Polvo del camino/ 65

Matamos lo que amamos: vida y muerte de Valentón Grajales*


Héctor Cortés Mandujano

Lo peor que le puede pasar a uno es que un sueño se vuelva realidad

Marcelino Champo, en Vida y destino en un corrido. Grandes éxitos de Valentón Grajales

  
Vida y destino en un corrido. Grandes éxitos de Valentón Grajales (Tifón, 2020), de Marcelino Champo, es un pensado rompecabezas sobre la vida de un cantante popular de ficción, que tiene muchas raíces metidas en la realidad social de nuestro país.
	Su nombre, de hecho, podríamos pensar que es una mezcla de Valentín Elizalde (un mal cantante que se volvió muy famoso a partir de su ejecución) y Julión Álvarez, que canta norteñas, y ha sido llevado y traído con acusaciones e informaciones de todo tipo. Valentón también es de Chiapas y le contó a una de sus amantes (capítulo X) de un pueblo donde una iglesia sumergida en el agua aparece de tanto en tanto, como en La Concordia, de donde, sí, es originario Julión.
	En el celebérrimo cuento “En el bosque”, de Ryunosuke Akutagawa, se cuenta una historia cruenta desde distintas voces, pero los hechos –ese es el propósito– no encajan, no coinciden; lo contrario ocurre en Vida y destino de un corrido, pues Champo ha decidido que, aunque haya muchos narradores, cada pieza agregue un elemento más que complete el cuadro general. Los breves capítulos, cada uno distinto en voz y sentido, embonan en el total de la novela con la perfección con que encajan lo cóncavo y lo convexo. Una de las gracias de un texto polifónico como éste es que pareciera obras de varios (aparece un periodista que escribe una nota, un entrevistador de televisión, el testimonio del fotógrafo que tomó la primera foto del cadáver), de varias (la señorita que entrevista al cuidador de la casa, la mamá que escribe una carta) y, así, el novelista oculto detrás, en este caso Marcelino, deviene organizador del material y, además, demiurgo.
	La brevedad de los capítulos –22, mezclados con cinco descripciones de video– permite que la información sobre la vida, la carrera y el asesinato de Valentón vaya fluyendo sin prisa, pero sin pausa. La riqueza del texto hace que, además de hablar de Valentón, los muchos otros (el hermano, el productor, el asesino), las varias otras (la teibolera, la cantante, la mamá) nos cuenten también rasgos de su vida. 
	La novela trascurre, en su mayor parte, en la Ciudad de México y en su variopinta construcción hay notas, canciones, reportajes, monólogos, fotografías descritas, diálogos, conferencias, entrevistas, metaficción (se habla de la película basada en esta novela), descripciones de video que son parte de una historia de secuestro, asesinato, narcotráfico y el oscuro revés de la actividad artística en nuestro país, donde es más fácil volverse millonario cantando lo que sea, sin cursar ninguna materia escolar, que volviéndose científico con múltiples posgrados.
	En dos discursos, capítulos VII y XVIII, se habla mal de los músicos clásicos que odian la música popular y de los actores de teatro que desprecian el cine de mayorías, tal vez cortes de caja del autor. Me llamó la atención en especial el capítulo I por las alusiones a Rulfo, a su Pedro Páramo: un muerto, Valentón, habla con su mamá muerta y justo como termina aquella novela magistral (Pedro volviéndose piedra) este capítulo inaugural cierra con estas palabras: “Mamá, qué triste es saber que la vida es un camino empinado, donde al menor descuido puedes caerte y quedarte ahí, frente a la nada, en medio de un montón de piedras”.
        La tortura y muerte de Valentón –Eloy Chanona Grajales, su nombre real– tiene como origen un trío sexual, que se sale de cauce. Aparece muerto, tirado, echado a la calle como basura. Venía de la nada y a ella volvió. Era hijo de padre ausente y madre prostituta, de una infancia de privaciones, que es caldo de cultivo para los artistas, como puede comprobarse con muchísimas biografías de gente conspicua.
	Conozco a Marcelino Champo desde que él era adolescente y comenzaba a aparecer como actor en obras de teatro; luego he leído y comentado sus primeras tentativas literarias que poco a poco se fueron volviendo papalotes a los que soltaba cada vez con mayor confianza el hilo.  Vida y destino en un corrido. Grandes éxitos de Valentón Grajales es ya una cometa en el centro del cielo. Y eso me da muchísimo gusto. Qué bueno que en Chiapas haya cada vez más y mejores novelistas. Felicidades, querido Marcelino.

*Texto leído en la presentación del libro. Telar Teatro. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. 16 de abril de 2021.


Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com