Voces ensortijadas 63

Los platos especiales

Por María Gabriela López Suárez

Santi y Lalo tenían una encomienda esa mañana, ésta no les había gustado mucho porque ellos habrían preferido ir a la playa, o por lo menos, a la alberca en algún día de vacaciones en Semana Santa. Sin embargo, por la contingencia sanitaria Rodrigo y Trini, sus padres, habían optado por otra propuesta. Les habían prometido enseñarles a hacer papalotes y llevarlos al campo para que los volaran. 
           Trini inició guiando la tarea para los niños, debían acomodar los platos, tazas y vasos que tenían en la vitrina de la casa. Santi, que tenía casi cinco años, miraba con los ojos bien abiertos a su mamá y ponía atención a lo que les decía. 
           –Primero hay que sacar con mucho cuidado todos los platos, luego los vasos y las tazas. Háganlo despacio porque la mayoría son de vidrio. 
          –Con razón están bien pesados—, dijo Lalo, el mayor de los niños, al momento que tomaba uno.
          —¿Todos mami? ¡Son muchísimos! Nunca acabaremos —expresó Santi.
          Trini se aguantó la risa y comentó que le vieran el lado divertido a la tarea. Les señaló que podrían ir aprendiendo la historia de cada parte de la vajilla, los platos lisos en tamaños grande y mediano, los hondos, los tazones, los vasos y las tazas. Para animarlos fue contándoles cuáles habían sido obsequiados por las abuelitas, las tías, amistades y los que habían comprado Rodrigo y ella. El relato iba acompañado con algunas anécdotas, a manera de cuento.
          —Mami, hay platos bien bonitos que no había visto, como para fiesta. Creo que no los hemos usado, como éste —, Lalo extendió su brazo y le entregó el plato a su mamá. Era un plato liso, grande, de barro, con flores bellamente pintadas alrededor.
           Trini se asombró, ya no recordaba ese plato. Les contó brevemente la historia. Era uno de los recuerdos de la bisabuelita Luci. Santi, seguía escuchando con atención, mientras que Lalo limpiaba los platos que le pasaba Trini.
          —Mami, ¿para qué estamos sacando todo esto si lo volveremos a guardar?
          —Muy buena pregunta Santi, aparte de limpiarlos es para que recordemos todo lo que tenemos en la vitrina y como dijo Lalo, lo usemos. Hay varios de ellos que ya no hemos usado, ni me acordaba que los teníamos en nuestra vajilla. ¿A poco no es bonito que tengamos diferentes modelos y que cada día podamos usar uno distinto?
          —Siii, como si cada día tuviéramos  una fiesta, aunque solo seamos nosotros los invitados —señaló Lalo.
          Trini sonrió mientras reflexionaba en lo que Lalo había dicho. Cada día era una oportunidad para festejar la vida con los seres queridos, la  comida era parte de la fiesta y, por lo tanto, no había que esperar tener una celebración para usar los platos especiales.
La expresión de Santi la hizo volver al momento, 
          —¡Miren ya casi acabamos! Solo faltan los vasos y las tazas.
          —Esa parte de la tarea le queda a papá — dijo Trini. Todos sonrieron.
          Trini agradeció a los niños la ayuda, quienes contentos ya empezaban a platicar sobre qué figuras querían hacer para sus papalotes



 
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.