Polvo del camino. 344. Los contravenenos del día. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 344

Los contravenenos del día
(Cuento)
Segunda de dos partes
Héctor Cortés Mandujano

2

Volvió de nuevo mi mujer y me dijo que me fuera a trabajar; yo, alelado, me vestí y subí a mi coche, lo encendí y me incorporé a la carretera cercana. Al lado derecho había un campo de cuidado pasto y al izquierdo, un bosque.
Tuve que frenar, porque frente a mí, una vaca estaba parada en mitad de la carretera. Le toqué el claxon. La vaca me dijo:
—¡No hagas escándalo, porque tu mujer va a oírnos!
—¿Hablas?
—¡Claro que sí, tonto! Soy Rina.
Y la vaca se transformó en una muchacha de no malos bigotes.
—¿Rina?
—Sí, Rina, tu amante, ¿o ya te olvidaste?
Se subió al coche, seguí manejando. Rina iba a decirme algo más, cuando de pronto el coche comenzó a elevarse por los aires. Rina gritó:
—¡Es tu mujer, seguramente me va a volver aire de nuevo!
Fue lo último que dijo. En su lugar, nada había. El coche, volando, regresó hasta la casa, yo me bajé, abrí la puerta de entrada y llegué a la recámara, me senté y quedé con los pensamientos enganchados en la nada. Mi mujer salió del baño y me dijo:
—¿Todavía estás allí, papando moscas? ¿No te vas a quitar el pijama? ¡Son las doce del día!
—Yo ya me había cambiado e ido al trabajo, pero tú me hiciste volver. Convertiste en aire a Rina, la vaca…
—¿Rina, la vaca? ¿Es un personaje de tus cuentos? Mira, levántate, hay café caliente en la cafetera, fruta picada y tu desayuno servido…
—¿Adónde vas?
—Al súper y a pintarme el pelo. Si se me hace tarde, compraré comida, ¿se te antoja algo especial?
—Tú embrujaste a Rina.
—Héctor, pareces un niño tonto, de veras. Te pasas leyendo y viendo películas, ¿y llegas a estas conclusiones? ¿Qué, sólo lees comics, sólo ves las de Walt Disney?
—No, ayer vi La odisea, de Christopher Nolan…
—Ese es otro como tú, que anda con la cabeza en otra parte. Mira que poner a Lupita Moñoñongo como Helena de Troya.
—Lupita Nyong’o se llama la actriz afroamericana que hace a Helena.
—Como se llame. Bueno, se me hace tarde. Después del desayuno, te metes al estudio a escribir. Te puse un aromatizante para que te inspires. Lo pensé bien y te voy a revelar, antes de irme, tu realidad: eres un escritor y ganaste un premio, una residencia en esta hermosa casa de campo para que escribas una novela. Y yo vine contigo, porque te quiero y porque eres un retrasado manual y no sabes ni encender la estufa.
—¿Y eres bruja o no?
—En tus sueños, pero como dices en tus rollos budistas, la realidad no existe y los sueños ni a eso llegan. Los sueños, sueños son, como dice el clásico que citas con frecuencia.
Se va y regresa, habla sibilinamente mientras estira sus manos blancas, con uñas pintadas de rojo, hacia mi rostro.
—Okey, te voy a revelar el secreto que ya descubriste en tus sueños. Soy una bruja. ¡Cacle, cacle! Y estás bajo mi poder, eres mío, ¡mío!
Se da la vuelta y se va riendo como bruja.

Rico café, rico desayuno. Entro a mi estudio y huele a gardenias. Un post de mi mujer dice: “Para que te acuerdes de tu rancho”. ¿Se refiere a la finca donde nací o a Villaflores? Ninguno de los dos es rancho. Qué llevada.
Enciendo mi computadora –¡Bienvenido, Héctor!– y abro el archivo en el que estoy trabajando. Es una novela que se llama Los contravenenos del día. Es sobre un escritor que descubre que su mujer no es una ama de casa, sino una temible narcotraficante…
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Casa de citas. 806. Cosas que nunca vuelven. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 806

Cosas que nunca vuelven
Héctor Cortés Mandujano

¿Quién nos ha traído aquí desde el limo primordial?
¿Adónde nos encaminamos? ¿Cuál es el gran plan?

Don DeLillo

He leído varias novelas de Don DeLillo. Leo ahora Fin de campo (Seix Barral, 2016), la segunda que escribió, con traducción de Javier Calvo.
Aunque el tema central es el futbol americano y sus practicantes, evidentemente se mueve hacia otros temas; hacia el lenguaje, por ejemplo (p. 102): “Las palabras no explican, no clarifican, no expresan. Son calmantes. Todo se vuelve abstracto”.
Gary Harkness, el protagonista, platica sobre el futbol americano con Zapalac, quien le dice (p. 194): “Rechazo la noción del futbol americano entendido como guerra. La guerra es la guerra. No nos hacen falta sustitutos porque ya tenemos el original. El futbol es disciplina. Es amor de equipo. Es razón más pasión”.
Esta es una descripción interesante de lo que pasa en las regaderas de los equipos (p. 203): “En uno de los retretes había alguien intentando vomitar. Era un ruido conmovedor, monumentalmente ronco, apasionado y extrañamente carente de urgencia. Una manada de focas”.
Una ampliación al concepto del juego (p. 234): “El futbol americano es un complejo de sistemas. No se parece a ningún otro deporte. Cuando se juega como es debido, es el entrelazamiento de una serie de sistemas. El individuo. El pequeño grupúsculo del que forma parte. La unidad mayor, el grupo de once. La gente hace énfasis en la violencia. Pero ése es el menor de sus componentes. El futbol americano sólo es brutal visto de lejos. En el centro hay calma, hay tranquilidad. Los jugadores aceptan el dolor. Hay una sensación de orden incluso al final de una jugada de carrera de esas que dejan el campo lleno de cuerpos tirados. Cuando los sistemas se entrelazan, el juego produce una satisfacción que no se puede imitar. Se genera armonía”.
Se reflexiona sobre muchas cosas, porque no es esta una novela escrita para convertirse en bestseller (p. 248): “El amor es una vía de salvación. Nos hace menos imperfectos y nos acerca a la inmortalidad”.

***

Excepto tú mismo tal vez nadie puede ser
tu enemigo

Emily Dickinson,
poema 384

Leo un libro que tiene casi todos los poemas que escribió Emily Dickinson, a la que leo sin pausa desde hace mucho. El libro se llama Poemas (Editorial Planeta, 2019), traducido por Silvina Ocampo.
Dice su síntesis biográfica (p. 5): “Al cumplir veinte años decidió alejarse del mundo, manteniendo el contacto con un número reducido de amistades en intensas y exigentes relaciones epistolares a las que hoy recurren aquellos que desean ahondar en la singular personalidad de Dickinson. Sin salir de su casa de Amherst, escribió casi dos mil poemas”.
Los poemas solo tienen como título un número consecutivo. Escribe en el 191 (pp. 61-62): “¡Los cielos no pueden guardar secretos!/ ¡Lo dicen a las montañas!–/ las montañas las dicen al vergel–/ y el vergel– a los narcisos. [...] ¿si el verano fuera un axioma?–/ qué brujería tendría la nieve?”.
En 254 dice: “ ‘Esperanza’ es algo con plumas–/ que se posa en el alma–/ y canta una melodía sin palabras–/ y nunca se detiene –totalmente–”.
Lo he dicho en otras ocasiones que he citado a mi admirada Dickinson: sus poemas tienen guiones a los que no hay que hacerles mucho caso. Así los dejó en sus poemas. En el poema 288 habla sobre la poca importancia de lo que somos (p. 84): “¡Soy nadie! ¿Quién eres?/ ¿Eres –nadie– también? ¡Somos entonces un par! [...] ¡Qué horrible –ser– alguien! Qué impudicia –como una rana–/ decir nuestro nombre –todo el santo día–/ a un admirativo pantano”.
Hay verdades rotundas en sus versos. El 335 (p. 100) dice: “No es morir lo que duele más–/ es vivir”.
Dice en el 413 (p. 120): “Si Dios pudiera hacer una visita–/ o dormir una siestita–/ para no vernos–/ pero dicen/ que él mismo –es un telescopio/ perenne que nos mira”.
En el 443 (p. 129): “Tenemos una bomba–/ que llevamos sobre el pecho”.
En el 861 escribe (p. 263): “Parte la alondra –y encontrarás su música–/ bulbo tras bulbo, en plata envuelto” y en el 887 (p. 263): “Sobrevivimos al amor, como a otras cosas/ y lo guardamos en el cajón”.
Se ha dicho de varias formas (la más famosa está en El Principito), Dickinson lo dice así en el 998 (p. 281): “Las mejores cosas moran fuera de la vista”.
Muchos de sus poemas son brevísimos. El 1212 lo trascribo completamente (p. 310): “Algunos dicen/ que la palabra muere/ al ser dicha./ Yo digo que empieza/ a vivir/ ese día”.
Dice en el 1515 (p. 352): “Las cosas que nunca vuelven son numerosas–/ infancia–algunas formas de esperanza –los muertos”.
Un último, el 1640 completo (pp. 366-367): “Sacadme todo lo que tengo, pero dejadme el éxtasis,/ soy más rica que todos los hombres–/ me duele morar con tanta riqueza/ cuando a mi puerta hay quienes poseen mucho más,/ en abyecta miseria–”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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Fotografía: Efrem Efre : https://www.pexels.com/photo/bench-black-and-white-city-man-13907678/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 343. Los contravenenos del día. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 343

Los contravenenos del día
(Cuento)
Primera de dos partes
Héctor Cortés Mandujano

1

Es de mañana. Le cuento a mi mujer lo que soñé:
—Estábamos tú y yo en un salón lujosísimo, como de Las mil y una noches…
—Nunca he estado en un salón de una novela o de una película, no sé en cuál de las dos te inspiraste para tu sueño.
—Imagínate tener todo el dinero del mundo y gastarlo sin medida: poner rubíes en trastos elegantes de cristal cortado, tener cuadros de colección, esculturas antiguas y modernas, el lujo a su máxima potencia. Las cucharas que había allí, por ejemplo, costaban lo que cuesta un coche de colección… Pero eso no importa, tú estabas en un ataque de rabia y allí descubrí lo que verdaderamente eras: una bruja.
—Mi vida, ten cuidado con lo que me vas a decir…
—Y entonces tu cara se transformaba y tus manos, con unas uñotas largas y pintadas de negro, las dirigías a todos lados y adonde llegaban los rayos que salían de tus dedos embrujabas las cortinas, los platos, las sillas, los objetos en general…
—Qué absurdo, para qué embrujar esas cosas. Conste que no era yo, sino tu sueño. La lógica, es un decir, de esta fantasía, es tuya, no mía.
—Y me mirabas, y allí me daba cuenta de que ibas a embrujarme y corría y me metía en un baño (¡la taza era de oro!), ponía la llave y el pasador, pero tú, con tus poderes, hacías que se abrieran. En ese instante yo tomaba una decisión: iba a fingir declararme vencido ante tu embrujo, pero iba a preservar una parte pequeña de mí, de mi interior, para ser testigo de tus maldades y tratar de, eventualmente, vencerte…
—¿Va a tardar mucho en pasar algo importante en tu sueño? Porque voy a salir.
—Cuando me dijiste “Oím sere, Rotceh”, con una voz profunda, levanté las manos, como si estuviera sonámbulo, y puse cara de tonto para que creyeras que ya estaba bajo tu poder…
—Supongo que no te costó demasiado; digo, porque eres buen actor. ¿Y qué fue lo que dije, en que idioma?
— “Héctor, eres mío”, al revés, así hablan las brujas.
—Ah.
—Salimos y yo te iba siguiendo. Por cierto, ibas muy bien vestidita: una bata negra y suelta de tela maravillosa, unas botas de brillo genial (se notaban muy finas) y tu cabello negrísimo. Frente a nosotros volaba un cuervo, que iba atento por si había enemigos. Llegamos a la orilla de una enorme laguna de aguas claras; entonces, me tomaste del pelo, me inclinaste y me convertiste en escoba, te montaste sobre mí y salimos volando. Llegamos a tu castillo tenebroso, alumbrado por candelabros. En la mesa había cráneos y olía tremendamente a mota…
—¿Y por qué sin luz? Si era una bruja poderosa pude haber contratado luz eléctrica, ¿no? Embrujar a la CFE.
—Espera. Eso hiciste, una brujería: el castillo se fue transformando en una casa de campo. El caballo que estaba afuera se volvió un coche negro, como el que se ve allí, detrás de la ventana, y la construcción se volvió ésta: una casa de campo, con una carretera al lado y un bosque enfrente…
—¿Es todo? Qué sueño tan chistoso.
—¿Te digo una cosa? Las brujas, desde que nacen, tienen el pelo blanco, es algo que no pueden evitar. Generalmente usan pelucas. Y ahora veo que, aunque tu cabello en este plano de la realidad es güero, rubio, tus raíces están blancas. ¿Por qué no dejas de fingir y me cuentas la verdad?
—Ay, mi amor, tengo las raíces blancas, porque tengo sesenta años. Hoy voy a ir al salón de belleza para que me pongan el tinte. Soy rubia desde niña, güera, por eso me dices así. Todos los días sueñas, no entiendo porque supones que anoche descubriste “el secreto mejor guardado de mi vida”: que tengo el pelo negro y soy dueña de un castillo tenebroso. ¿Qué quieres que te diga, que soy bruja? Está bien, eres muy sagaz y me descubriste…
—¡Lo sabía, lo sabía!
[Y entonces, y esto ya no se lo estoy contando a mi mujer, sino a ti lector, lectora, se me apagó el cerebro, supongo que por un pase mágico, y me quedé ido un momento… Regreso la próxima semana.]
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Casa de citas. 805. Una avispa ciega en un castillo. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 805

Una avispa ciega en un castillo
Héctor Cortés Mandujano

En Del signo al discurso. Dimensiones de la poética, la política y la plástica (UAM Iztapalapa, 2005), Adrián Gimate-Welsh H., su autor, define a la retórica como (p. 68): “Un metalenguaje que tiene por objeto un discurso, es un discurso que habla sobre el discurso”.
También escribe que (p. 126): “Las palabras nuevas […] Jiménez Patón las define como ‘duras’, sólo se ablandan con el uso”.

***

Como decía el autor de Ulysses:
“Cuando trabajo, me gusta oír en el entorno
el ruido de la vida”

Eduardo Lizalde,
en “Tigre a las brasas”

Releo El vino que no acaba. Antología poética (1966-2011), de Eduardo Lizalde, inscrito en el Programa Nacional Salas de Lectura (Vaso roto ediciones, 2012), con prólogo de Jenaro Talens y selección de Marco Antonio Campos.
Me lo topé de nuevo, abrí la primera página y me fui de frente. ¿Cómo desperdiciar la oportunidad de volver a leer a este gran poeta mexicano?
Para abrir La zorra enferma (malignidades, epigramas, incluso poemas), de 1974, cita en extenso a Vicente Huidobro (p. 68): “[…] y acaso como decía el otro día mi grande amigo Doriante,/ la inteligencia en su origen haya sido sólo/ una enfermedad del cerebro,/ una epidemia en una familia especial de orangutanes;/ a esa epidemia debemos todo el dolor de la vida,/ el desequilibrio constante de nuestra vida y/ ella ha sido sin duda/ la enfermedad más grave que ha sufrido el ser humano”.
Escribe Lizalde en “Carta urgente al creador del universo” (p. 73): “Afortunadamente, Dios,/ afortunadamente para ti,/ no existes./ Se te hubiera mezclado en este horrendo asunto,/ si existieras”.
Y en “Otra vez Monelle” explica (p. 79): “Dulces señoras,/ lo verdaderamente despreciable/ no es prostituirse/ sino prostituirse a medias./ […] Una puta es un hecho contundente/ y respetable,/ siempre que se sepa su oficio/ y sea profesional,/ y no se adorne/ con galas extranjeras a su especie”.
En el fragmento XVIII, de “Caza mayor” habla de sus compañeros de parranda. De Sabines, por ejemplo (p. 106): “Jaime, poeta, le decimos, oye,/ no dejaremos que nos hagan parque,/ como a Rosario tu paisana,/ sino cantina, piquera o bar,/ si quieren”.
Eduardo Elizalde fue parte del Partido Comunista y habla en “Para dar pie a los impolutos” de los distintos revolucionarios que en el mundo han sido. Dice al final (p. 129): “Hubo ángeles ignaros y mílites mediocres,/ criminales abstemios/ y vírgenes dispsómanas de la Revolución./ Hoy somos todos, o casi,/ calmos burócratas/ o simplemente borrachos”.
“Kinderland” es un recorrido de lo que aprendemos o no mientras vivimos (p. 157): “Nacemos dioses, pero tenemos que entenderlo,/ y el tiempo que tenemos para el largo aprendizaje/ no basta para el tránsito vital./ Somos dioses, en verdad,/ con algo más de tiempo para repensar el mundo./ ¿Cuántos árboles tontos que su propia madera/ no sabrían modelar, viven tres siglos?/ Hay lerdos elefantes centenarios,/ hubo reptiles con cerebro de mosca/ que partieron el pastel de sus quinientos”.
Todos escribimos poesía, dice en “Poetastros y poetísimos”; no todos fueron ungidos, no todos lo logran (p. 160): “Shakespeare mismo –no digamos Cervantes–,/ escribía de pronto versos espantosos,/ endecasílabos con pústulas,/ sólo para intentarlo, para tensar la cuerda,/ para probar el arma, para vocalizar,/ y a veces colocaba una flecha en blanco venturoso, sin querer,/ en diez, en veinte, en cien disparos fallidos”.
El bellísimo tigre mata nomás y come, cuando de eso se trata, dice Elizalde en “Tigre al espejo” (p. 174): “Un tigre bien nutrido es un museo,/ es la National Gallery del crimen,/ y su alma, tan diminuta como su consciencia,/ vive extraviada en la espelunca laberíntica/ de sus lodosas entrañas/ como una avispa ciega en un castillo”.
En su último poema, “Tintos”, escribe como en varios otros de la cantina (p. 200): “Todos somos grandiosos/ en la cantina/ -dijo el poeta inédito levantando/ su primera cuba libre de ron blanco”.

***

Agatha Christie cita con soltura, en su novela policiaca El asesinato de Roger Ackroyd (Planeta DeAgostini, 2022, traducida por G. Bernard de Ferrer), publicada originalmente en 1926, a varios autores. Lo escribo porque a veces se le trata como si fuera una nadaquéverienta, y no lo es, no lo fue. Cito tres ejemplos.
Caroline, hermana del médico narrador, quien auxilia al célebre detective Hércules Poirot en sus investigaciones, es muy chismosa. Sugiere que pudiera utilizar algo dicho por Kipling, en Riki-Tiki-Tavi (p. 10): “El lema de la familia mangosta, según Rudyard Kipling, es: ‘Ve y entérate’ ”.
Habla de los coleccionistas, que pagan fortunas por objetos que usó alguna persona famosa (p. 37): “Eso de dar tanta importancia a algo porque alguien lo ha llevado me parece una tontería. La pluma que George Eliot usó para escribir El molino del Floss no es más que una pluma vulgar”.
El famosísimo Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle, tiene como ayudante a un médico, Watson, quien escribe las historias. Dice el ayudante improvisado de Poirot (p. 149): “Como he dicho, mi relato hasta el lunes al atardecer pudo ser el de Poirot en persona. Él era Sherlock Holmes y yo el Dr. Watson”.

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*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 342. Encontré al diablo. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 342

Encontré al diablo
Héctor Cortés Mandujano

Encontré al diablo (2010, dirigida por Kim Ji-woon) es una película surcoreana brutal e hiperrealista. Sigue el camino de Kyung Chul, un asesino serial, y nos muestra minuciosamente como golpea, sangra, descuartiza y degüella a sus víctimas.
[Me asombró verla sin bajar los ojos en las fuertes escenas, porque para mí, cuando era joven, fue traumático ver Cara cortada (Scarface, de Brian de Palma, 1983): no dormí, no comí, estuve deprimido varios días. Cuando salió Asesinos por naturaleza (Natural Born Killers, de Oliver Stone, 1994) hice todo un trabajo previo de autoconvencerme sobre la ficcionalidad de lo que enfrentaría y no la vi en cine, sino en un video controlado: cuando ya no podía más, ponía pausa.]
Kyung Chul mata, en la primera escena, a una joven embarazada. Es hija de un policía y está prometida al detective Kim Soo-hyeon, quien es el padre del bebé que lleva dentro. Ni eso convence al asesino para escuchar sus peticiones de piedad.
Kim lo busca, lo encuentra y lo tortura sin matarlo. Kyung Chul sigue en su tarea (mata a varios), pero cuando va a hacer lo mismo con una mujer, aparece Kim, quien lo apalea sin matarlo: quiere que sufra y se arrepienta.
Hay otro asesino que tiene su heladera llena de cadáveres, porque le encanta comer carne cruda. Lo vemos en una escena comer pedazos sanguinolentos. Es amigo del malo inicial. A ese también se enfrenta Kim y lo mata sin más.
Cuando se dan cuenta los compañeros policías de lo que está haciendo el joven detective, uno de los personajes dice: “Para castigar al monstruo, se está convirtiendo en un monstruo”.
Kyung Chul logra engañar a Kim y hace dos ataques para vengarse de él. Le vuelve a pegar donde más le duele, lo vuelve loco. Kim lo detiene, lo tortura y le pide explicaciones. Allí Kyung Chul hace un discurso que me parece empata a este ser cinematográfico con una de las criaturas inventadas por Shakespeare: Aarón, el malo de Tito Andrónico, un malvado sin entrañas y sin justificaciones.
Cito de memoria a Kyung Chul: No soy malo por nada en especial, me gusta hacer sufrir, gozo con el padecimiento de los demás, con torturarlos, con matarlos, no tengo piedad y no voy a cambiar; si quieres detenerme, mátame. No hay otra opción…
Los actores que encarnan a los protagonistas de esta cinta son magistrales: Choi Min-sik (quien es protagonista, también, de Oldboy, espléndida película sobre la venganza) es Kyung Chul, el psicópata, y Lee Byung Hun es el detective. La cinta –oscura, violenta, sádica– ganó una veintena de premios internacionales. Si eres muy sensible, no la veas…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Casa de citas. 804. Acariciar el ego. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 804

Acariciar el ego
Héctor Cortés Mandujano

Seduciendo a un extraño (2007, dirigida por James Foley) es una película de suspenso que se arruina, pienso, con la vuelta de tuerca final. Tiene diálogos ingeniosos. Una mujer le dice a otra: “Acaríciale el pito a un hombre y lo tendrás una noche. Acaríciale el ego y lo tendrás toda la vida”.
En otro momento se habla de la seducción femenina, de la belleza, y se dice: “Enséñame a una mujer hermosa y te enseñaré a un hombre harto de tirársela”.

***


Regalo de mi amigo Roger Octavio Gómez Espinosa, leo Nostalgia (Impedimenta, 2012), de Mircea Cărtărescu, con traducción de Marian Ochoa de Eribe e introducción de Piedad Bonnett.
Cărtărescu es considerado el más importante escritor rumano de la actualidad. Este libro, con cinco relatos, muestra por qué. En la introducción citan declaraciones de Mircea (p. 11): “Todos los hombres llevamos dentro a una hermana reprimida y todas las mujeres a un hermano reprimido”; “yo creo que todos somos andróginos, todos somos bisexuales”.
Dice Cărtărescu en “El ruletista” (p. 17): “Estoy harto de escribir sin la esperanza de superarme algún día, de poder saltar más allá de mi propia sombra” y más adelante insiste (p. 19): “Querrías sacudir el corazón del lector pero ¿qué hace él? A las tres termina tu libro y a las cuatro empieza con otro, por muy bueno que sea el libro que tú hayas depositado en sus manos”.
El narrador de esta primera historia (sobre un hombre que se dedica a ponerse una pistola en la cabeza, con una bala en el tambor, y dispara; luego serán dos balas, luego tres, luego cuatro…) reflexiona sobre sí mismo mientras cuenta la vida de su personaje. Al meterse a contar, sabe que él mismo es un personaje, un ser que escribe (p. 39): “Pero ¿qué puede hacer un hombre que ha dedicado toda su vida a escribir literatura? ¿Cómo puedes abandonar los arcanos del estilo?”.
En “El Mendébil” afirma que no se deben contar sueños (p. 47): “Dicen que el escritor pierde por cada sueño un lector”. En esta historia hay un grupo de niños que se imaginan los misterios del sexo; creen que los seres paren distintas cosas (pp. 68-69): “Las mujeres pueden detenerse en cualquier fase. Algunas darán a luz ranitas, otras, gatos. Pero la mayoría desea niños. Ellas podrían alumbrar a seres más perfectos que un niño, porque las etapas del nacimiento no se acaban con el hombre”.
Dice el Mendébil, el niño líder (p. 77): “Hay cuatro tipos de hombres: los que no han nacido, los que viven, los que han muerto y los que ni han nacido, ni viven, ni han muerto. Estos son las estrellas”.
En “Los gemelos” intenta rebatir la famosa idea de Borges. Creo que no lo logra (p. 103): “Los espejos y la paternidad no son abominables; lo es la belleza”.
En “REM” escribe (p. 222): “No me gustan las sustancias de las que se nutre la poesía: demasiado olor a éter, a laca de uñas. Tienes que comer de ti mismo […]. El verdadero narrador se alimenta de los otros”.
Uno de los personajes de REM dice (p. 274): “¡Cómo me gustaría ser una mujer –dijo Egor de repente–. Tú tienes suerte: serás una mujer. Nosotros, los hombres, no valemos para nada. Siempre buscamos cosas que, además, no conoceremos jamás. Destruimos nuestras vidas lejos de los demás por culpa de nuestra locura sin límites. El verdadero ser humano es la mujer. Nosotros somos unos simples seres modificados, tarados. Puesto que no podemos sacar el mundo de nuestro vientre, lo sacamos de nuestra cabeza. La mujer vive, el hombre escribe”.
REM es también una referencia a Borges. Dice el narrador (p. 302): “He leído recientemente una historia en español en la que REM, así percibido, recibía el nombre de El Aleph”. Argumenta sobre la escritura (pp. 302-303): “Un gran escritor no es más que un escritor. La diferencia es de matiz, no de raíz. Todos los saltadores de altura saltan, digamos, dos metros. Si uno salta dos metros y cinco centímetros, ya es un gran deportista. No, no merece la pena fatigarse siquiera con la idea de llegar a ser un pobre gran escritor, un desdichado escritor genial. Coge los mejores libros escritos jamás. Apenas son algo mejores que los libros mediocres. Todos son fundamentalmente libros, nada más. Te proporcionarán, cuando lo leas, un placer estético algo más intenso. Como un café un poco más dulce. Los soltarás al cabo de treinta páginas para prepararte un bocadillo o para ir al baño”.
Sigue (p. 304): “A través de lo que escribo intento expresar mi impotencia. Sé que no se puede decir nada, que nadie espera que digas nada, pero que también tienes que hacerlo. Sé que tienes que oponerte en cierto modo a la injusticia de ser hombre y de no poder ser Todo”. REM es la narración de este libro que más me gustó. Tal vez porque se consigue la ficción, a pesar de que se muestran las cartas del narrador sobre la escritura. Dice, por ejemplo, cuando ha pasado páginas de narración pura (p. 342): “¿Te has olvidado de mí, amado lector? Soy yo, el narrador. Es cierto que no he asomado mi graciosa cabecita, pero eso es porque he estado ocupado en un asunto completamente distinto”.
Me encantó el epígrafe de Thomas Mann, en “El arquitecto” (p. 347): “En definitiva, en el mundo hay un solo problema: ¿cómo lograrlo? ¿Cómo zarpar? ¿Cómo romper la crisálida y transformarte en mariposa?”.
Dicen las solapas de Nostalgia: “Mircea Cărtărescu nació en Bucarest en 1956. Es poeta, narrador y ensayista. […] Sus textos han sido vertidos a más de una decena de idiomas. Es el autor rumano más apreciado en el extranjero, y hay quienes consideran que podría ser el primer escritor en lengua rumana en obtener el Premio Nobel de Literatura”.
Fue una maravilla conocerlo, leerlo, disfrutarlo.


***


La revista Letras libres 292, abril 2023, dedica su número a Picasso. En “Poder y gloria de Pablo Picasso”, John Banville cita a John Richardson, biógrafo del pintor. Dice (p. 12): “Richardson, inevitablemente, dedica un capítulo al Guernica, que conmemora la destrucción de esa ciudad vasca por parte de la Luftwaffe. La atrocidad había sido planteada por Hermann Göring como regalo para Hitler por su cumpleaños, el 20 de abril, pero por razones logísticas tuvo que aplazarse hasta el 26 de ese mes. No obstante, el Führer quedó encantado con lo que el comandante de la operación describió en su diario como ‘absolutamente fabuloso […] un completo éxito técnico’. La ciudad fue arrasada y murieron más de mil quinientos civiles”.

Contacto: hectorcortesm@gmail.com
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*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 341. Libros olvidados. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 341

Libros olvidados
(Cuento corto)
Héctor Cortés Mandujano

Escribí varios libros, aunque ya no los tengo conmigo, ni siquiera en versiones digitales. Apenas los recuerdo, porque los escribí afiebrado, como si fueran un dictado divino o demoníaco.
El primero se llamaba Historia general de las cosas y estaba dividido en dos volúmenes; se llamaba Adarme uno y el otro, Adunar.
El segundo: Calígine.
El tercero se llamaba Historia general de la nada. Tenía muchas páginas.
Hubo un cuarto, que era un libro pequeño. Se llamaba Historia de un niño. Creo que, incluso, el niño al que se refería el libro no nacía. No sé.
Los libros eran, pues, se supone, una especie de mitología, incluso para mí. Y no, descubrí que no.

Hasta el cuchitril en que vivía llegó un anciano calvo, vestido con una túnica. Entró con sólo empujar la puerta, que nunca tenía puesto el pasador. Me dijo que sabía de los libros. Me pareció imposible, hasta que me dijo cada uno de los títulos. Yo estaba hambriento, ardía en fiebre, casi no alcanzaba a hablar. Temblaba no sé si de frío o de miedo o de hambre, porque en algún momento creí que ese viejo era la muerte, en este tiempo de transgéneros.
Me extendió, con su mano huesuda, un USB y me pidió que guardara allí los archivos.
—¿Por qué?, alcancé a preguntar.
—Porque esos libros los has escrito para cumplir tu sueño: conocer a la mujer más hermosa del mundo.
—¿Sí? No me creía tan banal. ¿Y esa mujer va a besarme, va a ser mía, va a acostarse conmigo, va a vivir aquí?
—Eso no me está permitido decírtelo.
No tenía fuerza para discutir, de modo que guardé los archivos. El viejo entonces tomó la computadora, la desconectó y la estrelló contra el piso. Puso los pies descalzos contra ella y la rompió lo más que pudo. Piel gruesa: ningún asomo de sangre.
—Así nadie más podrá tener estos libros…, dijo.
Me pidió acompañarlo. No sé si me dormí, me desmayé o caí muerto, porque no recuerdo nada del camino, si es que fuimos a alguna parte.
Abrí los ojos y frente a mí había una luz fortísima.
Oí la voz del viejo, detrás de mí.
—Ella es la mujer más bella del mundo.
—¿La luz?
—Sí.
—¿Cómo sé que es bella? Sólo veo luz.
—¿Quieres que la apague?
—Por favor.
Apagó la luz y vi en el lugar que debía estar la mujer un ser repugnante, lleno de babas, con fauces, de cuerpo amorfo y fofo. Un monstruo.
—Esa cosa es horrible.
—Sólo es bella cuando se ilumina, dijo el viejo.
—Esto es una tontería. Devuélvame mis libros.
—Los quemé. Nadie debía leerlos.
—¿Y qué hago ahora?
—Escribe lo que quieras. Nunca podrás llegar a la cúspide que suponía tu escritura con esos libros. No sé porque tú fuiste el escribano de algo tan profundo, tan sabio. Vete, vive tu miserable vida y olvida esto, como has olvidado casi todo.
Volví a mi cuarto. Estaba limpio, había comida y una computadora nueva. Comí. Escribí lo que me dictó el momento, un título: Me gustan las manzanas. Hice una pausa en mi escritura para contar lo que me pasó antes, cuando había escrito los otros libros que ya no recuerdo…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Casa de citas. 803. Vivir para morir mil veces. Héctor Cortés Mandujano

Photo by José Nicolás Castellanos Ramírez: https://www.pexels.com/photo/man-using-typewriter-while-sitting-on-floor-13789221/


Casa de citas/ 803

Vivir para morir mil veces
Héctor Cortés Mandujano



Aquí entró,
como el alba por un prado

Lope de Vega,
en El perro del hortelano

Leo El perro del hortelano y El castigo sin venganza (Editorial Castalia, 2001) del clásico español Félix Lope de Vega (1562-1635).
Las obras de teatro del Siglo de Oro parecen, en general, escritas con fórmulas y los enredos casi siempre se desatan de la misma fortuita forma. Pero la poesía de Lope de Vega es otra cosa. Dice Tristán en El perro… sobre lo que cambia la gente con ropa elegante (p. 93): “Toda es vana arquitectura,/ porque dijo un sabio un día/ que a los sastres se debía/ la mitad de la hermosura”.
Me llama la atención una expresión del mismo Tristán (p. 102): “¡Oxte, Puto!”; en el pie de página se explica que oxte es “apártate, quítate” y que se usaba “comúnmente cuando tomamos en las manos alguna cosa… mui caliente […] y no la afecta la palabra puto por sí sola que vale homosexual”.
La obra trata de enredos amorosos y hay varios sonetos de amor; en uno de ellos estos versos (p. 107): “que como el color sale a la cara,/ sale a la lengua lo que el alma altera”. Otro símil del amor (p. 195): “árboles son amores desdichados,/ a quien el hielo marchitó floridos”.
En Castigo sin venganza, Batín dice algo que me pasa a mí y, creo, a cualquiera: si está pensando en un balcón teme aventarse de él y, en fin (p. 274), “dame gana de reír/ si voy en algún entierro”. Federico propone algo complejo (p. 287): “Y si muriera, quisiera/ poder volver a vivir/ mil veces, para morir/ cuantas a vivir volviera”.

***

María Isabel Pachón Varón, joven escritora colombiana (nació en 1994), ganó el Premio Internacional de Novela Breve Rosario Castellanos 2001 con Sobre tierra quemada que, en forma fragmentaria, cuenta del narcotráfico desde el desamor de Emilia, desde la desaparición de Miguel.
Hay un espacio para la cita precisa (p. 101): “Cuenta también Plutarco que cuando Platón se encontraba con personas que obraban torpemente, se volvía a sí mismo y se preguntaba: ‘¿Seré yo como ellos?’. Para que la censura hacia la vida de otro no sea inútil y vacía hay que observar la propia vida y cambiarla en dirección contraria de aquello que se censura”.

***
El pueblo, muchas veces,
ha sido excusa para atacar así
a la inteligencia

Guillermo Sheridan
en Los Contemporáneos ayer

Leo Los contemporáneos ayer (FCE, 1985), de Guillermo Sheridan. Como suele suceder con los libros de este autor, el ensayo sobre el famoso “grupo sin grupo” resulta una enriquecedora experiencia, porque Sheridan es acucioso y de enorme sapiencia.
Escribe en su introducción (p. 11): “Los Contemporáneos es un lugar imaginario en el que coincidieron diversos discursos y maneras de ejercer el quehacer literario y cultural entre los años de 1920 y 1932 y alrededor de un cierto número de empresas como revistas, grupos de teatro y sociedades de conferencias. […] Ellos mismos se asombraban de haberse configurado como ‘grupo’ dada la variedad enorme de sus caracteres e intereses y así lo hicieron notar en diversos, lúcidos, artículos”.
Cierra su introducción con una declaración de Paz a Monsiváis, en 1966 (p. 21): “en un sentido estrictamente intelectual casi todo lo que se está haciendo ahora en México les debe algo a los ‘Contemporáneos’, a su ejemplo, a su rigor, a su afán de perfección”.
Dentro de lo que se podía hablar en 1921, dice Sheridan, está el tema (p. 28) “de que María Conesa había sido la mejor India Bonita del concurso nacional de indias bonitas”.
Una cita del Vasconcelos apasionado (p. 100): “Aprovecha la lección del sol. No basta resplandecer. El ser a quien buscas… ha de ser capaz de deslumbrar”.
A los Contemporáneos los acusaron, entre otras cosas, de ser homosexuales y de ser extranjerizantes. De lo primero ni hablar, porque los ejercicios sexuales no debieran ser tema descalificatorio nunca. La escritura es pública, la sexualidad es privada y no hay una forma de ejercerla más correcta que otra, siempre que los practicantes sean adultos y lo hagan por consenso. De lo otro hace Sheridan un análisis, en la página 344, que echa por tierra la acusación; sin embargo, como (p. 345) “la machacaron tantas veces y desde foros tan diversos, que la etiqueta logró serle fijada”.
Los Contemporáneos, por el nombre de la revista y el “movimiento”, se relacionan generalmente con los nombres de Jaime Torres Bodet, Bernardo Ortiz de Montellano, Enrique González Rojo, José Gorostiza, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Jorge Cuesta y Gilberto Owen. Escribe Sheridan (p. 369): “Nunca hubo un grupo detrás de Contemporáneos: lo que hubo fue un director que perteneció a un grupo y que llevó la revista por lo que supuso que eran las directrices de él. Los ocho escritores de la generación con que hemos trabajado en este libro, jamás estuvieron reunidos –en tanto grupo– alrededor de la mesa de las decisiones”.
Las revistas en nuestro país suelen aparecer y desaparecer con rapidez. Contemporáneos logró cuarenta y tres entregas, contra viento y marea. Eso solo se logra, como dice Paz del grupo, con rigor, talento, afán de perfección, lo que fue santo y seña de los que pertenecieron a este “archipiélago de soledades”…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Photo by José Nicolás  Castellanos Ramírez: https://www.pexels.com/photo/man-using-typewriter-while-sitting-on-floor-13789221/
Fotografía: José Nicolás Castellanos Ramírez: https://www.pexels.com/photo/man-using-typewriter-while-sitting-on-floor-13789221/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 340. Dos libros póstumos. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.


Polvo del camino/ 340

Dos libros póstumos
Héctor Cortés Mandujano

Carlos Fuentes (1928-2012) fue el gran novelista mexicano (La región más transparente, Terra Nostra, Cristóbal nonato…) y también dejó huella en el ensayo, el cuento y el teatro. Estaba trabajando un manuscrito cuando murió: Aquiles o El guerrillero y el asesino (Mondadori-FCE, 2016).
La novela, que editó Julio Ortega luego de la muerte de Fuentes, es sobre la realidad de la guerrilla omnipresente en Colombia. Kike se enorgullece de su trabajo independiente de sicario, porque no trabaja ni para la guerrilla (la droga) ni para el gobierno (la política), sino para las venganzas personales (p. 156): “Lo contrató un vecino para matar a su vecino porque le jodía que tocara la música tan fuerte. Lo contrató una concursante de Miss Colombia para que eliminara a la triunfadora del concurso si no era ella. No lo fue. Lo contrataron para entrar a los hospitales y ultimar a una víctima mal herida por quien lo contrató, para que de ningún modo se salvara. Lo contrató el delantero de un equipo de fútbol para asesinar al árbitro que le había impuesto un penalti injusto. Cada una de esas muertes llenaba a Kike de satisfacción".
¡Cómo se aprende a matar? ¿A quién se elige? (p. 185): “Al primero que pase. De espaldas y sin verle la cara. La vida es una mierda. Le haces un favor al que matas”.

Albert Camus (1913-1960) nació en Argel y emigró a París, donde hizo sus estudios; escribió varios libros fundamentales, en el género novelístico: El extranjero, La peste, La caída… Exploró el teatro, el ensayo, la filosofía, además de la novela. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1957. Murió en un accidente automovilístico.
Leo El primer hombre (Editores Mexicanos Unidos, 2021), con prólogo y traducción de Jorge Rodríguez Galicia (p. 7): “El primer hombre es una novela póstuma, en la que Camus trabajaba en el momento de su muerte. El manuscrito se encontró en una bolsa entre los restos de su coche. Permaneció inédito hasta la primavera de 1994”.
Es biográfica, aunque el protagonista se llama Jacques. Camus nació en el seno de una familia muy pobre. Quedó huérfano de padre, por la guerra. Su inteligencia hizo que maestros y familia se aliaran para ayudarlo a seguir sus estudios. Carga con el peso de la guerra y por eso, cuando tiene que enfrentarse a golpes con un compañero de su escuela y le gana, se alegra un instante y reflexiona (p. 121): “Y entonces supo que la guerra no es buena, porque vencer a un hombre es tan amargo como ser vencido”.
La abuela también aportaba dichos (p. 128): “Cuando se informaba de la muerte de alguien en presencia de la abuela, ‘Bueno’, decía, ‘ya no se tirará un pedo’ ”.
Todavía en la infancia descubrió su condición de pobre al llenar un formulario. Padre muerto y madre, sirvienta (p. 155): “Un niño no es nada por sí mismo; son sus padres quienes lo representan. Es a través de ellos que se define a sí mismo, que se define a los ojos del mundo”; después, “la familia es juzgada a su vez por el hijo convertido en hombre”.
Ilustración: Camilo Herrera Cortés.
Ilustración: Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Casa de citas. 802. Abstracto. Héctor Cortés Mandujano

Photo by Júlia Isanta Muñoz: https://www.pexels.com/photo/black-and-white-photo-of-bags-of-herbs-at-a-market-24345843/

Casa de citas/ 802

Abstracto
Héctor Cortés Mandujano

Arte abstracto (Taschen, 2017, traducido por Francisco Caro), de Dietmar Elger, es un libro de gran formato, y al mismo tiempo un ensayo y un catálogo.
En las primeras páginas define su tema central (pp. 7-9): “Antes, la expresión artística tenía un carácter mimético: reproducía el mundo tal como lo veía el artista. [...] la pintura abstracta abre nuevas e insospechadas posibilidades: Puede ser autónoma y no tiene por qué referirse a una realidad conocida. [...] En la pintura abstracta, los colores y las formas subsisten sin el sistema de referencia de un mundo objetual exterior”.
Después del ensayo general, Elger hace un ensayo por cada artista y cada cuadro que se publica con la calidad garantizada de Taschen (esta editorial está especializada en pinturas, fotografías, obras de arte). Dice Picasso (p. 28): “El arte abstracto no existe. Siempre tienes que empezar por algo. Después puedes eliminar todas las huellas de la realidad. Entonces no existe ningún peligro más porque la idea de la cosa ha ido dando lugar a un signo imperecedero”.
En sus ensayos, generalmente cita al autor. Dice Kasimir Malevich (p. 36): “El realismo del cuadro consiste en la presencia simultánea de tres grandes requisitos pictóricos: las líneas, las formas y los colores”; dice Elger sobre el suprematismo (una corriente de la pintura abstracta de 1915, p. 38): “Con el suprematismo, la pintura desechó por primera vez su función de instrumento que ofrece una descripción de la realidad para convertirse en una parta autónoma de la misma. El realismo de la pintura de Malevich consiste en el realismo de los cuadriláteros de colores” (Elger se refiere específicamente al cuadro “Suprematismo”, de 1915, de Kasimir Malevich).
Escribe Dietmar Elger sobre Paul Klee (p. 52): “Las obras de Klee no son abstracciones puras; al menos el título las reduce a un orden figurativo u objetual (habla del cuadro “Caminos principales y caminos laterales”). Klee es un verdadero maestro de la invención de signos abreviados y claves referenciales”.
Piet Mondrian opina (p. 56): “La emoción de la belleza se ve entorpecida siempre por la aparición de la ‘cosa’; por eso, la cosa ha de desaparecer de la representación plástica”.
Jackson Pollock chorreaba o aventaba la pintura al cuadro, sin buscar ninguna representación figurativa; por eso (p. 58) “las composiciones no presentan ningún sentido espacial, no hay arriba ni abajo. El artista trataba la superficie pictórica con la misma intensidad en todas partes. Una vez acabada la composición, el pintor decidía la orientación del lienzo para su presentación en la pared”.
George Mathieu introdujo el concepto de velocidad en la pintura (pp. 66-67): “Ante más de dos mil personas, Mathieu pintó un lienzo de doce metros en veinte minutos. [...] ‘Creo que la velocidad del acto creativo es una de las principales premisas de mi pintura. En todo caso, soy el primer pintor que introduce el concepto de velocidad en la pintura occidental. Estoy convencido de que solo la velocidad de la acción hace posible captar y expresar aquello que emerge de las profundidades del espíritu sin que su manifestación espontánea se vea contenida y modificada por la reflexión y la intervención racional”.
Ad Reinhardt hizo algo radical (p. 78): “A principios de los años cincuenta desterró de la pintura la visibilidad de las pinceladas y la profusión colorista. Desde entonces fue simplificando cada vez más sus composiciones. En lo sucesivo, el artista confeccionará la estructura de sus imágenes empleando exclusivamente superficies geométricas de colores rojos, azules y negros en diferentes matices. Desde 1960 hasta su temprana muerte en 1967, Reinhardt pintó únicamente lienzos negros de formato cuadrado de 60 por 60 pulgadas (152,6 cm)”.
Hay gente que se planta ante un cuadro y pregunta qué es. Sucede con más frecuencia ante la pintura abstracta. Habría que contestar lo que dice Frank Stella (p. 82): “Lo que ves es lo que ves”.

***

Leo Muertos incómodos (falta lo que falta), novela policiaca escrita a cuatro manos entre el Subcomandante Marcos y Paco Ignacio Taibo II, editada por Joaquín Mortiz en 2005.
Para los capítulos que le tocó escribir, los pares, Taibo II usa a su personaje más famoso, Héctor Belascoarán Shayne, y para los que escribe el Subcomandante inventa a un miembro del EZ, Elías Contreras, quien, como representante de la Comisión de Investigación, une sus esfuerzos de investigación y deducción con Belascoarán para detener a un ubicuo Morales, responsable de demasiados delitos para ser un solo individuo.
En la novela confluyen muchos personajes reales (periodistas, políticos, etcétera) a quienes se les llama por su nombre. En los capítulos donde aparece Elías, el Subcomandante es una presencia constante (no como narrador, sino como personaje).
Por la costumbre que tienen muchos de leer mientras defecan, uno de los personajes entra a un baño reluciente donde hay un póster que dice (p. 32): “El estreñimiento promueve la lectura”.
Elías tiene que salir de la Selva Lacandona e ir a la Ciudad de México para realizar su investigación. Tiene para eso que explicar sus razones, aunque los demás inventan algunas. Julio Secreto dice (p. 51) “que Elías iba para averiguar cuándo era la Marcha del Orgullo Gay en la que Sub se haría presente y saldría, simultáneamente, de la selva y del clóset”.
Conversan mientras juegan dominó y hablan de la propensión de los presidentes a hablar de que todo va bien (p. 73): “Que siempre dice que estamos creciendo, que la economía crece, y dice números, que el siete, que el cinco, que el trece, que el medio. ¿De dónde los saca? No coinciden con los números de nadie. Si este güey dirigiera la Lotería Nacional no le tocaba a nadie nunca. ¿Cuál economía que crece? Será la suya, chingá -dice el Gallo, que no solía ser vehemente en cuestiones políticas, pero que sabía bastante de matemáticas”.
Hablan de un presidente específico, antes de que lo fuera (p. 89): “A López Obrador lo atacan no porque le tengan miedo por ser populista o de izquierda. No es ni una cosa ni otra. En sus cuatro años de gobierno no ha hecho sino tratar de congraciarse con los de arriba. Lo que pasa es que él va adelante en la carrera por el premio mayor”.
Elías se vuelve amigo de un travesti, en vías de trans (p. 115): “Y entonces ella me dijo que no es una ella sino un él. Y entonces, como no muy le entendí, ella se levantó la falda y ahí se miró su ése-cómo-se-llama haciendo bulto en su calzón”.
La novela es muy woke y muy política. Bastante entretenida.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Photo by Júlia Isanta Muñoz: https://www.pexels.com/photo/black-and-white-photo-of-bags-of-herbs-at-a-market-24345843/
Fotografía: Júlia Isanta Muñoz: https://www.pexels.com/photo/black-and-white-photo-of-bags-of-herbs-at-a-market-24345843/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com