Líneas de desnudo/ 46

I ciclo primavera-otoño de Kolaval 2021: Intervención de Antonio Florido en la presentación de La lluvia en las hojas del platanar
Por Manuel Pérez-Petit

De nuevo, con todos los permisos que corresponden, me permito hoy reproducir el texto de Antonio Florido en el evento de presentación de la novela La lluvia en las hojas del platanar, del autor chiapaneco radicado en Jalisco, México, Roger Octavio Gómez Espinosa, número dos de la colección Biblioteca Hispanoamericana Kolaval (BHK), que tuvo lugar el pasado sábado día 10 de abril en el marco del I ciclo primavera-otoño de Kolaval 2021.

La lluvia en las hojas del platanar

            Como dice Karen Armstrong, “La novela, como el mito, nos enseña a ver el mundo de un modo diferente; nos muestra cómo mirar en el interior de nuestro corazón y cómo ver el mundo desde una perspectiva que va más allá de nuestro propio interés”.
            La novela que presento, La lluvia en las hojas del platanar, comienza así, “La costumbre esa de buscar explicaciones te hacía suponer que soñabas…”.  
            Sólo una frase. Una frase que engancha sobremanera a cualquier lector que busca lo diferente, porque nos alerta de lo sutil y complejo de la actividad artística y, en general, de toda actividad creadora. Busca y sueño, el constante desasosiego del hombre reflexivo que toma por bandera de vida la duda, la constante duda.  
            Condenado a buscar el regreso, el ansia constante por la perdura, por conseguir la eternidad en un instante, como afirma Roger Octavio.
            Estamos ante una historia de amor, en un contexto duplicado, entre el cielo y la tierra, mirando a los santos y demonios, al sufrir de los hombres clavados en la tierra. 
            Heráclito Ñuca o Heráclito González. Juego del nombre de todos los nombres. Sulivana será la encargada de contarnos esta historia, por mandado del viejo, que terminó de hablar y así se lo encomendó. 
            Nuestro autor es conceptual, más místico que racionalista, y con su palabra llega a conclusiones que la lógica no puede alcanzar.   
            La terquedad de un hombre-tierra, Heráclito, que se impone la obligación de cultivar unas tierras yermas. Nos habla de su trabajo, siempre con el arado por delante, cueste lo que cueste. Nos sumerge, así, en el eterno mito de Sísifo, trabajando como el primero para conseguir los favores de don Anastasio. Busca el consentimiento de este hacendado para casarse con Alejandra, su hija, pero la vida es difícil y difícil se le van presentando las circunstancias, el rechazo, la diferencia de estatus sociales. 
            El autor nos coloca por delante el mundo mágico y mítico de santos y demonios, que hacen lo que hacen, a su manera. Relación de dos mundos para dar un sentido ontológico a una novela que va más allá de los usos actuales.
            El lector se podría preguntar: ¿Estoy leyendo a Rulfo? ¿A Onetti? ¿A Quiroga? ¿A Juan José Arreola? ¿A Márquez? Y no lo podría asimilar porque nuestro autor bebe de todos y de nadie, es singular en su manera expresiva. Salvaje con las palabras y tiempos, a los que domina de una forma realmente sorpresiva.
            Ponerle veladoras a los santos ayuda, al menos eso cree el imaginario colectivo donde se desarrolla esta historia atemporal. 
            Cobra una especial importancia el sueño, lo más inviolable que tiene lugar en el interior del ser humano. En los sueños los santos y demonios viven. Nos desvían el destino y las decisiones a su antojo, una lucha sin cartel entre unos y otros; sin embargo, sobre la tierra está erguido el personaje de la narración, muriendo y volviendo a la vida de una forma recurrente, el eterno retorno de Nietzsche.
            Ya el título de la novela, La lluvia en las hojas del platanar, es hermoso hasta el crujido, pero uno avanza por ella y la belleza de las palabras le sorprende a cada instante; los sonidos y la liturgia que anida en sus párrafos; la continuidad de la prosa con algunos revoques de flashbacks. Juega con los tiempos de manera magistral, pero uno no se pierde porque ya entró, ya es parte, como lector, de Santa Lucía, de doña Candelaria, de Alejandra. 
            Muerte y renacimiento construidos con los ladrillos de la magia de Roger Octavio, un maestro que comienza a brillar como se merece.
            El autor nos vuelve a sorprender con el uso de las tres voces. A veces narra en primera persona, otras en segunda o tercera, adaptando la voz apropiada a la necesidad de lo contado. Difícil trabajo de creación que le da más valor, aún, al texto.
            “No soportas la soledad…”, nos dice, en una agonía constante, en un susurro develado. Alejandra murió y se ahogó Heráclito, pero ¡qué importan estos hechos cuando sabemos, cuando sentimos en el pozo de nuestras inquietudes, que el hombre es todos los hombres del mundo, y que tras Heráclito vendrá otro nombre, otro hombre distinto, o quizás el mismo. 
            Nos habla del Heráclito niño, de su abuelo, encadenando las generaciones y formando un destino que sólo la mitología y las creencias podrían cambiar. 
            Inundaciones, sequías, desvelos y angustias…sueños, soñar que se vive o vivir soñando, el Uno en el Todo, como un huso acromático que busca el infinito.
            También encontramos en esta novela reminiscencias de La nostalgia de Dios, de Pieter van der Meer.
            “Se acomodó el sombrero y pudieron ver su rostro. Yo soy Heráclito González. Ya estoy de vuelta”, 
            Sulivana de Ñuca nos afirma más todavía en el deseo de conocer a ese tal Heráclito, y a su vida toda, a su esposa e hijos, a su suegro con los desaires y con el orgullo por el hombre al que nunca quiso conocer. Sulivana espera mientras Heráclito mata a Nacho Tacuache, la huida, el lloro por la desdicha de su destierro… 
            La narrativa de Roger Octavio abunda en misterios y magia, cuando un hombre que se ahoga vuelve a la orilla y más que se ahoga y todavía más que regresa. Sus hijos mayores oyeron hablar de su padre, el tal Heráclito, y le ven en pena y el padre llora por la suerte de sus propios, por la palidez de su Alejandra, a la que solamente puede ver en sueños.
            “Hace siete años que moriste. Estás muerto y Alejandra te ha olvidado”, confiesa el narrador de la historia. “Alejandra-Penélope sigue tejiendo la red hablando consigo misma”. Aunque las fuerzas de la naturaleza se desaten en bruscas tempestades, la esperanza siempre perdura en la esencia de esta maravillosa novela.
            “Vivir casi siempre vale la pena. Morir también…”. 
            Termina la historia con el mensaje bellísimo del amor inmenso entre Heráclito y Alejandra, con la grandeza del enorme grano de maíz, representando esas noches en que tus abuelos te cuentan historias y tú te las crees y luego tú mismo se las cuentas a tus hijos y así de manera indefinida pero eterna.
Roger Octavio nos ha escrito una historia maestra no sólo para leerla una vez y otra sino para gozarla como yo he tenido la fortuna de hacer.

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Antonio Florido Lozano es un escritor español.
 
   
 Flyer del evento de presentación de La lluvia en las hojas del platanar.
Fotografía:  Flyer del evento de presentación de la novela La lluvia en las hojas del platanar, de Roger Octavio Gómez Espinosa, en el marco del I ciclo primavera-otoño de Kolaval 2021

https://youtu.be/pw8eutcBaEg

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.