Revista

Polvo del camino. 253. A mi lado. Héctor Cortés Mandujano

               
     Polvo del camino/ 253

A mi lado
Héctor Cortés Mandujano

Voy montado a caballo por uno de los caminos de El Ciprés, la finca donde nací. A mi lado, en corcel magnífico, va mi padre.
Me descalzo para cruzar el río en el camino polvoriento de la finca a uno de los pueblos cercanos. A mi lado, en igualdad de circunstancias, va mi madre.
Corro y juego en el patio enorme de la finca. Me quedo en las noches viendo el cielo lleno de estrellas. A mi lado están mis hermanos, mis primos, muchas niñas, muchos niños.
Caballos, vacas, culebras, árboles, cerros, cielo…
Todo eso desaparece.

Pasan muchos años y he andado muchos caminos. Pegada a mí, con su mano enlazada con la mía, viene Luisa, mi mujer.
No pasa mucho tiempo y aparece, del otro lado, con una mano pequeñita que ha crecido y ya es la de una muchacha, Nadia Carolina, mi hija.
Después, como cerezas del pastel de la vida, como corona de maravillas, vienen acompañándonos Jacobo y Camilo, mis nietos.
Y ahora, en estos días, en este momento, junto a mí, cerca de mi corazón, están todos y todas los de Candox, y ustedes, mis amigas, mis amigos, mi nueva familia.
Gracias por estar con ellos, conmigo, con nosotros tres.


[Leí este breve texto en la ceremonia de reconocimiento que el Instituto de Arte y Cultura Candox A. C. me entregó el 17 de noviembre 2024, en el Teatro de la Ciudad “Emilio Rabasa”, donde también homenajearon a Manuel Suasnávar, pintor, y a José Israel Moreno, músico. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.]
   
Cartel «La divinidad del monstruo».




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 135. If. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 135

If
Por Manuel Pérez-Petit

Cerrando círculos III

Estoy ciego, cumplo el sueño de ver sin necesidad de mirar. Hay un sí afirmativo y un sí condicional, ninguno de los cuales requiere de palabras. Ando en el sendero y releo este poema, mientras sigo cerrando círculos:

If, de Rudyard Kipling (1865-1936)

Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor
la pierden y te culpan a ti.
Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero también aceptas que tengan dudas.
Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no incurres en el odio.
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.

Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.

Si puedes apilar todas tus ganancias
y arriesgarlas a una sola jugada;
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y nunca decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón, y tus nervios y tendones,
a cumplir con tus objetivos mucho después de que estén agotados,
y así resistir cuando ya no te queda nada
salvo la voluntad, que les dice: «¡Resistid!».

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
O caminar junto a reyes sin menospreciar por ello a la gente común.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos pueden contar contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el implacable minuto,
con sesenta segundos de diligente labor
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y —lo que es más—: ¡serás un hombre, hijo mío!

Rudyard Kipling. Poema escrito en 1895. Versión: Julia Viciana

   
Portada de la edición de If (1910), Doubleday Page & Company, Nueva York.
Fuente de la imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Kipling_If_(Doubleday_1910).jpg

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

El tintero de Nadia. 13. Aedes aegypti. Nadia Arce

Aedes aegypti
Por Nadia Arce

Vampiritos inermes,
sublibélulas,
caballitos de pica
del demonio.

José Emilio Pacheco en "Mosquitos"


¿Quién diría, que un mínimo zumbido, puede ser el canto de la muerte?

¿Quién pensaría, que así se anuncia un dolor quebranta huesos?

¿Qué el portavoz minúsculo del terror tiene alas?

¿Quién podría creer que el verdugo más despiadado es así?

¿Él sabrá que contamina la sangre al grado de homicida?

¿Entenderá algo de su labor maligna, de su potencial oscuro?

¿Será lógico pensar que es natural su existencia macabra?

Yo lo sé.

Viernes 15 noviembre 2024
Photo by Luis klink on Pexels.com
Contacto:
https://www.facebook.com/ElTinteroTallerEditorial?mibextid=LQQJ4d
https://instagram.com/eltinterotallereditorial?igshid=NTc4MTIwNjQ2YQ==
https://www.youtube.com/@eltinterotallereditorial

www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.

●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Disquisicionario. 10. La frágil brillantez del foco. Esteban Martínez Sifuentes.


La frágil brillantez del foco
Esteban Martínez Sifuentes

Recuerdos de la infancia, supongo que invaluables pues los estoy rememorando con nostalgia a punto de las lágrimas, no porque ya pasaron y son irrecuperables, sino porque involucran a seres entrañables ya fallecidos, que creo viene siendo lo mismo y más vale ir directo al grano como recomienda el dermatólogo.
Eran delicadísimos y había que tratarlos con sumo respeto, con cuidados casi de doctor o comadrona que levanta al cielo el nuevo ser como ofrenda a la vida y lo deposita al lado de la heroica mujer que lo acaba de parir. Se sacaban despacio de la bolsa del mandado, se desempaquetaban conteniendo el aliento y había que enroscarlos en su matriz, el socket, con ayuda de una silla o mesa apuntalada por varios brazos. No a cualquiera le permitían colocarlo, solo a los mayores o más sangre fría. No fueras a romperlo o, algo menos preocupante para los espectadores, quedarte “pegado”, electrocutado.
Creo que con bases verídicas (los focos eran preciados y delicadísimos, insisto), se erguía como valla electrificada la tajante prohibición parental de no activar el apagado-encendido varias veces seguidas, so riesgo de echarlos a perder, “fundirlos”, y el consiguiente castigo.
Despierto desde chiquillo, mi coetáneo primo Remigio vivía en el rancho que mi familia había abandonado años atrás para radicarse en una localidad mayor. Nosotros teníamos energía eléctrica, luz, él no. Cuatro o cinco de edad, un día por la mañana llegó de visita a casa con sus padres, descubrió en la sala-dormitorio el foco, con la mirada siguió el cable hasta el interruptor, acercó una silla y se puso a activarlo una y otra vez con los ojos arrobados hacia la irradiación que obedecía la voluntad de su mano. Observándolo con escandalizado-pasivo interés, confieso que me sentí orgulloso, en zancos. Yo contaba con el asombro de la luz y él no. Reconocí aquella soberbia en otros y en mí mismo cuando fui a laborar a Estados Unidos. Allá cualquiera se cree con derecho de sentirse superior por cualquier cosa, por nada, así opera el mecanismo.
Su filamento incandescente, protegido por una delgada cáscara de vidrio o ampolla en forma de pera (creo que no existían de otros), era el foco de atención, mientras no se fundiera o se interrumpiera el fluido eléctrico, que era muy frecuente. Hay personas y objetos que refulgen por su ausencia, y el foco lo hacía incluso cuando se iba la corriente.
─A ver a qué hora reaparece esa maldita luz, no puedo leer el periódico.
─Paciencia, Melchor.
─Mamá, ¡tengo un resto que estudiar y no viene!
─Usa una vela, hijo, en la alacena hay varias. Pero coge de las cortas no de las largas, que son para el altar a San Francisco.
Y el hijo, efectuando una rapidísima ecuación gasto de energía requerido para ir a la alacena + encontrar el objetivo corto + los cerillos y además afianzarla en su mesa sin provocar un desastre = exclamaba como si ella fuera una inconsecuente: “¡Mamá, no es lo mismo!”
Sinónimo de hallazgos e ideas brillantes, la citada ampolleta o bombilla fue durante un siglo el solecito nocturno que fue alargando nuestras horas de vigilia y restándole misterio a las radionovelas (radio de pilas) e intimidad a las charlas en la sala hogareña o los centros de reunión colectivos. Es una opinión, hay otras que indican que hizo al mundo más activo y menos sórdido. Ahora, para amenguar el robo de casas, coches o la violencia contra las mujeres, hay profusa iluminación en las calles urbanas a lo largo de la noche; los delitos, empero, no disminuyen.
Por lo menos la iluminación electrificada nos liberó del hollín y los gases de la vela y la lámpara de petróleo o aceite, quinqué o mechero, que se concentraban en los espacios cerrados y apestaban la ropa. Las luces artificiales de ahora contaminan casi igual, pero ya no en nuestra propia casa. ¿Un logro?
Antes las bombillas eran casi las únicas que coloreaban la grisura, al presente disponemos de infinidad de alternativas, leds, diversos gases, las que se apagan o encienden al paso de un humano o un perro callejero, con una palmada o dos, a distancia, con la fuente dirigible, con efectos, de múltiples formas, tonos e intensidades, ocultas en el techo, el piso o quién sabe dónde. “Sistemas de iluminación” les llaman. Todas requieren, no obstante, de otro prodigio que debemos revalorar, aunque parezca ubicuo e ilimitado: la electricidad, de alto impacto ambiental en su producción, distribución, almacenamiento y despilfarro. La “ciudad de la juerga permanente”, Las Vegas, es el summum de eso.
Siempre dispuesto a mejorar las invenciones de otros, Edison, con alguno de los semiesclavos a su servicio, la perfeccionó y se alzó con las primeras ganancias de su comercialización, allá en los penúltimos decenios del XIX. Revelador de la necesidad de luz en nuestras vidas es el verbo inglés to focus, que significa por igual (grados de más o de menos como todos los sinónimos y traducciones) “centrarse”, “poner atención”, “enfocar con la cámara”, “exhibirse”, “iluminar” algo. Elocuente, la etimología latina también arroja su rayito esclarecedor. “Foco”: hoguera, hogar, fuego hogareño, aunque iluminara también el patetismo de la desesperanza en una cantinucha al amanecer, como en The Iceman Cometh del dramaturgo Eugene O´Neill.
Emparentado con la bombilla eléctrica, sobre el juego de luces y sombras reales e imaginarias que llegan a desquiciar y consentir la mentira, es obligado colar la cinta “Luz de gas” (George Cukor, 1944); en su origen una obra de teatro, ha dado nombre a un abuso psicológico (gaslighting) en el que se orilla a alguien a cuestionarse su propia cordura. Manipulación de la luz.
Parece novela de conspiraciones tipo Dan Brown o así, es veraz: existió un grupo delictivo para controlar las bombillas. El cártel Phoebus lo crearon, entre otras, las empresas europeas Osram y Philips y la estadounidense General Electric en 1924 para mangonear la fabricación y venta de focos. Uno de sus principales acuerdos era que las bombillas no debían durar más de mil horas (42 días aproximados si permaneciera encendida las 24 horas). Dicen que desapareció tras la Segunda Guerra Mundial; sospecho que aún conspira y continúa diversificándose con el seudónimo de “obsolescencia programada”, esto es, consumismo y mayores dividendos para los oligopolios. En el cuartel 6 de bomberos de Livermore, California, perdura una bombilla encendida desde 1901; fue fabricada por una honesta compañía de Ohio sumergida en la oscuridad hace añales.*
En esta época quizá sea mejor, mera sugerencia para descentrarse de la aguerrida cotidianeidad, ir a platicar a las montañas libérrimamente, solo o con los allegados, a los únicos resplandores de la titánide Selene de cabellos plateados y las luciérnagas o cocuyos. O, con moderación porque también contamina, al amor de una fogata y si acaso media botella de tequila o lo que os apetezca.


*En Afinidad Eléctrica, “El cartel Phoebus”: https://afinidadelectrica.com/2020/04/29/el-cartel-phoebus/
Photo by lil artsy on Pexels.com
Contacto:

En facebook: Esteban Martínez

*Sobre el autor:

Esteban Martínez Sifuentes

Ensayista, narrador.

Egresado de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), Nació en San Luis Potosí hace varios ayeres, se dice lector compulsivo y fanático del cine, en particular de películas mudas estadounidenses de cómicos tipo Chaplin, Langdon, Lloyd y Keaton.

Obra publicada:
Esteban Martínez Sifuentes ha publicado siete libros; el último, de ensayos, es USA! USA! Mitos y antimitos estadounidenses, publicado por Editorial Almuzara en 2024. La novela negro-policiaca Malmarido, Ediciones Periféricas, 2020.

Líneas de desnudo. 134. Los días contados. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 134

Los días contados
Por Manuel Pérez-Petit

Cerrando círculos II

Pudiera decirse que carne de cañón camino de la muerte soy una herida que camina por la calle. Lo he sido siempre, aunque nunca falta quien de repente descubre el hilo negro de mi ser y se escuda en ello para establecer alguna teoría que le dé la razón, como si la razón fuera tan necesaria, y con el decreto inexorable de esa razón establecerse como juez de mi propia vida, de manera independiente a su papel real en ella, y sin concederme la palabra. Soy una persona herida, es cierto, pero, ¿quién puede no serlo en un mundo como el que vivimos? Eso sí, yo no vivo lamiéndome la herida, pues vivo en las antípodas de la autocomplacencia y siempre me cuestiono.  
            Desde una visión simple, se puede interpretar que mis heridas me impiden verme y apreciar que soy una persona valiosa, pero que no estoy seguro de serlo, que no tengo seguridad en mí mismo, que necesito que alguien me lo diga... Desde una visión aún más simple, se puede interpretar que por ser una persona herida debo atacar y herir como una fiera asustada por los golpes de la vida, tan vulnerable como la teoría dice que debo ser, tan reactivo a todo en consecuencia, que debo ser tratado por especialistas, que no soy una persona equilibrada..., y, sin embargo, soy un símbolo de contradicción, arquetipo de mi cobardía, en la que por darme me olvido de mí mismo. Si es que hubiera que señalar a un culpable, nadie tiene la culpa, solo yo, pues nadie puede escudarse en nada para justificar su despropósito.
En todo esto en cierto modo hablo de mí pero pudiera hablar de cualquiera, por eso lo que hago no es vedetismo sino literatura, incluso aunque una gran parte de las personas por mucho que lo miren no puedan verlo. 
Ando impresionado por las reacciones recibidas a mi Cerrando círculos de hace unos días, con el que he destapado por fin ese depósito que amenazaba con implosionarme, esa infertilidad práctica que no intelectiva o creativa que me estaba matando precisamente por no salir nunca de la placenta, esa ebullición que me estaba reventando la cabeza.
Debería estar acostumbrado, pues siempre he gozado de no poca generosidad por parte de los lectores –no puedo decir “mis” lectores porque eso me resulta demasiado pretencioso, pero haberlos haylos–, y siempre me he sentido y me siento agradecido, responsabilizado y comprometido. Sin embargo, este último artículo ha tenido más respuesta de lo habitual. La mayor parte de los comentarios se han referido a que afirmo tener los días contados, y la verdad es que todos los tenemos, y aunque la muerte nunca corre prisa lo cierto es que cuando un doctor te dice que te quedan cinco o seis años de vida aun siendo eso relativo por el carácter deductivo y no exacto de la medicina hay que tomarlo en serio. Y con más motivo si le quedan a uno tantas cosas por hacer. Por esta razón ando cerrando círculos y asumiendo, que ya es hora, de una vez, mi propia misión de vida.
   
El sendero
Fotografía: ©Mayté Flores Ayala Mancera.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 133. Cerrando círculos. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 133

Cerrando círculos
Por Manuel Pérez-Petit

Porque hay personas que me impulsan, que son las que merecen la pena.

Confieso que vivo en un estado de confusión en que mi cabeza anda por delante de mi cuerpo, lo cual se manifiesta de manera más rotunda ante el reto que ahora tengo en mis manos: cerrar círculos, con mayor razón en pos de mi destino y más aún porque se aproxima la hora de mi muerte. 
            Llevo en ello años y a estas alturas sigo centrado mal que bien en lo que debo respecto a los demás, empecinado como he vivido en posponer por sistema cualquier deber conmigo mismo. Hace mucho que dejé de lado hacer lo que quería y siempre viví haciendo más de lo que de manera razonable en realidad podía. Así resolví el dilema deber-querer-poder: optando por olvidarme de mí. Estoy seguro que, como siempre he argumentado, es un defecto de fábrica, pero no voy en esta ocasión a escudarme en ello, pues también y sobre todo ha sido fruto de falta de voluntad y, por tanto, responsabilidad mía. Ahora mis días están contados, por lo que no tengo excusas para no tomar este toro por los cuernos de una vez por todas.
He abandonado, como primer paso, el debate que me consumió gran parte de mi vida, en ese proceso de simplificación al que de manera religiosa me entregué por comodidad y puede que incluso desarraigo. Como consecuencia, ahora ya todo comienza a ser diferente, pues no es posible avanzar en el presupuesto de un cierto tipo de soledad que me arrumbó al horrible silencio del que he sido pagano hasta el presente y desde hace no poco tiempo. No es cosa de analgésicos ni de diagnosticar errores de cálculo en la causa de ser la lluvia que me abra a los caminos que no existen. 
Hoy se trata en mi caso de eso, de cerrar círculos, de caminar cuerpo adentro, de sacar el látigo y de ser justos con el regalo que Dios me dio y al que nunca he ofrecido el tributo necesario. Hoy no hay silencio en el senado en que se decide la tragedia dibujada del rompecabezas que nunca termina de montarse, pues mi grito definitivo rompe el férreo estatuto del orden en que yo mismo basé mi confusión y mi cansancio.
A fecha de hoy confieso, en la reanudación de mi camino tras meses lacerantes de infertilidad autoimpuesta por mi afán de solo cumplir con mi deber por los demás, que sigo cerrando círculos al punto de que comienzo a ver en el horizonte el día en que ya solo me quede cerrar el de mi propia vida. En este punto, apropiándome de la declaración del jefe Seattle (c.1786-1866), hoy, aquí, para mí, "termina la vida y comienza la supervivencia", y quizá la supervivencia, dicha sea esta palabra en su sentido más amplio, sea el modo más coherente y completo de aceptar un destino, y el más pleno y auténtico de vivir y superar los días o años contados que me falten.
__________
Nota de autor
Por primera vez en mi vida me he llevado meses sin escribir. Lo lamento y prometo que no volverá a repetirse una pesadilla como esa.
Regreso
Fotografía: ©Mayté Flores Ayala Mancera.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec y Yunuén, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. En diciembre de 2023 fue nombrado director editorial de Almuzara México.

Voces ensortijadas 252. Los letreros en lo cotidiano. María Gabriela López Suárez

 
Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez

Los letreros en lo cotidiano

Marcela revisó su reloj, eran las 8:35 de la mañana, había quedado de pasar a traer a Lourdes y a Juan, sus colegas en la tienda de productos de plástico donde trabajaban. Vivían cerca de la casa de ella. Los sábados tenían como hora de entrada las 10. Estaba en tiempo para desayunar.
     Se recogió el cabello en una coleta y se fue directo a la cocina. Se preparó un licuado de leche con tazcalate y le apeteció degustar una torta. Revisó ingredientes, tenía bolillos, pollo con verduras y unas rodajas de chile en escabeche. En unos minutos tenía la torta preparada y la desayunó rápidamente.
     Al salir de casa tomó el camino más corto para pasar por Juan y Lourdes. Vio nuevamente la hora, 9:15. Apresuró el paso, agradeció que el día estaba nublado, eso le ayudaba a caminar sin fatigarse tanto. En el trayecto puso especial atención en los distintos letreros que había en los comercios, en puestos de comida ambulante y afuera de algunas tiendas.
     El primer letrero que llamó su atención fue el de una cocina económica: "Se solicita empleada responsable". Se quedó pensando si era necesario especificar tanto. Más adelante pasó un adolescente con un triciclo, el letrero que llevaba era: "Se vende tepache". En unos locales de la siguiente cuadra estaba un escritorio público: "Se hacen trabajos urgentes". Frente a la acera del escritorio público había un local de arreglo de zapatos, tenía en la parte de afuera un par de dibujos de zapatos con su respectivo letrero: "Así llega, así sale". Antes de que pudiera distraer su atención, la captó el letrero colgado en la entrada de una tienda de productos lácteos regionales: "Del campo a tu mesa".
     —¡Wow¡ No me había percatado de lo importante que son los letreros en lo cotidiano —dijo para sí Marcela.
     En su mente comenzó a recordar cuando inició leyendo en la primaria, le gustaba ir intentando leer en voz alta los letreros que estaban en las calles. Cuando salía con su mamá o su papá, además de preguntarles cuando no le entendía a algo, iba deletreando las palabras que entendía. Era como una especie de descubrir un mundo nuevo, eso le motivaba. ¿En qué momento había olvidado el sentido de asombro ante las palabras escritas que hay alrededor? Ella se dio la respuesta, al crecer y dejarse envolver en el ajetreo cotidiano de la gente adulta. Se sintió muy afortunada y agradecida de poder leer y escribir, aunque solo había podido terminar el bachillerato, le gustaría continuar estudiando. Sonrió de solo imaginarlo.
     Por tercera vez en la mañana verificó el reloj, eran las 9:35 y estaba a unos cuantos pasos de llegar a casa de Lourdes y Juan. Mientras tocaba el timbre de la casa nuevamente se sintió atrapada por un letrero en una tiendita de abarrotes: "Se vende mole, en bote o en bolsita, solo sábados y domingos". Su mente ya estaba asociando el mole con unas ricas enchiladas cuando el saludo de Lourdes la tomó por sorpresa.
     —¡Hola Marce! ¡Tan puntual como siempre!


Foto de Fernando Gomez Cortes (Torta mexicana): https://www.pexels.com/es-es/foto/pan-comida-sandwich-aguacate-14911455/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 252. No hay nada que hacer. Héctor Cortés Mandujano

               
Polvo del camino/ 252

No hay nada que hacer
Héctor Cortés Mandujano



¡Adiós a todos! ¡Nos veremos en la orilla del jamás!

Hart Crane (estadounidense, 1899-1932)/ Rubén Rivera

Rubén Rivera ganó el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2021 con el libro Sendero de suicidas (INBA et al, 2021), que poetiza las muertes decididas de muchos y muchas poetas. Los capítulos aluden al arma o la forma con que decidieron quitarse la vida: bala, agua, soga, gas, veneno, barbitúricos, anhídrido carbónico, raíles, vacío y diversos.
Dice Rivera en “Poesía y suicidio” (p. 13): “Antes de matarse, el suicida piensa en quitar una pieza del rompecabezas, una pata de la silla, un grano de arena que descomponga el reloj […] los más perfectos suicidas son aquellos que aman la vida y se matan para no desperdiciarla en un mundo tan vulgar y mediocre que adora las flores de plástico, la presunción del éxito que da el dinero y el arte colgado en las bóvedas de los millonarios…”.
Vladimir Maiakovski (ruso, 1893-1930) se mató con bala. Dice Rivera como si fuera aquél (p. 22): “Lo difícil no es morir, sino seguir viviendo”. Marina Tsvetáieva (rusa, 1892-1941) lo hizo con soga (p. 45): “Brilla la luna y me ahorco”.
Jorge Cuesta (mexicano, 1903-1942) también con soga (p. 47): “poesía, ¡oro de tontos!”.

El poeta siempre es deudor del universo

Mayakovski

Leo Poemas esenciales (Salvat, 2023), de Mayakovski (respeto las dos formas de escribir el apellido), selección de Jesús García Sánchez y traducción de José Fernández Sánchez. Dice en “Balada de la cárcel de Reading” (p. 49): “Quiero a los animales./ Ves un perrito,/ aquí, junto a la panadería hay uno,/ no es más que calvicie,/ estoy dispuesto a sacarme el hígado”.
Escribe en “Para el aniversario” sobre las posibilidades de decir un poema (p. 55): “Por ejemplo, esto/ ¿se dice o se berrea?”. En “Verlaine y Cézanne” dice (p. 72): “El poeta,/ como puta barata,/ se acuesta/ con cualquier palabreja”.
Las líneas que Rubén Rivera recreó en el poema citado arriba son las últimas de “A Serguei Esenin” (p. 91): “En esta vida/ morir no es difícil./ Mucho más difícil/ es hacer la vida”. Serguei Esenin (1895-1925), también ruso, también poeta, dice el pie de página, “se cortó una vena para escribir un verso y después se ahorcó. El verso decía: ‘En esta vida no es nuevo morir, pero no es más nuevo morir’ ”.
Dice Mayakovski en “Vladimir Ilich Lenin” (p. 130): “Es pobre/ el taller del lenguaje/ del mundo”.
La página 166 resume: “El 14 de abril de 1930, el poeta pone fin a su vida de un disparo de revólver”. Escribe una carta que dice al final: “Estoy en paz con la vida. No vale enumerar dolores, desgracias, ofensas mutuas. Vladimir Mayakovski. Seguid felices. 12-4-30. Camaradas del VAPP, no me consideréis pusilánime. En serio, no hay nada que hacer. Saludos”.
         




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Trabajo en alturas. 42. Invocación de náufrago. Roger Octavio Gómez Espinosa

La Asociación de libreros de Guadalajara A.C.


Invocación de náufrago
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

“...escribo como una invocación del náufrago a mitad de la noche” (p. 17) dice Gonzalo García Flores y arranca con la narración de un naufragio en el que cada miembro de una embarcación llamada familia nadó hacia la isla más próxima en el archipiélago de la ciudad.
Un viaje homérico que emprende una familia que nace de una “Eva madre ofreciendo su tierra incendiaria, surco entre primavera y abril, donde la semilla tuviera vida” (25), a José María, un Odiseo que arrastra consigo, en un periplo que él no terminará por que no habrá regreso a su Ítaca, el anhelo por un pueblo llamado Tlacuache. Un viaje que, a pesar de una abrupta interrupción dada por seis balas, sigue para quienes descienden de aquella unión.
Seis balas resuenan aún en la Guadalajara de Gonzalo, y que reverberan más allá de su recuerdo, las que mataron a su padre, José Ma., quien murió en una ciudad hosca, siempre con la esperanza de volver al lugar donde recordaba haber sido feliz, al mundo rural donde dejó su primera juventud.
Este escritor nos revela no sólo su vocación narrativa, también su conocimiento de los designios cabalísticos del universo, uno que fue duro, pero que quizá sea justo y equilátero si el nacimiento de Gonzalo García, “concebido en abril, nacido en enero, desencarne un día viernes” (34).
Hay en su Crónica un ejercicio de sinestesia donde se revelan, en los recuerdos, colores, sonidos, sensaciones y aromas de un campo lejano: “Aún tengo en mi oído y olfato el sonido y aroma desprendido, a que huele la alfalfa en flor.” (39) “...un espectáculo de sonidos, color, platica y risas de la abuela con la tía” cuando habla de las labores para desgranar mazorcas. Quien haya ejercido esos oficios tendrá también en su memoria algo muy parecido a lo que nos hace recordar García Flores en sus escritos.
Un borrico, un patín del diablo rojo y una bicicleta parecen ser el crisol de las tres etapas: seis, nueve y quince años, que abarcan estas crónicas que revelan la evolución del niño quien “no sabe pensar, descubre, observa, pregunta, mete las manos en el fuego, husmea, va y viene sin preguntar por dónde…” (63). Que cruza por la vida y soporta la orfandad paterna vaciándose de lágrimas: “Lloré tanto que, en la muerte presencial de mi vieja, treinta y siete años después, no lo pude hacer.” (159
Gonzalo, quien ha ejercido, según su semblanza, treinta y tres oficios, nos narra, en su quehacer de literato, su testimonio como miembro de una familia que tuvo que migrar del campo a la ciudad. Mas rescata no sólo sus recuerdos, también los de quienes vivieron en los suburbios de la gran ciudad, que en su libro se sitúa, “de la calzada pa´llá”, en gran parte en la Guadalajara de los años 70 del siglo XX, pero que puede ser la historia de cientos de familias que cursaron por destinos paralelos y similares.
Yo soy un hombre del sur y me hermana con este escritor del occidente el origen rural de mi memoria; la nostalgia constante por el campo que me hacía añorar un hogar campesino que no recuerdo, el registro constante del mundo en la evocación, la lucha por demostrar que leer no es de flojos y de que las balas reverberan más allá de las generaciones que la escucharon. A mi abuelo materno lo mató una bala que reverbera en mi destino desde que mi madre conoció la orfandad a sus escasos cuatro años de edad.
Dice Arturo Jara Santa Cruz, escritor quien prologa la edición que hoy presentamos, que Gonzalo nos presenta retratos de familia, similares a aquellas que se cuelgan en los muros de las casas, pero con la gran diferencia de que estas son “formadas con palabras, que van poniendo cuadro a cuadro los pasos de una familia” desde que sus padres apenas intuyen en la sangre que los hizo unirse para colocar “la piedra angular de una nueva estirpe”.
Crónica de seis, nueve y quince años. Lo cuento todo, de Gonzalo García Flores, me parece, más que una crónica, una novela excelente, con una voz narrativa bien definida, nítida, que hila recuerdos claros con memorias que amenazan con difuminarse por el paso del tiempo o por los mecanismos de defensa que niegan, a la evocación, el recuerdo de realidades que marcaron a sus moradores.
Me quedan tantas imágenes con estas crónicas que hoy, al recorrer las calles citadinas de barrio tapatío, puedo ver las casas, las caras de la gente y barullo que presenciaron los ojos de este escritor. Un verdadero mapa, un ejercicio cartográfico. Es quizá por esto que concluye Gonzalo García Flores, el que se asumió al principio como náufrago: “Escribo para ver si la cartografía que siguieron desde su nacimiento José Ma. y Aurelia, nos sirve a nosotros…”

Tonalá, Jalisco, México, noviembre de 2024.

[Texto leído para la presentación del libro Crónica de seis, nueve y quince años. Lo cuento todo, de Gonzalo García Flores en el marco de la XIV Feria del Libro Antiguo y Usado de Guadalajara, 2024.]




La Asociación de libreros de Guadalajara A.C.
La Asociación de libreros de Guadalajara A.C.

*Sobre el autor:

Roger Octavio Gómez Espinosa

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, 1974.

Tiene el grado de Maestro en Estudios Humanísticos por el ITESM y Máster en Creatividad Literaria por la Universidad de Salamanca, donde se graduó con mención honorífica.

Autor de Acrofobia (Tifón, 2022); La lluvia en las hojas del platanar (Ediciones Animal, reeditado por Kolaval, España); Soltar las riendas (2019, Tifón). Anhelo de reposo. Antología poética (Coordinador editorial, Tifón, 2019). Bruñir la palabra frente a la hoguera (Autor antologado, Tifón, 2018). Mamá no va a llamar (Tifón, 2018).

Su cuento El rostro de marina, obtuvo dos primeros lugares en su adaptación radiofónica en la Tercera Convención Internacional de Radio y Televisión 2018, Varadero, Cuba.

Voces ensortijadas 251. Conectar, aquí y ahora. María Gabriela López Suárez

 

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez

Conectar, aquí y ahora

El día comenzó más temprano que de costumbre para Tabita, tenía una agenda llena de actividades laborales. Madrugó para viajar. La faena no era nada sencilla, implicaba trasladarse vía terrestre muchas horas lejos de casa, pero le hacía mucha ilusión el poder compartir sus servicios como tallerista en temas como la escritura y la lectura.
Su viaje fue cansado pero interesante. Tabita gustaba de observar los paisajes que tenía el trayecto a los espacios a donde se trasladaba. Los paisajes que contempló desde el amanecer hasta el atardecer no solo deleitaron la vista de Tabita, sino que le animaron en la ruta del viaje.
Una vez llegado a su destino, la recepción de sus colegas fue muy grata. Tabita se sintió en un ambiente con armonía, acompañada, como estar en casa. Esa ocasión tuvo un doble reto, trabajar con personas mayores que tenían interés en desarrollar la escritura y, además, con un grupo multigrado en educación básica.
Ambas experiencias fueron de diversos aprendizajes, no solo entre quienes integraban cada grupo, sino también para Tabita. Al trabajar con las personas mayores identificó las habilidades y conocimientos que cada integrante tenía, y cómo en las dinámicas que ella presentó pudieron explorarlas al máximo para plasmarlas en la escritura de textos breves. Los resultados eran escritos muy emotivos.
En el grupo multigrado destacó el interés por la lectura en voz alta, el esfuerzo que hicieron sus integrantes fue algo muy valioso para Tabita. Implicó la escucha atenta, perder la pena a leer frente a otras personas, poner en práctica el respeto a cada integrante y, sobre todo, generar en el grupo el sentido de confianza e incentivarles la lectura. Uno de los momentos más emotivos fue cuando algunas estudiantes leyeron en voz alta un par de textos de autoría de Tabita.
Las experiencias con los grupos le hicieron volver la mirada a Tabita hacia su propio caminar. Agradeció la posibilidad de hacer su trabajo en colectivo. Aún faltaba cerrar con broche de oro.
Tabita fue invitada a participar en un temazcal. Había escuchado diversas experiencias, tenía ganas de vivenciarlo, aunque le faltaba dar el paso para ello. Sin pensarlo más, se decidió a participar en el temazcal. El espacio estaba conformado por una estructura a base de ramas entrelazadas en forma circular que eran cubiertas con gruesas cobijas. En ella ingresaron mujeres y varones, quienes se integraron alrededor del círculo del temazcal. Al interior del temazcal, depositaron a las abuelitas, piedras volcánicas que habían sido calentadas previamente. El ambiente comunitario se hizo presente, el ritual fue guiado por Nayelli, colega de Tabita. La respiración profunda, el estar en silencio e inclinar la cabeza hacia el suelo, para hacer contacto con el pasto en caso de sentirse sofocados, fueron las indicaciones que Nayelli comentó al principio.
Se entonaron cantos, se compartieron esencias sobre las abuelitas. Tabita se fue dejando guiar, volviendo su mirada al interior. El calor que generaban las abuelitas era una sabia manera de poder hacerlo. Al terminar el ritual del temazcal Tabita tuvo la oportunidad de compartir la palabra, agradeció desde el corazón el regalo de estar en esa práctica. En su interior agradeció que ese viaje le había permitido no solo hacer su trabajo sino de darse el espacio para conectar, aquí y ahora.
Uno a uno fue saliendo cada participante del temazcal, afuera el paisaje del atardecer les esperaba con bellos tonos entre naranjas y azulados.

Photo by Olha Ruskykh on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.