Líneas de desnudo. 120. Del miedo al triunfo (1). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 120

Del miedo al triunfo (1)
Por Manuel Pérez-Petit

La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida.

Octavio Paz, El laberinto de la soledad
Estoy vivo. Con eso respondo a una pregunta que, en días posteriores a mi infarto del pasado 26 de agosto del presente –que compartí en mis ‘El ángel que siempre va conmigo’ y ‘No hay descanso para mí’–, me formuló con cierta estupidez e insensibilidad un viejo y muy querido alumno al cual hoy ya ni reconozco, y que aunque me es indiferente me genera una profunda compasión.
            Otrosí: Este sábado 1 de diciembre y a raíz del anuncio de mi nueva encomienda al frente de Almuzara México, el buen Antonio Florido (1965), fabuloso escritor de altos vuelos y plumas de cañones recortados, me recordaba el artículo que publicó el 28 de febrero de 2021 en su columna El acento del medio digital español periodistadigital.com titulado ‘Manuel Pérez-Petit: El hombre voluntad’, en el cual, entre otras cosas, decía: La lucha de Manuel es como la de Sísifo: eterna, ciega, absurda, pero inmanente a su forma de entender el caos, y desarrollaba toda una especie de teoría en que, además, elogiaba lo que a su parecer y no sin razón es definitorio en mí: mi amor por la vida. Yo, que no persigo ni perseguí nunca notoriedad alguna, convencido como vivo de que lo único que hay que hacer es darse, ruborizado, le contesté en este mi Líneas de desnudo con ‘Hombre-Voluntad’, publicado el 3 de marzo de ese año y al que añadí como epígrafe aquellas otras palabras que me dedicara hace más de un decenio mi también querido amigo, el poeta y crítico hispano-argentino Marcos-Ricardo Barnatán (1946) en su generoso prólogo a mi ‘Creo en los milagros, antología personal 1985-2009’, que tuvo en 2010 hasta dos ediciones diferentes: Manuel Pérez-Petit es un personaje atípico. Poeta antes que nada, pero también animador cultural, un hombre de insaciable curiosidad y vasta cultura, de muchas lecturas pero también de muchas músicas y artes, con una irrefrenable tentación por la vanguardia allí donde esté naciendo, pero con esa pulsión clásica que deja que el idioma respire por los metros de la memoria (...).
Otrosí: Octavio Paz (1914-1998), que se negó siempre a dirigir talleres y a tener alumnos, tuvo uno en su departamento de la calle Río Guadalquivir, en la colonia Cuauhtémoc de la Ciudad de México, teniendo como uno de sus muy escogidos alumnos a la extraordinaria poeta Maricruz Patiño (1950), por quien conocí la génesis de ‘El laberinto de la soledad’, el problema que supuso su creación para el Nobel mexicano, y que ella cuenta con especial elocuencia –escuchen la entrevista que le hice a la poeta el pasado 7 de abril del presente en Temas y +temas, el programa de mi amigo querido y gran periodista mexicano Miguel Bárcena, del cual me honro en ser colaborador–. En ‘El laberinto de la soledad’, Paz acuñó esa famosa frase que da arranque a este artículo: La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida, oración quizá genial y en todo caso fruto indudable de la inspiración, pero de la cual disiento de manera radical. Aunque español de nacimiento, soy por decisión propia y convencida mexicano y ante lo que no siento indiferencia, por el hecho irrefutable de serlo, es ante la vida.
(Continuará…)
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Nota del autor
Comienzo con este texto una serie de tres artículos que publicaré cada dos días en esta penúltima semana de un 2023 que comenzó como la chingada y termina bien chido, lleno de luz, quizá porque he perdido mi empecinado miedo al triunfo de siempre.
Fuente de la imagen: https://almuzaralibros.com/noticia.php?noticia=358

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor, docente y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

Tomando café con Pat. 3. Rápido, nada. Patricia Muñoz Díaz

Tomando café con Pat/ 3

Rápido, nada
Por Patricia Muñoz Díaz

Hace un tiempo, cuando trabajaba en artes gráficas, tenía un par de horas para comer. Alcanzaba perfecto para ir y venir del parque industrial a casa y, en ocasiones, comíamos en el café de Don Emilio. Digo comíamos porque era común encontrarnos ahí con algún amigo o amiga de aquella época, además de que el café tenía una larga barra donde conocías a mucha gente y Don Emilio, sus empleados y su hijo, nos atendían muy bien. 
            En una ocasión, mientras esperábamos nuestra comida, llegó una chica corriendo, pidió la carta y después de darle una ojeada le dijo a Don Emilio:
            —¿Qué tiene “rápido”?
            A lo que Don Emilio, con su gesto inexpresivo, respondió:
            —Rápido, nada.
—¿No tiene algo que me pueda preparar rápido?
—No, rápido… nada.
La chica se molestó, dejó el menú sobre la barra y se marchó frustrada. 
En aquel entonces yo también me hubiese molestado, pues la prisa es una fiel compañera, y mi esposo (en aquel entonces mi novio) y yo nos observamos con complicidad pensando en que quizá Don Emilio se había pasado de la raya. “Que poco empático, tiene una cafetería en una plaza comercial donde muchos empleados tienen un corto tiempo para comer, ejecutivos bancarios, etcétera...”
Don Emilio se acercó y nos dijo:
—Cada pedido lleva su tiempo, tal vez una torta se la podemos preparar en cinco o diez minutos, pero lo que es rápido para mí o para mi cocinero tal vez no sea rápido para ella y de todos modos se irá molesta. No me gusta atender a las personas que no quieren ser atendidas. Por eso, “rápido”, nada.
Pasó el tiempo. No había entendido la profundidad de esas palabras hasta ahora que soy consciente y responsable de mis propios procesos.
He pasado por varios emprendimientos y en todos he comprendido que cada cosa lleva su tiempo, así sea la preparación de un guisado o la elaboración de un mueble. Todo, absolutamente todo, lleva su propio tiempo.
Las nuevas generaciones están acostumbrados a la inmediatez. Con un click solucionan todo y si no está a tiempo les da una crisis de ansiedad (no exagero, pero me incluyo en ese nicho de ansiedad ocasionada por la tecnología que tanto nos beneficia y también nos perjudica).
Debemos asimilar que las cosas no se hacen solas aunque estemos acostumbrados al “click” de las compras en línea.
Compramos ropa, tecnología, comida, por las aplicaciones y nos molestamos si no llegan a la hora acordada. Seguimos siendo humanos, por mucho que las máquinas nos resuelvan muchas cosas. Dependemos de terceras personas (la motocicleta, el mensajero, el tráfico, la avenida, el semáforo, etc.). Y el desayuno agradable en un restaurante con buena compañía que decidiste no tomar porque era más “rápido” por la app de tu teléfono celular se vuelve una tortura porque no llegó a tiempo.
No soy quien para dar consejos de organización del hogar, pero si algo tengo claro es que comer, comer bien, comer en buena compañía, disfrutar el momento, aunque tenga algo de prisa, es importantísimo, porque la vida son instantes que no vuelven, así que “rápido, nada”.

Instagram y Facebook: @patmunozescritora
Imagen: Buzón Expresso, ©Pat Muñoz

*Sobre el autor:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.

Líneas de desnudo. 119. México y yo. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 119

México y yo
Por Manuel Pérez-Petit

En la noche del 15 al 16 de septiembre se conmemora el “Grito de Dolores”, llevado a cabo por el cura Miguel Hidalgo y Costilla (1753-1811) en 1810 en el pueblo de Dolores –hoy Dolores Hidalgo–, estado de Guanajuato, que se considera el comienzo del proceso de independencia de México, una guerra civil en realidad que concluyó once años después y de la que otro día tendremos que hablar, pues hoy quiero escribir de este México en que la vida se me me desangra en tanto la plenitud se me adueña no siendo ya responsable de lo que soy sino de mi voluntad de serlo y de la manera en que lo soy. Por ello, he desempolvado lo que escribí y leí en agosto de 2016 para la presentación de mi El año de las tormentas (ed. Librosampleados), a fin de, con leves retoques necesarios, compartirlo:

M. P.-P.
“México ha sido y es determinante en mi vida. No por ser un país más surrealista que las obras de los surrealistas –frase que se atribuye a Breton o a Dalí o a quién sabe quién, pero que existe–, no por ser la tierra de Pedro Páramo –en la que están todos muertos pese a lo cual viven para siempre– o de Julián Carrillo, el descubridor del sonido 13 –aún no descubierto por la mayoría, pero que demuestra que aquí son posibles las cosas imposibles–. Tampoco por ser la tierra en que todo tiene lugar sin medida, ni por ser la de Los olvidados de Luis Buñuel, la que inspiró a Oscar Lewis a escribir Los hijos de Sánchez, a John Steinbeck Tierra Atormentada, a Graham Greene El poder y la gloria, a Malcolm Lowry Bajo el volcán, a Luis Cernuda muchos de sus poemas y Variaciones sobre tema mexicano... 
            ≫Tampoco porque sea ininteligible, que lo es. México es inmaterial, inconcreto, un milagro pavoroso, un ente metafísico que va mucho más allá de la peculiaridad de su nombre, sus fronteras y sus gentes, siendo en realidad sus gentes muchos más que los que han nacido aquí. México es una metáfora de aristas y dimensiones incontables, un paradigma de la memoria, los recuerdos y los olvidos, los encuentros y los hallazgos, y también de los desencuentros y las contradicciones. El lugar en que no hay exceso que no tenga sentido, una sensualidad que nace de la tierra y un abanico de colores que llega al negro con el pasmo. Un mito de carne en que la muerte es en realidad un amor desmedido. México es el Edén, con todo lo que el Edén tiene de gozo y fatalismo. En México tienen categoría gastronómica los tacos de la muerte lenta. Y este es el México que llevó a Octavio Paz a decir que "La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida". 
            ≫Y si bien es cierto que los defeños tienen características propias, ninguna de ellas los diferencian del resto de los mexicanos, al fin y al cabo el D.F. –hoy CDMX, cuyo gentilicio desconozco, pero que debe ser horrible– fue creado por aluviones de gentes de todas partes que fueron capaces de construir un ente en que radica la potencia telúrica de esta ciudad, mucho más allá de su extensión y sus datos demográficos y económicos. Así, todo el México posible se hinca y nace de la tierra y hasta en la Lupe, incluso en las aristas más ateas y descreídas que puedan existir, pues la Virgen de Guadalupe es compatible con la negación de Dios, en una suerte de alquimia que hace de esta tierra, forjada en el horno del amor, del agua y de la sangre, una tierra prometida, y no solo para los mexicas... 
            ≫Por esta razón no es de extrañar que Ramón María del Valle-Inclán dijera: “En México está [también] la esencia más pura de España”. Y por eso quizá tenga sentido que yo, un español apenas adaptado pueda estar aquí, lleno de humildad y gratitud. En este México universal cuya ciudad bandera nos recibe como el mascarón de proa de la vida más potente imaginable..., no diré hoy aquí aquella frase de Francisco Villa ("¡Viva México, cabrones!"), que incorporé a mi poema “Dolor de México”, publicado de forma maravillosa por mi entrañable Federico Corral Vallejo en su Tintanueva Ediciones en 2013, y no lo haré tampoco por respeto a la patria a la que amo y que no es otra sino esta en la que vivo, la tierra en la que ando y el dolor que me habita, que es un dolor que nadie siente, como develé en ese mismo poema.
            ≫Ojalá algún día pueda yo llegar a reintegrar a México lo mucho que me ha dado y me da. Lo que aún me dará. Yo amo México, creo en los milagros, en que la vida es un continuo creer, crecer y crear. Y creo profundamente en México, que ha vivido, vive y vivirá en mí por y para siempre."
   
4 de agosto de 2016. Lectura del texto de este artículo en la presentación de El año de la tormentas (ed. Librosampleados), en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia de la Ciudad de México. El texto aquí publicado es solo una parte de la intervención del autor en ese evento, en que intervinieron en calidad de comentaristas Hugo César Moreno Hernández y Luis Bugarini, en la imagen a izquierda y derecha de M. P.-P. En la primera fila, se puede ver a la escritora Inés Récamier y a la editora Irma Martínez Hidalgo.
Fuente de la fotografía: Archivo personal de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Tomando café con Pat. 2. ¿Por qué te enojas? Patricia Muñoz Díaz

Tomando café con Pat/ 2

¿Por qué te enojas?
Por Patricia Muñoz Díaz

Cuántas veces hemos escuchado esa voz a tu lado que te dice: “Calma, no te enojes”. Pero cuando eso sucede, ya es demasiado tarde. Sientes la sangre hervir en tu interior, así como tu cerebro a punto de estallar y por supuesto tus puños a punto de soltarle un gancho al primero que pase. ¿Es normal? ¿O es sólo el hecho de que no sabemos controlar nuestras emociones? ¿Les ha pasado que suceden cosas aparentemente graves y el jefe no se inmuta, pero a la tarde, por una tontería hace un drama digno de un “Oscar” y se desquita con quien pase a su lado?
            Pues claro, uno se levanta a comenzar el día. Arreglarse, preparar el desayuno, alistar a los chicos a la escuela, y en ese inter, pequeñas tonterías comienzan a llenar tu mente limpia y relajada. Pasan los minutos y comienzas con una sonrisa, pero el tráfico y la cara de pocos amigos del resto de los conductores no ayudan. Al fin llegas a tu oficina y comienzan a llover asuntos por resolver, los pendientes del día anterior, las cosas urgentes, las cosas importantes, las noticias, las redes sociales, los haters.
            Al fin medio se compone el día, pero tu trabajo de veinte días "godínez" te lo estropea por accidente y explotas, y para colmo llega el de vigilancia a informarte que tu auto tiene una llanta ponchada. Respiras profundo, lo resuelves y llegas a casa, hay un apagón. Llamas a vigilancia y te dicen que un adolescente chocó el poste del transformador, y de pronto, al fin te resignas a aceptar tu día. Sales de casa a buscar una válvula de escape, pero resulta que el vecino deja mal estacionado su auto, te tropiezas y al caer al suelo sólo observas al vecino que en vez de ayudar a levantarte te dice: "Le aflojaste la defensa a mi coche". 
            ¿Explotas o no explotas? Comienzas a decir estupideces, te peleas con tu vecino, le dices de todo menos "bonito" y le recuerdas a toda su ascendencia y descendencia.
            Y todavía llega la esposa con su "melodiosa voz” y dice: “No te enojes...”
            Es mejor tener ocho pequeños enojos que uno grande. Cuando uno está molesto, frustrado, enojado, no da tiempo a su cerebro para pensar. Si bien debemos practicar nuestra paciencia y tratar de mantener la calma, así como debemos llorar cuando estamos tristes, también se vale estar enojado, pero es preferible sacar nuestra frustración poco a poco a dejar que el vaso se llene y se derrame, porque puede ser mucho peor.
            La vida es la mejor escuela para practicar la paciencia, por eso estamos donde estamos, así que, les paso estas recomendaciones para relajarnos y procurar sobrellevar nuestros malos ratos de la mejor manera.
            Tip 1. Si estás molesto con alguien, debes hablarlo. No te quedes con las cosas guardadas por no querer darle importancia. A veces pensamos que son tonterías, pero el “corajito” se nos queda guardado, como un alfiler haciendo harakiri en el corazón.  Es mejor pasar el mal rato de platicarlo, que seguir llenando el “vaso”.
            Tip 2. Respira profundo y cuenta hasta diez. Si no funciona cuenta hasta veinte. Si no funciona enciérrate en el baño y respira profundo. Cuando te calmes, sales, buscas  la persona y hablan.
            Tip 3. Desahógate. A veces por no preocupar a nuestros amigos o familiares nos guardamos todo. No tenemos con quien sacar todos nuestros problemas. Nos han educado para ser fuertes y enfrentar la vida, pero también somos seres humanos y podemos flaquear. Lo malo no es caer, lo malo es no volver a levantarse, y es mejor hacerlo en compañía que solos. Si no quieres preocupar a tu familia consíguete un psicólogo o un psiquiatra. El ir a terapia no quiere decir que estás loco. Velo como un desahogo personal.
            Tip 4. Haz algo que te guste mucho. Terapia ocupacional realizando una actividad que te apasione. Algún deporte, taller de lectura o artes plásticas, un pasatiempo. Es importante tener un tiempo de entretenimiento personal. No es ir al cine con los amigos, o con tu pareja. Es tu tiempo y este espacio te ayudará a liberar tu mente y distraerte de los problemas personales que pudieras llegar a tener. Nuestro cerebro también necesita diluirse.
            Tip 5. Perdona. Perdonar no significa que seas tonto. Significa que el daño que te hayan causado no debe ser un obstáculo para que sigas con tu vida. Si puedes recuperar a esa persona hazlo, pero si no, déjalo o déjala ir, sin rencores, porque sólo te haces daño. No voy a poner ejemplos, porque hay diferentes circunstancias, estoy hablando de temas comunes, boberías, peleas tontas. Si el problema es grave, busca ayuda, no trates de hacerlo solo. 
            La vida sigue su curso, así que arriba y adelante. Si te enojas es por algo, somos humanos, no podemos evitarlo, se vale, pero si podemos ser pacientes y prudentes antes de explotar los resultados serán mejores. 

            Instagram y Facebook: @patmunozescritora
Imagen: Beautifully Annoyed, de Chris6
Fuente: https://www.canva.com/photos/MADFVBKcE30-beautifully-annoyed/ 

*Sobre el autor:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.

Líneas de desnudo. 118. No hay descanso para mí. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 118

No hay descanso para mí
Por Manuel Pérez-Petit

Manuel Pérez-Petit es un personaje atípico. Poeta antes que nada, pero también animador cultural, un hombre de insaciable curiosidad y vasta cultura, de muchas lecturas pero también de muchas músicas y artes, con una irrefrenable tentación por la vanguardia allí donde esté naciendo, pero con esa pulsión clásica que deja que el idioma respire por los metros de la memoria. (…)

Marcos-Ricardo Barnatán, prólogo a Creo en los milagros, antología personal 1985-2009, de M. P.-P. (México, 2010, dos ediciones)

A María Espinosa Pino

En efecto, el pasado sábado día 26 de agosto tuve un infarto, tal y como conté en mi El ángel que siempre va conmigo, pero si tan solo fuera tan simple...
            Que he salido en un personaje atípico, y ni se imaginan la de veces que he maldecido esa condición ni lo que he luchado contra ello, ya lo asumí, incluso como derrota inapelable, hace mucho tiempo, a la par que me propuse la compleja e inevitable tarea de convertirlo en algo parecido a una virtud, que es lo que tiene no poder ser en realidad más que uno mismo, y por mucho que uno lo deje para luego llega la hora de afrontarlo, siendo tanto lo que hay por hacer. Una de las características de mi atipicidad es no haberme detenido nunca, no como fruto de ningún tipo de hiperactividad sino como consecuencia de un acto sólido y permanente de voluntad que supera mi propia voluntad, es superior a mí y aunque hace verdad aquello de que el idioma, ante mi propia sorpresa, “respire por los metros de la memoria”, pues no sé expresarme de otro modo que no sea con palabras, me llena de extrañeza ante mí mismo y me hace extraño a los ojos de cualquiera, pues soy muy libre. No es una elección sino una realidad muchas veces ininteligible con la que me he visto obligado a pactar una y otra vez, a precios incalculables tanto en lo bueno como en lo malo. Soy atípico, eso es cierto, como atípicas son las cosas que a veces me pasan.
            El pasado sábado día 26 de agosto tuve, en efecto, un infarto. Ingresé en el hospital a las cuatro de la madrugada del domingo. A las seis se me acercó la trabajadora social del centro y estuvo conversando conmigo. Fue la última vez que me permitieron tener acceso a mi teléfono. Lo hice para darle cinco números de teléfono. El primero y más importante el de mi tía Pilar, a la que solo había que escribirle un whatsapp. Yo ya sabía que iba a tener que someterme a un cateterismo, y para mí era condición que lo supiera mi familia. Además, di el de otras cuatro personas de México. Pasaron luego las horas y yo me iba estabilizando en tanto se sucedían varias pequeñas crisis y seguía preguntando si habían avisado a mi tía. A media mañana me subieron a planta, en tanto seguía todo el protocolo clínico. Firmé todos los consentimientos informados que me pusieron por delante. No tenía otro camino que intervenirme, y rápido, y sin embargo seguía preguntando una y otra vez si habían avisado a mi familia. A las cuatro de la tarde pregunté por última ocasión, y la respuesta fue que no, que de los teléfonos que yo había dado solo habían avisado a una persona, pero no a mi tía, la única que debía saber para administrar la información con mi familia... Ante la incomprensión general y hasta cierta agresión verbal de alguien de “¡Atención al usuario!” solicité con firmeza y calma el alta voluntaria, informando que saldría del hospital solo el tiempo necesario para avisar a quienes debían saber lo que pasaba y regresar. A las nueve y media de la noche estaba saliendo a la calle, con mi teléfono recuperado. Me fui a una cafetería, envié varios mensajes, todos esenciales para mí, reposé un rato y otra vez de madrugada reingresé por la puerta de urgencias. No me había quitado ni los electrodos. Pocas horas después, estaba siendo intervenido. 
            No puedo decir que sean cosas que pasan, pues a mí me pasan cosas que a nadie le pasan. Así es la vida, y hace años que ando convencido de que no hay descanso para mí, y estoy conforme.
No hay descanso para mí y nunca me canso. Fotografía de M. P.-P., tomada por Lilia López el 8 de agosto de 2016.
Fuente de la fotografía: Archivo personal de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 117. El ángel que siempre va conmigo. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 117

El ángel que siempre va conmigo
Por Manuel Pérez-Petit

Escribo convaleciente, al comienzo de una convalecencia que me durará toda la vida y que comenzó hace justo una semana, cuando me encontré con la muerte, llegada por ensalmo con nocturnidad, soledad y alevosía para quedarse ya conmigo. Puede que el corazón sea el asiento del alma, como me ha recordado que es posible que sea Ladislao, y yo estoy convencido de que el ángel que siempre va conmigo sacándome esta vez del trance no ha hecho más que confirmar que soy el instrumento de una misión que es solo mía y no es delegable, que no llegó mi hora sino el momento de reaccionar, tomar por fin el toro por los cuernos, levantarme de mi propia limitación y desterrar lo accesorio, y más habida cuenta de que pareciera que tengo más vidas que un gato, como me decía Roberto, pero en el convencimiento de que de ningún modo puedo jugar con el objetivo de ser cada día de manera más plena yo mismo, y mucho menos en éste, del cual tengo conciencia de que es el último tramo de mi existencia.
            El pasado sábado 26 de agosto tuve por la tarde un golpe de dolor en el pecho y ambos brazos, que se disipó en unos minutos. Me encontraba en Toluca, en el marco de la Feria Internacional del Libro del Estado de México (FILEM), atendiendo el estand de la casa editora de mi querido Eduardo Villegas Guevara, Cofradía de Coyotes. No le di mayor importancia al hecho y quedé convencido de que era un golpe de ansiedad. Un par de horas después, mientras cenaba, me volvió ese dolor, esta vez más fuerte, que me duró como quince minutos y también pasó. Llegué a mi hotel, deshice la maleta y me preparé para dormir. Sobre las once y media de la noche, el dolor regresó para no irse. Nunca he sentido un dolor tan brutal ni asfixiante. Ya no solo afectaba a mi pecho y a mis brazos, sino también a mi cuello y, al rato, a mis antebrazos. Seguí sin darle importancia, pasé por el baño, hice ejercicios de respiración e intenté en vano conciliar el sueño en varias posturas diferentes. Comenzaron a dolerme las manos y ya entré en alerta. Busqué en internet, tomé conciencia de lo que me pasaba. Con calma rehice mis maletas, me puse ropa cómoda y bajé a la recepción. A las tres de la madrugada estaba llamando a la ambulancia. A las cuatro ingresé por urgencias al Centro Médico Adolfo López Mateos de Toluca... El lunes fui sometido a una angioplastia mediante la cual me implantaron un stent, dispositivo consistente en una malla metálica en forma de tubo que, colocado en un vaso sanguíneo, corrige el estrechamiento que pueda presentar, en la arteria coronaria izquierda, que tenía una obstrucción del 98 por ciento, quedando para mejor ocasión aunque no muy lejana intervenir la coronaria derecha, que presenta dos obstrucciones de menor consideración que la anterior. Podría parecer técnica la descripción, aunque si leyeran el informe médico... 
            Escribo, pues, convaleciente, después de haberme visto cara a cara con claridad juanramoniana aunque en nada lírica con la muerte, sabiendo que padezco una cardiopatía isquémica que ha de conversar siempre conmigo, cambia la voz con la que vivo y determina mis pasos definitivos. Yo no quería hacerlo público de momento y confiaba en el boca a boca, pero alguien tuvo la ocurrencia de publicarlo en una red social, y así como de ese modo se enteraron muchas personas queridas a las que tarde o temprano yo les iba a decir también se enteró quien yo no quería que lo supiera, y menos de ese modo, mi madre, quien ahora está más tranquila, pero que a sus lúcidos 93 años pasó uno de los peores días de su vida. Gracias a Dios todo quedó en calma, igual porque ese ángel que siempre va conmigo me iluminó para saberle explicar lo que me ha pasado...
__________
Nota del autor
Cuando a punto estoy de mandar el presente artículo a la revista, me entero de un maravilloso texto que mi dilecto Roger Octavio Gómez Espinosa ha tenido a bien dedicarme, titulado Indómito de corazón, y me ha emocionado. Gracias de todo corazón. Siempre hay que permanecer en pie, en efecto, y si uno se cae con más razón todavía. Y ya les contaré lo de que tuve que escaparme de la clínica para dar noticia a mis amigos...
Fuente de la fotografía: Archivo personal de M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 116. 45 años no es nada. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 116

45 años no es nada
Por Manuel Pérez-Petit

Comentaba a mi anterior artículo, El discurso de San Crispín, el gran escritor y amigo de Sonora, México, Alaric Gutiérrez, “Mientras no quieras escarbar la tierra con los dientes, todo está bien”, y añadía en su amable respuesta a mi texto su convencimiento de que el poeta español Miguel Hernández (1910-1942) no tenía nada que envidiarle a Shakespeare (1564-1616), poetas del amor…

Para Rosa y Marcos

M. P.-P.
Pues sí, quiero escarbar la tierra… con los pocos dientes que me quedan, sometido como ando a una periodontitis que siendo un padecimiento crónico y hasta genético yo mismo me he encargado de cultivar con malos hábitos, desidia y un peculiar y secular descuido, pero esta vez lo quiero hacer como fruto de mi afecto, asombro y admiración. Un dia volveré a escribir, pues ya lo he hecho en varias ocasiones, del poeta de Orihuela y del Bardo de Avon, incluso poniéndolos en relación, pero hoy quiero escarbar la tierra con los dientes lleno de cariño y rendición hacia una de las historias de amor más luminosas e inspiradoras que he conocido en mi vida: la de Rosa y Marcos-Ricardo, con cuya amistad personal me siento honrado desde hace ya casi un quinto de siglo.
            Escribo de Rosa María Pereda de Castro (n. 1949) y de Marcos-Ricardo Barnatán Hodari (n. 1946), que sí que saben de poesía y de vida, pero en los que valoro sobre todo lo demás su entidad como personas y su historia de amor, que dio en un matrimonio que acaba de cumplir 45 años..., una efeméride que parece de otra época, en estos tiempos en que amor se acaba antes de decir ‘hola’...
            Se trata de dos de las personas más queridas del mundo cultural y artístico no solo de Madrid y de Santander, ciudades donde alternan hoy su residencia, sino de toda España, y de más allá de las fronteras españolas. No les contaré ningún secreto si les develo que su amor se lo deben nada menos que a Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), pues la propia Rosa lo contó en unos de los libros, que leí en su casa de Santander en el verano de 2006. Hablo de memoria, pues hoy por hoy no tengo biblioteca ni archivos –esas cosas que siempre cultivé con pasión de relojero y de las que he sido expoliado no hace mucho, en mi último naufragio–, pero lo recuerdo con claridad por haberlo leído. Fue en Londres, en el hotel en que vivía por entonces el gran escritor cubano. Tan simple como que Marcos salía de platicar con su amigo y Rosa entraba, pues por entonces ella estaba elaborando una tesis doctoral sobre el autor de “Tres tristes tigres”, que fue a la postre la primera que se hizo sobre el escritor nacido en Gibara. En este encuentro casual comenzó a fraguarse una de las historias de amor más grandes de la historia contemporánea de la literatura en español, una que un día tendrá su lugar en los libros de texto, y sé que no es solo pasión de amigo cuando lo afirmo. 
            Se trata de una de las más grandes críticas culturales que ha dado la lengua española en los últimos cincuenta años y del más grande poeta español nacido en Argentina y uno de los más grandes escritores de su generación en todo el ámbito de la lengua de Cervantes. Rosa, hija del gran humanista cántabro Manuel Pereda de la Reguera (1919-1981), es, además, una novelista y ensayista extraordinaria, integrante de la primera Redacción del diario español El País, en donde permaneció por casi cuarenta años, y hoy, por si fuera poco, concejala del Ayuntamiento de Santander, una más de sus trincheras en su constante reivindicación de un feminismo culto y valioso por sus cuatro costados. Su vitalidad es un paradigma. Marcos es una figura incontestable, un poeta de primer orden, un narrador delicioso, un crítico de arte de primera fila, un ensayista lúcido y, además, el primero que tradujo al español a la Generación Beat, un especialista mundial en la obra de Jorge Luis Borges… Y como de casta le viene al galgo son los padres de Jimmy Barnatán (n. 1981), un extraordinario príncipe de la música que si no conocen debieran conocer.
            Por nuestra amistad más que por mis méritos yo tuve la enorme fortuna y responsabilidad de ser editor de una obra de cada uno, la novela La sombra del Gudari y el poemario Naipes Marcados, dos obras maestras publicadas en 2013 con mi viejo y pese a lo cual parece que aún vigente Sediento Ediciones. Uy, y a Marcos le debo, entre muchas otras cosas, el mejor prólogo sobre mi obra que nunca hubiera imaginado, el que me regaló para mi Creo en los milagros, nueva antología personal 1985-2009, publicada en México en 2010 y hoy, como las cosas buenas, inencontrable. Y a ambos, tantos y tan inolvidables momentos de convivencia que, como ustedes comprenderán, se siguen quedando para nosotros, pues no estoy acá para contar mis anecdotarios personales.
            Ya escribí de ellos en mi San Borondón como consuelo (https://letrasideayvoz.com/2021/11/07/lineas-de-desnudo-47-san-borondon-como-consuelo-manuel-perez-petit/), pero si en esta ocasión los traigo acá es, ya digo, es por la amistad y la admiración que les profeso. Y como reconocimiento por sus 45 años de matrimonio, hoy, 22 de agosto, cumpleaños de Rosa. ¡Qué más quisiera yo que haber tenido un matrimonio no de 45 sino de mucho menos tiempo alguna vez en la vida, con mis tres fracasos matrimoniales a cuestas, que son como el dolor de muelas de siempre que marca la voz con que me expreso! Así, pues, escribo esto también con sana envidia. Y con cuarenta y cinco brindis de felicidad.
Viernes, 11 de julio de 2014. Presentación en el centro de Arte Moderno, en Madrid, España, de Sediento Ediciones y de La sombra del gudari, de Rosa Pereda, y Naipes marcados, de Marcos-Ricardo Barnatán, sentados en la imagen a un lado y a otro de M. P.-P. En pie, Claudio Pérez Míguez, coordinador de el Centro, dando comienzo al evento.
Fuente de la fotografía: Archivo de Sediento Ediciones.
Propiedad: Centro de Arte Moderno, Madrid.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 115. El discurso de San Crispín. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 115

El discurso de San Crispín
Por Manuel Pérez-Petit

En estos meses de condena tecnológica en que no he podido dar salida a todo aquello que se me estaba cociendo en la cabeza han pasado muchas cosas, que son las que intento ir recuperando poco a poco en este Líneas de desnudo en que, de manera literal, me va la vida…

M. P.-P.
Ando entre los rastrojos de la olla exprés que tengo por cocotera y aquello que me dicta la realidad de este momento, pues el tiempo no se detiene y todo lo acumula… Cosa curiosa el tiempo: una convención universal que en nada en absoluto es igual para nadie, pues el mismo acorde tocado por el tiempo es diferente en cada percepción. Podríamos decir: “Mira, ahí va el tiempo, quién lo alcanzara...”, y aceptar nuestro papel de espectadores de tan inusual devenir, pese a que nos afecte, y de manera tan directa y determinante. Y así nos va, en la tarea de hacer lo que se pueda, que es lo máximo que podemos hacer, y al final es lo que tenemos y qué remedio. De este modo, en tanto el tiempo pasa a su particular velocidad de crucero, ajeno a nosotros y encadenándonos a la vez, intentamos a nuestra aparente conveniencia aplicar la prisa o la calma en cada instante, tarea en la que fracasamos a menudo pero de la que también salimos en ocasiones victoriosos. Todo pasa en el tiempo, y nada puede sustraerse a esa realidad, y a veces nos preguntamos y no encontramos nada que nos libere de esta esclavitud o lo encontramos todo. Sin ir más lejos, en el arte y, más de manera concreta, en la literatura.
            Que nada es imposible lo sabemos, como no lo fue la victoria inglesa ante los franceses en la batalla de Agincourt, en el día de San Crispín, pese a que los ejércitos de éstos eran muy superiores en número a los de aquellos, en que se dio por concluida la Guerra de los cien años, según nos cuenta en el drama histórico titulado Enrique V nada menos que William Shakespeare (1564-116). En esa obra, el Bardo de Avon, sobrenombre por el que se conoce al dramaturgo isabelino, puso en boca del rey inglés un discurso que ha tenido una gran trascendencia por el alegato que supone en favor de la amistad y del valor del honor, y no solo por su interpretación por parte de grandes personalidades como Sir Lawrence Olivier –con el que arengó a los británicos en la II Guerra Mundial– o Kenneth Branagh, que en su película Henry V popularizó aún más la frase “banda de hermanos”, incluida en el discurso: “(...) Somos pocos, somos pocos felices, banda de hermanos;/ Porque el que hoy derrame su sangre conmigo,/ será mi hermano (...)”, sino que yendo más allá, e incluso del tiempo, lleva siglos anclado en la sabiduría popular. 
            Sí, en esa misma sabiduría que hoy se está perdiendo, ante la indiferencia general, hoy, que es tan difícil o tan superfluo hablar de amigos, hoy, en que con tanta comunicación la incomunicación es nuestra realidad, al punto de que apenas podemos confiar en que el tiempo, y quién lo alcanzara, ponga por fin las cosas en su sitio, entrelazándose con nosotros y apostando por el afecto, la amistad y el honor. Y porque “(...) Crispín nunca pasará/ desde este día hasta el fin del mundo (...)”, mi anhelo es, y hasta por necesidad, por ello. Y más aún con la carencia de verdaderos hermanos que tenemos.
   
Batalla de Agincourt, miniatura del siglo XV (circa 1422, de autor desconocido)
Fuente de la imagen: Biblioteca del Palacio de Lambeth, Londres, Reino Unido / Biblioteca de Arte Bridgeman. Tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Battle_of_Agincourt,_St._Alban%27s_Chronicle_by_Thomas_Walsingham.jpg

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Tomando café con Pat. 1. La empatía, todo un reto. Patricia Muñoz Díaz

Tomando café con Pat/ 1

La empatía, todo un reto
Por Patricia Muñoz Díaz

En la actualidad, el tener diferentes ideologías y/o creencias nos ha hecho una sociedad diversificada. Cuando hemos sido educados y hemos crecido creyendo en una doctrina, religión, espiritualidad y/o con patrones de una sociedad al parecer con cierto orden en nuestros contextos y nos topamos con otro grupo de individuos que viven y creen distinto, nos rompe el esquema y nos cuesta entender que nuestra verdad, nuestra realidad, nuestra forma de llevar un orden para vivir o simplemente tener costumbres distintas, es porque no tenemos una verdad absoluta.
            Nos molesta conocer a los vecinos porque escuchan música distinta a la nuestra, o los que organizan fiestas los fines de semana, o que no van a la iglesia porque no son creyentes, o a quienes prefieren adoptar perros a tener hijos.
            ¿Por qué nos incomoda tanto que el resto del mundo sea distinto si siempre lo ha sido? ¿Por qué preferimos ser de mente cerrada en lugar de permitir que alguien más nos muestre lo maravilloso que es su universo? Cada cabeza es un mundo y no es obligación de nadie forzar a otro individuo a creer en algo. El pensar y creer diferente no nos hace malas personas. 
            Hay una cosa que son los valores universales, e independientemente del lugar en el que crecimos o fuimos educados no los enseñan en todos lados. Y para mí, uno de los más importantes es el respeto. Este valor incluye muchos otros valores como lo son la paciencia y la tolerancia, pero la empatía, es lo que hace que ese respeto se vuelva maravilloso.
            Estamos tan acostumbrados a escondernos detrás de nuestros dispositivos electrónicos, que nos parece fácil sacar nuestros miedos o frustraciones y dar puntos de vista a diestra y siniestra sin reflexionar si estamos faltando al respeto a alguien, y no hablo del clásico "me ofendes", eso es una decisión personal de quien recibe un “insulto” o “agresión verbal”, me refiero a etiquetar y juzgar a las personas sin conocerlas, el cómo reaccione otro individuo, es otra cosa.
            Entonces, volviendo a la empatía, es la habilidad de poder comprender los contextos de las demás personas. Ponernos en sus zapatos. Hay problemas que, resolverlo, para nosotros son "pan comido", y otros un verdadero "dolor de cabeza". Y la manera de enfrentarlos es distinta para cada uno de nosotros. Eso no nos hace ni más inteligentes ni más tontos. Pero cuando logramos sentir el problema o situación de alguien más, rompemos la barrera de los juicios, eso es la empatía. No quiere decir que debemos cambiar nuestra forma de pensar, solo, ponernos en el lugar de los demás. No es fácil trabajar la empatía, pero aquí les dejo algunos tips que nos podrán ayudar:
            1. Tener la intención de ser empático. Analizar o reflexionar por qué te resulta difícil ser empático con ciertas personas o circunstancias.
            2. Escuchar a las personas, darles la oportunidad de que te den su punto de vista y como te sientes al respecto.
            3. Piensa en las reacciones que tú tienes, en circunstancias similares y como reaccionas y cómo reaccionan los demás.
            4. No juzgar. No somos nadie para ello, pues la forma de creer y de pensar de cada persona se ha forjado por lo que ha vivido y como lo ha vivido.
            5. Conocerte a ti mismo. No puedes esperar conocer a alguien si no te conoces. Cuáles son tus convicciones y porqué. Te las inculcaron o realmente estás convencido de ello.
            La empatía es apoyo y comprensión, y no tienes que cambiar tu forma de pensar ni la de nadie, solo comprenderla y respetarla. 

            “LA EMPATÍA RESIDE EN LA HABILIDAD DE ESTAR PRESENTE SIN DAR UNA OPINIÓN”
Marshall Rosenberg

            “EMPATÍA, ES SER CAPAZ DE SUMERGIRSE EN EL MUNDO EMOCIONAL DEL OTRO, SIN AHOGARSE EN EL”.
Rafael Videc

            “MIRA CON LOS OJOS DE OTRO, ESCUCHA CON LOS OÍDOS DE OTRO Y SIENTE CON EL CORAZÓN DE OTRO”. 
Alfred Adler
Fotografía: Hombre que sostiene el corazón rojo en manos sobre la mesa de madera
Fuente: Banco de imágenes Canvas Pro, por Towfiqu Ahamed Barbhuiya. https://www.canva.com/photos/MAD5oXO0FlI-man-holding-red-heart-in-hands-on-wooden-table/

*Sobre el autor:

Patricia Muñoz Díaz

Escritora y cuentacuentos

“Escritora por vocación, cuentacuentos por convicción y parlanchina afición”.

Pat Muñoz (1978), también conocida como «Pat Pat cuentacuentos», es una escritora y narradora oral originaria del estado de Guanajuato, México.

Estudió la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Universidad De la Salle Bajío, en León Guanajuato (1996-2001). 

Ha incursionado en varias disciplinas artísticas desde joven, (teatro, danza y canto, por mencionar algunas) encontrando en la narración oral  y las letras su gran pasión. 

Actualmente se dedica a escribir novela romántica, cuentos juveniles e infantiles, es cuentacuentos, conferencista e imparte talleres de estimulación creativa con el objetivo de difundir y promover la lectura.

Ha dirigido algunos colectivos como “Claroscuro cuentacuentos” y escrito y dirigido teatro escolar e infantil. 

Tiene publicadas en medios digitales algunas novelas, destacando los títulos  “El amor llega, y tú no estás” y “¿Dónde tiro a mi Ex?”, comedia romántica.. 

Tiene un podcast titulado “Tomando Café con Pat” donde narra cuentos para toda la familia título que comparte para esta columna y sus redes sociales comparte su pasión por esta bebida tan especial.

Líneas de desnudo. 114. Temblor a corazón abierto. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 114

Temblor a corazón abierto
Por Manuel Pérez-Petit

El llamado ‘Cinturón de fuego del Pacífico’ tiene forma de herradura o corazón abierto aunque no da buena suerte a los países –casi una treintena en tres continentes– y regiones de su área, los cuales son sometidos de manera continua a las tensiones provocadas por las varias capas tectónicas que lo conforman, siempre en fricción entre ellas, no solo generando una actividad sísmica continua sino la inmensa mayoría de los terremotos más catastróficos que puedan recordarse. Tiene, además, como característica principal, una actividad volcánica también permanente. Se extiende sobre unos cuarenta mil kilómetros y cuenta en su zona con 452 volcanes –tres cuartas partes del total de los existentes en el mundo–. Podría decirse, y no debería tomarse a broma, que la cuenca del océano Pacífico tiene de todo menos de pacífica y tiembla como flan y echa humo por sus venas.
            México, esta patria que amo y habito desde hace tres lustros y en la que espero si no morir un día zarpar para mi último viaje –si se me permite la licencia machadiana–, para terminar mis días, en todo caso, en América, es uno de los países a que afecta este cinturón. Y yo, que tiemblo con un temblor crónico, el cual también viaja en mí de dentro a fuera, he aprendido a diferenciar entre temblores y temblores. Mi temblor no se ha confundido nunca con ninguna sismicidad. Siempre ha sido así, salvo en la noche del pasado 10 de mayo del presente 2023. Suelo acostarme temprano y levantarme temprano. A las diez y veinte ya estaba yo, como se diría en mi pueblo, ‘más pa’llá que pa’cá’, arracimado en mis cobijas, en el clásico duermevela antesala de ese territorio a veces onírico a veces negro que es solo nuestro y en que habita todo aquello incontrolable que está en nosotros.
            Vivo en un bajo de un edificio de una sola altura, la que corresponde a mi modesto departamento. Todo estaba en orden y en silencio, lleno de paz, y yo ya tenía abandonada y perdida la consciencia cuando, de repente, ¡brrrom! Sentí como si un tren de mercancías o un rebaño de bisontes en estampida –esa imagen me llegó– hubiera pasado sobre mi techo de repente, haciéndolo crepitar todo, casi los cimientos de la tierra. Me sobresalté, encendí la luz y me puse a buscar en las noticias. 
            He vivido muchas cosas, pero nunca estuve a 250 metros exactos del epicentro de un movimiento sísmico, ubicado en plena ciudad y aunque de menor magnitud –3.0 en escala de Richter– se dio apenas a un kilómetro de profundidad, y por eso lo sentí como lo sentí, de igual modo que varios miles de personas lo percibieron y salieron a la calle, cosa que yo no hice, pues como otras veces he afirmado, morirse es lo de menos. En ese trance, eso sí, me llegaron por ensalmo los amores de mi vida, y me acordé de ti, que aun conociéndote aún no te conocía, y tú lo sabes, y todo ardió.
            Tardé varias horas en dormirme y como no fue apenas relevante nadie preguntó por el sismo al día siguiente, pese a que se sintió en casi una cuarta parte de esta vieja ciudad de los milagros enclavada en el Cinturón de fuego del Pacífico que es la Cdmx. Solo ese alguien me quedó como presencia de un tiempo que duró un instante, en el temblor que siempre he de sentir, y si alguien me pregunta le diré que de eso nadie sabe, aunque el universo sepa que para siempre tiemblo como un flan y echo humo por las venas. Así, a corazón abierto.
   
Mapa del Cinturón o Anillo de Fuego del Pacífico.
Fuente de la fotografía: Pacific_Ring_of_Fire.svg. Tomada de: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Pacific_Ring_of_Fire-es.svg. Informe del Servicio Sismológico Nacional (SSN) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM): http://www.ssn.unam.mx/sismicidad/reportes-especiales/2023/SSNMX_rep_esp_20230510_CuencaDeMex_M30.pdf

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado gestor cultural. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.