienes no leen nunca y se las arreglan con otros remedios”. Para mí, Aira es uno de mis indispensables. No me canso de leerlo.
         11. Lo primero que me llamó la atención de la norteamericana Lucia Berlin (1936-2004) fue su belleza. Parece más una estrella de cine, de las muy bonitas, que una escritora. Leo Manual para mujeres de la limpieza (Alfaguara, 2016), con edición e introducción de Stephen Emerson y traducción de Eugenia Vázquez Nacarino, que contiene 43 de los 66 cuentos que publicó en seis libros y en otras publicaciones. Lydia Davis, dice en el prólogo: “Las historias de Lucia Berlin son eléctricas, vibran y chisporrotean como unos cales pelados al tocarse”. Y es cierto. Su libro me encantó.
         12. La muerte me da (Tusquets, 2007), de Cristina Rivera Garza. Creo que, hasta el momento, es el libro que más me ha gustado de Cristina (cuentista, novelista, ensayista) de quien he leído varios, más y menos recientes que éste (ha escrito más, por supuesto), que son muy buenos: Nadie me verá llorar, La cresta de Ilión, Lo anterior, Los muertos indóciles, La Castañeda y Había mucha neblina o humo o no sé qué… El libro (no lo llamemos novela, porque rompe los estándares de ésta y qué bueno) es, por lo menos, tres libros y una muestra de la inteligencia, el conocimiento, el buen hacer de esta escritora mexicana.


Ilustración: Alejandro Nudding.
Ilustración: Alejandro Nudding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Trabajo en alturas. 41. Amar, volar. Roger Octavio Gómez

Fotografía: Nadia Arce

Amar, volar
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

... entre nosotros está mal visto hablar de amor

en materia de enseñanza. Intentadlo y veréis,

es como mencionar la soga en casa del ahorcado…

Daniel Pennac en Mal de escuela

Hace algunos años uno de mis profesores más queridos y apreciados me habló sobre Daniel Pennac y un libro que se llama Mal de escuela (2009), donde este escritor francés nos cuenta sobre la educación escolar desde la perspectiva de “el mal alumno”. Según su testimonio el brillante Pennac fue un mal alumno, y se dio a la tarea de analizar por qué lo fue. En su libro llega a una conclusión, algo que rescata y que que me parece insólito: lo que se necesita para que la trasmisión de conocimiento sea exitosa es: el amor. Si hay malos alumnos es quizá porque a muchos profesores les falto el ingrediente de salud amorosa para su cátedra. Bajo esa premisa, indagando más en el tema, podemos llegar a otra conclusión: que esta pedagogía no se limita a la educación escolar, pienso que cualquier afan de comunicación trascendente debería seguir ese principio. Pennac no es un improvisado y le creo.



Aunque soy ingeniero de profesión, por alguna rareza genética tengo aires de literato y he estado intentando desde que tengo memoria comprender la literatura y pretendiendo ser un escritor de esta. Escribir no tiene que ver únicamente con el arte y, escribir bien, no tiene tampoco que ver con profesiones; como seres sensibles que somos tenemos una necesidad de comunicar no sólo lo palpable sino esas voces que descubrimos en nosotros y que nos advierten que no somos nomás materia física, carne, entrañas, sino entes vibrantes de energía que buscan vias para tocar a los otros en niveles más allá del ambito social. Mi afección genética me ha llevado a estudiar literatura tanto en talleres como en prestigiosas universidades. Tengo dos posgrados relacionados con el humanismo y la literatura, una en el ITESM y otra por la Universidad de Salamanca, también tengo estudios en la rama profesional que me da sustento económico y, por mi profesión, tengo que tomar muchos talleres de manera constante. Es decir, he estudiado no mucho, pero bastante. No quiero sonar pedante, sólo quiero poner un punto sobre esta mesa: He aprendido a identificar a los buenos profesores. He tenido catedráticos con un basto conocimiento sobre sus materias, vaya que sí. Mas, solo con una de mis manos puedo contar a aquellos que fueron más allá de la simple cátedra y me hicieron sentir lo trascendente que puede ser aprender por medio de un maestro que ama enseñar.

Encontré en el libro Cómo echar a volar mi pluma. Manual aeronáutico de escritura de El Tintero Editorial, de la escritora, editora y fotógrafa independiente Nadia Arce la intención de trasmitir conocimiento desde una base pedagógica amorosa.

       Quienes han tenido la oportunidad de tomar un taller o una clase con Nadia Arce no me dejarán mentir. Los conceptos más complejos sobre técnicas narrativas y poéticas son clarificados con una sencillez tal que no deja lugar a las dudas. La sencillez, cuando aborda la complejidad, es signo de gran conocimiento, de experienca y de habilidad. Personas se descubren en sí mismos la capacidad de trasmitir por medio de la escritura un universo que antes era bruma en sus mentes. Es evidente el bagage cultural y la gran experiencia en el campo de la enseñanza que forman el aura de la Nadia profesora y pienso que está patente en este manual de escritura.



El Manual aeronáutico de escritura de El Tintero Taller Editorial es un libro que está hecho desde el principio aquel que mencionaba Pennac, desde el amor, y es por esto que quien lo haya ya leído o usado ha percibido esa trascendencia que da el aprendizaje así trasmitido. Es un manual ambicioso y su objetivo máximo es el de escribir hasta publicar cualquier tipo de texto. Sin embargo, quien lo siga al pie de la letra se sentirá acompañado por una mentora ideal, animado a escribir y dar lo mejor de sí.

      Escribir puede ser tu mejor legado, es otra de las máximas que rigen el manual de El Tintero, pero hacer que un texto vuele es su finalidad.

      Los invito pues a que entren por medio de este gran libro a una dimensión donde se atrevan a volar con sus plumas y a que se den la oportunidad de dejar uno de los mejores legados que como humanos podamos brindar: un libro.



                          ***


[Texto leído por Roger Octavio Gómez Espinosa en la presentación del libro Cómo echar a volar mi pluma. Manual aeronáutico de escritura de El Tintero Editorial, de Nadia Arce, el 24 de enero de 2024 en el marco del Festival Plástico. ColoreArte de Guadalajara en el Palacio de la Cultura y los Congresos PALCCO.]


Fotografía: Nadia Arce
Fotografía: Nadia Arce

*Sobre el autor:

Roger Octavio Gómez Espinosa

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, 1974.

Tiene el grado de Maestro en Estudios Humanísticos por el ITESM y Máster en Creatividad Literaria por la Universidad de Salamanca, donde se graduó con mención honorífica.

Autor de Acrofobia (Tifón, 2022); La lluvia en las hojas del platanar (Ediciones Animal, reeditado por Kolaval, España); Soltar las riendas (2019, Tifón). Anhelo de reposo. Antología poética (Coordinador editorial, Tifón, 2019). Bruñir la palabra frente a la hoguera (Autor antologado, Tifón, 2018). Mamá no va a llamar (Tifón, 2018).

Su cuento El rostro de marina, obtuvo dos primeros lugares en su adaptación radiofónica en la Tercera Convención Internacional de Radio y Televisión 2018, Varadero, Cuba.

Tomando café con Pat. 4. Muchos gastos… pocos ingresos. Patricia Muñoz Díaz

Tomando café con Pat/ 4

Muchos gastos... pocos ingresos
Por Patricia Muñoz Díaz

La cuesta de enero, incertidumbre, poca solvencia cuando aparentemente el dinero está atorado en algún lado, miedo, psicosis y no sabes ni por dónde empezar, ese es el momento de actuar, de buscar las nuevas alternativas y comenzar a diversificar.
            Es muy cierto, que cuando hay crisis nos volvemos creativos. El asunto no es ponerte a vender cualquier cosa o creer que el mundo nos va a descubrir con el producto del siglo. Vamos por puntos, en tiempos de crisis hay que buscar alternativas “sin poner todos los huevos en la misma canasta". Les dejo algunos tips que he aplicado cuando los problemas financieros se adueñan de nuestra existencia.
1. Deudas
Haz una lista completa y concreta de saldos y cuentas por pagar con fecha de vencimiento. Numérala por orden y prioridad, destina un monto para ello de forma mensual y vete de una por una. Hay que negociar con tus acreedores hasta que juntos encuentren la mejor alternativa. A los cobradores solo les interesa que pagues, así que si ven disposición de tu parte te harán un plan de pagos a tu medida. 
2. Más ingresos
Si con lo que ganas no alcanza, busca otro empleo o busca un ingreso extra. Por ejemplo: si te gusta cocinar, la fotografía, hacer manualidades, etc., puedes ocupar tus días libres para ello. Busca un tianguis o un mercadito virtual que se ajuste a tus horarios y te den oportunidad de sacar este dinero extra. En la actualidad las redes sociales y los chats grupales ayudan mucho para ello y pónle un objetivo claro, por ejemplo: Vendes hamburguesas al carbón los domingos a domicilio, las ganancias serán para liquidar la tarjeta de crédito.
3. Gasta de forma inteligente
Creemos que en tiempos de crisis no debemos gastar, al contrario, eso reactiva la economía. Está bien que gastes. Solo debes poner algo de orden. Si acostumbras comer fuera los fines de semana, hazlo solo una o dos veces al mes y ese dinero que te ahorras, puedes usarlo para invertir en tu negocio o saldar alguna cuenta pendiente. Si esperas que la gente consuma tus productos, la gente espera lo mismo de ti. No tengas miedo, el dinero debe moverse.
4. Ahorra
Es indispensable que consideres por lo menos un 10% de tus ganancias mensuales al ahorro y que sea tu prioridad. Estamos acostumbrados a pagarle a todos menos a nosotros mismos y al tercer día de haber recibido nuestro salario o las ganancias de nuestro negocio, ya no nos queda nada. Es importante hacernos el hábito de ahorrar y darle prioridad en nuestros gastos mensuales. Existen varias alternativas en instituciones financieras donde te pueden ofrecer un plan de ahorro, para que haya un compromiso, incluso con objetivos claros como el retiro, la compra de una casa, un viaje, etc. o hasta la tanda con la vecina.
5. Paga tus consumos con dinero, no con créditos
Las tarjetas de crédito son una excelente herramienta si sabemos usarlas, aunque los bombardeos publicitarios de mensualidades congeladas o los meses sin intereses son una tentación constante, abusar de ellos nos puede perjudicar a futuro. Si en algún momento no podemos cumplir con nuestros compromisos financieros nuestros problemas se multiplicarán por los intereses. Mejor ahorra para comprar lo que deseas, antes de que inviertas en algo que cuando lo termines de pagar será obsoleto o no tal vez ya no servirá.
Los créditos son excelentes aliados cuando la adquisición no se devalúa, como un terreno, una casa, acciones, joyas, mercancía para un negocio, etc. Si quieres darte un gusto, págalo de contado.
Espero que estos tips les sean de utilidad, los resultados no son inmediatos, pero Roma no se hizo en un día.
¡Feliz año nuevo 2024!

Instagram y Facebook: @patmunozescritora
Imagen: CANVA Bussinesman chasing money por Grafissimo
Fuente: https://www.canva.com/photos/MAEIzdBl6vE-businessman-chasing-money/

*Sobre el autor:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.