Líneas de desnudo. 123. Éste sentir que siento. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 123

Éste sentir que siento
Por Manuel Pérez-Petit

con una ligera mirada me liberas.

aunque me haya cerrado como un puño,

siempre abres, pétalo a pétalo, mi ser,

como la primavera abre con misteriosa destreza su primera rosa.

e. e. cummings (1894-1962), fragmento del poema Nadie, ni siquiera la lluvia. Versión: Alfonso Canales

Valga esta declaración de amor que tú bien sabes para cerrar 2023 y abrir 2024, ignorando tu destreza para cerrar y abrir pero sabiendo que la Luz vence siempre a la oscuridad –hasta bien que lo sé– y que la luz de tus ojos es más profunda que todas las rosas. –M. P.-P.

            Miro y miro por todos los lugares, los posibles y los imposibles, y te encuentro y te veo siempre, incluso sin mirar, de manera tan continua, a diario, a todas horas, cada vez que un suspiro se me yergue sobre el mundo o bailan los relojes en las avenidas de mi angustia, en tantos y tantos sitios que no llego ni siquiera a tiempo de anotarlos en papeles, y al final mis notas son como yo: se me pierden y nunca conozco su destino. Todo en mi vida es un continuo encontrarte y no terminar de hallarte en lugar alguno.
            Ante esta turbación soliviantada, de este modo inopinado, en este transitar ebrio de errores, demolido por los arados de la memoria, de mi conciencia de culpa y de derrota, y mi esperanza, se me pasan imparables los días y las canas, lidiando como gladiador ciego con este nudo enrabietado que llevo en la garganta y que aun siendo muy antiguo y de una estrella por completo ya olvidada es solo en realidad tuyo, pues eres lo singular posible, tú, que por nombre llevas el oráculo que con torpeza expreso en cada borbotón arrebatado de amor con que ahora te escribo.
Yendo de un lugar a otro por todos los lugares desatino, como un loco sin aire, encadenado al vuelo de tus piernas, arrastrado como cristal hecho añicos en la alberca de tu pecho, en esta jaula perpetua en que por ti me hallo, mi vida es un continuo desbaratarme como ovillo caído en poder del gato rabioso y seco en que ando convertido por tu ausencia de mármol, tu decreto implacable de distancia más que infinita aun estando tan cerca, la herida a corazón abierto que por ti soy y la desesperación agusanada de mi realidad de escombro irredento enamorado. 
Te lo declaro en este instante pavoroso porque creo que implosionaré como una bestia si no lo hago, sintiéndome como me siento el blanco aplastante de tus ojos, río sin principio ni fin pero más que cualquier río en esta geografía de tus labios, o tu risa, que trepana desde el mapamundi de tu vientre, en rendición, y solo puedo verte sin mirar en la fertilidad expandida de tus brazos imperantes, reconociendo mi vocación probable, la de ser tuyo, en ti, en nosotros, a tus pies, a tu lado, la última esclavitud de libertad deseante y deseada de mi vida.
Éste sentir es el que siento, me embarga, me somete y determina, pues sea lo que sea de mi existencia yo siempre he sido, seré, y hoy soy más que nunca tuyo, sin condiciones ni premisas inferidas, y estoy y estaré derramado por, en y ante ti, así que entre las rosas y la cera de tu manto, hasta mi último aliento, te aguardaré en el panal que me designas como tierra prometida, libando sin piedad en esta devoción inaudita y embargante que es solo mía y que solo puedo comparar con la que un zángano debe a su reina.
   
Con el último ocaso del año viene la promesa de un nuevo amanecer de ameneceres, el primero de un nuevo año y, con él, nuevas esperanzas.
Fotografía: © M. P.-P. Tomada a bordo de un vuelo entre Ciudad Juárez, Chihuahua, México, a la Ciudad de México, el 31 de diciembre de 2020, a última hora de la tarde.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 122. Del miedo al triunfo (y 3). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 122

Del miedo al triunfo (y 3)
Por Manuel Pérez-Petit

¿Quién de nosotros, en sus días de ambición, no hubo de soñar el milagro de una prosa poética, musical, sin ritmo y sin rima, flexible y sacudida lo bastante para ceñirse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del ensueño, a los sobresaltos de la conciencia?

Charles Baudelaire, en la carta preámbulo a Pequeños poemas en prosa (1862; trad.: Enrique Díez-Canedo)
Igual son cosas de los movimientos líricos del alma de los que hablaba Baudelaire (1821-1867), que haberlos haylos y son devastadores algunas veces, o de la avería de la olla exprés que llevo sobre los hombros y que viene de fábrica, tal como entendí con El alegato de Marcela, pero ahora convivo con todo ello sumido en un grado de naturalidad que nunca supe que existiera. 
            Lo que caracteriza a la vida, ese don hoy tan devaluado, es su condición de regalo inopinado, divino, y, en consecuencia, la plenitud de su brevedad, afirmaba en mi Brevería de cantina, pero tengo la ventaja de ser lector, lo cual es una vía de redención frente al minimalismo que es el hecho de vivir, y en consecuencia la brevedad de mi vida es cada día más extensa y plena. Siempre supe que el lector se edifica a sí mismo y construye el mundo, como decía en mi primer Lectores, aunque nunca me lo apliqué del todo, tendente como he sido a encerrarme en una inútil, relativa y aparente torre de marfil, cargándome poco a poco de ropajes inservibles, en tanto me daba sin medida y me boicoteaba de manera irresponsable y autolesiva. Consagrarme a lo de los demás en realidad fue durante años la excusa perfecta que me permitió evitar dedicarme a mí, aunque ambas cosas hubieran y deberían haber sido compatibles, que en mí la mayor parte de las veces no lo fueron.
Sin embargo, ahora ya no es lo mismo. Quizá sea lo que mi amiga Fernanda Haro me ha dicho, que he hecho un enorme trabajo de sanación, pero yo no soy consciente de ello. Y si a alguien le sirve que lo cuente me daré por satisfecho, pues he comprobado que no hay nada más reconfortante que saber que uno puede ser benéfico para los demás, que un árbol no hace un bosque y que pactar con la realidad solo puede conducir a abandonar la oscuridad –cuya función es, según Shakespeare (1564-1616), devorar con sus garras el amor, como reflexioné en La Luz y la oscuridad–, y hermanarse en la luz, que es lo más amoroso que existe, embarcarse en un viaje sin retorno hacia la utopía de un mundo de verdad mejor, pero no en el sentido que le dio a este helenismo santo Tomás Moro (1478-1535) cuando lo acuñó en el siglo XVI para designar una sociedad perfecta sino en otro más pleno y real, pues la perfección no existe pero sí el afán de luz, cuyo camino solo depende de nuestra voluntad individual, de que le demos chance de una vez al máximo a nuestra capacidad de amar, creer, crecer y crear. 
Pero, ¿quién soy yo? No he ganado batalla alguna. No estoy ni mucho menos encaramado a ningún trono de triunfo. Todo me queda por hacer. Nada soy y nada tengo. Apenas ando recorriendo los primeros pasos de mi camino, el que me llevará a traspasar la luz un día, recién licenciado como soy en las artes de la vida y el mundo, neófito en el pasar del tiempo. ¿Lo demás? Lo demás son los movimientos líricos del alma y el coraje que tenga uno de vivirlos.
Mientras, en el presente continuo de mi vida y en tanto me toque traspasarla a ella, quiero que sea la luz la que me traspase.
__________
Nota del autor
Termino con este texto la serie de tres artículos que he publicado más o menos cada dos días en esta penúltima semana de un 2023 que comenzó como la chingada, siniestro como boca de lobo, y termina bien chido, lleno de luz, de paz y de palabra. ¿Qué más puedo pedir si todo se debe a haber perdido de una vez mi miedo al triunfo de siempre?
Intervención de M. P.-P. en el Festival de la Palabra. Santiago de Anaya, Hidalgo, México. Junio de 2011. ¿Cuánta responsabilidad hay cuando te dan foro?
Fuente de la fotografía: Archivo personal de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 121. Del miedo al triunfo (2). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 121

Del miedo al triunfo (2)
Por Manuel Pérez-Petit

A la memoria de José Luis de Pablo-Romero y de la Cámara (1927-1993), José Manuel López Arenas (1939-1992), Francisco Mena Cantero (1934-2023), Luka Brajnovic (1919-2001) y Antonio Petit Caro (1943-2021), por lo que yo sé y es impagable.

Pudiera ser que no pudiera luchar con ello y por primera vez me sintiera, hace un par de años, “sumido en un feroz, creciente e inaudito desprecio hacia mí mismo”, tal como confesé en mi Es como si mi tiempo se acabara, pero estaba equivocado. 
            En mi No hay extensión más grande que mi herida descubrí en mí una tristeza que nunca había conocido, por ejemplo, pero incansable como soy y consciente de que mi secular miedo al triunfo, ejecutado por mí con atinada pericia una y otra vez a lo largo de mi vida, de alguna forma me condenaba, y eso que por principio en todo momento he negado posibilidad alguna de fatalismo en ningún ser humano, pero llegué al punto de darme cuenta de que siempre he sido yo, no los demás, lo cual es un avance de considerables dimensiones.
Tuve que dar mil vueltas por el mundo para asumir que lo fundamental no es encontrar la patria sino a uno mismo, y darse –pues todo lo que uno es y tiene es para darlo–, y pensar en uno mismo y olvidarse por fin de uno mismo. Que al final lo único importante es dar las gracias, lo cual, de algún modo misterioso, es el sentido de la libertad, tal como vislumbré en mi El libre albedrío
Gran parte de lo que soy lo soy por mis maestros y mentores. Por eso dedico este artículo a José Luis de Pablo-Romero y de la Cámara (1927-1993), que murió siendo hermano mayor de la sevillana Hermandad de la Macarena y con quien tuve una amistad personal que fue siempre más allá de mi actividad profesional como periodista, a José Luis López Arenas (1939-1992), primer decano de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Sevilla, porque fue el primero en creer en mí más que nadie, y a mis tres grandes maestros, de los que hablé en mi Declaración de reconocimiento: Francisco Mena Cantero (1934-2023), que me enseñó a escribir y me iluminó en mis primeros pasos por la adolescencia, Luka Brajnovic (1919-2001), que me tomó de la mano en mi azarosa y poética juventud y a quien debo mi trivium y mi quadrivium, que son valiosos activos que aún poseo, y mi tío Antonio Petit Caro, que me dedicó gran parte de su vida y a quien dediqué mi El sobrino del diablo. Todos ellos se me han ido demasiado pronto y a Mena Cantero dejé de verlo por dejación que no por devoción... Me he llevado años con el propósito de ir a visitarlo cuando estuviera en Sevilla, pero nada, una vez por otra nunca lo hice, y ahora en mala hora se nos muere la semana pasada...
Vayan ellos, a cuyas enseñanzas nunca supe sacar partido, en representación no de los muertos, que no lo están, sino de los incontables vivos con los que estoy en deuda, en estos vientos nuevos en que se cierran círculos de verdad, como el que supone la reaparición en mi existencia tras más de veinticinco años de Manuel Pimentel, maestro, mentor y, por encima de todo, amigo, que una vez que me ha visto me ha puesto sobre la mesa la oportunidad profesional de mis sueños, para la cual llevo preparándome decenios y en la que ya no tiene cabida mi difunto miedo al triunfo, eso que me hizo fracasar una vez tras otra estando a un palmo de alcanzar mis metas, para demostrarle de paso a la estera que yo era hace unos años no solo que la amistad es un lazo que cuando es de verdad nunca se desarma sino que la fe y el amor puestos en las cosas mueve montañas.
Estoy vivo, decía al comienzo de mi pasado artículo. Con el infarto de caballo que tuve muchos se habrían acabado, pero reconozco que no ha sido mi caso por acción de la Providencia, y ahora lo que tengo es vida. Más que nunca. ¿No voy a estar agradecido?
(Continuará…)
Fuente de la fotografía: Archivo personal de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Líneas de desnudo. 120. Del miedo al triunfo (1). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 120

Del miedo al triunfo (1)
Por Manuel Pérez-Petit

La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida.

Octavio Paz, El laberinto de la soledad
Estoy vivo. Con eso respondo a una pregunta que, en días posteriores a mi infarto del pasado 26 de agosto del presente –que compartí en mis ‘El ángel que siempre va conmigo’ y ‘No hay descanso para mí’–, me formuló con cierta estupidez e insensibilidad un viejo y muy querido alumno al cual hoy ya ni reconozco, y que aunque me es indiferente me genera una profunda compasión.
            Otrosí: Este sábado 1 de diciembre y a raíz del anuncio de mi nueva encomienda al frente de Almuzara México, el buen Antonio Florido (1965), fabuloso escritor de altos vuelos y plumas de cañones recortados, me recordaba el artículo que publicó el 28 de febrero de 2021 en su columna El acento del medio digital español periodistadigital.com titulado ‘Manuel Pérez-Petit: El hombre voluntad’, en el cual, entre otras cosas, decía: La lucha de Manuel es como la de Sísifo: eterna, ciega, absurda, pero inmanente a su forma de entender el caos, y desarrollaba toda una especie de teoría en que, además, elogiaba lo que a su parecer y no sin razón es definitorio en mí: mi amor por la vida. Yo, que no persigo ni perseguí nunca notoriedad alguna, convencido como vivo de que lo único que hay que hacer es darse, ruborizado, le contesté en este mi Líneas de desnudo con ‘Hombre-Voluntad’, publicado el 3 de marzo de ese año y al que añadí como epígrafe aquellas otras palabras que me dedicara hace más de un decenio mi también querido amigo, el poeta y crítico hispano-argentino Marcos-Ricardo Barnatán (1946) en su generoso prólogo a mi ‘Creo en los milagros, antología personal 1985-2009’, que tuvo en 2010 hasta dos ediciones diferentes: Manuel Pérez-Petit es un personaje atípico. Poeta antes que nada, pero también animador cultural, un hombre de insaciable curiosidad y vasta cultura, de muchas lecturas pero también de muchas músicas y artes, con una irrefrenable tentación por la vanguardia allí donde esté naciendo, pero con esa pulsión clásica que deja que el idioma respire por los metros de la memoria (...).
Otrosí: Octavio Paz (1914-1998), que se negó siempre a dirigir talleres y a tener alumnos, tuvo uno en su departamento de la calle Río Guadalquivir, en la colonia Cuauhtémoc de la Ciudad de México, teniendo como uno de sus muy escogidos alumnos a la extraordinaria poeta Maricruz Patiño (1950), por quien conocí la génesis de ‘El laberinto de la soledad’, el problema que supuso su creación para el Nobel mexicano, y que ella cuenta con especial elocuencia –escuchen la entrevista que le hice a la poeta el pasado 7 de abril del presente en Temas y +temas, el programa de mi amigo querido y gran periodista mexicano Miguel Bárcena, del cual me honro en ser colaborador–. En ‘El laberinto de la soledad’, Paz acuñó esa famosa frase que da arranque a este artículo: La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida, oración quizá genial y en todo caso fruto indudable de la inspiración, pero de la cual disiento de manera radical. Aunque español de nacimiento, soy por decisión propia y convencida mexicano y ante lo que no siento indiferencia, por el hecho irrefutable de serlo, es ante la vida.
(Continuará…)
__________
Nota del autor
Comienzo con este texto una serie de tres artículos que publicaré cada dos días en esta penúltima semana de un 2023 que comenzó como la chingada y termina bien chido, lleno de luz, quizá porque he perdido mi empecinado miedo al triunfo de siempre.
Fuente de la imagen: https://almuzaralibros.com/noticia.php?noticia=358

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor, docente y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Tomando café con Pat. 3. Rápido, nada. Patricia Muñoz Díaz

Tomando café con Pat/ 3

Rápido, nada
Por Patricia Muñoz Díaz

Hace un tiempo, cuando trabajaba en artes gráficas, tenía un par de horas para comer. Alcanzaba perfecto para ir y venir del parque industrial a casa y, en ocasiones, comíamos en el café de Don Emilio. Digo comíamos porque era común encontrarnos ahí con algún amigo o amiga de aquella época, además de que el café tenía una larga barra donde conocías a mucha gente y Don Emilio, sus empleados y su hijo, nos atendían muy bien. 
            En una ocasión, mientras esperábamos nuestra comida, llegó una chica corriendo, pidió la carta y después de darle una ojeada le dijo a Don Emilio:
            —¿Qué tiene “rápido”?
            A lo que Don Emilio, con su gesto inexpresivo, respondió:
            —Rápido, nada.
—¿No tiene algo que me pueda preparar rápido?
—No, rápido… nada.
La chica se molestó, dejó el menú sobre la barra y se marchó frustrada. 
En aquel entonces yo también me hubiese molestado, pues la prisa es una fiel compañera, y mi esposo (en aquel entonces mi novio) y yo nos observamos con complicidad pensando en que quizá Don Emilio se había pasado de la raya. “Que poco empático, tiene una cafetería en una plaza comercial donde muchos empleados tienen un corto tiempo para comer, ejecutivos bancarios, etcétera...”
Don Emilio se acercó y nos dijo:
—Cada pedido lleva su tiempo, tal vez una torta se la podemos preparar en cinco o diez minutos, pero lo que es rápido para mí o para mi cocinero tal vez no sea rápido para ella y de todos modos se irá molesta. No me gusta atender a las personas que no quieren ser atendidas. Por eso, “rápido”, nada.
Pasó el tiempo. No había entendido la profundidad de esas palabras hasta ahora que soy consciente y responsable de mis propios procesos.
He pasado por varios emprendimientos y en todos he comprendido que cada cosa lleva su tiempo, así sea la preparación de un guisado o la elaboración de un mueble. Todo, absolutamente todo, lleva su propio tiempo.
Las nuevas generaciones están acostumbrados a la inmediatez. Con un click solucionan todo y si no está a tiempo les da una crisis de ansiedad (no exagero, pero me incluyo en ese nicho de ansiedad ocasionada por la tecnología que tanto nos beneficia y también nos perjudica).
Debemos asimilar que las cosas no se hacen solas aunque estemos acostumbrados al “click” de las compras en línea.
Compramos ropa, tecnología, comida, por las aplicaciones y nos molestamos si no llegan a la hora acordada. Seguimos siendo humanos, por mucho que las máquinas nos resuelvan muchas cosas. Dependemos de terceras personas (la motocicleta, el mensajero, el tráfico, la avenida, el semáforo, etc.). Y el desayuno agradable en un restaurante con buena compañía que decidiste no tomar porque era más “rápido” por la app de tu teléfono celular se vuelve una tortura porque no llegó a tiempo.
No soy quien para dar consejos de organización del hogar, pero si algo tengo claro es que comer, comer bien, comer en buena compañía, disfrutar el momento, aunque tenga algo de prisa, es importantísimo, porque la vida son instantes que no vuelven, así que “rápido, nada”.

Instagram y Facebook: @patmunozescritora
Imagen: Buzón Expresso, ©Pat Muñoz

*Sobre el autor:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.

Líneas de desnudo. 119. México y yo. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 119

México y yo
Por Manuel Pérez-Petit

En la noche del 15 al 16 de septiembre se conmemora el “Grito de Dolores”, llevado a cabo por el cura Miguel Hidalgo y Costilla (1753-1811) en 1810 en el pueblo de Dolores –hoy Dolores Hidalgo–, estado de Guanajuato, que se considera el comienzo del proceso de independencia de México, una guerra civil en realidad que concluyó once años después y de la que otro día tendremos que hablar, pues hoy quiero escribir de este México en que la vida se me me desangra en tanto la plenitud se me adueña no siendo ya responsable de lo que soy sino de mi voluntad de serlo y de la manera en que lo soy. Por ello, he desempolvado lo que escribí y leí en agosto de 2016 para la presentación de mi El año de las tormentas (ed. Librosampleados), a fin de, con leves retoques necesarios, compartirlo:

M. P.-P.
“México ha sido y es determinante en mi vida. No por ser un país más surrealista que las obras de los surrealistas –frase que se atribuye a Breton o a Dalí o a quién sabe quién, pero que existe–, no por ser la tierra de Pedro Páramo –en la que están todos muertos pese a lo cual viven para siempre– o de Julián Carrillo, el descubridor del sonido 13 –aún no descubierto por la mayoría, pero que demuestra que aquí son posibles las cosas imposibles–. Tampoco por ser la tierra en que todo tiene lugar sin medida, ni por ser la de Los olvidados de Luis Buñuel, la que inspiró a Oscar Lewis a escribir Los hijos de Sánchez, a John Steinbeck Tierra Atormentada, a Graham Greene El poder y la gloria, a Malcolm Lowry Bajo el volcán, a Luis Cernuda muchos de sus poemas y Variaciones sobre tema mexicano... 
            ≫Tampoco porque sea ininteligible, que lo es. México es inmaterial, inconcreto, un milagro pavoroso, un ente metafísico que va mucho más allá de la peculiaridad de su nombre, sus fronteras y sus gentes, siendo en realidad sus gentes muchos más que los que han nacido aquí. México es una metáfora de aristas y dimensiones incontables, un paradigma de la memoria, los recuerdos y los olvidos, los encuentros y los hallazgos, y también de los desencuentros y las contradicciones. El lugar en que no hay exceso que no tenga sentido, una sensualidad que nace de la tierra y un abanico de colores que llega al negro con el pasmo. Un mito de carne en que la muerte es en realidad un amor desmedido. México es el Edén, con todo lo que el Edén tiene de gozo y fatalismo. En México tienen categoría gastronómica los tacos de la muerte lenta. Y este es el México que llevó a Octavio Paz a decir que "La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida". 
            ≫Y si bien es cierto que los defeños tienen características propias, ninguna de ellas los diferencian del resto de los mexicanos, al fin y al cabo el D.F. –hoy CDMX, cuyo gentilicio desconozco, pero que debe ser horrible– fue creado por aluviones de gentes de todas partes que fueron capaces de construir un ente en que radica la potencia telúrica de esta ciudad, mucho más allá de su extensión y sus datos demográficos y económicos. Así, todo el México posible se hinca y nace de la tierra y hasta en la Lupe, incluso en las aristas más ateas y descreídas que puedan existir, pues la Virgen de Guadalupe es compatible con la negación de Dios, en una suerte de alquimia que hace de esta tierra, forjada en el horno del amor, del agua y de la sangre, una tierra prometida, y no solo para los mexicas... 
            ≫Por esta razón no es de extrañar que Ramón María del Valle-Inclán dijera: “En México está [también] la esencia más pura de España”. Y por eso quizá tenga sentido que yo, un español apenas adaptado pueda estar aquí, lleno de humildad y gratitud. En este México universal cuya ciudad bandera nos recibe como el mascarón de proa de la vida más potente imaginable..., no diré hoy aquí aquella frase de Francisco Villa ("¡Viva México, cabrones!"), que incorporé a mi poema “Dolor de México”, publicado de forma maravillosa por mi entrañable Federico Corral Vallejo en su Tintanueva Ediciones en 2013, y no lo haré tampoco por respeto a la patria a la que amo y que no es otra sino esta en la que vivo, la tierra en la que ando y el dolor que me habita, que es un dolor que nadie siente, como develé en ese mismo poema.
            ≫Ojalá algún día pueda yo llegar a reintegrar a México lo mucho que me ha dado y me da. Lo que aún me dará. Yo amo México, creo en los milagros, en que la vida es un continuo creer, crecer y crear. Y creo profundamente en México, que ha vivido, vive y vivirá en mí por y para siempre."
   
4 de agosto de 2016. Lectura del texto de este artículo en la presentación de El año de la tormentas (ed. Librosampleados), en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia de la Ciudad de México. El texto aquí publicado es solo una parte de la intervención del autor en ese evento, en que intervinieron en calidad de comentaristas Hugo César Moreno Hernández y Luis Bugarini, en la imagen a izquierda y derecha de M. P.-P. En la primera fila, se puede ver a la escritora Inés Récamier y a la editora Irma Martínez Hidalgo.
Fuente de la fotografía: Archivo personal de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Tomando café con Pat. 2. ¿Por qué te enojas? Patricia Muñoz Díaz

Tomando café con Pat/ 2

¿Por qué te enojas?
Por Patricia Muñoz Díaz

Cuántas veces hemos escuchado esa voz a tu lado que te dice: “Calma, no te enojes”. Pero cuando eso sucede, ya es demasiado tarde. Sientes la sangre hervir en tu interior, así como tu cerebro a punto de estallar y por supuesto tus puños a punto de soltarle un gancho al primero que pase. ¿Es normal? ¿O es sólo el hecho de que no sabemos controlar nuestras emociones? ¿Les ha pasado que suceden cosas aparentemente graves y el jefe no se inmuta, pero a la tarde, por una tontería hace un drama digno de un “Oscar” y se desquita con quien pase a su lado?
            Pues claro, uno se levanta a comenzar el día. Arreglarse, preparar el desayuno, alistar a los chicos a la escuela, y en ese inter, pequeñas tonterías comienzan a llenar tu mente limpia y relajada. Pasan los minutos y comienzas con una sonrisa, pero el tráfico y la cara de pocos amigos del resto de los conductores no ayudan. Al fin llegas a tu oficina y comienzan a llover asuntos por resolver, los pendientes del día anterior, las cosas urgentes, las cosas importantes, las noticias, las redes sociales, los haters.
            Al fin medio se compone el día, pero tu trabajo de veinte días "godínez" te lo estropea por accidente y explotas, y para colmo llega el de vigilancia a informarte que tu auto tiene una llanta ponchada. Respiras profundo, lo resuelves y llegas a casa, hay un apagón. Llamas a vigilancia y te dicen que un adolescente chocó el poste del transformador, y de pronto, al fin te resignas a aceptar tu día. Sales de casa a buscar una válvula de escape, pero resulta que el vecino deja mal estacionado su auto, te tropiezas y al caer al suelo sólo observas al vecino que en vez de ayudar a levantarte te dice: "Le aflojaste la defensa a mi coche". 
            ¿Explotas o no explotas? Comienzas a decir estupideces, te peleas con tu vecino, le dices de todo menos "bonito" y le recuerdas a toda su ascendencia y descendencia.
            Y todavía llega la esposa con su "melodiosa voz” y dice: “No te enojes...”
            Es mejor tener ocho pequeños enojos que uno grande. Cuando uno está molesto, frustrado, enojado, no da tiempo a su cerebro para pensar. Si bien debemos practicar nuestra paciencia y tratar de mantener la calma, así como debemos llorar cuando estamos tristes, también se vale estar enojado, pero es preferible sacar nuestra frustración poco a poco a dejar que el vaso se llene y se derrame, porque puede ser mucho peor.
            La vida es la mejor escuela para practicar la paciencia, por eso estamos donde estamos, así que, les paso estas recomendaciones para relajarnos y procurar sobrellevar nuestros malos ratos de la mejor manera.
            Tip 1. Si estás molesto con alguien, debes hablarlo. No te quedes con las cosas guardadas por no querer darle importancia. A veces pensamos que son tonterías, pero el “corajito” se nos queda guardado, como un alfiler haciendo harakiri en el corazón.  Es mejor pasar el mal rato de platicarlo, que seguir llenando el “vaso”.
            Tip 2. Respira profundo y cuenta hasta diez. Si no funciona cuenta hasta veinte. Si no funciona enciérrate en el baño y respira profundo. Cuando te calmes, sales, buscas  la persona y hablan.
            Tip 3. Desahógate. A veces por no preocupar a nuestros amigos o familiares nos guardamos todo. No tenemos con quien sacar todos nuestros problemas. Nos han educado para ser fuertes y enfrentar la vida, pero también somos seres humanos y podemos flaquear. Lo malo no es caer, lo malo es no volver a levantarse, y es mejor hacerlo en compañía que solos. Si no quieres preocupar a tu familia consíguete un psicólogo o un psiquiatra. El ir a terapia no quiere decir que estás loco. Velo como un desahogo personal.
            Tip 4. Haz algo que te guste mucho. Terapia ocupacional realizando una actividad que te apasione. Algún deporte, taller de lectura o artes plásticas, un pasatiempo. Es importante tener un tiempo de entretenimiento personal. No es ir al cine con los amigos, o con tu pareja. Es tu tiempo y este espacio te ayudará a liberar tu mente y distraerte de los problemas personales que pudieras llegar a tener. Nuestro cerebro también necesita diluirse.
            Tip 5. Perdona. Perdonar no significa que seas tonto. Significa que el daño que te hayan causado no debe ser un obstáculo para que sigas con tu vida. Si puedes recuperar a esa persona hazlo, pero si no, déjalo o déjala ir, sin rencores, porque sólo te haces daño. No voy a poner ejemplos, porque hay diferentes circunstancias, estoy hablando de temas comunes, boberías, peleas tontas. Si el problema es grave, busca ayuda, no trates de hacerlo solo. 
            La vida sigue su curso, así que arriba y adelante. Si te enojas es por algo, somos humanos, no podemos evitarlo, se vale, pero si podemos ser pacientes y prudentes antes de explotar los resultados serán mejores. 

            Instagram y Facebook: @patmunozescritora
Imagen: Beautifully Annoyed, de Chris6
Fuente: https://www.canva.com/photos/MADFVBKcE30-beautifully-annoyed/ 

*Sobre el autor:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.

Líneas de desnudo. 118. No hay descanso para mí. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 118

No hay descanso para mí
Por Manuel Pérez-Petit

Manuel Pérez-Petit es un personaje atípico. Poeta antes que nada, pero también animador cultural, un hombre de insaciable curiosidad y vasta cultura, de muchas lecturas pero también de muchas músicas y artes, con una irrefrenable tentación por la vanguardia allí donde esté naciendo, pero con esa pulsión clásica que deja que el idioma respire por los metros de la memoria. (…)

Marcos-Ricardo Barnatán, prólogo a Creo en los milagros, antología personal 1985-2009, de M. P.-P. (México, 2010, dos ediciones)

A María Espinosa Pino

En efecto, el pasado sábado día 26 de agosto tuve un infarto, tal y como conté en mi El ángel que siempre va conmigo, pero si tan solo fuera tan simple...
            Que he salido en un personaje atípico, y ni se imaginan la de veces que he maldecido esa condición ni lo que he luchado contra ello, ya lo asumí, incluso como derrota inapelable, hace mucho tiempo, a la par que me propuse la compleja e inevitable tarea de convertirlo en algo parecido a una virtud, que es lo que tiene no poder ser en realidad más que uno mismo, y por mucho que uno lo deje para luego llega la hora de afrontarlo, siendo tanto lo que hay por hacer. Una de las características de mi atipicidad es no haberme detenido nunca, no como fruto de ningún tipo de hiperactividad sino como consecuencia de un acto sólido y permanente de voluntad que supera mi propia voluntad, es superior a mí y aunque hace verdad aquello de que el idioma, ante mi propia sorpresa, “respire por los metros de la memoria”, pues no sé expresarme de otro modo que no sea con palabras, me llena de extrañeza ante mí mismo y me hace extraño a los ojos de cualquiera, pues soy muy libre. No es una elección sino una realidad muchas veces ininteligible con la que me he visto obligado a pactar una y otra vez, a precios incalculables tanto en lo bueno como en lo malo. Soy atípico, eso es cierto, como atípicas son las cosas que a veces me pasan.
            El pasado sábado día 26 de agosto tuve, en efecto, un infarto. Ingresé en el hospital a las cuatro de la madrugada del domingo. A las seis se me acercó la trabajadora social del centro y estuvo conversando conmigo. Fue la última vez que me permitieron tener acceso a mi teléfono. Lo hice para darle cinco números de teléfono. El primero y más importante el de mi tía Pilar, a la que solo había que escribirle un whatsapp. Yo ya sabía que iba a tener que someterme a un cateterismo, y para mí era condición que lo supiera mi familia. Además, di el de otras cuatro personas de México. Pasaron luego las horas y yo me iba estabilizando en tanto se sucedían varias pequeñas crisis y seguía preguntando si habían avisado a mi tía. A media mañana me subieron a planta, en tanto seguía todo el protocolo clínico. Firmé todos los consentimientos informados que me pusieron por delante. No tenía otro camino que intervenirme, y rápido, y sin embargo seguía preguntando una y otra vez si habían avisado a mi familia. A las cuatro de la tarde pregunté por última ocasión, y la respuesta fue que no, que de los teléfonos que yo había dado solo habían avisado a una persona, pero no a mi tía, la única que debía saber para administrar la información con mi familia... Ante la incomprensión general y hasta cierta agresión verbal de alguien de “¡Atención al usuario!” solicité con firmeza y calma el alta voluntaria, informando que saldría del hospital solo el tiempo necesario para avisar a quienes debían saber lo que pasaba y regresar. A las nueve y media de la noche estaba saliendo a la calle, con mi teléfono recuperado. Me fui a una cafetería, envié varios mensajes, todos esenciales para mí, reposé un rato y otra vez de madrugada reingresé por la puerta de urgencias. No me había quitado ni los electrodos. Pocas horas después, estaba siendo intervenido. 
            No puedo decir que sean cosas que pasan, pues a mí me pasan cosas que a nadie le pasan. Así es la vida, y hace años que ando convencido de que no hay descanso para mí, y estoy conforme.
No hay descanso para mí y nunca me canso. Fotografía de M. P.-P., tomada por Lilia López el 8 de agosto de 2016.
Fuente de la fotografía: Archivo personal de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 117. El ángel que siempre va conmigo. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 117

El ángel que siempre va conmigo
Por Manuel Pérez-Petit

Escribo convaleciente, al comienzo de una convalecencia que me durará toda la vida y que comenzó hace justo una semana, cuando me encontré con la muerte, llegada por ensalmo con nocturnidad, soledad y alevosía para quedarse ya conmigo. Puede que el corazón sea el asiento del alma, como me ha recordado que es posible que sea Ladislao, y yo estoy convencido de que el ángel que siempre va conmigo sacándome esta vez del trance no ha hecho más que confirmar que soy el instrumento de una misión que es solo mía y no es delegable, que no llegó mi hora sino el momento de reaccionar, tomar por fin el toro por los cuernos, levantarme de mi propia limitación y desterrar lo accesorio, y más habida cuenta de que pareciera que tengo más vidas que un gato, como me decía Roberto, pero en el convencimiento de que de ningún modo puedo jugar con el objetivo de ser cada día de manera más plena yo mismo, y mucho menos en éste, del cual tengo conciencia de que es el último tramo de mi existencia.
            El pasado sábado 26 de agosto tuve por la tarde un golpe de dolor en el pecho y ambos brazos, que se disipó en unos minutos. Me encontraba en Toluca, en el marco de la Feria Internacional del Libro del Estado de México (FILEM), atendiendo el estand de la casa editora de mi querido Eduardo Villegas Guevara, Cofradía de Coyotes. No le di mayor importancia al hecho y quedé convencido de que era un golpe de ansiedad. Un par de horas después, mientras cenaba, me volvió ese dolor, esta vez más fuerte, que me duró como quince minutos y también pasó. Llegué a mi hotel, deshice la maleta y me preparé para dormir. Sobre las once y media de la noche, el dolor regresó para no irse. Nunca he sentido un dolor tan brutal ni asfixiante. Ya no solo afectaba a mi pecho y a mis brazos, sino también a mi cuello y, al rato, a mis antebrazos. Seguí sin darle importancia, pasé por el baño, hice ejercicios de respiración e intenté en vano conciliar el sueño en varias posturas diferentes. Comenzaron a dolerme las manos y ya entré en alerta. Busqué en internet, tomé conciencia de lo que me pasaba. Con calma rehice mis maletas, me puse ropa cómoda y bajé a la recepción. A las tres de la madrugada estaba llamando a la ambulancia. A las cuatro ingresé por urgencias al Centro Médico Adolfo López Mateos de Toluca... El lunes fui sometido a una angioplastia mediante la cual me implantaron un stent, dispositivo consistente en una malla metálica en forma de tubo que, colocado en un vaso sanguíneo, corrige el estrechamiento que pueda presentar, en la arteria coronaria izquierda, que tenía una obstrucción del 98 por ciento, quedando para mejor ocasión aunque no muy lejana intervenir la coronaria derecha, que presenta dos obstrucciones de menor consideración que la anterior. Podría parecer técnica la descripción, aunque si leyeran el informe médico... 
            Escribo, pues, convaleciente, después de haberme visto cara a cara con claridad juanramoniana aunque en nada lírica con la muerte, sabiendo que padezco una cardiopatía isquémica que ha de conversar siempre conmigo, cambia la voz con la que vivo y determina mis pasos definitivos. Yo no quería hacerlo público de momento y confiaba en el boca a boca, pero alguien tuvo la ocurrencia de publicarlo en una red social, y así como de ese modo se enteraron muchas personas queridas a las que tarde o temprano yo les iba a decir también se enteró quien yo no quería que lo supiera, y menos de ese modo, mi madre, quien ahora está más tranquila, pero que a sus lúcidos 93 años pasó uno de los peores días de su vida. Gracias a Dios todo quedó en calma, igual porque ese ángel que siempre va conmigo me iluminó para saberle explicar lo que me ha pasado...
__________
Nota del autor
Cuando a punto estoy de mandar el presente artículo a la revista, me entero de un maravilloso texto que mi dilecto Roger Octavio Gómez Espinosa ha tenido a bien dedicarme, titulado Indómito de corazón, y me ha emocionado. Gracias de todo corazón. Siempre hay que permanecer en pie, en efecto, y si uno se cae con más razón todavía. Y ya les contaré lo de que tuve que escaparme de la clínica para dar noticia a mis amigos...
Fuente de la fotografía: Archivo personal de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 116. 45 años no es nada. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 116

45 años no es nada
Por Manuel Pérez-Petit

Comentaba a mi anterior artículo, El discurso de San Crispín, el gran escritor y amigo de Sonora, México, Alaric Gutiérrez, “Mientras no quieras escarbar la tierra con los dientes, todo está bien”, y añadía en su amable respuesta a mi texto su convencimiento de que el poeta español Miguel Hernández (1910-1942) no tenía nada que envidiarle a Shakespeare (1564-1616), poetas del amor…

Para Rosa y Marcos

M. P.-P.
Pues sí, quiero escarbar la tierra… con los pocos dientes que me quedan, sometido como ando a una periodontitis que siendo un padecimiento crónico y hasta genético yo mismo me he encargado de cultivar con malos hábitos, desidia y un peculiar y secular descuido, pero esta vez lo quiero hacer como fruto de mi afecto, asombro y admiración. Un dia volveré a escribir, pues ya lo he hecho en varias ocasiones, del poeta de Orihuela y del Bardo de Avon, incluso poniéndolos en relación, pero hoy quiero escarbar la tierra con los dientes lleno de cariño y rendición hacia una de las historias de amor más luminosas e inspiradoras que he conocido en mi vida: la de Rosa y Marcos-Ricardo, con cuya amistad personal me siento honrado desde hace ya casi un quinto de siglo.
            Escribo de Rosa María Pereda de Castro (n. 1949) y de Marcos-Ricardo Barnatán Hodari (n. 1946), que sí que saben de poesía y de vida, pero en los que valoro sobre todo lo demás su entidad como personas y su historia de amor, que dio en un matrimonio que acaba de cumplir 45 años..., una efeméride que parece de otra época, en estos tiempos en que amor se acaba antes de decir ‘hola’...
            Se trata de dos de las personas más queridas del mundo cultural y artístico no solo de Madrid y de Santander, ciudades donde alternan hoy su residencia, sino de toda España, y de más allá de las fronteras españolas. No les contaré ningún secreto si les develo que su amor se lo deben nada menos que a Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), pues la propia Rosa lo contó en unos de los libros, que leí en su casa de Santander en el verano de 2006. Hablo de memoria, pues hoy por hoy no tengo biblioteca ni archivos –esas cosas que siempre cultivé con pasión de relojero y de las que he sido expoliado no hace mucho, en mi último naufragio–, pero lo recuerdo con claridad por haberlo leído. Fue en Londres, en el hotel en que vivía por entonces el gran escritor cubano. Tan simple como que Marcos salía de platicar con su amigo y Rosa entraba, pues por entonces ella estaba elaborando una tesis doctoral sobre el autor de “Tres tristes tigres”, que fue a la postre la primera que se hizo sobre el escritor nacido en Gibara. En este encuentro casual comenzó a fraguarse una de las historias de amor más grandes de la historia contemporánea de la literatura en español, una que un día tendrá su lugar en los libros de texto, y sé que no es solo pasión de amigo cuando lo afirmo. 
            Se trata de una de las más grandes críticas culturales que ha dado la lengua española en los últimos cincuenta años y del más grande poeta español nacido en Argentina y uno de los más grandes escritores de su generación en todo el ámbito de la lengua de Cervantes. Rosa, hija del gran humanista cántabro Manuel Pereda de la Reguera (1919-1981), es, además, una novelista y ensayista extraordinaria, integrante de la primera Redacción del diario español El País, en donde permaneció por casi cuarenta años, y hoy, por si fuera poco, concejala del Ayuntamiento de Santander, una más de sus trincheras en su constante reivindicación de un feminismo culto y valioso por sus cuatro costados. Su vitalidad es un paradigma. Marcos es una figura incontestable, un poeta de primer orden, un narrador delicioso, un crítico de arte de primera fila, un ensayista lúcido y, además, el primero que tradujo al español a la Generación Beat, un especialista mundial en la obra de Jorge Luis Borges… Y como de casta le viene al galgo son los padres de Jimmy Barnatán (n. 1981), un extraordinario príncipe de la música que si no conocen debieran conocer.
            Por nuestra amistad más que por mis méritos yo tuve la enorme fortuna y responsabilidad de ser editor de una obra de cada uno, la novela La sombra del Gudari y el poemario Naipes Marcados, dos obras maestras publicadas en 2013 con mi viejo y pese a lo cual parece que aún vigente Sediento Ediciones. Uy, y a Marcos le debo, entre muchas otras cosas, el mejor prólogo sobre mi obra que nunca hubiera imaginado, el que me regaló para mi Creo en los milagros, nueva antología personal 1985-2009, publicada en México en 2010 y hoy, como las cosas buenas, inencontrable. Y a ambos, tantos y tan inolvidables momentos de convivencia que, como ustedes comprenderán, se siguen quedando para nosotros, pues no estoy acá para contar mis anecdotarios personales.
            Ya escribí de ellos en mi San Borondón como consuelo (https://letrasideayvoz.com/2021/11/07/lineas-de-desnudo-47-san-borondon-como-consuelo-manuel-perez-petit/), pero si en esta ocasión los traigo acá es, ya digo, es por la amistad y la admiración que les profeso. Y como reconocimiento por sus 45 años de matrimonio, hoy, 22 de agosto, cumpleaños de Rosa. ¡Qué más quisiera yo que haber tenido un matrimonio no de 45 sino de mucho menos tiempo alguna vez en la vida, con mis tres fracasos matrimoniales a cuestas, que son como el dolor de muelas de siempre que marca la voz con que me expreso! Así, pues, escribo esto también con sana envidia. Y con cuarenta y cinco brindis de felicidad.
Viernes, 11 de julio de 2014. Presentación en el centro de Arte Moderno, en Madrid, España, de Sediento Ediciones y de La sombra del gudari, de Rosa Pereda, y Naipes marcados, de Marcos-Ricardo Barnatán, sentados en la imagen a un lado y a otro de M. P.-P. En pie, Claudio Pérez Míguez, coordinador de el Centro, dando comienzo al evento.
Fuente de la fotografía: Archivo de Sediento Ediciones.
Propiedad: Centro de Arte Moderno, Madrid.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.