Polvo del camino. 66. 24 por segundo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 66

24 por segundo


Héctor Cortés Mandujano

A mi amigo Alfredo Espinoza, quien instaló en mi computadora
no sé qué artilugio para que pueda ver todo el cine del mundo

  
Con poquísimas excepciones, he visto la lista completa de las películas nominadas al Oscar 2021, en todas las categorías. Lo que me llamó la atención fue cuántas tocan como tema central la injusticia del aparato gubernamental norteamericano, y cuántas tienen como elenco mayoritario a actores y actrices afroamericanos. 
	De las ocho nominadas a mejor película cuatro de ellas abordan asuntos varios, que súper simplifico: El padre (The Father, 2020, dirigida por Florian Zeller), que trascurre en Londres, trata las aristas terribles del alzheimer en un octogenario; Sound of Metal (2019, dirigida por Darius Marder) nos muestra la problemática sordera de un músico de rock; Mank (2020, dirigida por David Fisher) plantea dudas sobre la paternidad real del guion de la célebre cinta El ciudadano Kane; Minari (2020, dirigida por Lee Isaac Chung) es una historia familiar sobre la tierra de oportunidades que para los extranjeros es, se supone, la nación norteamericana.
	Las otras cuatro, la mitad, cada cual en su registro, hablan de las injusticias que comete el aparato de estado de EUA en sus propios ciudadanos: Nomadland (2020, dirigida por Chloé Zhao), si bien sutil, es una historia disidente que retrata la vida de aquellos que no piensan que su país propicie la calidez humana ni la empatía con los viejos; El juicio de los 7 de Chicago (The Trial of the Chicago 7, 2020, dirigida por Aaron Sorkin) muestra de manera palmaria las componendas de jueces, abogados, gente que tuerce la ley, desde el poder público, para castigar  la rebeldía social; Judas y el mesías negro (Judas and the Black Mesiah, 2021, dirigida por Shaka King), con elenco en su mayoría afroamericano, exhibe a las altas esferas de la inteligencia norteamericana que asesinan sin dudar a quien consideran peligroso, y Hermosa venganza (Promising Young Woman, 2020, dirigida por Emerald Fennell) cuenta la historia de cómo una joven puede ser violada por varios hombres, video incluido, sin que las autoridades (incluyendo una mujer) sienta empatía por el salvaje comportamiento masculino, lo que hace nacer a una vengadora que toma el castigo con sus propias manos.
	Se pensó que iban a incluir en este selecto grupo a The Mauritanian (2021, de Kevin Macdonald), pero tal vez tuvieron miedo: desenmascara la brutalidad, la tortura, la ilegalidad de tener a Mohamedou Ould Slahi encarcelado en Guantánamo durante 14 años, sin que se le acusara de ningún crimen, durante las administraciones de Buch a Obama. La película es valiente, inteligente, bien hecha y abre diciendo que no está basada en la vida real, sino que es la vida real, y restriega el lodo en la cara del gobierno que pedía la sentencia de muerte para alguien sobre el que no tenía ninguna prueba incriminatoria. Si yo hubiera sido miembro de la Academia hubiera luchado por incluir esta cinta y, por supuesto, hubiera votado por ella como mejor película. Pero no me invitan.

Las que tienen un elenco casi exclusivamente afroamericano son: La madre del blues (Ma Rainey’s Black Botom, 2020, dirigida por George C. Wolfe, nominación a mejor actor para Chadwick Boseman y a mejor actriz para Viola Davis), que habla de las peripecias en la grabación de un disco; Los Estados Unidos contra Billie Holiday (The United States vs. Billie Holiday, 2021, dirigida por Lee Daniels, nominación a Andra Day como mejor actriz protagónica), que muestra de nuevo la cara dura de la justicia de EUA contra los disidentes, especialmente si no son blancos, aunque sean tan famosos como lo fue y es Billie Holiday; Una noche en Miami (One Night in Miami, 2020, dirigida por Regina King, nominación a mejor actor de reparto para Leslie Odom Jr. y otras nominaciones), que reúne en el mismo lugar a cuatro afroamericanos famosos de la vida real (Jim Brown, Sam Cooke, Cassius Clay y Malcom X), que sufrieron en carne viva la discriminación racial (a Malcom X, incluso, lo mataron); Soul (2020, dirigida por Peter Docter y Kemp Powers, nominada a mejor película de animación), que cuenta la vida, la muerte y el regreso a la vida de un músico afroamericano; Dos perfectos desconocidos (Two Distant Strangers, 2020, dirigida por Trevon Free y Martin Desmond Roe, nominada a mejor cortometraje de ficción), que muestra los recurrentes asesinatos de afroamericanos a manos de policías blancos; A Love Song for Latasha (2019, dirigida por Sophia Nahli Allison, nominada a mejor cortometraje documental), que habla sobre la historia real de Latasha Harlins, una niña afroamericana asesinada a tiros por la dueña de una tienda, cuando fue a comprar una chuchería; su asesina salió absuelta; 5 sangres (Da 5 Bloods, 2020, dirigida por Spike Lee, nominada a mejor banda sonora), que habla de cinco afroamericanos que, como miles de su raza, fueron enviados a la guerra en defensa de un país que los discrimina…
	Tal vez alguna se me pasó, pero baste esta lista para decir que hasta hace muy poco no había nominados afroamericanos en ninguna categoría y ahora hay muchas, muchos. También por primera vez se propone como mejor película a dos cintas dirigidas por mujeres: Nomadland, de Chloé Zhao, y Hermosa venganza (Promising Young Woman), de Emerald Fennell, y hay muchas mujeres directoras en otras varias categorías. En eso, en alejarse del racismo y la misoginia, qué bueno, la industria estadounidense está haciendo bien las cosas. Ojalá lo mismo ocurra en la vida real y en todo el mundo.




Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Alejandro Nudding
Ilustración: Alejandro Nudding

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 65. Aguas con el agua. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 65

Por María Gabriela López Suárez

Aguas con el agua

 

Sofía despertó ese domingo contenta, con mucha energía; observó que la luz del sol estaba radiante. Era una clara señal que habría mucho calor y en efecto, así fue. Leves ráfagas de aire se dejaban sentir, eso era un gran regalo.

Tenía la intención de regar los árboles. Invitaría a Carlos y Elías, sus hermanos. Antes fue a revisar qué cantidad de agua quedaba en el tanque que tenían en casa. Al darse cuenta que tenía menos de la mitad, se quedó preocupada. Últimamente habían tenido muchos problemas con el suministro de agua. No les llegaba con frecuencia el servicio y la compra de pipas resultaba muy caro.

Aunque su familia había comenzando a administrar de mejor manera el agua, Sofía pensó que era necesario que pudieran reutilizar el agua del lavado de trastes o de ropa, se veía venir una temporada de estiaje que no sería nada fácil.

Fue al patio y observó que las hojas de los árboles de limón estaban tristes, se veían casi cerradas, opacas. La hojarasca que cubría sus raíces era la que permitía guardar un poco la humedad cuando eran regadas. Era indudable los árboles necesitaban agua. Comenzó a pensar qué haría para poder regarlos. Ojalá el servicio de agua llegara por la tarde.

El canto de los pájaros la distrajo un poco de su preocupación. Aún con el intenso calor el canto alegraba el paisaje sonoro, sumado al de una chicharra que se escuchaba de vez en vez. Sofía recordó que sus papás solían comentar que algunas aves cantan pidiendo agua, sobre todo cuando el clima es demasiado caluroso. Se quedó pensando en eso, al tiempo que escuchaba los diferentes cantos y veía moverse levemente las hojas de los árboles de mango.

Comenzó a remover la hojarasca de los árboles para cubrir las raíces. Su mente seguía pensando en la importancia de cuidar el agua, vino a su memoria un promocional que había escuchado hace muchos años en la radio, ciérrale, ciérrale, ciérrale porque se acaba. Se refería a cerrar la llave y cuidar el agua. El cuidado del agua era una tarea titánica que implicaba a toda la sociedad y por supuesto a los gobiernos, no podía olvidarse el derecho humano al agua. En eso estaba cuando escuchó gritar a Elías:

—¡Ya llegó el agua!
Los ojos de Sofía se iluminaron.

—Elías, por favor, pon a llenar el tanque, regaremos los árboles. Solo que aguas con el agua, no vaya a rebalsar. Recuerda que debemos almacenar y no desperdiciar.


Pintura de Rafael Corzo, cortesía de Tania Corzo

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 65. Matamos lo que amamos: vida y muerte de Valentón Grajales. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 65

Matamos lo que amamos: vida y muerte de Valentón Grajales*


Héctor Cortés Mandujano

Lo peor que le puede pasar a uno es que un sueño se vuelva realidad

Marcelino Champo, en Vida y destino en un corrido. Grandes éxitos de Valentón Grajales

  
Vida y destino en un corrido. Grandes éxitos de Valentón Grajales (Tifón, 2020), de Marcelino Champo, es un pensado rompecabezas sobre la vida de un cantante popular de ficción, que tiene muchas raíces metidas en la realidad social de nuestro país.
	Su nombre, de hecho, podríamos pensar que es una mezcla de Valentín Elizalde (un mal cantante que se volvió muy famoso a partir de su ejecución) y Julión Álvarez, que canta norteñas, y ha sido llevado y traído con acusaciones e informaciones de todo tipo. Valentón también es de Chiapas y le contó a una de sus amantes (capítulo X) de un pueblo donde una iglesia sumergida en el agua aparece de tanto en tanto, como en La Concordia, de donde, sí, es originario Julión.
	En el celebérrimo cuento “En el bosque”, de Ryunosuke Akutagawa, se cuenta una historia cruenta desde distintas voces, pero los hechos –ese es el propósito– no encajan, no coinciden; lo contrario ocurre en Vida y destino de un corrido, pues Champo ha decidido que, aunque haya muchos narradores, cada pieza agregue un elemento más que complete el cuadro general. Los breves capítulos, cada uno distinto en voz y sentido, embonan en el total de la novela con la perfección con que encajan lo cóncavo y lo convexo. Una de las gracias de un texto polifónico como éste es que pareciera obras de varios (aparece un periodista que escribe una nota, un entrevistador de televisión, el testimonio del fotógrafo que tomó la primera foto del cadáver), de varias (la señorita que entrevista al cuidador de la casa, la mamá que escribe una carta) y, así, el novelista oculto detrás, en este caso Marcelino, deviene organizador del material y, además, demiurgo.
	La brevedad de los capítulos –22, mezclados con cinco descripciones de video– permite que la información sobre la vida, la carrera y el asesinato de Valentón vaya fluyendo sin prisa, pero sin pausa. La riqueza del texto hace que, además de hablar de Valentón, los muchos otros (el hermano, el productor, el asesino), las varias otras (la teibolera, la cantante, la mamá) nos cuenten también rasgos de su vida. 
	La novela trascurre, en su mayor parte, en la Ciudad de México y en su variopinta construcción hay notas, canciones, reportajes, monólogos, fotografías descritas, diálogos, conferencias, entrevistas, metaficción (se habla de la película basada en esta novela), descripciones de video que son parte de una historia de secuestro, asesinato, narcotráfico y el oscuro revés de la actividad artística en nuestro país, donde es más fácil volverse millonario cantando lo que sea, sin cursar ninguna materia escolar, que volviéndose científico con múltiples posgrados.
	En dos discursos, capítulos VII y XVIII, se habla mal de los músicos clásicos que odian la música popular y de los actores de teatro que desprecian el cine de mayorías, tal vez cortes de caja del autor. Me llamó la atención en especial el capítulo I por las alusiones a Rulfo, a su Pedro Páramo: un muerto, Valentón, habla con su mamá muerta y justo como termina aquella novela magistral (Pedro volviéndose piedra) este capítulo inaugural cierra con estas palabras: “Mamá, qué triste es saber que la vida es un camino empinado, donde al menor descuido puedes caerte y quedarte ahí, frente a la nada, en medio de un montón de piedras”.
        La tortura y muerte de Valentón –Eloy Chanona Grajales, su nombre real– tiene como origen un trío sexual, que se sale de cauce. Aparece muerto, tirado, echado a la calle como basura. Venía de la nada y a ella volvió. Era hijo de padre ausente y madre prostituta, de una infancia de privaciones, que es caldo de cultivo para los artistas, como puede comprobarse con muchísimas biografías de gente conspicua.
	Conozco a Marcelino Champo desde que él era adolescente y comenzaba a aparecer como actor en obras de teatro; luego he leído y comentado sus primeras tentativas literarias que poco a poco se fueron volviendo papalotes a los que soltaba cada vez con mayor confianza el hilo.  Vida y destino en un corrido. Grandes éxitos de Valentón Grajales es ya una cometa en el centro del cielo. Y eso me da muchísimo gusto. Qué bueno que en Chiapas haya cada vez más y mejores novelistas. Felicidades, querido Marcelino.

*Texto leído en la presentación del libro. Telar Teatro. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. 16 de abril de 2021.


Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 64. En un abrir y cerrar los ojos. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 64

En un abrir y cerrar los ojos

Por María Gabriela López Suárez

 
El calor era intenso, según la aplicación del celular de Abril, marcaba los 38 grados. Seguramente eso era a la sombra, pensó.  El clima tan cálido le provocaba somnolencia, también le hacía evocar algunos paisajes que describía en su literatura Gabriel García Márquez. Esa tarde, decidió dejar a un lado celular y redes sociales y tomar una siesta. 
          Fue a su habitación, prendió el ventilador, se tiró sobre un tapete y se quedó mirando fijamente hacia arriba. Observó el movimiento de las aspas del ventilador azul que se combinaba con lo blanco del techo.  Solo esos dos elementos ante su vista. El espacio se fue refrescando.  
          Abril cerró los ojos.  Intentó poner la mente en blanco para poder relajarse y dormitar tranquilamente. Era un tarea titánica, cientos de pensamientos vinieron, cada uno en su respectivo momento. Seguía haciendo el esfuerzo, trató de concentrarse en dos sonidos el latido de su corazón y el ruido del ventilador que no cesaba de hacer su trabajo.
          La última frase que resonó en su mente e intentó relacionar con lo vivido, antes de dormirse, fue una de El principito, "Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos." 
          Abril entró en la dimensión de sus sueños, fueron varios, hizo una larga caminata. En uno de ellos observó a Tobías uno de sus amigos. Todo el tiempo lo vio a lo lejos, sin cruzar palabra alguna. Tobías se veía contento, conversador como solía ser. Mientras tanto Abril  pasó de una historia a otra. De pronto se descubrió en uno de los lugares que no conocía y se encontró a Alicia, una de sus compañeras en la universidad. La ciudad recorrida tenía calles angostas y largas, con edificios antiguos, altos, pintados en tonos entre marrón y ocre. Las dos iban animadamente, sin conversar pero contentas. Llegaron un punto donde  Abril se despidió de Alicia, le dio un abrazo y tomó otra ruta. 
         En cada sueño tuvo encuentros con personas que no conocía. De pronto hizo un receso, la historia cambió, tal como sucede en los sueños. Abril se detuvo en plena acera, se colocó en el suelo para observar una casa antigua que se movía lentamente, la fachada de ésta era como de caricatura con un diseño sumamente atractivo y colorido. Ahí permaneció largo tiempo mientras disfrutaba la vista y se mimetizaba con el paisaje. 
           Un ligero movimiento en su andar, justo cuando iba a cruzar de una acera a otra la hizo despertarse. Abrió los ojos y observó, ahí estaba el ventilador, escuchó su respiración. Cerró nuevamente los ojos, respiró profundamente. Había logrado su propósito, tomar una siesta. La imagen de ella en el piso en plena calle, observando la fachada en movimiento estaba presente todavía. Había sido un sueño muy loco, pero lo había disfrutado plenamente. Se quedó pensando en todos los espacios que había recorrido en un abrir y cerrar de ojos, mientras volvía a su mente la frase de El principito.



 
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 64. Rodolfo Disner, el fuego creador. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 64

Rodolfo Disner, el fuego creador*


Héctor Cortés Mandujano
Este es uno de los textos que escribí sobre mi querido maestro Rodolfo Disner.
Lo publico de nuevo en memoria de su bonhomía, su arte, su vida, con una bendición
para él y un abrazo a sus hijas, en especial a mi entrañable amiga Damaris
1

Aparece una mujer en la pantalla del cerebro, que tal vez venga del recuerdo o de la realidad cotidiana. Sale del corazón en el río caliente, camina por la sangre y baja hasta la mano donde se vuelve trazos, forma. ¿Era así? Claro. ¿Es ella? Sí.
Como en el milagro primigenio, nace en el barro (de una costilla de ella, ya se sabe, nacimos los hombres) y luego la misma mano que la creo, la pinta de colores, le agrega esmaltes cerámicos, óxidos metálicos, cobalto, manganeso, hierros amarillos, barbotina… y la mete al horno de donde sale el pan del arte.
Rodolfo Disner ha creado a la mujer.

2

Está en el cruce de todos los caminos, en las sibilinas voces que le hablan antes de cerrar los ojos y dormir, en las palomas blancas que abren las alas, en la fe de quienes que puede verlo caminar por las aguas…
Si se le abre la puerta, puede visitarnos a menudo; por eso, sin duda, está bastante cercano a Rodolfo Disner: lo ha visto con corona de espinas y sufre Rodolfo, a veces parece que ha bajado el rostro derrotado y llora Disner; pero en ocasiones tiene los brazos abiertos para que no olvidemos dar el corazón a los demás, abrazarnos, volar… Y está feliz Rodolfo Disner.

3

A mí, que encima de todos los políticos que en el mundo han sido pongo a Shakespeare; que me parece más importante la existencia y la escritura de Borges que todos los militares de todos los países, de todos los tiempos; que prefiero un poema de Emily Dickinson a todos los mítines desde donde un señor o una señora quieren vendernos cuentas de vidrio, ¿cómo no voy a aplaudir que de las manos de Rodolfo Disner nazcan de nuevo al mundo innúmeros Quijotes y Sirenas, cómo no va a alegrarme que los sueños de la imaginación pongan belleza –¡naden, vuelen, seres feéricos!– en la severa jeta de ese mundo infame de ambición y poder?

4

Hay la llamita temblorosa de una vela en un huracán, hay el fuego controlado que no quiere dar libertad a la naturaleza voraz de la ignición, hay el incendio que no puede ni quiere apagarse, hay la hoguera alrededor de la cual bailan las criaturas de la noche y hay el bendito corazón en llamas en la obra de Rodolfo Disner. Estos son los frutos del fuego creador, ascuas que no queman, lumbre –inquieta inmovilidad– del arte de este hombre nacido él mismo en la fragua de la costa chiapaneca. Descanse en paz, maestro.


Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Rodolfo Disner
* Este texto acompañó la expo-venta “Rodolfo Disner. Trayectoria”, compuesta de 23 cuadros, elaborados entre 2009 y 2012, que durante mayo y junio de 2017 estuvo abierta al público en el Museo de la Ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 63. Los platos especiales. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 63

Los platos especiales

Por María Gabriela López Suárez

Santi y Lalo tenían una encomienda esa mañana, ésta no les había gustado mucho porque ellos habrían preferido ir a la playa, o por lo menos, a la alberca en algún día de vacaciones en Semana Santa. Sin embargo, por la contingencia sanitaria Rodrigo y Trini, sus padres, habían optado por otra propuesta. Les habían prometido enseñarles a hacer papalotes y llevarlos al campo para que los volaran. 
           Trini inició guiando la tarea para los niños, debían acomodar los platos, tazas y vasos que tenían en la vitrina de la casa. Santi, que tenía casi cinco años, miraba con los ojos bien abiertos a su mamá y ponía atención a lo que les decía. 
           –Primero hay que sacar con mucho cuidado todos los platos, luego los vasos y las tazas. Háganlo despacio porque la mayoría son de vidrio. 
          –Con razón están bien pesados—, dijo Lalo, el mayor de los niños, al momento que tomaba uno.
          —¿Todos mami? ¡Son muchísimos! Nunca acabaremos —expresó Santi.
          Trini se aguantó la risa y comentó que le vieran el lado divertido a la tarea. Les señaló que podrían ir aprendiendo la historia de cada parte de la vajilla, los platos lisos en tamaños grande y mediano, los hondos, los tazones, los vasos y las tazas. Para animarlos fue contándoles cuáles habían sido obsequiados por las abuelitas, las tías, amistades y los que habían comprado Rodrigo y ella. El relato iba acompañado con algunas anécdotas, a manera de cuento.
          —Mami, hay platos bien bonitos que no había visto, como para fiesta. Creo que no los hemos usado, como éste —, Lalo extendió su brazo y le entregó el plato a su mamá. Era un plato liso, grande, de barro, con flores bellamente pintadas alrededor.
           Trini se asombró, ya no recordaba ese plato. Les contó brevemente la historia. Era uno de los recuerdos de la bisabuelita Luci. Santi, seguía escuchando con atención, mientras que Lalo limpiaba los platos que le pasaba Trini.
          —Mami, ¿para qué estamos sacando todo esto si lo volveremos a guardar?
          —Muy buena pregunta Santi, aparte de limpiarlos es para que recordemos todo lo que tenemos en la vitrina y como dijo Lalo, lo usemos. Hay varios de ellos que ya no hemos usado, ni me acordaba que los teníamos en nuestra vajilla. ¿A poco no es bonito que tengamos diferentes modelos y que cada día podamos usar uno distinto?
          —Siii, como si cada día tuviéramos  una fiesta, aunque solo seamos nosotros los invitados —señaló Lalo.
          Trini sonrió mientras reflexionaba en lo que Lalo había dicho. Cada día era una oportunidad para festejar la vida con los seres queridos, la  comida era parte de la fiesta y, por lo tanto, no había que esperar tener una celebración para usar los platos especiales.
La expresión de Santi la hizo volver al momento, 
          —¡Miren ya casi acabamos! Solo faltan los vasos y las tazas.
          —Esa parte de la tarea le queda a papá — dijo Trini. Todos sonrieron.
          Trini agradeció a los niños la ayuda, quienes contentos ya empezaban a platicar sobre qué figuras querían hacer para sus papalotes



 
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 63. El ruido del tiempo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 63

El ruido del tiempo


Héctor Cortés Mandujano

La muerte es la curva del camino

Antonio Tabucchi,
en “El pequeño Gatsby”




Soy un lector asiduo de Antonio Tabucchi (1943-2012). El primer libro suyo que leí (Sostiene Pereira), me encantó, y después seguí con La cabeza perdida de Santiago Damasceno, que también me gustó mucho; luego he perdido el orden y la cuenta: Autobiografías ajenas, El ángel negro, Réquiem…
Leo ahora su colección de cuentos El juego del revés (Anagrama, 2016, con traducción de Carlos Gumpert), pero me referiré en particular al cuento “Voces”. Trata de una mujer que recibe mensajes telefónicos de ayuda (una especie de 911 italiano, supongo), a quien un día llama un hombre que repite “Ya no puedo más, ya no puedo más, ya no puedo más”.
Me gusta el modo redaccional en que se presentan. Él dice (p. 140): “Me llamo Fernando, pero no soy un gerundio”.
Dice la narradora: “Es siempre una norma aconsejable apreciar las ocurrencias de quien llama, revelan el deseo de establecer un contacto, y me reí. Le contesté que yo tenía una abuela que se llamaba María, pero que no era una condicional; y también él se rió un poco”.
En la charla que sostienen, él le pregunta si conoce (p. 141) “el sonido del tiempo. No, dije yo, no lo conozco. Pues bien, siguió él, basta con sentarse sobre la cama, durante la noche, cuando uno no consigue quedarse dormido, y permanecer con los ojos abiertos en la oscuridad, y al cabo de un rato se oye, es como un mugido en lontananza, como el aliento de un animal que devora a la gente”.
La vida de la narradora, que debe dar consuelo a los demás, tampoco está llena de dicha, por eso lo que este hombre le cuenta la pone tan receptiva. Le dice él que vive en una casa de muebles antiguos y elegantes, “y cuadros de hombres huraños y de mujeres altivas y desdichadas, con el labio inferior imperceptiblemente colgante. ¿Sabe por qué su boca tiene esa forma tan curiosa?, porque la amargura de toda una vida se dibuja en el labio inferior y éste acaba cayendo, esas mujeres se pasaban las noches insomnes junto a maridos estúpidos e incapaces de ternura, y ellas también, esas mujeres, se quedaban con los ojos abiertos en la oscuridad, cultivando el resentimiento”.
La narradora tiene que esperar a que llegue su relevo y se le hace tarde para la cena que acordó con su pareja. Cuando llega a su departamento, él ya se ha ido. Está sola y decide preparar su cena y poner dos servicios. Piensa, aunque sabe que eso no ocurrirá, que Paco, su pareja, llegará, volverá y tocará el timbre. Ella abrirá (p. 145): “He puesto la mesa para dos, le diría, te estaba esperando, no sé por qué pero te estaba esperando”. Con o sin marido, parece, el labio inferior se le irá colgando


Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Camilo Herrera Cortés

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 62. La rana en la orquídea. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 62

La rana en la orquídea

Por María Gabriela López Suárez

Citlalli observó el reloj, vio que aún faltaban 30 minutos para que su reunión presencial diera inicio, estaba en tiempo. Por suerte, el lugar de la actividad le quedaba cerca de casa. Tomó su bolso, se puso el cubrebocas, los lentes para el sol y salió rumbo a su destino laboral. El calor estaba en su apogeo  y aún era temprano.
          Al llegar a la cafetería donde era la actividad Citlalli observó a su alrededor  para ver si ya estaban ahí sus colegas. Vio que el personal del lugar portaba cubrebocas, las mesas estaban distribuidas cuidando la distancia y para dar cabida a pocos comensales. En uno de los espacios cerca de un ventanal vio a sus compañeros del trabajo. Fue a su encuentro.
          Por fortuna la reunión fue breve, abordaron puntos concretos y delegaron tareas. Eso era algo que Citlalli agradecía. Pensó que la habrían podido hacer de manera virtual, sin embargo, también era importante  la interacción personal con todos los cuidados necesarios, por la pandemia. Ésa era la tercera ocasión que veía a sus colegas en una reunión presencial,  tenían más de un año de trabajar en línea. Se despidió y tomó camino a casa. 
          Verificó la hora, no era ni mediodía. Decidió ir por fruta fresca al mercado, antes buscó si traía la pequeña bolsa de tela donde guardaba el mandado. Ahí estaba en un compartimento de su bolso. Después de comprar su mandado observó a una señora vendiendo orquídeas. La señora se le acercó y le ofreció flores. Citlalli le compró una de las orquídeas que venía cuidadosamente envuelta en una bolsita de plástico. Sin fijarse en más detalles la colocó adentro de su bolsa de tela.
          Mientras regresaba a su domicilio iba pensando en dónde la plantaría. Al llegar a casa sintió un remanso de paz y frescura. Hizo su respectiva sanitización. Después, colocó la orquídea en un recipiente con agua mientras le buscaba espacio en el pequeño jardín que tenían en casa. 
          Al salir al patio verificó cuál sería el lugar más acogedor para la orquídea, decidió que era el árbol de flor de mayo. Fue por la planta y mientras le quitaba la bolsita que la cubría sintió algo frío que rozó su piel y gritó de los nervios. Era una pequeña rana que venía acompañando a la orquídea. Citlalli no se percató de eso cuando la compró ni al ponerla en su bolsa de tela.    
          Sin soltar la planta, se acercó para ver la rana, por el color de su piel podía camuflarse con el tono de las raíces de un árbol o de una hoja seca. Era la primera vez que observaba una rana de ese tipo, las que conocía eran verdes y en tonos amarillentos y cafés. Aún no entendía cómo no se había percatado que venía ahí.
          Colocó la orquídea en una parte del árbol, la regó al tiempo que le susurraba que ojalá le gustara su nuevo hogar. Se quedó pensando si la visita de la rana traía algún mensaje específico, como cuando en las culturas prehispánicas asociaban al croar de las ranas con la llegada de las lluvias. 
          Mientras daba rienda suelta a su imaginación el sonido del timbre de la casa la hizo volver al momento actual. Era Marina, una amiga de la familia, conocedora de cuentos y leyendas. Citlalli sonrió, a ella sería la primera a quien le contaría la presencia de la rana en la orquídea.


 
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 62. La montaña familiar. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 62

La montaña familiar
(Fragmento de mi novela inédita Dadrá, la ciudad de la princesa)


Héctor Cortés Mandujano

  
La montaña tenía variados y extraños arbustos desdibujados, como si en el diseño de la naturaleza no se hubieran podido precisar sus hojas, el color exacto de su crústula, la delineación de los pétalos de “cosas” que parecían flores.
	Quizá se debía a que el paraje estaba teñido con un azul grisáceo que fingía ser la noche.
	El monte parecía una fotografía barrida, tomada en un coche a toda velocidad, por un fotógrafo inexperto.
	El pasto era amarillo, de una brillantez inusual, dado que alumbraba en ese momento no el sol, sino la luna. Ninguna estrella. Ningún viento. El único sonido era el de mis movimientos, el de mi respiración cada vez más agitada, pues la tarea que llevaba a cabo resultaba por momentos extenuante.
	La montaña me pertenecía.
	Mi trabajo era poner, al pie del imponente montículo, los postes de la cerca delimitante. Alguien que conocía la distancia ideal los había dejado tirados para que yo sólo los levantara y los sembrara en los hoyos realizados exprofeso.
	Mi única herramienta era una pala con la que arrojaba la tierra que, también, habían dejado apilada al lado de los agujeros. Lo más extraño de esa noche, de esa montaña y sus montes eran los postes.
	No eran de madera.
	Eran cadáveres de hombres y mujeres jóvenes, de altura similar a la mía (1.85 m aproximadamente), en total desnudez.
	Pero igual los levantaba, los acomodaba en el hoyo y los sembraba casi hasta las rodillas. 
	No olían mal.
	Parecían frescos y ninguno tenía menoscabo alguno en su geografía corporal. Todas, todos tenían los ojos cerrados y una expresión de seriedad. Se podía decir que sus músculos parecían vivos y la belleza en general era muy pareja: ningún abdomen inflado, ninguna adiposidad, ningún rostro desusado.
	Parecían maniquíes hechos, con pequeñas diferencias, sobre una misma base de perfección. Los sexos tenían vello púbico; los pechos femeninos eran perfectos, los genitales masculinos guardaban una proporción ideal al tamaño de los cuerpos.
	Yo estaba vestido con una camisa de satín negro, un pantalón de casimir gris y unos zapatos de vestir recién lustrados. 
	Hubo un momento en que necesité descanso y me senté en una piedra que parecía puesta allí para mi confort.
	Detrás de mí, escuché la voz del maestro:
	—¿Cómo vas? ¿Cómo te sientes?
	—No sé, no entiendo esto…
	—Qué.
	¬—Estos cadáveres, por ejemplo.
	—¿Ya los viste bien?
	—Sí, parecen jóvenes, parecen vivos.
	—En cuanto te sientas descansado, te pido que veas sus rostros con atención.
	Me levanté y lo hice con un hombre, ya sembrado.
	—¡Soy yo!
	Luego vi a una mujer.
	—¡No puede ser, soy yo mismo, en una versión femenina!
	—Así es. Lo que estás haciendo es usar a tus antepasados como protección, como cerco para que puedas avanzar, para separarte y, al mismo tiempo, seguir unido a ellas y a ellos. Mujeres y hombres que te antecedieron son tú mismo, como has descubierto. Este es el inicio de la montaña de tu vida; la montaña es tu futuro en ciernes, es decir, eres tú también aunque aun potencialmente; en la cúspide está lo que puedes ser. Tienes que subir solo, mientras este cerco de muertos/vivos cuidan tus espaldas.
	La luz lunar fue volviéndose más nítida, más clara. Era la nueva mañana. Abrí los ojos, desperté.



Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 61. La espera en primavera. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 61

La espera en primavera

Por María Gabriela López Suárez

Alba y Elisa concretaron irse de mochileras a visitar pueblos fuera de su estado. Además de buenas amigas, tenían la coincidencia de trabajar de manera independiente y eso permitía que sus tiempos libres pudieran ajustarse para tomar unos días de descanso. 
          Ya ubicadas en uno de sus destinos, el primer día madrugaron para aprovechar el tiempo.      Decidieron recorrer el pueblo de San  Miguel, el clima era agradable, soleado pero fresco. En su trayecto no pudieron resistirse a comprar recuerdos y productos de la región. En uno de los puestos Elisa encontró bolsos tradicionales, le gustaron mucho para poder adquirirlos y venderlos en su tienda de artesanías. Sin darse cuenta, en alrededor de un par de horas ya llevaban varias bolsas con las compras realizadas. 
          Mientras seguían su recorrido se detuvieron al inicio de un andador donde a lo lejos se veían varios puestos de antojitos, les venían como anillo al dedo, sobre todo porque aún no desayunaban. 
          –Elisa, ¿te has fijado que parece que fuimos al mercado por la despensa de la semana? Mira cuántas bolsas traemos, hay que fijarnos muy bien para no olvidar alguna.
          –Es cierto Alba, vaya que somos rápidas comprando. Y hablando de eso, ¿entre tu cargamento traes los bolsos tradicionales que compré? 
          – No, creí que los habías agarrado tú después de pagar.
          Luego de revisar el contenido de cada bolsa, preocupadas se dieron cuenta que Elisa había olvidado esos productos en la tienda, varias cuadras atrás. Elisa propuso que ella regresaría a la tienda para avanzar y Alba se quedara con las compras. Pidió a Alba la esperara en la esquina del andador de los antojitos. Acordado esto Elisa partió prometiendo no demorarse tanto, Alba no le creyó del todo, justo porque era la primera vez que recorrían esas calles en un pueblo desconocido para ambas.
           El reloj comenzó a marcar el tiempo, eran las 11:45 de la mañana. Alba decidió sentarse a esperar  bajo el ventanal de una casa, ubicada al inicio del andador. Acomodó las bolsas. Para matar el tiempo quiso revisar sus redes sociales, sin embargo, no había señal. Se arrepintió de no haber llevado algún libro de bolsillo. Vio la hora, las 12:55. Empezó a impacientarse.
          Aprovechó para observar la dinámica en ese andador. Se puso de pie, le gustó el empedrado del piso. Se veía movimiento en donde estaban los puestos de comida, en ambas banquetas del andador. La mayor parte de las personas que transitaban eran mujeres. Se veía señoras ofreciendo sus  productos como blusas y vasos hechos con bambú. Alrededor de donde Alba estaba las paredes tenían murales muy coloridos con rostros de niñas, niños, jóvenes y personas adultas, con detalles que Alba asumió alusivos a elementos culturales que había visto en las artesanías que vendían.
          Sintió un ligero roce en su espalda, giró y se percató que era una rama,  la ventana de la casa estaba bellamente decorada con flores. Se acercó a una de las flores y halló en uno de sus pétalos a una catarina. Para Alba era una linda premonición haberla encontrado, recordó que solían dormir en invierno y salir en primavera, justo la época en que se encontraban. Tan entretenida estaba que olvidó revisar el reloj. En ese momento escuchó la voz de Elisa que gritaba,
          –¡Alba, Alba ya regresé!
          Al tiempo que agitaba alegremente la bolsa con los productos recuperados.
          Alba le devolvió el mensaje con una sonrisa en el rostro y aplaudiendo. La espera en primavera había valido la pena.

 
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.