Revista

Líneas de desnudo. 124. El español, idioma americano. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 124

El español, idioma americano (1)
Por Manuel Pérez-Petit

En espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua.

Rubén Dario, verso del poema Salutación del optimista, lema incluido en el escudo de la Academia Nicaragüense de la Lengua.
En el ámbito hispánico –la península Ibérica y la mayor parte de América, de manera principal, aunque también parte de África y de Oceanía– pensamos, leemos, escribimos y sufrimos y gozamos de un idioma global, permeable, maleable, expansivo, de una diversidad inabarcable, de una riqueza lexicográfica única, abierto por completo al mestizaje, potente y vital como ninguna otra lengua materna existente hoy en el mundo y quizá nunca existente con anterioridad en la historia.
            Los hispanohablantes contamos, además, con la ventaja adicional de que el territorio del que proviene nuestro idioma, España, cada vez cuenta con menos peso en él, ya que es en la actualidad el cuarto país en la lista de las naciones en que se habla, con unos 48 millones de hispanohablantes. México es donde más personas hablan español (130 millones). En Estados Unidos lo hablan más de 57 millones de personas y en Colombia, 52 millones. En esta clasificación, Argentina sigue muy de cerca a la “madre patria”, pues cuenta con 46 millones de hispanohablantes.
Es tal la diversidad y evolución constante del español, que hoy se hace necesario incluso referirse al español de México, de Argentina o de Estados Unidos, pero también, por ejemplo, al español de Canarias, de Andalucía o de otras regiones del territorio nacional de España, pues otra realidad es que en cada nación existen diversas variantes del español cuya naturaleza está en función de condicionantes del más diverso tipo, siendo la convivencia con otras lenguas quizá la principal. Sin embargo, con todas sus peculiaridades particulares y sus variables, nos entendemos todos a la perfección, unas 500 millones de personas en el mundo, sin necesidad alguna de traducción o intermediarios. 
El español es un idioma americano que sin negar su origen ibérico ya no es europeo. En América se encuentra el 90 por ciento del total de los hablantes de español en el mundo. Y hay muchos otros datos que corroboran una realidad idiomática que está muy lejos del “control” de España sobre el idioma. En la actualidad, no consultamos el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) como antes sino el Diccionario de la Lengua Española (DLE) (https://dle.rae.es), el cual ya no se hace solo por los académicos españoles sino por la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) (https://www.asale.org), fundada en México en 1951 y compuesta por veintitrés corporaciones nacionales instituidas de América (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, El Salvador, Uruguay y Venezuela), la de África (Guinea Ecuatorial) y la de Oceanía (Filipinas), así como la de España, que son ahora las encargadas en conjunto y colaboración de limpiar, fijar y dar esplendor al idioma. Además, también se habla español como lengua materna en Andorra, Belice, Gibraltar y la República Árabe Saharaui Democrática (antiguo Sahara Occidental).
Mención especial quiero hacer a la Academia Nicaragüense de la Lengua Española, cuya disolución fue decretada por la Asamblea Nacional de Nicaragua (léase por el presidente Daniel Ortega) el 31 de mayo de 2022, y en cuyo escudo se puede leer ese verso inmortal de Rubén Darío (1867-1916) que da para pensar –también en el español– y es el epígrafe del presente artículo.
__________
Nota del autor
Comienzo con este texto una serie de artículos que iré publicando a lo largo del presente mes de enero acerca del idioma de Cervantes, esta vez no continuados sino intercalados con otros.
El escudo de la Academia Nicaragüense de la Lengua «consiste en la representación estilizada del encuentro entre el capitán de conquista Gil González Dávila y el cacique o tlatoani Nicaragua, filósofo y único jefe guerrero del Nuevo Mundo. El diálogo entre las dos culturas, de cuya fusión surgiría el mestizaje integrador de la nacionalidad nicaragüense, se realizó el 15 de abril de 1523. El lema inscrito alrededor de su óvalo es este verso de Rubén Darío, tomado de Salutación del optimista: En espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua«, según se explica en la página web de la ASALE.
Fuente de la imagen y el pie de imagen: https://www.asale.org/academias/academia-nicaraguense-de-la-lengua

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Voces ensortijadas 207. Chocolate de bolita. María Gabriela López Suárez

                    Voces ensortijadas/ 207                 
                      Chocolate de bolita
                  María Gabriela López Suárez


Inés salió al patio y se sentó a contemplar el cielo en la noche de Reyes, la bóveda celeste lucía radiante con sus estrellas que titilaban, el viento frío soplaba moviendo las hojas de los árboles y el coro de grillos hacía un coro que deleitaba al escucharlo.

El friecito de la noche la hizo levantarse por su rebozo, se abrigó bien y salió de nuevo. Los foquitos de las luces navideñas distrajeron su mirada, no pudo evitar recordar su infancia y hablar en voz alta.

—¡Ah qué tiempos aquellos! Con qué emoción esperábamos la llegada de los Reyes. No importaba si el regalo que uno encontraba era diferente al que se pedía, la ilusión de tener un regalo era más grande.

Vinieron a su memoria las imágenes de su abuelito Evelio y su abuelita Cristi en esa noche que era tan ansiada, solían preparar la rosca, era sin tanto decorado, pero eso sí se acompañaba con la rica bebida que hacía doña Cristi, un delicioso chocolate. Alguna ocasión Inés preguntó en qué cajita venían los chocolates, le dio curiosidad conocer la envoltura. El sabor era tan rico. La respuesta de la abuelita Cristi fue,

—¿Cajita del chocolate? No hijita, es chocolate de bolita. Lo venden en las tienditas, lo tienen dentro de unos frascos grandes de vidrio y te los ponen en trocitos de papel según las piezas que quieras.

Curiosa como era Inés acompañó alguna ocasión a don Evelio a la tienda y ahí fue donde conoció el famoso chocolate de bolita.

El rostro de Inés dibujó una sonrisa al recordar la anécdota. El viento continuaba soplando, ella frotó sus manos que comenzaban a enfriarse, alzó nuevamente la vista al cielo para deleitarse contemplando las estrellas cuando escuchó,

—Oiga mamá, ¿será que ya está cocida la rosca? —era Cecilia, la hija de Inés.

—¿Ya le hiciste la prueba con el cuchillo? Acuérdate que si no sale manchado es que ya está cocida. Ahora voy —dijo Inés.

En la cocina se escuchaba el cuchicheo de Cecilia y Manuela, la otra hija de Inés, estaban poniéndose de acuerdo para preparar el chocolate. No tardaban en llegar sus demás familiares para partir la rosca.

—La rosca ya está. Acuérdense de ponerle suficiente canela para preparar el chocolate, seguro que les quedará muy rico. Voy a acomodar las tazas y los platos —señaló Inés.

Mientras se dirigía al comedor a Inés se le figuró la imagen de una taza de chocolate espumoso, del rico chocolate de bolita, acompañado de su rebanada de rosca que le servía su abuelita Cristi.

Photo by Capotina Entretenimientos on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 207. Agnición. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

               
Polvo del camino/ 207

                       Agnición
                    (Minificción)
              Héctor Cortés Mandujano

                                                  Años que albañilean
                                             y años de derrumbamiento

                                                   Eduardo Darnauchans,
                                         en su canción “El instrumento”

En short, con tenis y una playera ajustada me incorporo al enorme grupo de corredores que, supongo, participarán como yo en esta carrera.
Llega uno y me saluda como si fuéramos amigos de toda la vida.
—¿Cómo te sientes?
—Muy bien.
—Qué bueno verte. Supongo que ya sabes de qué se trata esto.
—No mucho.
—Tienes que correr hasta que ya no puedas. No te fijes en los demás; no compites contra nadie ni siquiera contra ti. Corre nomás. El asunto es que llegues a donde llegues habrá alguien que te explicará el siguiente paso. Suerte.

No sé si hubo un disparo o una indicación para salir, salvo que me di cuenta que ya arrancaban los de al lado y me tiré a correr. No sé por qué llegó a mi mente una canción de Eduardo Darnauchans: “Conocerse, claro está que necesita su tiempo, con años que albañilean y años de derrumbamiento”.
Discipliné mi zancada y me concentré en avanzar: “Pero cuando todo es potro, mujer, baile, vino, viento, y la carne nos sostiene más que el hondo hueso, ¿qué vas andar preguntando si te das por lo derecho?”.
Algunos, varios, van mucho más adelante que yo; otros, muchos también, van detrás; algunos, pocos, a mi lado, a la misma velocidad. Me concentro en la respiración y en la voz imaginada de Darnauchans: “Si es tu voz la que te dice si la promesa es lo cierto. Y de pronto se volaron la mujer, el vino, el fuego que sostenía las carnes, el temple del instrumento”.
No sé cuántas vueltas le di a la canción (no sabía que me la sabía tan bien). Varios se detenían, rebasé a quién sabe cuántos, hasta que sentí que ya no podía dar un paso más. Me detuve, empapado de sudor, con la respiración pesada, las piernas agotadas, tensas. Di un par de pasos y de pronto la vi. Venía hacia mí, con una especie de sonrisa en los labios. Era andrógino su movimiento, su figura, su ser.
—Hola, sé que no puedes responderme porque estás extenuado. Mueve tu cabeza para decirme que sí o que no.
Hizo una pausa después de cada pregunta, como para escuchar mis mudas palabras.
—¿Ya te diste cuenta de que va esto?
—¿Sabes dónde estás?
—¿Tienes una idea de quién soy?
Moví la cabeza afirmativamente las tres veces. Esto era agnición, anagnórisis, reencuentro. En mi cerebro (en ese momento entendí por qué recordaba la canción) me dije como respuestas: Esta es la última carrera. Se ha desarrollado en un lugar que no es la tierra. Y sí, eres la muerte.





Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Librero del uroboro. 43. La cortesana de Alejandría. Ilse Ibarra Baumann

                      
              Tais. La cortesana de Alejandría

Hice mi tesis sobre Arreola porque me gusta la ironía. Pero su ironía está expuesta al ridiculiza a los personajes. Muchas veces los vuelve objetos risibles como en "Una mujer amaestrada" o "El rinoceronte"… Sin embargo Anatole France mantiene a la ironía sostenida por hilos que salen de cada una de las cuatro esquina y pende en el centro de la hoja, sin tocarla. Los sucesos que van pasando en la novela parecen hechos sacados de la Biblia, y pese a notar la burla, el lector mantiene dentro de su cerebro esa voz narrativa formar y rigurosa, casi puede jurar que está ungida con un aceite sagrado. Lo increíble de esta novela es que el escritor nunca suelta los hilos. Puedes sentir cómo se mueven pero nunca hacen tierra. No cae en la evidencia irónica. Mantiene no sólo el lenguaje religioso sino la época, el paisaje, y hasta el lector está en su lugar. Nos mantiene dentro de su juego como espectadores, incluso a ratos te olvidas y crees. ¡Crees y eres engañado!
       No sé si decir que Tais era una mujer bellísima, una cortesana fina, rica, famosa y pese a tenerlo todo estaba inconforme con su vida. Por otro lado está el asceta Pafnucio que vive en el desierto y en sueños se le revela Dios y le pide saque a Tais de esa vida disipada y la encamine a una vida de santidad. Esa es la trama.
      Lo demás debe descubrirlo el lector.
Fotografíá: IMIB

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial.

Trabajo en alturas. 39. Sur. Roger Octavio Gómez

Fotografía: Nadia Arce.

Sur
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

Quiero irme a mi pueblo, lejos, muy lejos.

Volver a mi casa donde mi ventana está pintada de rojo

y el frío marcha por las noches como un soldado cubierto de niebla.

Oscar Oliva, cit. en Agustín Bartra: ¿Para qué sirve la poesía?).

Una luciérnaga roja desaparece cuando el estertor luminoso de Urano anuncia la próxima llegada de la lluvia en los bajos manglares. Aroma a tabaco quemado se mezcla con el sabor que emana del Salado, pantanos hermosos hijos ilegítimos del Pacífico con la Marisma del sur, del sur de este recuerdo. Algo grazna en la distancia. Las garzas ya duermen entre los mangles blancos. Cantan los insectos nocturnos. Croan los sapos. Bufa mi caballo que al paso da un mordisco a un matorral que se aferra a un islote dulce. Un sendero fluorescente guía al potro que va al frente, este es el bosque de los madresales. La luciérnaga renace entre las manos de papá. Apuro a mi cabalgadura que tantea con el casco sin herrar entre la suavidad de los lodazales. El camino es largo. No termina, sigue por siempre en mi memoria, seguirá mientras lo pueda recordar.
Fotografía: Nadia Arce.
Fotografía: Nadia Arce.

Líneas de desnudo. 123. Éste sentir que siento. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 123

Éste sentir que siento
Por Manuel Pérez-Petit

con una ligera mirada me liberas.

aunque me haya cerrado como un puño,

siempre abres, pétalo a pétalo, mi ser,

como la primavera abre con misteriosa destreza su primera rosa.

e. e. cummings (1894-1962), fragmento del poema Nadie, ni siquiera la lluvia. Versión: Alfonso Canales

Valga esta declaración de amor que tú bien sabes para cerrar 2023 y abrir 2024, ignorando tu destreza para cerrar y abrir pero sabiendo que la Luz vence siempre a la oscuridad –hasta bien que lo sé– y que la luz de tus ojos es más profunda que todas las rosas. –M. P.-P.

            Miro y miro por todos los lugares, los posibles y los imposibles, y te encuentro y te veo siempre, incluso sin mirar, de manera tan continua, a diario, a todas horas, cada vez que un suspiro se me yergue sobre el mundo o bailan los relojes en las avenidas de mi angustia, en tantos y tantos sitios que no llego ni siquiera a tiempo de anotarlos en papeles, y al final mis notas son como yo: se me pierden y nunca conozco su destino. Todo en mi vida es un continuo encontrarte y no terminar de hallarte en lugar alguno.
            Ante esta turbación soliviantada, de este modo inopinado, en este transitar ebrio de errores, demolido por los arados de la memoria, de mi conciencia de culpa y de derrota, y mi esperanza, se me pasan imparables los días y las canas, lidiando como gladiador ciego con este nudo enrabietado que llevo en la garganta y que aun siendo muy antiguo y de una estrella por completo ya olvidada es solo en realidad tuyo, pues eres lo singular posible, tú, que por nombre llevas el oráculo que con torpeza expreso en cada borbotón arrebatado de amor con que ahora te escribo.
Yendo de un lugar a otro por todos los lugares desatino, como un loco sin aire, encadenado al vuelo de tus piernas, arrastrado como cristal hecho añicos en la alberca de tu pecho, en esta jaula perpetua en que por ti me hallo, mi vida es un continuo desbaratarme como ovillo caído en poder del gato rabioso y seco en que ando convertido por tu ausencia de mármol, tu decreto implacable de distancia más que infinita aun estando tan cerca, la herida a corazón abierto que por ti soy y la desesperación agusanada de mi realidad de escombro irredento enamorado. 
Te lo declaro en este instante pavoroso porque creo que implosionaré como una bestia si no lo hago, sintiéndome como me siento el blanco aplastante de tus ojos, río sin principio ni fin pero más que cualquier río en esta geografía de tus labios, o tu risa, que trepana desde el mapamundi de tu vientre, en rendición, y solo puedo verte sin mirar en la fertilidad expandida de tus brazos imperantes, reconociendo mi vocación probable, la de ser tuyo, en ti, en nosotros, a tus pies, a tu lado, la última esclavitud de libertad deseante y deseada de mi vida.
Éste sentir es el que siento, me embarga, me somete y determina, pues sea lo que sea de mi existencia yo siempre he sido, seré, y hoy soy más que nunca tuyo, sin condiciones ni premisas inferidas, y estoy y estaré derramado por, en y ante ti, así que entre las rosas y la cera de tu manto, hasta mi último aliento, te aguardaré en el panal que me designas como tierra prometida, libando sin piedad en esta devoción inaudita y embargante que es solo mía y que solo puedo comparar con la que un zángano debe a su reina.
   
Con el último ocaso del año viene la promesa de un nuevo amanecer de ameneceres, el primero de un nuevo año y, con él, nuevas esperanzas.
Fotografía: © M. P.-P. Tomada a bordo de un vuelo entre Ciudad Juárez, Chihuahua, México, a la Ciudad de México, el 31 de diciembre de 2020, a última hora de la tarde.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Voces ensortijadas 206. Cuando la ciudad duerme. María Gabriela López Suárez

                  Voces ensortijadas

               Cuando la ciudad duerme

             María Gabriela López Suárez

El sonido de la alarma se escuchó, era un tono con un trinar de pájaros muy sutil, Lorena eligió ese tono justo para que su despertar cada mañana no fuera tan abrupto. Tomó el celular, eran las 6:30 de la mañana. Apagó la alarma y se acomodó nuevamente en su cama. Había acordado con Tina y Eliseo, sus amistades, que la última semana del año comenzarían a correr para iniciar el nuevo año de manera saludable.
    —No me quiero levantar, solo a mí se me ocurre proponer esa idea estando de vacaciones, ni modo que me eche para atrás —comenzó a decir para sí Lorena, al tiempo que se levantaba de la cama y se vestía. Se colocó el cabello en una cola, se puso una gorra y buscó el celular, envió un par de mensajes a sus amistades, avisándoles que pasaría a tocar a sus domicilios, si al segundo toquido nadie salía ella iría sola a correr.
    Antes de salir de su casa se percató que el cielo estaba nublado y corría airecillo, se puso una sudadera y luego se dirigió al domicilio de Eliseo, quien no respondió al llamado. Soñolienta aún fue a casa de Tina, al segundo toquido su amiga se asomó a la ventana para decirle que no iría, que la disculpara mucho pero que no se sentía bien. El mensaje desanimó un poco a Lorena, sin embargo, le dijo que comprendía y emprendió su camino.
    Se detuvo unos minutos para comenzar a hacer algo de calentamiento y terminar de despertar. Luego comenzó a trotar lentamente y avanzó sobre la avenida principal de la ciudad. El paisaje era muy agradable, los cerros se alcanzaban a observar con ligera neblina, eso le daba una linda vista y acentuaba la temporada invernal. El tráfico era muy leve, incluso pocas personas caminaban en la calle, estaba despejado. Lorena se hizo el propósito de trotar alrededor de dos kilómetros.
   De regreso decidió caminar, eso le permitió observar su recorrido. Enfocó su atención en las viviendas, los detalles en la arquitectura, los negocios que lucían distintos al estar cerrados, las banquetas amplias sin tanta gente abarrotándolas, hasta pudo deleitarse con una parvada de cotorros que pasó por el rumbo donde ella estaba. Por un momento su mente viajó para imaginar cómo sería la ciudad varias décadas atrás, recordó algunas fotografías que solían poner en los museos y también los comentarios que hacían sus familiares cuando hablaban de la arquitectura.
    Lorena estaba tan atenta a lo que contemplaba que se olvidó del incidente con Tina y Eliseo, aún seguía asombrada de cómo todo podía cambiar cuando la ciudad duerme. Sin duda, la ciudad se transformaba. Al pasar por una cafetería le apeteció tomar un chocolate con pan regional, pero ni pista había que fueran a abrir. Siguió su trayecto, ya le faltaba poco para llegar a casa. Respiró profundo, el clima estaba a su favor, no sentía calor ni frío. Sonrió para sí, se agradeció por haberse animado a levantarse, era la cuenta regresiva para culminar bien el viejo año e iniciar con alegría y ánimo el nuevo año.

PD. Mis mejores deseos para el público de las Voces ensortijadas y al equipo de Letras, ideaYvoz en este año 2024. ¡Que disfruten el gran regalo de la vida!

Photo by Lara Jameson on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 206. Cortar a la epopeya un tajo. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz

               
Polvo del camino/ 206

                Cortar a la epopeya un tajo
                 Héctor Cortés Mandujano



                           Caminé como papelotón sin cola, todo tatarata

                                                           Roberto Juan,
                                             en “Un sueñito en la Colón”



Hay gente capaz de contarte un hecho nimio como si fuera una epopeya. A esa estirpe pertenece Roberto Juan Flores, Chalío.
Varias de sus historias no se entretienen en prolegómenos y desde la primera línea nos ponen en el centro anecdótico. No sabemos si en un hospital, una cantina, una reunión (por ejemplo en “Piña colada”), porque lo que parece esencial para el Chaly es no perderse en las periferias, sino entrar de lleno al intríngulis del relato, prescindir de informes sobre los cambios de espacio y de tiempo, y hablar sin las delicadas patrañas que ordena la narratología.
Hay algunas historias, en cambio, que son más reflexivas y ordenadas (“De oficio gavetero”, por ejemplo), sin por ello dejar el gracejo que, a veces, es doloroso como los chicotazos del padre que hacía “que te orinaras de poquito en poquito” y que, sin que te pudieras acomodar del dolor, hicieras todas las posiciones al mismo tiempo: “enrrollado, estirado, cantiado, bocabajo, bocarriba”… Si Marcel Proust, en En busca del tiempo perdido, halló su camino al pasado a través de la magdalena y el té, Chalío también toma la vía olfativa para el regreso: “Los aromas y los tufos son transportes que tienen su salida y terminal en el subconsciente […] llevan defensa delantera y trasera pa’ que le pongás el letrero que vos querás”.
Los cuentos de Chaly se enmarcan en lo que se ha llamado y es lenguaje frailescano, una deformación y reformulación del español donde se hace tilichi el lenguaje de Cervantes, con alegría y desenfado, como si no existieran los diccionarios, la retórica, la gramática y todas esas señoronas serias que levantan la ceja apenas alguien no le pone zeta y acento a la palabra Corazón. Imágenes como “caballo zacateando”, “una sopapiada en la espalda”, “yagual de vendetomate”, “turroncito en la jeta” y muchas más, tal vez parezcan oscuras para quienes “tuvieron la desgracia de no nacer en Villaflores” (Miguel Carballo dixit), pero para cualquier frailescano medio son tan claras como empezaron a ser las caguamas en los últimos años.

Hemingway planteó, para sus cuentos, la Teoría del iceberg. Esas montañas de hielo muestran únicamente en la superficie del mar una punta minúscula y ocultan, debajo, su volumen gigantesco. Así debe contarse una historia, decía. Así cuenta Chaly “Crónica de un asalto anunciado” (y otros textos), donde leemos lo que conversan conspicuos miembros de la Rial y tenemos que descubrir el mar de fondo que en este relato es sólo evanescencia.
Hay en este libro la libertad total en forma y fondo. No hay reglas que se apliquen, se busquen o se sigan con acuciosidad, y sí hay las ganas de volcar en alegres palabras la gracia que es mirar la paja en el ojo ajeno, lo chistoso que tiene la desgracia de los demás, sin eludir las propias mofas que el autor hace de sí mismo.
Estas historias son, pues, el más puro relato, sin subterfugios, que quieren algo plausible, amable, agradecible: hacer reír al lector. Y no sólo lo quieren, claro: lo consiguen con creces.
Tengo la suerte de ser amigo de Chaly y me parece que hay en él un rasgo distintivo, un mérito natural, que aparece de cuando en cuando entre los mortales: el gozo por contar y la gracia para hacerlo. Aquí hay Treinta y uno (y otro uno) para sostener lo dicho.

Un abrazo y felicidades, querido Chaly.



[Prólogo al libro Treinta y uno (y otro uno), de Roberto Juan Flores.]

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Librero del uroboro. 42. El túnel. Ilse Ibarra Baumann

                      El túnel 


He visto la entrevista que le hace Joaquín Soler a Ernesto Sabato mínimo unas tres veces. Me pareció un hombre práctico, idealista, sensible, sin poses ni pedanterías. Un hombre sencillo. Su plática es tan cómoda y tan clara que dan ganas de tomarse un café con él, hacerle una pregunta, y escucharlo por horas sin quitarle los ojos de encima. Cuando habla, no sé porqué, recuerdo como si leyera “París era una fiesta”, de Hemingway.



Su novela, El túnel, la he de haber leído hace unos veinte años; pero también hace unos veinte años (es probable) leí Crimen y castigo (F. Dostoyevski
). No entendí por qué olvidé una y recordé todo de la otra. Ni aún imponiéndome el peor castigo podía recordar el nombre de Juan Pablo Castel ni su atroz delito (el mismo de Raskolnikov).

         El retorcido y patológico cerebro de Juan Pablo Castel parece la antítesis de la cordura del hombre a quien vi con Joaquín Soler. Pero ese retorcido cerebro, esa deliberación reflexiva por insistente e irreflexiva por bárbara, no podría ser posible sin esa serie de talentos (¿o de experiencias?). En fin, todos tenemos algo de locos.



Ojalá escribiendo esta pequeña reseña, en otros veinte años más, pueda recordarla.
Fotografíá: IMIB

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. Máster en Creatividad Literaria en Español por La Universidad de Salamanca, España.

En 2023 su novela Gotas de adelfa fue seleccionada por el Consejo Editorial de CONECULTA Chiapas para ser parte de su programa editorial y presentada en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2023.

Voces ensortijadas 205. Noche de paz. María Gabriela López Suárez

                       Noche de paz

                María Gabriela López Suárez

           Con cariño para Amparito, Julio, Coni, Carla, Lilián y Ana.

Regina se sentó a contemplar el cielo en el jardín de su casa. El aire frío sumado a la abundante vegetación y al paisaje de la bóveda celeste le daba un toque muy especial a la noche. Echaba de menos el paisaje sonoro de los grillos, el silbido del viento se asomaba de vez en vez.
       Su memoria no pudo evitar traer a la mente la diversidad de experiencias que había vivido ese año. En verdad que eran muchas vivencias, algunas con tintes de tristeza, dolor, nostalgia, despedidas pero también de alegría, asombro, bellas sorpresas y regocijos en el corazón.
       Alba, su hermana mayor, llegó hasta donde estaba Regina, en silencio se sentó a su lado. Sin volver la vista, Regina sintió la presencia de Alba, le extendió la mano derecha. Sintió la calidez de su hermana Alba, le transmitió esa fuerza que solía compartirle desde que eran niñas.
       Ambas habían estado juntas en los momentos difíciles y en los alegres, sabían lo que sus corazones sentían. Regina era poco expresiva. Alba conocía que cuando su hermana contemplaba la naturaleza estaba agradeciendo algo a la vida.
       Con la voz tenue Regina comentó,
       —¿Ya viste Alba cuántas estrellas hay en el cielo?
       —Es una inmensidad, ¿te acordás que cuando éramos niñas hasta el cuello nos dolía por contar tantas estrellas?
       Regina sonrió y agregó,
       —¡Cómo olvidarlo! Hasta nos regañó más de una vez papá por quedarnos adoloridas de levantar la cabeza al cielo. Esas estrellas me han recordado a todas las personas que forman parte de la vida, las que con su brillo nos alumbran y dan ánimo para continuar en los momentos más difíciles y que también se alegran por los logros que tenemos.
        Alba respiró profundo y respondió,
        —Tenés razón Regina, somos afortunadas en tenernos como hermanas, amigas y también a toda la gente que queremos y nos apoya. Ya casi es Nochebuena y Navidad, te has puesto nostálgica hoy, ya mero vienen los regalos.
        Regina volteó a ver a Alba, sonrió discretamente y dijo,
        —Lo más bello de la vida no son regalos materiales sino un momento como este, una noche de paz.
        Alba percibió un nudo en su garganta, no pudo decir algo, solo asintió con la cabeza, mientras volvía su vista al cielo.

[P.D. Al público de las Voces ensotijadas y a quienes integran la revista Letras, ideaYvoz: les deseo una muy feliz Navidad, que la pasen en armonía y paz con sus seres queridos.]

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.