Polvo del camino. 143. Un instante en la vida de Raúl Ortega. Héctor Cortés Mandujano

Un instante en la vidad de Raúl Ortega

Héctor Cortés Mandujano

Si llegase a decirle a ese instante «¡detente, eres tan bello!»

podrás entonces cargarme de cadenas

Goethe, en Fausto

La pretensión del arte –consciente o surreal, no importa– es eternizar un instante, detener el tiempo. Si así no fuera, ¿para qué conservar Las señoritas de Avignon, y me refiero a Picasso no a los museos que lo siguen usufructuando; qué sentido tendría Pedro Páramo si no fuera un libro publicado y constituido como uno de los pilares de nuestra literatura; por qué no dejar enlatada, sin estrenar, El ciudadano Kane?
	[Hay construcciones fugaces para la memoria: la danza, la puesta en escena teatral que no se fija en una grabación; que sucede, desaparece y se vuelve recuerdo, a veces, de la gente que vio y que la puede confundir con un sueño. Pero ahí están, muertos y sin embargo vivos, Isidora Duncan y David Garrick, ejemplos conspicuos e incombustibles de esas artes.]
	La obra artística nace como un ser extravagante que quizás viva eternamente o tenga renacimientos, vidas sucesivas. Tal vez fue un fracaso en su irrupción en la realidad, como Moby Dick, y nuevas mentes, nuevas lecturas, años más tarde, la hagan vivir de nuevo ya no como derrota, sino como éxito de la condición humana, en otro instante. La obra, pues, está en el tiempo y el tiempo pudre las hojas, mata a la gente, y a la misma vez reinventa y revive el mundo. La obra, proteica en sí misma, como las mágicas nubes, parecía una cosa y ahora es otra; mañana tal vez vuelva a mutar… 
	Nada mejor para este ejemplo que la fotografía. El fotógrafo ve algo que está pasando, que se está moviendo, y con un solo movimiento de su dedo un fragmento de esa realidad en movimiento queda en pausa y se vuelve otra cosa. El mundo sigue. La fotografía en cambio ha detenido el tiempo, la ha vuelto un instante eterno: dos jóvenes que huyen de un tremendo aguacero en La Habana, el grafiti de una cara monstruosa en una pared escarapelada de Barcelona, un árbol deshojado ante la casi oscuridad del atardecer… 

Y estamos aquí para celebrar a uno de esos magos, de esos artistas, que ha mostrado a tantos ojos muchísimas fotografías magistrales: Raúl Ortega. 
        Raúl ha tenido muchos reconocimientos y premios por su trabajo constante; ha realizado exposiciones varias, y dado pláticas, talleres y conferencias en disímbolos espacios y lugares. Su obra es extensa, riquísima, diversa y, en muchos casos, perfecta. 
         Es una suerte que viva en Chiapas y que haya documentado, también, varias de sus fiestas y sus luchas; es una fortuna personal que sea mi amigo y mi compadre; y ha sido y es una gran idea de nuestro amigo Julio César López bautizar con su nombre una parte de este espacio libérrimo donde se puede comer, tomar, jugar y ver tanta buena fotografía colgada de sus paredes.
	Raúl Ortega, decíamos, ha detenido muchos instantes de la vida y las ha vuelto imágenes inmarcesibles. Hoy la vida hace una pausa para que sea su nombre el de este espacio de exposiciones en “La Resistencia”. Quiero mucho a Raúl y deseo de todo corazón que este instante se detenga desde ahora, en su memoria, como un momento de felicidad y plenitud, y que su vida siga llena de emociones y nuevas experiencias. ¡Muchas gracias, Julio, por tu idea! ¡Muchísimas gracias, compadre, por tu vida, tu amistad y tu obra!

[Palabras leídas en “La resistencia”, ubicada en Melchor Ocampo esq. Cuitláhuac, Barrio La Merced, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, el jueves 13 de octubre de 2022.]


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Fotografía: Jesús Hernández




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Sobre Raúl Ortega:

Raúl Ortega (1963). Fotógrafo independiente. Ha participado en exposiciones individuales y colectivas en México, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda, Francia, España y Estados Unidos. Su trabajo se ha publicado en numerosos diarios y revistas de México y el extranjero.

Entre otros reconocimientos, recibió en 1994 el Premio Especial del Jurado en la I Bienal de Fotoperiodismo; en 1996, el Premio del Público en la VI Bienal de Fotografía de Bellas Artes; en 1999, el Premio Individual de Vida Cotidiana en la III Bienal de Fotoperiodismo; en 2001 el Premio Fotoperiodismo Individual y Premio del Público en la IV Bienal de Fotoperiodismo.

Polvo del camino. 142. ¿Usted es la culpable? Héctor Cortés Mandujano

Apuntes de oído/ 10
¿Usted es la culpable?

Héctor Cortés Mandujano

Estoy en tercera persona, como dice Borges:

como afiebrado, aunque sin fiebre

Adolfo Bioy Casares, en Borges

Una de las famosas dificultades en la escritura es decir algo creíble, verosímil, usando la segunda persona: el , el usted, incluso el ustedes. 
         Hablar de uno mismo no tiene muchos problemas, es decir, usar el yo (leo, camino, me emborracho… son fáciles de creer), lo mismo que usar la tercera persona (él, ella, ellas, ellos), porque casi siempre vemos lo que los demás hacen y con eso basta para referir actos de fulano (se agarró a golpes) o zutana (sólo usa pantalones). En narrativa se dice que si usamos el yo, estamos dentro de la historia, y con la tercera persona estamos fuera. Es decir, nos movemos en aguas tranquilas.
          La segunda persona tiene un problema de credibilidad: ¿cómo sabes lo que dices saber de una segunda persona, que es un intermedio entre el adentro y el afuera? En general, aunque se use la segunda persona, si no sabemos lo que hacemos, en realidad estamos hablando de la primera. El ejemplo obvio -y ya me meto en canciones de once varas, que de eso va esta columna- es el famoso bolero “Usted”, de José Antonio Zorrilla, autor de la letra, y Gabriel Ruiz, compositor de la música.
           Evidentemente, la canción nunca da voz a la persona referida, sino sólo al que habla: “Usted es la culpable, de todas mis angustias y todos mis quebrantos. Usted llenó mi vida de dulces inquietudes y amargos desencantos”. Es decir, no habla el usted (la segunda persona), sino el yo (la primera). Y lo que dice la canción puede o no puede ser culpa de la persona oculta en el usted, porque no sabemos qué piensa o siente de la pasión que ha despertado. Culpar a alguien de nuestra desgracia es una decisión del yo, no del tú, no del usted: “Y hasta la vida diera por perder el miedo de besarla a usted”.
          Es difícil escribir bien con el tú, aunque en la canción popular abunden varias historias mal contadas con su uso. La lista sería enorme, por eso ni lo intento. Si se hace explícito desde el principio, se puede jugar con ello, como en “Universos paralelos”, de Jorge Drexler (del disco Bailar en la cueva, 2014), quien dice: “Mi anhelo no está, mi anhelo se fue detrás de ti, siguiéndote por la avenida. […] ¿Qué le voy hacer? Se trata de ti, y en eso él y yo, ya lo sabes, opinamos diferente: yo contigo mantengo las distancias, mi anhelo las rompe, alegremente”. Drexler, pues, tiene un yo desdoblado: es él y al mismo tiempo su anhelo, como si fuera una parte independiente, un universo paralelo.
           La canción que según yo logra usar muy bien el tú es “Fallaste corazón”, de Cuco Sánchez, quien hasta el estribillo, y con más claridad al final, revela su doble identidad. Desde principio hasta casi terminar parece un reclamo de una persona a otra: “Y tú que te creías el rey de todo el mundo. Y tú que nunca fuiste capaz de perdonar. Y cruel y despiadado de todo te reías, hoy imploras cariño, aunque sea por piedad. A dónde está el orgullo, a dónde está el coraje…”.
           Las hirientes palabras se vuelven incluso impiadosas: “¿Por qué hoy que estás vencido mendigas caridad? Ya ves que no es lo mismo amar que ser amado, hoy que estás acabado, qué lástima me das”.
           Aquí está el quid en el uso del tú: ¿Cómo puede conocer los sentimientos tan íntimos de una persona? Se los contó, podríamos decir. Pero podrían ser falsos, porque no sabemos si alguien nos miente o nos dice la verdad. “Fallaste corazón” acierta, porque don Cuco también tiene un discurso dividido: una cosa es lo que él piensa (y por eso no se mide con las reclamaciones) y otra lo que su propio corazón siente. A ese es a quien se la pasa regañando.
           Estamos ante el caso de un hombre y su corazón, como si fueran dos entidades distintas, como a veces son; por eso hay que tener cuidado cuando metemos nuestros sentimientos en la ruleta de las pasiones. Por eso puede decir don Cuco su frase hiriente a una parte de sí mismo: “Fallaste corazón, no vuelvas a apostar”. Y con tequilas entre pecho y espalda, eso suena mucho más canijo.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.       

Ilustración: Héctor Ventura**




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

**Sobre Héctor Ventura:

(Jiquipilas, Chiapas, 1920), Héctor Ventura Cruz creció y descubrió la pulsión plástica por la vida en Tuxtla Gutiérrez, la capital de su estado. Ahí conocióal Maestro José María de la Cruz, único mentor entonces de pintura y dibujo en la localidad. El encuentro con el maestro “Chemita” significó el atisbo del primer referente técnico y la certeza de la constancia en el oficio. 
Merecedor del Premio Chiapas en Artes en 1980.

Polvo del camino. 141. Los muchos nombres del jaguar. Héctor Cortés Mandujano

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Los muchos nombres del jaguar 

Héctor Cortés Mandujano

Tigre lo llaman, comúnmente.
         Es un animal nocturno y crepuscular.
         Panthera onca es su nombre científico. 
         Los Panthera son los más corpulentos de la familia Felidae, tienen pupilas redondas y no pueden maullar, pero sí rugir, debido a que el hueso hioides (ubicado en la parte anterior del cuello)  lo tienen parcialmente osificado.
          Dicen que antes eran tantos que entraban en las casas a buscar comida.
          Bahlum lo llaman en chol.
         Está situado entre los cinco felinos silvestres más grandes del mundo y es el mayor de todo el continente americano.
          La palabra jaguar proviene de la lengua tupí-guaraní, que se extendía desde el Amazonas hasta lo que es hoy el Paraguay.
          El término original es yaguará, que significa “bestia salvaje que mata a su presa de una mordida”.
          Es excelente nadador.
          Balam se dice en idioma maya.
          Es apasionado. Puede tener 38 cópulas al día, de un promedio de 115 montas o intentos de cópulas diarias.
          Bolom lo nombran en tsotsil.
          A pesar de la omnipresencia del felino en la vida de las comunidades lacandonas, ninguno de los niños lacandones ha visto jamás uno.


[Los datos corresponden al libro Balam. El jaguar a través de los tiempos y los espacios del mundo maya, de María del Carmen Valverde Valdés, UNAM, 2004.]

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz**




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

**Sobre Juan Ángel Esteban Cruz:

**Juan Ángel Esteban Cruz. Cintalapa, Chiapas, México. Diseñador gráfico, maestro en mercadotecnia y publicidad. Su trabajo se ha publicado en numerosos diarios, libros y revistas de México y el extranjero.

Polvo del camino. 140. El futuro. Héctor Cortés Mandujano

El futuro

Héctor Cortés Mandujano

El niño leía un cuento ilustrado en la biblioteca polvorienta de una escuela lejana de la ciudad, atrasada.
	Era él, el niño lector, sujeto de burlas y violencia verbal y física, porque en aquella comunidad los niños y los adultos no leían nunca más que por obligación, y saber que alguien lo disfrutaba les parecía enojoso, anormal.
	El cuento que leía el niño era muy parecido a su circunstancia real: se trataba de un niño que leía, solo, en la biblioteca polvorienta de una escuela marginal, de un pueblo donde lo atacaban oral y físicamente sólo por leer.
	El hombre que escribía el cuento había sido el niño del cuento y el niño que lo leía: estaba escribiendo su propia experiencia.
	El niño del cuento comenzó a sentir angustia por llegar al final de la historia, porque ya había llegado el final del recreo, y tenía que irse. Lo maltratarían si no.
	El niño que leía el cuento también se angustió, porque en su realidad “real” había escuchado la campana que marcaba el fin del recreo y tenía que irse. Lo maltratarían si no.
	El autor que, decíamos, había sido el que leía el cuento y el personaje del mismo, comenzó a angustiarse porque no sabía cómo terminar esa historia que cuando era niño había vivido y había soñado, después, en varias ocasiones.
	En ese instante se cruzaron sus vidas, se volvieron la misma angustia en los tres corazones.
	Lo mejor –pensó el niño personaje del cuento– será darle vuelta a las páginas y mirar aunque sea nada más los dibujos para darse una idea del final.
	Lo mismo pensó el niño que leía y fue lo que se le ocurrió al hombre que escribía.
	Los tres se llenaron de una terrible desazón porque al dar la vuelta a las páginas del cuento se encontraron con que sólo eran páginas en blanco. 
        Después del pasmo, sonrieron: Las páginas en blanco eran el futuro. Qué gran oportunidad de escribirlas no cómo quisieran los demás, sino como se les viniera en gana.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.       

Ilustración: Héctor Ventura**




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

**Sobre Héctor Ventura:

(Jiquipilas, Chiapas, 1920), Héctor Ventura Cruz creció y descubrió la pulsión plástica por la vida en Tuxtla Gutiérrez, la capital de su estado. Ahí conocióal Maestro José María de la Cruz, único mentor entonces de pintura y dibujo en la localidad. El encuentro con el maestro “Chemita” significó el atisbo del primer referente técnico y la certeza de la constancia en el oficio. 
Merecedor del Premio Chiapas en Artes en 1980.

Polvo del camino. 139. Las fuerzas que habitan el lenguaje. Héctor Cortés Mandujano

Las fuerzas que habitan el lenguaje 

Héctor Cortés Mandujano

Disfruté leyendo Ensayos bonsái (Seix Barral, 2007), del poeta, novelista y ensayista argentino Fabián Casas (1965). Sus ensayos son varios ramales, lecturas analíticas y lúdicas de libros disímbolos, muestrario de su conocimiento del futbol, evidencia de su relación necesariamente problemática con los nombres clásicos de la literatura de su país (Borges, Cortázar, Sabato, Aira), textos donde aparecen sus cercanos: amigos, padres, colegas…  
	Me gustó su libro desde el epígrafe de David Duchovny (p. 9): “Lo que yo busco en la performance de cada actor es el Hamartía, un término de arquería que se refiere a la forma en que se yerra, no a la forma en que se acierta”.
	Pone un apodo muy bonito al whisky (p. 40): “el psicólogo rubio”. [En Cuaderno salmón, número 4, primavera de 2007, publican poemas de Fabián y repite la idea en ‘Carta abierta a tres personas del Perú’ (p. 74): “le estuve recitando sus poemas/ a la botella de JB, mi psicólogo rubio”.]
	Habla en varios textos de Carlos Castaneda, autor del mítico Las enseñanzas de Don Juan, entre muchos otros, y cuenta (p. 74): “Según sus enseñanzas, cuando llega la hora, el Nagual arde interiormente y, en vez de morir, pasa a otra dimensión. Pero cuando se le apareció Caronte, el cuerpo pesado de Castaneda no ardió interiormente, sino que crepó en su cama de un cáncer de hígado. Sus discípulas más cercanas –las brujas que él protegía y que formaban la jerarquía principal de la secta– desaparecieron y, se presume, se suicidaron”. Hay que leer a Castaneda (p. 75): “Una cosa es el hombre y lo que este hace con su vida y otra cosa son los libros que escribe”.
	Fabián Casas sostiene en varios momentos posturas controvertibles (p. 82): “Soy un gran prejuicioso y pienso que una persona que tiene un celular es un imbécil hasta que se demuestre lo contrario”.
	Cita fragmentos de una novela de Andrés Caicedo, Cartas del Yagé, que no he leído y que cuenta sobre la violencia en Cali, Colombia. Caicedo le habla a quien se acuesta con un asesino (p. 124): “Y a usted, jovencita, ¿no le asquea saber que comparte su vagina con un hombre que a pesar de las lociones que se unta huele a los cadáveres que lleva sobre sus hombros?”.
	Cita y cito a Marcelo Cohen (p. 128): “Mallarmé, Valéry, también Lezama Lima y buena parte de las vanguardias nos acostumbraron a que el poeta no escribe tanto para expresar algo –tampoco para comunicarlo–, como para hacer manifiestas las fuerzas que habitan el lenguaje”.
	Al finalizar su ensayo sobre el poema Segovia, de Daniel Durand, del que cita varios fragmentos, dice (pp. 145-146): “Leed Segovia, muchachas y muchachos de mi patria. Y si alguna vez se cruzan por la calle con quien escribió estas líneas, les pediría –como sugiere Gombrowicz en el prólogo de su Ferdydurke– que si Segovia les gustó se toquen, al verme, su oreja derecha. Y hagan lo mismo con la izquierda si no les gustó”.
	Propone este origen, esta conclusión (p. 151): “El genio descubre su estupidez –que es infinita–, sus limitaciones y su pobreza. Y a partir de ahí escribe. O a pesar de eso”.
	Los versos de Leónidas Lamborghini, que cita, me encantaron (p. 216): 

Habla
di tu palabra
	y si eres poeta
	eso
será poesía. 

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz**




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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**Sobre Juan Ángel Esteban Cruz:

**Juan Ángel Esteban Cruz. Cintalapa, Chiapas, México. Diseñador gráfico, maestro en mercadotecnia y publicidad. Su trabajo se ha publicado en numerosos diarios, libros y revistas de México y el extranjero.

Polvo del camino. 138. 不要忘记. Héctor Cortés Mandujano

不要忘记
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano





Como a millones en el mundo, el libro de fotografías de Xuan Peng, No olvidar, editado y distribuido en su lengua original, me dejó impactado. Eran, son imágenes de guerra. En éstas el fotógrafo parece estar a centímetros de lo que su cámara muestra. 
	Sin duda, la secuencia más terrible es la serie de diez fotos donde vemos “correr”, huir desesperadamente a un hombre joven, delgado, oriental, a quien falta un brazo y no puede usar una de sus piernas. La imagen capta a la perfección el movimiento externo y la desesperación interna; en la cuarta foto, como muestra de su prodigiosa técnica, el fotógrafo toma el momento exacto en que una bala se impacta en el muñón del brazo; aun así, con remarcado gesto de dolor, el muchacho continúa su escape.
	El nuevo impacto, en la fotografía número siete, le da en la espalda y lo derrumba; la ocho es su rostro agonizando, la nueve es ya la muerte tomándolo por completo y la diez, como complemento lógico de la tragedia (si hay lógica en matar a un ser humano desarmado, a un ser humano), es una fotografía –sin duda tomada con zoom– del soldado que baja el rifle asesino y sonríe satisfecho.
	La secuencia se volvió un libro en sí misma. En América Latina se hizo una edición de gran formato a la que titularon simplemente “Asesinato”. Luego se hizo una película y una novela de filiación filosófica, que basaba su argumento en la Crítica de la razón pura, de Kant, donde, en términos generales, la guerra se etiquetaba como fenómeno y la fotografía como noúmeno. Curiosamente, aunque la obra fue atacada por filósofos, porque era imprecisa en la aplicación de los términos kantianos, se volvió un fenómeno (kantianos abstenerse) de ventas. 
	Lo llamativo de todo el boom que inició con las fotografías es que se identificó al asesinado y se le hizo un homenaje, se atendió las necesidades de su familia; se identificó al soldado y se le condenó a cadena perpetua, pero Xuan Peng logró evadir las hordas que lo buscaban y se volvió una especie de fantasma. Sí había fotos suyas de escuela y cosas así, pero no se le conocía suficientemente, pese a la fama que le había venido encima como un alud. 
	Yo, por supuesto, fui un seguidor de esta escalada mediática (compré varias versiones del libro, vi la película, leí la novela) y nunca esperé que en mi carácter de oficinista de provincia un día iba a vivir lo que viví.
	Soy un fotógrafo aficionado y cuando iba a casa –vivía en ese tiempo, decía, en un poblado provincial, lejano de multitudes– un hombre frente a mí cayó como fulminado. Fui a auxiliarlo con rapidez; me di cuenta de inmediato que estaba muerto. Marqué al número oficial para hacer el reporte y para no dejar el cadáver solo, decidí quedarme; en la espera me nació la idea de tomarle una foto. Luego de una lucha interna sobre lo ético del acto, lo hice.
	Se llevaron el cadáver y poco a poco se desenredó la madeja. El muerto era Xuan Peng y mi fotografía se volvió oro molido. 
        Ahora, gracias a eso, soy una celebridad. Esa es mi historia.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com. 
Ilustración: HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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de México y el extranjero.

Polvo del camino. 137. La lengua común del desamor. Héctor Cortés Mandujano

La lengua común del desamor

Héctor Cortés Mandujano

Me gustó por varias razones Solitario de amor (Grijalvo, 1988), de Cristina Peri Rossi: el narrador es un hombre apasionado por una mujer (las mujeres suelen escribir sobre mujeres o desde el punto de vista femenino); no elude las escenas sexuales ni algunas que pueden ser desagradables (a mí lo narrado sobre la saliva me da un poco de asco); su texto alcanza niveles poéticos, sin detrimento de su raíz narrativa…
	El hombre permanece innominado, la mujer se llama Aída. Ella ha sido casada (tiene un hijo) y ha tenido varios amantes. El narrador la ama sin pausa, con furor. Él habla de cómo puede verse en los quioscos, en las calles, pornografía explícita (p. 8): “La obscenidad es pública, ya no produce ni excitación ni sorpresa”.
	Dice que Aída (pp. 9-10) “sale del amor con un extraordinario vigor para las cosas cotidianas. Como si el amor hubiera sido sólo una pausa en los quehaceres, una isla fugitiva en el mar espeso de la rutina”.
	Hace una larga enumeración de las cosas que ama de ella, aquí algunas (pp. 15-16): “No amo sus olores, amo sus secreciones. […] La espléndida y sonora orina de caballo que cae como cascada de sus largas y anchas piernas abiertas. Nazco y me despojo de eufemismos; no amo su cuerpo, estoy amando su hígado membranoso de imperceptible pálpito, la blanca esclerótica de sus ojos, el endometrio sangrante, el lóbulo agujereado, […] las raíces de los dientes, el lunar marrón del hombro, […] el pequeño clítoris engarzado en la vulva como un faro”.
	A veces le da la voz a ella (p. 20): “El lenguaje lo inventaron las mujeres para nombrar lo que parían –dice Aída desde la cama”.
	El narrador tiene un amigo, que también habla (p. 36): “Hay una sola casa en la vida de cada uno –dice Raúl, repartiendo las cartas sobre la mesa, para resolver un solitario–. Y es la casa de la infancia. En esa nos quedamos para siempre. Las demás sólo son simulacros, sucedáneos”.
	Otra vez él (p. 39): “Los hombres –dice Raúl– nunca dejan de ser niños. Y las mujeres nunca son más que madres”.
	Una gran verdad (p. 58): “El amor no es gregario: es para dejar de amar –o para huir del amor– que el hombre se vuelve social”. Dice más adelante (p. 82): “Si renuncio a mi amor por Aída, puedo volver a ser social, gregario; podré hablar la lengua común, la del desamor”.
	Dice Aída que los hijos sólo son de las madres (p. 69): “La participación de un hombre en el nacimiento de un hijo es mínima: sólo unas pocas gotas de semen que prodiga de manera poco selectiva y hasta inútil: las pierde cada día en las sábanas o en los pantalones, las derrocha en cualquier agujero. Ningún hombre puede saber lo que es tener un hijo. Sólo las madres lo saben”.
	No se lo dice a ella, lo escribe (p. 130): “No, Aída: el dinero no es de nadie. Por eso puede perderse y ganarse; porque, en realidad no tiene dueño. El dinero es tránsito, desposesión, abulia. Más allá del que necesitamos para comer y para estar abrigados, el dinero es hastío”.
	Me encantó el proverbio hebreo que usó como epígrafe del último capítulo (p. 183): “Cuando la pasión te ciegue, vístete de negro y vete adonde nadie te conozca”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz**




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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**Sobre Juan Ángel Esteban Cruz:

**Juan Ángel Esteban Cruz. Cintalapa, Chiapas, México. Diseñador gráfico, maestro en mercadotecnia y publicidad. Su trabajo se ha publicado en numerosos diarios, libros y revistas de México y el extranjero.

Polvo del camino. 136. Horizonte de sucesos. Héctor Cortés Mandujano

Horizonte de sucesos
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

Sus ojos tan tristes

como los de un pescado muerto

David Martín del Campo, en «El sentadito»
Horizonte de sucesos se dice en ciencia cuando cualquier objeto se acerca a un agujero negro en el universo y es tragado por él. En la vida, con perdón de los científicos, hay momentos en que uno se acerca a una fuerza que nos toma como suya. 
	Yo había dejado a una mujer, particularmente amada en un principio, especialmente odiada después, y ya no quería ninguna más cerca. La fuerza centrífuga de ésta a quien no nombraré, me llevaba hasta el hueco donde desaparecían no sólo mis energías, sino mi tiempo, mis intereses, mi vida. Giraba en torno a ella casi siempre y luego, vencido, entregado, sin defensas, caía en ella. Salirme era un triunfo, un vacío insomne. Creí que siempre estaría en su órbita y que para mí había escrito Lorca esto: “No puedo oírte. No puedo oír tu voz. Es como si bebiera una botella de anís y me durmiera en una colcha de rosas. Ya me arrastra, y sé que me ahogo, pero voy detrás”. 
        Hasta que al fin pude alejarme y sufrí como un perro herido, hambriento, enfermo y a la intemperie. 
        Dejaría el sexo, me volvería célibe a fuerza de no tocarme ni dejar que me tocaran.
	Así las cosas, busqué la compañía de gente mayor, hombres y mujeres, con quienes conversaba de temas serios y bebía con la moderación que ellos y ellas lo hacían. Ya no tenían pasiones, sino enseñanzas, sabiduría. Sus huesos ya no ardían y el corazón era, en todo caso, un pequeño fogón con el calor necesario para seguir viviendo, sin dar las llamaradas terribles que el mío daba cuando estaba girando en el mundo de pasión donde había vivido con aquella, de cuyo nombre no quiero ni acordarme. 
	Uno de los viejos me invitó a su rancho. Era criador de caballos finos. Me sorprendió la limpieza de los campos (como si los hubieran bañado y peinado) y el orden de los postes de alambrado; parecía aquello hecho con cálculo y maestría, con pulso matemático. Nada fuera de lugar: ni un montón de tierra por allí, ni una rama pudriéndose. Me di cuenta que tenía un ejército de trabajadores y, seguro, un capataz muy riguroso, muy capaz.
	Entramos al corral y había sólo una yegua y su potranca. La yegua volvió la vista y al reconocer, supongo, a su dueño, decidió ignorarnos; la potranca, hermosísima, de patas perfectas y ojos brillantes, me vio y vino hacia mí. 
	Yo no tengo práctica alguna con animales y no supe qué hacer. El viejo me dijo que no me moviera. El bello ejemplar resopló sobre mi cara y luego lamió mi cuello, me mordisqueó una oreja.
	—Le gustas –me dijo.
	—¿Y qué hago?
	—Mueve las manos con lentitud, acaríciala.
	Puse mis manos sobre la crin color miel y luego sobre el hocico pequeño y suave; la acaricié en el medio de la frente, y luego el pecho. En esos momentos orinó con un chorro poderoso, que me inquietó.
	—Le gustas, orinó de la emoción, debes oler a caballo –dijo el viejo.
	—Ella es preciosa, también me gusta mucho. ¿Qué más hago?
	—No la puedes montar, porque no aguantaría tu peso. Quédate con ella, ahora vuelvo.
	La potranquita, cuando se fue el viejo, puso su cabeza sobre uno de mis hombros y cerró los ojos. Suspiró. El viejo fue por una cámara y nos tomó una foto que nos muestra a ambos con los ojos cerrados, las cabezas unidas y tal vez soñando con el amor, con un amor, con la imposible posibilidad de que ella encuentre el caballo perfecto y yo la mujer de mis sueños…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Premio Fotoperiodismo Individual y Premio del Público en la IV Bienal de Fotoperiodismo.

Polvo del camino. 135. El río y el cocodrilo. Héctor Cortés Mandujano

El río y el cocodrilo

Héctor Cortés Mandujano

las profundidades del infierno,

en ese momento las habría atravesado de una zancada

Sarrasine, de Balsac
Como aguas de río caudaloso, salido de su cauce por las lluvias, rápidas se leen las páginas de La nana Concepción (Universidad Autónoma de Nayarit-Editorial del Lirio, 2022), del narrador chiapaneco Luis Antonio Rincón García, quien ganó con ella, en 2020, el Premio Nacional de Novela Breve “Amado Nervo”.
	Cada capítulo, de los ocho que la conforman, ofrece novedades y encandila a los lectores, lo que nos es fácil para cualquiera que se precie de inventar historias y escribirlas.
	El capitán Ajab y Moby Dick, de Melville, y El viejo y el mar, de Hemingway, por citar dos ejemplos conspicuos, parecieran no modelos en la lucha entre un ser humano y un animal, que ocupa el centro anecdótico de esta novela de Luis Antonio, pero sí familia ascendente del cocodrilo, la Matilde y la nana Concepción.
	Rincón García, sin embargo, es fiel a su tierra y, aunque no menciona con precisión el lugar donde trascurre su historia, es evidente que es en Chiapas, donde se insulta con tanta sabrosura como lo hacen entre sí la Matilde y la nana, y donde los ríos inundan cada año a las comunidades que no sólo tienen que lidiar con sus atrasos ancestrales, sino también con los desastres naturales que se han vuelto, lamentablemente, sempiterna costumbre.
	La nana Concepción vive en una aldea pobre, con los tres nietos que un hijo y su nuera le dejaron en resguardo mientras ellos buscaban nuevo futuro en los Estados Unidos de América. La Matilde es una muchacha que también ha sido abandonada, por las mismas razones, por sus padres, y se ha hecho cargo del cuidado de sus hermanitos. Para paliar el hambre no le importa robar y, por eso, estas dos mujeres que alguna vez fueron amigas ahora no lo son tanto. Y juntas tienen que hacer frente a la inundación del pueblo, salvar a sus pequeños, y en una escena que dura varios capítulos de tensión dramática, enfrentarse a un cocodrilo cuya única misión, parece, es comérselas. 

Hay un par de flash back esenciales. Uno para conocer la fuerza de quien antes fue Conchita y ahora es la nana Concepción: se enfrentó a un toro furioso a quien todos temían, y otro para conocer la capacidad criminal de un cocodrilo, que fue muerto –y el guiño es muy claro– por Miguel Álvarez.
	Planteada la lucha entre dos mujeres y un cocodrilo, la novela transcurre con sobresaltos y administrada tensión. No se puede suponer el final, porque los dados narrativos no están cargados en uno u otro sentido, y eso hace que leamos la novela como si nosotros pudiéramos ayudar a la sobrevivencia de los protagonistas (las mujeres y el cocodrilo), como si pudiéramos hacer que deje de llover o que el río dé alguna alternativa a las mujeres que, en un precario techo, tienen que enfrentarse con un adversario terrible o que el pobre cocodrilo hambriento ya coma de una vez.

Tengo la suerte de conocer a Luis Antonio desde antes de que formalmente se convirtiera en escritor; lo he visto comenzando, avanzando, creciendo y ahora me da mucha alegría ver cómo su nombre se consolida como el de uno de los narradores jóvenes más productivos, más premiados y con la mirada panóptica como para abordar con éxito varios géneros: su primer libro fue un ensayo, y ya ganó premios como cuentista, como autor de novelas, como dramaturgo y muy recientemente como poeta. No hay que ser un genio para suponer que en su futuro habrá cada vez más y mejores trabajos literarios. Ya venció en muchas batallas contra la página en blanco, pero le quedan cientos de páginas para encantarnos, para llegar a nuevos puertos, para seguir enriqueciendo la literatura de Chiapas, su tierra amada. 

[Texto leído en la presentación de La nana Concepción, de Luis Antonio Rincón García. Telar Teatro. 12 de agosto 2022. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.]
Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 134. Una criatura maldita. Héctor Cortés Mandujano

Una criatura maldita

Héctor Cortés Mandujano

Si un demonio hubiese puesto entre Sarrasine y Zambinella

las profundidades del infierno,

en ese momento las habría atravesado de una zancada

Sarrasine, de Balsac
No vivió mucho Roland Barthes. Nació en 1915 y lo atropellaron en 1980. Por fortuna, dejó varios libros escritos que, hablo de mi experiencia, me han hecho admirar no sólo su conocimiento y su inteligencia, sino también su inquietud por transitar, con cada libro, nuevos derroteros, no repetirse.
	Leo de él S/Z (Siglo XXI, 1980), que es resultado de un seminario que dio durante dos años (1968-1969) y que analiza lexía por lexía (unidad de lectura, unidad léxica, palabras, párrafos) el cuento Sarrasine, de Balzac.
	Tal vez el libro no sea para quienes leen sólo para entretenerse (qué maravilla) o para quienes escriben sólo porque aprendieron las primeras letras en la escuela. Es para lectores que gustan de analizar los entramados de una historia, para escritores que busquen algo más que contarla. S/Z analiza desde la crítica (psicológica, psicoanalítica, temática, histórica, estructural), pormenorizadamente, desde una expresión, “se sentó junto a mí”, por ejemplo, hasta el concepto de belleza, los matices de la narración y las conversaciones que los personajes de Sarrasine tienen en esta historia diferida, que es una caja china, un cuento dentro de otro.
	Dice, antes de entrar al análisis, que (p. 2) “lo que está en juego en el trabajo literario (en la literatura como trabajo) es hacer del lector no ya un consumidor, sino un productor del texto”, y también que (p. 3) “interpretar un texto no es darle un sentido (más o menos fundado, más o menos libre), sino por el contrario apreciar el plural de que está hecho”, porque (p. 7) “leer es un trabajo de lenguaje. Leer es encontrar sentidos, y encontrar sentidos es designarlos”.
	Ya en el análisis de ciertas frases de Sarrasine, dice Barthes (p. 76): “Leer es luchar por nombrar, es hacer sufrir a las frases del texto una transformación semántica. […] Se nos dice que Sarrasine tenía ‘una de esas voluntades enérgicas que no conocen obstáculos’; ¿qué debemos leer?, ¿voluntad, energía, obstinación, testarudez, etc.?”.
	Me encantan los títulos raros o misteriosos. S/Z me atrapó desde su título (y porque leo todo lo que encuentro de Barthes), sobre el que ya me había hecho varias teorías hasta llegar a la página 89, que lo explica. Sarrasine en pocas palabras, y en su instancia más básica, es la historia de un escultor feo, sin experiencia amorosa, que se apasiona por una hermosa cantante de ópera, Zambinella, que resulta ser un hombre castrado, un castrati. Y la historia funciona porque ocurre en la Italia de 1758. Vuelvo al título. Barthes propone varias ideas, tomo también la más elemental (p. 89): “S y Z están en una relación de inversión gráfica: es la misma letra vista desde el otro lado del espejo; Sarrasine contempla en Zambinella su propia castración. Por eso, la barra (/) que opone la S de Sarrasine a la Z de Zambinella tiene una función pánica: es la barra de la censura, la superficie especular, el muro de la alucinación, el filo de la antítesis, la abstracción del límite, la oblicuidad del significante, el índice del paradigma y, por tanto, del sentido”.
	Hay un momento en que Zambinella parece proponer un mensaje con un gesto. Dice Barthes (p. 126): “Aquí es imposible decir si el mensaje proviene de la Zambinella o del discurso, si se dirige a Sarrasine o al lector; no está situado… […] la escritura tiene el poder de operar un verdadero silencio del destino: literalmente es una contracomunicación”- 
	Zambinella es un ser sufriente (p. 136): “El mundo está desierto para mí. Soy una criatura maldita, condenada a comprender la felicidad, a sentirla, a desearla, y, como tantas otras, obligada a verla huir de mí en todo momento”.
	Sarrasine no se agota en una primera lectura; hay que releerla, sugiere Barthes, aunque esa otra lectura esté (p. 139) “injustamente censurada por los imperativos comerciales de nuestra sociedad que obliga a despilfarrar el libro, a tirarlo bajo el pretexto de que ha sido desflorado, para que se pueda comprar uno nuevo”. 
También, y esto lo sugiero yo, hay que releer S/Z.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Premio Fotoperiodismo Individual y Premio del Público en la IV Bienal de Fotoperiodismo.