Polvo del camino. 103. Doce canciones. Héctor Cortés Mandujano

Doce canciones

Héctor Cortés Mandujano

Spotify (el servicio que pago para oír música sin interrupciones) hace en automático, con su algoritmo frío, que se supone exacto, una lista de cuáles son las cien canciones que más escuché en el año. De estas tomaré las primeras doce, en el orden en que Spotify dice, de la más a la menos escuchada, para compartirlas contigo lector, lectora; tal vez quieras oír alguna…
          Tu sonrisa, de Silvestre Vázquez, es interpretada por la Banda Filarmónica del CECAM, en el álbum Xëëw (2013; Xëëw significa Fiesta, en idioma mixe), volumen uno. “El CECAM se ubica en la comunidad de Santa María Tlahuitoltepec, en la Sierra Mixe de Oaxaca, donde la música tradicional de bandas filarmónicas es entendida como una identidad histórica y de vida”. La pieza suena absolutamente a pueblo durante casi diez minutos (9:59) y es festiva, alegre, optimista. Así la oigo.
          Qué suerte he tenido de nacer, del argentino Alberto Cortez, del álbum Soy un charlatán de feria (1976). En 2021 decidí hacer un play de canciones que hablaran de la alegría, de la felicidad. No fue fácil, porque la mayoría relaciona lo feliz con que alguien esté a su lado. El amor como sinónimo único del placer o del dolor. Yo quería que las canciones seleccionadas hablaran de ser felices por nosotros mismos. Que ser feliz se planteara como una decisión personal, interna, íntima, que es como yo lo entiendo. Esta, que la oigo desde mi adolescencia, fue de las obvias elegidas: “Qué suerte he tenido de nacer, para estrechar la mano de un amigo y poder asistir, como testigo, al milagro de cada amanecer. […] Qué suerte he tenido de nacer, para tener acceso a la fortuna de ser río en lugar de ser laguna, de ser lluvia en lugar de ver llover”.
          El albertío, de la chilena Violeta Parra (del álbum Las últimas composiciones, 1966) es también de las canciones que oigo desde hace muchísimo. Hablaré de ella en un Polvo del camino posterior. Me cito: “El albertío es un título irónico y se refiere, he pensado desde que la oí, a ser ‘advertido’, pues advertir es un verbo transitivo que implica que una persona puede ‘observarse o percibirse’, es decir, darse cuenta de quién es. Dice Violeta: ‘Vale más en este mundo ser limpio de sentimientos, mucho van de ropa blanca y Dios me libre por dentro. […] Yo te di mi corazón: devuélvemelo enseguida, a tiempo me he dado cuenta que vos no lo merecías. [...] Para llamarse Alberto, hay que ser bien albertío’ ”.
         Ay, mi vidita, del cubano Pedro Luis Ferrer (del álbum Rústico, a dúo con Lena, 2005)  fue una canción con la que me tropecé. Pedro Luis (1952) es guitarrista, cantante y compositor. Ha compuesto una variedad de temas, desde música clásica hasta guarachas. “Ay, mi vidita” es una canción sabrosa, para bailar, pero hay que parar la oreja con la letra: “Nadie te dirá cuál es la flor que debes descifrar, ni la hora exacta de intentar una ilusión. No hay que suponer cuál es la cruz que un día llevarás. Preferible andar a ciegas, con el riesgo de sentir no más”.
          La felicidad ganó el Festival nacional y el internacional OTI en 1975. Es de mi play optimista. La compuso el mexicano Felipe Gil (hoy Felicia Garza) y la cantó como nadie Gualberto Castro. Dice cosas profundas: “¿Quién hizo los muros y no construyó los puentes? Me sobran palabras que nadie comprende. […] ¿Quién tiene más miedo: el niño que teme la noche o el hombre ignorante que teme a su suerte?”.
         Aleluya del silencio fue compuesta por la compositora española María Ostiz (1944) y la canta Raphael (en su álbum homónimo de 1969). Tiene cierta implicación religiosa, que a mí no me molesta, porque busca lo gregario, lo universal. Me encanta su ritmo, su melodía. Dice: “Todo corre deprisa, sin ver nada despide color, nuestras manos sólo piden amor, nuestras voces gritarán, unidas siempre cantarán: aleluya”.
         Triste, de Antonio Carlos Jobim (cantada por él y por Elis Regina, en el álbum Elis & Tom, 1974), es la única canción de mi lista de 12 que está cantada en otro idioma. Es de las clásicas brasileñas. En el traductor de mi compu dice en español: “Triste es vivir en soledad (Triste é viver na solidão), en el cruel dolor de una pasión (na dor cruel de uma paixão). Triste es saber que nadie puede vivir de ilusiones (Triste é saber que ninguém pode viver de ilusão), que nunca será, nunca será (que nunca vai ser, que nunca vai dar)”.
          El marido de la peluquera, del español Pedro Guerra (de su álbum Golosinas, 1995), es una canción dramática, triste: el niño que se enamora de Matilde y logra su sueño de casarse con ella. Matilde se suicida y él la recuerda incesantemente. Pedro es un letrista infalible. Dice: “Cariño y ternura, colonias y besos, te tengo, me tienes, quisiera morirme agarrado a tus pechos. El amor es tan grande, tan sincero y sentido, que un día de lluvia, Matilde acabó por tirarse en el río”.
         Tres estaciones, del cubano Noel Nicola (de su álbum Comienzo el día, 1977), es de mis favoritas de siempre. Noel es de mis imprescindibles. Dijo en alguna ocasión que en Cuba no hay más que tres estaciones, no existe el otoño. Abre con la primera estación: “Hay un tiempo de lluvias por caer, son unos días verdes como amar. Y hay unas ganas grandes de sembrar, y más ganas aún de florecer. ¡Ah, compañera, qué primavera te espera!”.
         Tonada de luna llena, del venezolano Simón Díaz (de su álbum Tonadas, 1973), es una canción sencilla, con una tonalidad muy linda, que ha dado pie a grandes interpretaciones, incluida la de su autor. Este compositor y cantante es también el creador de la súper célebre “Caballo viejo”. Dice en su “Tonada”: “Yo vide una garza mora, dándole combate a un río: así es cómo se enamora tu corazón con el mío”.
          La flor de la canela, de la peruana Chabuca Granda (fue grabada por primera vez en 1953), es una pieza magistral, que me encanta. Chabuca era una maestra. “La flor…” es una canción feliz en su acepción más simple y más profunda: sentir alegría al ver a una mujer que camina, qué maravilla: “Del puente a la alameda, menudo pie la lleva por la vereda que se estremece al ritmo de su cadera. Recogía la risa de la brisa del río y al viento la lanzaba del puente a la alameda”.
         Y sin embargo, te quiero, compuesta por Antonio Quintero, Rafael de León y Manuel Quiroga, es una copla andaluza de 1952. La prefiero en la interpretación de la voz poderosa y llena de matices de Rocío Jurado. La canción es de la prehistoria emocional (hazme lo que quieras, te perdono) y es el retrato de un amor desesperado de una mujer por un hombre. Ella le ha dado todo, lo ama con pasión, tiene un hijo de él y él ni la visita, porque tiene otras mujeres. Pero lo quiere y le es fiel. De tan dramática, llega a ser divertida: “Que se me paren los pulsos si te dejo de querer. Que las campanas me doblen si te falto alguna vez. Eres mi vida y mi muerte, te lo juro, compañero. No debería quererte, no debía de quererte, y sin embargo te quiero”.

***

Mi amiga Rocío Molina me regaló dos plantitas con muy lindas maceteras. Ésta me encantó porque, me dijo, es mi retrato leyendo.


 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Nadia Carolina Cortés Vázquez




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 102. Vagamos en Alejandra. Héctor Cortés Mandujano

Evocadas páginas de otro libro/ IV
Vagamos en Alejandra

Héctor Cortés Mandujano

mis pupilas oscuras piedras caídas

Alejandra Pizarnik, en «Vagar en lo opaco»

Con un abrazo para Nadia, Alfredo, Dalí, Roger y Víctor Hugo,

amables, cálidas, amistosas, cercanísimas compañías

en Puebla, Chilpancingo y Ciudad de México

mis pupilas sobrias sin drogas añejas + mis pupilas niñas de olvido perpetuo + mis pupilas santas de espejo rotos + mis pupilas suaves de ásperas miradas + mis pupilas extrañas de edulcoradas memorias + mis pupilas necias de reacios aprendizajes + mis pupilas volátiles afincadas en tierra + mis pupilas nacientes de blancura absoluta + mis pupilas crepusculares de amores violetas + mis pupilas vivas de furor estremecido + mis pupilas muertas de ayeres conclusos





[Compré en Puebla la Poesía completa, de Alejandra Pizarnik; la comencé a leer allí y la terminé en Guerrero. Leí “Vagar en lo opaco” y en la misma página escribí a mano y casi en automático la derivación que publico. Con Nadia, Alfredo, Dalí, Roger y Víctor Hugo compartimos lugares para dormir, funciones de teatro, desayunos, comidas, tragos e interminables conversaciones, de modo que, aunque ellos no leyeran a Pizarnik conmigo, se volvieron parte de mi experiencia lectora, de la mixtura que siempre hago con leer, escribir, vivir, como si no estuvieran (no están, en mi caso) separadas… Por eso mi vagar se volvió colectivo y mis pupilas, como peces jesuíticos, se multiplicaron.]

 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: HCM




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 101. Tres referencias librescas en «Invisible», de Aute. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 101

Apunte de oído, 6
Tres referencias librescas en "Invisible", de Aute

Héctor Cortés Mandujano

Luis Eduardo Aute Gutiérrez (Manila, Filipinas, 1943-Madrid España, 2020) hablaba muchas lenguas y tuvo varios oficios artísticos: pintor (vivió como tal en París e hizo varias exposiciones; las portadas de algunos de sus discos son obras suyas), cineasta (estuvo detrás de cámaras, como codirector en largos y cortometrajes, y escribió guiones. Su película más conocida la hizo en 2001: Un perro llamado dolor), poeta (publicó La matemática del espejo, La liturgia del desorden, Templo de carne, entre otros), pero es conocido fundamentalmente como cantautor.
	Son suyos los éxitos: Rosas en el mar, La belleza, Sin tu latido, Pasaba por aquí, Al alba, De alguna manera, Siento que te estoy perdiendo… Sus canciones fueron y son grabadas por muchos intérpretes, y dejó para la posteridad muchísimos trabajos discográficos. 
	La canción “Invisible” es parte del disco Aire/Invisible, de 1998, y en ella, como en muchas de sus composiciones, podemos notar las lecturas, el sólido conocimiento de Aute en materia de escritura y composición. La pieza tiene tres estrofas y un estribillo final que se repite. Dice:

“Si yo tuviera el aro de Giges, y le pidiera desaparecer, sólo lo haría para camuflarme de algunos espías, que no quiero ver. Nunca sería para sorprenderte bebiendo de otras ambrosías. Me excita más la alevosía brutal de no verte, cuando no eres mía, cuando no eres mía. Ay, si pudiera ser, si pudiera ser invisible, invisible, invisible, amor, invisible.”
         El anillo de Giges hace referencia al mito que cuenta Platón, en La república (publicado en el año 370 a. C.). Giges era un pastor que encontró en un abismo (que se abrió frente a sus ojos por un terremoto) un caballo de bronce; dentro estaba un cuerpo muerto, que en uno de sus dedos tenía un anillo de oro. Giges lo tomó y se dio cuenta que cuando le daba vuelta se volvía invisible. Con ese poder se hizo soberano del reino de Lidia: sedujo a la reina y con ayuda de ésta mató al rey.

“Si me tomara la mezcla de Griffin, y me esfumara para no volver, sólo lo haría para liberarme de mi biografía, sin dejar de ser. E intentaría que mi transparencia fundiese con tu anatomía. Y ya entrados en herejías, tu concupiscencia me reencarnaría, me reencarnaría. Ay, si pudiera ser, si pudiera ser invisible, invisible, invisible, amor, invisible.”
	Griffin es el protagonista de la novela El hombre invisible, publicada en 1897 y escrita por H. G. Wells. Griffin es un científico que inventa una fórmula que primero aplica a un gato y luego a él mismo para hacerse invisible. Ese poder lo vuelve asesino y loco. 

“Si fuera el gato burlón de Cheshire, haría un trato con mi creador: No sonreiría jamás si consigue que Alicia sonría entre tanto horror. Entregaría al rey mi cabeza, incluso mi cuerpo invisible, si a cambio no fuera posible jamás tu tristeza, tu melancolía, tu melancolía. Ay, si pudiera ser, si pudiera ser invisible, invisible, invisible, amor, invisible.”
	El gato de Cheshire es uno de los tantos personajes estrambóticos que Alicia en el país de las maravillas, célebre novela de Lewis Carroll, publicada en 1865, se encuentra en su loco viaje. El país tiene un rey y una famosa reina roja que a cada momento ordena: “¡Que le corten la cabeza!”. El gato de Cheshire desaparece paulatinamente. En su imagen más icónica, sólo se ve su risa colgada en el aire. Luego, nada.

 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: HCM




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 100. Sí. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 100



Héctor Cortés Mandujano

Lennon (Alfaguara, 2010), de David Foenkinos, con traducción de César Aira, es una novela biográfica dividida en sesiones terapéuticas en las que el célebre exBeatle nos cuenta su vida. Foenkinos, gran fan, dice que la música de los Beatles lo (p. 9) “acompaña desde siempre”, aunque “por momentos no sé qué pienso de John Lennon”.
	El libro, salvo en el epílogo, cede la voz al John Lennon (1940-1980) que, se supone, está hablando con su sicoanalista. Dice en la primera sesión (p. 14): “Una parte de mí mismo está persuadida de que soy un pobre diablo, y la otra piensa que soy Dios”.
	Nació en plena guerra (p. 21): “Al comienzo mismo, oí el ruido de los bombardeos. Yo no vine al mundo. Vine al caos. Liverpool era el blanco de las bombas alemanas”. Sabe, sin embargo, que lo que diga ya lo sabrá quien lo escucha: “Soy tan famoso que mi vida pertenece a todos”.
	Apenas nacer, como las bombas caían (p. 23), “mi tía Mimí me dijo que de inmediato me pusieron debajo de la cama. Como si una cama pudiera atenuar el derrumbe de un techo”.
	Dice en la quinta sesión (p. 49): “El futuro del hombre es volverse mujer. Se van a invertir los roles. Y eso a mí me viene bien. Me siento mujer. Y me siento niño también. No soy adulto”.
	Su infancia no fue fácil. Primero lo abandonó su padre y luego su madre. Vivió con su tía Mimí hasta que encontró a Paul, George y Ringo (me salto al famoso quinto Beatle), que fueron su más cercana familia. George era el más pequeño de todos y el único célibe (p. 84): “Todos asistimos al desvirgamiento de George. No había visto que estábamos ahí. Cuando terminó, encendimos la luz y aplaudimos”.
	La fama del grupo fue tremenda y ellos experimentaron con mucho sexo (había mujeres que hacían fila para compartir instantes de placer) y muchas drogas, hasta que conoció a Yoko (p. 133): “Millones de personas comenzaban a reducirse y a desaparecer, a hundirse en el vacío, a ser olvido en el amor que sentía por una sola persona, una sola persona que reducía el mundo a nada, y ésa es la definición suprema del amor: una persona que reduce el mundo a nada”.
	Paul le pidió que fuera a la exposición de Yoko. Ella no conocía a los Beatles, pero sabía que el millonario John podía financiar su obra. Llegó y la vio, se saludaron y lo dejó solo para que recorriera la muestra de su trabajo (p. 136): “En la primera sala había una escalera que conducía a una lupa. Había que subir y observar la palabra escrita en lo alto. Subí, con miedo de descubrir algo cínico o negativo, pero pude leer: SÍ. Nada más que la palabra ‘sí’ ”.
	Cuando se casaron él tomó el nombre de Yoko (p. 153): “Me llamo John Ono Lennon. […] Yoko es yo”. Ella, dice, le dio la fuerza para divorciarse de los Beatles (p. 161): “Me tomó de la mano y me dijo: la vida está en otra parte”.
	El epílogo cuenta, ya no desde su voz, su asesinato. Hay una foto donde (p. 191) “Lennon firma el álbum del que lo asesinará unas horas más tarde”.
	Después de los cinco tiros a quemarropa (cuatro dan en el blanco), en el coche de policía donde lo llevan al hospital, para que no se duerma le preguntan (p. 192) “ ‘¿Usted es John Lennon’. La respuesta: ‘Sí’. Y será su última palabra”. La misma palabra que leyó cuando conoció a Yoko.

***
Lector, lectora, llegamos juntos  a la columna número cien. Muchas gracias por leerme, por ser mi imagen en el espejo, los ojos del sueño, la otra vida donde me multiplico y donde somos tú, yo, nosotros, todos, todas…
 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Alejandro Nudding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 99. Errar. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 99

Errar

Héctor Cortés Mandujano

Vine a verte, mañana, en un hotel que ya no existe. 
          Has sido sucesiva y sincrónicamente un , un no, un tal vez en el múltiple espacio, el caleidoscópico tiempo de nuestro multiverso idílico.
          Y yo veo lo nuestro (que sería una exageración llamar amor) desde el principio antrópico y desde la teoría de las probabilidades, y el  no siempre termina en beso (incluso, la amorosa moneda echada al azar, a veces ha caído de canto), el no es a veces un encuentro erótico (lo que resignifica y renombra con la lucidez de la locura tu negativa caprichosa)  y el tal vez es una dispersión que va desde no contestar mis mensajes telefónicos hasta borrarme de tus contactos, pasando, en contraste, por mandarme un emoticón romántico y decirle a una de mis amigas que yo soy el hombre de tu vida.
          El jardín de los senderos que se bifurcan sería un retrato móvil de esto que a veces te interesa, a veces tal vez, a veces no. Pero no el cuento de Borges, sino la fisicalidad de un jardín que tuviera todas las posibilidades de tránsito, en todos los tiempos.
           Sé que cualquiera con menos práctica en el pensamiento complejo me diría que tú no eres una individualidad, sino la multitud de mujeres con quienes me he relacionado familiar, amistosa, amorosa y eróticamente, y que yo he hecho una con todas; por eso, incluso, a veces tus ojos, que no son de la misma cara, representen la heterocromía.
            No es así: tú te has llamado de muchas formas (Carmen, Luisa, Carolina, etcétera), pero eres única, y te recuerdo lo mismo en el jardín de la infancia, que cuando partí mi pastel de cumpleaños número 40. Y te he visto en las nubes y en el árbol de espinas, y en el frondoso nambimbo de cuando niño, y en los sueños…
            Pero tu más reciente encarnación me hace perder la paciencia y la esperanza, porque siento que no estás cuando estás, que no te vas cuando te vas, que has enredado tu existencia (cambiante, polimorfa, isótropa) a lo que yo llamo mi vida, que más parece una copia deforme de la tuya.
            Pero la existencia, me dice mi incesante pensamiento, es prueba de su extremo contrario: el deceso, la ausencia, la falta.
            El hotel sigue allí, ayer: tú no existes.


 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Alejandro Nudding




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Héctor Cortés Mandujano

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Polvo del camino. 98. Écfrasis. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 98

Écfrasis

Héctor Cortés Mandujano


Dice Renoir, citado en El impresionismo (Editorial Hermes, 1957), de Peter de Francia, con 24 reproducciones seleccionadas por Viktor Griessmaier (p. 5): “Una mañana estábamos pintando cuando uno de nosotros se quedó sin negro y empleó en su lugar el azul… El impresionismo había nacido”.
	El impresionismo no buscaba la fotografía perfecta, sino comunicar la impresión del pintor ante lo que miraba. No fue fácil al principio, porque (p. 7) “la imagen más bien resume que explica y la pintura tiene una cualidad que la hace parecer instintiva”. 
	La gente quería que la pintura fuera bonita, fiel al modelo, y por eso (p. 8) “el impresionismo señala el comienzo de una violenta aceleración del divorcio radical entre el público y el artista”.
	En la lámina 11, “Le Pont Neuf”, de Auguste Renoir, escribe el crítico: “Realistas en su temática, los impresionistas lo eran aún más en sus esfuerzos por transcribir ese elemento de la naturaleza que es el más realista y a la vez el menos expresable, el más fugaz: el espacio expresado en términos de atmósfera”.

Sobre el mismo tema leo-veo el libro de gran formato, con reproducciones en fino papel, en vivos colores, El salón de los impresionistas: Pissarro, Manet, Degas, Monet, Renoir, que forma parte de la colección Los grandes maestros de la pintura universal (Fabbri Editori, 1980), en donde cada selección de reproducciones (catorce de cada uno) es acompañada por una biografía y un ensayo.
	Cita Dario Durbe en su ensayo lo que Edouard Manet dijo luego de no ser comprendido como artista durante su accidentada vida (p. 35): “No me disgustaría poder leer finalmente, mientras aún vivo, el extraordinario artículo que me dedicarán apenas muera”.
	Claude Monet (“Pinto como canta el pájaro”), dice Alberto Martini, pintaba sin los detalles que requiere la mirada atenta y diferenciadora, puntillosa y clínica. Cézanne dijo de él (p. 104): “Monet solamente es un ojo, pero ¡mi Dios, qué ojo!”. Una anécdota define su interés (p. 107): “Cuando Renoir lo lleva al Louvre a estudiar a los maestros él prefiere mirar por la ventana y anotar sobre la tela las impresiones que la naturaleza suscita directamente sobre él” (el cuadro está en el libro, se llama Saint-Germain l’Auxerrois).  
	Pierre Auguste Renoir también se sentía muy atraído por la naturaleza. Dice Alberto Martini en su ensayo (p. 132) “Ante la elección de la representación de una flor o de una ‘idea’, Renoir no duda en elegir la primera”.
	Cita directamente a Renoir (p. 134): “A mí me gustan los cuadros que me provocan el deseo de pasearme dentro de ellos si representan paisajes, de acariciarlos si representan mujeres”.
	Lo dicho aquí, claro, es sólo écfrasis (“descripción precisa y detallada de un objeto artístico”, según la RAE); lo ideal será, lector, lectora, que mires los cuadros, que te metas a ellos, que los sientas y, si quieres, hagas tu propia écfrasis. Te abrazo.

 


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Ilustración: Alejandro Nudding




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Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 97. La venosa. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 97

La venosa

Héctor Cortés Mandujano



Aunque supongo que la venden en todas partes fue en Oaxaca donde probé la cerveza Vicky con agregados a su sabor. Me llamó la atención lo que dice la etiqueta de la primera que tomé (sólo dos, no vayan a creer): “Chela chingona con chamoy y mango”.
	Recordé que fue polémico el comercial de Victoria, su cerveza emblemática: “La primera cerveza hecha con lo más chingón de México”. Remarca la publicidad, para que quede claro el mensaje, la palabra chingón.
	Hubo durante muchos años prohibiciones tácitas y escritas sobre no decir palabrotas en el cine: se decía, con eufemismos, hijos de la guayaba o de la tostada, hasta que las mentadas de madre fueron lo más socorrido de nuestro cine; en la televisión abierta son ya más permisivos, porque Youtube y las redes pulverizaron la prohibición; en los periódicos ahora menudean; en las canciones que pasaban en la radio sólo se sugerían (La rajita de canela, Voy a apagar la luz, Qué culpa tiene la estaca, etcétera), hasta que empezaron a decirse sin el menor recato…
	Los conductores, noticiarios, actores y actrices, gente famosa, ocultaban su modo de hablar. Que Sara García, la abuelita del cine nacional, dijera groserías parecía el fin del mundo. Ahora es normal que todo mundo en todos lados llame al pan, pan y al sobaco, sobaco sin ruborizarse.
	El único bastión donde la prohibición no hizo mella casi nunca fue en los libros, tal vez porque, aunque a algunos regímenes totalitarios les parecen peligrosos, tienen y siempre han tenido pocos lectores. Que se vayan a la chingada, pensaron quizás.
	Pero la última puerta, creo, que se está derrumbando es la publicidad y los nombres de los negocios. Se tenía miedo, también supongo, de que la gente se alejara del producto o del negocio que tuviera alguna mala palabra. Pero no ha sucedido, sigo suponiendo, con la cerveza Victoria.
	En los negocios siempre han tratado de esconder la palabra con sugerencias más o menos creativas, más o menos simples. Por ejemplo, llamar a un motel Rapid-inn en Tuxtla (sobre el Libramiento Sur) o una taquería Ay Güey (en la Quinta Norte) o cosas así.
	Por eso me sorprendió que en pleno Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas, frente a la Plaza Cristal, sin duda la más popular, la que más gente recibe, hubiera una cantina que se llamara sin darle muchas vueltas, con meridiana claridad, Don Vergas. En la entrada, además, con un albur sin rebuscar, escribieron: “Siéntate a gusto”. 
	Antes hubo una cantina que se llamaba el Chomeme (otro subterfugio para referirse a la verga) y otra El abajeño (que democráticamente se refería a los dos sexos); es decir se podía hacer alusiones al sexo usando trucos verbales que parecían, por el nombre sonoro de Don Vergas, se irían a dormir a las redes de la modosidad. 
	Chingón se dice hasta en las mejores familias y Verga ha sido la palabra más condenada y, por lo mismo, la que más dice la gente en Chiapas. Victoria pone la palabra chingón como una palabra común y Don Vergas normalizaba la satanizada expresión sobre el falo y abría la posibilidad de que algún otro negocio se llamara con otras palabras que existen pero se esconden por educación, por prudencia, por hipocresía, por tantas cosas… 
Don Vergas duró llamándose así durante meses, pero le llegó, supongo, la  admonición amenazante y ahora, con los remilgos de no hincarse ante la autoridad y dar su brazo a torcer, se llama con la misma tipografía y colores Don Vengas, que ya suena absurdo. Según yo hubiera sido mejor que cambiaran completamente de nombre, porque así nomás parece que –en acatamiento a la orden de le cambias o le cambias– se hubieran hecho la jarocha…
 



 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Alejandro Nudding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 96. Palinodia del cuerpo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 96

Palinodia del cuerpo
(Sobre la exposición de Juan Ángel Esteban Cruz)

Héctor Cortés Mandujano




1. La muchacha, enamorada de sí misma, ve sus pupilas hermosas en el espejo. Detrás de ellas, una bola blanca y sanguinolenta, llena de misteriosas conexiones, está oculta en el interior de su rostro, como sarmentosa raíz oscura, en el revés de su ojo. 
         Debajo de su ombligo lúbrico, piel adentro, las costillas flotan mientras la sangre escurre, camina, corre, brota de un manantial recurrente y cansino. Sus pechos opimos muestran a ilusos la majestuosa apariencia superficial de la belleza, mientras late debajo un corazón hecho de viejos y revueltos huesos sangrantes.  

2. Levanta el pedante su brazo admonitorio y cree decir palabras que no son más que ecos repetidos de la nada eterna y sucesiva. El hombre vivo es sólo el montón de huesos que sostienen la ilusión de los cabellos, los labios, el sexo. La vida es la última línea de claridad, en el ocaso, antes de que caiga sobre ella la noche definitiva, unánime.

3. Aquel hombre genial, esta mujer encantadora, ese niño inocente, y también la vieja sabia, el anciano insoportable… todas, todos, alguna vez seremos comida fácil para los insectos que acomodarán los cráneos mondos sobre sus patas implacables, para los zopilotes que esperarán con paciencia nuestro último suspiro y que desdeñarán nuestras joyas para yantar a gusto en nuestras vísceras, en nuestra carne magra. Nos volveremos sólo huesos que roer para quien, después, será comido por otros, hasta llegar al revuelto polvo al que nos integraremos antes de volvernos aire, luz, vacío, nada…

¿Cuántos órganos se involucran en el acto mágico de ver? Muchos, algunos tan invisibles como la memoria: veo esos ojos y recuerdo a una mujer a la que quise, miro la tarde y mi padre muerto me pide que caminemos juntos. Además, el color no existe. Y el tiempo es una mezcla inextricable de ayeres, este instante y tal vez mañanas. Vemos distinto cuando somos niños, cuando jóvenes, de viejos. Y somos todos los sexos, todos los animales, todas las posibilidades: los mundos, los universos.
	Juan Ángel Esteban Cruz mira y pinta desde la profunda oscuridad que somos nosotros, que él es. Tiene la luz de la inteligencia y la sombra del arte que camina dando palos de ciego. Sabe que detrás de la bella escenografía están las maderas empatadas, los clavos enmohecidos, el cartón rompiéndose, y eso le importa más que la boca pintada con el uso maestro del bilé. 
         Esta exposición es su visión panóptica y su mirada fija; lo que ve, imagina y sueña en la duermevela, el sueño paradójico, la pesadilla.
	El otro salto es saber cómo nuestra mirada puede volverse esa raya, ese color, aquel dibujo, esta obra. Y allí ya entra el concepto, que es un quebradero de cabeza: arte. El arte es volver a nuestros orígenes, se ha dicho desde la filosofía. Y somos esqueletos, sangre, negruras, alimento para otros, carnada, misterio. Eso nos dicen estas imágenes.
	El ojo, el cerebro, la memoria, la mano, la vida de Juan Ángel Esteban Cruz están en estas representaciones que nos inquietan, nos inquieren, nos envuelven en algo que está más allá de él, que las hizo, y más allá de nosotros, que las contemplamos. 
        En ese más allá donde tiembla el agua del manantial interminable del arte eterno, de la muerte que nos espera, que nos hace señas obscenas y, a la par, guiños sugerentes. 

4. Parece que los cuerpos se retractaran de su vestido de carne en las pinturas de Juan Ángel: El gallo es una aparición de huesos y ectoplasma, que intenta cantar en el aire gris de la no materia. No termina la tortura en el esqueleto que se halla atado con alambre de púas y parece gritar piedad desde su boca seca, desde sus ojos huecos. Es bello el pez azul que, como Caronte de espléndida cola, parece arrastrar un cadáver en las aguas de la muerte, pero en las aguas rojas el pez también es una colección de huesos, una aparición que aletea, con la grandiosidad de su veste carmesí, en las profundidades de la nada…

5. Al imago no llegan estas imágenes, estas apariciones, son palinodia del cuerpo: el gazapo bicéfalo es devorado o alimentado, lo mismo da (¿quién dice que no es lo mismo estar vivo que muerto?), por un homúnculo femenino, mientras parecen caer en un abismo azul de resplandores rojizos. La muerte escarlata toca la tarantela de los muertos. La mujer y la calavera están a punto de pasarse, en un beso, el pez violeta del amor.

*Texto incluido en la exposición Palinodia del cuerpo, de Juan Ángel Esteban Cruz, inaugurada el 19 de noviembre de 2021, en Telar Teatro, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas 



 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 95. Tres piedras para Sísifo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 95

Tres piedras para Sísifo

Héctor Cortés Mandujano

¿Ha visto usted un tigre en una jaula?

Lo mismo es el hombre que quiere conseguir algo grande.

Va y viene frente a los barrotes

Roberto Arlt, en Los lanzallamas


Roxana Carbajal tuvo un padre que la marcó en dos sentidos: un territorio y un oficio, Chiapas y el teatro. Era actor y era chiapaneco. Roxana vino a Chiapas, se ha quedado hasta la fecha aquí, se volvió actriz y dio, además, un siguiente paso: es dramaturga.
          He tenido la suerte de acompañar sus procesos de creación, que hasta el momento se han concretado en tres obras de teatro: Mariposas posadas en el polvo, Salir al sol y Coyotes sedientos.
          Si tuviera que encontrar un hilo conductor en sus tramas diría que es el encierro y la necesidad, incluso la urgencia de escapar. En Mariposas posadas en el polvo la pareja protagónica está dando vueltas a una vida que ya ni siquiera tiene. Hablan desde lo interregno, como los seres de Comala, como los personajes de Un hogar sólido. En su vorágine de culpas y dolor también está dando vueltas su hija. Como Sísifo, los tres suben la piedra del sufrimiento hasta la cúspide y caen con ella para volverla a subir y volver a caer, eternamente.
           En Salir al sol, los jóvenes que hacen una huelga se encierran en un salón al que vuelven su centro de operaciones. Es curioso el contrasentido: los que buscan la libertad, se encierran voluntariamente y el quid de la obra es si van a decidirse a salir o se quedarán en su cárcel voluntaria de manera indefinida. Quedarse en la sombra o salir al sol es su disyuntiva.
          En Coyotes sedientos dos niños están encerrados en un pueblo que los castiga, los golpea, los segrega, los daña. Quieren escapar. Uno lo hace primero, en condiciones de subordinación; la otra lo hará sin que, en la obra, eso sea necesariamente una liberación. Ya no son niños, pero la soledad, el desarraigo, el dolor ya no los une, los separa en definitiva. Quién sabe si alguna vez puedan saciar su sed de saberse aceptados, queridos. Tal vez siempre sean coyotes sedientos.
          Hasta el momento, digamos, la poética de Roxana Carbajal está ligada a la infelicidad como santo y seña de la humanidad de sus personajes. Hay, de momento, poco lugar para la risa, aunque en Salir el sol y en Coyotes sedientos ya haya menos opresión, más ventanas que en Mariposas posadas en el polvo, en cuyas vidas perdidas las puertas están selladas. 

Pero estamos aquí para celebrar, justamente, la publicación de Mariposas en el polvo, editada por Tifón, con diseño e ilustración de Juventino Sánchez. En la contraportada escribí un pequeño texto, que les leo: “La historia ya pasó y los personajes estuvieron enamorados, fundaron una familia, tuvieron hijos. Ya no están. En qué consistió el amor, qué es el amor, por qué se termina, en qué se convierte.
          “Mariposas posadas en el polvo, de Roxana Carbajal, no sólo hace las preguntas, sino intenta las respuestas. Lo hace desde la conciencia femenina, desde una escritura que elude las obviedades y trata de calar hondo.
          “Es un privilegio ser testigo de cómo nace una nueva dramaturga y es alentador que no se quiera entretener con gracejadas inocuas, con caminos trillados. Este es su primer paso y es firme, asentado. Lo bueno de iniciar un camino es que hay poco pasado y mucho futuro. Roxana Carbajal tiene talento y disciplina para llegar lejos, hasta donde su imaginación la lleve. Ojalá nunca se conforme, nunca se detenga.”

*Texto leído en la presentación de Mariposas en el polvo, de Roxana Carbajal. 6 de noviembre de 2020. Galería Rodolfo Disner. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.



 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Alejandro Nudding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 94. Camino a Nothing. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 94

Camino a Nothing

Héctor Cortés Mandujano

Haré un poema sobre nada:

Guillaume de Poitiers (1071-1126), en «Canción»

—Se dice nathing; incluso, arrastras un poquito la t, para hacer el sonido de la th.
          —Yo digo nothing.
          —Está mal.
          —No me importa. Podría decir nething, nithing, nuthing, da lo mismo.
          —Si no vas a seguir las reglas, ¿por qué decidiste poner un título con una palabra en inglés?
          —Para mí nothing sólo es una palabra y yo soy dueño de todas las palabras que conozco, que existen y que invento. Puedo usarlas a mi antojo y darles incluso (como proponía Carroll, en su Alicia) el significado que quiera. Me da igual que estén en ruso, en esperanto o en jerigonza…
          —Es que, insisto, hay reglas.
          —Claro, algunas las conozco y las sigo, otras no me importan.
          —En fin, lo que ocurre es que tu título habla de ir rumbo a algo que se llama Nothing.
          —Podría llamarse de otra manera.
          —Nothing significa literalmente nada.
          —¿Ah, sí? Da igual: nada, todo, Tuxtla Gutiérrez, Tlaquepaque, New York.
          —Lo que escribes ¿es un cuento, un poema, un ensayo, una novela, una obra de teatro?
          —No sé. La palabra camino también es nada. Vamos a suponer que hablara del camino a Nothing. Si se habla del camino no significa que un personaje vaya para allá o esté allá, porque el camino, por antonomasia, es tránsito, no llegada; por otra parte, en ese camino puede venir alguien de Nothing en sentido contrario, es decir, ya fue y vuelve, lo que quitaría cualquier importancia a Nothing. Es decir, como te decía, “camino” y “Nothing”, aunque ésta esté en mayúscula y en cursivas, no tienen significado. Son palabras trasparentes, fantasmales.
          —¿Y la a?
          —La pobre a significa menos que nada. ¿Para qué serviría esa vocal puesta en mitad del margen superior de una hoja en blanco, qué significaría? Podría inducir a que alguien imaginara que se hablará de la vocal, de esa concretamente, pero no es el caso.
          —¿Entonces?
          —Lo que tú supones que es un título es nada, una página en blanco: camino, decíamos, es tránsito, movimiento del caminante, si es que hay alguno; si no, vía inmóvil; Nothing es nada, porque la propuesta es hablar del camino no del destino final, y la a es un animalito abandonado a su suerte, que sólo tiene sentido si existen las palabras de antes o de después.
          —¿Entonces?
          —Lo que quiero decirte es que nada de lo que se escribe, se lee o se dice significa algo concreto, salvo que tú conozcas de antemano el significado o el idioma en que se dice. Papá, corazón, amor, mundo valen lo mismo que perro, metal, odio, infinito y podrían ser intercambiables, no traen nada encima: tú se lo pones, tú les das la significación o la importancia que quieras. En otro idioma son nada, nothing. Las palabras por sí mismas –estas mismas con las que trato de explicarte– son espejos sin reflejo, piedras sin peso, venas sin sangre…
          —¿Entonces?
          —Entonces, nathing.


 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Fotografía: Mario Robles




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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