Casa de citas/ 813
Los ojos, la voz
Héctor Cortés Mandujano
Mi amigo Sarelly Martínez es quien más libros me ha regalado en la vida: cientos, tal vez miles en dos lectores electrónicos que también me regaló. Cada diciembre me pide mi lista de libros que quiero leer y me regala muchos cada vez, y luego cuando gana un escritor el Premio Nobel o muere algún director de cine o escritor, me hace llegar nuevos libros. Bendito sea.
Leo de sus regalos la novela de la Premio Nobel de Literatura 2024, Han Kang: La clase de griego (2011), traducción de Sun-me Yoon. Me gustó muchísimo. Los dos personajes principales son entrañables.
Él, un hombre que ha ido perdiendo paulatinamente la vista hasta quedar ciego si no usa los lentes especiales donde al menos ve azul todo, no importa que sea mediodía o medianoche. Dejó la comodidad de vivir con su madre y su hermana, y vive solo, en un país que no es –Corea– el suyo. Es maestro de griego.
Ella perdió a su hijo de ocho años en varias batallas legales y su padre se lo llevó; ella quedó destrozada y perdió el habla. Decide estudiar griego.
Él ciego, ella muda.
La novela hilvana la historia con cartas, monólogos, poemas, traducciones del griego, clases y al final el accidente: él trata de ayudar a que un pájaro salga de la construcción, rompe sus lentes, se lastima una mano; ella está cerca y lo ayuda. Él habla y ella le contesta escribiendo en la palma de la mano masculina las respuestas. El final es sutil, bello.
Ella compra una Introducción al budismo, de Borges (p. 61): “Debajo de una frase de Borges que decía ‘El mundo es una ilusión y la vida es un sueño’, podía leerse: ‘Pero ¿cómo es posible que sea tan nítido ese sueño? ¿Cómo puede ser un sueño si mana la sangre y brotan las lágrimas calientes?’ ”.
Él se enamoró a los 17 de una muchacha que se volvió sorda, porque su madre tomaba muchos medicamentos cuando estaba embarazada. Él comenzó a perder la vista desde entonces; se volverá ciego, se supone. Ella decide no ser para él y él escribe (p. 103): “Si tomamos como cierta la premisa que dice que, cuando perdemos algo, ganamos otra cosa, ¿qué es lo que he ganado yo al perderte a ti? ¿Y qué es lo que ganaré cuando pierda la vista?”. Dice también (p. 107): “Fue en esa época cuando descubrí que estar enamorado era como estar poseído”.
Él dejó Corea y su hermana Ran, cantante de ópera (p. 201: “potente voz, como de sirena en la niebla”), antes de que se fuera, en la noche, fue a verlo. Él lo recuerda en una carta que le escribe (p. 197): “ ‘No te entiendo —me dijiste—. Creía que nos querías’ ”. A veces me quedo pensando en lo extraño que es formar parte de una familia, en lo extrañamente triste que es eso”.
Él ha leído a profundidad a los griegos y tiene opiniones sobre ello (p. 227): “Platón consideraba que la gente que creía en la belleza de las cosas, pero no en la belleza en sí misma, vivía en un estado semejante al del sueño; y estaba convencido de que podía demostrárselo a cualquiera a través del razonamiento. En cierto modo, en su mundo todo estaba al revés. Es decir, pensaba que él estaba despierto y no soñando, pues no creía en la belleza de las cosas reales, sino solo en la belleza en sí, una belleza absoluta que no puede existir en la realidad”.
Ella piensa mucho en su hijo, en lo que vivieron, en lo que compartieron (p. 241): “Una tarde ociosa de domingo, mientras charlaban despreocupadamente, ella le propuso que se pusieran nombres como los de los indios. Al niño le pareció divertida la idea y, después de bautizarse como ‘Bosque brillante’, le puso un nombre también a ella. Lo pronunció en tono decidido, como si la definiera con exactitud:
“—‘Tristeza de la nieve que cae’.
“—¿Cómo?
“—Ese es tu nombre, mamá.”
Uno de los amigos del profesor, en su juventud, le cuenta (p. 265): “Quiero confesarte algo… Cuando algún día escriba un libro, me gustaría que también tuviera una edición en braille, para que alguien lo leyera pasando sus dedos por cada letra y cada línea hasta el final. Eso sería como… una auténtica conexión, como tocar de verdad a esa persona. ¿No te parece?”.
Quería mucho a su amigo y piensa (p. 295): “La primera vez que me abrazaste, cuando sentí el deseo anhelante e imposible de esconder que había en ese gesto, tomé conciencia de algo con una claridad escalofriante:
“Tomé conciencia de que el cuerpo humano es triste, de que está lleno de zonas cóncavas, suaves y vulnerables, como brazos, axilas, pecho y entrepierna; de que es un cuerpo nacido para abrazar y desear el abrazo de alguien.”
Después del accidente, él lleva al profesor a su casa, lo asiste y lo deja cuando ya es de noche. No hay ningún negocio abierto para comprar sus gafas. Vuelve al día siguiente y le pide la receta. Ella piensa en hablar, para él (p. 431): “Abro los labios, de nuevo secos
“Con determinación, inhalo más profundo y exhalo
“Cuando por fin pronuncio la primera sílaba, cierro con fuerza los ojos, convencida de que cuando los abra todo habrá desaparecido.”
***
Leo el volumen 1 de la Guía de los perplejos, tratado de teología y de filosofía (Conaculta, 1993), de Maimónides, versión de León Dujovne.
Moisés ben Maimón fue llamado Maimónides por los latinos, aunque tuvo muchos sobrenombres. Nació en 1135 y murió en 1204. Su Guía explica la Biblia, en muchas vertientes: la lingüística, las interpretaciones, las traducciones y el sentido que él consideraba correcto del libro sagrado. Pero también habla de otras cosas. Dice por ejemplo (p. 131): “el que por naturaleza tiene el corazón muy cálido no puede evitar ser violento, aun cuando haga los mayores esfuerzos sobre sí mismo, y el que tiene los testículos de un temperamento excitado y húmedo y fuertemente constituidos y cuyos vasos espermáticos producen mucho semen, difícilmente podrá ser casto, aun sometiéndose a extremados esfuerzos”.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.
Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com