Casa de citas. 810. El fui y el seré me ponen tristes. Héctor Cortés Mandujano


Casa de citas/ 810

El fui y el seré me ponen tristes
Héctor Cortés Mandujano

En la colección Autores selectos (Editorial Tomo, 2009), leo seis libros de Aldous Huxley (1894-1963): Los escándalos de Crome, El sombrero mexicano, El pequeño Arquímedes, Un mundo feliz, Nueva visita a Un mundo feliz, y El genio y la diosa.
En Los escándalos de Crome (1921) se reúnen varios personajes en una finca. Conversan. Dice Dionisio (p. 30): “La vida, los hechos, las cosas resultan horriblemente complicadas; y las ideas, hasta las más dificultosas, engañosamente sencillas. En el mundo de las ideas todo resulta claro; en la vida real, todo es oscuro y embrollado”.
Mientras termina su vaso de oporto y se sirve otro, Mr. Scogan dice (p. 85): “En este preciso momento, los más espeluznantes horrores se están produciendo por todos los rincones del mundo. Las gentes son aplastadas, acuchilladas, descuartizadas, mutiladas; sus cadáveres se pudren y sus ojos se corrompen con todo lo demás. Alaridos de dolor y de espanto vibran por los aires a una velocidad de mil cien pies por segundo. Después de haber viajado así durante tres segundos, se hacen completamente imperceptibles. Estos hechos son muy angustiosos, pero ¿dejamos por ello de disfrutar la vida? La mayoría de nosotros, no”.
Dice Dionisio, de nuevo, al hablar de literatura (p. 112): “Esa es la piedra de toque del temperamento literario; la sensación de magia, el sentimiento de que las palabras tienen un poder. La parte verbal, técnica, de la literatura es sencillamente una extensión de la magia. Las palabras son la invención primera y más grandiosa del hombre. [...] Con palabras justas y armoniosas los magos hacían salir sus conejos de los sombreros vacíos y espíritus de los elementos. Sus descendientes, los literatos, continúan todavía el proceso ensamblando sus fórmulas verbales y temblando de gozo y temor ante el poder del encanto producido”.
Dionisio toma un libro que tiene una advertencia: “Privado. No abrirlo”. Eso le hace recordar lo que escribían en la preparatoria (p. 124): “Negro es el cuervo, negra la corneja, pero más negro todavía el ladrón que roba este libro”.
Una bruja lee la mano a una muchacha y le dice, con precisión, dónde y cuándo se hallará un hombre, con características muy específicas (ni muy guapo, ni muy joven), p. 139: “Él le preguntará: ‘¿Podría usted indicarme el camino del Paraíso?’, y usted le contestará: ‘Sí, yo se lo mostraré’, y se irá usted con él hacia el bosquecillo de avellanos. Lo que no puedo descifrar bien es lo que sucederá después.
“Hubo un silencio.
“—Pero ¿eso es de veras? –preguntó la blanca figura.
“La bruja se encogió de hombros.
“—Yo me limito a decirle a usted lo que leo en su mano. Buenas tardes. Son seis peniques.”

Salvo en el título, El sombrero mexicano (1924) sólo alude al país, porque uno de los personajes compra un sombrero aquí. En El pequeño Arquímedes (1924) una pareja de vacaciones en Italia conoce al niño protagonista, Guido, que es muy inteligente (p. 194): “era tan precoz, sensato y juicioso como suelen serlo los hijos de familias pobres, quienes han de bastarse a sí mismos desde que aprenden a andar”.

Vuelvo a leer Un mundo feliz (1932), el más famoso de los libros de Huxley, esa historia distópica. En una demostración de cómo se educan a los niños, se les muestran flores y libros y cuando los niños quieren tocarlos, sufren una descarga eléctrica (p. 231): “Han sido vacunados contra los libros y la botánica para toda la vida”. No se necesitan seres a quienes la belleza parezca necesaria. La sensibilidad puede ser peligrosa.
Los padres ya no cuidan a sus hijos, lo hace el Estado. No se permiten las reproducciones vivíparas, los niños nacen en laboratorios.
Conversa el Salvaje con el Interventor (p. 358):
“—[...] todo eso son idioteces. Escribir cuando no se tiene nada que decir.
“—Precisamente. Pero ello exige un genio enorme.”
Una frase del Interventor (p. 362): “La felicidad es un patrón muy duro”. (El título de esta columna está tomado de esta novela.)

En Nueva visita a Un mundo feliz (1958), el autor revisa ensayísticamente cuanto de lo que planteó en su novela ya se ha vuelto realidad. Concluye (p. 470): “Tal vez las fuerzas que amenazan actualmente a la libertad son demasiado fuertes para ser resistidas por mucho tiempo. Sin embargo, tenemos el deber de hacer cuanto podamos para resistirlas”.

El genio y la diosa (1958), la última novela de esta compilación, vuelve al principio: un grupo de personas que conversan. Empieza con un diálogo justamente (p. 473): “Lo fastidioso en la novela –dijo John Rivers–, es que tiene sentido. La realidad nunca lo tiene”.
Rivers de nuevo (p. 484): “Los niños necesitan la muerte para sentir una nueva emoción, repugnantemente deliciosa. [...] ¿No recuerda qué agudas eran sus sensaciones de niño, qué intensamente lo sentía todo? El deleite de las fresas y la crema, el horror del pescado, el infierno del aceite de ricino... ¡Y la tortura de tener que levantarse y recitar delante de toda la clase!”.
Comentan sobre los cuentos de Poe donde se entierran a gente viva. Dice el personaje (p. 487): “Por eso aconsejan que se ponga en el testamento: no me entierren sin haber tocado las plantas de mis pies con un hierro al rojo. Si no nos despertamos, todo está en regla y pueden seguir con el entierro”.
Ahora le toca a Henry James el análisis, a la pulcritud de sus criaturas (p. 492): “Y las damas y los caballeros de las novelas de Henry James: ¿eran seres que podían decidirse alguna vez a ir al retrete?”.
Uno de los personajes cita a Blake (p. 525): “Lo que siempre se muestra en la ramera/ la expresión del deseo satisfecho,/ nuestra esposa mostrárnoslo debiera”.
Hace una alusión al Hamlet de Shakespeare para justificar el remate de un diálogo (p. 526): “ ‘¿Qué leéis, mi señor?’ ‘Palabras, palabras, palabras’ Y ¿qué es una palabra? Respuesta: Cadáveres, cadáveres, cadáveres”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Photo by Daniel Nava: https://www.pexels.com/photo/manos-graficas-27554443/
Fotografía: Daniel Nava: https://www.pexels.com/photo/manos-graficas-27554443/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

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